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Silencio en la plenitud de una noche

Summary:

De pie frente al espejo en el baño compartido de la familia March y sosteniendo un trozo del calendario con la palabra del día, Healy se pregunta si existe acaso una palabra que defina lo que sea que existe entre él y Holland March. Así como de su sentir durante la plenitud de las silenciosas noches compartidas.

Notes:

Ubicado tras la película. Incluye revelaciones de la trama porque bueno, no se puede no tocarlo dada la naturaleza policiaca del film. He tomado elementos de la novela, sin embargo, no se inglés y no existe una wiki, así que tuve que fiarme ciegamente de una que otra publicación en Tumblr compartiendo elementos del libro y de comentarios sueltos entre las historias de AO3; porque sí, ME LEÍ TODAS LAS HISTORIAS. Y no me arrepiento. Mis respetos a quien logre retratar correctamente sus voces, para mí fue un martirio.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—SILENCIO EN LA PLENITUD DE UNA NOCHE—

El sol salió, el sol se puso. Nada cambia, tal como dijiste.

—Jackson Healy, The Nice Guys.

ACTO I | LA PALABRA DEL DÍA.

En el escozor de su vida, Jackson Healy rememora las firmes palabras de su antiguo padrino de sobriedad: «Nuestra existencia carece de sentido, no hay necesidad de agregar el alcohol como un elemento más a la receta incompleta de nuestra mente nublada». Tiempo después, no se sorprendió al enterarse de la recaída del hombre, pero las palabras quedaron taladradas en lo profundo de su mente. Ahora, de pie frente al espejo en el baño compartido de la familia March y sosteniendo un trozo del calendario con la palabra del día, Healy cree que debe tener un significado profundo.

Abstemio, dos puntos, que no toma bebidas alcohólicas. Abstinencia al alcohol.

Se pregunta si existe acaso una palabra para la incapacidad de sobrellevar el sentir que lo apodera desde el momento que aceptó quedarse en esa casa. Tal vez algún día la descubra en su calendario o por algún recatado cliente que solicite su ayuda con un flujo de gramática floreciendo desde su boca. Cualquiera que sea, le retuerce la mente en la espera de algo que pudiera definirlo. Definir lo que sea que existe entre él y Holland March, quien tiene la misma capacidad de aborrascar su razón, semejante a la cerveza más barata y rancia que hubiera podido encontrar entre las cajas volcadas en su tiempo dentro de la granja de aguacates. 

—Es sorprendente, es todo —comentó Holland al escuchar su historia—. Imaginarte como un chico bueno, un verdadero chico bueno, trabajando en un lugar así.

—No es raro, fue mi sentencia.

Recostado en el asiento del copiloto, Holland hace esa mueca que siempre aparece en su rostro cuando el principio de lo que él piensa es una broma ingeniosa está por salir: media sonrisa colgada y cejas altas para mostrar su aparente sorpresa. Cretino, Healy si tiene una palabra para eso.

—Claro, porque las cumples fielmente. No cuestiono tu presencia en la correccional, Jesús, es de esperarse ¿pero aceptarlo de buena manera?

—Bueno, sigo aquí ¿no? No es diferente a estar en esto —Healy lo mira de reojo por un momento, prefiriendo mantener la vista en la casa que estaban vigilando; un caso apresurado de una típica infidelidad. 

No es lo que esperaba cuando aceptó la asociación, sin embargo, pagaba las facturas y el caso de Amelia seguía con una frescura de semanas como para tolerar más acción en sus vidas. «Es raro recibir propuestas como esta, pero es mejor que nada» había dicho Holland días atrás. La implementación del divorcio sin culpa arrastró la mayoría de los trabajos para un investigador privado, y Healy solo pudo observar sin real extrañeza cuando lo vio saltar de emoción a un lado de la isla del comedor donde revisaba el correo. «Dinero fácil, eso es lo que significa» le susurró desde su lado la hija del hombre, Holly, reanudando su desayuno prefiriendo ignorar a su padre por segunda vez en el día y lo que debió ser el cuarto momento de embriaguez en lo que era de la semana; ese día fue un martes, lo recuerda bien.

—Si, no estoy seguro de que sea una penitencia si lo disfrutas —responde Holland—. Pero, ya sabes, entra en tu sentido de la moralidad, así que no creo que cuente.

—No tengo sentido de moralidad —protesta, a su derecha Holland deja salir un sonido de incredulidad—. Nos pagan por investigar una infidelidad, no hay brújula moral en esto.

—No, nos pagan para descubrirlo y darle a la dulce señora una excusa para huir con sus hijos. De lo contrario no estarías aquí, durante horas soportándome parlotear sin sentido.

