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Summary:

Antes de asumir por completo que sus posibilidades con Orio sean así de óptimas, Sasotsuka se plantea el caso de estar malinterpretando y viendo solo lo que él quiere ver. Después de todo, ¿qué probabilidad había de que el jugueteo de Orio en verdad fuera en plan coqueteo y no tan solo otro de sus tantos, tiernos, encantos de su personalidad que habían terminado por cautivarlo?

Notes:

Capítulos de referencia: 5, 6, 7, 11, 12, 13, 14, 15. Orion: 1(5:15), 21(5:20).

Work Text:

Para empezar, Orio no es una chica.

Está seguro de ello gracias a excursiones entre clases al baño en las que terminan coincidiendo por, antes que cualquier otra cosa, nada más que mera casualidad. Y eso sin mencionar la de veces que se han cambiado en el mismo vestidor y la de ocasiones en las que Orio tan solo se ha sacado la camisa justo delante de sus ojos sin preocuparle nada y mucho menos quedar semidesnudo frente a él.

Así que… Sí…

A Sasotsuka no le cabe la menor duda al respecto y ni siquiera remotamente parecida a la infinita cantidad de dudas que le surgen mientras haciendo eso mismo de cambiarse a la par, uno junto al otro, se percata del descomunal esfuerzo en que consiste enfocarse en la conversación que Orio mantiene casi que solo consigo mismo cuando Sasotsuka a duras penas evita pensar en el delicioso tono bronceado de la piel de su amigo ni en la forma en que sus pantalones cortos se ajustan de esa manera a sus nalgas y es que.

¿Era normal que los shorts de su compañero se pegaran tanto a su cuerpo que dejaran ver la perfecta redondez de cada una de sus nalgas? ¿Orio se daba cuenta del trasero tan bueno que tenía y lo favorecedor que era para él usar pantalones ajustados?

¿Ese tono bronceado de su piel que a Sasotsuka solo le hacia pensar en su amigo como en un rollo de canela, significaría que igual y de ir a mordisqueársela un poco, Orio le sabría así de dulce, así de adorable, así de-

Basta.

Que. Orio no es para nada dulce.

Orio es un chico de carácter fuerte que si alguna vez se llegaba a enterar de la forma ridícula en que Sasotsuka pensaba a veces de él, probablemente, no dudaría en tirarle una patada directa a los huevos y nunca más volver a hablarle para otra cosa que no fuera insultarlo.

Sin embargo, y aunque Orio no fuera dulce, ni siquiera tierno, a Sasotsuka se le figuran todas sus manías y pequeños actos y reacciones como, tiernas. ¡Vamos! Que inclusive cuando se enojaba iba poniendo una mueca y apretaba tan tensa la boca que a Sasotsuka le daban unas ganas locas de besarlo para- Aflojarle la mueca- Deshacerle el ceño y-

Caray. Carajo…

Pero. . Orio no era adorable. Orio no era tierno. Orio no era delicado en ningún sentido y si lo agarrabas de malas podría llegar hasta a decirte de lo que tú y tus osados progenitores se habrían de morir por habérseles ocurrido engendrarte y criarte para luego sacarlo de quicio. Así que, bien. Bien, pues. Orio no era alguien con quien pudieras meterte fácilmente sin esperar el cangrejo de río próximo a servirse en tu plato.

Y sin embargo, de la misma manera así, eso significaba que con la misma convicción con la que actuaba al estar de mal humor, estando de buen humor era la persona más fantástica con la que podrías toparte. Y al mismo tiempo en que a sus enemigos los trataba con terrible desprecio, a sus amigos los trataba con tanta afabilidad que generaba un carisma automático en todo aquel que lo conociera.

Orio es que era alguien a quien era difícil no agarrarle cariño en cuanto se hiciera buenas migas con él. Y era apreciable, una amistad que una vez conseguida no desearías perder por nada del mundo.

Mucho menos por la estúpida razón de estar tontamente enamorado de él y que en ratos de descuido terminaras por quedarte embobado mirándole el. Trasero e imaginándote. Cosas.

Ah…

Sasotsuka de todas maneras no sufre al respecto.

No tanto, por lo menos.

