Chapter Text
Todo empieza aquí; cuándo Nagi conoce a Reo y mucho después, sus vidas se entrelazan para siempre.
Fue en el primer día en que ellos montaron su equipo de fútbol, —y Nagi está tan sorprendido, el poder del dinero y los Mikage es asombroso—, cuando Nagi se enteró de este secreto. Todos los miembros presentes necesitan entrenar duro si quieren formarse como equipo, eso incluye a Nagi y Reo en esto —incluso si Nagi, en primer lugar, no quería hacerlo—.
Nagi empieza a desvestirse lentamente resignado a su destino lleno de esfuerzos innecesarios y trabajo duro —su peor enemigo—, adiós uniforme escolar estándar, hola odioso uniforme de educación física. Reo aún no se ha movido para quitarse la ropa, pero está escondido detrás de él, en esa esquina del vestidor donde ellos decidieron apartarse del resto. Ni siquiera los mira, Nagi cree que luce un tanto raro allí y se supone que él es el bicho raro aquí.
—¿No te vas a cambiar, Reo? —pregunta dándose la vuelta, sin la camisa puesta.
Reo parece volver a tierra cuando Nagi le habla, tiene la mirada perdida un segundo antes de reaccionar, por un instante Nagi puede ver inseguridad en esos grandes ojos violeta —en alguien como Reo le ha extrañado, nunca imaginaría qué pudiera ser inseguro—.
—Sí, es cierto. Lo siento, estaba distraído —Reo contesta pestañeando, le da la espalda a todos y a él allí, decidido a cambiarse—. Cúbreme con tu cuerpo, Nagi —es una extraña petición viniendo de alguien como Reo.
Sin embargo, por muy raro que fuese, Nagi obedece a la orden de Reo tal cual un empleado a su jefe sin cuestionar, usa todo su cuerpo y tamaño para obstaculizar la vista del resto de los miembros allí. Él echa un vistazo a todos, los chicos están riendo a carcajadas, jugando y haciendo payasadas entre ellos mientras se cambian de ropa, lanzando cosas de aquí para allá, están en su mundo y no prestan atención a ninguno de los dos y lo que están haciendo. Quizá eso es bueno si es que Reo no quiere ser visto cuando se cambia de ropa.
¿Es vergonzoso para Reo qué otros le miren desvestirse? Curioso.
Hay tanto de Reo que Nagi no conoce aún, apenas tienen días de haber empezado a hablar, le falta mucho por conocer y entender de este chico millonario. Un Reo tímido es tan nuevo como fresco. Incluso el gran Reo puede ser una persona tímida, increíble.
Nagi mira sobre su hombro al chico atrás de él, sin malas intenciones de por medio e interesado en saber si Reo pronto estaría listo —le molesta estar tanto tiempo en la misma posición—, y fue ese descuidado vistazo lo que le hizo sumergirse en este secreto tan valioso, los ojos grises se abrieron por completo por la sorpresa, y vaya sorpresa. De repente, Nagi siente un ligero ardor incómodo en el rostro.
Reo se ha dado cuenta que está mirando, le reprocha abochornado, está molesto pero no hace un escándalo al respecto, de hecho, luce bastante sereno para ser este tipo de situación nada convencional.
—No veas, Nagi —murmura despacio con las cejas fruncidas, usando sus manos para tapar su cintura.
Nagi sacude la cabeza, borrando su expresión embobada y mirada perdida—. Lo lamento —susurró agachando la cabeza, su disculpa es sincera y está apenado en el interior porque su rostro no cambia esa única cara que lleva siempre. Mira hacia al frente, se asegura de que nadie sospeche de su rara posición y que nadie más vea a Reo.
Lo que Nagi vio de Reo fue una figura femenina, Reo es un chico con una figura femenina bajo el uniforme. Y eso lo llena de intriga.
Al atardecer, después del duro entrenamiento de ese día, ninguno de los dos habla a profundidad del asunto salvo unas palabras que los une aún más. Ya no se trata sólo de fútbol para Nagi y Reo, ahora es mucho más para ellos. Es mucho más para Nagi de lo que Reo imagina.
—No le digas a nadie, por favor. ¡Eso es un secreto entre nosotros dos! —no es una súplica, ni mucho menos una petición, tampoco le estaba pidiendo un favor de rodillas. Reo tiene un semblante serio y el mentón en alto, no hay titubeos en su postura.
Y Nagi asiente, comprendiendo todo tan fácilmente—. Sí, jefe.
—Buen chico —Reo tiene una amplia sonrisa y sus ojos se iluminan incluso más, se cuelga del cuello de Nagi pase a sus quejas y se marchan juntos de la chacha.
La sonrisa de Reo lo es todo para Nagi. Y este secreto lo es todo para los dos, entonces, Nagi promete inconscientemente protegerlo.
Los días siguientes son de entrenamientos, cansados, duros, molestos, qué de todas formas Nagi hace sin falta por mucho que se queja, y pasar tanto tiempo juntos qué es como un sueño. Nagi siente que son cortos los días junto a Reo, lo cual es una pena y le disgustó cuando concluía otro día donde debían separarse. Fue extraño, la última vez recordaba desear el fin de clases para correr —sin correr— directo a casa.
El fútbol oficialmente le ha freído las neuronas, terrible.
