Work Text:
A sus 30 años, había sólo tres cosas que Bakugō en verdad amaba; ganar, ser reconocido y a Kirishima.
No era un completo amargado, había otras cosas que disfrutaba de vez en cuando, como el montañismo o prepararse una buena comida, los documentales de All Might que coleccionaba con recelo o el regusto amargo de una cerveza helada en el bar de la esquina los domingos por la noche.
Pero estas tres cosas no solo eran algo que lo ponían de buen humor, en realidad eran cosas que amaba, y lo sabía porque a pesar de que en algún momento de su vida lo hicieron sufrir, aún las anhela.
Había días que más y días que menos.
Los días que menos tendían a sentirse más pacíficos, pero no por ello eran días buenos; en lo absoluto.
Esos días sentía que sus deseos de volverse el héroe número uno eran absurdos; se preguntaba qué sentido tenía levantarse temprano para entrenar antes de empezar su turno en el trabajo y luego, al terminar las patrullas, llevarse horas extras de papeleo a casa.
Todo simplemente para terminar entre los cinco primeros puestos de popularidad, mas nunca rebasar el segundo.
Esos días se preguntaba incluso si había tenido sentido dejar Japón para seguir los pasos de All Might en E.U. mientras el jodido Deku ya se posicionaba como la "promesa de la paz" por sus propios medios en Japón.
Durante estos días se sentía miserable, lejos de aquellos que en algún momento de su vida pudo haber llamado "amigos". En realidad apenas y podría llamar compañeros a los extras de la agencia con los que patrullaba de vez en cuando, o a los desconocidos sin memoria que abandonaba en algún hotel durante la madrugada de cada lunes.
En sus momentos más duros, Bakugō incluso se planteó rendirse. Abandonar su trabajo de héroe, tomar el vuelo más próximo a Shizuoka y vivir una vida tranquila ayudando a sus padres en el negocio del diseño de modas. Sin decirle a nadie (no había nadie quien lo esperase de todas formas) podría retirarse silenciosamente de este trabajo agobiante y de ésta vida solitaria.
Bakugō también pensaba en Kirishima, se imaginaba viéndolo en las noticias por la mañana con un café en las manos, probablemente ocupando un alto puesto en las listas; con su personalidad extrovertida seguro que el público lo adoraba. Él coleccionaria su mercadishing y podría ver todas sus entrevistas en la televisión nacional. Podría saber que habría sido de su vida. Tal vez se habría casado, con Mina o alguna otra extra amable y energética. Tal vez incluso tendría uno o dos niños, con pelo negro de mierda, ojos rojos profundos y sonrisas cálidas cómo el sol.
Bakugō estaría complacido solo de poder anhelarlo a la distancia, de saber que Kirishima vivía feliz, rodeado de amigos que lo adoraban y una familia amorosa. Incluso si su corazón dolía con el pensamiento, la felicidad del pelirrojo era, al final, su propia felicidad.
Pero esos pensamientos eran absurdos. Oh, cuando se percataba de aquellos pensamientos! Entonces se burlaba de sí mismo, accedía a los antidepresivos que el departamento de RH de la agencia le proporcionaba y se obligaba aún más al trabajo, hasta que no hubiera espacio libre en su mente para poder pensar en ello.
Los días que más anhelaba aquellas tres cosas eran, en realidad, los mejores días, a menudo posteriores a un aumento en su clasificación o algún logro específico. En ellos terminaba pronto su trabajo y se tomaba un tiempo libre. Era entonces cuando visitaba el bar en busca de compañía nocturna; tenía una predilección por los tipos alegres y los pelirrojos. Bakugō trataba de no pensar mucho en ello.
En estos días también fantaseaba con volver a Tokio, pero habiendo logrado una posición reconocida como el héroe número uno de Estados Unidos. Una vez allí desbancaria al nerd idiota y entonces, con sus propósitos cumplidos , incluso podría visitar Chiba de vez en cuándo y contactar con el pelirojo, conformándose con permanecer siendo amigos, como siempre debió ser. Si tenía suerte Kirishima lo perdonaría por irse y entonces volvería a sonreírle, a abrazarle como antes y a llamarlo mejor amigo o su estúpido"Bakubro". Porque Kirishima era así, amable e indulgente con un corazón de oro. Y Bakugō lo amaba por eso.
Pero amarlo no fué suficiente; nunca lo fué.
Y Bakugō lo sabía.
Por eso estaba aquí, al otro lado del mundo, tomando una ducha en un hotel barato mientras algún idiota desnudo dormitaba tumbado en la vieja cama de la habitación, haciendo tiempo para escapar a hurtadillas, huir como lo había hecho de Japón 10 años atrás, para que nadie tuviera la oportunidad de descubrir lo inestable y destrozado que estaba...
