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En una simple plaza adornada con naturaleza a su alrededor y niños jugando con su pelota en una suave brisa de atardecer, es contrastada con un joven con pelo de color azul corriendo y con lagrimas en los ojos con suma tristeza con la escena que tuvo que padecer. ¿La razón? simple: le rompieron el corazón a este joven iluso con gorra roja al ver a su novia siéndole infiel.
Se fue haciendo de noche en su ciudad, recordando todos los buenos momentos que tuvo con su novia demoníaca de vestido rojo mientras lloraba en un rincón de una calle. La chica decía que no iba a funcionar más desde hacía tiempo, él intentó mejorar para ella pero se le notó que no funcionó, y para el chico, era lo peor que le pudo haber pasado en su frágil corazón.
Ya no sentía ganas de cantar, siguió en su camino por los alrededores de aquel parque de nuevo sin la chica que ya se había ido, que para ser sinceros, no la quería ver más tampoco desde lo que pasó en la tarde. El parque ya iba a cerrar, pero Keith se quería quedar por siempre para no tener que volver a casa y leer sus mensajes de disculpa. Había pasado todo por ella, hasta enfrentar a su espeluznante padre, pero igual sintió que todo valió en vano. Al menos su último ex no fue tan cruel con él de esa manera.
Lloró por un buen rato mientras regresaba a su hogar, siente que su vida acabaría por este momento con la brisa oscura que se asomaba por la ventana , pero antes de eso decidió que era mejor dormir antes de que algo malo pasara por pensar cosas malas, aunque no tenía muchos ánimos realmente de seguir animado.
Por otra parte de la ciudad, un chico pelirrojo estaba cómodo en su sala ambientada en un rojo oscuro y con olor a carne mientras su televisión de plasma estaba encendida con programas de gastronomía en él, que contrastaba con el ambiente relajado que tenía su apartamento amplio de tres habitaciones y dos baños, mientras tanto estaba en la cocina atendiendo una llamada debido a su trabajo algo… Peculiar.
─¿Entonces quieres que haga el trabajo? Dime cuanto ofreces y lo haré con toda la información que tengas sobre él -enunció el joven de voz rasposa atendiendo el teléfono mientras cocinaba algo para cenar-.
─Te ofrezco cincuenta mil si atrapas al chico y lo matas, mejor si le tomas foto. Así sabré que ese idiota no volverá a hablar a mi hija -mencionó el señor de piel morada con voz espeluznante que estaba al otro lado de la llamada-. Te pasaré los datos por mensaje.
─De acuerdo, trato hecho, señor -contestó sonriendo y colgaba el teléfono para después que, de inmediato, tener el mensaje de su cliente con la información de su siguiente víctima. Sin embargo, no tenía una foto de la persona en sí, haciendo la tarea más difícil al chico-.
Otro día de asesinar personas se acercó el joven pelirrojo de suéter verde en esta gran ciudad llena de gente estúpida que necesita quitarle la vida a otra para hacerse sentir mejor con ellos mismos, y aunque fuera peligroso, a Pico no le importaba mucho la opinión de las personas sobre él. Por su aspecto, la gente bien cree que es un chico normal o como la gente le llaman “debilucho”, pero, cuando se acerca la noche, la parte divertida de su rutina empieza.
Todo empezó con un “accidente” que tuvo el último año con un compañero por llamarlo “marica” en su secundaria publica por la pareja que tenía en ese entonces, comenzando con los puños hasta que el chico no pudo respirar más por la sangre en toda su cara y su cuerpo, dejando al alto con ese nivel de satisfacción pero no salió victorioso al final. Expulsándolo y teniendo que abandonar el estudio por ese tacho gigantesco en su expediente. Sin embargo, varios conocidos suyos al ver su potencial, lo usaron para hacer estos “mandados” a cambio de dinero.
