Actions

Work Header

Pulso Elevado Y Pupilas Dilatadas

Summary:

Sherlock Holmes era un hombre brillante, pero el caso que nunca pudo resolver fue el de como ser agradable. Sabía cómo interactuar con las personas, tenía una noción de lo que era correcto e incorrecto, el bien y el mal, pero no le daba relevancia.

Notes:

Voy a ser honesta banda. Se me olvidó si Lestrade se llamaba Greg o George, yo la más Sherlock kinnie 😩💅✨

Chapter Text

Sherlock tocaba el violín, era magnífico, un gran intérprete, pocos le creerían si les dijera que aprendió a tocar en una semana. El detective Lestrade, la señora Hudson y la doctora Watson lo contemplaban cumplir la petición de su ya mencionada casera. Si había alguien que podía hacer que Sherlock hiciera cualquier cosa era la señora Hudson, ¿Pero quién podría decirle no a esa mujer? Solamente Mycroft se atrevería a faltarle al respeto.

—¡Muy hermoso Sherlock, eso fue encantador.— la señora Hudson lo alagó con gran entusiasmo, el espíritu navideño corría en ella. —Me habría encantado que llevaras cuernos puestos, como un reno.

—Algunas cosas hay que dejarlas a la imaginación, señora Hudson.

Por mucho tiempo, Jane había negado sus sentimientos, sería problemático tener un interés romántico en su “compañero de cuarto”, más si ese compañero era Sherlock Holmes, el autodenominado sociópata altamente funcional del 221B de la Calle Baker.

Jonathan, su novio actual, se acercó a Sherlock para ofrecerle un postre. —No gracias, Sean.

Jane volteó rápidamente en su dirección, no podía permitir que Sherlock alejara a otro de sus novios. —Ah, no no no no no, no es bueno con los nombres.

—No, no, no. Sí entiendo esto.— Ay no. —No, Sean era doctor, luego fue el de las manchas, luego el de la nariz y luego ¿Quién fue después de el maestro aburrido?

—Nadie.— Jonathan respondió visible y justamente molesto.

—¡Jonathan!— Sherlock lo señaló con el arco de su violín, había acertado como siempre. —¡Ah, proceso de eliminación!— Jane y Jonathan se alejaron incómodos, Sherlock Holmes era un hombre brillante, pero el caso que nunca pudo resolver fue el de como ser agradable. Sabía cómo interactuar con las personas, tenía una noción de lo que era correcto e incorrecto, el bien y el mal, pero no le daba relevancia.

—Ay, santo Dios.— Sherlock dijo con molestia, en la puerta se encontraba Molly Hooper con un peinado más alto que sus posibilidades de encontrar una buena pareja y un enorme abrigo. Jane recordaba como eran al principio, claramente la miraba con desdén y ella fingía no darse cuenta, era molesto y resultaba en algunas conversaciones incómodas, eventualmente se detuvo, Jane no sabía qué la había hecho detenerse, tal vez tuvo una epifanía de alguna clase, tal vez se había dado cuenta de que no había nada entre Jane y Sherlock.

—Hola a todo el mundo.— cargaba dos bolsas con regalos, Sherlock obviamente se percató de esto. —Perdón, decía en la puerta que sólo subiéramos.— Su sonrisa era de un rojo brillante, algo extraño en ella, pero se trataba de una fecha especial después de todo; el resto de los invitados correspondió su saludo, Sherlock no pudo evitar hacer un comentario sarcástico como siempre “Todo el mundo se dice hola entre sí, que maravilla.”

Antes de que Jane pudiera ofrecerle su ayuda, Molly se quitó el abrigo mostrando un vestido negro que claramente eligió con la intención de impresionar a una persona. —¿No gustan unos tragos de navidad?

—Nada los detiene supongo.— Sherlock respondió sin prestarle atención a Molly.

—Un día al año los chicos tienen que ser buenos conmigo así que casi lo vale.— La señora Hudson respondió mientras alzaba su copa.

Jane le ofreció un asiento a Molly cuando fue distraída por Sherlock. —Oye Jane, el contador de tu blog.— el hombre le mostró la pantalla de su laptop, —Sigue diciendo 1895.

—¡Oh no! La navidad está cancelada.— Jane respondió jugando, esperaba que por fin se alejara de aquel aparato y se les uniera en la fiesta. —Y tienes esa foto mía con la gorra.

