Actions

Work Header

Be Alright

Summary:

"Sé que lo amas. ¿Pero te ves capaz de perdonar una infidelidad?"

 

❕ One Shot, Romance, Hurt/Comfort, Angst, Drama

Historia completamente mía.

Inspirada en las canciones "Be alright" de Dean Lewis y "12:45" de Etham.

Work Text:

Personajes principales

Choi San (26 años) - cuando diga Choi, me refiero a este Choi 😉

Choi San (26 años) - cuando diga Choi, me refiero a este Choi 😉

 

Jung Wooyoung (25 años)

Jung Wooyoung (25 años)

 

──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────

 

Ni siquiera recordaba en qué momento todo se fue deteriorando, tan de a poco y sigilosamente, hasta el punto donde se encontraban ahora. No podía visualizar la última vez que había estado entre los brazos cálidos de San durante toda la noche. No sabía hacía cuánto no escuchaba palabras bonitas dirigidas únicamente a él. Choi solía decirle cada mañana lo hermoso que se veía ese día antes de besarlo con dulzura y, luego de tomar el desayuno juntos, partir hacia el trabajo, no sin antes desearle que tenga una bella jornada. Tampoco se acordaba de la última vez que habían salido de la casa para tener una cita, sin importar si fuera romántica o casual, Wooyoung solo quería pasar tiempo con su pareja fuera de la rutina.

Tan silenciosamente su relación se convirtió en una simple convivencia donde podrían hacerse pasar sin problemas por simples amigos. El medio rubio después de intentar unas cuantas veces hacerle ver la falta de cariño que percibía, desistió sin notarlo, y de forma inconsciente se aferró al que recibía de otras personas. Porque su corazón se sentía frío y necesitaba entibiarlo, buscando sin saberlo esa estabilidad que le brindaba el sentirse apreciado, ocultando la debilidad que le provocaba no recibir el afecto de quien más le importaba.

Tal vez por ese motivo fue que cuando ese nuevo compañero de trabajo, Jongho, se acercó a él con una sonrisa acogedora para que lo ayude con sus tareas en las instalaciones, una pequeña chispa se encendió en su pecho. Esa que, lentamente, fue creciendo cada vez que el menor lo buscaba para preguntarle por su día y decirle lo bien que le sentaba la ropa que había elegido hoy, logrando que el sonrojo ocupe sus mejillas; aumentaba con cada risa que lograba sacarle con las charlas que compartían en sus momentos libres ahí dentro; con cada toque sutil de sus manos que coincidían suavemente al caminar uno al lado del otro; aquellos masajes que le brindaba cuando se quejaba de algún tipo de dolor.

Todo progresó tan de a poco que no pudo darse cuenta cuándo fue que de repente recibía un mensaje de buenos días del castaño todas las mañanas, al cual respondía rápidamente mientras su novio aún dormía, deseando en el fondo que sea él quien le dedique esas palabras. Salía de su casa desanimado, pero en el transcurso del día iba alegrándose gracias al más alto hasta regresar a su solitaria vivienda donde la realidad lo golpeaba una vez más.

 

No supo cuándo le había comentado al menor que estaría solo ese fin de semana porque su pareja saldría de la ciudad en un aparente viaje de trabajo, ni cuándo decidió que cenarían en conjunto viendo una película en su hogar ese Sábado. Sus acciones parecían estar impulsadas por lo que su corazón quería sentir, cegándolo así de sus sentimientos reales.

Quería sentirse querido y deseado otra vez, anhelaba ser alguien imprescindible en la vida de San nuevamente, pero estaba tan cansado. Quizás eso lo condujo a aceptar sin queja alguna las caricias que le propinaba Jongho en su cabello mientras descansaban en el sofá de la sala. Posiblemente por ese motivo no se alejó cuando el castaño se acercó peligrosamente a su rostro, apreciándolo con un brillo cálido en los ojos a la vez que le mencionaba cuánto le gustaban sus lunares. Y puede que por eso mismo correspondió el beso que no tardó en llegar, suspirando al sentir la delicadeza con la que se movían los labios ajenos contra los suyos, y se dejó llevar hasta la cama de su dormitorio en tanto que le quitaba la molesta ropa al otro deseando sentir esa chispa de deseo que otorgaba un encuentro sexual.

Probablemente no debería estar intentando recordar cuándo había sido la última vez que había hecho el amor con Choi mientras recibía las dulces pero firmes embestidas de otro hombre, sin embargo, no podía evitarlo. No mentiría diciendo que no lo disfrutó, pues le encantó sentirse de esa forma al menos en el transcurso de las horas que duró su encuentro y el sexo había sido genial, pero un azote de realidad y una gran culpa lo sacudió la mañana siguiente al despertarse junto a alguien que no era su novio. No sabía si entrar en pánico, llorar ahí mismo o dejarse llevar por la situación.

No pudo hacer más que decirle a Jongho que debía irse en cuanto despertó pues se inventó algún compromiso inexistente al cual debía acudir inmediatamente, y en el apuro por dejar el lugar el menor se olvidó los guantes que había llevado la noche anterior debido al frío que bañaba la ciudad.

En cuanto Wooyoung se encontró por fin solo se maldijo a sí mismo en todos los idiomas que conocía, dio vueltas de un lado a otro, cambió y lavó las sábanas manchadas por la esencia de alguien más, se dio el baño más largo de su vida y finalmente se echó en la cama en posición fetal a llorar mientras deseaba desaparecer. Llegada la noche recibió algunos mensajes, dos por cada uno de esos hombres que tenían a su corazón estrujado sin saber qué hacer.

 

Jongho 🐻

Gracias por la maravillosa noche de ayer, espero que
lo hayas pasado tan bien como yo

Nos vemos mañana 💕

20:57

 

Sannie 💖

Todo bien en casa Woonie?