A pesar de no ir a la universidad, le está yendo bastante bien con su negocio, la parte de matar personas no era muy divertida que digamos, pero el dinero para esa playstation 5 nueva era otra cosa. La parte más jugosa para él en su trabajo siempre era planificar y capturar, cosa que tenía que hacer ahora con su nueva víctima, así que esperó a la noche donde su cliente dijo que iba a la misma hora todos los días, y mucho mejor que a esta hora no había nadie.
Pasó el otro día hasta llegar a la noche a la misma hora que dijo el señor demoníaco cuando estaba su nueva carne fresca para desaparecer: joven, de estatura promedio y con una capucha que no lo dejaba ver bien de lejos. Se veía triste y agotado de la vida, apoyándose de sus propios brazos para mantenerse despierto, y pos bueno, mejor para él.
El chico se levantó por la plaza ahora llena de niebla en la noche temblorosa que había mientras respiraba deprimido y poniendo sus manos en los bolsillos de su suéter azul, hasta que para de su trance para notar que ahora tiene la respiración pesada, sin saber que pasaba, iba a hacer un movimiento brusco pero se detiene sintiendo unas manos en sus caderas asustando a él de más.
¿Enserio esto me estaba pasando? murmuraba para sí mismo mientras su secuestrador le ponía un paño en la boca para que no gritara cuando termine de ser llevado a otro lugar y perdía su consciencia misma. Aunque no lo veía, sabía que estaba sonriendo pasivamente mientras el joven fue cerrando los ojos en el proceso hasta despertar en otro lugar distinto.
Pico estaba demasiado contento al día siguiente, ya había conseguido la primera parte de su plan, que en su opinión fue demasiado fácil, así que decidió ir por la segunda. Llegó a su casa acomodada ahora con olor a limpio después del aseo con su último perjudicado. Con el cuerpo aún respirando del chico atado a una silla de su siguiente presa a mitad de la sala para verlo de cerca, le fue quitando la capucha para ver quien era hasta llevarse una sorpresa: era su exnovio Keith.
─¿Este es el “abusivo y maltratador novio de su hija malcriada”? -dijo el pelirrojo para él mismo con algo de confusión mientras veía su rostro de nuevo con algo de nostalgia-. Yo me acuerdo que eras todo un dulce pastelito lleno de emoción -continuó de decir agarrando su cabello suavemente para oler de nuevo su olor afrodisiaco de menta y fresa, algo que siempre le gustaba a Pico desde que salían en la escuela-. Sigues oliendo bien.
Su corazón estaba acelerado cuando lo seguía oliendo, sentía un calor en su vientre con cada aroma que provenía de él. Quería seguir tocando de más su cabello desordenado pero ver que el chico se estaba despertando con su toque lo hizo apartarse para que siguiera durmiendo y llamó al señor de piel morada.
Le tomó una foto para ver si era la víctima que el cliente buscaba y se lo mandó, rogándole a todos los dioses internamente para que no lo fuera. Sin embargo, el señor se lo confirmó y le transfirió la mitad del pago.
─Buen trabajo chico, hazlo sufrir y terminas, después te daré el resto-dijo el cliente en un audio detenidamente con el pelirrojo asentía escuchándolo, algo frustrado por lo que tenía que hacer-.
Para Pico, su trabajo era sencillo, no le importaba las personas que torturaba o asesinaba porque no tenían ninguna conexión con ellas. Pero Keith, era bastante diferente en este caso: ellos tenían una muy fuerte relación de adolescentes, ha de admitir que con él tuvo los mejores momentos de su vida, pero, cuando el pelirrojo peleó con el otro chico que los ofendió, al peliazul se sintió tan asustado por eso que decidió terminar todo. “¿Por qué me hizo eso? ¿Lo que hice por él no valió nada entonces?” pensaba, pero el tiempo ya había hecho de las suyas. Desde ese entonces está en soledad, sin amigos sinceros de algún tipo, ahora solo con su trabajo que no le brinda la misma satisfacción que su cuerpo feliz y sonriente sobre él mientras lo animaba a seguir a pesar de lo malo.