—A las personas les gusta.

—No es cierto ¿A qué personas?

—¿Y la cadera cómo sigue?— Molly le preguntó a la señora Hudson en un volumen sospechosamente alto. —Oh, sigue atroz pero gracias por preguntar.

—He visto mucho peores, pero claro, me encargo de los post-mortem.— Molly bromeó obteniendo miradas confundidas del resto de los presentes. —Ay, por Dios, disculpen.

—No hagas chistes, Molly.

—No, lo siento.— Lestrade le ofreció una bebida que aceptó con vergüenza. —Oiga no esperaba verlo esta noche, creí que iba a estar en Dorset para navidad.

—Me iré en la mañana. Mi esposa y yo volvimos, ya está solucionado.— El inspector contestó sonriente.

—No, ella duerme con un maestro de educación física.

Molly intentó cambiar el tema una vez más. —J-Jane, te reconciliaste con tu hermana, eso oí. Sherlock estuvo quejándose— El mencionado la miró molesto. —Diciéndome.

—Es la primera vez, parece estar limpia y dejó de beber.

—Nop.

—Cállate, Sherlock.— Jane no entendía cómo era que lo soportaba. Era increíblemente desgastante tener cualquier intento de evento social (por más pequeño que fuera) con el detective a su lado.

—Parece que Molly tiene un novio nuevo y vas en serio con él.— De verdad no sabía cuándo callarse.

—¿Qué?

—De hecho lo verás esta noche y le darás un obsequio.

Greg y Jane se miraron, esto no era nada bueno.

—Tómate el día ¿Quieres?— Jane no podía permitir que continuara, no le gustaba su actitud de imbécil. Mucho menos con Molly, era injusto.

—Cállate y toma un trago.

Greg intentó evitar que Sherlock continuara, pero no había manera alguna de evitar que su boca continuara moviéndose desconsideradamente.

—Ay por favor, seguramente todos vieron el presente arriba del bolso. Muy bien envuelto con un cordel, mientras que el resto apenas y están envueltos, para alguien especial entonces. El rojo de la envoltura hace juego con su labial, ya sea una asociación inconsciente o algo que deliberadamente intenta alentar, en cualquier caso la señorita Hooper tiene el amor en la mente. El hecho de ir en serio con él es claro por el hecho de que ella le dará un obsequio, eso sugiere esperanza a largo plazo aunque solitaria y el que lo vea esta noche es evidente por su maquillaje y por lo que viste, es obvio que intenta compensar por el tamaño de su boca y de sus pechos-

Sherlock miró la etiqueta en el regalo, “Querido Sherlock, con amor Molly.” Por primera vez cerró la boca, sería algo listo de su parte de no haber sido por lo estúpido que había sido al decir todas esas cosas.

No se requería un genio para saber que era él, todos sabían sobre el enamoramiento de Molly y el simple hecho de que a pesar de haber hecho un análisis completo no hubiera sabido al instante que se trataba de él denotaba aún más toda esa estupidez.

 

Molly Hooper había tenido suficiente.

 

—Siempre dices cosas horribles.— Su voz se quebraba, no tenía que soportar más su maltrato. —Todo el tiempo— esta había sido la última vez. —Siempre.— Sherlock suspiró, incluso él sabía que había ido demasiado lejos, se había excedido.

—Lo lamento. Perdóname.

Jane alzó la mirada, ¿Sherlock Holmes disculpándose? Era algo bizarro. Su voz sonaba tan sincera, era un tono suave y genuinamente apenado. Daba miedo.

—Feliz Navidad, Molly Hooper.— Sherlock se inclinó para darle un pequeño beso en la mejilla.

“Ahh~”

—Ah- ¡No! Esa no fui- Yo no hice-

—No. Ese fui yo.

Molly y Lestrade se sobresaltaron, ¿A qué carajos estaba jugando?

—Mi teléfono.— Por supuesto, Jane lo sabía. Desde aquel encuentro con La Mujer, el teléfono de Sherlock no paraba de hacer ese sonido. —Cincuenta y siete.

—¿Qué cosa, Jane?

—Cincuenta y siete de esos mensajes. Los que escuché.

—Es algo nuevo que los cuentes.

