Work Text:
A Kotono Tomio no se le da bien eso de meterse demasiado en asuntos ajenos. No obstante, eso no significa que Kotono no sepa lo que sucede a su alrededor. Cuenta con una innegable naturaleza curiosa, de hecho. Por lo que, no es de extrañarse, que en cuanto a alguien se le pase por la cabeza o sienta la necesidad repentina de elucubrar alrededor de cualquier situación fuera de lo normal, Kotono Tomio no parezca para nada intrigado ni extrañado y solo demuestre que sabe 'cosas'. Muchas más cosas de las que a veces le gustaría tener que ser más que consciente.
Como por ejemplo...
El extraño comportamiento que Sasotsuka y Orio comenzaron a mostrar en sus interacciones el uno con el otro, distinto al usual: Entre ese par solía fluir un estado natural de jugueteo, casi flirteo, que los comprometía a bromear y tirarse el uno al otro cumplidos enredados y entremetidos junto a insultos gratuitos hasta que, de repente, ese 'casi' termina de diluirse y desaparece por completo. Y Tomio entiende rápido las miradas esquivas y nerviosas de Orio que responden a las cariñosas, jamás requeridas, de Sasotsuka lanzadas en dirección opuesta.
Sasotsuka mira con afecto a Orio y Orio lo único que logra hacer al darse cuenta de ello es mirar a otra parte, con una sonrisa tonta queriéndole tirar para arriba de las comisuras de la boca. Tomio había observado, ya desde hacía tiempo, que Sasotsuka estaba un poco flechado por Fuyuki. Y si a algo tuviera que darle la pista de estar más dispuesto que indispuesto para seguir adelante con ello, tendría que ser al apodo cariñoso que surgió de la nada de los labios de Orio.
—Tsuka-
—¡No lo llames así!
Con expresión perpleja en sus grandes ojos redondos, bien abiertos, que acaban yendo a parpadear, Saotome, en medio de sus dos compañeros mediocampistas, sostiene su mano en el aire con lo que parece ser un sobre entre sus manos. Sasotsuka pasea la mirada de uno a otro de sus compañeros, Orio se mantiene firme y tenso conforme Saotome tan solo inclina la cabeza con gesto de inocencia estudiado y medio sobre tapándole la boca.
—Ahm, sí, lo siento. Sasotsuka —una sonrisa inocente vuelve a ponerse en la boca del chico de cabello platinado cuando termina de extender el sobre en dirección al pelirrojo—, alguien se confundió y dejó este sobre para ti en mi casillero. Parece que es de una chica.
Y para cuando dice lo último, Saotome ya está mirando a Orio de vuelta en vez de a Sasotsuka, quien inspecciona el sobre con gesto distraído. Saotome larga una sonrisa más y Kotono en cuanto ve a Orio estar a nada de explotarle en la cara al otro da un paso impulsivo para ponerse en medio de ellos antes de siquiera acabar de procesarlo y. Por un lado tiene a Saotome, resuelto, mirándolo perplejo y por el otro tiene a Orio, descompuesto y desequilibrado, que no sabe hacia quién o qué canalizar su ira y de repente es que Sasotsuka interviene justamente tendiéndole la carta con una sola instrucción.
—Ten.
—¿Eh- qué-
—¿Alcanzas a tirarla por mí, Orio?
Sasotsuka señala hacia atrás de Orio, una papelera en la esquina más cercana al susodicho. Hay una papelera más en la esquina opuesta, a la que Sasotsuka no tendría ningún impedimento en llegar y tirar por su propia cuenta el sobre de la carta intacto.
Saotome y Tomio observan el intercambio con curiosidad, que Orio se da cuenta de que está parado como estúpido en medio de los cambiadores sin terminar de reaccionar a las palabras de Sasotsuka y este sigue tendiéndole, resuelto y muy seguro, el sobre en su dirección, así que Orio acaba por arrebatárselo más que tomárselo de las manos. Orio no se detiene en su propia inspección furiosa. Mira el sobre por todas partes como si esto fuera a darle alguna buena razón para tan solo seguir las instrucciones de Sasotsuka sin más o rechazarlas de buenas a primeras. Entra en conflicto porque a Orio no le gusta que le digan que hacer y Sasotsuka dándole una sonrisa medio divertida, medio burlona (medio repleta de algo implícito), no parece alentarlo a dejar de intentar hacer como quiera.
