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Meant to be yours

Summary:

Roier está destrozado desde la traición de Spreen y Quackity y Cucurucho no ha pasado esto por alto. La Federación del QSMP siempre le ha dicho lo que puede o no hacer, y ha cumplido con dichas órdenes, sin embargo es posible que ahora no dude en romperlas con tal de intentar ayudar a uno de los integrantes del servidor. Roier aceptará, sin saber que su Osito Bimbo estará dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de cumplir con la venganza acordada y, de paso, con algunos objetivos personales.

Inspirado en el musical "Heathers"

Notes:

IMPORTANTE:

-Se shipean cubitos no a los streamers.

-Contenido LGBTQ+, parejas homosexuales.

-Relación tóxica.

-Nada de mencionar esta historia a los creadores de contenido.

-Soy española, por lo que me disculpo si hay algún error relacionado con los modismos mexicanos o argentinos. Avisadme si necesito corregir algo y lo haré encantada. ^^

-Se tocarán temas como el asesinato aunque no habrá violencia de forma explícita. De todas formas habrán advertencias al principio de los capítulos de forma más específica.

-Habrá Bimboier y algo (muy poquito) de Spiderbear, ambas relaciones se desarrollarán con el transcurso de la historia.

-Sé lo que ha dicho Spreen respecto a los ships, no voy a sexualizarlo de ninguna manera ni a escribir contenido +18 con él.

Poco más disfrutad del Fanfic <3

Chapter 1: Fight for me

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Roier observaba con la vista nublada como Spreen se acercaba a su perro a paso lento, con una espada en su mano izquierda y sin ningún tipo de remordimiento reflejado en su rostro. El perrito blanco miraba al pelinegro aterrado al mismo tiempo que observaba con ojos llorosos a su dueño, ahora desangrándose en el suelo. El castaño sintió como la consciencia se le escapaba de las manos cerrando los ojos mientras se ahogaba en su propia sangre, no quería ver el asesinato de su perro, menos por parte del que consideraba su amigo.

-¡Perro de mierda! -exclamó Spreen.

Tanto el sonido de los golpes como las voces de Quackity y el otro chico ahora eran distantes, después todo se volvió negro.

O eso era lo que rememoraba, los recuerdos de aquella noche eran una niebla en su cabeza. Le había dolido tanto ver como sus amigos actuaban de forma fría con él, sin importarles el hecho de que le estaban haciendo daño. En aquel punto el perro le daba igual, ni siquiera le importaban los niveles que había perdido al morir, lo único que quería en aquel momento era una explicación por parte de ambos. Quería creer que todo aquello tenía un motivo, que había una explicación lógica de porqué Spreen se había comportado como un hijo de puta con él.

Negó con la cabeza, intentando dejar atrás aquellos pensamientos que no le dejaban tranquilo. Quería olvidarse de todo lo que había ocurrido la noche anterior, ahora estaba ordenando los cofres en un intento de distraerse. Sentado en el suelo y con las piernas cruzadas repasaba el interior de los baúles, intentando poner un orden a todo aquel desastre.

Estuvo unos minutos intentando mantenerse ocupado, hasta que su estómago comenzó a quejarse por la falta de comida. Se puso de pie, dejando su tarea a un lado, y subió las escaleras, saliendo del sótano. Estaba dispuesto a cocinar unas tostadas con aguacate, como acostumbraba a hacer, hasta que algo llamó su atención.

En el suelo de madera reposaban pequeños maceteros de arcilla, todos ellos con una flor roja plantada en ellos. Algo confundido puso en la sartén algo de pan para tostarlo y mientras se hacía, caminó escaleras arriba con la esperanza de encontrar una explicación para todo aquello.

Conforme iba subiendo cada escalón se iba encontrando más maceteros, todos ellos con su correspondiente amapola en ellos. Su corazón se encogió cuando recordó como Spreen solía regalarle esta clase de flores para después huir avergonzado. Si tan solo pudiera ir atrás en el tiempo.