Sherlock tomó el teléfono sin despegar su mirada de Jane. Volteó un instante para dar frente a la chimenea y vio un regalo envuelto con papel rojo. La sombra era idéntica a la de los labios de Irene Adler.

La Mujer.

—Disculpen.

Sherlock salió de la sala.

—¿Qué pasa Sherlock?

—Dije disculpen.

—¿Alguna vez contestas?

Sherlock entró al cuarto, dejando a todos en la sala preguntándose qué acababa de pasar. Molly continuó bebiendo su vino, aún agitada por lo ocurrido.

Jamás se había sentido tan humillada.

—Molly, perdón no sé qué- ¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor?

Molly estaba inconsolable, había intentado tanto el olvidarlo, sabía que nunca sería suyo, él sólo pensaba en Jane, aunque él mismo no se diera cuenta. No sabía por qué lo había intentado,  estaba tan convencida de que aquella iba a ser su noche, de que de alguna forma las luces y el frío la harían ver cálida y brillante a sus ojos.

—No debí haber hecho esto. Yo.— Molly inhaló con un pequeño temblor. —No sé porqué pensé que iba a ser diferente.— Watson no sabía qué decir, sólo se sentó a su lado e intentó relajarla con unas palmadas en su espalda. —Cualquier persona sería afortunada de estar contigo. Eres una mujer excepcional.

—Es fácil para ti decirlo, eres lo único en lo que piensa. Pero este fue mi último intento.

—Escuchaste esos mensajes. Eso es en lo único que piensa.

Molly sólo la miró, podía ver porqué le gustaba tanto.

—Iré a revisar cómo está, ya tardó demasiado.

Jane se levantó para ir al cuarto de Sherlock.

—Jane.— Molly la llamó y ella se detuvo. —No lo dejes ir.

 

I'M

1895

LOCKED

3 intentos restantes

 

—Está componiendo canciones tristes. No come.— Jane miró a su alrededor esperando encontrarse con alguna cámara de seguridad o algún otro indicador de la presencia de Mycroft. —Apenas habla… sólo para corregir al televisor; diría que se le rompió el corazón, pero bueno es Sherlock, él hace esas… cosas…

—Hola Dra. Watson.— Jane miró a la mujer; su piel de una muñeca de porcelana inerte resaltaba el rojo vivo de sus labios, se acercaba con paso firme, no presentaba el menor rastro de remordimiento. ¿Era esto un juego para ella, un acto sádico y perverso del que sólo ella podría obtener placer?

—Dígale que aún vive.

—Vendría tras de mí.

Jane rio, —Yo iré tras usted si no.

—Hmm, sí le creo.— La doctora no terminaba de comprender lo que sucedía, claro, había fingido su muerte, pero ¿cómo? ¿por qué? —Usted estaba muerta, en una plataforma— Necesitaba respuestas. —Por supuesto que era usted.

—Los registros de ADN son sólo tan buenos como los registros que guardan-

—Y supongo que usted conoce al que guarda los registros.

—Yo sé lo que a él le gusta y yo necesitaba desaparecer.— Aquella respuesta sólo la hizo enfurecer más; no podía hacerle esto, simplemente no podía. —¿Y cómo es que la veo sin siquiera desearlo?— Irene alzó las manos en una débil señal de derrota, —Cometí un error, le envié algo a Sherlock para guardarlo y lo necesito de vuelta así que necesito su ayuda.— Esto era un chiste de pésimo gusto, Jane no tenía intención alguna de ayudarla en cualquier plan que tuviera, no si significaba mentirle a Sherlock, no si significaba verlo sufrir por un engaño. —No.

Irene frunció el ceño, —Es por su propia seguridad.

—Igual que esto: dígale que está con vida.

—No.

Era suficiente. —Bien, yo le diré y aún así no la ayudaré.— Jane se dio la vuelta, dispuesta a irse y decirle todo lo ocurrido a Sherlock; intentó alejarse rápido, si la señorita Adler le decía algo más, bueno o malo, no podría contenerse.

—¿Qué le diré?