—De hecho, no fue hace mucho cuando por fin lo acepté. Apenas ha pasado un poco más de un año —Reo lleva una papa a su boca y la muerde, mastica suavemente antes de continuar—. En la secundaría, aún usaba uniforme femenino.
Nagi observa las manos de Reo, son blancas con dedos largos y delgados, a comparación de las manos de Nagi eran pequeñas. La mano de Reo se desliza hacia la bolsa de papas que reposa en su regazo y los dedos cogen algunas papas, cuando las papas entran en la órbita de Nagi, cerca de su boca, abre la boca y come lo que Reo le ofrece.
Digerir fue sumamente molesto, pero ha encontrado menos molesto ser alimentado y lo siente bien permitirlo.
—Es por eso que no se nota, gracias a la terapia de hormonas —Reo explica mientras toca su pecho y después desliza suavemente los dedos en su rostro marcando las facciones de la cara, desde el mentón hasta los pomulos. Incluso si Reo aún tiene ciertas facciones delicadas o un rostro más fino al estereotipico masculino conocido, el tratamiento había hecho lo suyo y su cara era lo suficiente tosca para no notar a simplemente vista ni mucho menos sospechar. Era un niño lindo.
Nagi, qué escucha atento, está interesado en la conversación aunque su semblante no lo delata—. ¿Un año y algunos meses de tratamiento hormonal? —pregunta después de masticar las papas y lame de sus labios las migajas qué han quedado.
—¿Puedes creerlo? ¡Hay personas que sólo requieren meses! Es un tanto frustrante, mi cuerpo no ha sido fácil por mucho tiempo no quiso cooperar, aún así, ya empiezan a notarse los cambios ¿No es genial? Nadie lo ha cuestionado —luce tan feliz por ese hecho, tarareando con una sonrisa que muestra sus dientes.
Oh si, definitivamente es genial para Nagi. Aún no puede creer lo increíble que es Reo, parece que nunca parará de sorprenderlo.
Reo aún le cuenta un poco más, sobre las cosas que sintió y todos los cambios que tuvo que vivir a partir de la aceptación de su género.
—Y entre aquí en esta preparatoria, con este nombre y esta apariencia sin que nadie tenga idea de mi anterior yo. No ha sido fácil ocultarlo pero hasta ahora nadie lo sabe, no hay nadie que sepa aquí, a excepción del director, el consejero y por supuesto… Tú, Nagi.
Es el único estudiante en toda la institución qué lo sabe, ni siquiera los compañeros y otros amigos de Reo. Nagi es el único que sabe de la transición de Mikage Reo.
Un secreto de los dos que se transforma en algo que mueve el corazón de Nagi.
—¿Qué pensaron tus padres? —pregunta Nagi mientras Reo libera la bicicleta del aparcamiento de bicicletas en el estacionamiento de la escuela.
Reo acomoda la bicicleta, le ofrece a Nagi el asiento trasero y respira profundo antes de responder—. Ellos estaban tristes por mi, lloraron mucho, estoy seguro de que fue tan doloroso para ellos como para mi el decirles —lo último que vio Nagi antes de que Reo se subiera a la bicicleta, fueron los ojos violeta, qué solían ser brillantes y llenos de vida, sombríos de tristeza.
A Nagi le gustaría borrar toda expresión de tristeza o angustia que Reo pudiera tener. Ojalá existiera el poder de desaparecer las penas y el dolor de las personas, ojalá Nagi tuviera dicho poder.
—Sin embargo, lo aceptaron, no hubo una discusión sobre qué estaba confundido, si era alguna clase de etapa rebelde o lágrimas por ser la decepción de la familia, no se trataba de eso —en esta posición, Nagi sólo puede observar la espalda de Reo mientras pedalea. Le sorprende la capacidad de Reo para llevarlo a cuestas pase a su tamaño más reducido, su fuerza también debía serlo, y aún así era tan fuerte y rara vez se quejaba, a diferencia de Nagi. Al menos estaba lleno de energía y entusiasmo—, pero ellos aún insistieron sobre si estaba seguro de esto, no querían que sufriera. Ningún padre quisiera eso para su hijo. Dejé de ser su delicada princesa, para ellos me volví su frágil y vulnerable príncipe.
Qué mentira, Nagi difiere y podría discutir con argumentos sólidos.
No hay nada frágil en Reo, no existe esta persona vulnerable, nunca conoció otro chico más asombroso, fuerte y valiente. Para Nagi, no existe nada más asombroso que Reo.
—Mi madre me sujetó de las manos y dijo ''Hijo, no quiero que te lastimen''. Fue la primera vez que me dijo hijo, lo hizo tan natural después de haberlo confesado, como si siempre hubiera sido su hijo, supe que todo estaría bien a partir de allí —algo cambió en el tono de Reo cuando dijo eso último, algo que hizo que las preocupaciones de Nagi se desvanecieran tal cual el viento se lleva consigo las partículas de polvo.
Nagi suelta un zumbido, le da a entender a Reo que escucha aunque sus ojos deambulan por el paisaje qué recorren mientras viajan en bicicleta.
Los dos se detienen en el puente, disfrutan de la caída del sol como el atardecer pinta cada kilometro de su bello naranja, Nagi sostiene con sus pies la bicicleta para que no pierdan el equilibrio, Reo gira a verlo con una sonrisa.
—¿Qué piensas tú, Nagi? Dime que es lo que pasa por tu cabeza ahora.
