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Llora por Mí

Summary:

Después de mil años, Ibaraki Douji tendrá que reconciliarse con su pasado y con lo que de verdad siente.

Chapter 1: Prólogo - De la flama sagrada renací, y volé.

Notes:

Para este trabajo he estado documentándome mucho, tanto en el lore de Fate, como en los datos históricos que se tienen de los personajes. Traté de que la forma de hablar de los personajes fuera lo más fiel posible a la del juego, y de dar el menor cringe posible con las palabras que me fueron imposibles de traducir al español.

En esta historia tenemos al menos a dos onis (Ibaraki y Shuten), así que van a encontrar muchas referencias a lo que les gusta hacer con los humanos (cosas violentas y que se pueden interpretar como sexuales en su mayoría), nada gráfico aún, pero si les resulta incómodo, procedan con precaución si así lo desean.

Espero que disfruten leyéndolo, tanto como yo disfruté escribiéndolo.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

 

Como todas las lunas de sangre, la ciudad capital se encontraba bajo asalto. Los onis, en frenesí, solían bajar desde el monte Ōe para hacer un festín de fuego y muerte.

Para estos momentos, ya muy pasada la medianoche, la calle principal lucía desierta y en llamas. Había escombros en lo que solían ser diversos establecimientos y cadáveres por doquier.

En medio del estado de caos, dos pequeñas figuras con cuernos bebían en el tejado de un edificio. Una de ellas, Ibaraki Douji, se tambaleaba dando pequeños saltos sobre el borde de la estructura, como si fuera un gato, tomando directamente de una botella de licor. Mientras, la otra figura, Shuten Douji, permanecía sentada bebiendo también, pero de una forma mucho más elegante, usando un sakasuki* como vaso.

 

-El sake que hemos robado es de lo mejor, ¡De lo mejor!… siento cómo se mezcla con el fuego de mis entrañas y estoy ardiendo por dentro, me derrito, ¡Es tan divertido! 

 

Ibaraki, completamente borracha, arrastraba las palabras al hablar y sus pasos se trastabillaban peligrosamente por el borde del tejado, pero increíblemente lograba mantener el equilibrio siempre que estaba a punto de caer al vacío. La otra Oni la miraba con la ternura como de quien ve a un niño caminar por primera vez.

 

-Querida Ibaraki, ¿No me digas que te has embriagado con sólo beber 7 tokkuris**? Si es así, sería mejor que te alejes de la orilla, ya que podrías caerte y avergonzarnos a todos con tu completa falta de modales… ven, siéntate a mi lado.

 

En términos normales a Ibaraki Douji le hubiera parecido molesto que alguien le hablase de esa manera, de hecho, en términos normales, para este punto la  lengua del indiscreto estaría hecha pedazos en el piso. Pero cuando se trataba de Shuten Douji, la situación era diferente. A pesar de que Ibaraki era la gobernante del monte Ōe y de todos los onis que ahí habitaban, no era un secreto que, en realidad, quien movía los hilos era ella. 

Tomando en cuenta la personalidad de los onis y su forma de vida, puede llegar a ser increíble de imaginar que la relación entre ellas no hubiera estado basada en el  miedo, sino en el profundo respeto y admiración que Ibaraki sentía hacia ella. Mejores amigas, casi hermanas, eso es lo que eran. Siempre unidas provocando caos, muerte y destrucción a su paso.

Ibaraki se alejó del borde y dejó de lado la botella vacía.

 

 -Buena chica.

 

Después, se recostó en el regazo de Shuten, mientras que esta bebía con una mano y le acicalaba el cabello con la otra. A Ibaraki estar así, le resultaba cálido, cómodo y producía en ella un sentimiento de felicidad indescriptible.