Cuando llegó a la primera planta se encontró con aún más flores, todas ellas llevaban hasta una elegante mesa de madera, con una carta reposando sobre esta. Roier tragó saliva mientras miraba a su alrededor, preguntándose quién demonios se había colado en su casa para dejarle aquello.

"Querido Roier" leyó al principio del papel, todo estaba escrito con una elegante letra cursiva, "Con mucho dolor presencié lo que los sujetos identificados como Spreen y Quackity te hicieron a ti y a tu perro, no pude hacer nada debido a las órdenes directas que se envían desde la Fundación QSMP, sin embargo te hago saber, estoy de tu lado. No dudaré en ayudarte si necesitas cualquier cosa, ya sea en relación con lo ocurrido anoche u otra cosa distinta." Abajo del todo leyó un nombre que Roier conocía muy bien: "Cucurucho".

Uno de sus pulgares rozó con cuidado las letras escritas y algo de tinta se quedó en sus dedos, la carta había sido escrita hacía poco.

Cucurucho siempre le había dado mala espina, sin embargo sabía (y porque Mariana también se lo había dicho alguna vez) que aquel chico albino tenía algo especial con él, sin duda lo trataba de forma diferente a como se comportaba con los otros integrantes del servidor. Le daba algo de miedo, pero al mismo tiempo sabía que tenía en sus manos a una herramienta muy útil si necesitaba hacer algo para su venganza. Realmente planeaba olvidarse de todo, ignorar los hechos y los otros dos chicos implicados en ellos y seguir son su vida, pero ahora una oportunidad se estaba plantando delante de sus narices y se estaba replanteando aprovecharla.

Escuchó unos pasos detrás de él por lo que se giró, conectando sus ojos con los que había pintados sobre aquella mascara blanca que simulaba la cara de un oso. Mientras Roier se preguntaba como aquel chico se había colado en su casa si se había asegurado de que todas las salidas estaban cerradas, este hacía una pequeña reverencia, saludando cortésmente al castaño.

-Hola -habló la voz robotizada.

Roier caminó un paso hacia atrás, queriendo mantener la distancia al no saber sus intenciones. Observó cómo el albino presionaba un botón de su mascara.

-Has leído mi propuesta -esta vez habló con su voz real, sorprendiendo a Roier-, me gustaría saber tu opinión.

-¿Mi... opinión?

-Lo que quiero decir es, ¿aceptas mi ayuda?

Cucurucho extendía una de sus manos, cubierta por un guante blanco. Roier miró dudoso al misterioso chico frente a él, preguntándose qué sería lo correcto.

-Pelearé por ti -habló de nuevo Osito Bimbo -, si tú peleas por mí.

Roier recordó el dolor de sus piernas al correr huyendo de su supuesto amigo, recordó la sangre derramada a su alrededor, la expresión de horror de su perro al verle y la ansiedad que sintió cuando estaba tirado en el suelo, sin poder hacer nada.

Caminó dos pasos, confiado, y unió su mano con la de Cucurucho mientras asentía, firmando el trato.

-De acuerdo.

El albino llevó su mano libre a su mascara, elevándola un poco y mostrando su boca, sonriendo. Con delicadeza sostuvo la mano de Roier y se agachó, dejando un pequeño beso en sus nudillos. El castaño no pudo evitar sonrojarse levemente ante la acción.

-No te arrepentirás, Roier -soltó su mano y llevó su mascara a su sitio original.

Dicho esto se dio la vuelta y bajó las escaleras de la casa tranquilamente. El otro chico extrañado le siguió, encontrándose con que en la planta baja no había nadie. Cucurucho había desaparecido, como solía hacer siempre.

Roier entonces se preguntó si tal vez acababa de firmar un pacto con el mismísimo diablo.

•••

Se había pasado el día en su casa, tampoco es que tuviera muchas ganas de ver a nadie en ese momento y Vegetta había insistido demasiado en que debía organizar sus cosas, tan solo le estaba haciendo caso. Para nada le daba miedo el hecho de encontrarse a Spreen o Quackity y tener que confrontarlos en alguna situación incómoda. Sabía que pondrían excusas, que le dirían que todo había sido una broma de mal gusto, sabía que le entristecería todo aquello y que se enfadaría. Quería evitar eso a toda costa.