Él no responde enseguida, mira hacia la tierra, al río y los peces qué nadan, se pregunta que tanto les falta para cruzar el puente, y después mira a Reo.
—... ¿Podríamos reducir el tiempo de entrenamiento?
—Uhm, a ver —Reo finge pensarlo un segundo, con un dedo golpeando suavemente el labio inferior—, ¡Nah! —y sólo se ríe de él, para volver a incorporarse y seguir manejando la bicicleta.
Nagi resopla, él piensa que Reo es maravilloso.
Luego de un día lleno de duro entrenamiento y prácticas infernales, —Nagi piensa quejarse en recursos humanos sobre la explotación laboral, porque si esto es una asociación y Reo es su jefe, debe haber recursos humanos en algún lado—, es normal acabar tan sudados y apestosos. Nagi puede sentir pegajoso el cuerpo lo cual es asqueroso e incómodo, le disgusta incluso si no es fanático de los baños. Observa que Reo intenta inútilmente quitarse un tanto el sudor con una de las toallas, tal parece que están en la misma página.
Ambos quieren un baño, aunque pueden conformarse con una ducha hasta llegar a casa al menos. Todos los miembros del equipo gritan felices de que Reo de el dichoso pase libre para irse, corren como simios locos directo hacia las duchas para un baño antes de largarse a casa, todos huyeron de la cancha menos ellos dos.
—Reo —Nagi llama al muchacho que toma agua de su botella y se acerca lentamente, tiene el cuerpo pesado y acalambrado—, ¿Nos duchamos?
Reo le dirige la mirada limpiandose los labios, sus mejillas se tiñen de rojo tan rápido Nagi mencionó ir a bañarse juntos. Se vio avergonzado un segundo, es tan efímero, pero Nagi lo atrapa por siempre en su memoria.
—Aún no estoy seguro, es un poco... —las manos juegan con la botella y no mira en la dirección de Nagi.
Aquí vamos, este Reo tímido qué Nagi no conoce tan bien, pero está dispuesto a traerlo consigo.
—Está bien si sólo somos nosotros ¿No? —es tan ventajoso qué Nagi tiene un aura despreocupada y desinteresada en todo, de esta forma hace las cosas más fáciles para ambos.
Si, eso le da ciertos puntos a Nagi, sin embargo, Reo aún no está convencido con la idea, mira hacia las duchas como si quisiera algo de allí. Nagi sabe que le gustaría, hay algo en Reo que anhela tantas cosas que el resto de chicos hace con suma naturalidad.
—Puedes quedarte así, y nos iremos cuando todos se duchen, tendrás que esperar a llegar a casa con todo ese sudor y mal olor encima —ahí lo tiene, Nagi ha sabido mover los engranajes correctos y Reo le muestra un puchero.
—¡No mires! —grita Reo dándole la espalda y quitándose la camisa.
—No lo hago —Nagi cierra los ojos, aún intenta quitarse la ropa de esta forma, pero es tan torpe sin su visión y tropieza chocando con uno de los bancos en el vestidor, reprimiendo un quejido de dolor y tratando de sobar su antepierna.
Reo suelta una carcajada qué alcanza cada rincón del vestidor. No puede verlo, lo cual es lamentable, pero puede oírlo, incluso las risillas qué aún suelta entre dientes tratando de contener seguir riendo tan fuerte.
Pobre de él, qué cruel es Reo, aunque ríe como un ángel.
Cuando Reo para de reír, se limpia las lágrimas qué se han pegado a sus pestañas—. No tienes que desvestirte con los ojos cerrados, Nagi.
Nagi suspira y asiente aún con los ojos cerrados, espera a que su compañero se quite la ropa, cuando al fin Reo le asegura que se ha quitado todo y lo escucha correr hacia las duchas él puede abrir los párpados y terminar de quitarse la ropa.
Escucha la regadera abrirse, el agua caer y de repente se siente tan nervioso sin ninguna razón.
No hay razón para estar nervioso, se está duchando junto a otro compañero, se ha duchado tantas veces con muchos otros compañeros y las regaderas abarrotadas de estudiantes. No, error. No es cualquiera, es Reo, y Reo es tan increíble.
Quizá sí tiene razón para estar nervioso.
Nagi entra a las duchas después de guardar el uniforme sucio, Reo está muy apartado del resto de las regaderas, por poco del otro lado de la sala de baño. Y él comprende, Nagi no objeta ni lo cree raro, ellos se bañan lejos del otro.
—Ah, definitivamente esto se siente muy bien —soltó Reo, hablando desde lejos. Aún en la distancia se escucha claramente su voz.
Nagi suelta un zumbido, le transmite con ello que lo escucha, se lava todo el cuerpo restregando el jabón en cada rincón, procura tallar fuerte en una sola vez para no tener que pasar el jabón una segunda vez, es su técnica infalible de baño para personas flojas como él.
Sólo se escucha cuando las regaderas se abren y se cierran, y, oh, el tarareo de Reo. Si, se siente muy bien ¿Fueron los baños siempre tan satisfactorios?
—Gracias, Nagi. Se siente... cómo ser parte de ustedes.
Al escuchar eso de Reo, el ritual de Nagi se detiene. Los ojos grises de Nagi se abrieron más borrando su expresión usual de cansancio.
—... Sólo es una ducha Reo, siempre has sido parte —respondió, elevando la cara mientras abría la llave de la ducha, dejando que el agua cayera suavemente en su cara. Que sensación tan agradable.