Él recordó esas épocas, tratando de denotar más las felices que lo último que pasó entre ellos, hasta que despertó. El chico estaba asustado, abriendo los ojos de golpe cuando lo hizo y vio la sala que tenía a su alrededor que era nueva para él; sentía débiles sus brazos y sus piernas que estaban atadas a una silla levantando la vista para ver quién era él que le hizo esto.
─¿P-Pico? ¿Qué haces aquí? ¿Qué hago aquí? suéltame -reclamó el peliazul tratando de deshacerse de la soga sin éxito-.
─Mira, no te traje aquí porque quiera hacerlo -dijo agarrando su teléfono y mostrándolo-. Según tu suegro eres una persona maltratadora y por eso vine a matarte.
─¿Maltratador? ¿Yo? ¡Pe-pero si yo no he hecho nada!. -contestó el peliazul indignado-.
─Lo sé -confesó, dejando al otro confundido-. Por eso sigues vivo -continuó con una sonrisa mientras ponía una silla frente a él y ponía la base alta de la silla contra su pecho-. Así que, cuéntamelo todo.
─Antes de eso -dijo algo nervioso- ¿aunque si lo fuera, me hubieras matado de todas formas? -preguntó algo decepcionado de él-.
El chico sólo suspiro ante sus palabras mirando hacia abajo jugando con sus pies, algo serio le respondió:
─No hago esto por mero placer. Es mi trabajo -confesó-. Pero, aunque seas la peor persona del mundo, nunca me atrevería a lesionar de alguna forma a tu persona -dijo mientras sentía calentarse un poco su cara, haciendo sonreír al otro-.
─Y bueno, entonces dime -continuó de nuevo-. ¿Qué pasó entre tú y tu noviecita? -preguntó entre afilaba un cuchillo de cocina que tenía cerca para quitarle la soga al otro chico-.
─Sí… Respecto a eso… Ya no somos novios -respondió el peliazul melancólico, haciendo que el pelirrojo se diera cuenta y lo consoló acariciando suave su muslo-. Pues, la vi con otro chico ayer y me terminó por mensaje cuando regresé a casa en la noche, así que supongo que ella me suplanta como el malo cuando es otro -continuó mientras suspiraba afligido-.
─Entonces era mentira -contestó al relato con algo de furia mientras se levantaba de la silla-. Que perr -antes de seguir con sus mil y un groserías que estaba por decir el otro lo interrumpió-.
─¡No hables de ella así!, no es necesario -contestó levantándose de la silla el peliazul también, rascándose el brazo en el proceso-.
─¿Qué?¿ En serio la vas a defender? ¡Literal te mandó a matar!
─Y tú me ibas a matar -contestó tocando el pecho del chico de suéter verde con el dedo entre le recriminaba-.
─Pe-pero… -suspiró- esta bien, tu ganas -dijo tocándole con el dedo también-.
─Y, bueno… ¿Qué haremos respecto a esto? -preguntó el peliazul acercándose más al otro riendo un poco haciendo que el otro lo mirara fijo y un poco nervioso, lo cual era extraño viniendo de él-.
─¿A esto?... Oh, ya entendí -dijo serio recordando el porque Keith estaba ahí mientras el otro reía más fuerte viéndolo-. Bueno, tengo un plan en realidad.
─Ah sí? Dime -dijo el otro chico de forma burlona tocando la nariz del pelirrojo haciendo que corra a la habitación y se siente en ella poniendo una pierna arriba de la cama con los zapatos puestos de manera seductora sin la intención de serlo, poniendo al pelirrojo que iba corriendo hacerlo parar más nervioso de lo que estaba con esta situación-. Dime.
─No hagas así -recrimina el más alto tapándose la boca de vergüenza y se acerca lento a él-.
─¿Así como? -preguntó el chico inocente cuando de pronto el otro se puso encima de él poniendo alrededor sus brazos algo delgados pero contorneados-.