Mañana por la tarde regreso, puedo esperarte con la cena,
hace tiempo no cenamos juntos

21:35

 

Ignoró los mensajes del primero y se sintió terrible pues él no merecía ser tratado de esa manera, mas no podía siquiera pensar en responderle. Al ver los de su pareja, solo atinó a revolear su teléfono celular hacia algún punto lejos suyo en la colcha y, si ya se sentía horrible, definitivamente acababa de empeorar. ¿Por qué justo ahora San se comportaba como él quería? ¿Acaso tenía un sexto sentido que le avisó que el estúpido de su novio se había mandado la cagada de su vida?

Después de cubrir su rostro con ambas manos y lamentarse entre lágrimas por unos largos minutos, decidió que debía contestar los mensajes de su novio al menos, aunque no fue nada sencillo hacerlo sin sentirse la peor mierda que había pisado la tierra. Choi definitivamente no era perfecto, y su relación pendía de un hilo ese último tiempo, pero jamás le había dado ningún motivo para desconfiar y creer que le sería infiel.

 

En algún momento de la noche se quedó dormido y despertó solo por la alarma de su móvil sonando fuertemente, indicándole que era hora de comenzar un nuevo día laboral. Se sentía miserable y lo único que quería era que la tierra lo tragara, no sabía cómo iba a enfrentar a ninguno de los dos hombres.

Salió de su casa con un simple desayuno en su estómago y durante todo lo que duró la jornada de trabajo intentó a toda costa evitar al menor, lo cual no fue una tarea fácil pues acostumbraban a pasar los tiempos libres en compañía del otro, pero se mantuvo ocupado con todo el trabajo extra que pudo hasta que tuvo que irse nuevamente.

Al llegar a la puerta de su hogar una vez más, ya comenzando a caer la oscuridad propia de la temprana noche de invierno, tuvo que tomarse unos momentos fuera para respirar profundamente varias veces y así contener el remolino de sentimientos que jugaban en su interior. No podría evadir a San, vivían juntos después de todo y tendrían una especie de momento de calidad en pareja por primera vez en mucho tiempo. Era un hipócrita.

Ingresó sigilosamente, deseando alargar todo lo posible el momento previo a su encuentro. El delicioso aroma a comida casera inundó sus fosas nasales y su pecho se apretó aún más, incluso había cocinado para él, maldita sea. No tardó mucho en encontrarse con el de pelo morado, quien salió de la cocina en cuanto lo escuchó y lo recibió con una linda sonrisa de hoyuelos que terminó por derrumbar toda esa falsa estabilidad que había creado.

 

Sin decir ni una palabra, como si su cuerpo respondiera por él, se tiró sobre el otro para abrazarlo fuertemente, rodeando con ambos brazos su cuello y escondiendo su rostro allí. Se mantuvo todo lo firme que pudo cuando Choi lo correspondió algo sorprendido y acarició su espalda en un agradable vaivén.

— ¿Woonie? ¿Está todo bien? —preguntó con tono preocupado.

El mencionado se presionó todavía más contra el mayor y, apretando los labios en una línea, asintió con duda. — Sí, solo... te extrañé.

Y realmente lo había hecho, lo había extrañado durante casi un año, lo cual no quitaba que se sintiera como una basura y por eso lo estrechaba entre sus brazos buscando el consuelo que necesitaba.

San soltó una pequeña risa suave y se alejó unos pocos centímetros para tomarlo de la barbilla, elevando así su rostro para observarlo con ojos penetrantes que hacían sentir al medio rubio desnudo. — Yo también te extrañé, cariño. —finalizó sonriente y lo besó, disfrutando cada segundo como no lo hacían hacía meses.

Wooyoung vibró contra su boca y no pudo impedir que un sonido de gusto se ahogue en la unión de sus labios a la vez que se sostenía con intensidad de los hombros ajenos. Se separaron con delicadeza cuando el aire hizo falta y Choi sostuvo su mano para dirigirlo hacia la mesa del comedor, pidiéndole que lo espere allí mientras él servía la cena.

La charla fue amena, sus asientos estaban cerca y se sonreían en cada silencio como si hubieran retrocedido en el tiempo a cuando eso era cosa de todos los días. El menor estaba tan embelesado con la situación donde su corazón sentía la calidez de su pareja nuevamente, que hasta casi pudo olvidar aquello que le estaba comiendo la cabeza desde la mañana anterior. Sin embargo, sin saberlo, San se ocupó de recordárselo.

— ¿Estuvo muy frío estos días?

— Sí... un poco. —respondió Jung, frunciendo el ceño extrañado por la inesperada pregunta.

— Debió estarlo para que usaras guantes, sé cuánto odias la sensación de la tela en tus deditos. —prosiguió de forma inocente.

— ¿Guantes? Yo no tengo eso. —contestó sin pararse a procesar lo que estaba diciendo.

— Hay un par en la mesita de la sala. —continuó el de pelo morado, ahora viéndolo con una ceja alzada.

Entonces Wooyoung se dio cuenta de lo que hablaba y las palabras se enredaron en su lengua en medio de un mini ataque de pánico, provocando que se ahogue con su propia saliva al no respirar correctamente. Había estado lamentándose tanto el día anterior que ni siquiera había notado ese detalle. Su pareja golpeó su espalda con suavidad, intentando ayudarlo con la repentina tos. — Lo siento. —dijo cuando pudo recuperarse, y esa frase en realidad tenía una connotación mucho más profunda— Deben ser de Yeosang, vimos una película aquí, seguro los olvidó. Se los regresaré cuando lo vea. —logró vocalizar usando a su mejor amigo de excusa, ocultando su nerviosismo mientras que comenzaba a juntar los platos utilizados.

