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Español
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Published:
2023-04-10
Words:
10,030
Chapters:
1/1
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4
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39

Prometheus

Summary:

Lio Fotia trabaja para la corporación Foresight, la cual se encarga de abastecer energía a Promepolis. Después de un par de apagones que han generado caos total en la ciudad, Lio tiene que trabajar junto a Galo Thymos para averiguar la causa de tales incidentes.

Tras una cadena de extraños eventos Lio comienza a sospechar que tiene relación directa con los apagones, lo cual lo encaminará a conocer una inquietante verdad que podría cambiar el destino de la humanidad.

© One Shot escrito para la fanzine «Stay with me» organizado por @PromareLatinoamérica [Wattpad] en conmemoración del primer aniversario de la película «Promare» del estudio Trigger.

Pueden leer y descargar la fanzine aquí
O leerlo en el perfil de PromareLatinoamerica
.

Notes:

El one-shot fue escrito en el 2020 pero recién lo subo por acá (eso incluye la nota al final del escrito) así que me disculpo por los errores que puedan existir TTuTT

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ella corría.

Y él estaba en sus brazos, tan pequeño e ingenuo como para saber la razón del escape.

También había algo radiante a su alrededor, eran olas y olas de hermosos colores brillantes. Eran cálidos como el fuego, pero si él estiraba su mano y los tocaba, no salía lastimado. Al contrario, un dulce cosquilleo iba de la palma de su mano hasta su cabeza.

De su enigmática existencia escapaban voces, Lio era demasiado pequeño como para recordar qué decían, pero eran reconfortantes. Incluso cuando esa mujer estaba completamente aterrada y su supervivencia dependiera de qué tan lejos pudieran llegar, él no sentía miedo.

Vio ramas de árboles interponiéndose en su camino, un cielo estrellado tan bello y perfecto como una bola de cristal llena de brillantina, y rocas. Rocas de todos los tamaños cayendo en el camino a sus espaldas, evitando que la cosa que los seguía pudiera alcanzarlos.

Recuerda el camino, alguien murmuró. Recuérdalo.

Las brillantes llamas fueron desapareciendo así como la tierra bajo los pies de la mujer, llegaron al borde de un acantilado donde no quedaba nada más que agua, agua que bajo la lupa nocturna parecía un hoyo profundo.

Entonces, ella sonrió.

—Lio Fotia —murmuró contra su frente—. Recuerda, Burnish.

Incluso cuando observó a esa mujer con sus enormes ojos magenta no podía recordar su rostro, en su cabeza no era más que alguien pixeleado con prominente cabellera rubia rizada.

Si intentaba desbloquear más recuerdos de esa noche o de su vida antes de ese incidente, todo lo que recibía era molesta estática.

Su última memoria era de él cayendo por el acantilado, el agua abrazando su cuerpo, prácticamente arrullándolo para que durmiera.

Era bastante curioso que aquella memoria siempre lo hiciera despertar cuando sentía el agua entrando a sus pulmones. Por lo general se caía de la cama, sus manos se posaban contra la madera de su diminuto departamento y él intentaba inhalar todo el aire que creyó haber perdido.

Su rutina no era la mejor de todas pero al menos, esa forma de despertar, le recordaba que estaba vivo.

Sobrevivió y era libre.

 


 

Promepolis era una de las diez ciudades que la humanidad fundó tras una catástrofe natural de la cual no habían registros, solo se sabía que menos del treinta porciento de la población mundial sobrevivió y que ellos fueron los encargados de restaurar la sociedad.

Al inicio todo fue bien, las diez ciudades fueron más que suficiente para abastecer a los sobrevivientes, incluso el mundo estuvo cerca de ser una perfecta utopía. Desgraciadamente se vio corrompida por la tecnología y a su vez por el dinero y el poder.

Promepolis se mantuvo al margen los primeros años pero poco a poco cayó ante la demandante modernización. La ciudad se convirtió en todo lo contrario a lo que prometió ser, la tasa de natalidad aumentó estrepitosamente y el margen entre una persona de clase alta y baja fue más marcado que antes. Las calles y avenidas se llenaron de carreteras de pavimento así como también de las magnéticas que permitían a casi cualquier vehículo desplazarse por el aire. El número de edificios triplicó y eso a su vez redujo el tamaño de los departamentos, de otro modo era casi imposible que la población tuviera un techo bajo el cual dormir.

Para algunos vivir era una pesadilla mientras que otros pasaban por alto la oscura realidad, poco les importaba debido a su estatus social o simplemente no era de su interés ya que se las apañaban para sobrevivir a toda costa.

Lio era, sencillamente, del segundo grupo.

A sus veinte años se las había ingeniado para destacar en una sociedad tan cruel y discriminante, como huérfano pudo haber tomado el camino del crimen para sobrevivir pero gracias a sus padres adoptivos pudo hallar luz en los estudios. Era tan prodigioso con los números como en la tecnología que habría sido un completo error que no dedicara su vida a ello.

Fue así como consiguió una plaza en el Corporación Foresight como parte del equipo de soporte técnico del edificio principal de la compañía. Foresight tenía en sus manos las plantas que abastecían a toda la ciudad con energía eléctrica, lo cual convertía a dicha corporación en la más importante de Promepolis.

En una sociedad donde la tecnología era como el aire mismo estaba más que claro que la energía eléctrica era la segunda moneda en circulación, sin ella ningún negocio podía estar de pie o ningún humano podría hacer sus quehaceres diarios.

El papel moneda había quedado en el pasado, en la actualidad toda transacción requería de moneda virtual o firmas electrónicas. Los hologramas eran la nueva táctica de mercadotecnia y el uso de androides iba incrementando gradualmente.

Foresight brindaba energía no contaminante, renovable y segura.

Eso convertía a Lio en alguien importante, no de la talla de Kray Foresight —presidente de la corporación— pero al menos no batallaba con el alquiler como el noventa porciento de la población.

Su vida era buena, tenía un departamento lejos de la zona criminal y un empleo prometedor, solo debía apegarse a la rutina y conseguir un ascenso para sentirse satisfecho.

O al menos eso creyó al inicio.

 


 

Los dedos de Lio se movían frenéticamente sobre las teclas de su computadora, sin apartar la vista de la pantalla intentaba arreglar un error en el sistema que había dejado sin luz a una zona de condominios.

Los fallos en el sistema eran comunes a pequeña escala pues la gran corporación Foresight aún no confiaba en ninguna inteligencia artificial que se encargara de la gestión de su base de datos. El trabajo manual era común y, por lo tanto, el error humano.

A pesar de ello no habían sufrido ningún accidente notable, todo se reducía a algunos edificios o cuadras sin suministro eléctrico por vagos minutos.

Para ello la Dra. Ardebit trabajaba en una IA que fuera lo suficientemente buena y confiable para hacerse cargo del sistema. Lo cual era, a su vez, el objetivo principal de Lio. Debía demostrar sus capacidades en programación para formar parte del equipo de Ardebit.

Su ego necesitaba ese ascenso, no solo para incrementar la cifra en su cuenta bancaria o mejorar su estilo de vida, necesitaba demostrarse a sí mismo que los sacrificios de sus padres adoptivos no fueron en vano y lograron criar a un hombre de bien.

Así que a pesar de que el error ya había sido resuelto y el suministro de energía fluía con normalidad, se había quedado un par de horas después de su hora de salida para implementar una interfaz que los alertaría con minutos de antelación si algo en el programa estuviera a punto de fallar.

Por supuesto, tendría sus limitaciones, no tenía el control absoluto de todos los sistemas que atendían a cada zona de la ciudad —su base de datos imitaba a la de un panal y él apenas tenía el dominio de una celda— pero al menos facilitaría el mantenimiento de su sector.