Para cuando Orio finalmente hace su decisión, Tomio ya está devolviendo su mirada a Saotome, quien a su vez ya lo está mirando y dándole una sonrisa conocedora, y de pronto se devuelve a Sasotsuka antes de permitirle procesar del todo aquel intercambio:
—¿No es un poco descortés? Ni siquiera la has abierto.
Sasotsuka va desde Orio hasta Saotome con prontitud, yendo a sonreír con pena. —Ya… Me vas a decir que te lees todas las cartas que tus fans te dejan…
Saotome se lleva una mano a la boca cubriéndose la risa con gracia: —mi caso es distinto. EL 80% de mis fans son hombres, así que se vuelve un poco incómodo.
El sonido del sobre siendo rasgado logra que Tomio devuelva su atención a Orio, quien se ha cansado de tratar de despegar el adhesivo del sello principal y ha optado por romper la carta del borde. Tres pares de ojos se encuentran atentos en el accionar del único delantero de los tres.
—Creía que también te interesaban un poco los hombres…
Orio masculla dejando a los tres un poco con la duda, hasta que una mirada dirigida a Saotome aclara el receptor de su comentario.
Saotome vuelve a solo sonreír y Tomio intenta no prestarle demasiada atención a su forma enigmática de hacerlo. Tampoco a su respuesta.
—Algunos los hay… pero por lo general no es buena idea relacionarse a ese nivel con fans —pasa a darle una palmada en el hombro a Eiji, con confianza, dejando su mano en el hombro ajeno—; Tsuka sabe de lo que hablo, ¿verdad, Tsuka? —quizá un poco hasta a propósito, Tomio podría apostar.
—¡Que no lo- agh, ¿sabes qué? —Orio arruga los papeles en sus manos y termina por tirarlos—. Tienes razón. Esta chica suena como una completa lunática. ¿Cómo sabe la marca de gel que utilizas para el pelo? ¿Está bien que esta chica sepa tanto de ti?
Sasotsuka parpadea, yendo a sonreír con pereza y ladeando la cabeza. Orio y él se comunican, con nada más que puras miradas. Y Tomio vuelve a devolverse a Saotome, quien vuelve a sonreírle antes de abrir esa boquita tierna suya una vez más: —¿será por los patrocinios que nos dan cosas gratis a cambio de promociones? Ya sabes, Seishou está tan bien posicionado que hay marcas que nos prefieren incluso sobre el legendario Goenji Shuuya-san.
Y va a apoyar sus manos en los hombros de Sasotsuka, perdiendo cualquier noción de decoro al acercársele, poniéndole la mano en la mejilla, acariciando su rostro hasta la barbilla, y tomando a Sasotsuka desde esta para acomodárselo y dejar el suyo al lado del del otro. Sasotsuka se deja hacer y mangonear sin poner muchas pegas y Saotome tan solo subraya sus caras como las de dos de los chicos más atractivos del Seishou Gakuen con un movimiento fluido de su mano que casi fascina demasiado a Tomio.
—¡Saotome!
—Dime.
Tomio va a espabilarse tan solo después de que escucha a Orio reclamando. Reclamando su territorio al Saotome que está invadiéndolo en su naturalidad y espontaneidad excepcional. Quien sigue encima y demasiado cerca de Sasotsuka y responde tan campante a Orio y.
Kotono ve a Saotome y entiende con facilidad que se está montando una treta. Está apretando todos los botones equivocados (¿o los correctos...?) de Orio y Tomio no entiende bien para qué o por qué lo hace.
—¡Puedes dejar- ¡Suelta a m-
Orio está tan enfadado —celoso— que no se da cuenta. No consigue completar ni una sola idea y el rostro se le va poniendo más y más rojo.