No hay nada más que silencio después de ese intercambio de palabras.
Nagi quisiera ver el rostro de Reo, pero no puede hacerlo al estar tan lejos, y Reo se encontraba de espaldas a él, aún así desde allí puede ver la figura de este en el cubículo, nunca se sintió tan afortunado de ser tan alto como ahora, porque puede ver las orejas de Reo y lo rojas qué están mientras este desliza detrás de las mismas los mechones húmedos qué se le han escapado pase a tener el cabello recogido para no mojarlo.
Con una mirada ambos están de acuerdo en que Reo saldrá primero de los baños, pero se queda allí paralizado sin moverse y no abre la puerta de su ducha. Algo está mal.
—Olvidé la toalla —suelta encogido en su sitio. Nagi escucha que balbucea, debe estar maldiciendo.
—Iré por ella —es una molestia tener que hacerlo. .. pero es una que hará por Reo, no lo dejará en ese aprieto.
Nagi se arrastra fuera del cubículo, busca en paso lento las toallas qué Reo le ha indicado están en su casillero —específicamente esas, por preferencia de Reo—, y después de encontrarlas vuelve hacia Reo. Toma un bocado de aire profundo sin que su compañero se de cuenta, cierra los ojos.
El intento de Nagi de llegar hacia Reo con los ojos cerrados es tan pobre, simplemente no puede lograrlo, su torpeza le hace tropezar con sus propios pies o acabar yendo en la dirección contraria —y Reo tiene que decirle que se equivocó de lado—. Reo quiere reír de sólo verlo, todavía no entiende porqué lo intenta de esa forma pero es tan divertido e hilarante, Nagi choca unas cuantas veces con las paredes y él trata, realmente lo hace.
—Basta Nagi, abre los ojos, sólo soy un hombre más aquí ¿No?
Él se mantiene inmóvil cual roca luego de oír la voz de Reo.
Si, es cierto. Ambos son dos hombres aquí. Naturalmente pueden verse desnudos sin hacer un lío sobre eso.
Nagi decide abrir los ojos al fin, mira a Reo, y este le mira de vuelta, chocando miradas y mezclando el violeta con el gris, definitivamente han logrado dar este paso con cierto éxito, pero sus caras están totalmente teñidas de rojo brillante como si fueran dos cerezas de frente, y están tan nerviosos. Nagi le alcanza la toalla a su compañero y este la toma, ambos completamente rígidos en sus lugares.
—Gracias, Nagi —Reo se cubre el cuerpo con la toalla y usa la otra para secarse el cuello. Aún parecen dos piedras qué han descubierto tener movilidad.
El chico más alto asiente para girar en sus talones mecánicamente e irse a su cubículo, todavía teniendo la cara de color, pero antes de irse escucha la risa de Reo y eso le hace voltear a verlo.
Reo tiene una mano en los labios, sus hombros se sacuden y su risa se hace más ligera. No parece querer ver a Nagi al rostro porque no levanta el mentón.
—Lo siento, es que me causó gracia. Somos como unos niños… —y al fin, sus ojos se encuentran con los de Nagi.
—... Tienes razón —la tensión en sus hombros se liberó y resopló con fuerza.
La sonrisa de Reo cura los nervios.
Ambos salieron de las duchas, Reo se mantuvo en su esquina después de secarse con las toallas y colocarse el uniforme después del binder y la ropa interior.
—Fue mucho por un día, quiero ir a casa —Reo suspira guardando todas sus cosas en el casillero y tomando su bolso.
Nagi, qué le estaba escuchando desde su lado del casillero, asiente con la cabeza zumbando... Están en la misma página, de nuevo.
Con el rostro escondido entre los libros que mantiene parados en su escritorio en una improvisada barricada, Nagi come su pan relleno de crema de nuez a escondidas —en teoría, también a escondidas de Reo—, según el indicado de ese día, y juega una partida en el celular.
El profesor habla y habla sin parar, explica con su voz aburrida y monótona la clase con temas que a Nagi no le interesan, le produce sueño tanto parloteo y a veces sus párpados caen queriendo rendirse. De no ser por el juego en su celular que lo tiene hipnotizado tendría una siesta prolongada hasta la siguiente clase, y quizá hasta la siguiente a esa si tenía suerte de no ser despertado.
Nagi suelta un bostezo y se limpia la lágrima de la pestaña, el celular empieza a vibrar en sus manos interrumpiendo el juego y lee el nombre del contacto bien conocido en la pantalla.
Por qué Reo le llamaría a esta hora, sabiendo que él está en clases, y este también debería, supone, estar en clase, no podía ser así de irresponsable e imprudente, no Reo. Antes de que Nagi pueda tomarse el tiempo de contestar, la llamada se cuelga, es un instante donde sus alarmas se encienden y le alertan. Algo está mal.
Nuevamente la pantalla brilla, esta vez es por un mensaje en la bandeja.
Para: Reo el jefe
Prácticas no
Iré a recursos humanos
montare denuncia
Ayer, 3:54 p. m.
De: Reo el jefe
Yo soy recursos
humanos también,
Nagi
Ayer, 3:55 p. m.
Para: Reo el jefe
- x -
Ayer, 3:55 p. m.
De: Reo el jefe
Nagi, estoy en el baño.
Ayúdame.