─Así -contestó el otro casi susurrando mientras el más bajo abre los ojos al darse de la cuenta de la posición en la que estaba debajo de él, siente sus nervios y el sudor cayendo por su frente por correr detrás de él y huele su perfume que recién nota-.
─Oh, ya entiendo, lo siento -dijo el peliazul poniendo sus manos en las mejillas del otro chico para seguirlo mirando, haciendo que el otro se reclinara en sus manos para sentir mejor su afecto-.
Él se quedó viendo un rato su rostro y su cuello con sus miradas conectando al momento, hasta que el de arriba se diera cuenta de que se iban acercando poco a poco, y se separó sentándose al lado de él algo avergonzado por lo que estaba pasando.
─Entonces… -siguió el peliazul para aliviar el ambiente sudoroso, poniendo sus manos juntas señalando- el plan.
─El plan… Ah, sí sí sí, el plan, claro -contestó el de voz carrasposa ya casi olvidando el asunto-. Pues, tu exsuegro quiere verte muerto así que… Fingiremos tu muerte.
─¡¿Qué?! -exclamó el otro chico-.
─Tranquilo, no te vamos a hacer nada, sólo ponemos sangre falsa y listo; tengo una amiga que se encargará -dijo sonriente al lado suyo mientras agarraba su teléfono para una llamada-.
─¿Hola? sí. Tuve un problema y… ¿Vienes? ¡Genial! -Dijo para la chica que estaba al teléfono que no se le entendía muy bien en la llamada excepto con el pelirrojo-. Ya viene para acá, llega después de una hora.
─¿Una hora? ¿Y qué haremos entonces? -preguntó el peliazul algo cansado de todo esto-.
─No sé, pero que sea rápido, porque el señor berrinchudo me puso por mensaje que quería ver las fotos -contestó-.
─¡¿Qué?!, ¡¿Y qué haremos?! -preguntó el chico con la voz temblorosa por la preocupación de pensar que lo descubrirán y los terminarían dañando a los dos-.
─Tranquis niñito, tengo un plan -contestó con confianza el pelirrojo entre se levantaba de la cama ordenada que tenía-.
─La última vez que dijiste eso me imagino que fue cuando me secuestraste, así que no saldrá bien -reclamó el otro chico sin confiar en él-.
─Oh vamos, aguafiestas -dijo el pelirrojo yendo a levantar al peliazul de repente, haciendo que el chico apoyara sus brazos en el cuello-.
Él llegó a la sala de nuevo y puso suave al chico en la silla. Buscó una soga y unas cadenas para ambientar con unos cuchillos que tenía por ahí junto yendo a poner las luces rojas de nuevo.
─ ¿No me vas a hacer nada, verdad? Te estás poniendo raro, Pico -dijo con nervios de que no lo maltratarán en serio mientras el otro lo amarraba de nuevo a la silla-.
─No no, descuida -dijo el otro riendo un poco con el comentario, acercándose un poco-, pero sí habrá que parecer real para que no nos atrape.
─De que habl…-antes de terminar lo que dice, el pelirrojo se le sienta en el regazo sintiendo como sus muslos rozan contra su pelvis, con el peliazul que respira y jadea con dificultad con cada movida que afronta del de arriba-.
─La excitación provoca los mismos síntomas que por maltrato, más los masoquistas. Así que intentemos esta opción -comentó con una sonrisa en su rostro mientras se seguía moviendo provocando gruñidos tratando de aguantar del otro-.
─Parece que sólo quieres provocarme -dijo el peliazul entre jadeos, dificultando su respiración con las mejillas calientes y sintiendo la sangre fluir de su cuerpo sacando un escalofrío en su columna, sin poder hacer algo al respecto más que observar-.
─¿Y qué tal si lo hago? De todas formas aceptarías si fuera el caso -se burló el del suéter verde mientras le levantaba la parte superior de Keith-.
