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En directo: ¡nos confesamos... por partida doble!

Summary:

No sé muy bien cómo hemos llegado al momento en el que estamos jugando para cambiarles el piso a nuestros vecinos —e intereses amorosos—. Bueno, sí lo sé, pero realmente no lo entiendo. ¿Cómo cojones se puede ser tan competitivo hasta llegar al nivel de apostar tu propio apartamento? Preguntadle a Oikawa Tooru.

Notes:

¡hola, hola!

aquí os dejo mi aportación al fanzine que organicé junto con mi querida clary, quien también ha hecho la segunda parte de esta historia tan disparatada

espero que os riais y que os muráis del cringe, porque es intencionado, jeje

un besazo y muchísimas gracias por leer

¡podéis descargar el fanzine aquí!

nos leemos en twitter ! ♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No sé muy bien cómo hemos llegado al momento en el que estamos jugando para cambiarles el piso a nuestros vecinos  —e intereses amorosos—. Bueno, sí lo sé, pero realmente no lo entiendo. ¿Cómo cojones se puede ser tan competitivo hasta llegar al nivel de apostar tu propio apartamento? Preguntadle a Oikawa Tooru.

 

Esta mañana he estado con Komori, mi mejor amigo y compañero de piso, grabando algunos TikToks parodiando el nuevo haul de maquillaje de Suna y Oikawa. Mentiría si dijera que no estaban guapos después de probar las sombras de ojos —sobre todo Tooru—, pero nunca se puede desperdiciar una oportunidad para hacer el tonto, así que hoy no ha sido menos. Bueno, hoy y cualquier otro día, que para eso nos pagan. Una miseria, sí, pero algo es algo. No todo el mundo tiene la suerte de poder compaginar los estudios con ser semiinfluencer en esta aplicación del demonio, pero al parecer Komori y yo sí. Y Suna y Oikawa, los famosos vecinos de enfrente —e intereses amorosos—, también.

 

—¿Te acuerdas de que hoy hacíamos con ellos la retransmisión de Twitch jugando al trivial sobre nosotros? —Es lo primero que me ha recordado Motoya nada más subir el vídeo.

 

—Como para no olvidarme después del acuerdo que hicimos.

 

—¿Qué acuerdo? No sé de qué estás hablando. —Su voz aguda fingida ha delatado el nerviosismo que tenía.

 

—Ese que consiste en que, si perdemos el juego, tenemos que confesarles esta misma noche que nos gustan, y que, si ganamos, debe ser en dos semanas. Por ejemplo. —He alzado la voz en las últimas dos palabras, al borde de la desesperación.

 

—Pues vaya mierda, ¿no? Pase lo que pase, vamos a tener que decírselo.

 

—Es que si no, no lo hacemos nunca.

 

—También es verdad. —Se ha encogido de hombros, dándome la razón.

 

Y, después de esa conversación tan absurda, nos hemos ido a comer. También he recibido un mensaje en el que Kuroo me confirmaba que venía para hacer de «presentador» y leernos las preguntas, avisando además de que Osamu le acompañaba.

En un principio no sabía cómo de justo iba a ser que el peligris de los gemelos Miya esté presente, ya que conoce a Rintarou desde que son pequeños y puede ser imparcial. Pero luego he recordado que le encanta tanto a él como a Atsumu reírse de su amigo —y también sucede a la inversa—, así que a lo mejor hasta tendremos ventaja y todo. Una pena que tenga que acompañar a su novio, ¿no?

 

—Vámonos ya. Me cago de los nervios. —Yo estaba ya en la puerta del apartamento, llaves en mano y listo para cruzar el rellano. 

 

—Vaya a ser que lleguemos tarde, ¿no? Como está tan lejos —ha replicado Komori, agarrando su móvil—. Relájate, si lo vamos a pasar genial.

 

—Ya, pero a saber qué preguntas han puesto ellos.

 

—Para relajarte, piensa en Tooru con el modo competitivo activado y a punto de quedarse calvo por el pasotismo de Rin.

 

—Me partiré el culo —le he dicho riéndome—. Ahora me he puesto ansioso porque no puedo esperar más a verle rabiando cuando acertemos una pregunta.

