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¡La muerte o la obsesión no son las únicas rutas finales disponibles!

Summary:

La historia comenzaba con una descripción simple. La trama era intrigante. Y los personajes completamente carismáticos. Algo que en definitiva atrapo mi corazón e interés.
Parecía "casi" divertido el ingresar a un mundo de fantasía haciendo que el mundo girara entorno a ti, llegando al final feliz.
¿Por qué siquiera tuve ese tonto pensamiento?
Bien. Lloriquear y lamentarme no sirve de nada. ¡Enfoque! ¡Necesito enfocarme!
Si lo considero. Es una excelente oportunidad.
Podría salvarlo a él.
Digo. ¿Qué tan difícil es cambiar el destino de un solo personaje?

Chapter 1: Volumen 1. Prólogo.

Chapter Text

Hola.

Ha pasado un tiempo desde que me dedique a un proyecto de un fandom diferente. Y la verdad es que ya necesitaba salir de esa zona de confort que se volvió el de La Emperatriz Abandonada. Hay mucho que me gustaría escribir y dar más trasfondo, pero, creo que ya ha sido suficiente de mi parte y es momento de dejarlo ir, obviamente tengo mis proyectos largos pendientes e iré actualizándolos conforme la marcha de poco en poco.

Por ahora, ¡A trabajar en algo nuevo!

Así que...

¡A darle!

Bueno, esta historia es un poco ¿self insert? se podría decir, ya que hay ciertos e insignificantes detalles que cambie y agregue para lograr el objetivo planteado. Por lo que me haría muy feliz si después de leer me dieran su opinión al respecto, tanto de la trama como la escritura UvU. Se los agradecería mucho.

OvO ¡Y espero lo disfruten!

¡Lets go!

Recomendación musical:  The Beautiful Brave By Aina Suzuki. Adaptación en latino por BERIOSKA ANISINGER.

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra

Los personajes de 악역의 엔딩은 죽음뿐 – 권겨을/Death Is The Only Ending For The Villain son propiedad de Kwon GyeEul.

Prólogo.

"End Game"

***

***Sistema***

<Modo secreto. Ruta alternativa.>

***Ha completado exitosamente la última Misión. ***

*** Todos los permisos han sido desbloqueados y fijados. ***

*** Todos los títulos han sido fijados. ***

***Todas las habilidades adquiridas han sido fijadas. ***

*** Todas las herramientas se materializaran en su bolsa. ***

*** Toda la destreza mágica acumulada ha sido fijada. ***

*** Todas las ganancias personales serán otorgadas. ***

*

*

*

***

¡Bono especial!

*** La obtención de cualquier extra diferente al suministrado por el <Sistema> o el <Menú de Ayuda> permanecerá y será completamente libre de usarlo. ***

***

*

*

*

¡Muchísimas gracias por participar!

*

*

*

***End Game***

Al leer el mensaje en la pantalla emergente frente a mí, sonreí irónicamente.

Pase tantas adversidades. Cree planes completamente absurdos. Y tuve golpes rotundos de suerte que parecían una absoluta locura.

Y la única cosa que tenía para decirme este <Sistema> sacado del culo era... ¿Muchas gracias por participar?

Muchas gracias mi trasero.

Casi entre en pánico.

Casi me orine en los pantalones.

Casi me muero.

¿Y eso es todo lo que tiene para decirme?

No. No. No.

¡Vete al carajo!

¿Quién en toda su cordura crearía una cosa como está? ¡Nadie! ¡Completa y absolutamente nadie!

Inhale lentamente y exhale, enfocando mis ojos en el paisaje alrededor.

Aunque me la pase maldiciendo y quejándome, no cambiara nada, porque existe y yo fui parte de este chiste desagradable.

Desearía haber usado alguna de esas mendigas y escasas habilidades mágicas para enviarle un mensaje a mi yo del pasado advirtiéndole un par de cosas. La primera, aléjate de las novelas románticas de fantasía con regresiones temporales o cambios de cuerpo. La segunda, olvida la ridícula idea de querer intercambiar tu vida con la protagonista de alguna de esas historias.