El peliazul iba a decir algo más pero la sensación no le dejaba hablar de forma correcta, intentaba no sacar ningún sonido lascivo de su parte, pero el otro chico lo obligaba a abrir la boca con una sonrisa para admirar los sonidos que salían por su culpa, esto en vez de hacer sufrir se sentía demasiado bien para él y su entrepierna adolorida; se dejó llevar por el pelirrojo en todo sentido porque estaba amarrado, y aunque no lo estuviera, igual se dejaría con este provocante chico montandolo con colores rojos monocromáticos alrededor que lo incitaban más. El más alto le pidió que se relajara dejando confuso al otro de nuevo, hasta entender el porque cuando él siguió guiándose en el cuello sudoroso del chico de pelo azul poniendo su cara encima de esa zona, lamiendo antes de morder el área dejando marcas moradas alrededor que de manera rápida se volvían rojas, dejándolo más agitado ahora con el ardor en ese lugar. ¿Cómo sabía hacer todas esas cosas? se pensaba, pero sus pensamientos querían seguir fijos en otra cosa mucho mejor.
Sin embargo, antes de seguir con lo suyo lo llama su cliente de nuevo, haciéndole rodar los ojos aún encima del chico y agarrar su teléfono que tenía en el bolsillo.
─¿Bueno? -preguntó, callando al chico con su dedo por los gemidos que salían de él-.
─¿Ya hiciste lo que te pedí? -preguntó el señor demoníaco algo furioso y frustrado en su voz-.
─Oh sí, sobre eso… Me tardaré más en esto -contestó siguiendo con el roce con la pelvis de Keith, con el amarrado siguiendo con los jadeos entrecortados-
─¿Por qué? ¿ Está contraatacando? -cuestionó con algo de desesperación-.
─Nop, en vez, se está comportando bastante bien -respondió, acariciando su pecho recién descubierto, con su mano fría rozando una de sus curvas-. Sólo que alguien tan malvado y cruel como él necesita torturarse un poco más antes de terminar el trabajo.
─Entiendo entiendo, te doy derecho a que le rompas las piernas si quieres. -dijo el cliente serio como si fuera cosa de todos los días-.
─Descuide señor, tengo mejores cosas planeadas. Después le doy las fotos para que sepa que le hago un muy buen trabajo con este idiota -terminó, dándole una fuerte nalgada al chico haciéndolo gritar de repente por el dolor- ¿Ya ve?, sí… Hasta luego señor.
Colgó hasta regresar con el chico que tenía sobre él.
─¿P-Por qué hiciste eso? ¡Duele! -reclamó el chico que no podía sobarse por tener las manos amarradas.
─Realismo, supongo -se burló levantándose de la silla y usaba su teléfono para ver la cámara de ella con la que le tomará fotos fingiendo sufrimiento-. Hmmmmm. Pues no te ves muy sufrido, muchachito -se burló el pelirrojo mientras el otro rodaba los ojos-.
─¿No que no me ibas a maltratar? -reclamó el peliazul con un puchero-.
─Oh vamos, esto será un “bientratar” -siguió burlón y poniéndose de nuevo en el regazo del chico-. Además, no te hagas el que no quieres que tu papi te arañe un poco -continuó sacando su cinturón y agarrando con su otra mano fuertemente la mandíbula del otro, con una clara señal de placer en su rostro-. Te lo dije.
Pico quiso seguir con su camino antes interrumpido para seguir mordiendo el cuello del chico y después lamer la zona maltratada dando un dulce beso. El chico por la emoción dejó caer pequeñas lágrimas en la comisura de sus ojos saliendo lento, momento perfecto para tomarle una foto torturado cuando en realidad es la mejor parte de su fantasía erótica.
