Actions

Work Header

Palo santo | cuti & licha

Summary:

Esta historia está hecha meramente para el entretenimiento. Por favor, no tomar en serio el contenido de la misma.

AU: universo alternativo, las personas aquí nombradas no se vinculan a ninguno de los relatos aquí narrados, son hechos inventados.

Disfruten <3.

Chapter 1: Vainilla

Chapter Text

Lisandro se podía considerar un tipo muy creyente.

Y aunque realizó todo su ciclo escolar en un colegio católico, no se confundan, él no estaba hablando exactamente de religión; hablaba de su visible conexión con las energías, sahumerios, velas y sobre todo con el "Palo santo". Desde chiquito se vió envuelto en aquel ambiente familiar-hogareño regido por el cariño, las buenas vibras, el horóscopo y olor a sahumerio presente en cada rincón de su casa.
Aunque su situación familiar ameritó despedirse de su Entre Ríos querido para mudarse a una provincia tan grande como lo era Buenos Aires, no tuvieron mucho problemas para adaptarse al nuevo ámbito. Su abuela se había transformado en la curandera del barrio, acostumbrado a que a cierta hora del día algún vecino se acercara  para que la mujer le curara el empacho, la pata de cabra, el ojeo o el ataque de hígado. Su madre aparte de trabajar como empleada doméstica, se encargaba de leerle las cartas a algunas vecinas que le preguntaban cómo sería el futuro, además, les daba consejos o algunos rituales para atraer la prosperidad que deseaban en su vida. Siempre desde un lugar puro y con buena intención, nunca tratando de hacer el mal o herir a alguien.

Porque sí, aquel niño que había sido criado por ese ambiente tan matriarcal y comprensivo, heredó todas esas costumbres y creencias de las mujeres que más amaba en su vida. 

Es por eso que luego de mucho trabajo por parte de ambas, lograron abrir un pequeño local en una zona bastante céntrica de la ciudad. Se encargaban de comercializar sahumerios, inciensos, velas de todo tipo, piedras energéticas o taslimanes, sales corporales o minerales, algunos elementos para hacer rituales de abundancia y no podria faltar el palo santo.
Licha, como también era conocido en su barrio, se crió ayudando a su mamá y a su abuela con el negocio después del colegio, atendía a las personas que ingresaban a la tienda y aconsejaba a cada una desde sus saberes. Cuando cumplió 22 años su progenitora había decidido que podía dejar el emprendimiento familiar en sus manos con la excusa de que ella y su abuela ya estaban mayores para pasar tanto estrés entre proveedores y clientes desesperados por su futuro.

"Hola Licha, ya llegué."
La puerta del local fue abierta y por ella  ingresó su primo, a quien más bien consideraba su hermano después de básicamente criarse juntos desde nenes.

"Qué onda Ju, cómo te fue."
Abrazó al oriundo de Córdoba en forma de saludo y luego de separarse lo siguió con la mirada para ver como dejaba sus pertenecias detrás del mostrador.

"Mal, apenas una semana de clase y ya me pusieron fechas para el primer parcial de todas las materias. Un poco más y les entrego el culo directamente."
Bufó Julián prendiendo la computadora para ver cuánto trabajo tendría que realizar ese día.

Su primo tiene una historia de vida algo complicada. Nació en Córdoba, pero a sus cortos 6 años fue dejado en el hogar de su abuela (donde también vivían él y su madre), su tía no tuvo piedad alguna para abandonarlo a su suerte con la excusa de que no quería ser madre y que no quería que Julián fuera parte de su vida. Para su suerte, las mujeres del hogar se hicieron cargo de todo lo que necesitaba, no iban a dejar que le faltara nada y junto con Lisandro, quien es 4 años mayor que él, fueron criados como hermanos.

Ahora ambos trabajan a la par, turnandose para manejar la tienda y distribuyéndose diferentes labores. Porque sí, desde que Licha había tomado las riendas del negocio, ya no solo se dedicaban a comercializar todos los elementos que originalmente se vendían. Ahora también habían agregado una parte de librería, separando el local en dos y de esta forma obteniendo el doble de ingresos que antes se podían generar. Un alivio para el bolsillo de su familia.

"Bueno, te vas a querer pegar un tiro con todos los apuntes que te dejaron encagados para imprimir."
Lisandro soltó una risilla y siguió acomodando las nuevas velas que habían ingresado en el mostrador de exposición.

"Cla, vos nunca toques la impresora y me ayudes un poco."
Contestó sarcástico el menor viendo que, efectivamente, tenía al menos 6 encargos para la tarde.

"No seas trolo, después te ayudo a anillar si queres."

"Bueno, no es la ayuda que esperaba pero me conformo."
El ruido de la impresora se hizo presente en el lugar.

Entre una cosa y otra, un par de horas habían pasado. Clientes vinieron, compraron y se fueron, Lisandro se encargó de atenderlos con su característico carisma y Julián batalló media hora con la impresora porque se le había atascado el papel. Puteo como cinco veces a la máquina, cinco veces en la que Licha tuvo que pedir perdón porque justo se le ocurrió decirle groserías al aparato en presencia de otras personas que justo estaban comprando.
Ya era tarde y estaban a nada de cerrar, para suerte del cordobés habían terminado de imprimir y organizar los pedidos de cuadernillos que le habían encargado. Mañana sería día largo ya que debían entregar pedidos que gente había hecho por la página web o el instagram del local.