Vale más ser una humana promedio que estar llena de joyas, vestidos caros y servidumbre que cumple tus caprichosos.

Sí, la vida sencilla de plebeyo o ciudadano común va más conmigo.

Y no esté ridículo escenario.

—¡Hey! ¿Qué haces ahí?

Gire sobre mis pies encontrándome con la salvaje mata de cabellos rosados claros, su bonito atuendo de caballero estaba manchado de sangre, en su mano sostenía una espada igualmente sucia y algo desecha en su filo. Deje que mi vista viajara por todo su cuerpo en busca de esa tonta barra, sonreí.

Volví hacia la pantalla emergente con sus palabras brillantes y su ridículo mensaje final. Basto el simple movimiento de mi dedo índice en la marca de <X> en la esquina superior derecha, cerrándola de una vez y para siempre.

He recuperado mi libertad.

—¿Qué pasa contigo? Estas cubierta de sangre y sonríes como una idiota.

—También me alegra verlo a salvo, joven segundo duque. —Respondí ignorando su insulto. Él entrecerró los ojos, negando y guardando la espada en la funda atada a su cintura.

—Estamos reagrupándonos cerca del palacio principal. —Me explicó, señalando hacia el magnífico edificio que resisto maravillosamente los ataques tanto de esa gran bestia revivida y el grupo de locos magos con un obseso deseo de venganza y destrucción mundial.

No era el final de cuento de hadas que esperaba, pero, estuvo bien. Conseguí mis propios objetivos y me lleve algunos bonos extra de compensación.

Justo al tratar de responderle y encaminarme al lugar marcado, sentí mi cuerpo ser elevado en el aire, la espada en mi otra mano cayó al suelo. Pestañee un par de veces confundida por el repentino cambio de la situación y al estirar mi cuello hacia el causante, vi un encantador tono rojizo que complementaba su cabello rosado claro junto a las manchas de sangre y pequeñas heridas. Parecía una especie de valiente caballero rescatando a la princesa de las garras de alguna monstruosa criatura o un temible enemigo. Aunque resultaba un pensamiento encantador que aceleraría el corazón de cualquiera, fue innecesario.

¿Saben cuántos enemigos acabe con mi espada? ¿O cuantas criaturas he cazado usando un arco y flecha aparte de la espada? ¿O el entrenamiento al que me obligue a experimentar con tal de estar lista para este momento? ¡Exacto! ¡Un chingo!

Este acto <caballeroso> y <educado> estaba de más como el sonrojo en sus ya no tan perfectas y rectas mejillas de porcelana. Recién tuve que luchar contra gente fuera de sus cabales mientras evitaba quedar aplastada por el cadáver revivido de la criatura mediante el empleo de almas vengativas y una vieja loca con ansias de destrucción. Entonces, discúlpenme si no veo lo tierno o dulce de su acto.

—Joven segundo duque. ¿Qué significa esto? —Pregunte alzando una ceja. Sus mejillas enrojecieron más y vergonzosamente desvió su cara.

—Luego de pelear contra todos esos enemigos debes estar agotada, además tus heridas necesitan ser revisadas y sanadas.

—... Sí... Gracias por notarlo. Pero, joven segundo duque, no soy la única que peleo en esta gran e importante batalla. Usted también-

—¡Podrías callarte! —Alzo repentinamente su voz. Comenzando a caminar e ignorándome deliberadamente. Trate de luchar contra su agarre para al menos caer al suelo e ir por mi cuenta hacia el palacio. Desafortunadamente su ridículo argumento era acertado. Tantos cambotes simultáneos me agotaron, además lleve mi propio cuerpo al límite. El solo ver esa pantalla final apareciendo ante mí, hizo que toda la adrenalina bajara de golpe y por ende me relajara, ocasionando que él me tomara desprevenida.

—Esa no es la forma de dirigirse a alguien herido. Joven segundo duque. —Debatí, cruzándome de brazos y dejando caer todo mi peso.

—Eres desesperante. —Dijo él. El sonrojo desaparecía de sus mejillas y daba paso al enojo.

