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Sugar, we're going down swinging

Summary:

Todo era un desastre.

Un casi silencioso y caótico desastre. Lo único que podía escucharse en la habitación eran las respiraciones de ambos, jadeos que destacaban por el cansancio en el los dos se encontraban.

¿Cómo habían acabado de esa forma? Es lo que Fugo se preguntaba mientras sus manos aferradas con desesperación, se negaban a soltar las hebras oscuras de Narancia.

"Te odio," escupió el rubio con rabia, tirando con más fuerza de ese mechón de cabello pero fue en vano, Narancia se mantenía estoico observándolo con una mirada que para Pannacotta, le resultaba imposible de descifrar. "Quítate, mira el jodido desastre que causaste."

[𝘌𝘭 𝘥í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘗𝘢𝘯𝘯𝘢𝘤𝘰𝘵𝘵𝘢 𝘍𝘶𝘨𝘰 𝘧𝘶𝘦 𝘤𝘢𝘱𝘢𝘻 𝘥𝘦 𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘳 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘵𝘢𝘯 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘶 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳 𝘢𝘮𝘪𝘨𝘰 𝘭𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘰𝘳𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘣𝘢.]

Notes:

Wenas, volviendo a aparecer luego de mil años. Les ofrezco esto y nos vemos cuando vuelva a tener inspiración (honestamente este fic lleva casi escrito un año pero recién lo terminé el sábado haha)

Dedicado a mi querida Dess que me ayudó betaredeando esto cuando andaba tiesa ;;

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Todo era un desastre. 

Un casi silencioso y caótico desastre. Lo único que podía escucharse en la habitación eran las respiraciones de ambos, jadeos que destacaban por el cansancio en el los dos se encontraban. 

¿Cómo habían acabado de esa forma? Es lo que Fugo se preguntaba mientras sus manos aferradas con desesperación, se negaban a soltar las hebras oscuras de Narancia. 

"Te odio," escupió el rubio con rabia, tirando con más fuerza de ese mechón de cabello pero fue en vano, Narancia se mantenía estoico observándolo con una mirada que para Pannacotta, le resultaba imposible de descifrar. "Quítate, mira el jodido desastre que causaste." 

Pero ni una sola respuesta de parte del otro, solo un par de ojos violetas que grandes y dulces cuál misma mirada de un venado, que no dejaba de inspeccionarlo de pies a cabeza. 

Entonces su cuerpo se estremeció. 

Cuando sintió la calurosa mano de Narancia recorrer las curvas de su rostro, Fugo comenzó a removerse queriendo empujarlo, mas le era imposible. La fuerza de su amigo siempre lo había superado y esta vez no sería la excepción. No con esos brazos haciendo presión encima suyo y sus cuerpos pegados haciendo que la fricción fuera muy cuestionable. 

Los dedos del pelinegro pasearon peligrosamente por el borde de sus labios. Fugo no sabía que pensar, él estaba seguro de que en cualquier otro momento simplemente le hubiera pegado una patada a Narancia y asunto arreglado, pero en esos instantes solo podía pensar en lo incómodamente atractiva que le resultaba la situación... y eso lo estaba volviendo loco.

No, Narancia era su amigo, de seguro había una explicación totalmente razonable para esta actitud. Ese lado razonable de su mente lo obligaba a pensar que esto era una especie de treta para que bajara sus defensas, pero ese otro lado que odiaba... el salvaje y hormonal, gritaba y luchaba por hacerle entender que esta estaba siendo la señal que por años estuvo esperando. 

Porque sí, aunque luchara contra esos pensamientos intrusivos, era más que obvio que llevaba gran parte de su vida amical enamorado de Narancia no solo enamorado, sino que patéticamente flechado. 

Ignorando sus peleas constantes, insufribles sesiones de clases y esa competitividad por ser el mejor del equipo; la mayoría del tiempo podría decirse que se llevaban bien. Incluso compartían el mismo tonto hobbie por el baile y ni hablar de sus largas horas de debates cuestionando cosas de lo más estúpidas. Estar con Narancia era como estar en casa, algo que jamás había podido sentir.

Sin embargo, lo que realmente solía traer mal a Fugo, era su atracción fatal al atractivo fisico de Narancia. Pestañas largas, cabello despeinado, esa pícara sonrisa, hermosos ojos, labios carnosos, una cintura encantadora... brazos muy bien trabajados. Sí, Fugo estaba mal.