Hoy, 2:37 p. m.
De: Reo el jefe
Me llegó el período,
estoy en problemas.
Hoy, 2:37 p. m.
La cabeza de Nagi está en blanco ¿Qué es ''el periodo''? Intenta conectar las neuronas. Por unos segundos está en trance viendo la pantalla. Reo está en peligro, hay algo mal, si, él debe ir. Qué está haciendo aún sentado, ¡Debe ir!
Y entonces, su cerebro reacciona.
Todos los cuellos se giran tan rápido cuando Nagi se levanta como si saltará de su propia silla, haciendo todo un escándalo a su paso. No sería la primera vez que algo así sucede, quizá se quedó dormido, porque este chico es tan raro.
—¡Necesito ir al baño, me duele el estómago, Tomo-sensei! —levanta la voz para algo así se ve agitado, eso es nuevo.
Los ojos de los estudiantes presentes están en blanco, nunca lo habían visto así. Alguna vez siquiera algunos lo han escuchado hablar en media clase.
El profesor, qué aún está estupefacto, se acomoda las gafas y carraspea antes de responder. Nagi es un chico problemático en algunos sentidos, pero no es un delincuente así que se lo toma con calma.
Señala con el marcador los cajones del escritorio—. Claro que sí, joven Nagi, por favor tome el pase-
No. No. No. No.
No hay tiempo, no puede perder el tiempo en pases o permisos donde debía firmar con su nombre, Nagi sin pensarlo dos veces corre tan rápido como le permiten sus pies y sale del salón de clases. Había dejado a todos mirando, incluyendo al profesor, en la dirección por dónde salió, no podían formular palabras al presenciar algo así.
Jamás había querido llorar tanto en su vida.
Reo quiere llorar, dejarlo salir todo y gritar de desesperación. Otra vez es ese niño de hace años, un chiquillo de diez años en el baño de la escuela, cuando se volvió ''una señorita" y fue horrible, tal vez el peor suceso en su vida. Quería vomitar de recordarlo y de estar allí encerrado reviviendo esa memoria.
No se supone que debería bajarle el período, no tendría que menstruar ahora, pero lo hizo porque su cuerpo aún era tan difícil y Reo estaba temblando, todo su cuerpo se veía borroso, desde sus manos hasta las puntas de sus pies, se sentía distorsionado.
Él no supo a quién más acudir, no en ese desesperado estado vulnerable, sólo llamó al contacto de Nagi porque este sabía de su situación, la vergüenza y si orgullo no le permitieron llamar al par de viejos qué eran el director y el consejero para pedir ayuda.
Pudo llamar a Ba-Ya, sabe que sí es la mejor opción, ella le daría socorro y no pasaría bochornos innecesarios, pero eso sería demasiado vistoso, llamaría la atención que la limusina llegará y la asistente de Reo entrará de repente hasta el baño de hombres. Tiene que contener las lágrimas, tiene que esperar y confiar en Nagi.
—Por favor, Nagi —súplica al aire, encerrado en ese cubículo qué lo hace sentir sofocado y pequeño.
Nagi investiga en el celular mientras trota por los pasillos de la institución, necesita saber ¿Qué debe hacer en esta situación? No está familiarizado con este tipo de líos, ni siquiera por su madre conoce mucho sobre el tema, no más allá de las clases que alguna vez tuvo allá en el pasado. Después de una ardua búsqueda, el Internet le da la respuesta, él lee cada párrafo.
Claro, debe hacer eso. Gracias, Internet.
En los pasillos busca con la mirada, gira el cuello por todos los pasillos que cruza y sigue buscando, si no encuentra a nadie a este paso, tendrá que ir directo con alguna joven maestra en la sala de profesores, pero no parece ser necesario llegar a ese extremo, en uno de los pasillos encuentra lo que tanto necesita. Bingo.
Hay una chica caminando con algunas carpetas en sus brazos, seguramente alguna delegada de salón si se encontraba a estas horas fuera de clases.
—Disculpa, ¿Puedes ayudarme?
Nagi usualmente no se acerca a las personas, mucho menos a las chicas, no absoluto, Reo se encargaba de todo lo social y hablaba con quien fuera necesario mientras él podía estar atrás evitando el contacto visual o la molestia de charlar. Cuando a Nagi le tocó hablar con alguien, se sentía tenso, rígido e incómodo, se veía sombrío. Reprime sus propias manos y mantiene las manos a los lados de su cuerpo —alguna vez Reo le señaló que cuando estaba ansioso, colocaba las manos en el cuello o cualquier otra parte del cuerpo—.
La chica que giró a verlo por poco da un brinco, pálida y encogida en su lugar, ¡Un muchacho tan enorme le acecha!
—¿S-si? —se escucha nerviosa, mirando hacia el pasillo, no había nadie más que ellos dos. Nagi no se dio cuenta de que quizá ella le tenía miedo. Ayuda Dios.
Reo entra en un pánico interno cuando escucha la puerta del baño abrirse, en ese cubículo está a salvo de ser visto por los ojos ajenos, incluso podía levantar los pies por si alguien echaba un vistazo a ellos, pero eventualmente se darían cuenta si intentaban entrar el cubículo que usaba. Se darán cuenta. Lo harán, lo verán, y también verán la sangre.
Por poco quiere hiperventilar. Vomitará si esto continua.