—Sigue sin ser amable. Joven segundo duque. ¿No le han enseñado las cortesías básicas cuando trata con un compañero de armas herido o una dama herida?

—Voy a dejarte caer ahora mismo entre los escombros y encontraras tu propio camino hacia el palacio si continúas parloteando.

—No me importa. Hágalo si gusta. Seguramente encontrare una mejor ayuda y compañía más agradable que usted.

—¡Por un demonio! ¿Por qué eres tan irritante? Te portas igual... igual a... ¡Agh! ¡Olvídalo! —Dijo, apresurando sus pasos hacia el castillo.

Mi plan de ser desechada a un lado y llegar por mi cuenta hasta el palacio fallo miserablemente. Bufe por mis fosas nasales, dejando mis ojos viajar por entre toda la destrucción provocada. Algunos cuerpos aplastados por grandes pedazos de escombro, otros con charcos de sangre debajo, sin alguna parte de su cuerpo o únicamente con un enorme y desagradable corte. Era un paisaje infernal y deprimente.

Vivirlo de primera mano fue de lo peor. Algo que no podría repetir ni una sola vez.

¿De dónde saque la fuerza y valentía suficiente para enfrentarme a todo esto?

Mire mis propias manos, el cambio en la piel se notaba perfectamente, un tono bronceado, los cayos nacidos a partir del constante entrenamiento con la espada y los diminutos cortes al afilar la hoja. No era solo la perdida de la pulcritud en el cuerpo de una señorita o dama, sino mi propia autonomía, mi libre albedrio, mi esencia.

Lo que pareció una buena chance de cambiar el destino, paso a ser una terrible maldición, perdiendo mi objetivo central y con ello, las ganas de seguir. Solo hasta que pude escucharlo a él, verla a ella y tomar sus manos, entendí, que todo este esfuerzo ridículo y desgraciado, tenía sus recompensas. Por eso pude luchar hasta que los cuerpos de todos esos enemigos desaparecieron junto a la criatura revivida. Y el saber que esa pantalla no volvería a formarse ante mis ojos, causaba que quisiera llorar, reírme y golpear algo. Lo que fuera.

Sí, la libertad es algo maravilloso de experimentar. Un tesoro que supera a cualquier otro.

—¿Por qué estas callada? —Me preguntó, tratando de ver la expresión de mi rostro. No respondí, solo deje mi vista navegando por los últimos trozos de escombros, hasta ingresar al interior del palacio.

Grandes cantidades de personas envestidas en pesadas armadura abolladas se hicieron presentes, al igual que otras con vestiduras elegantes y pomposas, seguramente médicos y algunos sirvientes disponiendo de las manos necesarias para las curaciones.

No había tal cosa como camas o un espacio lo suficientemente limpio. Todo era muy improvisado y tosco. Justo lo que esperarías después de un bélico enfrentamiento. Esperó que los historiados sepan embellecer esta parte o al menos describirla gallardamente. Muchas vidas se perdieron y nosotros, sus sobrevivientes no tenemos la cabeza ni las ganas de contar tales hazañas por alabanzas. Bueno, al menos yo no.

—Aquí no podrán atenderte adecuadamente. Te llevare a donde están los heridos de gravedad. Es-

Antes de que pudiera acabar de hablar. Una voz repentina cubrió el silencio, atrayendo la atención de todos y consiguiendo que mi corazón melancólico se llenara de agradecimiento y alegría.

—¡AIRIS!

Las lágrimas descendieron de mis ojos inmediatamente.

—¡EMILY! —Grite, sonriendo y llorando a la vez.

Aprovechando la momentánea distracción de mi <salvador> junto al repentino subidón de energía en mis músculos conseguí escapar de su agarre y con un último impulso desde mis extremidades superiores a las inferiores corrí hacia ella. Su cabello estaba hecho un desastre embarañado, su bonito uniforme de sirvienta roto, manchado y con algunas manchas que esperaba no fueran sangre. Una completa vergüenza para cualquiera que se digne a reconocerse como trabajador de una noble familia. Ella no parecía notarlo, ni importarle, solamente sonreía aliviada y los rastros rojizos de llorar recientemente.

