Actions

Work Header

Lejano

Summary:

No hizo falta más ceremonia, Nagi seguiría a esa persona, porque el roce de su mano en su cuello, fue suficiente para estremecer su piel.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Había una luz, una mano que tenía una efervescente sensación de vida, una mano que lo invitaba a seguirlo, tan radiante, tan preciosa y deseable, una mano que lo jalaba entre haces de luces, y le hacía sentir que el cariño debía tener ese sabor. Su cuerpo no opondría resistencia ante ese sabor, y a través de sombras lo seguiría. Ante sus ojos, aquellos cabellos violetas que revoloteaban con el viento, eran hipnotizantes, podía ponerse de rodilla solo con su sombra; pero el dueño de aquellas manos no lo dejaba caer, lo mantenía a flote.

A través de aquel camino de piedras, Nagi se dejaba llevar por ese hombre, al inicio estaba confundido y su mente solo había concebido la idea de tirarse al piso ante tan inefable sensación que producía la presencia del hombre al cuál hasta ahora no había podido ver su rostro; su mente estaba tranquila e inquieta, sus manos seguían tomadas, y Nagi sentía que si soltaba aquella mano podría perderse. Hasta que una máscara le fue extendida, y fue ahí la primera vez que aquel enigmático hombre de dulce tacto se había dado la vuelta, una máscara tapaba casi todo su rostro, pero sus ojos podían apreciarse, del color de las uvas, pero no cualquier uva, Nagi pensó que tal color solo debían verse en las uvas que se le servían a los emperadores, no menos.

Eran de un color exclusivo, tan fantasioso, y junto a las cadenas doradas de la máscara que resplandecían al contraste de sus ojos; Nagi solo desvió la mirada y tomó la máscara ofrecida. No tenía razón para seguir a aquel hombre, y menos para ponerse la máscara, pero por una vez en su vida no podía decir no.Se colocó la máscara que parecía ser hecha para él, con cadenas, plumas y detalles que bordeaban el blanco puro de un cisne, y la brillante codicia del plateado. El hombre se acercó para amarrar los lazos de la máscara detrás de su cabello, y al retirar sus manos, la benevolencia de una piedra violeta se balanceo y tintineo.

No hizo falta más ceremonia, Nagi seguiría a esa persona, porque el roce de su mano en su cuello, fue suficiente para estremecer su piel.

Entre tantos pensamientos llegaron al centro del bosque, habían largas mesas, manteles de distintas telas, finas, traslúcidas, brillantes, y personas con vestimentas pomposas y de diferentes colores que se mezclaban y resaltaban entre los colores cálidos del bosque. Pero nadie llevaba máscara.

El hombre soltó a Nagi y todos los presentes se acercaron a verlo, desde tocar su cabello, hasta pintar su rostro con destellantes colores; entonces el hombre enmascarado corrió hasta subirse en una de las mesas, llamando la atención de todos, “Todos los invitados están presentes, damos por iniciada la décimo tercera celebración”, y al mismo tiempo que una banda de empezó a tocar la música, el hombre posó su mirada en Nagi, y le extendió una de sus manos invitándolo a subir a la mesa con él.

Y la sonrisa que dibujaban sus labios debían saber a cerezas, y Nagi quedaba hipnotizado cuando el cielo de oro hacía arder las hebras violetas de su cabello, y el sol que huía del cielo al ver tanta belleza parecía vivir en esos ojos morados.

Nagi no dudó en tomar su mano y subir a la mesa, la música era alegre y vivaz, las personas bailaban alegremente tomados de la mano y saltando, el lugar rebosaba alegría, los colores se fundían con la tierra, parecía un escenario tan ajeno a él, las risas, los susurros del cielo, la chispeante esencia de la vida. Nagi estaba abrumado, sentía la chispa contagiosa del ambiente en su cuerpo, el suelo vibraba, y la mano que lo unía hacía aquel misterio de hombre le empezaba arder, y su mente se perdió cuando el hombre empezó a bailar intentando guiarlo. Tan grácil, tan firme y decidido, sacudiendo sus manos, como una mariposa lleno de color; y esa explosión de colores le daba la sensación de sentirse vivo a Nagi.

Aunque Nagi no bailaba igual de bien que su acompañante, estaba bien con estar a su lado; lo había llevado de la mano a bailar esa noche, y estaba bien con eso; le estaba dibujando colores en su mundo, y estaba bien con eso; le estaba mostrando una dimensión nueva, y estaba bien con eso. Estaba bien en todo lo referente a aquel hombre; no tenía preocupación alguna, si se tropezaba las manos ajenas se colarían en su cintura y lo sostendría, si Nagi no sabía que otro paso hacer, su acompañante acercaría su cuerpo y bailaría por los dos.

