Chapter Text
Nikkita Washi ajusto los parámetros del periscopio antes de inclinarse a mirar.
Probablemente “Periscopio” no era la palabra correcta, no estaba en un submarino, el complejísimo mecanismo iba hacia abajo y emergía del casco de la Ciudad Aérea de Chusei para una vista entera del océano y sus islas, cientos de kilómetros más abajo; el nombre oficial, “Ojos de Águila”, no le gustaba, porque su propio nombre significaba Águila y le hacía sentir como si hubiera nacido para ser un mirón.
Como siempre, dedico los primeros minutos en observar Common Force, la más grande de las islas, a juzgar por el movimiento de barcos aún mantenía el bloqueo que impusiera a sus vecinas, La Joya y Krasiv, a comienzos del año, habría negociaciones ese día que podrían determinar el futuro de todas las naciones; re ajusto y se fijó en el Archipiélago Pyaar, los informes decían que habían vendido un nuevo portaaviones a la Bahía Majaanan a cambio de un dineral y un cargamento de detritos, la reacción por parte de la pequeña pero belicosa nación de Sakre no se hizo esperar, ese año aceleraron la construcción de su aeropuerto flotante.
Washi suspiro, ese día podía extenderse la tregua o estallar definitivamente las hostilidades, la paz no era una opción a la vista.
-General Nikkita, es hora.
-Bajare en un momento.
Nada de aquello le habría irritado tanto de no ser por la certeza de que peleaban por nada, por principios e ideales que ni se podían definir por sí mismos, ¿pero que iba a hacer él?, era el más joven en la historia en ostentar el cargo de General de las Fuerzas Armadas Imperiales, se le tenía por brillante, pero en su cultura eso significaba que conocía su lugar y que no iba a estar agitando el avispero por probar a ver qué pasaba.
Examino su aspecto, el uniforme impecable, la espada y la banda donde correspondían, un respetable ciudadano de Chusei donde quiera que se le mirase.
Nikkita Washi era Asexual.
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-Mau… ¡Mau!
-Mmh… ¿Qué quieres?
-Son las nueve.
-¿Y…?
-¿No tenías algo súper importante que hacer hoy?
-Algo…?, ¡Joder!
Mauricio Cedeño salto de la cama como catapultado y corrió al cuarto de baño, su pareja se hecho a reír, se levantó también y fue a preparar el desayuno.
Era una mañana magnifica en La Joya, de esas en las que se antoja ir a la playa, en vez de eso el pobre Mau tenía que alistarse para una reunión con esos cretinos de Common Force, eso siempre le ponía ansioso.
-¿Viste mi banda, Bruno?
-Aquí.
-Gracias, amor.
-¿Ya te he dicho lo sexy que te ves de uniforme?
-No tanto como tú con ese mandil-enseguida supo que hacia el papel, no estaba de humor para jugar.
-Relájate-le paso una taza de café-su queja es justa, si siguen bloqueándonos tendremos que responder y nadie quiere eso.
-Aitana podría quererlo-rezongo.
-Vamos a ver, Mau, necesitan mostrar un frente unido.
-Ya lo sé, pero a esa mujer le encanta tocar las pelotas.
-Lo dudo muchísimo-se rio.
-Sabes lo que quiero decir-aunque también se rio eso-me voy, si no vuelvo.
-Oh, cállate, hare gambas esta noche, tienes que volver.
Mau le dio un beso y salió, la sonrisa de Bruno desapareció al cerrarse la puerta, tener de novio al Comandante de la Fuerza Naval aportaba muchas ventajas pero la tranquilidad no estaba entre estas.
Mauricio Cedeño era Homosexual.
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Aitana Meijer era madrugadora y le gustaba correr con las primeras luces del día, aunque Krasiv estaba en el mismo paralelo que La Joya algún asunto de las corrientes marinas le confería un clima mucho más frio, el aire le aguijoneaba la piel, pero también le vigorizaba.
A las siete ya estaba en su oficina, desayunando, y solicito una conferencia con el Comandante de la Joya pero le dijeron que aún no llegaba, se ducho, se puso su uniforme de Comandante de la Fuerza Aérea y lo intento otra vez a las ocho, aun ausente, ¿pero dónde se había metido ese idiota desobligado?, no consiguió contactarle hasta las nueve pasadas.
