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James recordaba perfectamente el día que la había conocido. Estaba en la biblioteca del instituto escolar, algo alejado del gran jardín donde solían chillar los demás alumnos. Trataba de mantenerse en silencio, queriendo seguir observando a la niña nueva en incognito y, aunque ellos eran muy jóvenes, ella se veía totalmente sumergida en el famoso libro del REDACTED, por eso, aunque era solo un año menor que él, se sorprendió que ella pudiera a su edad mantener una cara tan seria (como tierna). -Si quieres te puedes sentar- Invitó en casi un susurro, sintiéndose un rugido por la quietud del lugar. James accedió en silencio sentándose en frente de ella quien, gracias a su lectura, rápidamente se volvió a disociar del entorno. ----- -¿No te parece genial este vestido?- Preguntó moviendo la falda de un lado a otro en su pequeño desfile. Efectivamente el vestido era perfecto para ella. Para empezar las mangas eran delicadas, no pomponosas como eran los que usaba años atrás mostrando que ahora era una joven, no... , una dama. Aun así, James se resumió en asentir con la cabeza. Él nunca fue de muchas palabras ni mucho menos abierto con sus sentimientos. Pero sabía perfectamente que ella lo había entendido como él la entendía con sus suplicas mudas. Al abandonar la tienda James no pudo evitar sonreír, (T/n) se veía más animada que lo habitual y lo entendía en cierta parte, creía que comprar un vestido para acudir a la fiesta de la señora del gran gruppenführer era el equivalente femenino de asistir a una fiesta luego de conseguir cazar tu primer judío. Él estaba orgulloso de su amiga no podía tener a alguien mejor. ----- ¡Nazi! Hay alguien en la puerta – gritó Jay con el característico timbre INSOPORTABLE para James, su desagrado se reflejó inmediatamente en la cara– ¿No vez que estamos en una junta muy importante? Quien sea que este en la puerta no… - ¡¿James?! – Percibió la voz de su amiga en el primer piso – Como si fuera automático el fascista saltó de su silla y en paso veloz persiguió a la voz de su amiga. -¡James! Estaba en dirección a la casa del partido para dejar unas galletas por el día de la nación y pensé que sería buena idea traerte algunas… ¿Puedo pasar? – Dijo con mucha alegría la joven casi de manera infantil – James suspiró, vaya día para tener que recibir a los otros extremistas - Me encantaría ¡Te lo juro! Pero estoy en una reunión con gente… inferior, degenerados – susurro – Sigo aquí sabes – Dijo sin importancia el anarquista sin esperar a ser empujado fuera de la vista de la chica por el dueño de casa. – Es-estaré por ahí, después… Yo no quiero que te envuelvas con este tipo de gente – dijo señalando con desprecio al tercero. -No hay ningún problema ¡nos vemos luego! – Dijo despidiéndose la joven. James cerró la puerta lentamente cuando la chica había dejado de estar en su vista de visión y subió las escaleras donde los otros dos extremistas estaban. - ¿Y? – Dijo impaciente Andrew. Jay paso por delante de James para volver a su asiento – Les juro que en cualquier momento se le paraba en pene.