Ahora estaba apoyado sobre la barandilla del balcón de su pequeña casa, observando las bonitas vistas que este le daba, aunque intentaba ignorar el gran muro que tenía delante. Disfrutaba de la suave brisa nocturna que la noche había traído consigo, meciendo sus mechones castaños con ella. Suspiró algo cansado, pronto debía irse a la cama.

-Linda noche, ¿no es así? -una voz a su izquierda hizo que se asustara, mirando sorprendido a su lado.

Cucurucho había vuelto, y como él, observaba el paisaje. Roier no pudo evitar fijarse como los largos cabellos blancos del chico bailaban al son del viento. Osito Bimbo siempre le había parecido alguien de apariencia curiosa, vistiendo un traje elegante, con el pelo llegándole hasta la cintura y unas orejitas de oso sobresaliendo de este, además de la máscara que siempre llevaba cubriendo su rostro. No sabía si le llegaba a gustar, pero le llamaba la atención eso seguro.

-Osito Bimbo -le llamó con una pequeña sonrisa-, pensaba que solo se te permitía trabajar en la isla.

Cucurucho rio levemente mientras miraba a Roier de reojo.

-Así es, pero no tienen porqué saber de esto. A no ser que tú digas algo.

El castaño negó rapidamente con la cabeza:

-Tiene que ser bien culero trabajar aquí, aguantar a tantos pendejos. Te mereces descansar.

Cucurucho asintió sonriendo y, de quien sabe dónde, sacó una pequeña amapola, observando como los pétalos se mecían con la brisa. Roier le observó curioso, recordando como su casa parecía una jardinería después de que el albino le haya dejado tantos maceteros con esas flores. Osito Bimbo sostuvo la flor con cuidado y se la acercó a Roier, ofreciéndola. El castaño pestañeó confuso, para después aceptarla con sus orejas un tanto rojas.

Sus manos se rozaron.

-¿Hay algún motivo en especial por el que siempre me estés dando estas flores? -preguntó el chico observando el regalo con una pequeña sonrisa.

-Roier, eres alguien especial -aun si la máscara ocultaba la mitad de su rostro el castaño podía sentir unos ojos clavados en él-. De todos los integrantes de este servidor, tú destacas por encima de los demás.

-¿En qué sentido?

Cucurucho lo observó, en silencio, para después deslizar una de sus manos enguantadas hacia el chico, sosteniendo su mentón con delicadeza. Roier conectó sus ojos con aquellos puntos negros pintados en la máscara.

-Tu cara, es linda, tu personalidad también. No tienes miedo a expresarte tal y como eres, a diferencia de todos los demás habitantes de esta isla. Todos aquí son unos falsos Roier, no debes confiar en nadie.

Roier dio un paso hacia Osito Bimbo, pegándose más a él.

-¿Puedo confiar en ti?

Cucurucho rio levemente y el castaño podía jurar que aunque lo único que la máscara mostraba era su boca, era lo más atractivo que había visto en mucho tiempo.

-Eso depende de ti, tú eliges Roier, ¿confiarás en mí o regresarás con aquellos que te traicionaron una vez?

Osito Bimbo era alguien que no hablaba de sí mismo, Roier no conocía nada de él, sin embargo la embriaguez que desprendía con tan solo hablarle era algo que no podía ignorar. Se apoyó sobre la barandilla del balcón, justo donde el brazo de Cucurucho reposaba, quedando rodeado por el cuerpo del albino.

-Tendrás que demostrarme que puedo confiar en tí, Osito Bimbo.

Sus rostros estaban a centímetros de distancia.

-Me encargaré de ello -sus labios estaban tan cerca de los suyos.

Sin decir nada más Cucurucho se separó de él, dando unos pasos hacia atrás, aun teniendo esa sonrisa que parecía se burlaba de Roier. Por la mente del castaño pasaban tantas escenas indecentes en aquel momento.