Muchas personas odiarían quedarse frente a una pantalla por el tiempo en que lo hacía Lio, de hecho, varios compañeros del chico aborrecían su trabajo pero lo soportaban por la paga, pero Lio era diferente. Disfrutaba perderse entre los números y letras que debía ingresar a su ordenador, encontraba algo agradable el tener que perderse en un mundo como lo era el de la informática.

En eso, de forma inesperada y fugaz, la pantalla dejo de mostrar su avance. En medio de pixeles y colores borrosos vislumbró la imagen de una extraña estructura de madera en llamas.

Esa fue suficiente distracción para que sus dedos se detuvieran abruptamente, apenas tuvo la oportunidad de parpadear para que cuando la imagen en el monitor desapareció, regresando a la normalidad la secuencia de números de antes.

—¿Qué mierda? —susurró para sí. Aún con los ojos abiertos por el asombro y sin atreverse a realizar el más mínimo movimiento.

Después de un par de segundos decidió guardar su progreso y bajar al laboratorio de Ardebit para informarle de lo acontecido. Los hackers estaban a la orden del día y el pequeño incidente podría ser obra de alguno.

Para su desgracia la doctora había terminado su turno así que tuvo que conformarse con dejar un recado con su asistente. Solo así notó que eran más de las once de la noche y que era un buen momento para regresar a casa.

Al salir del edificio se encontró con un tranquilo cielo estrellado, la luna era tan grande y hermosa que creía un sacrilegio no prestarle algo de su atención. Los días tranquilos no eran comunes en la ciudad, siempre habían sirenas por doquier.

—¿Eh? ¡¿Acaso ese no es tu novio, Galo?!

—¿Cómo puedes decir que es su novio cuando lo mandó a volar en la primera cita? —La voz de Heris Ardebit resonó de fondo, siendo más firme y menos escandalosa que la anterior.

—¡Que quede claro que aún no he aceptado la derrota!

Lio bajó la mirada al suelo antes de inhalar y exhalar un par de veces para tranquilizarse. Si bien añoraba trabajar junto a la Dra. Ardebit había algo que le disgustaba y ese «algo» compartía genes con ella, su hermana menor; Aina.

Y no, no era porque le resultaba insoportable la existencia de la chica. Lo que podía llevarlo al punto del colapso era su equipo de trabajo con quienes parecía tener una estrecha amistad, cada uno de ellos parecía más exótico que el anterior, pero quien se llevaba la corona era, sin duda alguna, Galo Thymos.

Una vez con medio millón de oraciones para no perder el control, Lio se giró hacía el peculiar trío y saludó con un leve asentimiento de cabeza. La doctora Heris fue la más distante a la hora de saludar, Aina se mostró más emocionada y consternada por el eminente desinterés por parte del rubio hacia Galo. Mientras que este último, casi como una mascota virtual con la batería a tope, se dirigió a Lio.

—¡Buenas noches, Lio! —saludó con alegría—. Hace días que no nos vemos, supongo que has estado ocupado últimamente.

Lio, de forma descarada y burlona, sonrió de lado.

—¿Te conozco? —preguntó.

Galo retrocedió de forma dramática, llevándose las manos al pecho, como si corazón doliera.

—Eso fue cruel.

—¿Su cita fue tan mal? —preguntó Aina intercalando la mirada entre el par.

—Era de esperarse —respondió Heris mientras se acomodaba las gafas con resignación—. Ni siquiera sé cómo Galo consiguió convencer a Lio para salir con él.

—¿Pueden tener algo de fe en mi? —renegó Galo—. Estoy completamente seguro que no hice nada mal, ¡seguí las indicaciones al pie de la letra!

Lio frunció ligeramente el ceño, meditando rápidamente si era buena idea seguir perdiendo el tiempo con ellos o huir de la escena.

—¿Pediste indicaciones para nuestra cita? —cuestionó al mayor.

Aina inmediatamente se mostró horrorizada, su rostro era todo un poema al grado en que Lio no sabía si reír o llorar.

—Oh, dios. Dime que no hiciste caso a la recomendación de Varys y lo llevaste al buffet de todo a un dólar.

Galo sonrió con orgullo.

—¡Claro que si! Es un buffet de muerte donde puedes comer muchos manjares a un bajo precio.

Aina se dio un golpe en el rostro y Lio no la cuestionó por ello. Él también había tenido una reacción similar cuando llegaron al fabuloso sitio que Galo había pintado como un palacio. Era, tal y como dijo, un buffet «de muerte». Situado en la zona más violenta de la ciudad, con cucarachas y ratones paseándose entre los platos, y con una administración que prácticamente te escupía a la cara si preguntabas por cubiertos limpios.

Vaya, que a Lio no le resultaba molesto comer en un lugar con precios bajos, lo que le molestó fue que su cita casi lo asesinó con el menú.

En cuanto al porqué aceptó salir con Galo era más fácil de explicar, Lio sentía atracción hacia el bombero. Lo había visto un par de veces visitando a Heris junto a Aina o con Lucia Fex —inventora de la mayor parte del equipo del cuerpo de bomberos de Promepolis— cuando esta iba a prestar sus servicios para reparar algunas máquinas del edificio.

Le resultaba un hombre muy atractivo con una peculiar personalidad, pero fingía desinterés solo para mantener su estatus de hombre de hielo que solo tenía ojos para su trabajo.

Y por lo mismo encontraba molesto a Galo, solo con él sentía que podía quitarse la máscara. Podían platicar por horas de todo aquello que escondía y el hombre jamás divulgaría eso con nadie.

Eran polos opuestos, si. Pero una relación entre ambos no era algo imposible, Lio solo quería que Galo hiciera trabajar a sus tres neuronas funcionales y se esmerara en conquistarlo.

Claro, eso sucedió antes de la fatídica cita con guisado de rata. Después de eso solo quería a Galo lo más lejos posible de él.

—Dra. Ardebit —Lio optó por desviar el tema—, hace un momento la fui a buscar al laboratorio, quería informarle sobre un fallo en mi ordenador, algo que puede tomarse como el intento de un hacker de entrar a nuestro sistema.

Heris asintió ante el informe de Lio, ignorando la escena anterior.

—Gracias por el reporte, tomaremos las medidas necesarias.

—En ese caso, me despido.

Lio hizo un ademán con la mano y se giró, dispuesto a caminar en sentido contrario al que parecía ir el grupo.

Aina de inmediato le dio un golpe con el codo a Galo, invitándolo a acompañar al menor. Galo tardó un par de segundos en alcanzar al rubio, mientras intentaba seguirle el paso, se quitó la chaqueta de su uniforme para colocarsela en los hombros una vez estuviera a su lado. Algo que el bombero había notado era que Lio era muy despreocupado a la hora de vestirse, nunca pensaba en sus salidas nocturnas que a la vez implicaban aire gélido. Era casi como si el chico no fuera consciente de la baja temperatura.

—Si sigues siendo tan despreocupado pillarás un resfriado —lo regañó.

Lio simplemente le dio un vistazo a la chaqueta y la sujetó con sus manos para evitar que cayera al suelo. El calor que emanaba era reconfortante.

—¿Cómo va el trabajo? —preguntó con genuino interés.

A veces se preocupaba por el bienestar del mayor, era el clásico héroe nato que no dudaría en entrar a un edificio en llamas por rescatar a una persona, lo cual era un sinónimo de idiotez para él.

¿Acaso no podía permanecer dos segundos quieto para pensar en una posible estrategia? No, Galo Thymos correría directo al desastre.

—Nada fuera de lo normal, hay algunos incendios en la zona oeste pero en su mayoría son provocados por fuegos que se salen de control y no por fallas eléctricas —explicó el mayor.

Lio suspiró con tranquilidad.

—Por supuesto, la corporación solo suministra energía segura. Desde el edificio podemos cortar la corriente si algo sale mal.

Tras el comentario hubo silencio, el cual no fue para nada incómodo, al contrario, fue un relajante natural para Lio quien seguía pensando en la imagen pixelada en su ordenador. Junto a Galo podía dejar eso de lado, al menos de momento hasta que se quedara solo y su mente comenzara a jugar con él.