Una persona entra al baño, definitivamente es un hombre, ve los pies arrastrarse por el suelo desde el pasillo que da entrada al baño y que se detiene por poco frente a los cubículos de los retretes.
Es... es...
—¿Nagi? —su corazón está en sus oídos.
Sí, lo es.
—Si, soy yo —él contesta para confirmar aunque Reo ya lo sabe, imposible no reconocer esos zapatos y forma de caminar tan particular.
Si llegó, Nagi vino.
Los pies de Nagi se acercan a su cubículo, está de pie frente a este.
—Ten Reo, usa esto —sin agacharse demasiado, las manos de Nagi se deslizan por debajo del espacio de la puerta cargando algunas cosas que cree le servirían a Reo. Espera que si le sirvan de algo.
Una toalla sanitaria, pantalones deportivos y un paño.
Las lágrimas de Reo se deslizan por sus mejillas y caen por su barbilla, no puede contenerse más. Detesta ser tan sensible pero no puede evitarlo, no después de tanto.
Sus ojos se hicieron agua y lo dejó salir todo.
—Gracias, Nagi —soltó en un hilo de voz tomando las cosas que este le ofrecía.
—Estaré afuera, te espero, Reo.
Nagi se mantiene allí parado en la puerta, se ve raro ahí pero necesita vigilar que nadie se aproxime al baño, no hay siquiera un alma en los extensos pasillos cerca de los baños, es una suerte que todo esto sucediera en el periodo de clases.
Debería ser una molestia todo ese esfuerzo que hizo al ayudar a Reo, Nagi piensa en ello detenidamente, incluso había corrido y fue hasta el vestidor por sus pantalones de educación física. Observa hacia las ventanas que dan vista al patio de la academia, se rasca la nuca y suspira para sí mismo.
Después de todo, es por Reo. ¿Que tanto significaba Reo para Nagi?
Sólo es cuestión de unos minutos para que Reo salga del baño, es extraño cómo está sujetando el pantalón deportivo con ambas manos. Reo no es exactamente pequeño, es más alto que la mayoría, por no decir de los más altos en la escuela por lo que ha reconocido Nagi, a excepción de él, Nagi es más alto aún, pero usando su pantalón se ve pequeño.
La diferencia de tamaño y complexión en sus cuerpos aún es evidente.
—Por poco no me queda —Reo se ríe con el dorso de su mano cubriendo parte de su rostro. No importa si quiere ocultarlo, Nagi puede ver sus mejillas rosadas.
Es un alivio para Nagi que esté riendo tan jovial, porque habría jurado escucharlo llorar y reprimir sus sollozos cuándo estaba saliendo del baño.
—No tenía nada más para darte —lleva su mano hasta el cuello y se frota—, se te ve bien —levanta el pulgar dando el visto bueno, no hay expresión en su rostro cuando lo dice.
Reo tiene una sonrisa de oreja a oreja, ambos por fin pueden irse a sus clases, uno junto al otro hasta que deban separarse.
—¿Sabes Nagi? Usando estos pantalones tuyos, empiezo a sentir tanta flojera —Reo se burla de él con una inofensiva broma y Nagi le responde resoplando con fuerza. Qué es tan divertido de esto.
El peligro se ha ido, y la sonrisa de Reo lo es todo para Nagi.
Choki está tomando el sol en la ventana de la habitación de Nagi. Y la habitación de Nagi se llena de las carcajadas de Reo.
Una burbujeante risa que cada vez es más fuerte invade cada espacio de la habitación de Nagi, cada vez más ronca y a Nagi le recuerda a los ruidos que hacen los cerditos en las caricaturas. No puede negar el hecho de que la risa de Reo es tan adorable cuando no puede aguantarla y se deja llevar demasiado por ella.
—No, no, no, no, es que- Lo siento, me siento tan avergonzado —se cubre con ambas manos el rostro, inclinando todo el cuerpo, está haciendo un esfuerzo inhumano para parar.
—Puedo verlo —Nagi dice mientras le observa sin cambiar su semblante por poco inmutable.
No le molesta que Reo se ría de él, en absoluto, podía reírse lo que quisiera. Nagi ha empezado a disfrutarlo.
Los dos están sentados en la cama de Nagi, una tarde de domingo cualquiera, dos días después de aquel suceso en el baño de hombres.
Reo sacude la mano en el aire, aún entre dientes suelta unas risillas, pero ha parado con las carcajadas—. Entonces eso hiciste para tener una toalla sanitaria, ¿Qué hay de la chica? ¿Ella cómo lo tomó? Suena tan raro que un tipo desconocido se te acerque y te pida que le prestes una toalla sanitaria. Yo pensaría que es algún pervertido.
—Creo que eso pensó, tal vez me reporte con los profesores —no es que le importe, sólo espera que no se haga un lío que involucre a Reo o sería sospechoso, o también podría ensuciar su reputación debido a la suya como pervertido—. Estará bien, no le dije ni te mencione ni una vez.
Los ojos de Reo le miran fijamente, Nagi levanta la cabeza desconcertado ¿Hizo algún comentario desubicado?
—Nada de eso me preocupa, sé que no fuiste descuidado —respirando profundo, Reo deja caer su espalda en la pared y observa a Choki en la ventana abierta aún lado. La suave sonrisa de Reo mientras sus ojos se enfocan en el cactus que Nagi tiene de mascota tienen al muchacho que se encuentra en la orilla hipnotizado.
