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Draco Malfoy tiene una vida perfecta, es un sangre pura y está en la cima de la sociedad de magos. Su vida siempre estuvo rodeada de perfección, incluso si su padre a veces era demasiado estricto, era lo mejor para él. Supremacía de sangre, insistía su padre cada día, como si tuviera que grabarlo en su memoria. Su madre, si bien no parecía apoyarlo en todo, tampoco es que se quejara, era la perfecta esposa que obedece a su esposo. Entonces él se cría de forma dura, no puede jugar siempre y tiene que ser perfecto como su familia.
Somos mejores.
Recuerda que su padre comenta un día en el callejón Diagon, señalando a la familia de cabelleras rojas. Su padre es el hombre que admira, entonces al verlo despreciar a otros, él hace lo mismo.
Pero su vida no sale según lo planeado.
Draco puede definir el momento exacto y la palabra que arruina su vida desde temprana edad. Donde todo su perfecto mundo se desmorona en un solo momento, donde la pesadilla parece empezar y donde su vida da un cambio inesperado de lo que debió ser.
—Gryffindor—es el grito del sombrero, luego de un largo periodo de deliberación en su cabeza.
El salón queda en completo silencio.
Él queda petrificado.
Draco había estado completamente seguro de que iría a Slytherin, sus padres estuvieron en esa casa, ese era su destino. Casi como una broma recuerda a su padre queriendo enviarlo a Durmstrang, pero su madre cambiando de idea por querer tenerlo cerca de casa. Cuanto hubiera deseado no estar en esta casa, cuanto hubiera añorado estar en otro colegio.
Sus padres iban a matarlo.
Camina casi de forma de muerto, a esa mesa de color rojo chillante, donde nadie aplaude y se ven confundidos cuando él toma asiento lo más lejos posible. Piensa en su maleta llena de ropas verdes, piensa en su padre que había prácticamente demandado que estuviera en la casa de las serpientes. No levanta la mirada en toda la noche, casi apretando los puños de la molestia.
Su arrogancia usual, que siempre imita de sus padres no aparece.
No la tiene en ese momento.
Ignora que los de primer año siguen a sus superiores, él corre siguiendo a los profesores, casi patinando cuando ve al director hablara con su padrino Snape. Este había tenido una cara de espanto cuando el quedo en la casa de los leones. El prácticamente suplica, ignorando que su padre estaría avergonzado, suplica que lo cambien de casa, donde debería estar.
—Lo siento mi niño, tu casa ahora es Gryffindor—admite Albus con algo de pesar en su mirada.
Draco gira el rostro a Snape en un último intento de auxilio, pero este solo desvía la mirada y sus esperanzas van por los suelos. Aún queda una, su padre jamás dejaría que esto terminara de esa forma, él encontraría la forma de que fuera a la casa que tendría que ser.
Pero como aprende Draco a tierna edad.
Las cosas no suceden como él quiere.
Ignorando que tiene que pasar una semana en la torre de Gryffindor, con un montón de inútiles que lo odian casi tanto como él los odia a ellos, ignorando sobre todo a Harry Potter (quien es el último de sus problemas en este momento con el chico pelirrojo) y prácticamente atrás de todo en sus clases. No sale a comer si puede evitar a las personas y solo espera el momento en que su padre arregle todo este malentendido.
Y sucede.
Cuando Snape lo cita luego de su clase de pociones en el salón del director, una sonrisa genuina aparece en su rostro cuando entra y ve a su padre de pie frente a Dumbledore. Una sonrisa fanfarrona aparece en su rostro cuando siente que por fin saldrá del infierno que ha vivido en una semana.
Pero en ese momento, todo era un inicio.
La bofetada llega tan rápido, que incluso el dolor, parece no aparecer y siente que aún está en medio de una pesadilla. Una parte irónica en su interior, piensa que todo esto es un sueño, que en cualquier momento su madre entraría a su habitación regañándolo por que irían tarde. Que estaría en Slytherin en unas horas.
—Una completa decepción, ni siquiera puedes entrar a una casa, que vergüenza tener un inútil que comparta mi sangre—cada palabra de su padre, hace que su sonrisa se borre de su rostro.
Lo ve incrédulo.
Este lo ve con un odio, como siempre ve a los de sangre sucia, como ve aquellos inferiores a ellos.
Gira a ver a todos en el salón, pensando que todo esto era una mala broma, que esto es una pesadilla, casi suplica alguien para que lo despierte. Pero cuando ve a su madre a lo lejos del salón, bajando la mirada, cuando ve la mirada incomoda de Snape o la de lastima del director.
Algo dentro de él se rompe.
Soy un fracaso.
Es su pensamiento, antes de dar media vuelta y salir corriendo, no se detiene cuando sale del castillo o cuando entra al bosque prohibido. En medio del bosque suelta el llanto, mientras se arrodilla abrazándose a sí mismo, sintiendo que el perfecto sueño donde había vivido este tiempo.
Se destruye.
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Draco se pregunta ¿Por qué sigue asistiendo a clases?, su padre prácticamente se había desentendido de él de una forma alarmante y su madre, siguiendo a su padre, no le envían cartas u otras cosas. Es como si nunca hubiera tenido padres y ellos nunca hubieran tenido un hijo, lo cual apestaba. Se encuentra perdido en el castillo, no sintiéndose parte de la casa de los leones, pero tampoco en ninguna parte. Snape a veces parece querer ayudarlo, pero no podría importarle menos. Incluso sus compañeros de casa que lo odian, parecen dejarlo atrás cuando lo ven tan deprimido.
El mundo apesta.
Supone cuando comienza a comer de forma monótona cuando todos lo hacen, solo que lo más alejado de todos.
Está deprimido.
Tan patético como puede ser eso.
A veces su mirada se posa en la casa de las serpientes, viéndolos con envidia y deseando estar ahí, todo sería más fácil. Sus padres no lo odiarían o lo rechazarían como pasaba, probablemente sería el mejor de su generación, el tipo popular por su sangre. Pero no, estaba en lo más bajo de la cadena alimenticia, era patético, sin amigos, sin familia, sin estatus.
Suspiro moviendo su tenedor aburrido en la comida.
Su vida estaba arruinada y no sabía que más hacer.
Siempre pensó que la gente que entra a Gryffindor, era las personas que daban pena verlas, efectivamente estaba en lo correcto. Ahora él era una persona patética que daba vergüenza verla.
Una persona toma asiento frente a él, lo ignora lo mejor que puede, hasta que lo escucha aclararse la garganta. Hace su peor mirada de muerte a Harry Potter quien aparece frente a él. Llevan poco más de un mes de clases y sinceramente no era alguien que quisiera ver. Su padre siempre le dijo historias del niño que vivió, como si fuera su deber ser amigo de alguien tan popular. Que resultó ser un chico de lo más simple y molesto.
Aunque si era sincero.
Ahora eso le daba igual.
—¿Qué quieres? —gruño antes de meter una papa a su boca con algo de brusquedad.
Este pareció algo incómodo frente a él.
—Lo siento, Ron estaba siendo un poco gilipollas, diciendo que no me acercara ya que eres un dolor de culo, pero realmente te ves…mal—la última palabra sale con duda de su boca mientras hace una mueca al hablar.
Una risa sin humor sale de su boca.
Nadie sabe su desgracia.
Era un don nadie.
El recuerdo de los ojos fríos de su padre, hacen que se sienta molesto sin ninguna razón aparente.
—Debiste hacerle caso a ese traidor de sangre—musita sin fuerzas.
¿Él era un traidor de sangre también?
Su padre lo trataba peor que uno.
Nota una mueca en el rostro de Harry.
—Estás haciendo que el punto de Ron sea válido—
—Mira Potter, no es que tenga interés, pero ¿Qué quieres de mí? —pregunta de forma aburrida esta vez.
¿Burlarse?
La mayoría de sus “compañeros” Gryffindor se habían burlado claramente de su persona en el último mes, sobre cómo alguien de sangre pura tiene que estar con simples mortales. Los de Slytherin se burlaban al pasar, diciendo que era una vergüenza que un sangre pura con su linaje terminara en esa casa. Claramente no encajaba en ningún lado y estaba comenzando a cansarse de que la gente buscara algo de su persona.
No llenar el estándar que pusieron en él.
Ser un fracaso.
—Pues te ves solo, pensé que podríamos ser amigos—dice el niño con una facilidad, que no parece ser el mismo niño que casi rechazo su amistad en el vagón del tren.
Cuando todo era perfecto y no estaba en esta casa tan horrible.
Lo vio confundido, antes de levantarse molesto.
—No busco tu puta lastima Potter y tampoco tu maldita amistad—gruño con ira antes de dar media vuelta y salir del salón.
Estaba enojado.
Termino en la biblioteca, sintiéndose una horrible rata de libros como los Ravenclaw, pero era el único lugar donde sentía que estaba tranquilo. Lo único bueno es que había aprovechado este tiempo para mejorar en todas sus clases, al estar solo y sin amigos, sería un mago competente, esperando que de esa forma su padre no se sintiera decepcionado de su persona.