Odiaba ser un mentiroso y detestaba esa horrible sensación de culpa que ahora abarcaba todo su cuerpo. Choi no insistió pues creía en sus palabras, y eso le dolía aún más. No mucho después se hallaban recostados en la cama que compartían hacía años listos para conciliar el sueño y el medio rubio le dio la espalda, acomodándose en la almohada, pues no podía sostenerle más la mirada sabiendo lo que había hecho. No obstante, a los pocos segundos percibió el calor emanado por la figura de su novio detrás de él, abrazándolo desde atrás en su posición favorita para dormir y se maldijo una vez más porque se derretía entre sus brazos, mas no se creía merecedor de ello. Podría enloquecer tranquilamente, y lo reafirmó cuando San depositó un tierno beso en su mejilla antes de desearle las buenas noches. Definitivamente no iba a descansar mucho si su cabeza no dejaba de repetirle las escenas de él con Jongho y los posibles escenarios desencadenantes a partir de eso.

 

Como había sospechado, estuvo en los brazos de Morfeo tan solo por unas pocas horas, y al amanecer siguiente despertó con unas grandes ojeras que lo delataban. El de pelo morado dormía plácidamente a su lado y un cúmulo de emociones se juntaron en su garganta desde temprano, no podía siquiera verlo sin sentir las consecuencias del error que había cometido.

Decidió que partiría al trabajo antes para no compartir el desayuno con su pareja, necesitaría un tiempo para volver a poder estar junto a él sinceramente, sin percibirse como una porquería. Tras dejarle una breve nota al otro salió de la casa, y se apuró a encontrar algún café donde podría ingerir algo y hacer tiempo durante la hora y media que le quedaba para comenzar su día laboral. Llenó el resto de la mañana, y el rato de la tarde, con toneladas de tareas para realizar, algunas que ni siquiera le correspondían, mas precisaba que su cabeza se mantenga ocupada con algo más que su miseria. Esa vez no pudo eludir al menor ya que debía devolverle su pieza de ropa, no podía creer aún el haber sido tan descuidado. El castaño lo saludó con ganas e intentó tener una cercanía más íntima con él, pero Jung mantuvo una distancia prudente en todo momento, aunque procuraba no mostrarse tan cortante.

Al regresar a su hogar sabía que tendría un momento de soledad, ya que San trabajaba hasta entrada la noche, y recién lo vería unas cuantas horas después de su llegada. Planeaba continuar con su rutina de lamentos, tal vez viendo alguna película que lo acompañe en su incipiente locura mientras se ahogaba con palomitas, no obstante todo se descolocó en cuanto se adentró en la sala. Y es que apoyada en la mesita ratona, justo en el centro, reposaba una flor de jazmín envuelta cuidadosamente en papel brillante que solo la hacía destacar más. Junto a ella había una pequeña tarjeta que clamaba "Para Woonie ♥" escrita en la bonita caligrafía que tan bien conocía de su novio, y se quebró.

No pudo soportarlo más, ni siquiera había pasado demasiado desde el hecho, pero no podía seguir mintiendo. No era posible que siga fingiendo frente al mayor que nada había pasado cuando este, por algún motivo que desconocía, comenzaba a tener detalles con él otra vez. Incluso si no los tuviera, no era capaz de ocultarle la verdad a la persona que amaba. Había traicionado su confianza, estaba jodido y lo sabía.

Tenía miedo porque era consciente de que la había cagado en grande y tendría que enfrentarlo. Estaba dolido porque sabía que en cuanto lo mencione, lastimaría como nunca en toda su relación a San, y no quería perderlo. Ahora se daba cuenta y deseaba morir por notarlo demasiado tarde, no quería a nadie más que no fuera Choi a su lado. Había tirado por la borda aquellos años en pareja por ser demasiado débil, en todo sentido.

 

El tiempo pasó con el medio rubio pensando una y mil veces distintas formas de decirlo, y ninguna parecía ser la adecuada. Y es que no la había, concluyó, no existía manera de herir a alguien que te importa fácilmente. Debió haber pasado un muy largo rato perdido en su cabeza, dado que antes de lo que esperaba la puerta de la entrada se abrió, dejando pasar a San quitándose su pesado abrigo de la calle.

En ese preciso instante fue que se dio cuenta que no había encendido la iluminación de la sala, ya que el de pelo morado se sobresaltó al verlo sentado casi en la penumbra. De repente el ambiente se sintió frío y con cada paso que daba su novio hacia él, el oxígeno se percibía cada vez más ausente.

Finalmente, luego de prender la luz, tomó asiento a su lado y dejó una caricia en su espalda, provocando que su cuerpo se tense y baje la mirada. Su mente estaba hecha un lío, y tenía tantas sensaciones juntas que pudo sentir cómo, sin siquiera decir nada, sus orbes empezaban a aguarse.

— Woonie ¿Pasó algo? —ahí estaba, preguntándole eso en un tono tan aterciopelado que emanaba preocupación.

Quiso buscar las palabras y que fluyeran, pero el nudo en su garganta lo impedía. Mordió su labio inferior con fuerza a la vez que advertía como su respiración se aceleraba de a poco, su corazón golpeaba impaciente contra su pecho y sus dedos, posados en sus rodillas sobre la tela del pantalón, apretaban la zona pretendiendo darse algo de confort.

— ¿Cariño? —continuó el mayor e intentó alcanzar su mano, pudiendo rozarla apenas antes de que la apartara, y la sintió helada a pesar de que la calefacción mantenía el lugar cálido.

Choi lo observó extrañado por su reacción, jamás había rechazado su toque antes, por lo que comenzó a inquietarse al notar que algo fuera de lo común sucedía. Previo a que pueda comentar algo más, Wooyoung alzó la vista en su dirección y lo primero que vio fueron sus ojos tristes y llorosos, por lo que la sensación de desconcierto creció en su interior, enfatizándose cuando este corrió la mirada hacia otro lado a los pocos segundos. Fue entonces que se dio cuenta de que le estaba tratando de ocultar algo, y no supo cómo sentirse al respecto, no sabía qué era lo que su novio estaba pensando.