Desde esa posición le era más fácil admirar como la noche y las llamas, que consumían la calle principal, florecían debajo de la luz de la luna roja, que cubría todo como un filtro, de una forma tan hermosa como macabra. Hasta para ella resultaba algo digno de contemplar, como el color del cielo casi negro, con estrellas dispersas, se mezclaba con la luz que emanaba la luna de sangre, creando tonalidades moradas, rosadas y rojas que iluminaban los techos. Le resultaba todo tan bello, que mucho tiempo después de esa noche, aún se lamentaría por no haber atesorado momentos así y lloraría como una niña, al darse cuenta que se había quedado sola.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un leve sonido de pasos que se acercaban sobre la calle, que a este punto estaba casi completamente cubierta de escombros. Aparte de esto, sólo persistía un tenue crujido del fuego comiéndose la madera.

 

-Son otra vez esos malditos Genji***…

 

Shuten estaba un poco molesta, porque la habían interrumpido mientras bebía, pero no se veía alterada o con miedo.

Ibaraki se incorporó de un salto y desde el borde del tejado, se asomó para ver quienes venían. Dos hombres altos de apariencia imponente y armados, se dirigían exactamente hacia donde ellas estaban. 

Tratando de enfocar su mirada borrosa, Ibaraki pudo distinguir a alguien.

 

-Oye Shuten, el tipo de los ojos azules, el que te gusta, viene para acá.

 

Shuten Douji sonrió y se levantó de su sitio, caminando pausadamente hacia donde Ibaraki se encontraba.

 

-mmm… Ya veo… ¿Será prudente que le pida que me sirva otra copa?



+++



-Hermano, creo que hemos llegado un poco tarde esta vez.

 

Sakata Kintoki lucía preocupado. Junto con varios Genji más, llevaba horas luchando con hordas interminables de onis en las calles de la capital. Los ataques de estos seres durante las lunas de sangre eran bastante comunes, pero últimamente parecía como si hubieran de alguna forma aumentado su fuerza y resistencia.

En estos tiempos, mientras los aristócratas podían mantenerse ocultos y a salvo dentro de sus enormes casas ante el frenesí de los onis, la gente común no podía hacer más que huir o esperar a ser rescatados por el clan Minamoto, del que él era parte.

Después de matar al último oni visible, Kintoki  recorría la calle principal buscando sobrevivientes o a la cabeza de toda esta conmoción. Justo en una intersección, se topó con una cara amiga, que le señalaba un tejado al fondo de la calle.

 

-…Kintoki… arriba…

 

Watanabe no Tsuna era un hombre de pocas palabras. Se limitaba a hacer su trabajo, matar onis, de forma precisa y eficiente, casi sobrehumana. Eso lo hacía confiable ante los ojos de todos y era lo que le habría hecho formar parte del círculo cercano a Minamoto no Raikou, su lugarteniente.

 

-Hermano Tsuna, es un alivio que estés aquí, como puedes ver, estoy en un apuro.-

 

Tsuna no dijo nada, sólo continuó caminando.

 

-Vale pues, primero es el trabajo, luego la conversación.

 

Kintoki, se limitó a seguirle el paso, hasta alcanzarlo. Sabía que mientras estuvieran en servicio, Tsuna solo le hablaría cuando fuera estrictamente necesario, después de todo, así eran las cosas con él. A pesar de eso y por sorprendente pareciere, Kintoki le guardaba cierto grado de estima y ya se había acostumbrado a su forma cortante de ser.

 

+++

 

-¡Miren quién ha llegado para unirse a la fiesta! El bebé llorón de los Genji está aquí-

 

Shuten Douji miraba extasiada a Kintoki, que para estos momentos, se encontraba a tan sólo unos metros de distancia del edificio donde ellas estaban. 

Ibaraki Douji, a pesar de estar muy borracha, al fin pudo  enfocar la vista y ver claramente al acompañante de Kintoki. A pesar de no recordar haberlo visto antes, un escalofrío recorrió su espalda. Al mismo tiempo, podía oír la voz burlona de Shuten cada vez más lejana, lenta y en eco.  El hombre, le devolvió la mirada.