Está convencido de que puede sobrellevar algo tan ridículo como un extraño, poco solícito, enamoramiento. Puede pasar por ello sin pensar demasiado al respecto. Puede vivir con ello ignorándolo y fingiendo no saber lo mucho que le encanta el gesto juguetón de Orio cuando anda de buen humor y se burla de todo aquel que se preste para ello, ni de la adoración que le provoca esa arruga que se le hace en la esquina de la boca cuando intenta contenerse estando de malas, ni todavía mucho menos de su fascinación ante la expresión de concentración que tiene cuando Orio está muy ocupado resolviendo problemas matemáticos o ejercicios de gramática y redacción en los libros de texto.

Puede pasar por completo de ello siempre y cuando a Orio no se le ocurra buscar en su persona apoyo e indignación de su parte en igual medida que Sasotsuka no se ve capaz de corresponder, ni de no tratar de igualar, cuándo es que en realidad él no tiene un carácter tan fuerte y es más alguien que prefiere dejarse llevar nueve de cada diez veces logrando ir con la corriente y siendo bastante compasivo y flexible en comparación con Orio, a quien resulta que es que tampoco es que pueda negarle nada.

Puede pasar de ello siempre y cuando Orio no lo atrape mirándolo e interrogante se devuelva a sus apuntes poco antes de alzar la mirada, hacer una sonrisa, ponerse de pie e ir a sentarse a su lado para revisar en sus apuntes ejercicios a medio hacer y compararlos con los propios; copiando algunos y resolviéndole otros, comenzando a explicar y hacer preguntas dependiendo de lo que fuera en tal caso.

Puede pasar de ello siempre y cuando Orio no dirija ese gesto juguetón en su dirección y acabe tonteando con él y a su alrededor, con la misma sonrisa pícara de niño travieso que le pone una vez que consiguen terminar los deberes antes del final del día y le propone salir a comprarse un merecido premio, en ocasiones exigiendo que los invite él, en ocasiones dándole a él su parte sin antes preguntarle nada más que cuál sería su preferencia.

Puede y no puede. Con la tensión de su estómago apretándose y haciendo y deshaciendo nudos en sus entrañas; con la sensación de su corazón latiéndole en el pecho como si hubiera corrido más de lo necesario durante un buen partido.

Y Sasotsuka se pregunta si tener a Orio jugueteando y haciendo el tonto con una hierba de gato frente a sus narices, hablando de cosas como que su expresión a veces asemejaba a la de tal animal, con su mano apoyada en su hombro en un apretón, ligero, reconfortante y cálido. Se pregunta si aquello puede ser una señal. Se pregunta si eso significa.

—Orio…

—Mmm, pero tendrías que decir 'miau', ¿no es así? Oye, oye, Tsuka, ¿por qué no maúllas para mí? ¡Solo una vez! Te juro que no se lo diré a nadie-

Hace un gesto de los labios cerrándose con la corredera de un cierre e incluso un candado imaginario se le añade a una de las comisuras de la boca (lanzando la llave, también). Para luego sonreírle con la mirada traviesa y sin deshacerse de la expresión tierna de jugueteo que le pertenece.

Los propios labios de Sasotsuka se aprietan un poco mientras él traga saliva. Y, tras fingir sopesarlo (porque es verdad que no puede decirle que no a Orio y comienza a sospechar que incluso el mismísimo Orio se encuentra al tanto de eso, así que ahora sabe que solo le toca esperar sin que la espera llegue a ser tan larga), se relame los labios y abriendo la boca, lo hace: —miau… —maúlla, a lo que el otro chico se queda estático en su sitio antes de dejar caer la hierba de gato en su mano y entre torpeza y presión auto infundida, saca su teléfono móvil en el que busca la aplicación para notas de voz.

—A ver, otra vez-

Sasotsuka frunce una mueca y entonces dice: —no voy a volver a hacerlo si vas a grabarme.

—¡Pero es que-

—… A menos que.