Después de unos eternos segundos de silencio, tras una profunda respiración, el medio rubio tuvo el valor de pronunciar esas palabras que quería evitar. — San, yo... cometí un error. —habló con voz pequeña, y el mencionado se percató de que este empezaba a temblar y su voz se rompía con cada sílaba— Un muy tonto error.

Para cuando terminó de decirlo, las lágrimas ya inundaban sus mejillas y sus hombros se sacudían con los sollozos mudos. El mayor se mantuvo estático, un presentimiento para nada agradable crecía en su estómago, sus músculos permanecieron en su lugar percibiéndose pesados de un momento a otro.

— Los- los guantes... —siguió, y tapó su cara con ambas manos antes de exponer lo que venía, demasiado avergonzado y angustiado— No eran de Yeosang, eran de un compañero de trabajo.

No hizo falta que declare nada más, San lo conocía lo suficiente como para saber a qué se refería, y el color se fue de su rostro en cuanto lo entendió. Su mente quedó en blanco y un pinchazo se instaló en su pecho, robándole el aire. Todo lo que pudo hacer fue tomar distancia en el sofá para que haya un espacio considerable entre los dos, mientras observaba a quien hasta ese momento era su pareja que se deshacía en llanto.

— ¿Por qué? —indagó duramente, ni siquiera sabía si quería conocer el motivo, tal vez era un masoquista— ¿Por qué me hiciste eso, Wooyoung? —pronunció con la mandíbula tensa al no obtener respuesta.

— No quise hacerlo. —logró expresar en voz baja.

— ¿Te obligó? —preguntó, comenzando a desesperarse y pudo ver que el menor negaba con la cabeza— Entonces, ¿Por qué te acostaste con él? ¿Por qué me fuiste infiel? ¡Y en nuestra puta casa!

Jung apretó los ojos al escuchar el grito dirigido a él, sintiéndose cada vez más débil ante su presencia. — Me sentía solo... —expuso, obteniendo un bufido de la otra parte— Tú nunca estás aquí, ya no me mirabas ni me decías nada bonito, dejaste de tener detalles conmigo-

— Esas cosas se hablan, Wooyoung, no vas y te follas a cualquiera. —interrumpió, percibiendo como una mezcla de cólera y abatimiento era lo único que corría por sus venas.

— ¡Intenté hacerlo! Vengo intentando hablar contigo desde hace casi un año, pero nunca tienes tiempo para escucharme. Siempre llegas y dices que estás muy cansado así que solo te vas a dormir. Ignoraste cada una de mis ideas para hacer algo juntos diciendo que otro día lo haríamos. —comentó sintiéndose agobiado, probablemente no era el mejor momento, pero necesitaba dejarlo salir— ¿Tienes idea de cómo se siente vivir con alguien que ni siquiera sabes si aún te ama o simplemente se queda contigo por rutina? —continuó con palabras entrecortadas por las lágrimas que no dejaban de brotar— Es agotador. Y realmente siento mucho lo que hice y haberte herido de esta forma, pero te amo demasiado como para dejarte ir.

— Deja de hablar, no quiero escucharte ahora. —respondió consternado, definitivamente movilizado por lo que le había dicho— Necesito salir de aquí. —proclamó a la vez que se ponía de pie y caminaba rápidamente hacia la entrada sin mirar atrás.

— No... —exclamó en un suspiro Jung, dejando su asiento para seguir al de pelo morado— No te vayas. —rogó percibiendo como su mundo se venía abajo en cuestión de segundos.

— Wooyoung. —frenó súbitamente en el lugar mientras que se colocaba el abrigo y tomaba sus llaves— No me importa lo que tengas para decir en este momento. No voy a pasar la noche aquí, así que no me llames. Quiero pensar a solas. —finalizó entre dientes, sobrepasado.

Y el mencionado no tuvo nada más que hacer frente a eso, quedándose mudo en su posición, viendo como su amor lo dejaba atrás sin saber si volvería a su lado y no pudo hacer otra cosa más que derrumbarse, preguntándose por qué había sido tan estúpido.

 

Por su parte, San caminó en modo automático unas tres o cuatro calles bajo la fría noche, dirigiéndose al centro de la ciudad hasta que salió de su shock y un gran jadeo de dolor abandonó sus labios temblorosos. De repente sus piernas dejaron de tener la fuerza necesaria para mantenerlo en pie, por lo que se acuclilló y dejó salir todo lo que había estado conteniendo en esos interminables minutos. Las lágrimas congeladas brotaban furiosas de sus ojos y los sollozos afligidos agitaban su cuerpo. No podía contener los quejidos llenos de congoja que quemaban en su garganta y lo único que podía pensar era que todo se había ido al carajo tan rápidamente. Estaba confundido, no podía concretar otro sentimiento específico que no sea el de una amargura intensa e incontenible.

Abrazó su figura deseando sentir la calidez de unos brazos, pero no era suficiente. Permaneció de la misma forma hasta que la helada oscuridad y el torbellino de su mente lo obligaron a pararse y continuar su caminata con un único objetivo: ahogar sus penas en alcohol.

No cesó de llorar silenciosamente en ningún momento, mas limpiaba una y otra vez esas gotas saladas de su rostro deseando que lo dejaran en paz. Se perdió en recuerdos bonitos, para variar, que tenía con Wooyoung. Lo atormentaban, porque quería odiarlo pero eso lo dificultaba en cantidades exageradas.