Restando unos centímetros me lance hacia ella, rodeándola con mis brazos, siendo correspondida en un fuerte abrazo. Ambas caímos de rodillas, llorando la una con la otra.

—*Sniff*...Estás a salvo. Gracias al cielo. *Sniff* Estás a salvo...

—P-por supuesto... *Sniff*—Afirme con la confianza rompiéndose en mi voz llorosa. —¿Creías que se desharían tan fácil de mi o qué?

Ella rio, negando de un lado a otro. Apretándome con fuerza, asegurándose que no desaparecería ahí mismo. Este tipo de calidez me reconfortaba, haciéndome creer que podía quedarme. Y solo por un segundo desearía poder cumplirlo.

Permanecimos unos segundos más abrazadas, calmando un poco nuestro llanto, nos separamos, viéndonos la uno a la otra, sonreímos y tomamos nuestras manos, comenzando a ponernos de pie.

—Estás hecha un desastre. —Dijo medio en broma, notando un ligero cambio en mi apariencia. — ¡Oh no! ¡T-tú-! ¡TÚ HERMOSO CABELLO!

—Sí... Lo perdí. Igual quería un cambio de imagen. Je, je, je.

—No. No. Esto... ¿Quién cometió este crimen? ¡Lo hare pagar! ¡No! ¡Hare que experimente la peor de las torturas! ¡Yo misma me encargare!

—Cálmate. De verdad no importa. Ya crecerá de nuevo.

Entrecerró los ojos, mirándome largamente y con las manos en la cintura, empezó un extenso regaño.

—Debes de cuidar tu apariencia, Airis. Eres una grácil y bonita dama en crecimiento. ¿Cómo esperas debutar en sociedad? ¿O atrapar los corazones de los caballeros? También, parece que has olvidado que le debes tu lealtad a la Princesa. ¿Sabes lo que dirían de ella si te ven en fachas? Su reputación peligraría. ¿Estas preparada en asumir las consecuencias?

Bien.

Casi estaba por morirme a causa de una legendaria y sangrienta batalla. Lloramos un montón. ¿Y ella comenzaba a regañarme por mi falta de arreglo personal? Sí que eran otra cosa las personas criadas en una sociedad monárquica.

—Yo también te extrañe mucho, Emily. —Dije, cortando de tajo su monologo. Sus ojos se llenaron de cariño, permitiéndome extender una disculpa que ella merecía escuchar. —Lamento lo del secuestro. Ojala hubiera estado ahí para evitarlo.

—Airis... Eso no fue tu culpa.

—Claro que sí. Yo debí quedarme contigo.

Ella volvió a abrazarme.

—Tenías una misión. Y al cumplirla nos mantuviste a salvo. Gracias a ti, Airis. Gracias por todo.

Las lágrimas resurgieron. Apoye mi cabeza contra su pecho, dejando que todas mis emociones se desbordaran. 

— ¡Estaba muy asustada! ¡Emily! ¡Emily! ¡Buaaah!

El final de mi historia no está plagado de autodescubrimiento, ni premios, ni gloria, ni alabanzas, ni siquiera el amor incondicional de alguien que me apoyo en cada trayecto del camino. Únicamente estoy aquí, sobreviviendo luego del final de un <casi> interminable y desquiciante juego que parece la mala copia de un RPG, en el que me propuse a cumplir un objetivo loco. Cambiar el destino de una sola persona, mientras, evitaba destruir el mundo al mismo tiempo.

¿Cómo logre tal increíble hazaña?

Prefiero no recordarlo.

Llore tanto que ni siquiera me percate cuando me dormí. Solamente reaccione a causa de la calidez a mí alrededor y la posición recostada en la que había terminado. Al entre abrir mis ojos, note que seguía en el mismo lugar de antes, el cielo que se notaba por los huecos del techo y la pared aun no oscurecía, solo aumentaba la cantidad de heridos. El brazo de Emily rodeaba mi cuerpo y su mano libre acariciaba mi cabello cuidadosamente, seguramente creía que continuaba durmiendo, además, se encontraba distraída teniendo una conversación con alguien más.