—Sobre la cita... —murmuró el mayor con firmeza—...déjame remediarlo. Prometo llevarte a mi lugar favorito, sé que te gustará.

—¿No habrá ratas en los platos de casualidad? —Lio preguntó de forma juguetona.

—Solo un bombero con alma ardiente al otro lado de la mesa.

Al final de la oración Galo le guiñó el ojo y Lio soltó una sonora carcajada, fue apenas un estallido de alegría pero fue suficiente para que Galo ablandara su semblante y observara con ternura al rubio.

Conocía su pasado, sabía que vivió por años en un pésimo orfanato hasta que una buena familia de clase media decidió adoptarlo al cumplir diez. También que no recordaba nada sobre su vida antes del orfanato y que solía presionarse para llegar a ser una persona que pudiera sobresalir en su caótica sociedad. Así que verlo bajar la guardia era un completo regalo, dudaba que otra persona además de él hubiera tenido la oportunidad de verlo sonreír de ese modo.

—¿Y bien? —susurró con suavidad y no con la energía que le caracterizaba—. ¿Me darías otra oportunidad, Lio Fotia?

Lio detuvo su andar solo para girarse y quedar de frente a Galo, bajo la luz de la luna y las estrellas, la apariencia del mayor estaba llena de luces y sombras que afilaban sus facciones y lo hacían ver más atractivo.

Presionó sus dedos contra la tela de la chaqueta buscando los pros y contras a una segunda cita con el mayor, además de encontrarse de nuevo con una cucaracha en medio de su pasta no tenía mucho que perder.

—Yo...

De nuevo todo estaba pixelado.

Galo desapareció de la visión del menor dejándolo aturdido, la calle, los edificios, y el cielo estrellado no eran más que diminutos cuadros de colores que deformaban su alrededor. Estos parpadearon en estática un par de veces antes de mostrarle la misma escena de su pantalla. La estructura de madera, ahora a mitad del bosque, en llamas. Pero no se trataba de fuego normal, los colores de este eran más brillantes.

Le recordaban a...

«Lio Fotia. Recuerda, Burnish».

Se llevó una mano a la sien y bajó la mirada, los colores eran tan llamativos que comenzaban a provocarle jaqueca.

—Bur...nish... —murmuró en un intento de familiarizarse con la palabra.

—¡Lio! —Solo la voz de Galo lo hizo levantar la mirada, al hacerlo se percató que todo estaba bien. Los pixeles y el extraño fuego se habían esfumado como humo—. ¿Te sientes bien?

Galo lo sostenía por los hombros, intentando que no cayera al suelo por la pérdida de fuerza en sus piernas. La preocupación brillaba en sus ojos con demasiada fuerza al punto en que Lio se sintió mal, no quería verlo en ese estado.

—Estoy bien —aseguró a pesar de estarse muriendo debido al dolor de cabeza.

—Necesitamos ir al hospital —insistió el mayor—. ¿Dónde estacionaste tu motocicleta?

Lio lo apartó gentilmente pero Galo tuvo que sostenerlo de nuevo cuando intentó retroceder y se tropezó con su chaqueta, se le había caído en medio del ajetreo.

—¿Qué te hace pensar que te dejaré manejar mi moto? —preguntó intentando desviar el tema—. Estoy bien.

Galo abrió la boca con la intención de apelar pero un chasquido llamó su atención.

Al momento en que resonó el ruido las luces de toda la calle se apagaron, incluidos edificios y residencias.

—¿Un apagón?

Lio se enderezó y volvió a apartarse de Galo, observó su alrededor con el ceño fruncido.

—Jamás se había visto uno tan grande. —Lio, por inercia, buscó las luces de las casas al otro lado de la ciudad. Gracias al relieve era posible verlas desde su posición, para su mala suerte estas no aparecieron en su radar—. Mierda —masculló antes de girar y correr de regreso al edificio.

Galo lo siguió sin dudar.

—¿Qué sucede? Solo es un apagón.

—¡¿Acaso eres idiota?! —preguntó el rubio alterado—. El apagón se produjo en toda la ciudad. El equipo de los hospitales, los sistemas de seguridad en los bancos y en la mayoría de comercios, funcionan gracias a la energía que la corporación suministra.

—¿Qué hay de las plantas de luz en caso de emergencia?

Lio se mordió el labio inferior, molesto consigo mismo debido a la laguna en blanco que existía en la compañía.

—Se activan de forma manual y solo el personal de Foresight está capacitado para ello.

Galo, una vez al tanto de la crítica situación, parpadeó perplejo antes de buscar la radio que solía llevar y así poder comunicarse con el resto de sus compañeros.

—¡Si surge alguna emergencia no dudes en llamarme! —gritó mientras veía como Lio se alejaba por la calle.

El rubio asintió y se concentró en regresar a su puesto de trabajo, dada la hora solo algunos empleados y vigilantes estarían en el edificio y gracias al apagón el resto tardarían algunos buenos minutos en llegar.

La idea fue desalentadora, incluso cuando todos estuvieran en cinco minutos moviendo sus dedos sobre los teclados, tardarían al menos media hora en poner en marcha al sistema de nueva cuenta.

Por primera vez en años, Lio se cuestionó la extraña postura de Kray al no dejar que alguna IA les diera soporte en casos de emergencia.

 


 

La moral en el edificio estaba por los suelos para cuando el reloj marcó más allá de mediodía. Algunos empleados habían regresado a casa por la mañana solo para tomar una ducha, dormir una hora y regresar a sus labores. Otros, como Lio, habían preferido continuar la jornada para resolver los parches en el sistema que aún evitaban que algunas zonas de la ciudad recibieran energía eléctrica.

Lio se había equivocado, incluso con cientos de manos intentando encontrar y reparar los errores, la energía no regresó hasta un par de horas después.

Gracias a la radio que uno de sus compañeros había encendido se enteraba de las consecuencias del apagón, entre estas se reportaron una alza en los robos y saqueos, hubieron unos cuantos accidentes automovilísticos y bajas en los hospitales.

La prensa estaba loca y solo pedían respuesta a la interrogante que aquejaba a todo Promepolis: ¿Qué había provocado el apagón?

Los conspiranoicos creían que se trataba de un ataque con bomba de pulso de parte de otra ciudad, no era una mentira que desde Promepolis alcanzó su auge debido a la corporación algunas ciudades estaban cazando a Kray para poder comprar su patente.

Lio ya no tenía cabeza para pensar en ello, la única verdad fue que el apagón existió y que él llevaba despierto más de dieciséis horas.

—Hey.

El rubio apartó de golpe su cabeza del teclado y observó aturdido a Heris, juraba que si la mujer no lo hubiera molestado había caído en un pesado sueño.

—Dra... —murmuró a la par que recibía la taza que le ofrecía—. Gracias.

Heris se cruzó de brazos y observó con monotonía como Lio sacaba la lengua ante el pesado sabor del café. El chico prefería el té o el café helado con más leche que café.

—Puedes irte a casa, Fotia —anunció la doctora—. Nos vemos el lunes, Kray quiere reunirse contigo.

Lio apretó ligeramente la taza con ambas manos y observó con ojos maravillados a Heris.

—¿Por qué?

La mayor sonrió con orgullo.

—Le hablé de ti y de tu ayuda fundamental en el caos de anoche —explicó—. No te emociones pero tu ascenso no es del todo una fantasía.

Lio asintió repetidas veces, emocionado y satisfecho con el resultado de su arduo trabajo.

Cuando salió del edificio solo quería saltar y gritar de alegría, incluso sacó su móvil y llamó a Galo, después de intercambiar unas cuantas palabras Lio, finalmente, confirmó su segunda cita y la agendó para el día siguiente.

En ese momento solo quería llegar a casa, tomar una ducha y dormir, solo dormir como si no hubiera un mañana.