Podía ver la hermosa sonrisa de su novio que surgía en casi cualquier instante, porque así era él, una persona muy risueña, y ese era uno de los motivos por los cuales se enamoró en una primera instancia. Se acordó de esa vez que los presentaron en una fiesta de cumpleaños de un amigo en común y no pudo quitarle los ojos de encima en toda la noche, e intentó coquetearle tan descaradamente que el menor solo rio y le dejó su número. Todas esas horas que pasaron mensajeándose como si fueran dos adolescentes, aunque ambos estaban en sus veintes. Recordó la primera vez que hicieron el amor, en su viejo departamento, luego de haberse entonado con cerveza porque ninguno se atrevía a dar el primer paso estando completamente sobrio; y aquella certeza que sintió al verlo despertar a su lado al día siguiente, de que ya no podía ni quería dejarlo ir.

Siguió caminando, y no podía esfumar todas esas memorias, que se clavaban como puñales directo en su corazón. Rememoró cómo casi se quedó sin aire cuando le pidió que se mudaran juntos tras dos años de relación y Wooyoung lo abrazó con todas las fuerzas que su pequeño cuerpo poseía; así como también cuando lo tiró al piso de un salto cargado de emoción y besó eufóricamente todo su rostro en cuanto pisaron su nueva casa.

Un inesperado sollozo brotó de sus labios, ese maldito era la alegría de sus días. Se acordó del tono frágil que este utilizó cuando se acurrucó contra él en la cama la primera noche en su hogar y le pidió que lo apretara entre sus brazos porque tenía miedo de estar en un lugar nuevo, a lo que le respondió que siempre estaría ahí para cuidarlo de lo que sea. Con eso se rompió otra vez, no podía soportarlo. Ya ni siquiera sabía quién era el malo de la historia, porque también recordaba cómo en el último año se distanciaron sin siquiera darse cuenta. Jung tenía razón en todo lo que le había dicho, dejó de ser él mismo por estar demasiado sumergido en el trabajo y olvidó cuidar su relación.

Finalmente llegó a su destino y, después de limpiarse las lágrimas e intentar recomponerse un poco, se adentró en el bar yendo directo a sentarse en la barra para pedir algo de beber. Seguidamente, sacó su móvil del bolsillo delantero de su pantalón para enviar un mensaje a su mejor amigo y agradeció no tener ninguno del menor.

 

Yunho

Necesito que vengas

Estoy en el bar de siempre

23:20

Estaba por dormir San, es martes

Pasó algo?

23:22

Wooyoung

23:23

Mierda, enseguida voy

Espérame para embriagarte

23:25

 

Dio por concluida la breve conversación para dar un largo trago al vaso de whisky, terminándoselo y pidiendo otro inmediatamente. No le importaba que su interior quemara, quería dejar de pensar y a la vez no. Quería tomar al medio rubio entre sus brazos, pero deseaba tenerlo lo más lejos posible. Necesitaba dejar de existir, al menos por unos instantes.

Nada de eso sucedió, así que continuó bebiendo hasta que unos cuantos minutos más tarde llegó su amigo y tomó asiento a su lado, luego de ordenar una cerveza para cada uno. Este lo observó en silencio, sus pintas debían dar lástima. Podía sentir sus ojos hinchados por el llanto y su espalda encorvada pues no tenía la voluntad para sostenerse correctamente.

— ¿Y bien? Cuéntamelo todo, aquí está Yuyu para escucharte.

Un atisbo de sonrisa tiró de sus comisuras y bufó al notar que otra vez sentía ganas de llorar, aunque tragó duro para mantenerlo dentro. — Me fue infiel. —mencionó, y torció la boca en una mueca incómoda por lo horrible que había sonado eso.

— ¡¿Qué?! —exclamó sin controlar su tono, pero eso era lo último que esperaba escuchar, ellos eran ese tipo de pareja de la cual jamás esperarías algo así.

— Eso mismo. —suspiró, llevando unos dedos a su sien para masajearla.

— Pero... ¿Cómo es que-? —continuó el más alto sin salir de su asombro.

— Se acostó con otro, Yunho. —resopló, comenzando a irritarse— Metió a alguien más en nuestra casa, en nuestra cama, y folló con él.

La mandíbula del pelinegro casi llegaba al suelo y tardó unos instantes en recuperarse de la sorpresa. — Mierda.

— Sí, mierda. —respondió soltando una risa amarga que provocó que el brillo se fuera de sus ojos nuevamente.

El silencio entre los dos se mantuvo presente por unos minutos, y Choi volvió a meterse en el lío de pensamientos de su mente mientras mantenía la vista perdida en un punto fijo cualquiera. El nudo en su garganta seguía creciendo y para contrarrestarlo bebía del alcohol que tenía enfrente, buscando que las cosas se calmaran al menos por unos segundos.

— ¿Y qué vas a hacer? —consultó Yunho después de un rato, sintiéndose terrible por su amigo.

— No lo sé. —expuso con su voz flaqueando— Justo ahora solo puedo pensar en lo traicionado que me siento. —mencionó aún viendo a la nada y el mayor asintió dándole la razón— Pero... maldita sea, tampoco puedo sacarme de la cabeza todos los buenos momentos que vivimos. —finalizó, abatido.

— Mira amigo, no sé si quieres mi opinión, pero igual voy a dártela. Y es que para mí todo se termina en el momento que la confianza se rompe.

El de pelo morado apretó los labios, mordiendo internamente el inferior, percibiendo cómo estaba al borde de quebrarse nuevamente. — Pero lo amo...

— Sé que lo amas. —afirmó posando una mano en el hombro contrario— ¿Pero te ves capaz de perdonar una infidelidad? —indagó, recibiendo un sonido de disgusto como respuesta— Todo termina ahí.

San evadió su mirada sin pronunciar ni una palabra, ni siquiera el tono compasivo que empleaba lograba darle un poco de consuelo. Se estaba preguntando a sí mismo si realmente podría dejarlo con Wooyoung cuando su teléfono vibró continuamente en su bolsillo y lo tomó, encontrándose con una llamada del dueño de sus pensamientos. Cerró los ojos con este en mano, apretándolo, hasta que no sintió más la vibración y los abrió para verlo con pena. Unos cuantos mensajes que no quiso leer aparecieron, y luego dos llamadas entrantes más que no respondió. Deseaba que pare, porque no quería saber nada de él, pero todos sus sentidos le gritaban que lo atienda y arreglaran las cosas. Solamente no quería pensar en nada.