 

Motoya ha puesto los ojos en blanco como respuesta y, menos mal, hemos salido de casa. Para sorpresa de nadie, hemos tardado menos de dos segundos en estar tocando el timbre del apartamento de enfrente.

 

—Bienvenidos a vuestra derrota —ha saludado Oikawa nada más abrirnos la puerta.

 

—Ya empezamos —protestaba Suna a sus espaldas, aunque la sonrisita que tenía en los labios indicaba segurísimo que estaba de acuerdo con su compañero de piso y amigo.

 

Yo no dejaba de pensar en Tooru superpicado, porque es lo único que me ha mantenido en ese sitio y que no ha hecho que me vaya a mi puta casa. De todos modos, tampoco han tardado mucho en llegar Kuroo y Osamu, así que ya sí que no había marcha atrás. No podía huir. Había que jugar.

 

No nos ha costado demasiado preparar el set para grabar; hemos escogido el salón por lo amplio que es y porque la cómoda es un buen lugar para colocar la cámara. Además, también se ha puesto una pizarra para ir anotando en ella los puntos.

 

—¿Has entrado ya para iniciar el directo? —le ha preguntado Kuroo a Suna, quien estaba trasteando con el ordenador para dejarlo todo preparado.

 

—En breve. Id poniéndoos ya y yo os aviso.

 

—¿Vais a apostar algo? —Osamu no ha desperdiciado la oportunidad para comenzar a sembrar el caos. Es muy guapo, sí, pero igual de tocapelotas que su hermano gemelo.

 

—Pues no lo había pensado… —La sonrisa de Oikawa no me ha gustado nada, y menos después de decir eso.

 

—Tampoco hace falta apostar nada, ¿no? —Motoya ha intentado quitarle hierro al asunto, a lo que yo solamente he podido asentir con la cabeza dándole toda la razón a mi amigo.

 

—¡Claro que sí! Además, si hemos basado este juego en el del capítulo de Friends, tenemos que hacerlo igual que ellos. —Por la expresión que ha adoptado, yo ya me esperaba lo peor—. Vamos a apostar nuestro piso.

 

—¿¡Perdón!? —Y, al tener el dedo sobre la tecla, Rintarou le ha dado a grabar sin querer tras el sobresalto que ha pegado.

 

—Si ellos ganan, se quedan nuestro piso. Igual que hicieron Monica y Rachel.

 

—Estás puto flipado.

 

—Esto está ya grabando —ha anunciado Kuroo, señalando la pantalla del ordenador que lo indicaba—. Y a la gente le ha gustado esa apuesta, Tooru, o eso parece.

 

Todos respiramos hondo. Suna más que ninguno, se ha notado a leguas que tenía ganas de pegarle un puñetazo a su compañero de piso. Pero al estar ya en vivo todo cambia: hay que seguir con el juego.

 

—Asegúrate de ganar. —Es el ultimátum que Rin le ha dado a Tooru, siendo más amenaza que otra cosa.

 

—Es que vamos a ganar. Confía en mí.

 

Y aquí estamos ahora. Viéndonos a saber cuántas personas. A punto de comenzar el dichoso juego que me va a llevar por el camino de la amargura. Y, a pesar de que Motoya no deje de sonreírme y alzar el pulgar para fingir que todo está bien, yo no puedo dejar de pensar en la posibilidad de tener que decirle esta misma noche a Tooru lo mucho que me gusta.

 

—¡Pues que comience el juego! —El don de gentes de Tetsurou también se extrapola a saber hablar demasiado bien delante de la cámara—. Que mi azafato me dé las tarjetas, por favor.

 

Osamu, como quien tiene un resorte en el trasero, se levanta de su asiento para aparecer en plano con las tarjetitas en la mano. La recompensa que le da su novio es un pequeño beso en los labios y, más feliz que una perdiz, el peligris de los Miya vuelve a su sitio. Qué envidia me dan. «Qué asco», seguro que piensa Komori.