Sería el mejor de su casa.
Aunque la perra de Granger se lo estaba poniendo difícil.
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Infantilmente y aun con esperanzas, pensó que las vacaciones de navidad era lo que ocupaba, unos días alejados de todos esos Gryffindor (ignorando que era uno) y volver a su casa, donde todo sería como siempre debió ser. Por supuesto, nada sale como espera y la mirada helada de su padre, le confirma, que todavía lo odia. Inútilmente intenta acercarse a él todos los días, con la llama de la esperanza, leve, pero existente. Pero las únicas palabras que pronuncio para su persona, fue negándole asistir a la fiesta que solían hacer para navidad.
Ese 24 de diciembre, pasa en su habitación mirando a la nada.
Sintiendo que su familia, lo había abandonado.
El regresar a Hogwarts, fue estúpidamente, mejor que estar en su casa.
Al menos ahí solamente se alejaría de todos.
Siguiendo su plan de estudiar lo más posible para ser el mejor de su clase y demostrarle a su padre que si era digno, a pesar que nunca en su vida se tuvo que esforzar en nada, no parece funcionar. Las cartas que envía a su madre, son en su mayoría ignoradas, su padre parece sin interés de reconocerlo y todo parece peor cuando Granger arrasa sin piedad en cada maldito examen.
En ocasiones Potter toma asiento con él en las comidas, sus amigos parecen verlo mal, pero en ocasiones la niña Granger parece seguirlo, ante las muecas del chico Wesley, este nunca se acerca.
—Espero tengas un buen día Draco—saluda amablemente Hermione, quien parece animada de que sean una especie de rivales en su casa.
Ambos eran quienes más aportaban puntos.
La ignora.
—Deberías ir a verme jugar alguna vez—habla Harry en ocasiones, casi restregándole sin culpa que pudo entrar al quidditch aunque es un año menor.
Claro que sí.
Es Harry Potter.
Pero él quien quiere cambiar de casa, las leyes no pueden ser flexibles para él.
Ignora a ambos.
Ignora a todo el mundo en su primer año, aunque cuando se acerca el tiempo de regresar a casa, incluso que Harry Potter y compañía tuvieran que luchar contra, realmente no le importa con que, deja de tener importancia cuando está solo en un vagón de tren. Al llegar a la estación puede ver como la mayoría de niños son recibidos por su familia, pero él siente el frio en su cuerpo cuando Dobby aparece tímidamente frente a él.
Sus padres están ocupados, dice.
El ríe con ironía.
Su vida apesta.
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Estar en su casa es más aburrido que estar en Hogwarts, lo cual es decir mucho. Come en horas que su padre no este, su madre no le habla y él se siente más solo que nunca. Decide salir a caminar, sin nada que perder y casi deseando que un rayo le caiga para terminar con esa miseria. Quiere perderse en medio del bosque, no aparecer nunca y quedarse ahí para siempre. Su padre siempre había intentado mostrarle el orgullo de ser un sangre pura, pero una parte de él no le encuentra sentido.
Su padre ama el prestigio.
Como él ya no era alguien a su imagen, alguien quien presumir, era descartado.
Era un inútil.
No era lo suficientemente bueno para su padre.
Su único comentario al llegar a su casa, fue el comentario de que era tan inútil, que una sangre sucia le había ganado en sus notas.
Pateo un árbol con fuerza, sin sentir el dolor en su pie.
Él no había pedido eso, no había pedido estar en una familia como esa, él quería su vida antes de lo que pasaba ahora.
—Patear un árbol no es muy útil—habla una voz algo chillona a su lado.
Gira su rostro confundido, sin entender dónde estaba, no sabía hace cuanto caminaba y a donde estaba, mierda. Quien hablo es una niña, menor que él con cabellera roja y ojos castaños, que tiene ropa que no parece nueva y que puede identificar como una miembro de la familia Weasley.
Como si ese pensamiento los atrajera, dos cabelleras rojas de idéntico rostro aparecen momentos después.
—Mira que Ginny se ha encontrado—
—Algo bastante curioso en el bosque—
Hablan los gemelos Weasley en una coordinación que daba algo de miedo, él hace una mueca incómodo. Los gemelos no le habían molestado tanto como otros de la casa de los leones, pero eran conocidos como alborotadores potenciales.
La niña ladea el rostro confundida.
Él chasquea la lengua.
Su padre probablemente diría algo como “traidores de sangre” incitándolo alejarse o burlarse de ellos, pero si era sincero, su padre lo trataba casi de igual manera en este momento.
Su estómago parece sonar en el omento menos indicado y se sonroja de la vergüenza.
Lo que faltaba.
Los gemelos se ríen de forma no tan discreta. La niña les da una reprimenda antes de poner sus manos en las caderas y parecer algo amenazadora.
Él se quiere morir.
“Nunca muestres debilidad”
Solía decir su padre.
—¿Tienes hambre? —pregunta la niña con algo parecido a la misericordia.
Quiere tratarla mal, quiere correr y decirles a todos que los odia, quiere la vida que debió tener, no quiere estar ahí.
Quiere su vida.
Quiere ser Draco Malfoy, el poderoso Slytherin que estaba destinado a ser.
Pero no pasa, incluso en un mundo lleno de magia como este, donde nada parece imposible, su deseo nunca es cumplido por mucho que parece pedirlo a gritos.
—No—se maldice que su voz salga tan hueca.
La sonrisa de la niña parece intacta.
Siente un escalofrió en su espalda.
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Nadie le dice que “No” a Ginny Weasley, aprende Draco más pronto que tarde. Se siente incómodo y en un mundo paralelo cuando entra a la casa de la familia “Weasley” la que los tres niños presentan como la madriguera. Él no debería estar ahí, piensa cuando la madre de los niños lo ve con grandes ojos saltones cuando lo obligan a pasar la puerta, pero una cara de perro a morir de Ginny y comentar que no ha comido nada, hace que la matriarca aun con dudas en sus ojos, lo haga pasar.
—Esto debe ser una broma—dice Ron cuando baja a comer y lo ve sentado en la mesa.
“Quisiera” piensa de forma irónica, pensando que es la primera vez que ambos están de acuerdo en algo.
La cena (se ha hecho más tarde de lo que piensa) es un estruendo y tornado al mismo tiempo, entre los gemelos que no dejan de jugarle bromas, Ginny que se sienta a su lado emocionada y preguntando sobre Hogwarts, Ron dándole miradas asesinas, Percy pareciendo confundido e ignorándolo por un libro, hasta el padre de los niños que lo ve de forma cautelosa.
A pesar de todo.
La cena es bastante buena.
Su padre probablemente lo mataría por comer algo de clase baja, junto con traidores de sangre, pero por primera vez no le importa. Porque por primera vez en mucho tiempo, el silencio abrumador de su casa y la sensación de decepcionar a todos, es opacada por una comida demasiado ruidosa.
—¿Por qué no te quedas a dormir? —pregunta Ginny con inocencia.
Todos giran a verla a ella como si se hubiera vuelto loca, incluyéndolo, no es algo que nadie quiere.
Pero como aprende y reafirma.
Nadie puede decirle que no a la niña.
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Sus padres ignoran su carta donde dice que se queda a dormir en la casa de un amigo, no preguntan, no lo buscan y eso lo hace sentir peor. Podría volver por la red Flu, pero sinceramente, en esta casa donde no se siente cómodo, parecen tratarlo mejor que sus padres, lo cual deja mucho que decir. Comienza a dudar de la mentalidad de la señora Weasley, que no solo lo deja quedarse sin muchas explicaciones, sino que lo coloca en la misma habitación que Ron.
Mal presagio.
Este prácticamente vomita el camino que él tiene, por lo cual no se sorprende de dormir en el suelo. Lo que si se sorprende es lo poco que le importa. Nunca había ido a dormir en la casa de otra persona, siempre en su cómoda cama, rodeado de personas que pensó que lo amaban. Al menos en ese lugar la gente no parece ignorarlo del todo.
Igualmente, el piso es incómodo.
No sabe si Ron comento algo o el inicio una conversación, no sabe si fue que estaba demasiado molesto por sus palabras o este parecía resentido, lo que sí sabe es que él inicio el primer golpe. Pero en su defensa, Ron también le regreso el siguiente golpe y ambos estaban en el suelo luchando como personas sin magia.
—Para ser un mocoso en cuna de oro, peleas como una niña—gruñe este antes de recibir un puñetazo de su parte.
Y se siente bien.
Sacar la ira y el enojo que ha acumulado por un año.
Pelear como una persona sin magia, su padre le recriminaría por caer tan bajo, pero poco le importa cuando se arroja sobre Ron y lo deja inmóvil en el suelo. Su mejilla está caliente y su ojo hinchado, pero nunca se había sentido más vivo como cuando Ron le dio un cabezazo para tumbarlo.
El sonido pareció alertar el resto de la familia, por que pronto escucho pasos.