— Deja el teléfono. —habló el más alto cuando finalizó la última, quitándoselo de la mano y haciéndolo a un lado.

— Dame eso. —pidió frágilmente, sin siquiera moverse un poco.

— ¿Vas a contestarle? —consultó elevando una ceja, odiaba tener que jugar el papel de persona firme, pero creía que era lo que su amigo necesitaba— Si no vas a hacerlo, no tiene sentido que sigas viendo la pantalla. Te estás lastimando, San.

— Dámelo. —insistió en un hilo de voz otra vez, para luego soltar un sollozo que no pudo reprimir— ¿Por qué duele tanto? ¿Por qué no puedo simplemente olvidarlo o hacer como que nada sucedió? —lloró, dejándose envolver por los brazos de Yunho que intentaba reconfortarlo.

— Tranquilo, todo estará bien. —consoló, ocultando la repentina tristeza que lo azotó al verlo derrumbarse— Nunca es fácil alejarse de alguien que amas, pero tienes que dejarlo ir.

— No- no puedo. —continuó entre lágrimas que mojaban la camiseta del mayor.

— Ey, no hay nada que no puedas hacer. —respondió queriendo llorar junto al contrario, pero debía mantenerse fuerte, por lo que lo presionó más contra él— Ya verás, va a doler por un tiempo, no voy a mentirte, pero encontrarás a alguien más y estarás bien.

— ¡No quiero a alguien más! —exclamó junto con un nuevo sollozo, no recordaba la última vez que había sufrido de tal forma, probablemente eso fue antes de conocer al menor.

— Bien, nada de personas nuevas, lo entiendo. —contestó, acariciando su cabello, intentando animarlo y dejando que se descargue en él.

— ¿Y si es mi culpa? —preguntó tras unos cuantos jadeos de dolor y sorbidas de mocos, las palabras que el menor le había dicho antes de irse retumbaban en su cabeza quitándole el aire.

— ¿Por qué lo sería?

— Él dijo que se sentía solo y que yo ya no le prestaba atención. —expuso con el labio inferior temblando— Que dudaba de si todavía lo amaba o seguía con él por rutina.

— ¿Y eso es verdad? —indagó con el ceño fruncido.

— Lo es... es decir, sí lo amo, con toda mi vida. —profundizó, sintiendo cómo dolían esas palabras— Pero sí es cierto que desde que comencé en el nuevo trabajo le dediqué todo mi tiempo a eso para ganar el ascenso y así darle todo lo que merece... aunque eso me llevó a olvidarme de los detalles, de prestarle atención a lo que me decía porque estaba tan cansado que solo quería dormir, incluso hasta dejamos de hacer el amor. A él le gusta mucho hacerlo porque cree que es una forma más íntima de expresar lo que sentimos y-

— Ya, no quiero saber los detalles de su vida sexual, gracias. —interrumpió el pelinegro con una fingida mueca de asco— Le daré la razón en que las relaciones hay que cuidarlas todos los días, sin importar cuántos años lleven juntos y quizás hasta pueda entender cómo se sentía... pero eso no es excusa para ser infiel, San. Nada lo es.

— Pero él quiso decírmelo y no lo escuché, no soy un buen novio.

— Eres el novio más cursi y atento que conozco. Está bien que pudiste haberte comportado como un tonto este último tiempo, pero eso no te hace una mala persona. ¿O es que crees que Wooyoung lo es después de lo que hizo?

— No... —negó, sentándose correctamente mientras limpiaba unas lágrimas.

— ¿Lo ves? Ni él ni tú son malos, se equivocaron y cometieron errores, pero hay algunos que para mí no pueden perdonarse como pareja.

— Pero está arrepentido. —contradijo en voz baja.

— Ya. ¿Sabes qué? No vamos a pensar más en eso esta noche, voy a guardar tu celular para que no la cagues y nos vamos a emborrachar. —dijo firmemente sin dejar lugar para reproches— Mañana llamarás al trabajo para decir que estás enfermo y dormirás en mi casa. Luego decidirás si quieres verlo en la tarde o quedarte más tiempo conmigo.

— Bueno... —aceptó con un mohín en sus labios, de repente se sintió regañado y, de todas formas, el porcentaje de alcohol en su cuerpo ya era algo elevado por lo que no parecía mala idea.

— Y lo último que diré al respecto del tema es que me importa un carajo si decides quedarte con él o dejarlo, te apoyaré en lo que sea porque soy el mejor amigo del mundo ¿Está bien?

— Sí, está bien, Yuyu. —concluyó con la primera sonrisa real en lo que iba de la noche.

— Así me gusta.

Y tal como fue dicho, no se habló más sobre eso en las próximas horas, aunque San no podía evitar pensarlo y sentir el peso de sus palabras, además de la tristeza y el enojo aún persistente. A fin de cuentas, embriagarse no fue una mala elección ya que, al menos así, podía mantener su mente en blanco.

 

La mañana siguiente despertó en el sofá de Yunho con un horrible dolor de cabeza provocado por la resaca del alcohol y de haber llorado tanto. Sin abrir del todo los ojos buscó su móvil que, para su suerte, su amigo le había devuelto finalizada la noche a fin de avisar que no iría a trabajar tras inventarse una intoxicación estomacal de la cual no le pidieron comprobante médico ya que era uno de los mejores empleados. Se levantó solo para buscar alguna medicina que lo ayudara a sentir que su cabeza no iba a explotar y, después de tomarla, regresó al primer lugar para continuar durmiendo. Al menos ahí podía fingir que todo estaba bien.