 

—Vamos a empezar por las preguntas con las que tenéis hasta treinta segundos para contestar, hay cinco para cada pareja; si hubiese un empate, hay dos preguntas relámpago para cada equipo con las que dispondréis solamente diez segundos. Y si volvéis a empatar, echáis una partida al UNO o algo, que ya no hay más. —El presentador de este disparatado juego esboza una sonrisa felina, notándose que tiene ganas de que entremos en acción. Claro, como él no se juega nada—. ¿Alguna pregunta, nunca mejor dicho?

 

—Ninguna. Antes empezamos, antes acabamos —me apresuro a decir.

 

—Sí, venga, dale. —El pasotismo de Rintarou es increíble. 

 

Kuroo empieza a mezclar las tarjetas de las preguntas de la primera fase con destreza para darle más emoción al asunto. Yo siento cómo las ganas de cagar van en aumento por culpa de los nervios. Y, como no empiece a leer ya, me lo voy a hacer encima.

 

—¡Primera pregunta para Suna y Oikawa! —Los mencionados se preparan para escucharla, pero Oikawa hasta se levanta un poco del sofá en el que está sentado—. ¿Qué es lo que más les molesta hacer a Suga y Komori? Joder, qué fácil, esta me la sé hasta yo.

 

—Siempre se quejan de lo mismo —empieza a decir Tooru, girándose hacia su amigo para empezar a debatir la respuesta.

 

—Poner lavadoras —sentencia Rin, ignorando completamente lo que le está diciendo el castaño.

 

—¿¡Quieres hacerme caso!?

 

—No me voy a poner a debatir cuando es algo tan obvio.

 

Mientras sucede esta escena, Motoya y yo nos miramos intentando aguantarnos la risa como dos tontos. Por supuesto que tienen razón, más que nada porque aquí mi amigo y yo somos monotema con lo poco que nos gusta tener que hacer la colada.

 

—¡Correcta! Vamos con la siguiente, que es para Suga y Komori. ¿Cuál es la skincare routine de Oikawa? —Tetsurou no puede aguantarse la risa—. Pero ¿qué preguntas habéis puesto, por dios?

 

—Esta te la sabes —me susurra mi mejor amigo, dejando más que claro lo bien que me quedo con los detalles de la persona que tanto me gusta—. Te dejo decirla, va.

 

—Todo el mundo piensa que es muy larga, ya que es lo que él intenta hacer ver —comienzo, esbozando una sonrisa llena de diversión—. Pero es mentira. Solamente se lava la cara con leche limpiadora y se pone la misma mascarilla de tomate con forma de conejito para pieles grasas.

 

Puedo ver cómo Tooru me está mirando con una mezcla de vergüenza y rabia. Suna, por su parte, se está partiendo el culo.

 

—No podrías haber respondido mejor, querido Koushi —me concede Kuroo, sacando mientras tanto la siguiente tarjeta—. Toya, apunta en la pizarra que lleváis un punto cada pareja, porfa.

 

El último mencionado se pone a escribir en la pizarra nuestros nombres, añadiendo algunos dibujitos por el camino —típico de Komori—. Está a punto de añadirnos un punto más por la cara, pero Tooru le amenaza diciéndole que ni se le ocurra hacerlo.

 

—Pregunta para Suna y Oikawa. ¡Anda, no! Es solamente para Rin. ¿Cuál es el apodo que Oikawa le ha puesto a Sugawara?

 

Mi cara arde tanto que pienso que va a explotar. ¿Quién coño ha puesto esa pregunta? Porque yo no. Aunque, por la expresión que tiene mi mejor amigo se nota demasiado que ha sido él. Le voy a matar.

 

—Mr. Refreshing. —Y una sonrisa maligna se posa en sus labios. Me corrijo. Los voy a matar—. ¿Cuándo empiezan las preguntas difíciles?

 

También puedo percatarme de que no soy el único ruborizado en la sala, porque Tooru no se queda atrás.

 

Agradezco que sigamos avanzando porque, además de que no podemos tirarnos todo el día con este juego, yo tampoco puedo permitirme el lujo de seguir haciendo el ridículo delante de la persona que me gusta. Y sí, por ridículo me refiero a ser un fresón andante.

 

—Chicos —nos avisa Tetsurou a Motoya y a mí—, ¿cuál es el fenómeno que tanto asusta a Suna?