Ingresó a su departamento con ayuda de su contraseña electrónica y al instante se quitó los zapatos, como pudo llegó a la cocina y sacó del refrigerador una botella de agua.

Casi como si fuera un mal chiste, el escenario se volvió borroso y pixelado. Lio incluso dejó caer la botella de agua, ignorando que su contenido se estaba regando por todos lados.

Sin embargo, esa vez no solo vio la estructura de madera, el bosque o el anormal fuego, sino que también vio enormes rocas cayendo a su alrededor.

Era tan real que sintió la necesidad de esconderse debajo de la mesa para evitar que una de ellas lo aplastara y lo redujera a una bola amorfa de carne.

—¿Qué mierda está pasando? —masculló cuando un roca cayó frente a la mesa, levantando una borrosa capa de polvo.

El extraño fuego se extendió hasta su sitio, rodeando la mesa y obstaculizando su visión.

Burnish, burnish, burnish. Dulces y diminutas voces murmuraban desde algún punto de la habitación. Arde. ¡Quémalo todo!

Lio se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos con fuerza, a pesar de que las voces no eran desagradables sabía que eso no era real, todo estaba en su cabeza y debía detenerlo. De lo contrario terminaría en un hospital psiquiátrico.

—¡Basta! —gritó—. Esto no es real, no lo es.

Recuerda, Burnish.

—Solo sal de mi cabeza —susurró derrotado.

La jaqueca había regresado.

 


 

Abrió los ojos lentamente, su garganta se sentía seca y sus párpados pegajosos. Respiró con dificultad hasta que su visión se aclaró y notó que seguía debajo de la mesa.

En algún punto de su crisis se había desmayado, aunque no sabía cuántas horas llevaba ahí, pudo deducir por la luz que entraba por la ventana que era temprano por la mañana.

Con cuidado salió de su refugio y buscó su móvil, al ver la hora solo atinó a suspirar. Al parecer se quedó ahí tirado toda la tarde y noche del día anterior, en un par de horas más se reuniría con Galo para su cita.

Una parte de él quería cancelar el encuentro y descansar a gusto en su cama, pero otra temía tener otro extraño ataque así que se metió bajo la regadera con la intención de alistarse.

Buscó un conjunto casual, algo que no fuera necesariamente formal pero que tampoco lo hiciera lucir como si fuera al gimnasio. Sabía que de cualquier modo Galo lo vería con esa estúpida sonrisa suya que tanto le encantaba.

De tan solo imaginar su reacción la calma lo envolvió, en definitiva, Galo era lo que necesitaba en su vida para no saltar a la locura.

Después de tomar su cartera y las llaves de su motocicleta, Lio tomó una hoja de papel y un lápiz, antes de pegar el grafito contra la alba superficie cerró los ojos, recordando la imagen de pixeles que le era recurrente. Después los abrió y dibujó lo mejor que pudo la escena.

Ya que se trataba de un incendio y Galo era un bombero de alma ardiente este podría reconocer la imagen de algún incidente o confirmarle que había perdido la cordura.

 


 

Inferno Volcano Marguerita Megamax —anunció el dueño de la pizzería cuando les trajo su orden.

Lio sonrió y alzó una ceja para cuestionar al mayor sobre la elección de tan curioso nombre para un trozo de pan con condimentos.

Galo respondió con una sonrisa socarrona y con gesto de mano lo invitó a tomar un trozo, el rubio no dijo nada y se apresuró a comer.

—Mierda —masculló aún con algunos trozos de pan en la boca—. El nombre no le hace justicia, esto debería llamarse como Super Inferno Volcano Marguerita Megamax.

Galo echó a reír.

—Sabía que te gustaría, este lugar es el mejor de la ciudad.

—Creí que el mejor lugar de la ciudad era el buffet de la otra vez —se burló Lio antes de acaparar otra rebanada de pizza.

—Ese era el mejor lugar de la zona sur, este de la zona norte.

Lio soltó una sonora carcajada mientras asentía.

—Ok, pero eso no resta que tu lugar favorito sea una pizzería. —Galo, torpemente, sonrió y se llevó una mano a la nuca—. ¿O me equivoco?

—Este no es mi lugar favorito —confesó por lo bajo—. Solo creí que te gustaría comer algo antes de llevarte.

El rubio se sintió maravillado con la expresión de Galo, era menos escandaloso y más sereno, así que en definitiva se sintió intrigado por conocer el lugar especial del mayor. Fuera lo que fuera parecía significar mucho para él.

—Oh —musitó sin saber qué decir, en eso recordó el trozo de papel en su bolsillo y sin dudar se lo tendió a Galo—. ¿Reconoces el lugar? Sé que es un dibujo pero es una buena referencia.

Galo tomó el trozo de papel con cuidado y lo examinó a detalle, entrecerró los ojos y comenzó a rotar el dibujo con gesto pensativo.

—¿Lo reconoces? —insistió el menor.

Galo, finalmente, giró el papel para señalarle a Lio su obra de arte.

—No es por ofender pero parece obra de un niño de seis años —comentó mientras señalaba los garabatos.

Lio enrojeció y de golpe se inclinó hacía adelante para recuperar el dibujo.

—¡Devuélvemelo!

—Voy a ponerlo en mi refrigerador, se verá genial —se burló el mayor mientras esquivaba ágilmente las manos de Lio.

—¡No seas mezquino! —se quejó el rubio.

El mayor dejó que Lio recuperara la hoja pero, simultáneamente, se inclinó hacía él y le plantó un casto beso en la mejilla. Lio se quedó congelado en su lugar, ni siquiera podía parpadear o respirar correctamente, de lo único de lo que era consciente era de su fuerte latido.

—Luces adorable cuando frunces el ceño —musitó Galo con una pizca de burla—, pero me gusta más cuando sonríes.

—Realmente eres un idiota —murmuró Lio a la par que tomaba asiento y desviaba la mirada en un intento de ocultar el bochorno en su rostro—. El idiota número uno del universo —concluyó.

Comieron y platicaron por una hora más antes de pagar la cuenta y dirigirse al estacionamiento en donde habían dejado sus motocicletas, para ello debían cruzar el callejón al costado de la pizzería y una avenida más.

En el camino Lio pensó seriamente en contarle al mayor sobre sus alucinaciones, era al único que podía recurrir sin ser juzgado de lunático.

Así que a mitad del callejón se detuvo y estiró la mano, tomando a Galo del brazo para evitar que continuara su andar. El de pelo azul se detuvo y esperó en silencio lo que fuera a decirle el rubio, incluso se giró y entrelazó su mano con la suya, brindándole silenciosos ánimos.

Galo podía ver a simple vista que Lio no estaba bien, tenía tenues bolsas oscuras bajo sus ojos y su piel no brillaba como de costumbre, no sabía si se debía a la demanda laboral o al estrés ocasionado por algún asunto personal. Así que en aquel momento sería feliz si Lio se desahogaba con él, lo ayudaría en todo lo que pudiera.

—¿Todo bien?

El menor observó con melancolía la unión de ambas manos y negó.

No estaba bien.

—¿Algunas vez has escuchado sobre Burnish?

Esa jodida palabra fue suficiente para que las tapas de las alcantarillas comenzaran a vibrar como si estuvieran en medio de un terremoto. Galo se apresuró a empujar a Lio contra su cuerpo, protegiéndolo de lo que parecía a primera vista un desastre natural, sin embargo, el resto del suelo jamás se tambaleó.

Las tapas salieron volando por el aire, algunas cayendo en el pavimento mientras que otras se enterraron contra las paredes de los edificios colindantes. A la par, los anuncios de holograma que se lograban ver a la instancia se apagaron, las luces de neón y hasta la música que se escuchaba en algún rincón. Clara muestra de que el suministro eléctrico cesó.

El apagón dejó de importarle a Lio cuando, de las alcantarillas, brotaron enormes llamas de colores vibrantes, tal cual en sus alucinaciones. Solo que esa vez no habían pixeles y tampoco parecían ser delirios ya que Galo tiró de él, intentando esquivar el extraño fuego que parecía ir detrás suyo.