 

-Mierda…-

 

Ella tragó saliva. Los ojos de Tsuna proyectaban un odio descomunal hacia ella. Esta sería la primera de muchas veces donde Ibaraki temblaría ante esa mirada.

 

-¿Pero por qué ? … ¿Q.. qué le pasa a ese tipo?

 

Sacudió la cabeza, tratando de aferrarse al gramo de sobriedad que le quedaba.

 

-…Soy un Oni, un Oni orgulloso, la líder del Monte ōe… no voy a dejarme intimidar por cualquier sujeto que se vea sospechoso…

 

Se decía a sí misma, para darse valor. Estando junto a Shuten no podría darse el lujo de sentir temor, ¡ella la odiaría si eso pasara!

Comenzó a observarlo detalladamente para disipar un poco su miedo. Si encontraba algo de que burlarse, sería más fácil para ella acabar con él después. 

A diferencia de Kintoki, cuyo color de cabello y ojos lo hacían resaltar de entre los humanos que ella había visto, este otro sujeto no tenía nada en particular que pudiese destacar. La forma de su cabello era ridícula, eso sí. Le recordaba a uno de los hongos que solían crecer a las faldas del monte Ōe. Soltó una risita y sonrió. ¿Cómo fue siquiera posible que ella, la líder de los onis se sintiera por un momento intimidada por ese humano insignificante ? ¡No tenía sentido!

 

- ¡Todo es culpa del sake que tomé!… ¡maldito licor de mala calidad!, le pediré más tarde a Shuten que mate al tendero a quien se lo robamos.

 

Ya más relajada y confiada, Ibaraki siguió observándolo, preguntándose si llevaba consigo algo de valor que pudiera robarle después de acabar con él. Maldijo el pedazo de tela que le cubría casi todo el cuerpo, porque le impedía ver que tipo de espada traía, pero pronto, sus ojos se posaron en algo más.

El emblema de metal que llevaba en el pecho le resultaba extrañamente conocido. Al trazar su diseño con los ojos, sintió cómo se le revolvía el estómago. Sus oídos comenzaron a zumbar y la voz de Shuten se oía cada vez más y más lejana. Su pecho comenzó a doler.

 

-¿Por qué? … ¿Quién es?

 

+++

 

-… ¡Deja de hablar basura y baja de una vez!

 

Kintoki no estaba de humor para juegos. Llevaban horas combatiendo con onis y encima Shuten Douji se daba el lujo de reírse en sus caras. 

Ella simplemente lo miraba divertida.

 

- Me temo que no será posible… ¿sabes? Falta poco para que amanezca y ya no queda más licor que beber… ¿Ibaraki? 

 

El sonido de la voz de Shuten, diciendo su nombre, la regresó a la realidad. 

 

-…¿S… si?

 

-Encárgate de dejarles alguna amenidad a los caballeros y alcánzame.

 

Y así, sin más, Shuten Douji desapareció en medio de la oscuridad de la noche. Ibaraki, que para ese momento no había participado en la conversación, se limitó a cruzar los brazos y a cubrirle la espalda Shuten mientras se iba.

 

-¡Maldita bruja! !¡Regresa acá!

 

Kintoki miró de reojo a Tsuna y vio que él se mantenía en guardia, con su mano lista para desenvainar su espada.

Ibaraki se aclaró la garganta y gritó:

 

- Estoy cansada, muy borracha y Shuten me está esperando, así que esto será breve…Torakuma Douji… ¡Juega con ellos!-

 

Antes de que Ibaraki terminara de hablar, Tsuna desenvainó su espada con intenciones de lanzarse hacia ella, pero en ese momento, un Oni rojo de 3 metros de altura salió de uno de los callejones contiguos, obstruyéndole el pasó.  Ibaraki utilizó esa oportunidad para escabullirse en la oscuridad.