 

La mirada que le dedico a mi mejor amigo habla por sí sola, ya que le estoy cediendo la palabra con ella.

 

—Atsumu Miya recién teñido —contesta, captando mi señal, intentando sonar lo más serio del mundo. Efectivamente, sale mal.

 

Aun así, nuestras carcajadas no son las que más resuenan. Osamu podría estar meándose encima ahora mismo y me lo creería.

 

Seguimos avanzando. Ellos responden correctamente que la primera vez que Komori besó a alguien fue a los diecinueve años, nosotros acertamos que el amigo imaginario que tenía Suna de pequeño se llamaba Ramiro el vampiro. También recuerdan que tengo la colección de libretas clasificadas en seis categorías y nosotros nos acordamos de que el sobrino de Oikawa se llama Takeru.

 

Estamos todavía en empate y queda una pregunta para cada equipo. Lo siento un poco por les espectadores, pero creo que se van a tener que comer con patatas la ronda relámpago porque algo me dice que ambos equipos vamos a responder correctamente.

 

—¡Suna y Oikawa! Escuchad bien porque es vuestra última pregunta y os jugáis todo. —Los mencionados miran fijamente al presentador improvisado de este juego—. ¿Cuál es la película favorita de Komori?

 

—La película favorita de Komori es Cómo entrenar a tu dragón —comienza a decir Rin, quien es fulminado con la mirada por Tooru—, o eso suele decir él. Realmente la película que más conquista su corazón es High School Musical, aunque la otra siempre será la de confort. Seguro que se ha puesto la camiseta para despistar, el hijo de puta.

 

Y es verdad. Mi mejor amigo ha escogido su outfit a propósito, y la camiseta que lleva de Desdentao no ha sido pura casualidad. Lo sé porque él mismo ha entrado esta mañana en mi habitación diciendo no sé qué de «muahahaha» y cosas así.

 

—Todo correcto, muy bien. —Tanto Motoya como yo acabamos poniendo los ojos en blanco justo antes de que nos mire—. Y ahora sí que viene la pregunta final de esta ronda. Si acertáis, pasaremos a la ronda relámpago para desempatar. Si falláis, gana el otro equipo. ¿A qué nombre reciben Oikawa y Suna la entrega de la Shonen Jump?

 

Sonrío. Por supuesto que lo sabemos. Más que nada porque más de una vez la hemos cogido prestada del buzón para leerla y luego devolverla a su sitio tal cual estaba.

 

—La reciben a nombre de Toto Rinrin —respondo, comenzando a reír sin poder evitarlo.

 

—¿Cómo lo sabéis? —pregunta Rintarou, sorprendido por el hecho de que sepamos ese dato.

 

—Un experto nunca revela sus trucos. —Komori le guiña el ojo tras la respuesta que acaba de darle. 

 

No tardamos en prepararnos para comenzar la última ronda del juego: las preguntas relámpago. Tenemos menos de diez segundos para pensar y responder. Y, como tenemos la suerte en el culo, empezamos nosotros. Yo hubiera preferido ir después porque así puedo respirar hondo, calmarme, y ver más tranquilamente cómo los otros la cagan primero. Pero no pasa nada. Confío en que vamos a ganar.

 

—Empezamos. Recordad que son solamente dos preguntas.

 

—Vamos ya, por dios —suplico.

 

—¿Comida favorita de Oikawa?

 

—¡Dulce de leche! —gritamos al unísono, sin necesidad de pensarlo demasiado.

 

—¿Qué le pasa a Suna en la espalda?

 

—¡Tiene escoliosis! —volvemos a decir a la vez.

 

—¡Ambas correctas! Lo habéis hecho muy bien y muy sincronizados.

 

—La neurona compartida —digo como si fuera lo más obvio del mundo, mientras que choco los cinco con mi mejor amigo.

 

Tooru está que rabia. Rin está comenzando a tensarse, pero no por el hecho de poder perder el piso, sino porque pensar en tener que hacer una mudanza le está comiendo las entrañas. Pero es su turno ahora, así que deben dar todo su esfuerzo.