Ya en varias ocasiones había llegado a la conclusión de que seguro era una escoria por ver con esos ojos a su amigo y de que no había forma de que lo correspondiera; sin embargo, era un joven con hormonas alborotadas y en más de una vez se vio perdido en los pectorales del mayor, anhelando ser quien pudiera tocarlos sin pudor alguno mientras le robaba un beso de lo más indecente. 

Se sentía tan patético al recordar esa fantasía en ese preciso instante. 

La temperatura de su rostro y posiblemente del resto de su cuerpo se había elevado a niveles peligrosos, comparables a los de una fiebre. Fugo se conocía bien, no era la primera vez que sentía algo por el estilo, pero a diferencia de otras ocasiones, tenía a Narancia encima acariciando sus labios. 

No iba a dejarse llevar, sea lo que fuera que Narancia planeaba, no debía ser bueno. Ya lo conocía y eso solo tenía una forma de acabar y no pensaba permitirlo. 

Volviendo a hacer uso del agarre en sus manos, Fugo tiró del cabello del azabache lo más que pudo, más fue casi en vano aquel gesto ya que solo causó una curiosa reacción en el otro. 

Quitando las manos de los labios de Fugo, y tras un forcejeo más que corto, Narancia aprisionó ambas manos del rubio a los costados de su cabeza.

Fugo tembló, porque sabía bien que no podía hacer más que eso. En su situación la única vía que veía posible era invocar a Purple Haze y sabía que eso solo hubiera sido necesario de ser alguien más; en cambio, tener a Narancia sometiéndolo en esos instantes era más que estimulante. 

Fue entonces que esa casi fantasía visual se vio derrumbada en un abrir y cerrar de ojos cuando con una risa burlona, el pelinegro se acercó peligrosamente a su enrojecido rostro y con mofa pronunció las palabras "Te olvidaste que día es hoy." 

Sí, aquello lo descuadró por completo. 

Furioso era poco decir, indignado no era suficiente. ¿A qué mierda se estaba refiriendo el idiota encima suyo? ¿por qué tenía que iniciar esa pelea y dar una dramatización de lo más semi-erótica, solo para decirle eso? No, eso era más de lo que él podía tolerar, más cuando jugaba así con sus sentimientos. Aún si Narancia no era consciente del enorme enamoramiento que tenía, ¿Qué ganaba con acariciarlo así? Se sentía patético.

Queriendo acabar con esa ridícula fantasía unilateral, y recogiendo los pocos trozos de dignidad que le quedaban, Fugo comenzó a forcejear con la ira que lo solía caracterizar. "Vete al carajo, Narancia." 

Aquella línea sin embargo, solo logró generarle más gracia al mayor, cosa que le hizo hervir la sangre al rubio. "Vete,” repitió. “¿No entiendes que no quiero verte?" 

"Pero si fuiste tú el que me invitó." Fugo hizo una mueca de fastidio, mas no paró su forcejeo. Narancia tenía un punto, pero no iba a darle la razón. Sí, lo había invitado esa tarde para llevar una de sus típicas sesiones de clases, clases las cuales Narancia había dejado de llevar por casi un mes debido a una misión que se extendió más de lo que debía. Y aunque él nunca iba a admitirlo en voz alta, lo extrañó cada día que no se estuvieron viendo. 

Fue así que apenas supo de su retorno el día anterior, la única cosa que pasó por su mente fue programar una sesión de estudio. No quería parecer desesperado y en un principio sonaba como la mejor alternativa.

Sonaba... hasta que Narancia apareció dos horas más tarde de lo acordado, obviamente recién bañado, y con lo que era una cantidad ridícula de bolsas de compras. Sí, ya se imaginaba su excusa, seguro había pasado su mañana estando de compras con Trish y para cuando notó la hora, ya estaba atrasado. 

No eran celos, pero Fugo era alguien sencillo: si no llegaban a tiempo a las citas era porque para él, no había un verdadero interés, y aún si se trataba de Narancia, prefería cancelar a que le vinieran con pretextos.

Pese a ello, lo dejó pasar y ese fue el inicio del caos. 

Claro, porque luego de no verse por un mes y una llegada más que retrasada, lo primero que Narancia decidió hacer, fue empezar a comportarse como un idiota. Desde llenar sus muebles con bolsas que supuestamente eran muy importantes para estar en su casa, hasta hacer que constantemente fuera a prepararle café que hasta donde sabía, el mayor detestaba. Parecía que solo se había aparecido para jugar con su nivel de paciencia, y lamentablemente, para alguien como Fugo, era jugar con fuego. 