Se hace un silencio expectante antes de que vayan a devolverse las miradas. Orio piensa que Sasotsuka vuelve a observarlo como esas veces en que parece quedárselo mirando en busca de respuestas a preguntas que nunca termina por llegarle a hacer. Esa mirada, por lo regular, era la que le daba la invitación a acercarse para poder hacer las tareas junto con Sasotsuka que terminaban casi por completo siendo iguales y que si no lo hacían así tal cual era tan solo para que los profesores no los regañaran porque uno de los dos estuviera haciendo trampas (en cuyo caso ese tendría que ser Orio porque en realidad Sasotsuka nunca pedía ayuda y más bien parecía dejarse arrastrar y tan solo acatar todo lo que Orio le mandaba a hacer al pie de la letra sin presentarle demasiadas cuestiones, por alguna extraña razón).

Ahora no hay tareas de por medio, así que Orio está un poco perdido sobre sus dudas en aquel instante.

—… ¿A menos que…?

Intenta animarlo a continuar y Sasotsuka lo único que hace es quedárselo mirando unos cuantos segundos más para, luego, cerrar los ojos y dejar ir un suspiro.

—Quiero una garantía.

—¿Garantía-

—Si voy a maullarte y tu vas a grabar mis maullidos, necesito algo que me de la garantía de que no vas a mostrárselos a los demás y te vas a andar riendo con todos de mi por eso.

Orio no sabe si sentirse ofendido o no porque al mismo tiempo entiende el problema de ese asunto y sabe que quizá está empujando un poco sus límites pretendiendo grabar algo que es como un maullido saliendo de la boca del otro chico. Ni siquiera está seguro de por qué diablos se le ha ocurrido que quiere guardar ese sonido solo así, de un momento a otro, ni qué es lo que irá a hacer con el audio a continuación (quizá ponérselo en el tono de los mensajes de Sasotsuka podría ser una buena opción cuando ni siquiera es que deje su teléfono con frecuencia fuera del modo vibrador ya que la mayor parte del tiempo debe de estar silenciado en las clases y luego solo se olvida de quitárselo).

En cualquier caso, sí que se siente ofendido porque Sasotsuka es algo así como uno de sus más grandes amigos, casi su mejor amigo.

—¿En serio me crees capaz de algo así? —y que su mejor amigo no le tuviera la confianza de no irse a andar burlando de él a sus espaldas, pues—. ¿Grabarte maullando para luego solo ir a exhibirte a los demás y reírme de ti con ellos? ¿Me crees capaz…?

—No me explico para qué otra cosa querrías grabarme, en tal caso.

Orio eleva aún más la ceja que ya se le había levantado en el gesto de incredulidad con el que quería enfatizar su indignación. El encogimiento de hombros que hace Sasotsuka, tan despreocupado y sensato a la hora de responderle, termina de sacarlo de sus casillas porque es que, con eso le está demostrando que en realidad no es que le importe que lo haga, ni tampoco que le moleste tanto la idea de que él conserve un breve audio de si mismo maullando.

Mirándolo a los ojos, juraría que Eiji estaría dispuesto a mandarle él mismo el audio por la aplicación de mensajería si Orio tan solo se atreviera a pedírselo a través de un mensaje.

Pero a Sasotsuka se le ha metido en la cabeza que esta vez quiere algo a cambio y no solo darle las cosas de a gratis como lo tiene tan bien mal acostumbrado, por lo que parece.

—¿No te parece que con un audio es más difícil difamarte que haciéndote un video? Si es lo que quiero porqué no te pido un video en vez de un audio, ¡los demás lo pondrían en duda y yo no tendría forma de demostrarles que es-

—Quiero un beso como garantía.

Silencio.

Lo que sigue a las palabras del pelirrojo es el más absoluto de los silencios.

Luego Orio tuerce una mueca. Luego Orio siente que no entiende nada y las orejas se le van poniendo calientes aún en contra de su voluntad. Luego, Orio se dice que eso tiene que ser una broma de mal gusto y Sasotsuka está jugando con él de forma sucia. Así que como es una broma y no un beso de verdad de lo que están hablando, tan solo continua con la supuesta conexión entre un beso como garantía a una supuesta exposición a burlas por haber maullado para él de Sasotsuka.

¿Ah? ¿Un qué como garantía de que no vaya a burlarme de ti por maullar? ¿Cómo tiene que ver un beso con que te garantice no exhibir tus maullidos después?