Sabe que Holland tiene cierta razón en su argumento. Dios no lo quiera, pero es insólito la capacidad que tiene para ser más racional con el alcohol en su sistema que estando sobrio. Pero no es altruismo cuando le pagan por ello, su calendario se lo dijo años atrás ¿Y que sí le gusta la sensación resultante cuando ayuda a las personas con más que sus puños, o tras recibir gratitud como aquellos que aún lo llaman a su teléfono para agradecerle por haber detenido al tirador en aquel restaurante? No es altruismo, no tiene una brújula moral. Por supuesto que no. Le gustaría decir eso y borrar esa estúpida sonrisa en el rostro de March.

—Quizás solo tengo debilidad por los pobres bastardos —dijo en cambio.

—Si, es algo de lo que me doy cuenta —concluye Holland. La sonrisa parpadeando por un segundo hasta terminar en un apacible silencio, con el hombre reajustando su posición en el asiento, ojos cerrados y brazos cruzados. Dejando el resto de la vigilancia a su compañero.

ACTO II | MIL SIGNIFICADOS DE UNA PALABRA.

El silencio es un elemento que de forma imprevista se convirtió en el principio de la naciente inquietud de Healy. Desde su juventud tuvo un afán por los momentos de paz y tranquilidad. Es la consecuencia de vivir esa parte de su vida como una pieza sin encajar en un país diferente al suyo, prefiriendo bajar la mirada y sobrevivir entre las sombras mientras su padre se hacía un lugar en el sueño americano. Tiempo después, ese silencio se convirtió en el premio ansiado tras un largo día de trabajo; sin historias tristes de aquellos que lo contrataron, sin los gritos de a quien golpeaba por dinero o las quejas de su esposa antes de encerrarse en su dormitorio tras una mala pelea.

Noches de calma antes de la inminente tormenta del siguiente día. Y cuando su esposa lo dejó por su —jodido— padre, noches de sosiego frente al espejo suturando sus heridas.

Lo cierto es, que esos escenarios quedaron atrás desde el comienzo de su asociación. Tiene una palabra para eso, está seguro de haberla visto en su calendario, pero no puede recordarlo. Los silencios ya no significan todos esos sustantivos, sino algo diferente. Es la ausencia de algo. Denotan que Holland no está interrumpiendo la calma con su imparable habla y ocurrencias tardías. Representa que ocurrió algo que lo hizo callar; se traduce en problemas.

—Un cenicero gigante, no es lugar para dormir —dice Healy, un comentario sin calor, pero con el principio de una réplica oculta entre su ceño fruncido. Holland lo ignora desde donde está tirado sobre el trampolín, brazo izquierdo sobre su estómago y el derecho sostenido un cigarro a medio terminar, colgando a su costado en un lento vaivén; como si siguiera una melodía. Healy puede ver un vaso de cristal volcado al principio del tablón y una botella de Bourbon enterrada en el césped—. March, ya hablamos de esto. Si te emborrachas, no frente a Holly.

—Una piscina. 

—¿Qué?

—Una piscina —señala Holland, como si eso respondiera a cualquier queja—, es una piscina.

—Se lo que es… —responde Healy, y como ha sido desde el inicio de su asociación, retiene un suspiro de frustración—. Solo repito lo que te dije en aquella ocasión ¿recuerdas, en el caso de Amelia?

—Siempre hablas de esa noche, no lo recuerdo, pero…—alza su mano derecha para apuntar a Healy y darle la razón—…me suena a algo que diría. Un punto por eso.

El silencio vuelve.

Entre los pocos meses desde que tuvo lugar la reunión en donde nació su asociación, Healy ha aprendido una u otra cosa sobre su compañero de trabajo: no es un buen investigador privado, constantemente mete la pata cuando se trata de discreción, pero tiene las intenciones claras —aunque sea el dinero quien lo mueve—; su percepción de la realidad tiende a ser descuidada, lo que ocasiona las tantas disputas entre su hija y él, Healy y bueno…todo el mundo; es un alcohólico, pero no culpes su imprudencia al alcohol, así es él; y las más importante de las cosas, el silencio nunca es bueno.

Holland es un agorero, tiende a decir lo primero que surca su mente. A veces son cosas útiles que usan a su favor frente a la pizarra de investigación y que, de alguna manera, esas mismas improbables suposiciones terminan por acertar. Otras tantas, resultan un calvario, porque lo obliga a defender el poco honor que le queda cuando las situaciones se complican a causa de sus malos modales ante un cliente o por los enemigos que forma de una manera tan natural como lo es alcoholizarse. Por tanto, verlo ahí tumbado, ocioso y sin aparente elocuencia, nunca es un buen agüero. 