Y Nagi se había dado cuenta que la estúpida belleza de la que la gentuza hablaba no era de verdad.

Y el viento traía los susurros de cada persona, “él es el amo que te dará de beber de su vasija”, Y Nagi solo quería pedirle que lo lleve a seguir bailando con él; “le dará el cielo en un instante y luego le quitará el alma del cuerpo”, y Nagi solo quería pedirle que lo envuelva en su piel; “es un vivo ángel de la miseria, que tirará tu cuerpo en un barranco de flores y envenenará tu alma con el sabor del amor”, y Nagi solo quería perderse en su mirada llena de inocencia y dormir en sus pies; “trazará en tu corazón grotescas canciones de amor, y luego solo preguntará si te gusta más la lluvia o el sol”, y Nagi solo quería reducir su mundo a sus palabras; “es Reo, el amo que compra amores con monedas”, y Nagi quería decirle a Reo que él era el verdadero valor de su vida.

Pero la baraja de cartas despreció las palabras de su alma, y el azar empezaba a reírse de los colores de cada memoria que estaban creando; y así entre caras tapadas Nagi suspiraba con la simple presencia de Reo.

Los sonidos se iban haciendo más intensos, y ante los ojos de Nagi, la máscara de Reo cayó al piso; sus ojos ya no brillaban con la inocencia del sol, su sonrisa era una mueca, y sus manos ya no sabían a cariño.

Reo levantó la máscara de Nagi buscando la cercanía de sus labios, pero eso no ocurrió. La cercanía de Reo empezaba a marear a Nagi, que empezaba a perderse en su mente, como si hubiera bebido un veneno de sabor a frutas. Pero aquel veneno frutal no entraba por su boca. Las manos de Reo acariciaron su rostro con el frío más inhumano, y las fue dejando caer hasta su cuello, Nagi dió un respingo al sentir sus manos que rodeaban su cuello, heladas e insensibles, como abalorio de espinas frescas.

La falta de aire ahogaba los pensamientos de Nagi, aún así no había reacción de querer separar la embriagante unión desesperada, al contrario de eso, sus manos intentaban acariciar sus hebras moradas. Ese gesto provocó una mueca en Reo, que acercó sus labios de rosas marchitas a su oído.

“Eres un suplicio, Nagi”

……………..

Una botella se estrelló contra el piso, y el sonido despertó a Nagi de su desencanto; empezó a toser y a retorcerse por un poco de aire, llevaba las manos al cuello intentando zafarse de lo que sea que le obstruyera el aire; hasta que algo se rompió y su cuerpo cayó al piso de una sucia habitación de una taberna, las botellas de alcohol estaban regadas por docena, y por su cuello resbalaba un trozo de cuerda rota.

Su mente fue recordando cada suceso, y no podía evitar tomar beber hasta el fondo de otra botella, había fallado en su ambición de tener a Reo, y había fallado en colgarse de esa puta soga. Su camisa apestaba a alcohol seco, sus ojos cansados y oscuros estaban resecos e irritados. La palabra miseria bailaba entre sus definiciones.

Nagi no podía hacer más, no podía llorar más, no podía sentir más, estaba envenenado hasta el alma, con sus manos sangrando por la simple ilusión de un tacto, los pulmones resentidos, y un cigarro en la mano. Si con mil botellas más en la sangre podría volver a alucinar como lo hizo hace un momento, no dudaría en beber el doble, el triple, con tal de delirar que bailaba entre sus brazos; no dudaría en beber más si con eso deliraba su vívida figura llena de vida. Fumaría y bebería si es que eso le permitía soñar con un instante junto a Reo, un instante lejos de la realidad. Una realidad sin Reo. Una realidad dónde él sin darse cuenta había orillado a Reo al límite con su inconsciencia, una realidad dónde la sangre de Reo estaba regada en el piso ante sus ojos, una realidad dónde él solo quería morir para pedirle perdón a Reo personalmente.

“Déjame regresar al inicio de todo, pero esto es todo, ¿no?; si cierro mis ojos…aún te siento a mi lado, tú ya no puedes volver Reo, pero yo puedo ir contigo”

Nagi había pintado un cuadro que había escondido, en las condiciones en la que estaba encontrar el cuadro no era primordial, tenía los huesos rotos, y vidrios colados en su piel; pero ese cuadro era la marca de que Nagi había amado a Reo; un cuadro simple, una figura de bella silueta tenía los brazos levantados graciosamente, su cabello morado estaba prendido en el ardor del sol, sus ojos refulgían con una belleza incomparable, y su sonrisa embelesaba al sol y la luna que le cantaban de rodillas. Un simple cuadro, pero para Nagi esa era la muestra de su amor hacía Reo, un simple cuadro, pero Nagi había pasado amaneceres y escarchados anocheceres intentando encontrar el color que reflejara lo que Reo significaba para él; el valor de su vida.