—¿Necesitas ayuda?

—Gracias por su consideración. Joven segundo duque Reynold.—Dijo Emily al reconocer al hombre de cabello rosado claro. En verdad. ¿No tiene otro lugar en el que estar? Ya era suficientemente degradante entrar siendo cargada por este tipo y dejar que todos me vieran llorando hasta perder el conocimiento. — Solamente quiero que Airis descanse un poco. La llevare conmigo a la sala privada que nos prepararon a los civiles.

—¿Segura?

¡Carajo! Deja de ser tan insistente. Quería ponerme de pie y responderle, pero, si lo hacía, corría el riesgo de tambalearme o que me volviera a cargar. ¡Y no quiero!

—Por supuesto. Revise las heridas externas y uno de los médicos voluntarios ya vino a checar si sufrió daño interno. Afortunadamente es solo agotamiento físico. Tomo unos medicamentos y he vendado las heridas. Sera una chica pequeña empuñando una espada, pero, es muy resistente.

Las palabras de Emily casi me hacían volver a llorar de la emoción.

—De todas formas necesita una segunda revisión. —¡Y dale la burra al trigo! ¿En qué idioma se le tiene que hablar a este hombre para que se vaya? ¡Hay personas más importantes a quienes molestar que a mí! —Yo me encargare de ella, así podrás volver a la zona designada para los heridos de gravedad.

—¿Cómo dice-?

—Venias de ahí cuando nos encontraste. ¿Cierto?

—Ahm... Sí... Está en lo correcto.

¿Qué pasa? ¿Por qué este repentino cambio en el ambiente? ¡Hey! ¡Hey! ¡HEY! Acabamos de sobrevivir a la batalla de las fuerzas del mal. No es momento para ponerse a investigar las acciones de las personas o acusarlas de algo solamente por venir de un lugar al que no debería ir simplemente por su falta de participación directa en la cruel y sangrienta lucha.

¡Por Jevus! ¿Nadie puede actuar normal en este lugar?

—¿A quién fuiste a ver?

El agarre de Emily se apretó, pude percibir el temblor de sus manos.

—Yo... estaba... junto a... Eclipse. Joven segundo duque Reynold. —Admitió con una leve vergüenza.

¡No mames! ¡No mames! ¿Emily y Eclipse? ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Ah! ¡No, no! ¡Control! ¡Necesito calmarme!

Respiremos profundo... Contemos... 10... 9... 8... ¡Listo!

Ha seguir fingiendo que duermo profundamente con tal de escuchar está nueva y jugosa información.

—¿Eclipse? ¿Te refieres a ese esclavo? ¿Por qué irías a verlo? Tú estabas al lado de Penélope. ¿Dónde está ella? ¿La abandonaste por ese esclavo?

—¡No! ¡Jamás haría eso, joven segundo duque! Le soy leal a la Princesa.

—Explícate. ¿Dónde está Penélope?

Emily soltó un suspiro, empezando a hablar, como si fuera una niña confesando una travesura.

—Tras confirmar la victoria, volví al palacio, dejando a los niños secuestrados al cuidado del mayordomo en la mansión Eckart. Mientras buscaba a la Princesa o Airis, encontré a unos soldado llevando a Eclipse al interior del palacio, decidí acompañarlo durante el examen de revisión, ayude con los vendajes más básicos y le di un poco de medicina para el dolor. Unos minutos tras la retirada del médico, se formó un escándalo, ya que, la Princesa con un grupo de soldados imperiales cargaban el cuerpo inconsciente del Príncipe heredero. Por fortuna sus heridas no resultaron fatales ni su vida corría peligro, claro que la pérdida de sangre fue un tanto aparatosa, prefirieron enviarlo a sus propias habitaciones privadas donde lo cuidarían mejor. Al verme ahí, la Princesa me regaño un poco por volver a un lugar tan peligroso, le explique que vine en su búsqueda y la de Airis, terminando en la zona de los heridos de gravedad al ir junto a Eclipse, eso pareció medio tranquilizarla. La Princesa me dijo que durante el conflicto, ambas se separaron, por lo que no sabía exactamente donde se encontraba Airis o si seguía viva. Obviamente considerar la posibilidad de suerte acongojo mi corazón, evite hablar, porque no quería aumentar las preocupaciones de la Princesa. Ella ya tenía suficiente con el Príncipe heredero y detener el plan de esa mujer loca junto a sus secuaces.

