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Francisco sabe que no puede flaquear, no esta vez. Finalmente, puede vengar su honor, al ser acusado falsamente. Pero no sólo eso, sino que puede vengar a Girardot, a D'Elhuyar, a "Toño", a Sucre....
Rafael por su parte lo miraba largamente. Sabía que iba a morir o ser exiliado. Cualquier castigo, cualquier cosa, la aceptaría. Sabía que había causado un daño irreparable, sabía que Santander estaba furioso y cualquier cosa que le dijera podría ser contraproducente.
En esa misma silla de caoba, había estado sentado él, ese cinco de Noviembre de 1828, Juzgándolo. Ahí estaba, en el sitio que antes había ocupado Pachito, en esa misma plaza donde con una sonrisita cínica le había dicho que debía ser condenado a muerte, pero que Bolívar con su gran magnificencia había decidido solamente desterrarlo.
"No fui culpable" Fue lo primero que le dijo Santander. Había ordenado que todos se fueran y solo quedaran los dos.
"...Lo sé."
"Le había salvado la vida un mes antes"
" ... Lo sé."
",Estaba atendiendo el parto de mi hermana, y lo sabías."
" ...Lo sé."
"¡NO ME DIGAS "LO SÉ" , COÑO!" Le dio un puño al reposabrazos que inmediatamente se astilló "¡NO ME SALGAS CON ESA MIERDA AHORA! ¡DIME UNA PUTA RAZÓN AHORA POR LA QUE DEBERÍAS QUEDARTE!"
"La verdad... No lo sé, Francisco." Le habló con sinceridad.
"Francisco la puta." le vociferó "Soy el presidente de Colombia, Francisco de Paula Santander."
"Disculpe...presidente..." se burló "pero no tengo una razón legítima para quedarme."
"¿Así que es todo? ¿Bolívar se muere y Urdaneta pierde su aplomo? No te conocía así, Rafita." dijo su sobrenombre con desprecio, el sobrenombre con el que más de una vez lo había llamado encantado.
"No se me haga el santo. Es también un ser humano que cometía errores." Habló con voz grave "Hizo cosas cuestionables cuanto menos."
"Esto le puede costar el exilio."
"Tengo una esposa y catorce hijos que mantener y puedo hacerlo tanto en Venezuela como aquí."
"¿Entonces por qué está aquí?"
"Porque me mandaste llamar" Respondió con el tuteo que tanto habían acostumbrado, no sólo en su correspondencia, sino en su vida cuando estaban juntos "¿Estoy aquí solo para que me digas si estoy desterrado o condenado?"
Y ahí no supo que responderle. Quería verlo suplicar clemencia, quería que sintiera la angustia que él había sentido en todo ese tiempo, y el dolor de abandonar su tierra. Quería también en parte...oírlo pedir disculpas, por todo lo que hizo a sus amigos, y por haber irrumpido en su corazón por tanto tiempo para luego irse como si nada...
Quería que sintiera el dolor en sus entrañas. No sólo el dolor de las embestidas que le daba cuando estaban calientes, sino el dolor de ver que todo lo que amaba, se le iba de las manos. Quería que sintiese lo que él sintió con las burlas, el desprecio. Y con el estigma social que llegó después.
Rafael sabía lo que pensaba. Había crecido con él, había visto el primer enamoramiento del hombre de las leyes, su primera vez, su primera batalla, su primer día como vicepresidente, incluso su primera vez con un hombre, que había sido él.
"Está aquí para decirle que...lo condeno a muerte." Santander se recompuso rápidamente de sus recuerdos.
"No lo dices enserio."
"¿¡Por qué no?! ¿Acaso es un reto?" Urdaneta asintió, mientras el cucuteño lo miraba casi con condescendencia "He mandado a matar 60 hombres, A Barreiro lo pasé por las armas mientras todos lloraban su muerte ¿cuál sería la diferencia contigo?"
Rafael a duras penas lo miró. Esos ojos que tanta inocencia había visto ya no existían. Sencillamente ya no podía reconocer a aquél hombre con el que había compartido carpa y demás. Respiró hondo, sin perderse en los recuerdos que a veces le ahogaban, ya sabiendo que decir.
"Porque me quieres. Y sólo por eso no lo harás." le dijo con tono neutral "Porque te conozco, y sé que muy en el fondo, me amas todavía, así sea un poquito."
Santander perdió su aplomo, y el venezolano supo que ya tenía la victoria ganada, o eso pensaba.
"¿Entonces a qué vino? ¿A burlarse de mí?" Habló el más alto con veneno.
"No."
"¿Entonces?"
"A por la misma razón por la que me llamaste. Para ver si podíamos ahora sí estar juntos."
"¿Sabes por qué no me casé?" le preguntó en voz lastímera "Porque pensé que tú te ibas a divorciar o yo que sé, que tu esposa iba a morir en algún parto y que íbamos a estar juntos así como dices. Te juro, lo pensé tanto..."
"Eso es algo malvado." Admitió Rafael
"Ahora que lo pienso sí, pero, sólo era un pequeño anhelo. Algo que sé que nunca pasará."
"Aún se puede. Sólo dímelo. Dime que quieres que me quede y lo haré."
"¿Y tu familia?"
"Dejaré todo de lado si es por ti. Viviré a tu lado con ellos y si quieres que duerma todas las noches en este palacio, contigo, lo haré."
"No quiero sonar cruel."
"Nunca lo has sido."
"No dijiste lo mismo en la corte..." volvió al tema, que Rafael habría querido evitar.
"Tenía mucha presión, ¿Qué querías que hiciera? ¿Defenderte cuando todas las evidencias apuntaban a ti?"
"¡Sí! ¡Eso era lo que quería!" gritó en un aullido "¡No que llegaras a tu casa con casi toda la escolta para llevarme a la cárcel!"
"No me arrepiento de lo que hice. Te hice daño, pero fue un mal necesario., para todos"
"...¿Para nada?"
"Para nada." Respondió sin dudar ni un segundo.
Hubo silencio por más de un minuto. Y ahí Santander lo entendió. Jamás había recibido una disculpa de él, y esa no sería la excepción. Se levantó mientras Rafael permaneció de pie.
" Vete, por favor."
Eso significaba el exilio. Había imaginado que el daño sería más grave, pero al parecer no tenía ganas de castigar, al menos no a él.
"Cuídate, Pachito."
Atinó a dar una venia, y se fue, aunque con la espinita de no haber resuelto las cosas con él.
Sabía que este era el adiós definitivo, jamás se volverían a ver, pero quedaba la constancia de que lo había intentado.
Apenas el Venezolano se fue, y se aseguró de que estuviera fuera del palacio presidencial, el Presidente mandó a llamar a su paje de confianza.
"¿Está la señorita Nicolasa Ibañez?"
"Señor, ella ya se ha ido a París...hace un mes"
"¿Y la señorita María Paz?" Insistió
"En Palacio, está esperando que la atienda en la sala."
"Bien...dile que la requiero en veinte minutos en la recámara... y Pedro"
"¿Sí?"
"Busca a una joven, y habla con sus padres. Necesito esposa."