—Es una…noche tranquila —intenta Healy, rebuscando todavía en su cerebro la palabra que mejor describa la situación—. Silenciosa. Yo, eh… veo el agrado. Silencio puro, sin ruido, una, un…

—Conticinio.

—¿Qué dices?

—Conticinio, esa es la palabra que buscas —responde, y como si las palabras le pesaran, se derrite aún más en el trampolín con vista al cielo nocturno—. La hora de la noche en que todo está en silencio y esa mierda, sin ruido, sin disparos resonando en nuestros oídos por una vez.

—Es-sí, esa es ¿cómo…?

—Vi la palabra en tu calendario la otra noche —le resta importancia. Se toma un momento, sonríe a medias entre un parpadeo para girar lento su rostro hacia Healy, la sorpresa impresa en el rostro del mayor—. Ya sabes, está a un lado del espejo, nuestro espejo debo aclarar. Es difícil no notarlo, fue lo único que trajiste de tu deprimente departamento cuando te mudaste ¡Oh!, eso y la señorita Fancy, no podemos olvidar al pez ¿Ya te dije que Holly lo ama?

»Se que no eres de mascotas y que prefieres un pez porque según tú es mucho más sencillo que cuidar de un gato o un perro, o una persona, pero creo que deberíamos replantear. Healy, le puso un nombre de mujer al pez ¿crees que necesita una presencia femenina? Jesucristo, no debimos dejarla tantas veces con Janet —gesticula exageradamente como siempre lo hace cuando habla de la exasperante chica con la que confunde a Jessica, la verdadera amiga de Holly, pero Healy ha dejado de escucharlo desde hace rato.

—Estás borracho —dijo torpemente Healy, todavía analizando las primeras palabras de Holland respecto al calendario y el espejo compartido, su calendario y, aparentemente, su espejo.

—¡No lo estoy!

—Si, lo estás. Siempre me cuentas eso de Holly, si lo olvidas, es por eso.

Holland maldice. Se sostiene de los codos y tras una larga mirada, se levanta con pereza del trampolín tirando a la piscina vacía el resto del cigarro. Healy está estático en su posición, observando al otro hombre caminar hasta él y dejándose caer a su lado. Cruza sus piernas en una posición de indio y empieza a dar palmadas en el muslo de Jackson. Tras un par de respiraciones, Healy acepta la invitación.

—No pude hacerlo, beber, quiero decir —dijo Holland en voz baja. El mismo tono que usa cuando no quiere que Holly se entere de algún caso que tienen entre manos por miedo a que la joven los siga o se meta (como tantas veces ha hecho, más de las que Healy está orgulloso de contar) en el maletero de uno de sus coches—. Cada que lo intentaba, sentía una parte de mi ser juzgado… es tonto, no lo se. Solo te veía a ti.

—A mí —con extrañeza, Healy levanta una ceja.

—Si, a ti Jackson, por el amor de Dios ¿A quién más?

—Uno pensaría que tú hija —dice sin malas intenciones. Holland resopla y gira los ojos sin aparente importancia, pero por la postura baja de sus hombros, Healy puede notar que a cierta parte de él le pesó; resignación, eso es.

—Ella ya está acostumbrada para bien o para mal, y tú, bueno tú pasaste por alcohólicos anónimos y…me recordaba a tu deprimente época de recaída tras el final del caso de Amelia. Empezaste a beber al mismo tiempo que se corrió la noticia de la impunidad de la industria automotriz tras la muerte de la chica —Holland tuerce la boca, como si creyera que parte de eso es su culpa pese haber sido de los dos, quien se llevó la mayoría de golpes en ese caso—. Bebiste por una semana, rompiste tu sobriedad y, de alguna estúpida manera, volviste al ruedo tiempo después ¡Nuevo y rejuvenecido! 

»Simplemente pensé que podría, ya sabes, no se ¿imitarte? Quizás… tal vez sea, eh, fuerte. Mejor para Holly, para ti, ¡para ambos quiero decir!, por la sociedad y todo eso. Ser más, eh-maldición se me fue la palabra —Healy lo ve rascarse la cabeza y estrujarse la mente en busca de un sinónimo—, ser más resistente, o fresco, no fuerte sino…

—Inmarcesible —lo interrumpe Healy, una sonrisa cómplice apareciendo lento en su rostro—. La palabra que buscas es, inmarcesible. Dos puntos, que no se puede marchitar, ajarse, ni estropearse por el transcurso del tiempo.

—Si, eso —se apresura Holland, el aliento retenido en su garganta—. No creo que sea algo así. Jesús, incluso apenas con un par de horas ya siento la abstinencia golpeando mi estómago, y debo decirte, el estómago está perdiendo.