Los ojos violeta de Reo se encuentran con los grises de Nagi cuando este mueve el cuello para verlo.
—¿Qué? —pregunta Reo inclinando la cabeza, por instinto una mano toca su mejilla, ese gesto le dice a él que seguro se pregunta si tiene algo en la cara porque Nagi lo mira tan intensamente.
Nagi sacude la cabeza, dice suficiente con ese ademen, vuelve al juego en su celular y el ligero sonido característico del mismo es el que ahora llena la habitación. A Reo no le molesto que él estuviera inmerso en sus videojuegos cuando alcanzaba su límite para socializar, ambos estaban bien en el mismo lugar sin decir mucho en silencios cómodos y prolongados.
No se ha agotado de hablar con Reo, es la única cosa que a Nagi nunca le ha agotado desde que lo conoce, pero el sentimiento que crece en su pecho lo hace huir hacia un lugar seguro. Nagi teme tropezar y decir algo que arruine todo lo que ha forjado con Reo.
Los párpados de Nagi caen suavemente, su expresión usualmente aburrida se hace melancólica. Reo lo es todo para Nagi, tanto que podría sacrificar sus sentimientos por esto, por sus sueños y por estar juntos.
Fue menos doloroso cuando aún era ignorante sobre estos sentimientos.
—Hey, Nagi —la voz de Reo invade sus pensamientos, no, no es eso, es la voz auténtica de Reo que le está llamando. Nagi le responde con un zumbido como de costumbre—. Creo que estoy tan enamorado de ti.
—¿Ah si?
Fue una respuesta automática, una que Nagi ha desarrollado para cualquier cosa que dice Reo y animarlo a seguir conversando sin que crea que no tiene su atención —fácilmente puede jugar y escucharlo a la vez, es toda una habilidad—.
El ''has muerto'' brilla en el centro de la pantalla, Nagi no pudo reaccionar a tiempo cuando un enemigo apareció para dispararle. Los ojos grises se abren de par en par y lentamente gira el cuello en dirección a Reo.
Reo le mira con los ojos muy abiertos también, expectante sobre la reacción tardía a su confesión repentina. Jamás había visto a Nagi hacer ese tipo de cara.
Nagi abrió la boca, intentó apoyar su codo en algún lugar invisible pero ahí donde quiso hacerlo no había nada para apoyarlo, todo su cuerpo se inclinó y debido a las sábanas alrededor fue inevitable que terminará de deslizarse hacia el suelo, cayó redondo al piso de tatami golpeándose la espalda y la cabeza, mordiéndose la lengua con fuerza debido al impacto.
¿Por qué está viendo hacia el techo? El celular está tirado a su lado, como las sábanas han caído junto a él han amortiguado el golpe de los dos. Se queja del dolor.
—¡Nagi! —Reo se asoma preocupado por esa caída, le observa desde la cama y se asegura que esté bien—. ¿Qué fue eso? ¿Te lastimaste?
No, sólo su orgullo. Si es que alguna vez tuvo uno.
Nagi contempla la figura de Reo asomada desde arriba en la cama, los rayos del sol que se filtran por la ventana debido a las cortinas abiertas ilumina su cuerpo y es como si fuera un verdadero ángel incluso con esa expresión de preocupación por él.
Bien, si esto es el cielo, Nagi deja caer los brazos extendidos y cierra los ojos, agradeció a Dios por este ángel que ha venido por su alma, puede llevárselo, es todo suyo.
—Mi ángel, estoy listo —murmuró más para sí mismo que para Reo, definitivamente está aturdido por el golpe.
—¿Qué estás diciendo Nagi? —Reo que le escuchó sólo está ahora más preocupado, lo que faltaba, se ha golpeado tan fuerte en la cabeza que está delirando con angeles. Tal vez deban ir a emergencias o a un manicomio. Las manos de Reo se extienden hacia el cuerpo del chico en el suelo—. Déjame ayudarte a pararte de ahí.
Los dos se miran, Nagi asiente con la cabeza y toma la mano de Reo, este usa la fuerza de ambos brazos cogiendo la muñeca de Nagi para levantarlo pero en esa posición era imposible, sobre todo porque Nagi no hizo el esfuerzo por sí mismo para apoyarse y ayudarse a parar también.
Reo pierde el equilibro y soltando un grito cae junto a Nagi, lo que quedaba de las frazadas en la cama y el cubrecamas caen con este también.
Choki aún toma el sol en la ventana como el único espectador.
—Ugh, eso dolió, ahora creo comprender… ¿Nagi? —Reo mira a su lado y no salen más palabras de sus labios, parpadea y lleva una mano a su boca.
Las sabanas han caído todas sobre Nagi, así que cuando este se levanta lo hacen con todas encima, la forma de su cabeza puede verse haciendo un bulto entre ellas, por el movimiento debajo de ellas está tratando de quitarlas de encima y girando en todas direcciones la cabeza, imagina que está retorciendose cual gusano por como se mueven las mantas de un lado a otro.
Él se detiene con la cabeza en la dirección de Reo, sabe que Reo está allí a su lado.
—Reo, no veo nada —lo dice a través de las sábanas, las cuales se hunden en donde está su boca cuando habla.
Reo abre la boca con los párpados muy abiertos… y suelta una carcajada.