 

—Se va a decidir todo. Intentad contestar bien, chicos. ¡Empezamos! ¿Qué relación tiene Suga con el picante?

 

—Está jodidamente enfermo. Le encanta. Comería wasabi a bocados —contesta Rintarou, a lo que Tooru asiente con la cabeza.

 

—¿Por parte de quién es Komori primo de Sakusa?

 

Silencio. Ambos se miran completamente bloqueados. Empiezan a boquear cosas sin sentido, y el castaño comienza a desesperarse.

 

—¡La madre de Motoya y el padre de Kiyoomi son hermanos! —grita rápidamente.

 

—¡Me voy a cagar en la puta! ¡NO! —le chilla Suna como respuesta—. ¡Me llegas a dar dos segundos más y hubiese acertado! ¡Tenía que procesar! ¡Son sus madres las hermanas!

 

—Te llega a dar dos segundos más y perdéis el tiempo —le corrige Kuroo, ladeando una sonrisa felina—. Pues hasta aquí el juego, espectadores. Esperamos que os haya gustado, os hayáis reído mucho de ellos, y que haya ganado el equipo que queríais. Suga y Komori se han ganado este pedazo de piso, y todos se llevan de regalo una mudanza bastante interesante. A ver si me invitan al próximo, que ha sido muy divertido.

 

Tetsurou se despide en la cámara y esa es la señal para que Osamu corte la retransmisión. La última imagen que se puede ver desde casa es a Suna recostado en el sofá con ganas de morirse, a Oikawa con una cara de trauma increíble, y a Motoya y a mí celebrando que hemos ganado un juego al que al principio me daba miedo jugar.



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Han pasado dos semanas. Creo que es la primera vez que me puedo sentar con tranquilidad en la taza del váter de mi nuevo piso; que si haz tu propia mudanza, que si ayuda a los otros con la suya, que si ve a clase, que si graba vídeos… No he tenido ni tiempo para poder cagar en paz y tranquilidad.

 

Es cuando me acuerdo de lo que tenemos que hacer tanto Komori como yo que suena el primer clonc que sale disparado por el susto. De hecho, hace un par de horas mi mejor amigo me ha recordado que tengo que hacerlo, que no me eche para atrás, que él lo va a hacer entre hoy y mañana. Supongo que estará ahora en ello, porque lleva desde entonces fuera de casa.

 

Escucho la puerta del apartamento cerrarse. ¿Ya habrá vuelto? Como el baño está al lado del salón principal que hay nada más entrar, mi intención es meter un chillido para que se acerque al aseo y así hablar. Pero menos mal que no lo hago, porque no escucho solamente su voz, sino que también la de Suna. ¿Qué cojones hacen aquí los dos?

 

—¿Nos sentamos? —pregunta Rintarou.

 

—No, mejor te lo digo ya. Si espero más tiempo no lo voy a hacer en la vida.

 

No me lo puedo creer. Me corrijo de lo que he dicho antes, porque no voy a poder terminar de defecar con tranquilidad. De hecho, ahora me da miedo que se pueda escuchar la mierda cayendo y se enteren de que estoy aquí metido mientras se están confesando. Bueno, al menos voy a poder ser testigo de cómo mi mejor amigo lo hace y de cómo, espero, empieza a salir con la persona que tanto le gusta. Porque cagar ya no puedo, se me ha cortado y es más importante estar pendiente de esto. Por eso mismo, me limpio haciendo el menor ruido posible y, tras lavarme las manos con un hilito de agua para que no suene, bajo la tapadera del váter con toda la cautela del mundo.

 

Es gracioso no poder tirar de la cisterna para respetar su intimidad, porque a lo mejor presencio una escena súperromántica mientras me trago el olor de mi propia caca.

 

—¿Está todo bien? —escucho que dice Rin, mientras pego la oreja a la puerta.

 

—Sí, es que verás… —No entiendo muy bien por qué Toya se calla de repente.

 

Empiezo a desesperarme porque no escucho nada, ¿tal vez esté tan nervioso que no le salgan las palabras? No tiene sentido. Pero, de repente, empieza a sonar un recopilatorio de Jovani Vázquez diciendo «Te amo». Seguro que lo ha hecho el propio Motoya, porque me lo espero. La putada es que no puedo reírme a carcajadas como me gustaría, así que opto por taparme la boca e intentar ahogar el sonido en la palma de mi mano.

