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Dreams

Summary:

Midoriya Izuku esta completamente confundido ante os nuevos "cambios" que su cuerpo ha experimentado en el último tiempo, más cuando se ha visto obligado a soñar irrepetiblemente ante su cercano amigo Eijirou Kirishima, el cual no ha dejado de ser el protagonista de sus más apasionados y húmedos sueños. Sin tener muchas opciones, Midoriya tratará de evitar al pelirrojo a toda costa

¿Esto le funcionará?

[ONE SHOT | YAOI HARD | LEMMON (+18) ]

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Aquel penetrante calor, avasallador y recalcitrante, le recorría la piel como una lengua de fuego implacable, indemne. Sus terminaciones nerviosas le estaban jugando en su contra mientras sentía que cada músculo de su cuerpo se retorcía ante el espasmo de la satisfacción.

Su voz soltó un sonido. Un jadeo cantarín que se perdió entre el vaho caliente de la habitación, mientras las pesadas, pero suaves manos que le recorrían, le apretaban con engolosinamiento las curvas de sus nalgas.

Sus dedos amasaban animalmente sobre la piel ajena, mientras sentía que su cuerpo ardía entre el delirio y el placer. No podía dejar de soltar los sonidos vulgares que su garganta emitía, así como tampoco detener los embistes que le penetraban sus más deliciosos anhelos.

— Joder — susurraba entre gruñidos la voz de su compañero — estas demasiado apretado.

Sus pensamientos apenas podían hilvanar lo que estaba ocurriendo, sintiendo entonces la caliente lengua recorrerle el cuello, las mordidas posteriores y aquellos besos húmedos que solo hicieron inflamar aquel incólume deseo. Su desespero era casi demente, cuando sintió su voz salir de su garganta.

— No pares, por favor... — gimió agudamente, mientras sentía que en cualquier momento se marearía del puro placer.

— No me pidas eso jamás, Izuku — contestó con aquella voz aterciopelada y pesada su amante.

Entonces, fue cuando se dio cuenta de que su amante se estaba acurrucando en su cuello y le dio la cara. Sus ojos de rubí, su cabello de carmesí, su sonrisa seductora y amable, su fuerte y gran musculatura.

— No puedo dejar de pensarte... — susurró antes de embestir de nuevo y lanzar su cuerpo de nuevo a Izuku y su vista se puso en negro.

Con una exasperación casi irrefrenable, Izuku se levantó de sus sábanas, sintiendo la boca seca, jadeando y con un calor insoportable recorrer su cuerpo hasta hacerlo sudar. Su corazón palpitaba desbocadamente y, para su más mala suerte, sus sábanas no podían esconder aquella erección que su sueño había causado.

Frustrado, se frotó la cara con el dorso de sus manos, tratando de disipar las nieblas que aquel sueño había dejado y de enjuagar el sudor que le caía por la frente.

— Otra vez — susurró derrotado entre sus sábanas.

Era la cuarta vez en esa semana que soñaba con su compañero y amigo, y  en  situaciones tan eróticas, vívidas y calientes como esa. Solo para ponerlo  aún más alerta y avergonzado de lo que ya de por sí estaba.

No sabía exactamente cuándo había empezado a soñar con su compañero, pero desde aquel primer sueño – hace unos cuantos meses – Izuku trataba de no darle importancia, pues al final eso eran: sueños.

El pecoso de cabello rebelde trataba de no darle muchas vueltas al asunto. Se ocupaba. Se mantenía distraído. Y había aumentado sus tiempos de investigación sobre los quirks de sus compañeros. Además de entrenar horas extra con ciertos permisos que él insistía en tener.

Sin embargo, todas aquellas distracciones no eran suficientes para cansar a su indetenible mente. Haciendo cada vez más eróticos y mordaces aquellos sueños a su pobre y hormonal existencia.

Para Izuku en principio no fue difícil restarle importancia, pues veía a Kirishima como un gran amigo y, en cierto sentido, no podía negar de que en ocasiones se sentía nervioso por lo guapo que era, pero sin traspasar los límites. Aunque todo empezó a ser más difícil cuando soñó con él, besándolo tan ardorosamente y recorriendo su piel con un frenesí primitivo que hizo despertar a Izuku de la misma manera que esa mañana, con una erección y exasperado.

Y cada día se volvía más difícil mirar a los ojos a Kirishima. Incluso, lo evitaba en ocasiones para no tener que enfrentar sus ojos de rubí. El chico de cabello carmesí había desarrollado una intuición para saber cuando el pecoso estaba mintiendo e Izuku prefería mucho antes morir ahogado en un pozo séptico que confesar todos los sueños que su mente había avivado con él como protagonista.

Fue entonces, cuando frente al lavabo de su baño se miró en el espejo. El cabello revoloteado, el sudor perlado que caía en su frente, su expresión exacerbada y los ojos provistos de preocupación.

'¿Por qué?' se interrogaba el adolescente en sus adentros.