El sereno Saotome sigue sonriendo como si nada. Las comisuras de sus labios se alzan todavía un poco más y se hunden con un par de hoyuelos en sus mejillas pálidas, arrugándole también los ojos en lo que los entrecierra con un brillo de diversión absoluto en su mirada. De pronto, Tomio cae en cuenta de que esa mirada se la está dirigiendo a él e, instantes después, Saotome va soltando a Sasotsuka pero no es como si estuviera escuchando las palabras de Orio.
—¡Tsuka, haz algo!
Sasotsuka va soltando una media risilla un tanto burlona también, Tomio puede escuchar en el tono juguetón con el que responde: —¿Algo como qué, Orio-kun?
—¡¿Por qué pareces tan contento!? ¡Qué te pasa con Saotome para que te dejes tan tranquilo tocar de esa manera-
—¿Cuál manera?
Es distante y cuando Kotono se devuelve un segundo se da cuenta de que ambos chicos ya han salido de los vestuarios, dejándolo a él solo con Saotome.
Con Saotome que sigue mirándolo con esa sonrisa divertida que le hunde un par de adorables hoyuelos en sus suaves mejillas.
—Uh-
—¿No te parece que es un poco obvio?
—¿Obvio? ¿obvio qué?
Las palabras se le caen de la boca saliendo casi atropelladas entre ellas, Kotono sintiéndose un poco preocupado por la manera en que su cuerpo reacciona al tono suave e insinuante de Saotome, los latidos de su propio corazón escuchándose fuerte y claro en su oídos. Se siente como un animal acorralado, como un venado viendo las luces de un auto aproximándose en su dirección.
Saotome suelta una risa preciosa y aún cuando le pone con delicadeza extrema la mano en el hombro, Kotono casi que se sobresalta demasiado al contacto: —Orio, sus celos por 'Tsuka'. ¿No te parece así, Tomio?
—Ah, uhm, ah...
Se siente un completo estúpido al oírse a sí mismo balbucear y más aún cuando ve cómo esto le causa más gracia a Saotome. Sus mejillas están hirviendo de vergüenza pero no es como si importara demasiado. No tiene nada inteligente que decir y es entonces que Saotome parece compadecerse de él, suavizando su mirada en cuanto vuelve a sonreírle una vez más: —lo siento, ¿te estoy presionando demasiado, Kotono?
Esta vez, el gesto en su hombro de la mano de Saotome puesta sobre este se siente cálido y Kotono mira un poco hacia abajo antes de volver a mirar a Saotome, que parece haber seguido su mirada y, fijándose bien, Kotono se percata de que hay un tierno sonrojo en las mejillas de Saotome. Sin embargo, Saotome no desiste y sigue con su mano en su hombro, por lo que, Kotono entiende.
—¿Está bien si continuo con esto...?
Su corazón sigue latiendo con fuerza en su pecho, tanto que puede sentirlo en su garganta, pero a Tomio lo reconforta el hilo de voz con el que pregunta Saotome si está bien que siga coqueteándole. Lleva un tiempo haciéndolo de forma sutil, Kotono no es tonto aunque le guste hacerse el desentendido para zafarse de situaciones incómodas. Ha estado evadiendo a Saotome y este ha seguido persistente y firme aumentando el número de sus acercamientos. No sabe bien qué es lo que se le ha metido a la cabeza o por qué de un momento a otro ha comenzado a hacerlo pero. Kotono se ha descubierto a sí mismo no solo sintiéndose halagado sino que comenzando a notar. Todas esas pequeñas cosas que hacen que al pensar en Saotome la respiración se le dificulte y el estómago se le revuelva.
Y está un poco asustado por ello y por lo que significa, pero si entiende algo de ese tono ansioso en la voz de Saotome es que, quizá, a la mejor, no es el único asustado al respecto. Así que, toma un salto de fe.
—... Sí, bien... —traga saliva y coge con cuidado la mano en su hombro, dandole un ligero apretón también—, sí, está bien, puedes... continuar...
Es un poco más difícil para él, sintiéndose abrumado y superado por el resplandor y la preciosidad de Saotome en general. Pero.
Saotome luce tan feliz e ilusionado cuando escucha su respuesta que a Kotono se le olvidan todas sus dudas.