—¡HAHAHAHAHAHA, NO, NO, MI ESTÓMAGO! ¡NAGI! —azota con la mano el suelo, tomándose el estómago y pateando el suelo. Reo da varias vueltas en el suelo antes de levantarse y recuperar la compostura—. No puedo creerlo hombre, sólo a ti te pasan estas cosas. Te ves como esos niños que usan sábanas en la cabeza para parecer fantasmas.
Aún en el suelo Nagi intenta quitarse las mantas de encima, logra encontrar un hueco para sacar su cabeza entre tanto enredo antes de que el oxigeno se le agote allí dentro—. No es que fuera mi intención hacerme fantasma.
Debido a que el cubrecamas aún estaba conectado por un lado de la cama, esta se deslizó con el forcejeo de Nagi y lo último que quedaba en la cama, la almohada, cayó sobre su cabeza y rodó en el suelo.
Reo llevó de nuevo una mano a su cara y desvió los ojos hacia otro lado cuando Nagi le miró.
—Creo que es todo, no hay nada más que pueda caerte encima —dijo el chico con ambas manos en la cintura parado a un lado de Nagi.
La cama ha vuelto a estar tendida y en orden, Choki puede apreciarlo desde la ventana. Reo se encargó de hacerlo incluso mejor de lo que podría hacerlo Nagi —de todos modos, Nagi sólo sacudía un poco el sucio y hacía lo menos posible para moverse en la cama, así no tendría que acomodarla. Otro método infalible para los perezosos—. E igualmente, Reo siempre hace cualquier cosa mucho mejor.
Los mechones qué se filtran por el rostro de Reo obstruyendo la vista se deslizan hasta detrás de la oreja de este cuando los acomoda con sus dedos, Nagi no puede dejar de verlo.
De alguna forma, ahora sólo está tan absorto, absorbido aún más por la órbita de Reo tal cual algún planeta alrededor del sol. Tal vez el golpe si lo atonto.
—Listo, con esto está acabado. No podemos dejar que la habitación de Choki sea un desastre ¿Eh, amigo?
Alguna vez cuando Reo visitó por primera vez su residencia, escuchó hablar a Nagi con mucha normalidad con la planta. Choki es una planta, la mayoría vería raro hablarle a ellas —sin embargo Nagi investigó qué debía ser algo normal, está bien hablarle a las plantas para que crezcan fuertes y sanas—, pero Reo no lo hizo, se acercó y también saludó al cactus.
Para Nagi fue algo importante que a Reo simplemente le saliera natural dirigirse a Choki como si fuera una criatura viviente pensante y racional similar a ellos.
Había algo más importante en este momento, se disculpará más tarde con Choki por quitarle la atención de Reo.
—Reo.
El mencionado le presta atención en el momento que escucha su nombre salir de los labios de Nagi.
Nagi no sabe cómo proceder, y aún lo hace. Hay algo que le ha estado molestando—. Lo que has dicho ¿Eso es cierto?
Aunque no había posibilidad de que fuera una broma, Reo no tomaría algo tan delicado como una confesión y lo usaría de broma. Aunque bien quizá cabía una diminuta posibilidad, porque era demasiado bueno para ser verdad.
Reo no lo mira a los ojos, parece disimular qué acomoda algunas arrugas en las sábanas de la cama.
—Depende.
¡¿Depende?! ¿De qué dependía?
—Depende si también te gustó, si no te gustó… Entonces no, no es cierto, no me gustas. Pero si te gustó… Quizá sea cierto —en esta posición Nagi sólo puede ver ligeramente las orejas de Reo, gracias a que se acomodó el cabello puede verlas, tan rojas qué debe imaginar cuanto le arde por estar tan caliente. Aún no se voltea a verlo, ni una vez—. No vale la pena confesarme de verdad si no seré correspondido.
Nagi insiste en ver el rostro de Reo, pero Reo insiste aún más en no permitir que le mire, girando la cabeza e incluso el cuerpo. Evitando todo contacto visual.
—Reo… —llama el más alto, tomando las manos más pequeñas entre las suyas pero este se niega a dejar que también las tome, Nagi no se echa para atrás ni desiste. Ambos son persistentes y tercos—. Reo, hey, Reo.
—Ya para, Nagi.
—¿Por qué no me miras, Reo?
—Porque trató de no ser rechazado, no ves… —al fin, Reo permite que le sujeten las manos, aún tiene la cabeza agachada y los ojos cerrados con fuerza—. Porque no quiero ser rechazado… Sé qué lo seré. Pero no creas que lo dije por impulsivo, no soy impulsivo o descuidado.
No, ese era más el estilo de Nagi. Fue una suerte que sus sentimientos no se hayan escapado de su boca hace mucho tiempo.
Nagi toma entre sus manos el rostro de Reo y lo obliga, sin forzarlo o hacerle daño, a verlo a los ojos. Siempre le gustó el color violeta de los ojos de Reo, brillaban incluso más que colores como el azul o el café.
—Quiero que me mires a los ojos —pide y mantiene las manos allí, porque no va a dejar que huya de su mirada otra vez.
—¿Para qué quieres verme a la cara mientras me…
—... Quiero ver los ojos de Reo cuando diga que también me gusta.
—... rechazas…?
Reo lo mira, sus labios han quedado abiertos al finalizar la oración qué salió al mismo tiempo que las palabras de Nagi.
La expresión de Reo y sus ojos lo son todo para Nagi en este precioso instante.