—Pero lo eres, tras el caso no te desanimaste o rendiste —responde con convicción Healy, prefiriendo apurarse y evitando que la mente de Holland siga revoloteando, como supone lo haría cuando este termina con la boca semiabierta en lo que debió ser el comienzo de una protesta—. Sí, quizás durante el mismo no mostraste demasiado interés, pero al terminar, prácticamente volaste a imprimir nuevos anuncios con nuestros rostros y ni siquiera me habías preguntado si aceptaría unirme a la asociación.

»No te detuviste cuando nos quedamos sin salida. Tomaste valor e incluso poco después continuaste con la reconstrucción de la casa… —Healy hace una pausa, gira el rostro para ver la ventana del segundo piso que da a la habitación de Holly; luces apagadas, pero cortinas ligeramente abiertas. Sin dudas, una chica lista, solo espera no tener que soportar una charla el siguiente día en el comedor—. No dejaste de beber solo por mí, lo hiciste por Holly, por ti. Eso es lo que importa ¿no? Hacer las cosas correctas, ser los chicos buenos.

Healy lo vio pensar en silencio. Hay algo nuevo ahí en esa quietud, apenas perceptible pero que tardíamente se da cuenta que siempre estuvo. Nunca lo pensó, pero él odia el silencio. Lo que tenía antes no era calma, era tensión, lúgubre silencio. « Depresivo » había dicho Holland. La soledad lo entristecía, su reflejo en soledad frente al espejo cuando leía la palabra del día lo llevaba a una espiral de melancolía por no tener con quien compartirlo. 

El ruido se convirtió en la rutina, una nueva vida con momentos caóticamente esperados: leer en voz alta su calendario por encima del sonido del agua corriendo en donde Holland se está duchando; el entusiasmo y los chillidos alegres de Holly al parlotear con Jessica en el coche cuando Healy la recoge de la escuela; las discusiones tan familiares que tienen los tres en la noche de juegos o durante las investigaciones cuando la menor de los March se cansa de estar en la banca y se autonombra parte del equipo; los suspiros robados que surgen de la garganta de Holland en una de las tantas noches que tienen ellos dos cuando las puertas se cierran y no tienen las palabras para expresar lo que ansían; el conticinio de cada medianoche, solo los dos, compartiendo la tranquilidad del momento antes de lanzarse al siguiente vertiginoso día laboral.

—Si, creo que lo hicimos, lo estamos haciendo bien —responde Holland. Una sonrisa que ahora puede clasificar como de cariño.

Healy todavía no encuentra la palabra que busca para describir lo que siente alrededor del otro hombre o para describir lo que sea que tienen, pero está de acuerdo con él. Lo están haciendo bien.

Notes:

1 | Padrino de sobriedad: En la novela se dice que Healy tiene un patrocinador de AA llamado Scott. No es el que menciono aquí, pero hago referencia a eso. Quiero pensar que Scott es quien ayudo a Healy a superar esa semana y volver a estar sobrio; él y por supuesto, los March.

2 | Granja de aguacates: Healy estuvo en un centro correccional juvenil. No recuerdo si mencionaron que es algo perteneciente al libro o un headcanon de un fanfic, pero yo lo tomo por un hecho.

3 | Altruismo y llamadas telefónicas: Healy dice no ser altruista, sus propias palabras son: «No es altruismo cuando le pagan por ello». Significa que en fondo si quiere ayudar a las personas, la paga es una excusa. Lo que se muestra más claro en la película con su insistencia por ayudar a Amelia. En el libro se menciona que aún recibe llamadas telefónicas de las personas que salvo, incluso de lugares tan lejanos de Los Ángeles, como lo es Oregón.

4 | Botella de bourbon: Al principio tenía pensado usar brandy. Pero en la novela se dice que Holland estaba bebiendo un bourbon Martini.

5 | Preferencia por los peces: Healy tenía tres pescados de mascota antes de que dos murieran por Blueface. En el libro se comenta que, para él, son más fáciles de cuidar que un perro, un gato, o una persona.

Algunos elementos los saque de estas dos publicaciones de Tumblr. Pásate si quieres conocer datos extra de la novelización:

Sandpapersnowman, 2019. FUN FACTS FROM THE OFFICIAL THE NICE GUYS NOVELIZATION: CHAPTERS 1 THROUGH 4. Consultado en https://www.tumblr.com/sandpapersnowman/183527173804/fun-facts-from-the-official-the-nice-guys?source=share
Sandpapersnowman, 2019. FUN FACTS FROM THE OFFICIAL THE NICE GUYS NOVELIZATION: CHAPTERS 5 THROUGH 9. Consultado en https://sandpapersnowman.tumblr.com/post/183530495734/fun-facts-from-the-official-the-nice-guys