-¿Pero que pasa contigo?
-Buenos días a ti también, Aitana.
-No se si no te das cuenta porque ustedes tienen más recursos, pero este día es importante, tienen que levantar el bloqueo.
-Soy muy consciente de ello, por eso…
-¿Qué?
-Pues…ya sabes…
-Escúpelo de una vez, Mauricio.
-Pues que me dejes hablar a mí.
Estuvo a punto de arrojar el teléfono por la ventana.
-¡¿Va en serio?, ¡Otra vez eso!
-¡Escucha!-suplico-por favor, trata de entender, a ellos yo les incomodo pero a ti te ven como una amenaza, si al menos tuvieras pareja…
-¿Eso que tiene que ver?-espeto-lo que haga o deje de hacer en mi vida no es asunto de nadie, en especial de Smith.
-Pero admite que…
-No voy a admitir nada, Mauricio, lo que hare será tomar mi vuelo y más te vale hacer lo mismo, la reunión es a las once, aun podemos planear algo.
-Claro, mamá.
Le colgó con violencia, sobresaltando a su secretaria, se recostó en su asiento y se froto las sienes.
Siendo justos, Mauricio tenía un punto y ella no podía menos que entenderlo, pero no en voz alta, jamás, eso le haría ver débil y no podía permitírselo, especialmente ese día.
Aitana Meijer era Lesbiana.
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Kaia Gita se miró de arriba abajo, no estaba segura de que el uniforme le sentara bien, siempre se había visto muy joven para su edad, pero ahora parecía una niña jugando a los disfraces.
-¿Serán los pendientes?, Anand, ¿Qué piensas?
-Quizás fue una mala idea-empezó a decir su esposo, un ataque de tos le interrumpió.
-¡Anand, mi vida!, siéntate, por favor.
-Estoy bien-resoplo-¿Por qué me tuve que enfermar justo ahora?
-No quiero que empeores, no te angusties más-le sonrió con dulzura-soy la Primera Dama de Pyaar, Comandante de las Fuerzas de Infantería, no te fallare.
Anand intento devolverle la sonrisa, no creía que fuera a fallarle, era inteligente y muy capaz, pero estaba asustado, Kaia carecía de verdadera experiencia, nunca había estado en combate directo o en un mitin político y ahora se veía empujada a ello por la malhadada circunstancia de una ola de gripe entre el estado mayor.
Las preocupaciones de Kaia eran de otra índole, no quería hacer el ridículo, amaba con locura a su esposo, pero él era 31 años mayor que ella y fuera de su país eso siempre despertaba habladurías.
-Quédate cerca de Kiran todo el tiempo-le recordó, refiriéndose a su enorme guardaespaldas.
-Así lo hare.
-Kiran, la protegerás con tu vida, ¿entiendes?
-Lo juro, señor.
Kaia volvió su atención al espejo y decidió que se cambiaría una última vez, necesitaba dar la mejor impresión posible, por su esposo, por su país, y quizás un poquito por ella misma.
Kaia Gita era Pansexual.
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-Vamos a ver, Bahar, ¿Dónde pusiste las medallas de papá Izán?
Izán Al Qantara andaba de un lado a otro, revisando sus notas, mientras su esposo, Fatty, y su esposa, Zeynet, trataban de hacer hablar a la niña de tres años; era incapaz de leer y estarse quieto desde cierta vez, años atrás, que lo hacía en un cañaveral y de la nada le ataco uno de esos locos de Pyaar, la experiencia le dejo con cicatrices en la cara y un habito nerviosos de por vida.
-Sé que te gustan, pero papa Izán las necesita, ¿Dónde están?
-¡Bebe las tiene!-exclamo.
La mujer, en avanzado estado de embarazo, frunció el ceño, confundida, pero luego metió las manos en su delantal y saco el par de medallas, la niña sonrió y se escabullo a su cuarto.
-Mi hijo aun no nace y tu hija ya le usa de escudo, Izán-se quejó Fatty.
-Descuida, será una buena hermana-se detuvo para que Zeynet le colocara las medallas-gracias, ya estoy listo.
-¿Seguro no quieres que te acompañe?