Pero los ignoro.
—No sabes, cuanto desearía una familia como la tuya—gruñe cuando Ron le ha dado un puñetazo, este se detiene en seco, pareciendo congelado por su mirada tan triste, incluso el dolor de su cuerpo por la lucha, no parece importarla—por lo menos ellos no me ignoran o desprecian por estar en Gryffindor—añade antes de dejar su cuerpo flácido.
No quiere seguir luchando, ya saco el enojo y sus pensamientos, que jamás imagino tener.
¿Él?
Queriendo ser parte de una familia de traidores, había caído tan bajo, su padre probablemente lo despreciaría tanto o más de lo que hace ahora.
Hay un caos en la puerta que parece estar abierta hace tiempo, antes que la señora Weasley comience a regañar a su hijo y él es apartado. Camina sin mucha emoción detrás del patriarca de la familia, quien lo sienta en la sala y comienza a usar magia para sanarle las heridas. No pregunta cuando ve una cicatriz en su brazo, que definitivamente no hizo Ron, que fue culpa de su padre por lanzarle una taza con té caliente que le ha cortado y nadie en su casa quiere curar.
Pero este hombre que su padre desprecia, lo trata mejor que su padre.
Supone, con algo de tardía y un año de ser ignorado por sus padres, que es hora de ver a las personas por su cuenta y no por ellos.
—La vida da muchos giros inesperados Draco, pero algo que puedo decirte, es que es siempre nos da elecciones—dice Arthur con una sonrisa amable.
Voltea el rostro incómodo.
—Esta vida te ha puesto en Gryffindor, como un efecto mariposa como dicen los Muggles, el pequeño aleteo de una mariposa puede crear una tormenta—
—Eso suena estúpido—
—Puede que tengas razón, pero lo que quiero decir, un pequeño cambio puede traer cambios muy grandes en la vida. Sé que no planeabas estar en Gryffindor, pero ahora lo estas, es tu destino el que está en juego y tú puedes elegir qué decisión vas a tomar ahora—
No sabe si es porque, es el primer adulto o figura masculina que parece reconocer su existencia o alguien que parece poder ayudarle. Ignora la voz mental de su padre, reprendiéndolo por hablar con este, se traga todos sus malos pensamientos, que parecen tener la voz de su padre y no la suya.
—No creo que debí estar en Gryffindor—admite con voz incomoda.
La única vez que admitió eso, tanto Snape como Dumbledore, prácticamente lo dejaron a su suerte.
Una mano sobre su hombro, hace que sus ojos se queden congelados en los amables de Arthur.
—Es solo una casa Draco, incluso aunque todos mis hijos están en Gryffindor, si mi hija Ginny fuera a otra casa, no importa, es solo una casa, tu eres quien decide tu destino—admite con una sonrisa llena de amabilidad, que quiere hacerlo llorar.
Pero se contiene.
No puede ser más patético.
Alguien se aclara la garganta y se sonroja, parece que la señora Weasley ha estado escuchando durante un tiempo, porque su mirada desconfiada parece haberse apagado y lo ve con amabilidad, también algo de lastima, pero ignora eso por su poca salud mental.
—Creo que es hora de dormir, los gemelos te aceptaron en su habitación—dice ella con una mirada de pena.
Asiente antes de ir al cuarto de los gemelos, quienes sonríen amablemente, él piensa que no es tan malo.
Al día siguiente amanece con el pelo morado.
Los odia, pero ríe de igual forma cuando Ginny los regaña por ser tan infantiles, y por primera vez en muchos días, se siente en paz.
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Cuando su padre se entera donde ha estado, la bofetada llega tan rápido que no puede evitarla, pero incluso en el suelo o que su madre parece alterada por primera vez, no se comparan cuando este fuera de sí, le lanza un cruciatus y algo dentro de él, que no es el dolor inimaginable, se rompe. Su madre grita alterada y salta para detener a Lucius, quien parece algo horrorizado al ver su varita, como si no creyera que hizo eso a su hijo, pero a Draco no puede importarle menos. En el suelo, ve al que era su padre con la mirada en blanco, mientras su madre intenta abrazarlo y reconfortarlo.
Pero no lo hace.
Ese día corta toda relación con su padre de forma sentimental.
Su madre en cambio, parece cada momento dejar de parecer importante, porque no le dice nada a su padre y tampoco parece hacer nada para evitar que este le siga ignorando, llamándolo traidor de sangre.
Regresar a Hogwarts fue un respiro.
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Algo cambia ese año, no solamente que Ginny, fuera ingresada en Gryffindor y lo saludara amablemente, los gemelos quienes también parecen reconocerlo, lo arrastran algunas bromas, que él intenta no formar parte, pero termina en medio. Harry y Hermione siguen sentándose a su lado para comer, pero ahora Ron también lo hace, también le lanza una mirada que parece una disculpa y él se encoge de hombros. No es como si ocuparan decir algo en voz alta, lo dicho, o lo no dicho, era suficiente.
Harry parece feliz cuando comienza a responderle a sus usuales preguntas, que antes no respondía.
Hermione parece emocionada cuando llega a la biblioteca y estudian juntos.
Ron lo masacra en ajedrez y parece ayudarle a su autoestima.
Ginny quien a veces parece algo alejada, le sonríe vagamente y él siente que algo está mal.
—Tu hermana actúa extraño—musita de forma distraída un día que Harry está en práctica de quidditch.
—¿De qué hablas? —pregunta Ron de forma desinteresada.
Él no sabe explicarlo, el recuerdo de la niña amable y risueña que lo arrastra por todos lados, es difícil de conectar con la niña que parece alejada de todos, con grandes ojeras y que actúa paranoica.
—No estoy seguro—musita más para sí mismo.
Se detiene cuando Hermione lo arrastra para estudiar e incluye a Ron, quien se queja en voz alta por eso. En un momento ambos comienzan a pelear de forma airada, por lo cual él suspira, prefiere cuando esta Harry, ya que así al menos puede entretenerse con alguien más.
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—No voy a jugar quidditch, solo se la posición de buscador y esa está ocupada—comenta un día que está leyendo su libro, mientras Harry hace un ademan enojado.
La semana pasada han jugado quidditch en el patio por diversión, los niños se sorprendieron que él no fuera malo, lo cual explica, es un deporte que practica de niño. Ron no es bueno y Hermione, bueno ella es una categoría propia. Harry gimotea por tener un compañero capaz en medio del equipo que sea amigo de él o que este en el mismo año.
Lo ignora y sigue estudiando.
—Eres un come libro como Hermione—dice Harry aburrido.
Le lanza sin piedad una almohada que impacta en su cara.
—Podrías ser un buen Cazador—
—Con tus reflejos me avergüenza que seas nuestro buscador—
Los gemelos sueltan la risa ante su comentario, él se ríe antes de esquivar el hechizo de Harry sin mucha importancia.
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El año no fue tan malo, supone Draco al ver que esta vez tiene mucha más gente en su vagón de regreso a la estación. Ignorando que junto a Harry termino luchando contra un basilisco y que Ginny fue poseída por un diario, no fue tan malo. Tiene amigos, supone, nunca había tenido amigos y ahora los tiene. Hermione parece encantada con su tercer año, Ron parece algo incómodo por toda la situación con su hermana, quien parece estar algo retraída a su lado, Harry y él la habían rescatado por muy poco, pero claramente estaría traumada.
Cuando bajan de la estación, ve como todos se despiden amablemente de él.
—Creo que estarás bien, si sobreviviste a ese poema a Potter no puede ser tan malo—bromea con Ginny, quien por primera vez desde lo sucedido.
Rueda los ojos.
Se sorprende de ver a su padre en la estación de trenes, pero esta vez no se alegra, ese hombre ya no es alguien que respeta y su presencia es intimidante. Traga saliva antes de que este lo tome bruscamente de la mano y lo arrastre fuera del lugar.
Esto no puede ser bueno.
Y no lo es.
Su padre lo abofetea diciéndole que es un tonto, que ha interferido nuevamente con el regreso del señor oscuro, mientras lo abofetea sin parar. Esta vez su madre no está presente ante el siguiente cruciatus que recibe, o los otros tres que siguen. Lucius ahora grita que es un idiota y que está arruinando sus planes, antes de ordenarle a Dobby que lo lleve a su cuarto, sin recordar que su propia estupidez lo puso libre hace unas semanas con Harry.
Se lo recuerda con placer.
Un nuevo cruciatus es lo que siente antes de quedar inconsciente.
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La próxima vez que esta consiente, está en el hospital de San Mungo completamente solo, suspira antes de volver a dormir, alza una mano, la derecha, que ahora tiene una horrible cicatriz desde su muñeca hasta su codo, sus ojos se fruncen, el recuerdo del cruciatus es fuerte en su mente. Dos días después sale del hospital mágico, su madre lo recoge, pero no dice nada en camino a casa, lo cual le hace sentir enfermo, no va decir nada de ese hombre que lo torturo y lo maldijo hasta que perdió la conciencia.