Los ojos del chico observaron con duda la flor que aun descansaba en sus dedos. ¿Merecía la pena arriesgarse de esa manera? Con una mano sostuvo el antebrazo del albino quien giró a mirarle esperando algún tipo de respuesta.

-¿Algún día podrás mostrarme tu cara?

Cucurucho se encogió de hombros, pensativo:

-Si con eso puedo ganarme tu confianza. Puedo saltarme el reglamento de vez en cuando.

Roier sonrió asintiendo, dejando el brazo del otro libre. Sus ojos volvieron a la flor, sentía que el color de los pétalos era más rojo que antes. No recordaba que las amapolas fueran de aquel tono tan intenso.

•••

Spreen suspiraba, algo agotado mentalmente. No recordaba la última vez que algo le había preocupado tanto hasta el punto de no dejarle dormir.

Había decidido pasar la noche fuera de casa, no creía que Roier le dejaría pasar ni dormir allí con él después de todo lo ocurrido. Se sentía culpable, pero su orgullo era demasiado para él, tanto que no se veía capaz de presentarse en la casa que compartía con el castaño y rogarle que le perdonara.

¿No debería haber hecho un pacto con aquel demonio? Tal vez ¿Era su culpa? Sí ¿Iba a admitirlo delante de los demás? No.

Aún así ahora caminaba hacia la tan conocida casa de madera que había sido protagonista de muchas de las historias que había compartido con Roier y algunos amigos más. Sus gafas le ayudaban a ocultar sus ojos, algo clave para no mostrar como se sentía realmente. Podría intentar hablar, negociar con él, pero se preocuparía de que Roier no supiera que estaba desesperado de poder volver a hablar con él y que todo volviera a ser como antes.

Recordaba aquella noche como si estuviera pasando en ese momento. Podía vivir de nuevo como su mente no actuaba con propiedad, como sus piernas y brazos se movían solos. Su corazón se oprimía contra su pecho al tener las imágenes grabadas en su memoria de como desenvainaba su espada y la usaba para herir a una de las personas más importantes en su vida actualmente. La sangre machando la hierba que crecía del suelo y los ojos sin vida del castaño, todo en la misma escena.

Negó con la cabeza numerosas veces mientras cruzaba el puente de piedra, intentando sacar las imágenes de su mente. Iba a arreglar las cosas y todo quedaría en el olvido.

Llegó hasta la entrada de la casa y comprobó que aún podía abrir la puerta sin ningún problema. Sorprendentemente Roier no lo había sacado de la lista. Cruzó la entrada, encontrándose con la cocina en la que había trabajado junto al castaño para poder formar un hogar que compartir. Una risa que conocía bastante bien le hizo salir de sus pensamientos, de vuelta a la realidad. Subió las escaleras, decidido a afrontar de una vez lo que tanto le había comido la cabeza el día anterior.

-Roier -le llamó.

Sí, el chico al cual aquel nombre correspondía le miró, pero también lo hizo aquella figura alta con cabellos blancos que ocultaba su cara con una máscara de oso. Spreen tragó saliva y decidió ignorar la presencia de Cucurucho por ahora.

-¿Qué hacés, capo? -preguntó observando los muebles desperdigados por la habitación.

El castaño seguía mirándole sin ninguna expresión en su rostro, el pelinegro no sabía si por sorpresa, incredulidad o tal vez miedo.

-Spreen -le contestó por fin-, ¿por qué das por hecho que quiero verte?

-¿Por qué está él acá? -Spreen señaló a Cucurucho quien estaba apoyado contra la pared con ambas manos descansando en los bolsillos de su pantalón, totalmente desinteresado.

Roier frunció el ceño dejando en el suelo la silla con la que estaba amueblando la habitación.

-¿Y a ti que chingados te importa?

Spreen se encogió de hombros sin saber que responder. ¿Cómo le iba a decir que algo dentro de él se retorcía de los celos con solo ver al otro chico al lado de Roier?