—¡Cuidado!

Galo lo abrazó de tal manera que protegía su cabeza y parte de su espalda para después dejarse caer contra el suelo, el fuego pasó sobre ellos pero regresó sobre el camino antes de salir del callejón en un segundo intento de alcanzar a Lio.

Este, como pudo, se levantó y sujetó la mano de Galo con fuerza antes de comenzar a correr con la esperanza de salir del otro lado pero más llamas de colores brillantes salieron disparadas del suelo, obstaculizándoles el paso.

—¿Qué está sucediendo? —murmuró Galo, asombrado por la belleza del fuego a su alrededor—. ¿Es fuego real?

—No lo sé, pero tampoco intentes tocar... ¡Galo!

El mayor estiró su mano libre para alcanzar el fuego, antes de que tuviera la oportunidad de tocarlo, Lio le dio un manotazo.

—¡Ouch!

—Idiota.

Las llamas se fueron acercando lentamente, hasta dejarlos a ambos a mitad del callejón sin la posibilidad de salir. Sin más que hacer Galo cargó a Lio.

—¡¿Qué piensas hacer?! —cuestionó el menor al notar como el mayor se preparaba para...¿correr?

Mierda.

—Te cubriré con mi cuerpo, no tienes que preocuparte —lo consoló Galo con tranquilidad.

—No lo hagas —le advirtió el rubio—. No es momento para que entres en tu estúpido modo bombero.

Galo acarició con el dorso de su mano la mejilla de Lio y sonrió.

—¿Sabes? Desde que te conocí pensé que debía estar a tu lado para protegerte a través de la chispa y la llama. No importan las circunstancias, yo te cubriré.

—¡Galo!

El mayor envolvió con firmeza el ligero cuerpo de Lio e ignorando sus reproches saltó al fuego, para sorpresa de ambos, durante el trayecto a la salida del callejón, ninguno sintió que su ropa o piel se quemara. Solo percibieron una calidez agradable envolviéndolos.

Galo cruzó la avenida sin mirar atrás, caso contrario a Lio quien se atrevió a mirar por encima del hombro del mayor solo para descubrir cómo el fuego regresaba a las alcantarillas.

El apagón no duró más de cinco minutos tras eso.

 


 

El departamento de Galo era el doble de pequeño de lo que era el de Lio. Constaba de una habitación, baño y una sala que conectaba directamente con la cocina.

Lio tomó asiento en el viejo sofá, aunque en el exterior reflejaba calma, por dentro estaba temblando. Le había confesado todo al mayor, desde la extraña imagen en su ordenador hasta el incidente de la noche anterior.

Galo simplemente guardó silencio, atento a cada una de sus palabras pero dándole la espalda, tenía su mirada enfocada en la diminuta ventana de la sala.

Por primera vez desde que se conocieron, Lio se sintió abrumado por el silencio que los rodeaba.

—Esa extraña cosa que te persigue parece ser fuego... —Galo se giró lentamente hacia él y sonrió—...así que es mi deber apagarlo.

Lio lo miró entre asombrado y preocupado.

—¿Me crees? —susurró tan bajo que creyó que el mayor no lo había escuchado, supo que estaba equivocado cuando este tomó asiento a su lado y sujetó su mano, aún con esa boba sonrisa en su rostro.

—Nunca te daría la espalda, menos ahora tratándose de un extraño fuego de colores brillantes.

—¡Galo! —se quejó el rubio—. No sabemos qué sea esa cosa así que deja de hablar tan despreocupadamente, puede ser más peligroso de lo que pensamos.

El bombero asintió repetidas veces antes de darle una animada palmadita en la espalda.

—No te preocupes, con mi alma ardiente resolveremos todo esto.

Lio bufó.

—Ajá, como si eso nos bastara. Ni siquiera sabemos por dónde iniciar.

—Le preguntaré a Remi sobre extraños incendios registrados en la ciudad, será un buen punto de partida para encontrar el sitio de tu dibujo.

—Eso suena bien. —Lio suspiró intentando liberar algo del estrés que cargaba, apartó la mano del agarre del mayor y se puso de pie—. Regresaré a casa, hablame cuando tengas información al respecto.

Antes de que tuviera la oportunidad de dar un paso tan siquiera, Galo ya lo había sujetado del brazo. Lio alzó una ceja, cuestionando silenciosamente la acción del mayor.

—Quédate aquí, al menos hasta que se resuelva —propuso—. Lio, no luces bien, necesitas descansar.

—¿Y crees que podré hacerlo estando aquí?

Galo apartó la mano y se la llevó a la nuca.

—Tengo un extintor, si pasa algo podré protegerte.

Lio sonrió, a punto de burlarse del comentario, pero hasta ahí llegó el gesto. Al instante asintió, dándose cuenta que él no quería irse, prefería tener a alguien a su lado y que mejor que ese alguien fuera Galo.

—De acuerdo.

El bombero le ofreció una muda de ropa lo suficientemente cómoda para que pudiera dormir, Lio antes de cambiarse pidió permiso para ducharse así que la próxima vez que se encontraron el cabello del rubio estaba húmedo y emanaba una ligera fragancia de jabón.

Galo colocó unas mantas extra sobre la cama para evitar que Lio pasara frío antes de sacar una almohada de su pequeño closet.

—¿Está bien que yo duerma en tu cama? —preguntó Lio mientras pasaba una toalla por su cabello—. Puedo dormir sin problema en el sofá.

—Puedo dormir en cualquier sitio —explicó Galo—. Solo descansa y no dudes en llamarme si pasa algo.

Lio tomó asiento a la orilla de la cama, su mirada estaba fija en la espalda del mayor quien estaba a unos cuantos pasos de alcanzar la puerta.

—Espera —musitó atrayendo la atención de Galo para después concentrarse en sus manos. Ni siquiera estaba seguro porqué lo había llamado—. Podemos...dormir juntos, sin problema.

El mayor guardó silencio por un momentos antes de retroceder y pasar saliva, nervioso.

—¿S-seguro? —preguntó como si eso se tratara de un sueño.

Lio levantó la mirada y asintió con firmeza.

Odiaba dormir, tener pesadillas y despertar en el suelo sintiendo que se asfixiaba, se preguntaba si eso cambiaría teniendo a Galo a su lado.

Solo quería sentirse a salvo, al menos una vez en su vida.

El mayor susurró un «vale» antes de dejar la almohada sobre la cama y acomodarse en ella torpemente, parecía un niño pequeño en busca de una pose adecuada. Lio sonrió para sus adentros y se acomodó a su lado, sin decir nada sujetó la mano del peliazul y se la llevó a la cintura mientras que él descansaba la cabeza contra su pecho.

Al inicio ambos parecieron contener la respiración pero poco a poco se fueron relajando, Galo tocó con más libertad el cuerpo de Lio atrayéndolo hacia él mientras que el rubio se permitió cerrar los ojos mientras inhalaba discretamente la varonil fragancia que emitía el cuerpo del mayor.

Era relajante.

Se sintió en calma, después de tan desastrosos acontecimientos tomó esa noche como un respiro. Galo podría ser un idiota —la mayoría del tiempo— pero tenía un corazón enorme, era la persona más sincera y valerosa que Lio jamás había conocido. Un diamante en bruto en medio de una sociedad llena de ratas y basura humana, incluso Lio se sintió no merecedor del amor que el bombero le brindaba.

Era difícil de explicar pero aunque Lio era un hombre de valores seguía apartando la mirada ante las injusticias. Todo esto guiado por los estigmas de la sociedad, él solo amoldaba a ellos para sobrevivir, y a veces se odiaba por ello.

Quería romper con los grilletes invisibles que sostenían su corazón, también quería tener un alma ardiente y quemar todo a su paso.