Quiere reír cuando entran a la casa, que ya no se siente como su hogar.
—Andrómeda, mi hermana, ella podría cuidarte—musita de pronto cuando entran al lugar.
La ve con incredulidad, antes de reír de forma amarga.
—Ese hombre ya no me quiere aquí—musita por bajo, pero su madre no lo niega.
Entonces era verdad.
Coloca pronto una llave en su mano, que le hace ver confundido a esta, sus ojos parecen alarmados y él hace sus labios en una línea fina. No quiere pensar en sus ojos que parecen preocupados, cuando durante dos años prácticamente lo ha dejado a merced de malos tratos y de su padre.
—Está en mi sala de oro en Gringotts, puedes tomar todo lo que quieras, es parte de mi herencia Black—dice rápidamente y él la ve con enojo.
—Tu tampoco puedes hacer nada—musita con sarcasmo y mirada asesina.
Los ojos de su madre parecen disculparse y él toma la llave con odio.
Odia la llave.
Pero tampoco es idiota.
Corre a su habitación, tomando algunas cosas que sabe que ocupara, antes de ir a la red Flu sin ver a su madre y grita el único lugar que se le ocurre.
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La señora Weasley parece estar incrédula cuando tímidamente pide alojo en su hogar, pero rápidamente es Arthur quien lo acepta con una sonrisa amable. Explica que pagara por su manutención, pero ellos prácticamente lo ignoran antes de ir donde Ron para decirle que será su nuevo compañero de cuarto, este no parece feliz, pero no pregunta mucho cuando ve su rostro demacrado o la cicatriz de su mano. “Ocupaba irme de ahí” es todo lo que dice y este no lo presiona, Ginny es quien rápidamente lo hace sentir en casa.
Sus ojos que no parecen los de una niña, sonríen cálidamente cuando ve su cicatriz.
Entiende su mirada.
Es como si pudiera decirle algo.
Los gemelos también parecen hacer pronto de las suyas con sus bromas y Percy parece complacido con sus notas. Pero no es hasta una noche, donde la señora Weasley lo regaña por no estar abrigado y le da un suéter tejido de color gris con una “D” en este, que siente que va llorar. Los gemelos bromean diciendo que probablemente le dará otro en navidad, pero él lo ignora.
Harry parece sorprendido cuando aparece días después y él se encoge de hombros.
—Tenemos una familia del asco—dice divertido su amigo y no puede más que reír con entendimiento.
Ambos tienen eso en común.
En realidad, tienen muchas cosas en común.
Chocan los cinco cuando les toca jugar al quidditch con los gemelos y aun así ganan.
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Draco mira con lastima el primer día de clases cuando Harry parece destinado a la muerte, es como si cada año estuviera en medio de la mala y muy mala suerte. Aunque en su defensa, era como si todas las cosas malas le pasaran a él. Por su parte ignorando que prácticamente había abandonado su casa, todo parecía mejorar en alguna forma, los señores Weasley no eran de mandarle cosas, pero en navidad le habían dado un suéter y comida. Su madre le había enviado una carta, que parecía a escondidas de su padre, así que la ignoro todo lo posible.
—Pero es que ella aparece de la nada—gruño Ron una mañana sobre Hermione que él ignoro.
Últimamente Ron y Hermione discutían más.
Era molesto.
“Se gustan” susurraba Ginny a su lado divertida, cosa que él le daba la razón.
Si bien la amistad era principalmente entre Harry, Ron y Hermione, luego que lo adoptaron a él, de alguna forma Ginny comenzó a pasar más tiempo con ellos (una forma de compensar el año pasado), también los gemelos y ese chico llamado Neville que al principio parecía tenerle miedo, pero luego de verlo y no hacerle nada, pasaba tiempo con él.
No es que Gryffindor hubiera cambiado, claro que no lo molestaban como en su primer año (por tener amigos supuso) pero todo parcia algo mejor.
Más tranquilo.
Sentía paz.
Este era su camino, no es él que hubiera elegido por voluntad, pero era el que tenía y trabajaría en eso.
“Como tu obsesión por Potter” se burla de regreso a Ginny, quien sin piedad intenta hechizarlo y él sabe que es mejor huir.
Cuando pasa por el pasillo, los Slytherin lo voltean a ver y burlarse de su persona, los ignora, pero a veces se pone a pensar en que hubiera pasado de estar en esa casa.
¿Las cosas serían diferentes?
No tenía idea.
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Luna era una chica rara, pero era amiga de Ginny. Probablemente, pensó de forma irónica y sarcástica, su padre no aprobaría la amistad de la extraña chica, una razón más para dejarla estudiar con ambos en medio de la biblioteca. Parecía espaciarse un poco y hacerle preguntas claramente indiscretas, pero intento ignorarla y no ser tan arrogante. A veces su lado natural, la arrogancia y orgullo que tantos años tenía, salía sin querer, Harry lo reprendía, Hermione amablemente lo señalaba y con Ron se daban de golpes en ocasiones, pero estaba bien, ellos le enseñaban.
Pero ahora estaba Ginny.
Y Ginny daba miedo.
No se metería con ella si puede evitarlo, una sabia lección que los gemelos y él usaban como su mantra.
—Puedo sentarme con ustedes, parecen inteligentes y ocupo ayuda—hablo una voz a su lado.
Giro su rostro con aburrimiento.
Una chica de cabellera corta de color café muy oscuro y ojos café claro, estaba a su lado con una sonrisa algo tonta. La reconoció como una estudiante de Hufflepuff que a veces estaba al lado de la chica Hannah, que a veces se quedaba viendo a Neville y este ignoraba sin saberlo.
¿Cuál era su nombre?
—Soy Elena—se presentó cuando tomo asiento sin esperar una afirmación de su parte.
Al igual que la destructiva Ginny.
La locura de Luna.
Esta chica no parecía normal, demasiado risueña y experta en encantamientos, parecía no saber nada sobre Runas y casi le suplica que le ayude. Quiere negarse, pero la mirada de Ginny le hace suspirar y aceptarla en el improvisado grupo de estudio de los miércoles.
Es de su edad, pero parece un milagro que llegara tan lejos.
—Soy buena en el club de duelo—dice esta de forma divertida antes de alejarse al terminar el estudio.
La ignora, no es que le importe.
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—Cómo es que siempre terminamos al borde de la muerte—comenta Draco de forma aburrida en medio de la enfermería.
Luego de que el padrino de Harry, quien resulta no ser malo y que de alguna forma (muy lejana) es pariente de él, se escapara con un hipogrifo que intento atacarlo al inicio de año (pero que no hizo por suerte). También resulta que el profesor Lupin era un hombre lobo y que Snape casi muere por intentar rescatarlos. Aunque tenía algunas cortaduras en sus manos, ignora todo lo que Harry y Hermione hicieron con el gira tiempos.
Solo quiere dormir.
—En mi defensa yo no busco esto—gruño Harry de brazos cruzados algo molesto.
De reojo ambos ven como Ron y Hermione siguen discutiendo.
Se ven de reojo antes de suspirar.
—Creo que apostare un poco más a que se darán cuenta hasta el último año—musita por bajo Harry ante la apuesta entre la familia Weasley y ambos.
Él se encoge de hombros.
—Te digo Potter, Ron se va declarar, es un estúpido, pero esta mi dinero en juego—dice con un leve bostezo.
Ve como Hermione parece a punto de matarlo, lo que le hace dudar un poco.
Harry ríe ya que aposto por Hermione.
Puede estar en una camilla, dos costillas rotas, heridas en todo su cuerpo, pero no puede evitar sentirse feliz rodeado de amigos.
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Tuvo un sueño, uno donde quedo en la casa de Slytherin, donde tenía todo lo que en su primer año siempre quiso. También en medio del sueño, trato mal a Harry y el resto de sus amigos, los humillo, se burló de estos, intento muchas cosas malas en su contra y en las noches en su cama, no parecía sentirse bien por eso. Entonces despertó, viendo todo rojo a su alrededor y se dio cuenta que todo lo que paso, había sido un sueño tonto, probablemente de sus deseos infantiles.
No le gusto ese sueño.
Aunque tuvo la vida que quiso alguna vez, no se sentía feliz.
—Odio mi vida—gruño Harry al otro lado del comedor al día siguiente.
Suspiro.
Aunque todos eran amigos, Harry y Ron eran los mejores amigos, pero cuando este primero fue seleccionado para el torneo de los tres magos que ahora tenía cuatro participantes, Ron pareció alejarse enojado de su amigo. Hermione y él, hacían malabares entre ambos para intentar reunirlos como amigos de nuevo.
Pero era difícil.
—Tienes mala suerte y que lo diga yo, deja mucho que desear—musito con diversión leyendo un libro sobre pociones.
El año pasado no le fue tan bien y Snape quien era su padrino, parecía a punto de mandarlo a volar por otro fallo más.
Con esa clase de padrinos.
