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Idiotez selectiva
—Descubrí que estoy enamorado de Sasuke, así que le confesaré mis sentimientos incluso si no los corresponde.
Kiba no puede evitarlo, se atraganta con su café. Hizo lo posible, puede jurarlo, pero esa declaración lo tomó desprevenido. Alza la vista hacia Naruto buscando sus ojos, esperando encontrar en ellos algún mínimo indicio de que le está tomando el pelo.
No encuentra nada, aunque podría ser a causa de su visión borrosa por las lágrimas. Hay café en sus pulmones, está casi seguro de eso.
—¿Sasuke? ¿Sasuke Uchiha? —pregunta con voz ronca. Se aclara la garganta y Naruto alza la ceja, como si no entendiera la pregunta.
—¿Qué otro Sasuke conoces, Kiba?
Ningún otro, pero eso no lo acerca a la verdad. Echa un vistazo al sitio con la intención de encontrar a alguno de sus otros amigos riéndose de su cara y de la broma en general. Porque de eso se trata, ¿no?
Sin embargo, conforme pasan los segundos y el rostro de Naruto no deja ver un mínimo indicio de diversión, sospecha que no lo es. Esto es serio, y con menos razón lo entiende. Cada parte de la primera oración de Naruto en esta conversación tiene al menos dos mentiras.
—¿Sasuke? —intenta de nuevo —. Es decir... ¿El Sasuke con el que llevas viviendo tres años? ¿Con el que haces planes cada fin de semana? ¿El que prepara tu almuerzo todos los días y con quien visitas a tus padres y a los suyos cada mes?
Deja de hablar y observa a Naruto como quien espera el resultado de un experimento. En este caso, es uno muy particular de evaluar si hay alguna neurona viva dentro de ese (al parecer) diminuto cerebro.
—¡Te estoy diciendo que sí!
No la hay. Proyecto finalizado. Un diminuto Kiba imaginario toma sus artilugios de investigación y los guarda en su maleta. Se rinde de cara a los hechos, hechos perturbadores sobre alguien con la percepción de la realidad muy alterada o simplemente estúpido.
Kiba parpadea e intenta de nuevo.
—¿El Sasuke que duerme contigo porque dice que su recámara es muy fría? ¿El Sasuke con el que te acurrucas en los días de películas en un mismo sillón? ¡¿Ese Sasuke?!
—¿Qué estás tonto? ¡Te estoy diciendo que sí!
Esta vez, Naruto parece molesto. Kiba se aclara la garganta y se pregunta por qué ese café no pudo asfixiarlo hasta matarlo. Habría sido más sencillo para todos.
Suspira. Toma un trago de su bebida, evalúa sus opciones. Fingir demencia parece lo más conveniente de momento.
—Claro... Entonces... Te acabas de dar cuenta de que te gusta.
—Sí...
—Así como... Ahora... Luego de tres años más los cuatro de universidad...
Naruto frunce el ceño, la confusión evidente en su rostro. Kiba también lo estaría si le hicieran un recuento de hechos que ya conoce, pero no es él quien parece haber olvidado aspectos elementales de su existencia. El cielo es azul, el agua moja, y Sasuke y Naruto son pareja desde antes de mudarse juntos.
… ¿O no?
—Siento que me estoy perdiendo de algo...—pregunta el sujeto principal de sus cuestionamientos, quien tiene la audacia, además, de lucir genuinamente desconcertado. Kiba resopla y bebe de su café con un fuerte deseo interior de que se convierta en vodka.
—Y que lo digas.
—¿Qué?
—Nada, nada... —Debe intentar otro enfoque. No cree que su amigo soporte un “Pensaba que estaban saliendo de hace años” ahora mismo. Necesita ser sutil —. Y, uh, ¿por qué piensas que Sasuke no te corresponde?
La expresión de Naruto se ensombrece.
—¿Por qué lo haría? Solo soy el tipo que hace desastres en nuestro apartamento…
Eso… Podría ser verdad. Bueno, lo sería si no fuera porque Sasuke, a pesar de su reducida gama de expresiones, es bastante transparente con su forma de mirar a Naruto. Ese tipo podría estarse sacando un moco y Sasuke lo contemplaría como quien ha descubierto algo demasiado hermoso y perfecto. A Kiba le da algo de asquito, si es honesto.