Jamás fue tan consciente de ese deseo hasta esa noche, mientras su cuerpo se relajaba, su mente y corazón parecían combatir contra sí.

En eso recordó el extraño fuego, las alucinaciones y...los apagones.

Tras darle tantas vueltas Lio encontró un patrón en el que la palabra «Burnish» resaltaba. Podía ser solo una coincidencia pero notó que cuando la palabra salía de sus labios un apagón precedía el incidente.

Era extraño y enigmático, pensar en una posible conexión entre eso y su existencia fue el impulso suficiente para que abriera los ojos y decidiera salir de la cama.

Apreciaba la ayuda de Galo pero no quería involucrarlo en un asunto que no pudiera manejar, así que con cuidado salió del departamento, bajó por el viejo elevador del edificio y se sumergió en las calles nocturnas.

No llegó muy lejos, se detuvo en una calle solitaria y se aseguró de que no hubieran personas cerca. También se encargó de estar relajado y poner en claro sus pensamientos; no quería apagones ni exorbitantes bengalas de fuego corriendo por la calle, solo quería un guía.

Se arrodilló cerca de una alcantarilla y pensó que si alguien lo veía pensaría que estaba loco, pero aún así continuó.

Inhaló y exhaló antes de hablar.

—Burnish —susurró con toda la calma que su cuerpo le permitió.

En una primer instancia sus manos sudaban y se aferraban al enorme pantalón de algodón que le pertenecía a Galo, pero poco después la sensación se esfumó al notar que no pasaba nada a su alrededor.

Una parte de él se sintió decepcionada mientras que la otra suspiró con alivio.

Se inclinó ligeramente hacia adelante para ponerse de pie cuando notó una diminuta llama de ese enigmático fuego asomándose por uno de los agujeros de la tapa de la alcantarilla.

Contuvo el aliento mientras ese extraño ser flotó hacia él, rodeándolo de forma juguetona mientras parecía susurrar algo con infantil voz. Al final se posó frente a la nariz del rubio y pareció reír ante su asustado semblante.

La pequeña llama regresó a la alcantarilla pero poco después salió, hizo movimientos circulares alrededor de la tapa, invitándolo a que la quitara.

—¿Quieres que te siga?

La llama se rio de nueva cuenta y entró a la alcantarilla, Lio de inmediato retiró la tapa y sin preguntarse mucho saltó al interior.

La siguió sin prestar atención a la ruta, ignorando el chillido y paso de ratas, incluso ignorando por gran parte del trayecto que estaban bajo la ciudad. La luz que emitía la llama, junto a su dulce voz, fue suficiente para que el rubio confiara en ella sin rechistar.

Después de lo que pareció un interminable camino, la llama flotó hacia una de las paredes y se metió en un agujero, este era lo suficientemente grande para que Lio entrara arrastrándose.

Cuando el rubio se inclinó para seguirla, notó que a unos cuantos metros se reflejaba luz contra una rejilla, parecía que ese sitio conectaba con el sótano de alguno de los edificios de la ciudad.

La llama flotó hasta quedar al frente de dicha luz, esperando a Lio pacientemente, el rubio se esforzó en llegar a ella y cuando creyó que estaban al final del camino descubrió que el sótano al otro lado de la rendija era enorme.

Habían paneles en forma de triángulo en la pared, eran lo suficientemente grandes para que un adulto se parara dentro de ellos.

El suelo era albo, reflejaba a la perfección la luz artificial y hacía contraste con los oscuros paneles. Más allá, Lio notó un extraño contenedor transparente en forma de diamante, dentro de él ardía un fuego similar al de la pequeña llama que lo guiaba.

Pero eso no fue todo, frente al contenedor habían dos personas más, una de ellas era Kray Foresight y la otra Biar Colossus, la asistente personal de Kray.

—Dos apagones en menos de una semana —comentó el hombre con fingida calma. Lio en un inicio pensó que le hablaba a Biar pero el mayor en ningún momento apartó la mirada del fuego—. ¿Se puede saber qué es lo que pretendes hacer? La energía es fundamental para Promepolis, gracias a tus juegos muchas vidas se han perdido.

Lio abrió los ojos de par en par al presenciar cómo el extraño fuego se transformaba en una hermosa dama, esta tenía cabello rubio ondulado que caía por su espalda hasta por debajo de sus rodillas, sus ojos eran de un brillante magenta y vestía un simplón vestido blanco que la hacía resaltar por encima de los brillantes colores del fuego.

—Thea —masculló Kray sin poder resistir más su rabia—. ¿Acaso esta es tu venganza por todos los Burnish que han perecido por el bienestar de la humanidad? ¿Te convertirás en una asesina?

La dama observó con indiferencia a Kray antes de fusionarse con el fuego y continuar ardiendo.

Kray cerró los puños con fuerza antes de girarse hacia Biar.

—Llama a Heris, necesito a todo su equipo trabajando en la IA cuanto antes.

—Si, señor.

Ambos caminaron en dirección a una salida que no era visible desde la posición de Lio, así que el rubio esperó hasta que el sonido de pasos desapareciera para llevar sus manos a la rejilla e intentar quitarla. Su intento fue en vano al inicio, de no ser por la pequeña llama que simuló una pequeña explosión y mandó a volar la rejilla, el rubio habría tenido que regresar para buscar alguna herramienta para abrirla.

La llama flotó en dirección al contenedor mientras Lio salía de la pared, tras un par de segundos se encontraron en el camino y se situaron frente al fuego ardiente.

Lio observó el contenedor para después echarle un vistazo a los paneles en forma de triángulo, a simple vista parecían ser espacios pintados de negro pero ahora que podía verlos a detalle descubrió que la «pintura» era en realidad ceniza. Algo había ardido dentro de ellos por demasiado tiempo hasta dejarlos de ese color.

—¿Qué se supone que significa esto? —preguntó hacía la pequeña llama que posaba sobre su hombro.

De las llamas a las cenizas, de las cenizas a la tierra. —Una sonora voz femenina resonó a sus espaldas, al girarse se encontró cara a cara con la mujer del contenedor, Thea—. Pero el destino de ellos ha sido peor, incluso sus cenizas fueron consumidas y todo lo que queda de ellos es carbón en las paredes.

Lio barrió con la mirada a la extraña, su cabeza no dejaba de palpitar ante su presencia.

—¿Quiénes? —masculló intentando controlar su semblante, no quería demostrar que no se sentía bien.

Thea puso una mano contra el contenedor y cerró los ojos.

—Burnish —susurró—. Alimentamos las llamas y nos quemamos.

La cabeza de Lio daba vueltas, tenía tantas preguntas que necesitaban respuesta, pero también sintió una peculiar presión contra el pecho. Aquella sensación no era del todo desconocida para él, al contrario, era demasiado familiar al grado de no sentirse en peligro frente a Thea.

—¿Puedes escucharlo, Lio? —La rubia continuó, para ese punto ya tenía la frente contra el contenedor—. ¿Escuchas sus gritos?

—¿De quién? —susurró en un hilo de voz.

Thea sonrió.

—Promare.

Al instante el contenedor comenzó a agrietarse, parte del cuerpo de la rubia se convirtió en llamas que se filtraban por los huecos. La presión en el pecho de Lio incrementó junto a la ansiedad, pero sus piernas no tenían la intención de acatar sus órdenes y moverse.

Y ahí estaban de nuevo.

Las escurridizas voces a su alrededor, parecían entre cantos y risas simplonas, infantiles e ingenuas.

Todas se extendían desde el fuego que la desconocida emitía.

Arde, Burnish, arde. ¡Quémalo todo y no dejes nada! ¡Arrasa con todo! ¡Más, más, más!

Entonces Thea desapareció, convirtiéndose por completo en fuego, las grietas se expandieron provocando que el contenedor se quebrara por completo. Los trozos botaron por doquier pero ninguno lastimo a Lio, incluso cuando el fuego escapó, el rubio se sintió a salvo.