Siguió con otro paso: su pecho sin heridas, completamente humedecido por el sudor del momento en esa sala calurosa, por el clima que dejaban los amantes. Sintió que esta iba a ser su parte más divertida. Fue a desatar al chico un momento mientras buscaba algo en la mesita de noche que tenía al lado, pero, en vez de querer alejarse sólo con sus manos lo atrajo hacía él, rozando sus caderas para que no se detuviera, haciendo divertir al de pelo naranja. Agarró el cinturón que tenía cerca y lo traspasó por la espalda del chico con golpes suaves que iban aumentando de fuerza cada vez; el peliazul en vez de retorcerse se sentía más feliz con el sentir de los arañazos contra él.
─No sabía qué eras tan masoquista, niñito -dijo Pico con una cara de satisfacción con el cinturón en la mano-. De seguro que con esa malcriada no hiciste cosas así -susurró en su oído, golpeó su oreja haciéndolo retorcer.
─Si viene de ti acepto lo que sea -contestó, con la respiración agitada y su voz llena de sumisión, marcando más el “lo que sea” de su oración, haciéndole eco al chico de arriba-. Y no soy un “niñito”, ya soy grande.
─Ahora mi niño grande, eh? Demuéstralo, enano -se burló el más alto, pensaba que no iba a hacer nada como antes en la secundaria cuando él subía el tono-.
Sin embargo, sintió como se levantaba por chico inocente que quería de esto por un largo rato, cargando en la misma posición que estaba Pico, con sus muslos sobre sus caderas antes de lanzarlo a la cama de la habitación pasada.
Se quitaron los zapatos al mismo tiempo con un ruido sordo cuando el pelirrojo se adentra más a la cama para que el otro lo siguiera de forma seductora. Tantos azotes con ese cinturón le debieron afectar en esa rara cabecita sedada por la lujuria acumulada desde que lo vio sobre él. Pico se quitó su característico suéter de color verde para estar al descubierto también quitándose los pantalones, el peliazul se antojó al observar lo que tenía sobre él y se le abalanzó encima para darle un beso suave en esos labios rosados con sabor a cereza, no sabía si usaba de verdad un labial, pero sabían delicioso.
Pico empezó a arañar su pecho desnudo para continuar su plan y amenazaba su cuello con resoplidos calientes a su acompañante mientras él sólo se retorcía con su toque una vez más. Siguió arañando su cuerpo delgado con placer y Keith suplicó con suaves jadeos para que lo siguiera haciendo; se le estaba volviendo adictivo para él, pero, quería colaborar en esto también, así que se hundió en el pecho de su ex para morderle suavemente y saca gemidos antes reprimidos al otro.
Estaban a punto de buscar las cosas para hacerlo hasta que tocan la puerta de madera en el principio de la casa perfumada.
─¡No! -reclamó disgustado de no poder seguir pero el pelirrojo lo calmó-.
─Relájate, debe ser mi compañera -contestó relajado el pelo naranja-.
─¿Compañera? -preguntó mientras el otro asentía y se empezaba a vestir de nuevo-.
Los dos se vistieron de nuevo y Pico puso de nuevo a Keith en la silla, amarrándolo de nuevo para que no sospeche su amiga lo que estaban haciendo. Él abrió la puerta para encontrarse con la chica que los iba a ayudar, Nene: una chica de apariencia asiática, con una ropa rosa, mallas negras sobre sus muslos y zapatos blancos que lo contrastaba, combinado con una sonrisa bastante agradable que en realidad escondía la apariencia de una asesina pagada. Llegó a la habitación con una bolsa grande de color morado que tenía bastante cosas sin saber que eran realmente.
─¿Entonces él es el chico que me dijiste? -cuestionó la chica revisandole el cuello viento mordidas recientes de color morado en su alrededor-.
─Sí sí, es sólo que… viene lastimado -mintió para no traer preguntas más vergonzosas después entre el otro se queda callado haciéndose el dormido-.
─No me engañes, Pico, ya se que estás marcas son recientes -mencionó la chica con una sonrisa amplia en el rostro-.