 

—Creo que es la mejor confesión que me han hecho en la vida. Yo a ti también. —Y, después de la respuesta de Rintarou, empieza a sonar el vídeo de nuevo.

 

Hay unos segundos de silencio en los que deduzco que se estarán comiendo la boca, así que espero pacientemente sentado en el váter. Lo que acaba de pasar me hace replantearme muchas cosas. ¿La principal? Tengo que confesarme ya a Oikawa. No creo que lo haga de una forma tan estrambótica como mi mejor amigo, pero sí tengo que tomar su ejemplo de que tiene que ser lo antes posible.

 

Cuando considero que han tenido tiempo suficiente para besarse, me levanto y tiro de la cisterna. Salgo decidido del cuarto de baño, interrumpiendo algo que está más cercano a un apareamiento que a otra cosa. Y menos mal que no he esperado más, porque a lo mejor me los podría haber encontrado en pelotas.

 

—¿¡Desde cuándo estás aquí!? —me pregunta Motoya, asustado.

 

—¡Desde antes que tú! Encima que respeto vuestra confesión. ¡Yo estaba intentando cagar tranquilamente! —respondo casi sin mirar atrás, caminando hacia la puerta y abriéndola para marcharme—. Enhorabuena, follad mucho y celebrad viendo memes.

 

—¿Y tú a dónde vas ahora? —Me giro ante su pregunta y me encuentro a Suna alzando una ceja.

 

—¡A confesarme!

 

Creo que Rintarou está a punto de decirme algo, pero le dejo con la palabra en la boca y cierro dando un portazo sin querer. Toco al timbre un par de veces tras cruzar el rellano y nadie me abre, así que entiendo qué quería comentarme el ahora novio de Motoya.

 

No sé cuánto tiempo llevo esperando, quizá un cuarto de hora, quizá media, ni idea, lo único que sé es que estoy cabeceando con la espalda apoyada en la puerta y sentado en el suelo.

 

—¿Suga? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuánto llevas así? ¡Haberme llamado! —La voz de Oikawa produce que me sobresalte y que me levante corriendo de donde estaba.

 

¿Tendré baba? Qué vergüenza. Me paso la palma de la mano por la boca de forma disimulada, mientras que abre la puerta. Me cuesta darme cuenta de que va cargado con una bolsa de la compra, así que intento ayudarle.

 

—Quería hablar contigo en persona, pero no te preocupes.

 

Dejamos la bolsa sobre la mesa de la cocina y se gira para mirarme, apoyándose en la encimera. Qué guapo está. Qué ganas me dan de besarle. Pero tengo que mantener la compostura —la poca que tengo y que me queda— y no hacer ninguna barbaridad. Sé que quiere que le diga qué me pasa. Sé que me está esperando. Pero es que no tengo ni puñetera idea de cómo empezar.

 

—A ver, yo… Quería decirte algo. Claro, eso ya lo sabes. —Respiro hondo, mirando hacia arriba para intentar relajarme un poquito—. Bueno, pues, lo que yo quería decirte era… Sí. Te lo voy a decir. Pero dame un segundo.

 

Está cruzado de brazos, con las cejas alzadas y con una sonrisa divertida en los labios. Qué cabrón. Si hasta se lo pasa bien viéndome así. Bueno, lo comprendo.

 

Ahora las manos me sudan tanto que me dan asco. Tengo que coger valor, fuerzas, decírselo del tirón. Es que no es tan difícil, ¿no? Se me viene a la cabeza la confesión de Komori, lo espontánea y divertida que ha sido. Además, es algo que representa mucho su relación: los memes y las gilipolleces.

 

Tal vez yo debería hacer algo parecido…

 

—¡Eso es! —Justo recuerdo algo, y saco el móvil de mi bolsillo con prisa. 