-Quería platicar acerca de lo de la otra noche -comentó-, no estuvo bien lo que hice, así que quería pedirte disculpas.

-¿Sí?

Los ojos de Roier se clavaban sobre él de manera acusatoria, haciendo que Spreen se sintiera un trozo de mierda.

-Me dejé llevar por la situación, mi cuerpo se movía solo posta, no sé cómo explicarlo.

El castaño suspiró mirando de reojo a Cucurucho quien seguía sin hacer nada, solo observando la situación, como si esperara a que algo ocurriera. Su atención fue devuelta al híbrido de oso.

-No te preocupes, todo está bien –hizo una pausa desviando la mirada-. Luego te pago todo.

-No amigo, pagame cuando quieras y cuando puedas, aquí no hay rencor alguno.

Spreen tenía un nudo en el estómago que sentía que iba a devorarlo en cualquier momento. La tensión era algo que no era capaz de soportar. Roier volvió a mirarle, esta vez de arriba a abajo.

-Vete -le dijo secamente, yendo de nuevo a por la silla, ignorando la presencia de Spreen.

-Roier por favor tenés que escucharme-

-No te lo diré de nuevo Spreen, vete -le fulminó con la mirada-. No es necesario que vuelvas a buscarme, cuando tenga el dinero iré a dártelo yo.

El pelinegro miró al castaño sin saber qué hacer ¿Debía hacer lo que le pedía y marcharse? ¿O tal vez insistir con la esperanza de que Roier lo escuchara y le perdonara? No le dio tiempo a tomar una decisión cuando se encontró frente a él unos ojos negros pintados sobre una máscara blanca. Spreen inconscientemente dio un paso hacia atrás.

-¿Querés algo gato? -le dijo amenazante.

La voz robótica que caracterizaba al albino se hizo oir:

-Vete.

Spreen rió elevando una ceja mientras empujaba a Cucurucho.

-No te hagás el piola conmigo, dejá de meterte donde no te llaman capo.

Cucurucho no se lo pensó dos veces antes de sacar una pistola de su cinturón. Roier no pasó esto por alto, acercándose a ambos algo alarmado interponiéndose entre los dos.

-Es suficiente -anunció sosteniendo el brazo de Osito Bimbo en un intento de que este guardara el arma, después se giró a mirar al pelinegro-, Spreen márchate, por favor.

El pelinegro lo único que sentía en aquel momento era impotencia, deseoso de hacerle saber a Roier que se arrepentía de todo, que si pudiera volver atrás en el tiempo y detenerse a sí mismo lo haría. Sin embargo los ojos del castaño le miraban de una forma que lo dejaban indefenso. Frunció el ceño y bajó las escaleras, preguntándose por qué demonios había siquiera intentado hablar con Roier. Cruzó la entrada de la casa, dando un portazo con la puerta, totalmente frustrado.

De las cosas que más le habían molestado de aquella conversación era el hecho de que aquel oso blanco no le había quitado la mirada de encima en todo el tiempo. Aunque tenía una máscara cubriéndole el rostro podía sentir la amenazante mirada del albino clavarse en él. Se preguntaba por qué estaba él ahí y, más importante, qué mierda se traía entre manos.

•••

• La amapola roja representa el sueño y el olvido, por lo que también es conocida como la flor del consuelo •

Notes:

El Bimboier es una pareja que me llamaba bastante la atención desde hacía un tiempo y tenía ganas de dedicarle un fic, y pues ha salido esto. :D

Esta historia está inspirada en el musical "Heathers", si alguien quiere escucharlo es importante que sepa que trata temas como el asesinato y el suicidio. Este último no voy a meterlo en el Fanfic, más que nada porque es algo de lo que no me gusta hablar. Así que llevad mucho cuidado por favor si decidís escucharos las canciones. Obviamente haré referencias al musical en esta historia, pero no es necesario conocerlo para entenderla. :">

Dicho esto gracias por leer, actualizaré lo antes posible!! <3