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Tener un novio que ilumina cada lugar al que va, significa soportar a todas las personas que se sienten con derecho a entablar una conversación con él. En cada charla, siempre hay insinuaciones acompañadas de toques casuales que Heracles asume, son muestras amistosas de afecto.
Y Jack sabe que no lo son.
Deseo, lujuria, pasión, admiración… La lista seguía y seguía.
Su visita a los archivos celestiales, en busca de algo interesante para leer en compañía de su amado, se arruinó con la presencia de un grupo de fanáticos —tanto humanos como Dioses—, que aparecieron gritando y rodeando a Heracles, apartándolo de él. Jack solo le dio una rápida sonrisa, asegurándole que volvería pronto una vez encontrara algo.
Han pasado siete minutos desde que entró al enorme inmueble y todavía puede escuchar las risas a lo lejos. Hlokk le ha dicho varias veces que debe quedarse al lado de su amado, y así, establecer un límite, de esa forma les dejaran tranquilos. La última vez que siguió el consejo, a la gente no le importo que estuvieran en medio de una cita.
Lidiar con las insinuaciones de humanos, Dioses y semidioses hacia Heracles, tienen a Jack irritable; todos ellos saben que tiene las manos atadas y el Dios de la Fortaleza nunca le permitiría lastimar a alguien, de ninguna forma.
Por supuesto, él no está celoso. Solo, ligeramente molesto.
—¿Encontraste algo? —le pregunta Heracles curioso, apareciendo detrás de él.
Jack tarda en responder aún incómodo por ser dejado a un lado. —Nada interesante.
El Dios lo mira extrañado, pues todo en aquella biblioteca es del interés humano. Se da cuenta de que algo va mal cuando Jack devuelve los libros a su posición original con demasiada fuerza, una acción sutil, pero que no pasa desapercibida para Heracles, quien, con el tiempo, aprendió a leer cada acción de su pareja.
—Llamaré al bibliotecario, tal vez tenga algunas recomendaciones.
—Encontraré algo por mi cuenta— dice Jack sin mirarlo, siguiendo con su búsqueda y caminando a una sección lejana de historia.
Heracles lo mira preocupado. —Estaba bien esta mañana— susurra para sí mismo y alcanzando a su pareja, atento a sus movimientos. —Jack, ¿qué sucede?
—Dios no es omnipotente; no pueden leer mentes Jack. Necesitas explicarle a mi hermano algunas cosas si quieres que te entienda— el mencionado recuerda las palabras de su querida amiga.
Cuando está a punto de explicar su sentir, escucha voces molestamente conocidas acercarse a donde están. Inmediatamente, toma a Heracles y lo incita a correr entre los pasillos casi laberínticos, llenos de libros. Al final, terminan en la sección más apartada de la biblioteca y usan las altas estanterías para ocultarse. Jack empuja ligeramente a su amante al mueble de madera, moviendo los libros que hay en él y acorralándolo con sus brazos a cada lado de su cintura. Obviamente, aquella reacción no asustaría al Dios; el asesino solo se gana una mirada curiosa.
Heracles intenta mirar en dirección a las voces, sin embargo, Jack toma su rostro impidiéndoselo y obligándole a compartir un beso. La acción sorprende al Dios, pero acepta la muestra de afecto, tomando la cintura del humano, atrayendo su cuerpo. Ambos suspiran al unir sus cálidas lenguas.
Jack sonríe durante el beso y hace un esfuerzo por mantenerse de puntillas durante el acto. Al alejarse, un jadeo escapa de ambas bocas, el humano mantiene el contacto visual mientras baja su mano a la entrepierna de Heracles, tocando la zona sobre el quitón blanco que le cubría. El Dios abre los ojos, sorprendido por el inesperado trato en un lugar tan público.
—… Espera… Jack
—Shhh— le interrumpe, haciendo una seña de silencio en su boca, pasando el gesto al Dios; deteniéndose a enmarcar los preciosos labios rojos de su amante.
Internamente, agradece la falta de ropa interior, facilitando el acceso al gran pene de su novio.
Hay pasos y voces que se dirigen hacia ellos, siendo los mismos seguidores de Heracles en búsqueda de su ídolo. A Jack poco le importa, continúa con el tortuoso toque; definiendo el pene flácido del Dios a través de la tela. Heracles muerde su labio inferior evitando ser ruidoso, al mismo tiempo que sus mejillas arden y se le acelera el corazón. Es la primera vez que tiene tal reacción, no siendo el miedo lo que recorre su piel, sino la vergüenza de ser descubierto.
