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No recordaba el paisaje desde la escuela tan bello. Subió a su antigua habitación y la vista desde allí le maravilló aún más. El que había sido su cuarto en sus años de estudiante se encontraba en la planta más alta de la torre y si se sabía mirar por la ventana, se podían encontrar muchos lugares. Lugares donde además tenía muchos recuerdos de sus años de estudiante: jugando a juegos, mirando las estrellas, estudiando largos libros de teoría o practicando hechizos. En su mayoría, todos los recuerdos que conservaba de los cincos años que había pasado en esa torre eran alegres, más allá de las épocas de exámenes. Solo había uno un tanto amargo. Cuando se quiso dar cuenta navegaba entre sus pensamientos, pero tenía que darse prisa y llegar puntual. Además, el director tampoco les había dado mucho tiempo para recorrer ese viejo edificio en busca de recuerdos que les hicieran sentir nostalgia.
Bajó corriendo a la planta baja, donde se encontraba la entrada y el comedor y toda la gente que había acudido al reencuentro. Reconoció a muches de sus compañeres de clase y de otros cursos. La torre no solía tener muchos estudiantes, así que todo el mundo tenía amigues de otros cursos.
—!Oikawa! — escuchó el grito entre el gentío y se giró para ver de dónde provenía la voz. Divisó a Hinata hacerse paso entre la gente, acompañado de Kageyama y Yachi.
— !Ey! ¿Cómo estáis, chiques?
Oikawa se alegraba genuinamente de verles. Solían ir siempre les tres juntes con Tsukishima y Yamaguchi y más de una vez habían ingeniado trastadas. Charlaron un poco de qué era de la vida de cada uno y al poco dieron el aviso de que la reunión y el discurso del director iban a comenzar.
La reunión de este año era mucho más especial que las anteriores porque a parte del director dar su discurso, iban a presenciar cómo nombraban al nuevo director. Estaba un poco nervioso. No le había dado vueltas al tema, pero era un acontecimiento muy importante en la vida de Iwaizumi. Estos dos años habían mantenido el contacto por correspondencia, pero no se habían vuelto a ver después de la graduación y su discusión bajo el olmo que había cerca del lago. Tampoco había sido una discusión. Era ese momento en el que tras esos cinco años juntos, ambos se dieron cuenta de que cada uno iba a seguir un camino y estos divergían.
Su hilo de pensamientos se vio interrumpido cuando el director Ukai se asomó al balcón que había arriba del comedor para dar el discurso. No estuvo muy atento y solo escuchó sus palabras a trozos, pero se podía resumir en que estaba agradecido por estos años de servicio, de haber visto las varias generaciones de alumnes pasar y de haber ofrecido y recibo por igual experiencias. Cuando escuchó esa parte estuvo bastante seguro de que se la había escrito Takeda. Una vez acabado el discurso, dio la noticia de que se retiraba, aunque ya era sabido por todes, y dio paso a la persona que le sustituiría. Iwaizumi Hajime se adelantó para que todo el mundo pudiera verle. Quien iba a sustituir a su antiguo director sí era un factor sorpresa, pero él lo sabía porque se lo había dicho en su última carta, pidiéndole que le guardara el secreto hasta que se vieran en la ceremonia.
"Nos vemos en la ceremonia". Así acababa la última carta que tenía y cuando lo leyó, se le revolvió todo el cuerpo. La había recibido unos días antes del reencuentro, así que no le había contestado porque la carta no llegaría a tiempo. Habría muchas cosas que le habría gustado decirle. Ahora podría hacerlo en persona. Y eso le ponía nervioso.
Iwaizumi se acercó a la balaustrada. Esta era de piedra y detrás tenía un gran ventana por donde entraba muchísima luz. Todas las ceremonias importantes de la torre se oficiaban en otoño. Simbolizaba el cambio de algo y cómo ese algo nuevo se preparaba durante el invierno y después florecía en primavera. Para el gusto de Oikawa era un poco enrevesado, pero recordaba al grupo de Daichi, Suga y Asahi contándolo super emocionades.
Cualquiera que no conociera demasiado a su amigo pensaría que estaba manteniendo una expresión calmada, pero Oikawa lo conocía lo suficiente para ver las fisuras de esa faceta y percibir que estaba nervioso. Era la misma cara y actitud que tomaba durante las épocas de exámenes para calmar a sus compañeres y transmitir serenidad, aunque al final, cuando estaban los dos solos acababa explotando algún día por la presión. Ambos tendían un poco a hacer lo mismo y se servían de mutuo apoyo.