—No creo que te vea de esa manera.
—Deja de darme esperanzas, tú no vives con él.
Kiba no puede evitar un resoplido, lo que genera una mirada de molestia en su dirección. Intenta no reírse como maniaco, aunque se muere de ganas de hacerlo. Es que todo esto no puede ser en serio. No necesita vivir con ellos para saber cómo son, la manera en que orbitan uno alrededor del otro todo el tiempo con perfecta sincronía.
Tal vez todo esto es falso y ni siquiera llegó a su reunión de los viernes. Tal vez la hierba que le dio Shino esta vez fue demasiado fuerte y ahora Kiba está dándose el viaje de su vida. Sí, tiene que ser eso.
—Hey.
—¡Shikamaru! —exclama Kiba casi con alivio. No puede estar dándose un peligroso viaje de marihuana si Shikamaru está aquí. Sus alucinaciones no son tan elaboradas —. ¡Amigo, te extrañé!
—¿Estás bien?
—¡Perfectamente! —No lo está, pero necesita una excusa. Nota el vaso vacío de Naruto y la encuentra —. Oi, te toca ir por las bebidas.
—¡¿Eh?! ¡Pero ya no quiero café! No entiendo por qué venimos a una cafetería en lugar de un bar solo porque Sakura piensa que somos unos borrachos.
—Me gusta el café —defiende Shikamaru —. Tráeme un Macchiato, Naruto, si no es mucha molestia.
Luego de un par de segundos de berrinche, Naruto finalmente se levanta. Apenas se aleja lo suficiente rumbo al mostrador, Kiba jala a Shikamaru por la manga de su camisa para obligarlo a sentarse.
—Tenemos un problema.
—Lo dudo mucho.
—Naruto y Sasuke no están saliendo.
—¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Rompieron?
—Naruto acaba de decirme que descubrió que está enamorado de Sasuke y planea decírselo, incluso si no le corresponde.
Shikamaru abre mucho los ojos, voltea a ver a Naruto en el mostrador y regresa a Kiba. Le hace sentir un poco mejor el notar que su amigo, el listo, está igual o más confundido que él.
—¿Estás drogado?
—Créeme, también lo pensé, pero hablo en serio. Puedes preguntarle cuando venga.
—No estoy entendiendo nada. Pensé que estaban juntos desde antes de salir de la universidad.
—Yo también. Maldita sea, Nara, si Hinata y yo les regalamos un edredón para cama matrimonial cuando estrenaron su apartamento porque pensamos que estaban juntos.
—Tiene que haber un malentendido.
—¿Por qué no dijeron nada? Incluso les pregunté y me dijeron que era muy suave. ¡Ambos me lo dijeron, Shikamaru!
—Ahora que lo pienso… —Nara se interrumpe para corroborar que Naruto sigue en el mostrador, luego habla más rápido y bajo —. Creo que nunca nos han dicho que salen. Nosotros… Simplemente lo dimos por hecho.
—¡Porque era obvio!
—Tal vez no para ellos.
Kiba abre y cierra la boca de golpe, reflexionando sobre las últimas palabras de Nara. Puede haber un punto allí. La comunicación es importante para determinar una relación. Sin embargo…
—Te lo compro de Naruto, que es estúpido, ¿pero qué hay de Sasuke?
—Bueno, él es terco y con una fuerte tendencia a la negación. Tal vez está esperando a que Naruto de el primer paso.
—¿Por cuatro años? ¿No crees que es demasiado?
—¿Qué es demasiado? —pregunta una voz a su derecha que los hace saltar a ambos. Bueno, que hace saltar a Shikamaru y gritar a Kiba con voz aguda. Sasuke frunce el ceño y vacila un momento antes de sentarse con ellos —. ¿Qué les ocurre?
—¡Nada! Solo nos sorprendiste —exclama Kiba nerviosamente.
Shikamaru hace un trabajo fascinante manteniendo el estoicismo, sobre todo si uno ignora su cara pálida y mandíbula tensa. Sin embargo, si son buenos o no fingiendo pronto deja de importar. Sasuke finalmente encuentra a Naruto con la mirada y de inmediato su expresión se suaviza. No sonríe (sería muy anti-Sasuke de su parte), pero casi. Kiba podría jurar que suelta un suspiro bajo.