—Yo no puse mi nombre—
—Te creo—
—¿Por qué Ron no lo hace? —
Claramente la falta de su mejor amigo lo afectaba, hizo una mueca ante la idea de admitir que Ron estaba claramente celoso. Siempre fue celoso incluso de su persona, hasta que le explico sobre su familia y se dieron de golpes, Ron lo veía como un igual, pero con Harry.
Ocupaban algo que los volviera hacer amigos.
Si tan solo Ron supiera lo que tenía y cuando Harry y él eran celosos.
Las cosas serían diferentes.
—Dale tiempo—musita de forma aburrida.
Harry sigue despotricando varios minutos, intercambia miradas aburridas con Neville quien se encoge de hombros, no hay mucho que hacer.
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—Oye cabeza rubia—dice una tarde Elena apareciendo de la nada.
Suspira aburrido y algo fastidiado.
Aún sigue estudiando con Ginny y Luna, muchas veces Hermione se une a ellos, pero Elena era ocasional, a veces pasaba semanas seguidas con ellos y otras casi ni se aparecía. La risueña chica era parte del club de duelos y estudiaba con la profesora Mcgonagall porque quería ser una animaga.
Amaba cuando no se presentaba.
Era molesta.
—¿Que? —dice con más fastidio del que siente.
Pero la chica sigue sonriendo.
—Ocupo ayuda con una clase—dice aun sonriendo y con ambas manos juntas como si pidiera ayuda.
La ve con fastidio.
Esta mocosa.
—Mira que bajo ha caído Draco, no solo esta con la sangre sucia y la traidora, ahora se rodea de mestizos—dice Pansy Parkinson pasando con un grupo de Slytherin.
La mira con molestia, pero esto desaparece cuando de la nada, Elena pasa de su lado y le pega un puñetazo a Pansy que la deja en el suelo llorando. Hace una mueca de dolor al ver su nariz hinchada y con sangre, la varita de Elena se mueve más rápido y las otras dos niñas son convertidas en pequeños chihuahuas con una facilidad alarmante.
No sabía que era tan buena.
La ve impresionado, esta parece aburrida.
—Sabes no todos los Hufflepuff son tan pacientes—admite encogiéndose de hombros.
Va a decir algo, pero un profesor se acerca reprendiendo a Elena, que parece no ser la primera vez que hace algo de esa forma.
Terminan en la dirección.
Él no tuvo la culpa, pero igual es testigo ocular.
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No puede evitar sentir algo de curiosidad, Snape es amable y le explica lo que sabe. Elena Salvatore es una maga mitad italiana y mitad japonesa. Tal parece que su madre era de un linaje bastante poderoso en la región asiática, de una de las más altas familias de sangre pura, pero se enamoró de un muggle. Abandono todo lo que tenía por seguir a un hombre italiano y Elena nació de esa relación. La niña risueña tenía un gran potencial para la magia, pero parecía algo confundida como Harry al inicio.
Mestizo.
La palabra choca en su mente.
Algo que su padre aborrecía, sobre su supremacía de sangre pura.
Magos como Harry o Elena, no eran del todo desagradables, Hermione sin duda era un genio en magia.
No había nada malo con ellos.
Su padre estaba mal.
—No tienes que defenderme—le gruñe a Elena cuando Dumbledore le da una reprimenda.
Esta sonríe ignorando sus palabras.
—Los amigos se ayudan entre si—dice sin dejar de sonreír.
Quiere preguntarle desde cuando son amigos, pero está cansado y prefiere irse a dormir pronto.
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Aplaude a Harry cuando logra sobrevivir a una lucha con el dragón, lo cual por fin logra calmar la amistad entre Harry y Ron, para alivio de Hermione y él. Pero pronto la idea de un baile de los elegidos, llega para quedarse en su grupo de amigos y todo el colegio en realidad. Esta por decir que no piensa ir, pero sus amigos terminan arrastrándolo antes que pueda negarse. Ve divertido como Hermione acepta que alguien la ha invitado y Ron parece incrédulo como indignado. No dice nada de haber visto a Víctor, un jugador profesional, invitar a Hermione el otro día.
Se ríe cuando Ginny admite derrotada haber aceptado la invitación de Neville, casi muriéndose de no poder ayudar a Harry.
Harry quien es rechazado por Cho.
Sus amigos están envueltos en muchos dramas románticos.
—¿Tu con quien iras? —pregunta un día Ron con sospecha en medio del comedor.
Un recuerdo de la última semana llega a su mente, no es que pensara en buscar pareja, pero ya que va a ir al baile piensa que ir solo sería patético, por un momento piensa en invitar a Luna, pero se arrepiente de inmediato. Puede que sea la mejor amiga de Ginny, pero no cree que pueda estar con ella, sin la intervención de la pelirroja por mucho tiempo. Hermione claramente no está disponible, por lo que piensa en la única chica además de ellas con quien tiene contacto.
Una de esas tardes camina a la biblioteca, donde ve a Elena concentrada o mejor dicho, no concentrada en el estudio y si en hacer círculos mágicos en el aire.
Quiere correr, pero a regañadientes camina a ella.
—¿Quieres ir al baile conmigo? —pregunta ella cuando este toma asiento a su lado.
No sabe si le ha leído la mente o ella ocupa una pareja.
Se encoge de hombros.
Esta sonríe como siempre.
No le dice a Ron lo que en verdad paso.
—Voy con Elena, es una Hufflepuff con la que estudiamos—admite sin decir la verdad.
Tiene un orgullo que soportar.
Ve la cara de completa traición de Ron, Harry parece reírse vagamente de su desgracia.
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El baile no es tan malo como piensa, Ron y Harry parecen completamente desdichados en algún punto, pero Hermione realmente parece divertida, se ha topado con Ginny quien lo saluda alegremente varias veces, dándole miradas divertidas cada que Elena lo obligaba a bailar. Elena es rara, de una forma que no entiende, siempre parece sonreír y tiene una gran cantidad de energía. Su padre estaría horrorizado de que la considere su amiga e internamente se regocija y espera que alguna vez lo descubra, solo para ver su cara horrorizada.
Los recuerdos del cruciatus lo hacen escalofriarse, haciendo que Elena lo vea curiosa.
—Pareces un chico con secretos—dice ella divertida cuando terminan un baile y toman una bebida.
La ignora encogiéndose de hombros.
De reojo ve a Ron perder su pareja de baile por darle malas miradas a Hermione, siente la apuesta de la familia dentro de su bolsillo.
—Me gustan los chicos con secretos—añade Elena haciendo que escupa un poco de su bebida y la vea incrédulo.
Esta suelta una sonora carcajada antes de obligarlo a bailar una canción, que no conoce como las demás, haciéndolo ver, probablemente ridículo.
Pero esta sonríe tan grande, que se obliga estar ahí.
Cuando el baile termina, Ginny lo atrapa por detrás antes de susurrarle que acompañe a Elena a la puerta de su casa. Piensa que es ridículo, pero con tal que la niña no lo vea con grandes ojos, acepta. Elena parece darle igual cuando caminan juntos en un silencio cómodo.
Por fin se cansó de hablar, piensa brevemente divertido.
Todo en su mente parece morir cuando una presión en sus labios lo hace congelarse, dura unos segundos, pero cuando se separa ve a Elena como un pez fuera del agua. Nunca ha besado a una chica, le da vergüenza admitirlo, sobre todo porque en su primer beso, no fue iniciado por él. Orgullo masculino por los suelos. Ve la chispa de diversión en los ojos de la chica.
Quien tiene un hermoso vestido de color verde, su cabello largo en un peinado que solo una chica podría hacer y leve maquillaje.
Es bonita.
Admite a regañadientes, nada mal para un primer beso.
La toma detrás de la cabeza y ahora es él quien la besa, para recuperar un poco de su orgullo, jamás admitiría en un millón de años que es porque el primero le ha gustado.
Se besan un poco más.
Cuando se acuesta en su cama, una sonrisa satisfecha inunda su rostro.
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Todo parece un caos cuando Credic muere, siente miedo y terror por lo que significa. Incluso cuando nadie parece querer creerle a Harry, él le cree, porque su padre por años hablo sobre el despertar del señor oscuro y ahora lo están viviendo. Tiene miedo, esta horrorizado y en su quinto año, entiende que nada bueno puede salir de esto. Las vacaciones en la madriguera parecen un sueño lejano, que ahora desea recuperar. Las visiones de Harry claramente no ayudan en nada y todo parece un remolino de desolación.
—Tanto por un año tranquilo—confiesa Ginny una tarde que están juntos en los pasillos.
Sobre todo, con Dolores Umbridge rondando por todas partes.
Molesta y con cara de sapo.
Toca brevemente su mano con vendas, haber apoyado a Harry no fue tan buena idea cuando ambos compartieron el castigo, pero era su amigo.
—Bueno al menos alguien le va bien con el plan de superar a Harry Potter—comenta divertido antes de empujarla juguetonamente.
Esta le ve incrédula, antes de querer hechizarlo.
