Chapter Text
En el Instituto del Monterrey en Querétaro, Carlos da una caminata a través de generalmente pistas de tenis abandonadas, pero esta vez, él ve a Felipe, practicando su saque.
--¡Hola! --dice Carlos, saludando a Felipe.
--¡Hola Carlos! ¿Quieres jugar al tenis conmigo?
Carlos sonrie. --Sí.
--...pero no soy bueno en el tenis… --Felipe admite.
--No te preocupes. Soy malo también. Podemos ser malos juntos.
Carlos camina al otro lado de la red, tomando una raqueta de una papelera.
--¿Me quieres servir primero o tú quieres servir primero? --Felipe pregunta.
--Tú estás más cerca de las pelotas de tenis; tú vas primero.
Felipe rebota la pelota antes de servir sobre de la red y Carlos la devuelve.
--¿Has hablado con María recientemente? --pregunta Felipe.
--No, no desde ella que se enferma.
Felipe anuncia, --Cero-quince --antes de servir la pelota otra vez.
--Pero, Jamie me dijo que ella no quiere infectar a nosotros.
--Sí, sí. Esto tiene sentido.
Dos servicios más después, el tanteo es cuarenta-quince. Felipe no es tan malo como él cree.
O Carlos quiere que gane Felipe.
Felipe está preparando el próximo servicio cuando Roberto pasa caminando, saluda a ellos.
--¡Hola, Carlos!
Carlos saluda a Roberto. --¡Hola, Roberto! ¿Vas a trabajar en las oficinas de salud?
--Sí, claro. No tengo una vida. --Él sonrie. --¿Guárdame un partido para mí, ok?
Roberto camina lejos, Felipe mira su culo. Un poco.
--Conoces a todos por aquí, --Felipe comenta, sonriendo.
Carlos se encoge los hombros. --Es por el restaurante de mi familia. Las personas necesitan comer.
--Hay una cosa no entiendo. --Felipe dice, sirviendo la pelota.
Carlos devuelve la pelota y la cae en la tierra del lado de Felipe. --¿Qué?
--Él es…guapo. ¿Por qué tú no le has pedido en una cita?
Carlos da un paso atrás. Este no es un tema del que se hable mucho aquí en Querétaro.
--Sólo he hablado a él, como, dos veces. No conoce a él muy bueno, a pesar de lo que piensas.
Carlos sirve la pelota primera de su partido segundo.
--Otra vez, él es guapo. ¿A quién le importa?
--Él también es, ya sabes, un muchacho. --Carlos enfatiza la sílaba última para probar su punto.
--¿Y qué sobre Paco? Entonces explica por qué tú conoces todos los hombres en un radio de treinta kilómetros.
--¿Qué no entiendes sobre el restaurante, Felipe?
Carlos sirve la pelota.
--Si eso es verdad, ¿Por qué son todos tan bonitos?
Carlos rueda los ojos. --Es la farmacia de nuevo. --Él suspire. --Tal vez es porque nosotros en la prepa y jóvenes suelen ser más bonitos que viejos pedos.
--No te creo.
--Porque es la verdad.
--¿Estás seguro? --Felipe levanta una ceja (como Rogelio en episodio 3)
--Sí. --Él trata concluir la conversación con otro saque.
Ellos juegan en silencio hasta que el partido termine. Carlos gana este partido, y el tanteo es igual.
Felipe es un poco mejor en tenis generalmente, pero Carlos puede servir muy bien.
Pero ahora Felipe es el servidor otra vez.
--Ha pasado mucho tiempo desde que jugué al tenis, --Felipe dice.
Carlos toca el cebo. --¿Sí?
--Sí, no desde que Michael era mi novio.
Carlos hace un pequeño sonido. --Felipe, no puedes hablas así aquí. Tú no sabes quién está escuchando.
(Nota del autor: Santana, un detective muy visible, está escuchando. Ellos no saben que él está aquí. Solo creo que eso es gracioso.)
--¿Y a quién le importa?
--Mis padres, para uno. El gobierno, para dos. La sociedad, para tres.
--Vuelvo a los Estados Unidos en un mes. ¿Qué me pueden hacer ellos en otro país?
--Don Silvestre es muy poderoso. Él usa los pesticidas ilegales. ¿Tú piensas que a él le importa sobre una frontera?
Felipe piensa por un momento. --Pero…él niño es guapo…
--¡Sí, pero no es el punto! Nadie puede hacer algo sobre él y las cosas siguen empeorando.
Felipe casi se ríe del triunfo. --¿Pero qué si las cosas son diferentes?
--Entonces mi respuesta será diferente. --Carlos hace una pausa. --Pero no es el caso…
--Así…si te pedí en una cita, tú respuesta es un no. Está triste. Tú eres más guapo que Roberto e incluso Paco. --Felipe dijo en voz baja.
Carlos piensa. --Qué sobre esto: si gano este partido, olvidamos está conversación sucedió. Si ganas, voy a una cita. Y veremos. ¿Tenemos un trato?
Felipe sirve la pelota, sonriendo. --Sí. Dale.