 

Ahora mismo quiero muchísimo al Sugawara del pasado. A ese que se grabó cantando esa canción pero que todavía está en borradores para buscar un buen día para subirlo. Hoy es ese día. En este preciso instante. Así que tecleo corriendo el pie del vídeo y le doy a subir. No sé cómo cojones he acabado haciendo esto con la vergüenza que me da, pero sé que a él le va a encantar. Lo que uno hace por amor.

 

El corazón me va a mil por hora y, cuando por fin está publicado, alzo la mirada hacia Tooru para decirle:

 

—¿Podrías mirar el último vídeo de TikTok que he subido?

 

Sin comprender mucho, Oikawa también coge su teléfono para hacerme caso. Pasan segundos hasta que me escucho a mí mismo cantando I Really Like You de Carly Rae Jepsen, teniendo el puñetero post «Oikawa Tooru ♡» de descripción. Qué angustia.

 

Estoy comenzando a desesperarme porque la canción ha terminado hace un rato, y Tooru no me dice nada. Joder. Seguro que ha sido demasiado moñas y extra hasta para él, que es el rey en eso. O a lo mejor no es correspondido, que es una gran posibilidad. No tengo ni idea. Lo único que sé es que quiero que la tierra me trague ahora mismo y no salir nunca más. O eso, o que me dé una respuesta de una puta vez.

 

De repente, me escucho otra vez a través del móvil de Oikawa. No entiendo nada, pero veo cómo se está empezando a grabar. ¿Qué? Esto es un vacile. Y se pone a hacerme las segundas voces, pero no está mirando hacia la cámara interna, sino que me está mirando a mí. Fijamente. A los ojos.

 

Me está cantando a mí.

 

Y siento cómo el mundo se para bajo mis pies. Cómo de mi estómago empiezan a nacer mariposas de sus capullos. Cómo mis mejillas toman un color rosado y me arden. Cómo, sin poder evitarlo, empiezo a sonreír como un completo imbécil.

 

Creo que sube el vídeo, porque tras grabarse hace algo más con el móvil y lo deja sobre la encimera en la que estaba anteriormente él mismo apoyado. Y lo digo en pasado porque se está acercando a mí cada vez más. Ahora sí que se me va a salir el corazón de la garganta. 

 

—Me ha gustado tu forma de confesarte. Muy nosotros —me susurra contra los labios.

 

Quiero ponerme a gritar. La cabeza me va a más de doscientos veinte. Oikawa Tooru es mi mayor debilidad, se convirtió en ella la primera vez que le conocí. Y que ahora esté pasando esto me parece surrealista; me cuesta hasta creerlo.

 

—Se me acaba de ocurrir ahora —confieso, ladeando una pequeña sonrisa nerviosa.

 

—Lo sé. Y eso me gusta más. Aunque creo que hay algo que me gusta por encima de todo.

 

—¿El qué?

 

No lo digas. Por favor. Tooru. No. No lo digas.

 

—Tú.

 

Su puta madre.

 

Las piernas me tiemblan. Tooru me agarra de la cintura con delicadeza. Junta nuestras frentes. Me sonríe. ¿Es que no piensa besarme nunca? Boqueo un poco, buscando acercarme más a sus labios para iniciar lo que tanto ansío.

 

—¿Estás impaciente?

 

—Te voy a ma…

 

Pero no puedo terminar de cagarme en su estampa porque, por fin, me está besando. Es el mejor beso que me han dado en mi vida. Y quiero gritarle que no solamente me gusta, como bien le he dicho con la canción, sino que me encanta. Pero no puedo, porque tengo la boca demasiado ocupada con algo que es muchísimo más importante y que está diciéndoselo sin palabras.

 

La unión de nuestras bocas consigue que nos vayamos pegando al otro aún más, si acaso eso es posible, y el ambiente va subiendo de tono y de temperatura. No me apetece entrar en detalles, así que hasta aquí puedo leer. Lo único que puedo dejar claro es que no puedo estar más feliz por mí y por el cabrón de Motoya. Considero que nos lo merecemos. Aunque, ¿quién no se merece estar contento alguna vez en su vida?

 

Dios santo, después de esto sí que voy a poder cagar tranquilo.

Notes:

lo siento se me fue de las manos

¡id a leer el de clary!