─No no no no, no es lo que parece, ¡lo juro! -mintió el pelirrojo nervioso, tratando de salirse con la suya-.
─No trates de ocultarlo… -reclamó ella haciendo una pequeña pausa subiéndole la camisa al chico para ver los rasguños-.Oh Pico, si quieres torturar a tus víctimas está bien, pero se más rudo que esto la próxima okey? casi ni se notan las marcas.
─Oh… Sí! por eso te llamé, para fingir que está peor todavía, me da vergüenza que sepan que no hice el trabajo completo -dijo, rascándose la nuca a ver si salía de esta-.
─¿Enserio?, si quieres te ayudo con él y… -Antes de seguir fue interrumpida por el chico-.
─¡No!... Digo digo, no es necesario, quiero mantenerlo bien -confesó-.
─¡Okis! -contestó ella buscando todos los materiales para empezar con el plan-
Empezó con su labor buscando la sangre falsa más su maquillaje para que no se viera falso sobre el chico. Aplicó un poco en su pecho y en su cara para después poner su cara como si estuviera degollada con Photoshop, haciendo que el cliente estuviera satisfecho con su mandado. Pasaron bastantes horas en la sala mientras ella seguía hasta que por fin terminó entusiasmada.
─Y listo, lo ponemos en una posición que parezca real y ¡PUM! resuelto baby -dijo la chica con orgullo-.
─Gracias de verdad, me salvaste de una gigantesca -exclamó el pelirrojo de alivio al escuchar eso-. Te debo una
─No es nada en realidad -enunció la chica- por cierto, ¿qué harás con él entonces? -susurró señalando para que no lo escuchara-. Me extraña que no hayas cumplido esto si siempre lo haces.
─Ya veré después que haré con él -sonrió dulce, con que la chica comprendiera y se despidiera después de cumplir su función allí-.
La chica cerró la puerta de la sala mientras el pelirrojo limpió toda la escena del “crimen” para enviárselo a su cliente. Estaba satisfecho con ello, dejándolo una sonrisa al ver el resto del pago en su cuenta bancaria de una vez por todas.
─¿Y ahora qué haremos? -preguntó el chico aún amarrado-.
─Oh cierto… te quedarás ahí un rato -dijo sonriendo mientras guardaba las cosas en sus cajones-.
─¿Me vas a dejar aquí sólo, Pico? -reclamó- ¡no es chistoso!
─Sí lo es,y de hecho, te tengo preparado algo que te será más chistoso todavía, pero primero te pondré esto -señaló el paño que tenía en una mano dejándolo confundido, caminó hacia él y puso el paño en sus ojos para que no viera lo que iba a suceder-.
Él siguió extrañado y ahora sin poder ver lo que hacía su ex cuando reía de manera dulce; era divertido y espeluznante al mismo tiempo pensar lo que iba a suceder ahora con él, le recordaba a los viejos tiempos preparando almuerzos extravagantes y regalos impresionantes que nunca se veía venir en esos momentos; era divertido. Recordar lo hizo sonreír con escuchar sus pasos mal hechos y preparar lo que sea que estuviera haciendo, sólo le queda oler el rico olor a jugo de uva que de repente se olía en el lugar, era afrodisíaco.
Después de unos minutos, sintió como es desamarrado de esa tonta silla que ha estado pegado todo el día hasta hacerse de atardecer cuando pudo salir por fin, aún tenía los ojos cubiertos que sin embargo fue traído con pequeños pasos a la habitación de nuevo, lo sabía por el dulce olor a fresas que siempre se percibía ahí precisamente.
─Hora de tu recompensa -dijo el pelirrojo de manera dulce quitando el paño de sus ojos-.
La habitación aunque estaba igual, la vibra de ahí se notaba diferente. No sabía si era por el contexto, pero, pasar de una habitación gris y oscura a una llena de rojos y violeta junto con una música suave y relajante fue algo que no se esperaba; bueno, él siempre era impredecible, tanto de manera buena, como de mala…