¿La gota que derramó el vaso? "Dejemos la clase para otro momento." 

Y eso es lo que los llevó a toda la situación actual, ¿los resultados? Un par de vasos rotos, la mesa de cabeza, la alfombra estaba rasgada y habían logrado derrumbar el pequeño librero que Fugo tenía en la sala; sin contar que el tan elegante traje rojo que tanto amaba usar para ocasiones especiales, ahora se encontraba hecho un desastre y podría jurar que habían jirones colgando. 

Sí, tenía muchas razones para estar furioso, y aún así, en el momento en que vio una mínima oportunidad de que Narancia insinuara algo más, su cerebro tan prodigioso dejó de funcionar a cambio de satisfacer ese lado que anhelaba contacto.

Era tan patético, todos esos sucesos lo traían a ese instante, había sido su culpa por esperar más de lo que podría recibir de una sencilla reunión entre amigos. Sus labios lucharon por pronunciar una frase, alguna excusa que lograra hacer que el pelinegro se quitara de encima, pero era en vano, se había quedado sin ideas y llorar o hacer algún ademán de víctima estaba más que descartado, él no era así. 

Y sin embargo sucedió. Narancia lentamente liberó sus brazos sin importarle mucho el que fuera a haber una consecuencia, cosa que lo desconcertó ¿acaso sería otro de sus raros juegos? 

Mas temprano que tarde obtuvo su respuesta. 

"Mira, si quieres celebrar tu cumpleaños solo, allá tú, pero no puedes impedirme regalarte algo. Ya compré todo".  Dijo Narancia aún con esa sonrisa brillante y asquerosamente positiva que casi podría jurar que iluminaba toda la habitación. 

Fugo se sentía helado, confundido, más idiota de lo que alguna vez imaginó y nuevamente se halló sin alguna respuesta posible así que solo pudo titubear un ligero "¿Qué?" Antes de volver a ahogarse en ese mar de confusión. 

"Venga, ¿es en serio? De todas las personas que conozco eres el último quién imaginaría que podría olvidar su propio cumpleaños." Su risa era melodiosa, jocosa, tan llena de vida.

Y ahí iba de nuevo, su cerebro estaba volviéndose una masa imposible de generar pensamientos, solo emociones en esos instantes. La única cosa que podía procesar era que estaba condenadamente enamorado de por Narancia Ghirga.

"M-mi cumpleaños..." Titubeó el rubio mientras un sonrojo juvenil volvía a invadir su rostro. 

"Por supuesto, no irías a creer que podía olvidarme, ¿o sí?" Narancia se levantó de encima suyo y comenzó a sacudir sus pantalones de cuero que estaban llenos de polvo en esos instantes. "Originalmente había pensado en hacer algo con los demás, pero sé como eres con esta fecha, así que lo dejé entre los dos, ¿no hay problema?" 

"No... pero podrías habérmelo dicho." Fugo no sabía cómo seguir esa conversación, estaba tan abstraído por el encanto del otro que era capaz de aceptar hasta la venta de su propia alma si eso lo satisfacía. 

"Te traje varias cosas pero creo que mejor te dejo a ti elegir con qué quieres ir primero.” El pelinegro señaló a los bultos que trajo consigo hace solo un rato atrás. “...Tengo unos libros de Stephen King que vi que aún no comprabas, algunas tazas de fresas, una maceta para tus cactus, un vino para que tomemos más tarde… oh y me olvidaba, tu pastel de cumpleaños, aunque por el calor probablemente esté algo aplastado."

"No debiste hacerlo." El rubio seguía recostado en el piso, todo esto le sonaba tan irreal, ¿de verdad Narancia se había dado a la tarea de hacer algo especial por él? Ahora que recordaba, los años anteriores intentaba evitar a toda costa la fecha; y sin embargo, Narancia siempre encontraba una forma para pasarlo juntos o darle si quiera un obsequio, lo cual significaba que este año no sería la excepción. "Puedes dejarlo ahí e irte, quiero estar solo." 

"No empieces con eso. Ven, te van a gustar." 

¿Por qué ese idiota era tan testarudo? Solo sabía venir y revolver sus emociones. Claro que quería que Narancia se quedara (para toda la vida de ser posible), pero su orgullo no se lo estaba permitiendo, suficiente humillación había tenido para un día. Necesitaba aclarar su mente, sacar esos pensamientos que lo volvían alguien totalmente distinto e idiota, detestaba quererlo tanto. 

