Chapter Text
Jonathan Kent suspira con pesadez al cruzar las puertas del supermercado. No esperaba encontrar gran cosa después de los saqueos que precedieron el Gran pánico cuando, sin saber qué estaba sucediendo, las personas tomaron lo que podrían sin pensar en un plan real. No quedaron más que sobras y alimentos vencidos en los estantes, sin embargo, él buscó un lugar donde pasar la noche y se sintió más seguro en un espacio cerrado que al aire libre. Lo primordial era verificar que está solo y ahorrarse sorpresas desagradables.
Recorre los pasillos con cuidado ya pasos firmes, lo más silencioso posible. Tan sólo ve basura y empaques vacíos en el suelo, pero al llegar al final del pasillo se topó con las puertas que daban a la bodega. Cruza los dedos para que durante los saqueos no hubieran notado que estaba ahí.
El chico sonríe al hallar todo un botín enlatado representado en cajas de cartón cerradas. Se quita la mochila para sacar una navaja y comenzar a abastecerse. De repente, un ruido lo pone en alerta máxima. Proviene de las cajas registradoras más allá de dónde había llegado.
Jon toma el rifle de caza que traía colgado en el hombro dejando la mochila en el suelo. Saber usar esa cosa era una de las pocas razones por las cuales había podido sobrevivir. Estaba agradecido de que su madre no se hubiera negado a permitirle aprender.
Camina con cuidado, manteniendo la guardia en alto. Al acercarse, ve a un chico de su edad agachado en el suelo.
—¿Qué se tiene que hacer para conseguir algo de comida vegetariana en esta jodida ciudad?!— lo escucha decir fastidiado en un ligero acento que no supo identificar.
Jon baja el arma. Sólo un poco. Nunca se pudo estar completamente seguro de no estar hablando con un desquiciado.
Tose un poco para llamar su atención. Él se gira velozmente. Unos hostiles ojos verde oliva le miraron de vuelta junto a un ceño fruncido. Jon deseó lucir así de intimidante, pero estaba seguro de que lucía como un cordero desamparado.
—¿Qué quieres? — le grita el chico con desdén. Analizándolo igual que él, intentando decidir sí era una amenaza o no.
No esperaba que las primeras palabras que le dirigiese alguien después de tanto tiempo ocurrido tan groseras.
—¿Buscas comida? — Cuestiona dudoso Jon. Había mucha comida en aquella bodega y no podía cargar con todo.
El chico resopla y se levanta del suelo, sujetando una vaina de lo que Jon suponía era una espada (Le habría parecido cool en otras circunstancias, ahora tenía que ponerle un ojo encima por precaución y no asombro) y una maleta pequeña, como de viaje.
—No— Dice cruzándose de brazos —Estoy buscando a los vikingos del queso—
Jon frunce el ceño sin entender.
—Dios, así de viejo es ese juego—Farfulla para sí mismo. —¡Por supuesto que estoy buscando eso! — exclama el otro.
—¡Shhhh! Atraerás a los zombies— lo regaña Jon. —Ven de una buena vez, no te hagas hacer rogar— Dice guiándolo.
De regreso en la bodega, estaba su maletín, todavía abierto. Jon deja a su lado el rifle para comenzar a abrir las cajas de comida almacenada, cada quien por su lado. Estaba más interesado en la sopa, pero la carne enlatada comenzaba a verse tentadora.
—¿Estás yendo a algún lado? — Cuestiona Jon algo tímido. Extrañaba la compañía de otras personas que no intentasen comérselo vivo. Además, el silencio comenzaba a prolongarse de forma incómoda.
—Gotham City— Responde simplemente segundos después, justo cuando creía que no diría nada. —¿Y tú? — Añade luego de una vacilación nerviosa.
—Nueva York, bueno, a Manhattan— dice Jon cerrando su maletín y lo subió a los hombros. Probaba que pudiera soportar el peso durante horas.
—¿Sabes usar esa cosa? — Pregunta el chico mirando el arma de Jon.