—He he he —Jack se ríe ante la ola de nuevos colores. También es la primera vez que ve la vergüenza en su amante.
Con un poco de suerte, verá algo de temor en los colores del poderoso Dios.
—Mghh… para— Heracles toma la camisa de su novio, he intenta apartarlo cuidadosamente ante la mano que empieza a subir la falda de su quitón.
Jack sabe que no es una advertencia seria. Si el Dios quisiera pararle, lo hubiese hecho hace bastante tiempo con su increíble fuerza. Contrario a lo que Heracles quería, Jack solo se acerca a robarle otro beso al mismo tiempo que las voces se hacen más fuertes.
Toma todo el autocontrol del Dios no estremecerse ante la fría mano que rodea toda su longitud semidura. El líquido pre seminal comienza a cubrir la punta de su dolorosa erección que es atendida por largos dedos, masajeando su longitud lentamente de arriba abajo.
—Trata de imaginar lo que veo, mi querido Dios— le susurra Jack contra sus clavículas, con las mejillas sonrojadas y sin detener sus movimientos. —En este momento todos tus colores son magníficos.
El humano se detiene al escuchar a una persona frente a la estantería en la que están escondidos. Jack siente que el empuje sobre su hombro se hace más fuerte, pero no dejara ir al Dios tan fácil. Reanuda el toqueteo haciéndolo más rápido y usa su propio cuerpo para ejercer presión sobre el miembro goteante, humedeciendo parte de su camisa.
Heracles solo puede cubrir sus gemidos rápidamente con la mano que se aferraba al estante; siente su cara arder y la mirada llena de afecto obsesivo que le dirige Jack tampoco le ayuda a calmarse. El humano escucha como aquella extraña persona se mantiene en la sección, en busca de algo, puede que incluso no sea un fanático y tal vez solo sea un ávido lector.
La situación de ser atrapados por una persona que permanece a escasos centímetros de ellos se vuelve fascinante para Jack. Las respiraciones entrecortadas y el líquido pre seminal que empapa su mano le dicen que a Heracles también le emociona, pese a sus inútiles intentos por alejarle.
El Dios es besado por Jack, dominando por completo su boca, mordiéndole los labios y sujetando parte de su cabello posesivamente.
Parece que su inconsciente espectador no tiene muchas ganas de retirarse y continúa vagando por la sección trasera. La caída de un libro por parte del invitado hace que Heracles salte ligeramente. Jack solo ríe, esta vez con éxtasis. Su propia erección comenzando a doler dentro de sus pantalones.
Los jadeos ahogados del Dios motivan a Jack a seguir, frotando su entrepierna contra el gran cuerpo, sus propios gemidos son amortiguados en las clavículas del Dios. El humano resiste el impulso de morder la zona; sabe que es una batalla perdida, querer marcar la piel.
Pero hay algo que siempre ha querido intentar de todos modos y hoy parece ser la oportunidad perfecta.
Sin apartarse, deja sus atenciones sobre el pene goteante de Heracles, ganándose una queja baja. Ambas manos suben por el perfecto torso del Dios, enmarcando su cintura y definiendo cada músculo hasta llegar a su tonificado pecho. Heracles emite un gemido lastimero, su mirada deja ver la clara sorpresa.
—¡J-Jack!
—Tan lindo — piensa el humano —. Confusión, vergüenza y un poco de humillación.
Jack aprieta suavemente los pectorales del Dios, jugando con los ya endurecidos pezones bajo la blanca tela y esta vez, no resiste sus impulsos y jala bruscamente la sensible piel con sus dedos.
—¡Ahh!… ¡N-no!…
Heracles muerde sus labios, tomando las muñecas de Jack para evitar que siga, este último, encuentra interesante su reacción; puede decir que su amado novio no sabía que era tan sensible en esa zona. El humano sigue con la mirada el sonido de los zapatos contra el mármol que se alejan mientras continúa apretando los suaves músculos, que siempre sobresalían de las túnicas y pedían ser tocados con sus manos y labios.
Hoy, Jack decidió aceptar esa invitación, pero aún no ha tenido suficiente por el mal rato que le han hecho pasar.
—Jack…
—¿Mhm? — responde el humano a su desesperado nombre, la voz de su novio es baja y entre cortada.