Él no es tan amigo suyo como lo es de Sakura y Naruto, así que no pueden abordarlo de la misma manera. Intercambia una rápida mirada con Shikamaru esperando que estén en la misma sintonía. Cuando al cabo de unos segundos éste asiente, Kiba se aclara la garganta.
—Sasuke, ¿crees que Naruto es atractivo?
Shikamaru frunce el ceño y lo mira. Supone entonces que no estaban en la misma sintonía o Nara pensó que tenía una idea más inteligente. Sasuke no voltea a verlo.
—¿Atractivo? ¿Por qué lo dices?
—Bueno, ya sabes, a mucha gente le gusta Naruto… Tal vez a ti, por ejemplo.
Nara se tensa, pero nada ocurre en los próximos segundos. De hecho, la pausa es tan larga y sin cambios en la expresión de Sasuke, que empieza a pensar que no lo escuchó.
De pronto hay un parpadeo, un respingo y un resoplido de burla.
—¿A quién podría gustarle ese tonto?
Kiba deja salir un sonido indignado (nadie va a hablar así de su bro, ni siquiera su “no novio”), pero Shikamaru es más listo.
—Al parecer, a ese chico que lo está atendiendo. Creo que anotó su teléfono en mi café.
—¡¿Qué?! —La reacción inmediata de Sasuke los sacude a ambos. Ya no hay paz y tranquilidad en su rostro, sino un ceño fruncido y boca tensa como si hubiera probado algo demasiado amargo —. Iré a ayudarle con la orden.
—Pero solo trae mi café…
—Ya vengo.
Sasuke se levanta y en dos segundos está al lado de Naruto. Parecería un encuentro normal de no ser por la obvia ausencia de espacio personal entre ambos. Sasuke, incluso, tiene el atrevimiento de poner su mano sobre la cintura de Naruto y lo peor es que eso no tiene nada de raro. Es una acción que le han visto hacer muchas veces, otra de las tantas razones por las cuales pensaban que esos dos tenían una relación. Quedando, como siempre.
—¿Qué estamos viendo? —pregunta otra voz a la derecha de ambos. Sakura, la última integrante de la reunión de hoy, hace aparición de pie al lado de sus asientos. Kiba agradece que haya alguien más con quién compartir el peso de esa cruda verdad recién descubierta.
—¿Sabías que Naruto y Sasuke no están saliendo? —pregunta Shikamaru. Kiba espera la sorpresa y el total desconcierto, no una risa amarga que es acompañada por una expresión derrotada.
—Así que finalmente estamos en el mismo barco —Sakura se sienta con desgana y los mira casi con lástima —. Quise pensar que estaba loca, que solo exageraba las cosas, pero todo es real. Esos dos no tienen idea de que ya están saliendo.
—¿Es en serio? ¿Ninguna? —pregunta Shikamaru en el mismo tono de histeria que usó Kiba al principio de su conversación —. No lo entiendo, de verdad que no lo hago.
—Yo tampoco lo entendí al principio —responde Sakura.
—¿Y ahora? —inquiere Kiba.
—Bueno, siendo sinceros, ahora tampoco lo entiendo.
—Vaya, gracias por tremenda pieza de información.
—Sigue sin hacerme sentido —continúa Shikamaru antes de que Kiba y Sakura empiecen a pelear —. ¿Cómo pueden actuar como novios tantos años y no serlo?
—Podría ser cualquier cosa; abducción, ignorancia selectiva, conveniencia del guion… —Sakura resta importancia con un gesto de mano —. Para ser sincera, dejé de intentar entenderlo hace mucho tiempo. No hay esperanza. Tal vez, cuando finalmente se enteren, ambos serán un par de ancianos tomando el sol en el balcón de su apartamento.
—Bueno, al parecer Naruto ya se dio cuenta —dice Kiba, y Sakura reacciona como si la hubiera abofeteado.
—¡¿Qué?!
—Lo que oyes. Hace rato, Naruto me dijo que acaba de descubrir que está enamorado de Sasuke y se le declarará incluso si sus sentimientos no son correspondidos.
Sakura asimila la información poco a poco. Su mirada perpleja alterna entre ver a Kiba y al par de tortolitos que siguen esperando el cambio de su orden. Luego, se levanta y saca su cartera del bolso.
—No puedo pasar por esto sobria. Iré por alcohol a la tienda de enfrente.