—No me has hablado más de Elena, después de que los vi besándose—dice Ginny de forma divertida.
Ella los había pillado aquel baile de navidad, pero tuvo la decencia de no decirlo en voz alta y solo hostigarlo cuando estaba solo.
Amable, supuso.
O chantajista.
—No hemos hablado mucho—admite algo incómodo.
Se han saludado por los pasillos, estudian con todos, pero nada ha pasado entre ellos. Es como si el baile fuera solo una noche un sueño fugaz y le molesta admitir que eso le irrita más de lo que quiere admitir.
—Quien diría, ambos sufriendo por amor no correspondido—
—Al menos yo la bese—
El moco murciélago de Ginny aparece tan rápido y doloroso, que no puede más que agitar sus manos sintiendo que se ahoga.
Pero la satisfacción queda en su interior de ganar una pelea verbal.
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Draco mira de forma incomoda, como claramente los estudiantes de la casa Slytherin tienen un claro tratamiento preferencial por la cara de sapo. Los ve molesto cuando ellos se siguen burlando de su persona, pero más que molesto, dentro de él se siente incómodo. Tiene sueños donde se ve en la casa de las serpientes y eso le hace dormir intranquilo, no le gusta lo que ve, ese Draco que molesta a los demás (como hacen con su persona) y que a sus actuales amigos los intimida. Tiene miedo de decirle eso a ellos, ya que es una persona que no le gusta.
Es como odiar una parte de sí mismo.
Porque sabe, que, si hubiera quedado en la casa de Slytherin, lo hubiera hecho.
Estaba tan engañado por el hombre que es su padre, tan lleno de rencor con aquellos que no son sangre pura.
La mayoría de la sociedad mágica no son sangre pura.
Idiota.
—¿Draco? —llama Harry cuando van a sus clases privadas o prohibidas sobre defensa contra artes oscuras.
Todo debido a que su actual profesora.
Apestaba.
—Estaba pensando—musita en voz baja, haciendo que Harry alce una ceja para verlo confundido, pero no se atreve a decir sus pensamientos, tal vez no debió ser un Gryffindor ya que era un cobarde—no me veas así, al menos mi cita no se puso a llorar toda la tarde—añade en tono burlón.
Harry gimotea claramente avergonzado y siente una pequeña satisfacción de verlo sufrir por cosas normales.
Se detiene incomodo cuando en medio del salón ve como Elena parece haber convencido a Hannah de unirse a “el ejercito de Dumbledore”, todo gracias a Ginny, no sabe si matar a su pseudo hermana menor o darle las gracias.
Harry lo ve confundido, agradece que sea un idiota en esos temas, ya tenía suficiente tragedia con Hermione y Ginny, además de Neville.
—Potter—comienza Elena a su lado canturreando divertida y dándole una mirada curiosa, que él ignora lo mejor que puede.
—Elena me alegra que Hannah y tu pudieran venir, mientras más personas es mejor—hablo Harry tímidamente, pero alegre de verla.
Gimoteo cuando reconoció que, aunque no eran amigos, Elena solía mantener conversaciones casuales con el chico, sobre todo de quidditch.
La chica sonrió demasiado, para su gusto.
—Hay chicos lindos que ver por aquí, claro que vendría—dice con sinceridad y sin ninguna vergüenza aparente.
Harry queda en shock, ella gira a su persona y le da un guiño coqueto antes de irse. Es gracias a eso que Harry gira a verlo con la boca incrédula, él prefiere irse rápidamente al lado de alguien más, intentando que el rojo de sus mejillas no se notara tanto.
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Mira de forma incrédula a Hermione y Ginny sentadas frente a él, ambas despotricando sobre hombres, casi ignorándolo en ese momento. Suspiro pensando en cómo acepto estudiar con ellas, gira su rostro a la ventana, casi deseando poder estar fuera con Harry y Ron, pero él había tomado una decisión, se arrepentía, claramente, pero no es alguien que diera atrás su palabra. En su maleta en su habitación, una carta de su madre pidiéndole que se mantuviera alejado de cualquier problema, le indicaba que, pronto habría problemas.
No solo el atentado contra Arthur.
Él se sentía incómodo, como un mal presentimiento.
Un golpe en la frente le hizo sisear, antes de ver mal a Ginny que soltó una risa divertida.
—¿En las nubes Malfoy? —cuestiona divertida, moviendo las cejas divertida.
—Metete en tus asuntos Weasley—le gruñe de regreso igualmente divertido.
Hermione rueda los ojos, intercambia una mirada divertida con Ginny, ambos conociendo el problema de la chica con Ron.
Admite, solamente para él y probablemente Ginny (quien de alguna forma que no entiende es su mejor amiga) que puede que, de alguna forma más joven, sintiera algo por Hermione. No solo competían todo el tiempo, la chica estaba creciendo y era linda, claro que además sumando que eso hubiera molestado a su padre, hacia todo muy atractivo. Pero cuando se hizo amigo de ellos, solo tomo un segundo ver la interacción de Ron y Hermione para saber que, no quería meterse en nada romántico en medio de ellos.
La imagen de una chica de larga cabellera y sonrisa divertida de Hufflepuff rodeo momentáneamente su cabeza.
—Hermione lo que ocupas es darle un beso a mi hermano (lo cual es asqueroso) y tocarle una nalga para que seas feliz—dice Ginny descaradamente.
No ocupa más que ese comentario, para que Draco la tome del cuello y comiencen a correr por toda la sala común, con una Hermione roja de la vergüenza como de la ira.
Terminan en el suelo riendo y con su tarea olvidada.
En medio de las risas, Draco no puede evitar pensar que, ambas y el resto de sus amigos, eran una familia que ocupaba.
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Draco quiere a sus amigos, aunque debe admitir que ser amigo de Harry Potter lo ha puesto al borde de a muerte, muchas más veces de las que le gusta admitir. La idea de ir al ministerio de magia es estúpida, intenta convencerlo antes de hacer semejante estupidez, pero, aunque no lo logra, termina acompañándolos. Es cuando todo parece un caos, cuando se encuentran con que Sirus está vivo, que la orden está a salvo (secreto que confían a él por ser una especie de Weasley honorario) y la loca de Bellatrix que de alguna forma es familiar lejana, los persigue tanto a Sirus como él para matarlos.
Toda la gente con quien comparte sangre está loca, decide al fin de cuentas.
Sirus al principio tuvo también esa incertidumbre por su persona, hasta que le dijo que estaba en Gryffindor y pareció feliz de no ser la única oveja negra de la familia Black.
Él no era un Black.
Aunque su madre sí.
Todo era confuso.
Aunque admitía ser un duelista bastante competente, Bellatrix estaba loca (no había nada positivo que decir en esa situación) y por muy poco esquivo ese hechizo oscuro. Gimoteo cuando su mano comenzó a sangrar, demostrando que no había sido por muy poco.
—Lucius sin duda crio un inútil—gruño esa mujer con tono despectivo.
La vio rodando los ojos.
Bufo incrédulo.
—Estás loca, demente y sin duda prefiero pasar mi vida con traidores de sangre que con una señora que es una puta detrás de Voldemort—grito las primeras palabras ofensivas que se le ocurrieron.
El cruciatus no se hizo esperar.
¿Cuántas veces una persona puede soportar tanto dolor?
De su familia de sangre, para peores.
Gimoteo cundo cayó de espaldas, antes que Sirus comenzara una batalla contra esta, pero estaban caminando demasiado cerca del velo. Sirus al igual que Harry, tenían una extraña tendencia suicida, decide cuando aun tembloroso, debe arrojarse con Sirus para esquivar una maldición de Bellatrix y que este no cayera en medio del velo.
Siente cada hueso de su cuerpo dolerle.
Pero está vivo, supone con ironía.
—Esa perra está loca—murmura antes de que Sirus lo traiga por el cuello para que ambos logren esquivar un nuevo ataque.
—¡Chico! —llama Sirus sobre él, pero su visión comienza a nublarse, antes de morderse los labios y ponerse de pie tembloroso.
Deben luchar.
Estúpido Potter piensa con ironía, antes de seguir el duelo de Sirus y Bellatrix con ojos apenas abiertos, con un ágil hechizo hace que Bellatrix se caiga de espaldas, antes de sentir un ataque por su espalda. Muerde los dientes al sentir nuevamente dolor en todo su cuerpo.
Esta vez queda inconsciente.
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Cuando vuelve abrir los ojos, una habitación que detecta de San Mungo lo recibe, se medió incorpora en su cama sintiendo dolor en todo su cuerpo. Mira sus manos vendadas y siente dolor en su espalda, pero esta con vida. Los recuerdos de la batalla en el ministerio rondan su mente y no puede evitar sentirse aterrorizado. Una guerra, no habían sido muchos y apenas piensa si sobreviven, pero eso solo parecía un preludio, un preludio de una inminente guerra. Un sonido lo distrae y queda paralizado cuando la cortina que separa su cama se abre y Molly Weasley aparece del otro lado, esta gimotea incrédula que este despierta y lo envuelve en un abrazo.