—LO QUE NORMALMENTE DICE.— La doctora vociferó, sorprendiendo a la mujer y a sí misma en el proceso. —Le envía muchos mensajes.— Había cierto veneno en sus palabras, casi sonaban como celos, pero había rechazado aquel sentimiento de posesividad hace bastante tiempo; no se podía permitir actuar como si lo que había entre ellos fuera algo más que una amistad (aunque lo fuera). No iba a permitirse ser egoísta, desde el momento en que eligió su profesión sus pacientes se volvieron su prioridad, cuando se enlistó en el ejército sus compañeros de pelotón se volvieron su prioridad, cuando conoció al señor Sherlock Holmes de 221B de la calle Baker él se volvió su prioridad. No. Podía. Ser. Egoísta.

—Sólo las cosas usuales.

—No hay cosas usuales en este caso.

Irene inhaló profundamente y comenzó a leer los mensajes sin responder dirigidos al señor Holmes. —“Buenos días. Me gusta la gorra que traes. Estoy triste hoy, vayamos a cenar.” “Te veías sexy en el periódico, vayamos a cenar.” “No tengo hambre. Vayamos a cenar.”

—¿Estuvo coqueteando con Sherlock Holmes?

—Sólo yo, jamás respondió.

—No, Sherlock siempre responde a todo y- él es el “Señor Respuesta”, Sherlock liquidaría a Dios intentando tener la última palabra.

Irene sólo la examinó de una manera casi quirúrgica, increíble lo que aquellos ojos azules podían hacer. —¿Y eso me hace especial?

—No lo sé, tal vez.

—¿Estás celosa?

Sí. —No somos pareja.

—Claro que sí.— Irene no la miró, su atención parecía estar completamente sobre el mensaje que escribía. —Listo, “No estoy muerta, vayamos a cenar.”— La mujer presionó enviar sin pensarlo demasiado.

—Oye yo no sé sobre Sherlock Holmes, pero, para el registro, si alguien está interesado, no estoy enamorada de él.

—Pues yo lo estoy. Mírenos a ambas.

“Ahh~”

Ambas mujeres dirigieron su mirada a la fuente del sonido, Sherlock. Jane estaba dispuesta a seguirlo, pero Irene la detuvo. —No es buena idea.— Jane no lo entendía, ¿Cómo podía ser tan insufrible? Desde que conoció a Sherlock se topó con una serie de personajes tan… frustrantes, todos manipuladores y poco confiables, sin interés alguno en el efecto que tenían en otros. Sherlock era un caso de Asperger, Mycroft era el gobierno Británico, Moriarty un psicópata, ¿pero Irene? No podía entenderla.

—¿Por qué haces esto?

—Es protección-

—No.— Jane la interrumpió. —¿Por qué juegas así con Sherlock? No tienes idea de lo que le hace.

—Claro que lo sé. Tú me lo dijiste.

—Y aún así pretendías abandonarlo, si no hubiera dicho nada… habrías dejado que se matara.

—Por favor.— Irene rio, —Sherlock jamás haría eso, no por mí, pero por usted tal vez.— la doctora seguía confundida.

—Pero usted lo ama.

—No significa que él me ame a mí, ¿O sí, doctora?

 


 

Después de haber puesto a aquel agente americano en el hospital podían finalmente decir que el día estaba llegando a su fin y con él un año tendría su comienzo en cuestión de minutos, no habían dicho nada aún, la tensión en el aire podía cortarse con un cuchillo, ¿Qué se suponía que debía de decir.

—¿Dónde está ahora?— Jane se atrevió a hablar mientras Sherlock tomaba su violín. —Donde nadie buscará.

Jane estaba preocupada, aquel teléfono, aquella mujer, había resultado ser una gran amenaza para todos. —Lo que haya en ese teléfono es más que sólo fotografías, Sherlock.— ¿A caso no notaba lo preocupada que estaba?

—Así es Jane.— Jamás lo entendería, habían muchas cosas que la Dra. Jane Watson no entendía, las dos más importantes eran Sherlock Holmes y por qué estaba tan enamorada de él. Sherlock miró a la ventana mientras afinaba su violín, la cuerda de Mi necesitaba más tensión. —Entonces está viva… ¿Cómo nos sentimos con eso?

La campana por fin dio las doce.

—Feliz año nuevo Jane.— Ni siquiera la miró.

—¿Crees que vuelvas a verla?

Sherlock no contestó, se giró para ver a la doctora simplemente; fueron unos segundos, tal vez para ella no hubiera sido nada, para él había sido el tiempo suficiente para analizar su postura, su expresión, el perfume que llevaba puesto y procedió a tocar su violín para ella.

 

Feliz año nuevo.

SH