-Me quedare más tranquilo si te quedas en casa, pero llamen si hay noticias.
-Aún falta-le recordó la mujer-no vas a estar fuera tanto tiempo, ¿verdad?
-Mientras menos tarde mejor, ¡Bahar!, ¡Ya me voy!
La niña regreso a la carrera y luego costo que le soltara, pero cinco minutos después, Izán iba en el auto camino al aeropuerto, Majaanan venia saliendo de una temporada de fiestas tradicionales que tuvo la suerte de coincidir con la tradicional tregua comercial con Pyaar, tregua que, como Mariscal y representante de su nación, le interesaba perpetuar, pero como individuo rogaba por una excusa que la terminara.
Izán Al Qantara era Bisexual.
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Lo único en lo que Elijah Zuzumaga podía pensar era en rascarse, ¡maldito corsé!
Usualmente las bandas de compresión eran más que suficientes para él, pero el departamento de relaciones insistió en que les iría mejor si se dejaba ver solo un poquito más femenina, era importante, Sakre debía aprovechar esa oportunidad.
Dios, como lamentaba haberles hecho caso.
No era su culpa haber nacido con el juego de herramientas equivocado, por ende, no tendría por qué ser su responsabilidad hacer que los demás se sintieran cómodos.
-¡Capitán en cubierta!
El viento le ayudo, se apoyó en la baranda y se rasco la barbilla, al menos no habían conseguido que se afeitara, había batallado mucho por esa barba y ahora que comenzaba a destacar le estaba gustando mucho el resultado.
-Estamos llegando, Capitán-le informo Cherr, su Segundo.
-Mira que bien.
-Podrías usar una de estas-le paso una de las cintas de goma para cabello que llevaba en los brazos como si fueran brazaletes.
-Gracias, Cherr-aún no había decidido si cortarse el cabello, que tenía abundante y rizado, primero quería ver como lucia con la barba completa.
-Que no te estresen esos blanquitos amargados, Eli, hoy mismo los pones en su lugar.
Sonrió, Cherr, antes Chester, era la única persona que aún le llamaba Eli, por Elisa, su nombre original, se conocían desde la infancia y eso le daba el derecho.
-¿Qué ocurre?-le pregunto, viendo que la sonrisa no duraba nada.
-No me gusta depender de terceros, si La Joya y Krasiv no consiguen su reclamo nadie escuchara los nuestros.
-Por eso hay que apoyarlos.
-Sí, a esos segregacionistas-dijo con amargura.
-Sera lo que quieras, pero también son los que tienen los productos y tecnologías que necesitamos, asique ni modo.
Ni modo, había un límite en el proceso de cambio al que se podía llegar con sus medios actuales, y para muchos no era suficiente.
Elijah Zuzumaga era Transgenero.
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“C. Theodore IV Smith”
La “C” de Coronel era nueva, le acababan de ascender, pero lo que odiaba era el nombre, ¿Cuánta gente habría en el mundo con la desdicha de ser el cuarto de una saga?
En público la gente le llamaba así, Theodore, y se referían a su padre como “El General”, él quería que sus amigos le llamaran Theo…pero primero necesitaba amigos, era demasiado tímido, a la gente le atemorizaba su apellido y él le aterraba que pensaran que era raro, salirse del molde era lo peor que podía hacer un ciudadano sensato de Common Force; pero ojala hubiera tenido un amigo, alguien a quien poder contarle cuanto extrañaba a su madre, que detestaba prácticamente todo lo que salía de boca de su padre, que le daba miedo formar una familia porque si tenía un hijo debería ponerle Theodore V, nadie merecía ser un quinto.
Sobre todo, hubiera querido a un amigo que le disuadiera de lo que iba a hacer esa noche.
-Theodoro.
-Si-se colocó la placa y siguió a su padre.
-¿Te gusta el circo, hijo?
-¿Señor?-con los años aprendió que le modo militar era el único modo correcto de dirigirse a su padre.
-Estas por ver un show de fenómenos al completo, pero que no te distraigas, te quiero alerta, vas a aprender como manejamos a los extraños en este país.
-Me esforzare, padre-dijo, la vista siempre en el suelo.
Theo Smith era Heterosexual.
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