Despertó nuevamente tras el mediodía, físicamente se encontraba un poco mejor a pesar de sentir que le había pasado un camión por encima. Emocionalmente estaba confundido, padecía la decepción por lo que hizo su pareja, acompañado del malestar y la angustia que eso traía de la mano. No quería volver a llorar, se sentía demasiado vulnerable cuando lo hacía y no le gustaba eso ya que él creció acostumbrado a tener que ser fuerte para poder proteger a los demás.

Intentó poner su mente en blanco para quitar esos sentimientos, pero no era tan fácil. De repente se vio considerando la idea de su vida sin Wooyoung en ella. Pensaba a futuro e imaginaba los diferentes escenarios posibles tratando de resolver las incógnitas que le surgían. ¿Cómo sería despertar solo cada mañana? ¿Quién de los dos se iría de la casa? ¿A quién acudiría cuando esté sobrepasado? ¿Quién lo miraría con el amor que él lo hacía? ¿Sería capaz de volver a enamorarse de alguien luego de terminar una relación de 5 años? ¿Dejaría de amarlo algún día?

Esas y muchas otras preguntas que lo atravesaban como flechas se repetían en loop una y otra vez haciéndolo sentir demasiado miserable. En ese momento, todas las opciones eran posibles y no sabría qué decisión tomaría hasta verlo cara a cara. Por ese motivo, llegada la tarde cuando ya no faltaba mucho para que Jung regresara de su trabajo, si es que había asistido siquiera, decidió que era hora de enfrentarlo pues no podría mantenerse mucho más en ese estado de desconocimiento.

Después de tomar una rápida ducha y vestirse con la misma ropa del día anterior, salió en camino a su hogar determinando que iría a pie a fin de tomarse el tiempo para resolver qué es lo que le diría. Formuló todas las preguntas de las cuales quería obtener respuesta y se sentía listo para hacer lo que considerase mejor. Sin embargo, por supuesto que sus pensamientos no lo dejarían tranquilo mientras caminaba y lo atacaron rememorándole más vivencias que tuvo junto a su novio.

Él mismo se percibía como una persona romántica y una sonrisa inconsciente se plantó en su rostro en cuanto recordó aquella vez cuando aún se estaban conociendo, aunque ambos pasaban gran parte de sus horas mensajeándose y San ya había aceptado el hecho de que le gustaba muchísimo el otro, que enredó sus dedos con los del menor a la vez que miraba hacia otro lado como si nada estuviera sucediendo porque no quería ser rechazado, pero en cambio recibió un apretón más firme en su mano que provocó que grite internamente. También se acordó de la primera vez que tuvo el gusto de besarlo, estaba tan nervioso a pesar de que era evidente que ambos lo querían; después de hacerlo reír a carcajadas con alguna tontería se vio tan hipnotizado por su belleza que simplemente tuvo que expresarle lo bonita que le parecía su risa, haciéndolo sonrojar como cada vez que le decía un cumplido y no pudo aguantar las ganas de acercarse a él hasta que, como si fuera un mutuo acuerdo silencioso, unieron sus labios a la vez tiernamente, logrando que su corazón palpitara desenfrenado.

Soltó un fuerte suspiro con un nudo en la garganta de lo más molesto, no entendía por qué su cabeza se empeñaba en recordarle esas cosas justo en ese momento donde tenía que mantenerse lo más frío posible. Una última memoria apareció abruptamente y era de una escena que solía repetirse con bastante frecuencia en su mente, pues era una de sus favoritas en pareja. Habían tenido una discusión por motivos propios de la convivencia donde lleva un tiempo adaptarse a las formas de ser de alguien más, se encontraban acostados en la cama viendo cada uno su propio celular cuando, luego de soltar un bufido al verse abrumado por querer tener la cercanía de siempre con su novio, le consultó si estaba enojado y obtuvo una respuesta que lo marcó por siempre: "No puedo enojarme contigo, sé que si haces algo debe haber una razón tras eso para ti. Incluso si haces algo horrible, no voy a juzgarte nunca. Confío en ti". Después de escuchar esas palabras, supo que se sentía de la misma forma y se acordaba de estas cada vez que algo que podría enojarlo sucedía. Su relación se fortaleció gracias a esas frases, y justo ahora era lo que necesitaba recordar para poder obtener un poco de consuelo antes de su encuentro.

 

Antes de siquiera notarlo, había llegado a la entrada de su casa. Podía ver algo de luz tenue desde el interior, lo que le indicaba que Wooyoung estaba allí. Tomó aire repetidas veces parado en el umbral, su estómago se apretaba y quizás hasta podría vomitar en ese mismo instante. Apretó las llaves en su mano y luego de inhalar profundamente, procedió a abrir la cerradura para adentrarse en su hogar.

Todo parecía tranquilo a simple vista, las cosas se veían casi igual que la noche anterior cuando se había ido, pero no veía a su pareja. Dio un par de pasos y colgó su abrigo en el perchero allí dispuesto, y para cuando hubo terminado con eso escuchó unas rápidas pisadas en su dirección. Volteó y ahí estaba, de pie en medio de la sala viéndolo con una mezcla de sorpresa y tristeza. Iba vestido con una de sus camisetas, la cual le quedaba enorme y llegaba casi hasta sus rodillas, y un pantalón de pijama por debajo. Su pelo estaba desordenado, sus ojos hinchados y rojizos, así como también su nariz. Se observaron fijamente sin decir nada por unos segundos, aunque por dentro era un desastre de emociones.

