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Toramaru presionó sus ojos con una fuerza moderada usando su pulgar y su índice mientras subía al autobús. Estaba tan innegablemente cansado que conducir el coche para volver a casa se volvería un acto tan temerario que podría causar un accidente, por lo que simplemente optó por pagar el transporte público y sentarse en una de las sillas disponibles mientras entrecierra los ojos para dormitar, pero con intención de no quedarse dormido.
Su mente no estaba siendo muy demandante con trabajos duros y reuniones pesadas, en ese momento solo pensaba en llegar a casa, comer uno de los gigantescos boles de comida que su marido le preparaba y dejar que este le diera mimos por unos minutos en el sofá mientras esperaban a que el agua de la tina se calentase. Toramaru ama su trabajo, pero no puede negar lo duro que es, por lo que muchos días solo sueña en volver a casa y repetir su rutina de mimos con Tobitaka.
No procuró pensar en lo peligroso que es dormir en el transporte público, su mente solo pensaba en su marido y en su comida, por lo que no se percató de cuando sus ojos dejaron de luchar por mantenerse despiertos y poco a poco iba perdiendo la consciencia. Hasta que de pronto una voz lo despertó.
—¿Toramaru? ¿Utsunomiya Toramaru?
Abrió los ojos de sopetón, un poco asustado por la voz que llamaba su atención, pero se recompuso enseguida y centró su vista en el hombre de pelo largo y azul que se había subido en la parada más reciente. Toramaru ni siquiera se había dado cuenta de que habían llegado a otra parada.
—¡Kazemaru! ¿Eres tú? ¡Cuánto tiempo!
Toramaru y Kazemaru se dieron un apretón de manos y el más joven invitó al contrario a sentarse a su lado. Con Kazemaru cerca, le iba a ser más sencillo mantenerse despierto. Kazemaru empezó a escribir por su móvil, probablemente estaría enviando mensajes, mientras Toramaru se frotaba los ojos de nuevo.
—¿Vienes de trabajar, no? Te veo cansado.
—Sí, hoy ha sido un día muy largo. Pillar el coche habría sido un atentado contra la salud pública.
Ambos se rieron, de forma que crearon un ambiente relajado que ignoraba los años sin mucho contacto.
—A mí se me ha averiado el coche, así que tengo que volver en bus cada vez que vaya a ver a Endo.
—¡Ah, cierto! ¿Os vais a casar pronto, no?
Kazemaru sonrió como respuesta ante esa pregunta.
—Sí, ya falta poco. Estoy emocionado pero al mismo tiempo siento nervios.
—Es normal... Cuando me casé con Seiya estaba hecho un manojo de nervios, necesitaba que Axel, Julia y Maddie me ayudasen a calmarme entre los tres porque estaba como un flan—rio con una fuerte carcajada que se le contagió al defensa.
—Lo recuerdo, pero fue algo bonito.
Se hizo el silencio durante un momento, no fue incómodo, ambos estaban bastante agusto y Toramaru sentía que podía más con su cansancio. De pronto, Kazemaru habló:
—De todos modos... no me molesta tener que coger el bus si es para ver a Endo—. Su tono de voz era suave y tranquilo, mientras en su rostro se esbozaba una sonrisa que Toramaru identificaba perfectamente—. Siempre me hace feliz pasar el tiempo con él, aunque sea un rato.
—Te entiendo perfectamente, cada vez que llego a casa, Seiya me está esperando con la misma sonrisa de siempre, ese aire de saber cuidar de los demás como siempre y tener métodos para reconfortar a otros.
Cualquiera que escuchase esa conversación sabría que ambos estaban profundamente enamorados de sus parejas. No necesitaban decir mucho más, era una conversación tranquila para rellenar el hueco temporal del viaje en autobús. Cuando llegó la parada de Toramaru, ambos se despidieron con un apretón de manos y decidieron verse más a menudo. Quizá una cita doble para un festivo era una buena idea.
***
Toramaru abrió la puerta de casa y se chocó con ese olor cálido y reconfortante que impregnaba la casa cada vez que Tobitaka cocinaba. Inspiró lentamente, disfrutando de ese olor que rezuma casa, comprensión y cariño.
—Ya estoy en casa—anunció mientras dejaba su maletín en el suelo y se quitaba la chaqueta para dejarla en el sofá.
—¡Bienvenido! Dame unos tres minutos que termino el arroz.
Tobitaka no recibió una respuesta verbal, sino una física, en la que Toramaru lo abrazaba por detrás.
—Te amo.
Tobitaka sonrió.
—¿Y esto a que se debe? Sueles abrazarme pero no decir nada—. Su tono de voz pausado y tranquilo denotaba no recriminar nada y solo mostrar curiosidad.
—Me he encontrado con Kazemaru y de tanto hablar solo he podido pensar en lo mucho que te quiero.
La sonrisa de Tobitaka era amplia, le encantaba escuchar a su marido ser cariñoso. Se dio media vuelta y le dio un beso en la frente que llenó de carmín las mejillas de Toramaru.
—Yo también te amo.
El arroz se terminó y Tobitaka lo sirvió en el cuenco favorito de Toramaru, para entonces sentarse juntos y disfrutar de esa cena por unos minutos.
Ver a Kazemaru tan enamorado de Endo ayuda a Toramaru a reconocer que sigue perdidamente enamorado de Seiya.