Las llamas lo envolvieron por completo, prácticamente abrazándolo, incluso pudo sentir unos finos brazos contra su cuerpo.

—Recuerda, Burnish —Thea susurró contra su oído.

Y él recordó.

Era un Burnish, vivía para quemarlo todo. Ese era el destino que debían seguir los Burnish; las llamas quemarían su cuerpo y les darían el poder de regenerarlo. Mientras estuvieran vivos su cuerpo sería eterno. Se recuperarían sin importar cuanto quemaran. Pero una vez su vida terminara, se convertirían en cenizas.

Los Burnish eran libres, desde su existencia se mantuvieron apartados de la humanidad para no ocasionar problemas, vivían en una isla cerca de Promepolis sin causar daño alguno, ellos solo querían arder y arder.

Fueron felices por un tiempo hasta que el padre de Kray descubrió su secreto, el fuego con el que quemaban era la energía que la sociedad necesitaba y no escatimó en atrapar a cada Burnish de la isla para usarlo como materia prima de su planta.

Thea era la más habilidosa de los Burnish y pudo soportar la lucha, al menos al inicio, pero cuando la tecnología de Foresight fue más de lo que ella podía manejar no tuvo otra alternativa que rendirse. Claro, no sin antes ayudar a que un Burnish escapara de ese infierno.

Ella sabía que mientras uno de ellos sobreviviera la cacería no todo estaría perdido, así que huyó con su pequeño descendiente y lo entregó al mar para que cuidara de él, esperando que el niño pudiera sobrevivir como un humano más hasta el día en que pudiera revelarle la verdad.

Lio, hechizado por la ola de recuerdos que atacaban su cabeza, dejó que los sentimientos de Thea lo envolvieran por completo.

Sintió su rabia y dolor.

Resistir por años en ese sitio mientras veía como sus compañeros morían fue agónico para ella.

Los paneles en forma triangular no eran más que motores Prometech, estos utilizaban el cuerpo del Burnish como puerta de entrada para aprovechar la energía de Promare y así suministrar energía eléctrica a la ciudad a costa de sus vidas.

Arde, Burnish, arde.

¡Arrasa con todo!

¡Más , más, más!

La presión en el pecho del rubio llegó a su punto de quiebre entre más escuchaba las voces de Promare llamándolo, la pequeña llama que lo acompañaba pareció asustarse cuando lo vio inclinarse hacia adelante y cayó de rodillas. Sus dedos se enterraron en la tela de su camisa debido al exorbitante dolor.

Quémalo todo, incitaron las vocecitas.

Lio ya no pudo contenerse más.

Rompió los grilletes de su corazón.

Y se sintió libre por primera vez en toda su vida.

Thea usó lo último de su existencia para traspasarle el conocimiento sobre su raza y su pasado y Lio se fusionó con el fuego, creando una maravillosa criatura.

 


 

Galo abrió los ojos de golpe al sentir algo cálido contra su nariz. Su visión fue borrosa al inicio hasta que reconoció los colores de la pequeña llama frente a él e intentó golpearla.

La llama esquivó sus golpes ágilmente e incluso provocó que el peliazul cayera al suelo, este alcanzó un vaso de agua de su cómoda y le lanzó el contenido. Parecía ser suficiente para un fuego tan diminuto como ese.

—¡Wow! Realmente no hay nada que pueda contra mi —sonrió con satisfacción antes de ponerse de pie y descubrir que cierto rubio faltaba en la habitación—. ¡¿Lio?!

Rebuscó en todo el departamento —incluso bajó la cama— solo para percatarse que Lio no estaba por ningún lugar. Preocupado se dirigió a su radio para pedir ayuda a sus amigos, para su mala suerte era tan desordenado que incluso teniendo un departamento de tamaño minúsculo perdía sus cosas con facilidad.

—¡Gracias! —Galo extendió la mano a la mesita de noche donde la pequeña llama de antes daba vueltas, al parecer le estaba señalando el objeto. Antes de comunicarse con sus compañeros meditó un segundo el suceso anterior para después señalar energéticamente al inocente fuego—. ¡Tu! ¿Dónde está Lio?

La llama asintió frenéticamente y se dirigió a la ventana. Galo, curioso por el movimiento, lo siguió solo para encontrarse con que todo el vecindario estaba en llamas. Como los departamentos estaban insonorizados no fue consciente del sonido de ambulancias y patrullas hasta que abrió la ventana.

Observó sin habla todo el ambiente antes de caer en cuenta en el dragón de fuego que se enrollaba contra el edificio de la corporación Foresight.

—Lio... —susurró al sentir tan familiar al dragón. No tenía ninguna prueba que le ayudara a verificar si su suposición era correcta, pero su corazón palpitó con la misma intensidad que cuando miraba al rubio así que debía estar relacionado con él.

Su instinto no le mentiría.

—Debo ir —añadió tras algunos segundos, se giró hacia la llama y sonrió—. Gracias.

La llama se posó sobre su hombro y no se movió de ahí mientras Galo corría.

 


 

Si sobrevivió hasta ese punto de la historia solo fue para deshacerse de las cadenas que lo hicieron aferrarse a las reglas de la sociedad. Es por eso que estaba ahí, tenía que destruir la corporación Foresight y desabastecer a Promepolis de energía eléctrica.

Un constante llamado por venganza nublaba su mente, haciéndolo esclavo de esta y dejando de lado las intenciones iniciales de Promare.

Si, ardería y quemaría todo a su paso. Por los Burnishh que perecieron, por su familia perdida, por la sangre y lágrimas derramadas.

¿Por qué debía seguir desviando la mirada?

¿Por qué debería de ignorar lo que pasaba en las sombras de la ciudad?

Trabajó por dos años para Foresight, disfrutando de un puesto que sin saber ayudaba a la destrucción de su gente. Ahora solo quería reducir a una mota de polvo el edificio, fragmentar sus circuitos y pantallas, volver obsoleta su tecnología y demostrar de lo que eran capaces de hacer los Burnish.

Si, escuchaba las voces de Promare pidiéndole que extendiera su fuego pero también tenía los recuerdos que Thea le heredó en la cabeza.

Vio niños Burnish muriendo en los motores, mujeres sollozando por el espantoso dolor, hombres gritando hasta desaparecer. Sus voces eran tan potentes que eclipsaron su sentido común.

Destruir, destruir, destruir.

Para ese punto solo tenía ojos para Kray, el hombre estaba arrinconado contra la pared, aunque su semblante era duro podía ver la sorpresa y el temor en sus ojos. Él, un gran dragón de fuego, era mucho comparado a un vil humano.

Perdido en ese incesante mar de odio, abrió el hocico con la intención de convertir al rubio en un enorme trozo de carbón. La satisfacción al ver el fuego cubriendo por completo la destrozada oficina de Kray no fue suficiente para cesar el demandante instinto.

El fuego se apaciguó un poco por orden suya, deseaba ver el cuerpo del hombre, cosa que no sucedió.

Kray seguía intacto y frente a él un chico de puntiagudo cabello azul lo observaba con molesta seguridad.

¿Cómo era posible?

—Galo. —Un rugido escapó de su garganta.

—Lio —respondió el mayor—. No entiendo qué está pasando pero definitivamente no te dejaré destruir la ciudad.

El enorme dragón dejó escapar otra bocanada de fuego ardiente, sin darle oportunidad de explicarse y teniendo la esperanza de que esa vez el incendio acabara con los minúsculos humanos que se posaban frente a él. Pero ese segundo intento no tuvo mejores resultados, el dragón rugió con mayor furia ante su fallo.

Galo, al presenciar su caótica frustración, le mostró la pequeña llama que posaba en su mano. Era la misma que lo había guiado hasta el sótano del edificio pero ahora protegía, por alguna razón, al mayor.

—Tienes que parar —replicó Galo con firmeza.