—¿Me traes algo?
—No.
La chica desaparece y quedan solos de nuevo, solos con sus pensamientos.
—¿Deberíamos hacer algo?
—No hay nada que hacer, Kiba.
—Podríamos acelerar las cosas. No quiero verlos ponerse cariñosos frente a mí a sabiendas de que lo hacen sin ser conscientes de lo que sienten, es perturbador.
—Creo que las cosas seguirán su curso bastante pronto — Nara baja la voz cuando ve a Naruto acercarse con su bebida, dejando a Sasuke a espera del cambio —. Tenles fe.
—Chicos, cambié de opinión. No quiero arruinar mi amistad con Sasuke por mis sentimientos unilaterales.
—Ya no les tengas fe.
—¡¿Qué?!
—Además, parece muy interesado en ese chico del mostrador —Como para reafirmar su punto, Naruto vuelve la vista hacia Sasuke, que está diciendo algo al chico que lo atiende y es lo suficientemente malo como para que este palidezca. Kiba se siente un poco mal por arruinar el día del tipo con una pequeña mentira —. Ya, supongo que el amor no es para todos, ¿eh?
—Creo que te estás precipitando —dice Nara.
—Deberías decirle de todas formas.
—Podríamos ayudarte —añade Sakura, que aparece de nuevo esta vez con una bolsa de papel de aspecto dudoso —. Ya sabes, insinuar algo sobre lo bien que se ven juntos.
—Es cursi, pero podría funcionar —comenta Nara —. ¿Por qué no intentarlo?
Naruto no parece muy de acuerdo con el plan, pero no tiene tiempo para cuestionarlo. Sasuke regresa con el cambio y un café que seguramente ordenó después de amenazar de muerte al tipo del mostrador. Se sienta al lado de Naruto, a unos pocos centímetros de estar sobre su regazo, y bebe su café como si no fuera en parte responsable de los colapsos mentales de casi todos los presentes.
La envidia, el verdadero quién pudiera.
Una vez todos están sentados y con sus respectivas bebidas (Sakura y Kiba con un vaso de contenido misterioso cada uno), la charla se mueve a las actualizaciones de la semana y la charla casual de amigos que todos esperaban tener. Kiba, sin embargo, no puede concentrarse del todo, demasiado al pendiente de los movimientos del par de idiotas que no saben que están juntos. Cuando piden un snack para compartir y Naruto empieza a darle pequeños bocados a Sasuke directamente en la boca, se ve obligado a darle un buen trago a su bebida embriagante y fingir demencia. Esta vez no le sale tan bien.
—Son un par de cursis —empieza Sakura cuando Naruto se ensucia de espuma del cappuccino de Sasuke y éste le limpia con una servilleta. Sasuke frunce el ceño, pero Naruto enrojece profundamente.
—Sakura tiene razón —añade Shikamaru —, parecen un par de recién casados.
—Me dan algo de náuseas —agrega Kiba, comentario que consigue cuatro pares de ojos mirándolo con desaprobación —, pero en el buen sentido, me refiero.
—¿Se supone que tenemos que agradecer sus comentarios?
—No lo sé, ¿deberías?
Hay un momento de tensión, uno en el que Sasuke se pone rígido en su lugar y la mesa se sume en un silencio casi asfixiante. Entonces, Naruto se aclara la garganta y la inquietud se convierte en expectación.
—En realidad, Sasuke, hay algo que tengo que decirte.
¿Aquí? ¿Ahora? Es decir, Kiba no tiene problema siempre y cuando sea pronto. Sin embargo, tampoco cree que es algo que alguno de ellos debiera ver como si fuera un programa de televisión. Kiba tiene suficiente drama con Grey’s Anatomy, su serie de confort emocional, como para tener que presenciarlo también en la vida real.
—¿Qué ocurre? —pregunta Sasuke. Ni Sakura ni Shikamaru hacen más esfuerzo que él para fingir que no están prestando atención. De todas formas, ambos parecen bastante indiferentes a sus presencias.
—He querido decírtelo, pero no encontraba la forma y… —Naruto rasca su nuca, incómodo. La expresión de Sasuke ya no es de desconcierto, sino de preocupación.
—¿Pasa algo?
—¡No, no es eso!
—¿Entonces?