"Narancia en serio..."

"No seas así, mira... juro que no son flores a las que eres alérgico, ya aprendí del año pasado." 

"Quiero que te vayas." Como lo odiaba, su tonta cara bonita, su mirada alegre, su forma de ser tan despreocupado, ¿Cómo alguien así podría fijarse en un desastre humano como él?

"Si tan solo me dejaras mostrar... de verdad te gustará."

"No lo hagas más difícil." Fugo sintió que su estómago se revolvía, no iba a aguantar mucho bajo esa fachada, ¿acaso el otro disfrutaba de hacerle eso? 

"De verdad me estás frustrando."

"Entonces vete de una vez." 

"Yo solo quiero..."

"¿Que acaso eres demasiado estúpido para no entenderlo?" Aquello había salido más rudo de lo que quería, pero había sido culpa de Narancia por no entender desde la primera advertencia. Seguro ahora sí lo había arruinado, nadie era capaz de aguantar a un idiota temperamental. Si acaso seguía teniendo amigos era por una suerte de milagro, no debía hacerse a la expectativa de una pareja, mucho menos ilusionarse con su mejor amigo. 

"Fugo, ¡maldita sea cállate! Te juro que a veces pareciera que intentas que te odie. No estaría acá si no me gustaras ¡Déjame quedarme!"

Y otra vez habían acabado en un silencio sepulcral e irónicamente esta vez no había sido causado por una de sus constantes peleas. 

Narancia solo pudo tapar su boca tras darse cuenta de lo que acababa de decir, como si del más sucio secreto se tratara. 

Fugo por su lado, se había quedado congelado ante aquel conjunto de palabras que luego de procesar, le daban una frase que siempre quiso escuchar ¿acaso esto era una broma? No, Narancia se veía muy asustado como para bromear con algo así. "¿Qué dijiste?" 

"Olvídalo. Me voy a casa como dijiste." 

"No, quiero que lo repitas" Desesperado, Fugo se levantó a toda velocidad del piso y entre tropiezos, se abalanzó a invadir la distancia de su amigo, el espacio personal definitivamente no era una opción. 

"Fugo, solo haz como que no pasó, yo... no quiero que me odies, decirlo fue una tontería, yo..." 

"Repítelo, repítelo cientos de veces si es necesario." Sí, probablemente se estaba viendo demasiado desesperado, pero no había estado tan cerca de tocar el cielo como en ese instante, así que si Narancia sentía lo mismo que él, tocaba averiguarlo.

"M-me...espera, ¿yo te gusto, o acaso estás intentando distraerme para que dejemos de lado el tema de tu cumpleaños? Por que es así Fugo, juro que voy a romperte la cara..." Pannacotta apretó el agarre en la camiseta del pelinegro, sus nudillos comenzaban a volverse blancos de la presión que estaba ejerciendo en estos, ¿pero como no hacerlo? las puertas al paraíso estaban a unas palabras de distancia.

"Cállate grandísimo imbécil." Jadeó con cierta frustración, Fugo no era un experto en emociones, pero había que ser de verdad estúpido para no detectar que Narancia estaba entre la espada y la pared, sus sentimientos habían sido develados por su propia boca.

Y eso le agradaba demasiado. 

Tal vez tentar a la suerte no sonaba mal en esos instantes, no cuando después de todo era su cumpleaños.

Narancia no lo vio venir, y para Fugo esa era de las pocas veces que en su vida iba a tomar una decisión tan impulsiva. Acabando por sellar la distancia entre ambos, Pannacotta estaba extasiado por el sabor de los labios de su amigo contra los suyos, una mezcla de menta y cítricos se asemejaban al mayor elíxir que en su vida había probado. 

Sus manos temblorosas se dirigieron al cuello del otro, probablemente siendo de las pocas veces que no lo haría para pelear. 

No podía sentirse tan bien, no podía ser real. 

Pero Narancia rió mientras correspondía con la misma necesidad que Fugo había estado sintiendo todos esos años. 

Para mala suerte de ambos, la necesidad de aire les decía que debían darse una pausa. 

 "¿Entonces... quieres ver tus regalos?" 

"Si, lo que quieras."

Notes:

Espero les gustara (ノ´∀`)ノ♥