—¡No lo entiendes! —El dragón se alzó alrededor del edificio, presionando con mayor fuerza la estructura para que se quebrara—. La corporación Foresight debe pagar por sus crímenes.

—No lo entiendo —aceptó el peliazul mientras caminaba más a la orilla—. Lo que sí entiendo es que esta no es la forma, tú no eres así. —Extendió su mano libre, casi como si tuviera la intención de alcanzar al dragón y sonrió—. Lio, tu alma solo debería arder.

Él mejor que nadie sabía a lo que la ciudad se atenía con la falta de electricidad, era su deber evitarlo como parte de la corporación, pero también se sentía asqueado al ser parte de ella.

Buscar un punto intermedio era agotador y solo provocaba que su cabeza diera más vueltas. Pero luego estaba Galo, al bombero poco le importaba que su cuerpo hubiera sido sustituido por enormes llamas para conformar a un majestuoso dragón, lo observaba con tanto cariño que era imposible que su corazón no flaqueara.

Quizá...podría encontrar una solución con su ayuda.

Poco a poco fue apaciguando los incendios de la ciudad, conteniendo todo en su interior hasta que el dragón desapareció y él quedó al descubierto frente a Galo.

El mayor sonrió orgulloso por la decisión del rubio, pero antes de tener la oportunidad de acercarse o al menos decir algo, un disparo resonó.

Galo cayó de rodillas, un hilo de sangre escurrió por la comisura de su boca antes de caer por completo en el suelo.

—¡No!

Lio solo atinó a arrodillarse a su lado.

—¿En serio? —La voz de Kray resonó de fondo, el hombre había desenfundando una pistola que a simple vista parecía común y corriente pero una línea de luz azul recorría parte de su superficie—. Creí que siendo un Burnish serías de corazón duro —espetó de forma burlona.

—Tu... —bramó Lio entre dientes antes de levantarse e intentar dañar a Kray con las llamas que se alzaban de sus manos.

El hombre fue más ágil y esquivó los golpes, en un hábil movimiento pateó las piernas del rubio y golpeó su abdomen para obligarlo a quedarse en el suelo.

—Es graciosa la forma en que funciona el destino —explicó Kray—. Sabía que los días que le quedaban a Thea eran contados y necesitaba una solución para que la energía no escaseara en la ciudad. —Sonrió—. Y ahora mírate aquí.

—¿Destino? —cuestionó Lio mientras intentaba ponerse de pie—. No voy a dejar que el destino ni tu decidan por mi.

El primer impulso del rubio fue generar una larga bengala para aprisionar Kray, pero el hombre actuó primero, apuntó la pistola en su dirección y tiró del gatillo. Por suerte, Lio alcanzó a golpearlo, provocando que este cayera por el borde del edificio y él consiguió esquivar el disparo.

Su atención de inmediato viajó a Galo, quien estaba ahí, frente a sus ojos desangrándose y él no podía hacer nada para ayudarlo.

De inmediato regresó a él, con cuidado lo giró y colocó su cabeza contra su regazo. A pesar de su lamentable situación, Galo sonrió, Dios, sonrió y Lio sintió que el mundo a su alrededor no se estaba desmoronando.

—Lio —musitó a la par que extendía su mano para tocar la mejilla del rubio—, estás bien.

Lio alcanzó su mano y la apretó ligeramente contra la suya.

—Lo lamento...estaba tan enojado...debí regresar y decirte lo que pasaba... —dijo en un hilo de voz, sus ojos reflejaron terror puro y genuino.

El bombero tiró de Lio para cubrirlo con sus brazos mientras le murmuraba al oído que estarían bien, aún tenía esperanza de que podían salir aunque las vigas y trozos del techo seguían cayendo, así como el suelo a su alrededor.

De la mano de Galo escapó la pequeña llama de antes, sorprendiendo a ambos.

—¿Sigues aquí, amiguito? —preguntó el mayor, ignorando por un segundo el dolor que se expandía por su abdomen.

La llama pareció lloriquear algo mientras se apretaba contra la mejilla de Lio, al notar que el rubio estaba en un inminente estado de shock y no haría caso de sus señales, se tiró contra Galo, incrustándose en su pecho.

El mayor ya no percibió dolor alguno en su cuerpo, incluso sintió como una cubeta de agua caliente se vertiera en su interior, llenando su cuerpo de energía. Cuando la herida en su piel desapareció, la llama salió, ahora con un tamaño menor al anterior y descansó en la palma de Lio.

Galo, asombrado, se alejó del rubio y comenzó a tocar su cuerpo.

—¿Qué acaba de suceder? —preguntó curioso.

Lio apretó la pequeña llama contra su cuerpo y cerró los ojos.

—Creo que...es el primer fuego que encendí... —susurró.

El bombero se levantó y le ofreció una mano.

—Lio, tenemos que irnos. Dentro de poco el edificio se derrumbará por completo.

El rubio abrió los ojos de golpe y negó.

—No puedo regresar, soy un Burnish, Galo —argumentó con pesadez—. La corporación ha estado usando a los de mi clase por años para suministrar energía a la ciudad...ahora soy el único que queda y...

—No eres él único —interrumpió Galo con total seguridad—. Esa pequeña llama es como tu.

Lio también se levantó.

—Pero...

—¿Y si existiera algún modo de que ella nos ayude a seguir suministrando energía?

La llama pareció mirarlos y se agitó con emoción entre los dos, parecía estar de acuerdo.

—Galo, lo que dices es solo una suposición. ¿Si no es posible? ¿Si hay más personas como Kray?

—Ya te lo he dicho, Lio. —Galo sonrió con sencillez—. Yo te protegeré, no permitiré que nadie te haga daño. Con ayuda de Heris, Lucia y el resto, lo haremos funcionar. Solo confía en mí.

Lio observó la mano aún extendida de Galo y suspiró antes de tomarla.

—Confiaré en ti, Galo.

Siempre confiaré en ti.

Notes:

Decidí nombrar «Prometheus» al one-shot gracias al mito de Prometeo y por la alegoría de este con la trama de mi relato.

Prometeo era uno de los titanes de la mitología griega, junto con su hermano Epimeteo, debía crear la humanidad y proveer tanto a los humanos como a los animales todo aquello que fuera necesario para vivir.

Epimeteo comenzó creando los animales, les otorgó características como el valor, la fuerza, la rapidez, además de características físicas como patas o pelo para poder sobrevivir. Tenía que crear un ser que fuera superior a los demás pero no sabía qué hacer, así que recurrió a Prometeo para ver si podía ayudarle.

Prometeo decidió dotar a los seres humanos de una forma mucho más noble y la capacidad de andar erguidos en dos piernas. Además, les otorgó la capacidad de trabajar y construir, así como también les enseñó a domesticar a los animales y a recoger los frutos de la tierra. Pero además les otorgó un don, la capacidad de hacer fuego obtenido de una chispa del carro del sol.

Sin embargo, no todos lo vieron tan beneficioso. Zeus se enfureció ante tal osadía, ya que les había dado un elemento que se consideraba divino, el fuego.

Pasaron muchas cosas (miren esa habilidad de resumen xD) pero al final Zeus ordenó a Hermes que encadenase a Prometeo en una cueva del Cáucaso. Allí cumpliría su castigo: un águila le devoraría las entrañas durante treinta mil años pero sin provocarle la muerte, ya que éstas se regeneraban continuamente. Se libró finalmente de su tortura gracias a la ayuda de Heracles, quien le liberó y mató al águila.

Y bueno, aquí el simbolismo es la existencia de los Burnish, el cómo la corporación Foresight hacía uso de ellos para abastecer a la ciudad (de Thea principalmente) como si fueran el águila que le devora las entrañas a Prometeo. Lo sé, es algo sosa la explicación pero quería hacer alusión a la mitología griega dado que el propio Promare tiene algunos guiños de esta en el uso de nombres de sus propios personajes.

En fin, si llegaron hasta este punto no me queda más agradecerles su apoyo ✨