—Eh… —Naruto aparta un momento su mirada de Sasuke para centrarse en Kiba. Éste, no muy seguro de lo que se espera de él, sube discretamente su pulgar con aprobación —. Yo necesito decirte que…
—¿Sí?
—Es que yo… —Naruto traga saliva, Shikamaru aprieta los dedos contra su vaso, Sakura se sostiene con fuerza de la mesa y Kiba está a punto de arrojar su vaso con bebida para que se estrelle en su cabeza y lo obligue a reaccionar —. ¡Creo que dejé la estufa encendida!
¡¿Qué?!
—¿Qué? —dice Sasuke y Kiba sabe que todos coinciden espiritualmente con su sentir —. ¡¿Qué mier…?! ¡Naruto! ¡Dejaste el departamento hace más de media hora!
—¡Iré a apagarla ya mismo!
—Te acompaño.
—¡No! Quédate, no me voy a tardar.
—¡Pero si tenemos que llamar a alguien que…! —La conversación se pierde cuando ambos se levantan y desaparecen por la puerta del local. El silencio que le sigue en la mesa define perfectamente el sentimiento de vacío que invade a todos.
—Bueno, esto apesta.
—Ni mi ex se atrevió a ilusionarme tanto.
—Que buen arco de desarrollo de personaje, ojalá ya se termine.
Hay una pausa para dar un sorbo a sus bebidas y asimilar lo ocurrido.
—¿Y ahora?
—Bueno, pasamos de que ninguno supiera que están saliendo, a que uno se dé cuenta de sus sentimientos. Es mucho más de lo que puedo pedir en los doramas que estoy siguiendo.
—Dices cosas muy raras, Sakura.
—Supongo que podemos confiar en que Naruto se hará cargo y ya no tendremos que preocuparnos.
—Claro, sobre todo con la épica muestra de idiotez de hace unos segundos.
Nara se encoge de hombros.
—Elijo creer.
La discusión sin sentido se interrumpe cuando Sasuke vuelve y se deja caer pesadamente sobre su asiento. Le da un largo sorbo a su café, luego de lo cual suelta un profundo suspiro. Los ve a los tres con ojos entrecerrados, como si estuviera evaluándolos en su cabeza.
—Necesito decirles algo.
Alguno debería hablar, pero ninguno encuentra las palabras. Asienten en cambio, casi al mismo tiempo, y Kiba no quiere pensar en lo estúpidos que debieron verse por ello.
— Acabo de descubrir que estoy enamorado de Naruto, así que le confesaré mis sentimientos incluso si no los corresponde.
Un segundo, tres segundos… Diez. Nadie parece querer dar una respuesta a tal oración. La paciencia tiene un límite, la cordura también. El cielo es azul, el agua moja, y el tópico de “idiotas enamorados” solo es divertido en la ficción.
—Me tengo que ir, Ino me está esperando —Sakura se levanta y recoge sus cosas. Un par de segundos después, Shikamaru la imita.
—Te acompaño, tengo que ver a Temari en veinte minutos.
Cabrones. Kiba lo piensa, pero no lo dice. No es tan perverso como para dejar a Sasuke solo con su dilema. Se asegura de mirarlos con odio mientras se despiden y cuando Sasuke vuelve su atención a su café, les muestra el dedo medio. ¿De quién es la culpa el que lo dejen solo para tratar esto? Probablemente de sí mismo. Estúpido Kiba del pasado, que le aseguró a todo su grupo de amigos que era un experto en romance sólo por leer un montón de revistas juveniles.
—¡Quedas en buenas manos, Sasuke! —grita Shikamaru desde la puerta y Sakura se ríe. Graciositos. Se asegurará de robarles sus calcetines la próxima vez que vaya a sus casas. ¿Por qué calcetines? Es una elección al azar. A veces las grandes venganzas provienen de acciones inesperadas.
Al final solo quedan Sasuke y él. Sasuke, que lo mira con expresión interrogante, esperando tal vez un poco de ayuda a su repentina decisión. Quiere pensar que está tratando con alguien con dos pesos más de cerebro, pero no está seguro. Está hablando de la persona que acaba de darse cuenta de su enamoramiento, después de todo, así que no puede ser tan genial como dicen por ahí.
Kiba suspira, se toma unos segundos para prepararse mentalmente. Al menos ahora sabe qué esperar.
—¿Naruto? ¿Naruto Uzumaki?