Iwaizumi habló y el mundo le bailó un poco bajo los pies, a pesar de que estaba sentado. Hacia mucho que no escuchaba su voz. Se había tornado un poco más grave, pero le seguía transmitiendo el mismo sosiego de siempre. Esa que le había calmado y le había puesto los pies en la tierra cuando se había exigido demasiado y estaba preocupado por el futuro.
En su discurso dijo como él mismo había sido estudiante de esa torre, después profesor y que ahora era un auténtico honor poder ser el director y que le confiaran de primera mano ese cargo. El antiguo director había estudiado en otra torre –había varias distribuidas a lo largo del reino– y dijo que esperaba que el hecho de haberse formado allí mismo le ayudara a entender más a les alumnes presentes y les que estaban por venir. Que esperaba poder hacer cambios que agradaran a todo el mundo. Fueron unas palabras formales. La sorpresa llegó cuando empezó a contar anécdotas de sus años de estudiante, con castigos incluidos. Oikawa empezó a mirarse con sus compañeres a medida que iban reconociendo las historietas y las personas que habían estado envueltas. Acabar el discurso con eso estuvo bien planeado por quitarle seriedad al asunto y para que las nuevas generaciones vieran que su nuevo director también había sido un poco gamberro. No le decepcionó, al fin y al cabo, siempre había sido inteligente.
Una vez todos los discursos y formalidades hubieron acabado, los nuevos alumnos salieron a explorar la torre y el exterior. Los antiguos se quedaron en el comedor charlando, se reunieron los antiguos grupos. Oikawa se situó en una esquina y empezó a observar cómo todes se iban juntando. Le produjo cierta nostalgia ver a a toda esa gente en el comedor reunida, le hizo volver a sentirse un estudiante. Yachi, Hinata y Yams revoloteaban por todos lados mientras Tsukishima y Kageyama les perseguían vigilando que no la liaran. Nishinoya y Tanaka saltaban de grupo en grupo divirtiendo a todo el mundo. Parecía que el tiempo no les había hecho sentar la cabeza. El grupo de Suga, Daichi y Asahi iba hablando con todo el mundo y poniéndose al día con la gente. Kenma estaba sentade en una mesa lanzando hechizos pequeños con los que entretenerse. Iba a seguir observando la gran sala cuando sintió como una mano se le posaba encima del hombro. Se giro para ver el rostro de Iwaizumi cerca del suyo. Ninguno de los dos dijo nada. El director le cogió de la mano y se lo llevó por los pasillos a los que solo tenían accesos los profesores. Tras andar unos diez minutos en silencio llegaron a una pequeña puerta madera que daba al exterior, concretamente al lago de la torre. A Oikawa le corrió un escalofrío al volver a estar en ese lugar.
Iwaizumi fue el primero en romper el silencio, aunque tampoco era incómodo. A pesar de haber estado dos años separados, estaban muy acostumbrados a la presencia del otro. Habían pasado cinco años de su vida estando siempre juntos, compartiendo habitación, estudiando para los exámenes, visitando lugares en las vacaciones.
— ¿Qué te ha parecido el discurso?
— Muy tú.
— ¿Qué se supone que quiere decir eso?
— Ha sido serio, pero luego le has puesto la parte sentimental. No puedes aparentar siempre que eres una roca.
Soltó una risa floja y se le quedó mirando fijamente.
— Supongo que no puedo fingir ante ti.
— Nunca has podido.
Pasaron unos cuantos segundos en silencio contemplando el lago y el suelo recubierto de las hojas caídas de los árboles. Iwaizumi sacó una manta de una bolsa y la puso bajo el olmo y los dos se sentaron.
— La cantidad de horas que hemos pasado aquí estudiando y perdiendo el tiempo.
— No te pongas tan intenso, Hajime, que tampoco tenemos 70 años.
Iwaizumo soltó una risita. Oikawa había olvidado cómo sonaba su risa. Suave y floja. Como la brisa de finales de primavera.
— Pero sí. Hemos pasado muchas horas bajo el árbol y nadando en el lago. Fueron buenos años los que pasamos en la torre.
— Cuando nos colábamos en la cocina para ver qué había de comer ese día.
— O la vez que montamos una fiesta de pijamas en nuestra habitación y se enteró más gente y al final llegó a los oídos del director y nos echó una bronca enorme.