 

-… Como pensé, al final no había nada de lo que preocuparse…

 

Mientras corría sobre los techos para alcanzar a Shuten, pese a haber dicho lo anterior, su mente no paraba de dar vueltas una y otra vez pensando en ese humano y el emblema que llevaba en el pecho.



+++

 

-…Hey Shuten… ¿Quién era ese?…

 

Una vez en casa, y habiendo estado dándole vueltas una y otra vez a lo que había pasado, Ibaraki al fin se atrevió a preguntar.

 

-Mmm… ¿Acaso te refieres al humano que acompañaba a “ojos azules”? … Su nombre es Watanabe no Tsuna, otro sirviente de la vaca… ¿Ha llamado tu atención?

 

-Lo quiero.

 

Shuten sonrió levemente y la miró intrigada. Ibaraki visiblemente roja y angustiada trataba de aclarar que no se trataba de nada relacionado a lo que sea que Shuten estaba pensando.

 

-No lo mal entiendas … su olor.. su olor me ha llamado la atención, eso es todo. Huele delicioso… no he dejado de preguntarme a qué sabrá un bocado de él.

 

Ibaraki se arrepintió inmediatamente de decir aquello. Pero, ¿de qué otra forma podría decirle a Shuten que ese hombre le resultaba familiar y que por alguna razón, parecía tener ganas de cortarle el cuello a la primera oportunidad y que eso le causaba terror?

 

-fufufufu… Nuestra pequeña Ibaraki se está convirtiendo en toda una oni adulta. ¿Será acaso que estás considerando en hacer de ese hombre tu primera presa?

 

-Yo…  [!Definitivamente, Shuten había entendido todo mal!.. ]

 

-Si me lo preguntas a mi, hay presas mucho más atractivas e interesantes… ese hombre es aburrido, gris, común. Se dice que está totalmente obsesionado con matar a todos los de nuestra clase, lo cual es bastante patético…

 

Ibaraki gritó internamente. Si para Shuten, ese hombre no era más que aburrido y patético, eso quería decir que su interés por él era aburrido y patético también.

 

-Pero… Linda y traviesa Ibaraki… es justo que tengas tus propias preferencias.

 

-¿P.. preferencias?

 

-Si decides jugar con él, debes devorarlo todo.

 

-¿T…todo?

 

-Ya hemos hablado antes de que no puedes simplemente despedazar y destruir sin pensar en… comer. Sabes bien que sería un completo desperdicio… y eso no es algo que haría un oni.

 

Ibaraki no podía dejar de pensar en que aún era muy temprano para ella para siquiera intentar la mitad de las cosas que Shuten le decía, pero supuso que la única forma de quitarse a Tsuna de la cabeza era haciendo justo lo que le estaba sugiriendo.



+++

 

//Chaldea, Más de mil años después//



En la habitación destinada al sistema de invocación de espíritus heroicos, se habían logrado juntar los materiales suficientes para intentar llamar a alguien del trono de los héroes.

Después de introducir los catalizadores en la máquina de invocación, estos empezaron a girar, cada vez más rápido, hasta que un brillo dorado, iluminó la sala por unos segundos.

 

-Watanabe no Tsuna, Saber… No tengo nada más que decir aparte de eso, pero si necesita a alguien que pueda erradicar onis, yo soy el indicado.

 

 

Notes:

*Es uno de tantos recipientes para tomar sake. Tiene forma plana, como si fuera un plato y la mayoría de las veces se usa de forma ceremonial.

**Una garrafa donde se sirve el Sake.

***En Fate Grand/Order, así se les llama a los miembros del clan Minamoto que patrullaban las calles de la ciudad Capital para cazar onis. No encontré alguna fuente que me indicara que existiera algo así históricamente hablando, pero supongo que el nombre viene del mismo juego de pronunciación de kanjis que se usó para nombrar a Genji, el protagonista de Genji no Monogatari, que escribió Murasaki Shikibu por esa misma época.