Finalmente, tuvo el valor para acercarse a él, que se mantuvo paralizado en su lugar sin saber cuáles eran sus intenciones. Una vez estuvieron frente a frente, San señaló con su cabeza el sofá para indicarle que se sentara, manteniendo su aspecto serio. Aún algo aturdido por verlo, el medio rubio tomó asiento en este y Choi lo siguió, reposando a una distancia mayor a la que acostumbraban. Wooyoung mordía su labio inferior de forma un tanto brusca, y llevó ambas rodillas a su pecho para luego rodearlas con sus brazos en un intento de no sentirse tan desolado. No estaba seguro si debía empezar a hablar él porque creía que en cuanto diga una sola palabra lloraría y no podría comunicarse bien, por lo que esperó hasta que el mayor diera el primer paso.

— Estuve pensando. —comenzar a hablar el de pelo morado a la vez que veía hacia el frente pues la imagen de su novio en esas condiciones le destruía el corazón— En cómo me siento con esto y qué debería hacer.

El labio de Jung tembló al escuchar su voz y ya podía advertir cómo sus orbes se cristalizaban. — ¿Y llegaste a alguna conclusión? —indagó en tono muy bajo.

— Sí, lo hice. —afirmó mientras giraba la cabeza para mirarlo, frunciendo el ceño después por la punzada que sintió en el pecho— Estoy... decepcionado. Me siento traicionado como no te das una idea, yo nunca te haría algo así.

Las palabras se clavaban como mil puñales y no pudo contener más las lágrimas que deseaban salir desaforadas. — Lo sé, lo siento tanto. —expresó entre sollozos y hundió su rostro entre sus piernas para descargar su llanto.

San se tensó, reprimiendo sus impulsos de abrazarlo y cuidarlo, porque así no podría exteriorizar lo que tenía para decir, por más que todo lo que había preparado previamente se había borrado completamente de su mente y estaba improvisando en el acto.

— No voy a mentirte, pensé tanto en dejarte-

— No. —reaccionó e interrumpió el menor alterado saliendo de su escondite y alzando la voz— No me dejes, por favor San. —si bien sabía que era una posibilidad a considerar, oírlo sonaba mucho peor— Por favor, Sannie. —rogó una vez más en tanto se aproximaba a su pareja sin importarle verse desesperado, pues lo estaba, y cogió una de sus manos con fuerza— Te amo tanto, de verdad, lo siento mucho, yo... yo- —rápidamente comenzó a soltar el lío de palabras que era su cabeza.

— Wooyoung, cálmate. —pidió suavemente sin soltarlo, ahora era él quien tenía un nudo en la garganta que explotaría en cualquier momento— Estarás bien.

— No quiero estar sin ti. —negó efusivamente mientras secaba sus mejillas con la mano libre y sorbía su nariz— No me dejes.

— No me dejaste terminar. No puedo dejarte. —expuso en un hilo de voz y tapó sus ojos en el justo instante que se quebró— ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me lastimas así y sin embargo no puedo enojarme contigo? —preguntó entre el llanto y algunos jadeos lastimeros entrecortados.

Jung se apresuró a envolverlo con sus brazos, sintiéndolo frágil entre ellos, era de las pocas veces que lo veía llorar y se sentía terrible porque estaba claro que era su culpa. — Lo siento muchísimo, en serio. Jamás quise hacerte daño. —mencionó derrumbándose también— Fui un estúpido, el más idiota de todos por sentirme solo y dejarme llevar para compensarlo.

— Lo eres. —concedió San, ahogándose en sus lágrimas— Pero prometí que siempre buscaría entender la razón detrás de lo que hagas, aunque sea algo horrible, ¿recuerdas?

El menor asintió formando un puchero pues ese había sido algo así como su mantra en la relación y tenía un significado muy intenso para ambos. — Claro que sí.

— No puedo entender el acto, concretarlo y acostarte con alguien más, a pesar de que lo intente no puedo. —continuó incorporándose para verlo a los ojos, después de haber frenado sus sollozos— Pero sí puedo entender cómo te sentías y que estabas sufriendo, porque todo lo que me dijiste ayer es cierto y no te cuidé, como también había prometido.

Wooyoung no supo qué responder, lo había tomado por sorpresa, por lo que se limitó a escucharlo y se atrevió a tocar su rostro para limpiar la humedad de este.

— Si las cosas hubieran sido diferentes o no te hubieses mostrado tan arrepentido, definitivamente te dejaría, tenlo en cuenta. —habló con voz dura, sintiéndose furioso de solo pensarlo— Eres el amor de mi vida. Tú, ese tonto que tengo enfrente, mételo en tu cabeza y no lo dudes ni por un segundo. —siguió manteniendo el tono y pudo notar cómo su novio parecía respirar por fin— Por eso estoy dispuesto a perdonarte, aunque voy a tomarme mi tiempo para hacerlo y tendrás que respetarlo.

El medio rubio asintió frenéticamente con su labio inferior temblando como nunca y no se contuvo de lanzarse a su pareja para besarlo como si fuera la última y primera vez, porque con eso comenzarían de nuevo. San no correspondió al principio, pero en cuanto sintió una vez más los dulces movimientos sobre su boca toda tensión acumulada hasta el momento se esfumó. Como cada vez que se besaban, lo demás desaparecía.

No supieron cuánto tiempo estuvieron absortos en ello, se dejaron llevar y enredaron sus lenguas lentamente, queriendo sanar cada una de las heridas que se habían provocado. Choi rodeó la cintura ajena con sus brazos en tanto que Wooyoung envolvió su cuello con los propios. Ninguno de los dos quería cortar ese toque que tanta calma y consuelo les traía, se habían extrañado demasiado, mucho más de lo que incluso pensaban. Sin embargo, lamentablemente el oxígeno es un recurso limitado y finalmente tuvieron que separarse para respirar, por lo que después de hacerlo unieron sus frentes manteniendo sus ojos cerrados.

 

— Estaremos bien. —concluyó San con una pequeña sonrisa, percibiéndose mucho más aliviado a pesar de que aún quedaba un largo camino por delante, pero se sentía positivo al respecto.

— Sí, estaremos bien.

 

Fin