Sasotsuka lo mira y lo mira fijo, atento, en unos segundos que terminan por ponerle (casi) la piel de gallina. Siente que Tsuka quiere provocarlo y el calor se le acumula en las mejillas mientras trata de que sus cejas fruncidas no le tiemblen tanto con los pequeños tics nerviosos que comienzan a escapársele.

Al final, el pelirrojo vuelve a encogerse de hombros, yendo a poner una sonrisa burlona antes de responder: —si voy a hacer algo tan vergonzoso de lo que tendrás pruebas, tú tienes que hacer algo igual de vergonzoso sin necesidad de que yo mantenga pruebas para mí mismo más que el recuerdo de ello. Y será suficiente con que sepas que si me entero de que los maullidos llegan a oídos de alguien más, yo contaré a todos que me besaste. Así tiene que ver.

A Orio se le deshace el ceño en lo que termina de comprender la relación y significado completo de sus palabras. De repente, considerándolo tal cuál, no le parece algo tan descabellado de relacionar pero. Otra vez la burra al trigo, es una tontería porque tampoco es que quiera los maullidos de Sasotsuka ni nada por el estilo y si aceptara estaría admitiendo que los quiere demasiado, cosa que si bien no es cierta, quizá tampoco es una posibilidad del todo errada.

El único maullido que le escuchó resonó con la cualidad de adorable rebosando en todas sus ideas y quizá eso fue lo que lo impulsó a hacer aquello de sacar el móvil para intentar grabarlo y poder volverlo a escuchar, un par de veces más con tranquilidad y riéndose un poco de la sensación de cosquillas que le generó escucharlo la primera vez. Sin embargo, algo que había omitido por accidente era tomar en cuenta, quizá, a lo que Sasotsuka se estaba rebajando con tan solo hacerlo una vez y por la forma tan relajada y tranquila con la que aceptaba las cosas que pasaban a su alrededor (amoldándose por completo al mundo primero antes que esperando que el mundo se amoldara a él), quizá era que Orio se había hasta aprovechado un poco de la vulnerabilidad de Sasotsuka y de alguna forma lo había humillado sin que esa fuera su intención.

Pensando en ello, comienza a sentirse culpable. Así que frunciendo otra vez el entrecejo, se guarda su teléfono celular en los bolsillos del pantalón y dejándose caer en el hombro de Sasotsuka comienza a hablar, en voz baja y como entre dientes: —olvídate de los maullidos, ya de todas maneras escuché uno tuyo, mmm, ¿pero supongo que entonces al menos tendría que darte uno a cambio…?

Con algo de dificultad, Sasotsuka busca devolver el rostro en dirección a Orio en lo que trata de comprender el rumbo inusitado de sus pensamientos. Una vez que sus miradas se encuentran, sin embargo, Orio no titubea cuando se acerca y le da un beso que originalmente pretendía ser en la mejilla pero que, con el cambio de posición del rostro del chico más alto, termina demasiado cerca de la comisura de su boca.

Ah.

Tanto Orio como Sasotsukaa contienen la respiración en el acto, pero solo Orio se mueve rápido y levanta la barbilla de su hombro, tomando impulso para apartarse e irse a fingir demencia a cualquier otra parte, abandonando la posición de antes, mientras intenta por todos los medios posibles no sonrojarse tanto ni demasiado pronto.

—Ya está. Ahora, ni tu ni yo hablaremos nunca de esto, ¿de acuerdo-

Pero aún a pesar de la premura con la que quiere abandonar el tema, Orio no alcanza a terminar de zanjarlo del todo cuando Sasotsuka lo coge de las solapas de la chaqueta del uniforme deportivo de Seishou y lo interrumpe con un beso abrupto no en la mera boca, pero casi. Sasotsuka ha presionado sus labios justo por debajo de los suyos en su barbilla y tan solo así, ayuda a Orio a recuperar la postura correcta para no irse cayendo hacia atrás o peor, irse de bruces encima de él.

Entonces, parece que ninguno de los dos sabe decir nada al respecto de lo que ha pasado, y mientras que esto es acertado en el caso de Orio, en el caso de Eiji es que tan solo está dando una pausa circunstancial para dejar a Orio terminar de procesar el asunto. Para cuando este comienza a enrojecerse y su mirada se le lanza con una expresión entre ofuscada y recriminatoria, Sasotsuka tan solo sonríe con suavidad y eso por sí solo desestabiliza el mundo completo de Orio.