— Cuando intentamos colarnos en los pasillos secretos detrás del profesor Takeda, pero se le olvidaron unos papeles y cuando se dio media vuelta nos vio detrás suyo— recordó Iwaizumi, hablando entrecortadamente por la risa.
Pasaron las horas y fueron recordando muchos momentos. Se dieron cuenta de que a pesar de haber sido unos alumnos excelentes, habían cometido muchas travesuras, solos y acompañados por más alumnes de la escuela. Probablemente en la fiesta echaran de menos al nuevo director, pero los dos muchachos estaban demasiado inmersos en sus recuerdos como para recordar qué hacían allí verdaderamente. Charlando se dieron cuenta de lo mucho que se habían echado de menos.
— Oye, Tooru.
Oikawa le miró con mucha atención. También se había olvidado de lo diferente que sonaba su nombre cuando salía de sus labios.
— ¿Qué te parecería venir a dar clases a la torre?
— ¿Cómo?
— Eres la persona con más conocimientos de criaturas de todo tipo ahora mismo por la zona y estaría bien implantar la asignatura y tú serías un gran profesor para les chiques.
Oikawa se le quedó mirando estupefacto durante un par de segundos, sin acabar de procesar bien lo que le acababan de pedir. No sabía muy bien qué contestar. Tampoco le parecía mala idea, pero es cierto que tampoco se veía venir algo así.
— ¿No crees que es algo precipitado? Es decir, no me parece mala idea, estaría bien que los chicos tuvieran estos conocimientos. Igual podría venir este año y lo podríamos organizar para el año que viene…
— Tooru que no, que me he cansado de tenerte lejos— lo cortó de repente y lo soltó sin más.— Y también de fingir que la última conversación que tuvimos bajo el olmo está acabada, cuando realmente está a medias.
Oikawa sabía que eso era cierto. Lo que ese atardecer empezó siendo una simple conversación hablando de lo que cada una iba a hacer en el futuro y darse cuenta de que no iban a estar más juntos, al menos no continuamente, acabó siendo una confesión. Les cayó a ambos como un jarro de agua fría. Los dos se alegraban por la decisión del otro, pero les dolía lo rápido que habían pasado los años. La conversación escaló rápido a decirse que se echarían de menos, que se escribirían, que siempre mantendrían la amistad.
— ¿Qué amistad, Tooru?
— ¿Qué?¿A qué te refieres?¿Ya no quieres que seamos amigos?
— No, idiota, que me gustas, que no quiero que seamos amigos.
La declaración le pilló desprevenido. A Oikawa también le gustaba. Ambos se habían pasado probablemente los dos últimos años ignorandos sus sentimientos. Pensando que eran solo amigos, que si avanzaban igual estropeaban las cosas. Que eran imaginaciones suyas. Que el otro no sentía nada. Oikawa le dijo que también le gustaba. Y esa conversación se quedó así. Sin acabar. Sus caminos de distanciaron. Mantuvieron el contacto. Y ninguno de los dos se olvidó del otro.
— Tooru, me gustas. No me he olvidado de ti, quiero tenerte cerca, quiero estar contigo. Necesito saber qué vamos a hacer con esto, con lo qué pasó ese día.
— Yo…Yo tampoco me he olvidado de ti. He estado mucho pensando estos años en ese día y en las cartas y el hecho de mantener el contacto ha hecho que sea más difícil dejarlo pasar.
Hablaban los dos entrecortadamente y les brillaban los ojos. Era una conversación que tendrían que haber tenido hace mucho, pero ambos sabían que el momento tampoco parecía inadecuado. El tiempo que habían pasado separados solo les había servido para afianzar sus sentimientos.
— Me quedaré aquí. Acepto el puesto de profesor, Hajime— sentenció Oikawa.
El director sonrió y le brillaron los ojos. Ambos lo hicieron y volvieron a la fiesta y celebraron con sus antiguos compañeros. Al final de la celebración, Iwaizumi anunció la incorporación del nuevo profesor y su asignatura y todes rompieron en vítores.
Esa noche celebraron hasta tarde y solo las paredes del castillo supieron que pasó en la habitación del joven con su nuevo compañero y el que se convertiría también en su consejero. Y pasaron los años en la torre, impartiendo clases juntos, hasta que se retiraron los dos después de una vida dando clase en esa torre que les vio crecer a ellos y a sus sentimientos.