Jon se gira en su dirección bastante interesado. Nota de reojo que la maleta negra estaba marcada con el nombre de "D. Wayne"
—Claro que sí, mi papá me enseñó— Explica orgulloso.
Finalmente, otro chico tomó el pequeño maletín negro que traía, su espada y con intenciones de irse llegó a la puerta.
—Sabes, Gotham queda de paso a Nueva York— Comenta Jon como quien no quiere la cosa.
Damián se detiene en la puerta.
—Si, ¿y? —
—¿Me harás decirlo? — Jon pone los ojos en blanco con fastidio.
—¿Tú qué crees? — Dice el chico con una sonrisa astuta.
Jon suspira. —Tomando en cuenta que es más fácil dormir con alguien vigilando, ¿Quieres compañía? —
Wayne fingió considerarlo.
—Bien— Dice—Andando—
En el estacionamiento, no esperaba que se dirigiera a una enorme camioneta negra. Wayne abrió la puerta del conductor.
—¿De dónde sacaste una camioneta? ¿Acaso tienes licencia? — Cuestiona Jon.
—No se necesita una licencia para saber conducir, ¿Tú tienes permiso para usar un arma? — Responde Wayne encendiendo el motor. —Además, no veo por aquí alguien a quién le importe—
—Touché— dice Jon subiendo de copiloto.
Lanzaron las mochilas a los asientos de atrás, pero en un silencioso acuerdo mantuvieron cerca las armas.
Wayne tomaba rutas alternas y poco concurridas que no estuviesen llenas de autos varados. Por suerte, podía salir de la carretera para esquivar algunos.
—¿Cómo te llamas? — Cuestiona Jon pendiente del camino para evitar sorpresas.
—No te lo diré— Dice automáticamente, entonces agrega —Tampoco quiero saber el tuyo—
—¿Por qué no? Es un largo camino hasta Gotham— dice Jon.
—Porque así será más fácil abandonarte sí las cosas se ponen feas o sí te muerden y tengo que rebanarte el cuello— Dice Damian sin inmutarse.
—Necesitaré llamarte de alguna forma— Responde Jon.
—Bien, en ese caso me dirás…. Ehm.. Robin— Responde.
Jon esperaba que usara su apellido. No está seguro de por qué eligió ese apodo, entonces recuerda los cómics.
—¡Ohhhh! ¡Cómo el compañero de Batman! Entonces yo soy... uhm... ¡Superboy!— dice Jon, recordando que su papá se llama igual que la identidad secreta de Superman.
—Serás más bien superbaby— Responde Damian dando un giro al volante para evitar una señal de tránsito doblada en mitad de la calle.
—¡Pero sí tengo tu misma edad! — Reclama Jon. Se inclina un poco para ver con cuidado unos arbustos salvajes al costado del camino, cuidando de encontrar movimiento.
—¿Ah sí? ¿Cuántos tienes? ¿Ocho? ¿Nueve? — Responde Damian con una sonrisa malvada.
—¡Tengo once! ¡Y medio! — Exclama Jon.
—¡Ja! Pues yo tengo trece— Presume Damian con una sonrisa arrogante.
—¿Entonces por qué soy más alto? — Dice Jon.
—Sabes que todavía puedo tirarte del auto de una patada, ¿No? —
—De acuerdo, de acuerdo— Concede Jon. El tono de Damian le decía que no bromeaba.
Por fin salían de la ciudad, Damian eligió tomar una ruta que pasaba por una zona suburbana de casas modernas pero abandonadas por los vivos al igual que el resto de la ciudad. Muchos incluso tenían ventanas y puertas abiertas.
—Estoy muy aburrido— dice Jon hundido en el asiento. Después de cuarenta minutos jugando al vigía sin nada amenazante para advertir, el aburrimiento se hizo presente —Juguemos veo veo—
—Claro, yo veo que hay muertos vivientes por todos lados y que el mundo se fue a la mierda. Ahora silencio— dice fastidiado Damian.
—Bieeeen— gruñe Jon haciendo un puchero.