No puede evitar preguntarse, cuando fue que su verdadera madre lo abrazo por última vez.
También no puede creer lo estúpido que es Ron, por sentir celos de Harry o él, cuando tiene una familia como esta.
—Me alegra que estés despierto tesoro—dice esta con sinceridad y lágrimas en sus ojos.
Él no se mueve, sin creer que alguien más llore por él.
Sonríe levemente, antes que todo se vuelva un caos en su habitación.
Ignorando la visita de todos los Weasley, incluyendo Sirus (no entiende del todo que ha pasado para que este en libertad), de Harry y Hermione, Ginny es quien le cuenta la historia. Había recibido varias maldiciones imperdonables, un cruciatus y otra que le ha dejado una cicatriz en la espalda, que al igual que su mano, no se puede curar. Estuvo inconsciente por dos semanas.
Ginny parece preocupada por su persona, al igual que su madre llora al verlo, Hermione lo abraza de forma protectora y no puede evitar sentirse en casa.
—¡ESTAS VIVO! —gritan ambos gemelos con emoción, antes de revolver su cabellera.
Siente dolor en todo su cuerpo.
Su cabeza no deja de martillar.
Quiere dormir.
Pero no se cambiaría por nadie en el mundo.
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Snape jamás lo trata mal, aunque desde que se alejó de su padre apenas si tienen contacto cordial, pero no por eso se preocupa menos cuando obtiene el papel de maestro de defensa contra artes oscuras en su sexto año. Harry quien siempre ha odiado a su padrino, tampoco parece emocionado por el asunto, tampoco porque, aunque Sirus es declarado inocente, no tiene potestad para mantenerlo o algo estúpido dijo Dumbledore. Le intenta recordar que pronto será mayor de edad, pero Harry puede ser terco y prefiere ignorarlo.
El hecho de que Ginny pase todo su tiempo con su novio, parece que también lo pone de mal humor.
Sus cuatro mejores amigos están enamorados, pero no juntos.
Mala suerte.
Neville y él parecen saltar entre ambos, intentando evitar que los temas se pongan muy sensibles.
—Dean es un insoportable, es lindo, pero yo puedo hacer las cosas por mi cuenta—se queja Ginny en la sala común con una mueca de molestia.
Él la ignora por leer su libro.
El tema de Dean es un tema sensible para ambos, no solo el chico parece odiarlo desde su primer año, también comparten la misma habitación y este parece odiarlo porque Ginny declaro que él es su mejor amigo. Aunque el repite miles de veces que no tiene sentimientos románticos por la chica, su novio siempre parece verlo de reojo como potencial enemigo.
Patético.
—Solo estas con él por estar con alguien—dice antes de pasar la página del libro de oclumacia.
A pesar de que Snape no lo trata como antes, le ha dado ese libro en su cuarto año, por lo cual procura estudiarlo. A veces después de clases en su quinto año, este le instruía, ya casi tenía el truco para lograrlo sin dificultad.
Se preocupó el motivo para que su padrino le diera eso.
—Dean es lindo y besa bien, pero me gusta mi espacio, ayer me reprocho porque paso mucho tiempo contigo—gruño está acomodándose de forma descuidada en su regazo.
Él rodo los ojos.
—Por cosas como estas es que está molesto—le dice sin apartar su vista del libro o incomodarla a ella.
Está acostumbrado, de niña Ginny era muy cariñosa y él claramente por su familia, ocupaba carriño. Como una hermana que nunca tuvo, Ginny comenzó a seguirlo cuando sus hermanos la ignoraban, riendo y contándole cosas, que él no ignoro por un hecho.
Ella fue la primera que le hablo.
La que le llevo a la casa Weasley.
Ella era familia.
Le debía mucho.
Además, su personalidad viva y alegre, le ayudaban cuando él no se sentía bien. Porque tuviera la familia postiza de ahora, a veces recordaba que sus padres se desentendieron de él, que estaban del lado del señor oscuro y las cicatrices de su cuerpo eran testigo de que ambos habían tomado caminos diferentes.
—Es estúpido, Harry y Ron me encontraron la noche pasada besándome con Dean y se pusieron en rol hermano mayor, deberían ser como tú—
—Sabes yo también protegería tu dignidad, pero me lanzarías un moco murciélago y no ocupas de mi ayuda—
—Exactamente, gracias por notarlo—
La ve pensando que no era broma y esta con la cabeza en su regazo pone una sonrisa inocente, haciendo que ambos se rían levemente. Distraído pone una mano en la cabeza de Ginny y comienza a masajear su cabello, esta hace un sonido que le recuerda a un gato y piensa que es una mocosa.
—Me siento ofendida que ese libro sea más importante que tu mejor amiga—
—Este libro te ganaría en cualquier cosa—
Un gimoteo sale de su boca cuando esta le da un puñetazo en el rostro, con fuerza la lanza de su regazo y esta rueda en el suelo. Ambos sueltan una carcajada cuando esta se arroja sobre él, en su regazo y parece querer ahorcarlo, pero este se resiste a duras penas.
Un sonido de molestia los distrae, haciendo que volteen a ver a su derecha done Ron y Harry están de pie.
Draco reacciona un segundo tarde, con Ginny sobre sus piernas demasiado cerca de su cuerpo y su rostro.
Su frente se sombrea de azul.
—Ahora también sales con Draco—dice Ron en tono acusador.
Mala idea.
Más rápido que un destello, Ginny le lanza un hechizo que lo arroja sobre su espalda. Parece querer ir a matarlo, pero no en juego como con él, por lo cual la sostiene de la cintura evitando que ella cometa un homicidio.
—Draco es mi mejor amigo gilipollas, ahora si te mato—dice esta en tono sádico.
Decide que prefiere estar del lado bueno de la chica, por lo que la suelta y es Hermione quien al final logra detenerla de cometer asesinato. Lo peor decide Draco, es la mirada de completo odio de Harry, quien no sabe cuándo o como, parece que por fin tiene sentimientos por Ginny.
Bufa por bajo cuando Hermione le grita a Ron que es un tonto y lo arrastra a él a la biblioteca.
Ahora Ron también lo ve enojado.
Gimotea.
Él no hizo nada.
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Decide por su propio bien mental (y físico) que se alejara un poco de sus amigos, hasta que resuelvan sus problemas amorosos entre ellos, no quiere estar en medio del fuego cruzado. Por lo cual, en sus ratos libres, prefiere estar fuera leyendo algún libro, a veces pensando que podría haber quedado en Ravenclaw, aunque aún no logra ganarle en notas a Hermione. Propósito de año nuevo decide. Es una tarde en medio de una banca, cuando una sombra aparece frente a él. Intenta no parecer sorprendido cuando ve a Elena frente a él con su usual sonrisa amable.
Esta ignorándolo como siempre, toma asiento a su lado y comienza a mover sus pies.
Se tensa.
Olvida que no solo sus amigos tienen esos problemas románticos. La chica a su lado lo besa en su cuarto año en el baile de navidad, pero luego de eso lo ignora, a veces le habla como si nada hubiera pasado y él está claramente confundido.
No solo Harry y Ron son malos con las chicas.
Él también.
Mierda.
Jamás lo admitiría en voz alta.
—Me miras con ojos saltones, es divertido—dice está señalándolo descaradamente, se sonroja y esta se ríe—no voy hacerte nada que no quieras—añade con un guiño coqueto.
Eso también le molesta, esos coqueteos descarados, lo hacen sentir incómodo.
La mira de reojo notando que su larga cabellera ahora es un poco más controlada y larga que antes, que su rostro comienza a dejar de parecer el de una niña y su cuerpo se está volviendo muy bonito. Odia las hormonas que tiene dentro y que esta chica este a su lado.
Al igual que Ginny y Hermione esta parece a gusto a su lado.
Pero no es lo mismo.
Es diferente y no entiende cómo.
—Claro—dice de forma aburrida intentando controlarse, esta lo ve algo molesta.
—Sabes para ser un chico, no eres muy bueno con las chicas—dice esta como si leyera sus pensamientos.
Se sonroja antes de verle con incredulidad, curiosamente esta parece estar seria como casi nunca lo muestra por estar sonriendo.
—Eso es grosero—gruñe antes de volver a su libro.
Esta bufa.
—Grosero es besar a una chica y no sacar el tema nunca—señala ella con clara molestia.
Su sonrojo incremente y la ve enojado, ya que esta parece tomar el tema con tranquilidad y él es un mar de nervios en este momento.
—Tú me besaste primero—
—Y tú después—
—Actuaste como si no pasara nada—
—Soy una chica Draco, nos gusta ver un interés en un chico y no hacer todo el trabajo—
Ambos están molestos y se ven de forma enojada, él no entiende que quiere ella y esta parece querer reclamarle algo. Las chicas son fastidiosas, decide en medio de algo que no entiende, solo que parece que ella esperaba que lo buscara y es ridículo porque él.