Eiji agacha la cabeza, hunde la barbilla hacia el pecho, consciente de que ha hecho mal pero también de que el mal que ha hecho ha sido un mal calculado (no lo besó en la boca, alguien tiene que darle el mérito de haber estado tan cerca y aún así no haberlo besado en la boca).

—¿Para qué querías mis maullidos?

Es que tal vez aún se encuentra en medio de un estado de incomprensión y confusión lo que lo hace responderle tal cual lo primero que se le pasa por la cabeza y en medio de una revolución de sensaciones y pensamientos, Orio dice: —Es que sonaban lindos.

Tras sus palabras parpadea. Parpadean ambos. Y a Orio, de por sí ya ruborizado, le estalla el rostro en una nueva oleada de bochorno que se lo pone todavía más rojo que antes.

—Espera- no- ¡espera- ¡eso no es-

Sasotsuka se cruza de brazos sobre el pecho y su expresión es de completa satisfacción cuando decide tan solo dejarse llevar por el rumbo que han tomado los hechos. Pasando por alto los balbuceos en que ha caído el otro, tan solo un ruido pensativo es el que hace para conseguir su atención de vuelta y hacerlo que se calle para escuchar lo siguiente que va a decir: —¿te parece si te mando un audio al rato, después de la práctica? Una vez que esté en casa lo grabaré para ti…

Una sensación extraña se arrastra por todo el interior del cuerpo de Orio, estremeciéndolo (cosa que no logra hacerlo sentir de otra forma además de incómodo, encontrándose incapaz de ponerle nombre aquello).

—¡Dije que te olvidaras de los maullidos-

Y al recordar brevemente su impulso para darle un beso en la mejilla, Orio siente que todo a su alrededor comienza a dar vueltas mientras su corazón se agita en su pecho.

—Está bien. En realidad, no creo que vayas a hacer nada con los maullidos, Orio.

Hay una sonrisa suave y confiada en la boca de Sasotsuka. Casi demasiado cariñosa, pero Orio no termina de registrar que aquel cariño visible sea dirigido a su persona. No termina de comprenderlo.

—¡Por supuesto que no voy a hacer- ¿¡qué es lo que yo haría- ¿¡para qué-

Y se siente ridículo porque ni siquiera está seguro de para qué sigue abriendo la boca si en realidad no tiene nada que decir. Y ahora está justificándose. ¿Busca justificarse? ¿Trata de justificarse? ¿Por qué?

—Te voy a enviar los maullidos.

Orio cierra la boca antes de ir a decir cualquier otra tontería más que pasara primero por su boca antes que por su cabeza.

Sasotsuka lo contempla, como midiéndolo, así que Orio hace lo mismo. Intuye, solo unos segundos antes de que lo diga, lo que Tsuka está por decirle.

—… y si te gusta como suenan también…

Sasotsuka no tiene siquiera que completar la idea en voz alta. Sabe que Orio, con sus ojos robando una mirada a su boca, ha terminado de completar la idea por su propia cuenta.

Sasotsuka tiene el estómago lleno de mariposas. Orio siempre se lo llena sin que se lo pida. Y puede ver a Orio pasar saliva cuando, sin pensárselo demasiado y quizá intentando esconder un poco una sonrisa muy satisfecha, Sasotsuka se repasa el contorno de los labios con la uña del pulgar.

Terminan de dirigirse a la práctica como cualquier otro día, sin fallos ni pérdidas, los dos se evitan incluso cuando parte del recorrido de vuelta a casa tienen que hacerlo juntos. Y al día siguiente, cuando Orio decide que no va a evitar a Sasotsuka como un cobarde, manda todo al carajo al tenerlo de frente y en un momento oportuno termina presionando sus bocas juntas en un beso.

Porque toda la tarde y noche pasadas y hasta la mañana de ese mismo día, se había quedado como estúpido escuchando y adorando los maullidos que, efectivamente, Tsuka le había mandado la tarde del día anterior, después de la práctica.