"Acordate de mandarle un mensaje a Enzo para que venga temprano. Hay una banda de pedidos para entregar mañana."
Recordó el mayor de los primos. Se encontraba sentado en una de las sillas detrás de la vitrina, pasando el tiempo en Twitter hasta que llegara la hora de cerrar.

"¿Y por qué le tengo que mandar mensajes yo? Si vos sos el jefe."
Julián se removió incómodo en su silla ante la mirada incrédula que Licha le había dado.

"No te hagas el boludo, si yo sé bien que se hablan todo el día y que por algo te trata como te trata."

"Bueno porque soy alguien muy amistoso, aparte a todo el mundo trata de esa forma."
Se defendió.

"Juli, yo no escuché que a mi me haya tratado de lindo o bombón."
Ah, Licha amaba avergonzar a su primito. Era obvio que el bonaerense que repartía los pedidos del local tenía un interés muy grande por Julián. No sabía porque se gastaba en negarlo.

El pelinegro estaba por refutar pero para su suerte la puerta fue abierta y el sonido de las campanitas que había en la entrada advirtieron la entrada de alguien más.

"Dale atendé y no me molestes más."
Salvado por la campana, se desligó de esa conversación y se metió en la app de mensajes para hablarle a Enzo.

Lisandro quiso reír pero se aguantó para observar a aquellas dos personas que habían ingresado.

"Hola, en qué los puedo ayudar."

Dos jovenes, podría intuir que de una edad similar a la suya, se encontraban para en frente de él. Mientras uno le ofrecía una pequeña sonrisa, el otro observaba todo el lugar de una forma medio desinteresada.

"Hola, venía a buscar algunos sahumerios. Me podrías mostrar algunos, por favor."
Aún con una pequeña sonrisa sonrisa en el rostro, el primero se dirigió a él.

Para desgracia del teñido, su atención se había guiado únicamente al de mirada desinteresada, quien al sentirse observado conectó sus miradas provocando un extraño sentimiento en el entrerriano.

"LICHA."
¿Cuántos minutos estuvo observando al morocho claramente más alto que él habían pasado? No lo sabía, pero el grito de Julián lo hizo volver a la realidad, sintiéndose muy avergonzado.

"Perdón, me distraje."
Automáticamente se dirigió hacia la vitrina de sahumerios y con la cabeza le hizo una seña a los chicos para que se acercaran. Con las manos algo transpiradas comenzó a mostrarle los diferentes tipos que tenían, hablando de las cualidades y olores de cada uno.

"Este tiene muy rico olor."
Lisandro asintió, estaba de acuerdo con el pibe de sonrisa amable.

"Es el de vainilla, es especial porque lo hacemos nosotros, los hace mi abuela."
Quizás ese comentario estaba de más, pero cada vez que tenía la oportunidad de nombrar a su abuela, él lo iba a hacer.

"Me llevo este, tiene rico olor, ¿o no Cuti?"

¿Cuti?

"Para Nahuel, me vas a meter eso por la nariz."
El tal "Cuti" alejó la mano del chico de su cara.
"Tiene rico olor, me gusta."
Y volvió a mirar a Lisandro, provocando de nuevo una sensación de nerviosismo en él.

"Bueno, me llevo este."
Aseguró Nahuel entregandole el paquetito de sahumerios al rubio.

"Dale, serian 350 pesos por el paquete de 8 y si queres el de 12 serían 500."

"Por ahora con el paquete de 8 me sirve, después puedo venir a comprar más."
Lisandro asintió y agarró el paquetito para ponerlo en una bolsita de papel que tenía el logo y el nombre del local en el medio.

Nahuel le entregó un billete de 500 así que se dispuso a abrir la caja registradora para sacar el vuelto.

"150 tu vuelto."
Le dió los billetes en la mano y con una sonrisa miró a ambos, no pudieron evitar mirar por unos segundos más al tal Cuti.
"Gracias, vuelvan cuando quieran."

Y ambos pibes se fueron del lugar.

"Qué te pasó bro, te quedaste re tildado mirando al que tenía pinta de chorro."
Julián apagó la computadora y se paró para hacer lo mismo con su querida amiga la impresora.

"No tiene pinta de chorro."

"Bueno si vos decis, igual quedaste medio gay frente a los clientes. Le voy a acusar a la abuela que estas manchando el honor de su emprendimiento."

"Por lo menos yo no me chamuyo al repartidor."
Contratacó Licha, logrando exactamente lo que quería, molestar a su primo.

"Por lo menos yo no me quedo mirando de una forma homosexual a un cliente."

"Por lo menos a mi no me gustan los turros."

"Bueno cerra el orto y vamos a casa que tengo hambre."
Julián no quería seguir discutiendo porque sabía que tenía las de perder.

Cuando el local fue cerrado, fue inevitable para Lisandro no divagar en su mente y pensar en aquellos dos últimos clientes que habían llegado. Sobre todo en el morocho de mirada intensa y vibras medio raras.

¿Qué clase de nombre era Cuti?