Emily detuvo su extremadamente detallada explicación. Vaya. Enserio que podía recordar muchas cosas. Yo apenas tuve la fortuna de acordarme de los momentos más importantes de la trama con tal de efectuar mi plan. Si me preguntaran que desayune ayer o cuantos enemigos apalee con mi espada, tendría dificultades en responder.

Ella definitivamente me impresionaba.

—Prosigue. —Dijo él. Seguramente juzgando si Emily hablaba con la verdad o solo inventaba excusas sobre la marcha para no recibir un castigo por dejar sola a su señorita en favor de un esclavo.

¿Saben? Eso serviría mucho como la trama de alguna novela de amor prohibido. Guardare esa idea para el futuro, seguramente me servirá.

—Sí, segundo joven duque Reynold. La Princesa me dio una orden, antes de marcharse y acompañar al Príncipe heredero a sus habitaciones. Confirmar si Airis vivía o murió en la batalla. —Parecía que la voz de Emily se fragmentaba, obligándose a no llorar. — No cumplí inmediatamente esa orden porque me daba miedo encontrarla muerta o que no hubiera rastro de ella. Por lo que me quede más tiempo acompañando a Eclipse. Lamento mucho mis actos cobardes, joven segundo duque Reynold. Y también le agradezco por encontrar a Airis y traerla devuelta.

Concluyo Emily. En verdad consiguió que me acongojará, ahora quería dejar de fingir estar dormida para abrazarla y volver a disculparme por tardar tanto en volver, desperdiciando mi tiempo en discutir y escaparme de los brazos de Reynold. Había prioridades mucho más importantes que el entrometido este.

—Está bien. —Dijo Reynold cansado. — Solo, no llores. Pareciera que el malo aquí soy yo.

—Discúlpeme, segundo joven duque Reynold.

—Lo que sea. ¿Y ese lugar para los civiles es real?

—Sí. La llevare para que termine de descansar e ir junto a la Princesa a informar que la he encontrado con la ayuda del segundo joven duque.

—De acuerdo. Yo la cargare, encárgate de guiarme.

—No es-

—Solo pago una deuda. Es todo. —Emily no debatió más con él. ¡Ay no! ¿Por qué? Fingiré que sigo dormida. Fingir. Modo fingir activado. No moveré ni un solo musculo facial o me descubrirá. —Está mocosa descarriada ha sido la acompañante de Penélope desde el escándalo del torneo de caza del año pasado. Casi, se podría decir que es la <única> amiga que ella ha tenido.

—Y-ya veo. —Respondió Emily. Era como si él hubiera dicho una verdad que escapaba de su comprensión y a su vez, resultaba completamente obvio. —Sí. Es cierto. Ehm. Sígame por aquí, no está muy lejos, de esa forma los médicos también pueden atender a los civiles con heridas menos delicadas.

Esto se volvió un completo fiasco. Solamente anhelaba un tranquilo descanso, ponerme al corriente de los pormenores con Emily, ver a Eclipse y charlar incómodamente con Penélope acerca de mi renuncia como su dama-caballero escolta, no critiquen el nombre, apenas esclarecía mis ideas en ese instante.

Se supone que este es el final. Mi anhelado y desesperante final. ¿Por qué se estaba alargando más de la cuenta?

La historia acabo. Derrotaron a la malvada villana. Salvaron al mundo del caos y los bucles de tiempo infinitos. ¡El amor verdadero triunfo!

A mi sáquenme de esa ecuación y déjenme descansar de una vez.

¡Necesito vacaciones! ¡Buaaah!

***