“Y en esa travesía había que ver quién era el afortunado en salir con vida, en esa ruleta de espadas. En ese juego, los dos estábamos perdidos, ni uno de los dos sabía lo que hacía, era la estupidez de ser joven. Y no había nada por perder, solo una cosa, o a ti, o a mi.”

-Hora aproximada del deceso 00:01 horas, 12 agosto, sobredosis de alcohol. Sujeto desconocido-

-¿Qué hacemos con el cuerpo señora?, era un viajero que apareció de la nada y pidió una habitación; no dió ninguna identificación, ni siquiera dejó el dinero para pagar todo el desastre de la habitación, ¿llamó a algún guardia para que venga a llevárselo?
-No seas tonta muchacha, si ese hombre ya dejó todo el lugar echo un desastre, solo tira su cuerpo al río, hombres inconscientes como estos no valen absolutamente nada, si llamas a los guardias harás todo un escándalo, y la gente ya no querrá venir a la taberna, solo tíralo al río y regresa rápido a limpiar el lugar.

……………..

La feria está en su máximo esplendor, las damas se amontonan alrededor de un trovador, que al parecer no tiene buena presencia, pero la historia que va cantando llama mucho la atención tanto de niños, señoritas y señores.

Un esclavo que aspiró a amar a su amo, cada viernes se escapaba escondiendo sus cadenas; que la mascarada comience, y así el esclavo con el rostro escondido en una máscara en el medio del bosque buscaba a su amo, y en un ofrecimiento muy atrevido, cada viernes al caer la noche en medio del bosque, el esclavo pedía su mano para un baile que durará toda la noche. Cada viernes, el amor fluía entre cadenas y caras escondidas; cada viernes el amo esperaba a su esclavo enmascarado solo para tomar su mano y sentir la dicha de un baile a su lado.

Demasiado arriesgado, el esclavo no solo quería su mano rodeándolo, quería sus labios, quería a su amo; a media noche sin pensar en las repercusiones levantó su máscara, fue ahí cuando el amo lo descubrió, la música se detuvo, y todo el mundo su mirada dirigió al esclavo que en un arrebato había dejado descubierto su rostro. El amo estaba tan enamorado, que al ver a su esclavo como el amor de su vida rompió en llanto, y el esclavo en un intento de proferir su amor, le quitó la máscara.

Las miradas de todos centelleaban en reproche y desaprobación, el próximo duque con un simple esclavo se enredó. Que aberrante conducta con un esclavo, nadie lo dejaría pasar, todos grababan esa imagen en su memoria, y atacarán hasta dejar en nada al amo que se desarmaba delante de todos con la mirada baja.

El esclavo no esperaba esto, no lo había pensado, intentó acariciar las mejillas de su amo, sin embargo su mano fue levantada con un manotazo; “eres un suplicio, no te das cuenta que por tu culpa soy la estúpida vergüenza pública”; tenía el orgullo roto, se había enamorado de un esclavo, y eso no lo tenía permitido, no podría vivir así; amando y odiando, sin orgullo y señalado.

Al son de las hojas que caían en el trágico amanecer, el amo sacó y colocó la espada en el cuello de su esclavo, pero el amo estaba enamorado; y como un reflejo del corazón, sus mejillas se sonrojaron y la espada en su propio pecho clavó, dejando a un loco esclavo enamorado que ante el primer rechazo de su amo, y ante su sangre ante sus ojos, sintió por primera vez lo indigno que era de estar a su lado.

Corriendo de esta manera bajo los bosques se perdió su silueta, nadie lo volvió a ver. Pero aquel esclavo, antes de desaparecer un cuadro dejó, un cuadro que refleja el gran amor del esclavo por su amo

 

-Señorita, llevé el cuadro, solo por 1 moneda de oro, vamos, quién se anima a llevar esta pieza fruto de un amor prohibido. Animense señoras, para que decoren el salón del té.

El cuadro fue intercambiado por una botella de sidra. Al final del día el trovador totalmente ebrio empezó a reírse del iluso que había dado tanto por un simple cuadro como ese, al final de todo crear una estúpida historia bonita si convencía a las personas.

Notes:

Siento que debería aprender a ponerle títulos a mis historias, porque no tienen relación alguna con el contenido.