Como una respuesta, Heracles mueve sus caderas buscando el toque que le abandonó. Jack mantiene el contacto visual; su propia polla se estremece dentro de sus pantalones cuando logra descansar su cabeza sobre los duros pectorales, mirando entre sus pestañas el rostro sonrojado de Heracles.
Dios no suplica, lo sabe bien.
—¿Por favor? —sugiere Jack, acercando nuevamente su cuerpo para que el Dios pueda sentir su propia excitación.
La vergüenza que Jack pudo vislumbrar en el cuerpo del Dios reaparece y desvía la mirada —. Por favor, Jack… tócame.
Por suerte para Jack, su querido Dios no es orgulloso cuando se trata de él.
Con hábiles dedos, el humano desabrocha su cinturón, bajando ligeramente los pantalones borgoña con rapidez, permitiendo sacar su propia polla de su ropa interior. Un siseo se le escapa de los labios ante el urgente toque.
Jack posiciona su propia erección debajo de los duros testículos del Dios, estremeciéndose por el calor. La cara del Dios está ardiendo, quien instintivamente abre un poco las piernas para que el glande húmedo quede entre sus muslos. Jack se mueve ligeramente, ayudándose del líquido pre seminal para follarle los muslos.
Heracles suspira, cerrando los ojos y aferrándose a la estantería. Casi grita cuando Jack vuelve a tomar su pene descuidado y comienza a masturbarlo con fuerza. Siguiendo con su tortura, la boca del humano encuentra su pezón vestido y decide morderlo, lamerlo, provocando gemidos sonoros que el Dios cubre con su mano.
La respiración de ambos hombres se vuelve pesada, anunciando su orgasmo, y solo en ese momento, Heracles cierra los ojos, abrumado por todo el estímulo.
—Mírame…. — jadea Jack, tomando con su mano libre la fuerte mandíbula, obligándole a permanecer atento solo a él. —Mírame
—Uhm… ahh
Las embestidas por parte del asesino se vuelven lentas hasta que se corre entre los muslos de su amado con un fuerte gemido. Heracles le sigue, al sentir la espesa humedad caliente entre sus piernas; el orgasmo hace que su visión se torne borrosa y tenga que recargar su espalda en los anaqueles se mueven con sus estremecimientos.
Jack se aferra a la ancha cintura, abrumado por la increíble sensación de la liberación. Puede sentir el pecho del Dios subir y bajar. Heracles busca su boca, aturdido, creyendo que no acaba de ser masturbado en una biblioteca llena de personas. El humano lo complace, besándolo apasionadamente para reafirmar lo que hicieron. Una corriente de felicidad viaja por todo su cuerpo cuando sus lenguas se encuentran.
—Mhn… — maúlla Heracles contra la boca ajena al sentir el semen bajando por sus piernas.
El humano se aleja con pesar, y tararea al ver los fluidos que rodean su mano y a su pareja. Se lamenta por no comportarse a la altura de un caballero, por lo que saca un pañuelo de su bolsillo, limpiando primeramente al Dios. Acomoda sus prendas y cabellos para poder salir sin que nadie sospeche nada. Jack le da una última sonrisa satisfecha, y toma su mano, indicándole que camine junto a él, ignorando el tambaleo en sus propias piernas.
Heracles mira todo su entorno en cámara lenta, sin creer todavía lo que acaba de pasar. Cuando ve a Jack caminando tranquilamente, entiende que no puede permitírselo. Se para bruscamente, tomando por la cintura a su pareja y lo deja caer sobre su hombro.
Jack no lo ve venir —. Querido Dios, haga el favor de bajarme.
—No.
Los usuarios en la biblioteca los miran al pasar por los pasillos atónitos por la graciosa escena que se les presenta. Un Dios cargando a su malcriado humano.
Antes de llegar a la salida, Heracles toma un libro al azar. —Llevaremos este— le dice al bibliotecario quien asiente nervioso. No se molesta en registrarlo.
—Heracles baja… — Jack no termina la oración porque es golpeado en el trasero por el Dios, el golpe le sorprende al igual que a la gente en la fila del área de préstamo. Todo el mundo lo ve, incluida una cara familiar.
Nikola Tesla lo mira sorprendido, pero con su típico entusiasmo lo saluda, dando un pulgar arriba mientras asiente, parece darle ánimos.
Es turno de Jack de sentirse completamente humillado.