Porque él…
Aparta la mirada dispuesto a levantarse.
—Eres una molestia—masculla sin saber que más decir.
Él tenía suficientes problemas familiares como para sumar a esta chica a su vida, sus amigos ahora están en peligro y no sabe cuánto tiempo antes que todo se valga a la mierda. Ocupa estudiar, ocupa ser un mejor mago para ayudarles cuando sea el momento.
Debería irse.
Pero cuando ve de reojo a la chica aun sentada, casi pareciendo abatida y con ojos adoloridos, se maldice internamente a él mismo.
Solo una única vez.
Se dice a si mismo cuando se vuelve a sentar. Elena abre los ojos incrédula, cuando ahora es él quien inicia el beso, porque al igual que los ojos de Ginny, pero de otra forma que no comprende, y tampoco le importa, no puede ver sus ojos tristes.
No es una escoria.
No es su padre.
Se separan y él esta avergonzado, pero internamente feliz de sentir su orgullo de regreso por iniciar el beso. Esta sonríe de una forma que no había visto antes, más suave y sincera, que también llega a sus ojos castaños, que ahora nota tienen destellos de otros colores.
Es hermoso.
—También eres molesto—dice esta con la voz algo rota pero divertida.
Entonces ignorando su anterior pensamiento, la vuelve a besar.
Mierda.
.
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—Draco tiene novia y no morirá virgen—celebra Ginny en la sala común, haciéndolo gruñir molesto y que Hermione ría a su lado.
Neville tiene una sonrisa divertida a su lado, que quiere aplastar de un puñetazo.
Aún era virgen.
Pero no iba aclarar eso en voz alta.
Ginny sigue abrazándolo emocionada, diciendo que Elena era un sol por soportarlo, que no lo arruinara. Hermione comentaba todo lo que tenía que hacer para ser un buen novio, Neville parecía igual de torturado que él.
—Al menos ahora Harry y Ron dejaran de verme como competencia—musita haciendo que Neville asienta a su lado de acuerdo.
Hermione y Ginny se ven confundidas.
Él bufa.
¿Quién es el ciego ahora?
Quien diría que, del grupo de amigos, es el primero en conseguir una novia estable.
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Muchas cosas pasan delante de sus ojos, la guerra parece cada vez más cerca y la muerte de Dumbledore es el detonante. Cuando el gran mago muere, siente que, dentro de él, que el mundo está perdido, cuando un mago poderoso no pudo evitarlo, ellos definitivamente no podrían hacer nada. En el funeral él está sentado con la mirada perdida, quiere pensar que no tiene nada que ver en este lugar, pero sabe lo que pasa con su padre y su madre, los malos de la historia y como esta guerra estaba cada vez más cerca de estallar.
Ve al cielo confundido.
¿Este era su destino?
Cuando el sombrero lo eligió en Gryffindor.
¿Qué estaba pensando?
—Todo va cambiar—musita Neville sentado a su lado y él asiente con la mirada perdida.
Ve su mano unos segundos, sintiendo un poco de dolor en la cicatriz de esta como en su espalda. Aprieta los dientes sabiendo que de alguna forma ese sombrero decidió su destino.
Un efecto mariposa.
Lo llamo Arthur una vez.
Camino donde Harry estaba con Ron y Hermione, los tres habían tomado una elección y le habían dado la oportunidad de elegir. Cuando llego a ellos, sus tres amigos lo vieron con grandes ojos con preguntas, le habían dado a elegir porque sabían la situación de su familia biológica,
—Estoy dentro—admite con voz seria.
Hermione asiente.
Ron suspira.
Harry lo ve con gratitud.
Son amigos.
Mientras ellos van a partir, el resto va cuidar Hogwarts. Mira de reojo donde Ginny está al lado de Neville, Luna, Hannah y Elena. Su mejor amiga sonreí levemente, sabiendo que aquí también sería un campo de batalla el próximo año.
Elena le da una leve sonrisa.
Una parte de él, decidió, era un idiota por no haber hablado antes con ella y aprovechar un poco más el tiempo. A su lado, había sido muy cálido y diferente, un diferente bueno en su vida que pensó que no tendría. Pero ahora no es tiempo de echarse atrás.
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La búsqueda tomo mucho tiempo, tanto buenas experiencias como malas pasaron. Desde Ron dejándolos, él sintiéndose perdido ante la idea de sus padres detrás de todo esto, luchas y perdidas. Cuando llegan al castillo luego de todo un año fuera en medio de la muerte (lo cual bromea todo el tiempo con Harry diciéndole que tiene mala suerte) y listos para iniciar una guerra, se siente confundido. En medio de la pelea donde ataca y protege, se pregunta qué hubiera pasado si su vida fuera diferente, como en sus sueños.
Tal vez estaría del otro lado de la batalla y eso lo destruye.
Por qué el otro lado está mal.
Voldemort está mal.
Por eso cuando el sombrero seleccionador aparece, casi al mismo tiempo que la serpiente de Voldemort, cuando el cadáver de Harry aparece. Por primera vez entiende porque está en Gryffindor, cuando la espada de su creador es empuñada en su mano para matar a la serpiente.
Ignorando su número de heridas.
Ignorando que sus padres detrás de Voldemort lo ven incrédulo.
Él toma su elección en ese momento, no es como antes que solamente acepta el destino que otros eligieron por su persona, no, él decide su camino y la espada brilla en sus manos. Voldemort parece furioso con su persona, pero no puede importarle menos.
No le tiene miedo.
No después de todo lo que pasaron.
Y entonces, Harry parece regresar de los muertos.
Antes de saberlo la batalla termina, pero él no se siente bien, está cansado, un llanto desgarrador de alguien, también es el indicio de una serie de muertos que recoger.
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Esa noche camina a su antiguo dormitorio, que está algo destruido pero estable. Se arroja sobre su cama, seguido de Ron y Harry sobre la de ellos. Hermione ignora que no es la de chicas y se acuerda en una que debió ser de Neville, los cuatro están agotados, la batalla ha terminado hace unas horas, pero hay muchos muertos, mucho dolor y mucha sangre. Él se siente demasiado cansado para hablar o decir algo, solo quiere dormir toda la noche, pero siente que tendrá pesadillas.
—Estoy agotada—dice Hermione con los brazos estirados.
El pensamiento de ella hechizando a sus padres y enviándolos a Australia corre en su mente, tendrán que ir por ellos a buscarlos pronto, lo habían decido en medio de su viaje en momentos de estrés.
Donde pensaban en el final de la guerra.
Donde eran optimistas.
—Tengo hambre—musita Ron contra la almohada.
Todos sueltan una leve risa.
—Por cierto, Potter, técnicamente Ron hizo que Hermione lo besara, así que me debes dinero—comenta sentándose en su cama.
Harry suelta una carcajada cuando Ron y Hermione se ponen rojos.
—Hermione lo beso así que tú me debes dinero—contrataca este mordaz, pero con mirada divertida.
Tal vez.
Tiene un punto.
—Me hiciste perder dinero Weasley, me lo debes—le gruñe con fingida molestia y este le arroja una almohada en el rostro.
Los cuatro ríen como críos y él se arroja nuevamente sobre la cama con una sonrisa de paz. Esta se borra levemente al recordar el número de muertos, sobre todo el de uno de los gemelos que le duele hasta el fondo del alma. Una parte egoísta de su interior, se ha alegrado al ver a Elena entre los sobrevivientes, tiene una herida terrible en su pierna producto de un hombre lobo, pero esta solo se rio diciendo que no era tan grave.
Tendrían que esperar hasta la próxima luna nueva.
Pero estaba viva.
Eso lo consuela.
—Hey Draco—dice Harry de la nada, gira a verlo confundido y este le sonríe—me alegra que seas mi amigo—habla algo cursi, pero lo entiende.
La amistad es importante.
Le recuerda como Sirus habla de su amistad con el padre de Harry y con Lupin.
—No te pongas cursi Potter, tengo novia a diferencia de un tipo que se hizo valiente y la dejo—le dice divertido y este gimotea indignado.
Un movimiento a su lado, hace que vea a Hermione sentada a su lado.
—También me alegra que seas mi amigo Draco, si tuviera un hermano seria como tú y Harry—
—Sí, porque si fuera Ron seria incesto—
Una almohada de parte de Ron lo hace reír divertido, cuando este solamente le palmea la cabeza, pero choca los cinco con su persona.
Los cuatro ríen, antes que los cuatro terminen en su cama, en un nudo de manos y piernas, durmiendo juntos. Draco en ese momento piensa en lo que pudo ser su vida de diferente, si hubiera sido seleccionado en otra casa, pero cuando siente el codo de Harry, cuando Ron ronca o cuando Hermione balbucea a su lado.
Lo sabe.
No lo cambiaría por nada, esta sensación de que lo llenan.
Y esperaba que, en unos años, todo siga como este momento, los cuatro amigos.
La casa de Gryffindor.
Su casa.
Fin