Sus pensamientos revoloteaban entre una marejada de elementos y situaciones que al final terminaron por orillar al chico a tomarse una ducha fría. Pero era impreciso saber cuándo había iniciado todo eso.

Izuku estaba muy consciente de su sexualidad. Sobre todo, después de enfrentarse a Katsuki cuando este descubrió su secreto. Pues, para su mala suerte, se dio cuenta de cuán enamorado estaba de su antiguo mejor amigo y terminó confesando inexorablemente sus sentimientos entre aquella humareda de escombros y polvo.

Si bien ese punto de inflexión había sido un tipo de catarsis, Katsuki – sorpresivamente decente – rechazó educadamente los sentimientos de Izuku, ya que no lo podía ver más allá que su rival.

Izuku sabía esa respuesta y fue un gran alivio para él que su confesión no afectará después la manera en la Katsuki y él habían recuperado su relación, volviendo a ser los mismos que alguna vez estuvieron cercanos de niños.

Siempre había estado rodeado de chicos y, francamente, no se había puesto a observar a ninguno de cerca. Pues Izuku tenía ciertos afectos fraternales con la mayoría. Hasta que su relación con Kirishima empezó a ser cada vez más cercana.

Fue ahí cuando se dio cuenta de que tal vez podía tener un cierto crush con el chico de sonrisa encantadora. Kirishima era lo bastante guapo como para ganarse unas confesiones en la Academia y lo bastante amigable como para convertirse en popular y estimado entre sus compañeros. Era de porte y físico prominente, de amabilidad natural, de sonrisa fácil y bastante motivador.

Y eso, para Izuku, podía decirse que era una de las cualidades que hacían que muchas chicas se cautivaran por el pelirrojo héroe. Aunque a Kirishima no le interesaban de lleno las relaciones o las citas, y dejaba un camino de corazones rotos.

— Debes admitir que eres un casanova, Kirishima — le había dicho entre dientes Denki, para no demostrar lo celoso que estaba de tanta atención femenina que recibía.

Izuku se mantuvo cavilando. No obstante, cuando Izuku había salido del baño para enfrentarse nuevamente a su realidad, tenía el corazón desbocado debajo del uniforme y sentía que el calor que se había desvanecido con la ducha helada, rejuvenecía.

Ya vestido con su uniforme, caminó  al mismo destino de siempre: los salones de la UA, teniendo dentro de sí una vorágine de cosquillas y nervios que lo hacían tragar duro y mirar a todas partes entre los pasillos. No deseaba por ningún motivo enfrentarse al rostro Kirishima tan temprano, no cuando aún podía sentir el inmarcesible sofoco de aquel sueño y los penetrantes deseos recorrerle como una chispa, esperando corroer el fuego rápidamente en un bosque.

No obstante, su suerte tenía otro destino que atender y lo había abandonado eminentemente.

— ¡Midoriya! — le habían llamado desde atrás.

Su estómago dio un vuelco dentro de él y ahogó un chillido sabiendo que la voz que lo estaba llamando pertenecía a quien menos quería ver. Sus pasos empezaron a ser apresurados, mientras sentía que la desesperación le enchinaba la piel y le hacía calentar los mofletes.

— ¡Midoriya, espera! — le volvieron a llamar.

No obstante, Izuku no detuvo su paso ajetreado y siguió mirando férreamente al frente para no encontrarse con aquellos ojos de rubí que tanto lo habían perseguido en sus sueños.

'No puedo dejar de pensarte'

'Amo demasiado tu cuerpo Midoriya, eres hermoso'

'Te necesito con tanta locura'

'Joder, Midoriya, me encantas'

Sus mejillas se arrebolaron aún más al recordar aquellas inéditas frases dichas por aquella voz de Kirishima, profunda, silente y aterciopelada, insertándose debajo de su piel y vibrando en su interior. Fue entonces cuando no pudo evitar correr, escapando rápidamente entre los pasillos y usando su quirk para desaparecer vertiginosamente como una sombra verdosa.

Cuándo estuvo completamente seguro de que estaba solo en aquel pasillo, se recostó de espaldas sobre una pared tratando de recuperar el aliento y enfocar sus pensamientos. Pero mientras se recomponía, un sentimiento de culpa se alojó dentro de su pecho y pegó su frente a sus rodillas.

— Él no tiene la culpa — se susurró el pecoso héroe mientras lloraba cómicamente — no es su culpa que se cuele en mis sueños de esa manera.

— ¿Quién demonios no tiene la culpa de qué? — escupió una nueva voz.

Izuku se sobresaltó y dio un saltito en su lugar. Sus ojos subieron rápidamente a la figura a su lado y pudo ver la expresión ceñuda de Katsuki mirándole con aquellos ojos color carmesí penetrantes.

— Kaachan, me asustaste — respondió el chico de ojos esmeralda aliviado — ¿Qué haces por aquí?

— Eso no es tu jodido asunto, Deku — mencionó como de costumbre el chico de cabellos cenizos — lo que haga o deje de hacer es solo mi mierda.

— Oh bueno, disculpa — respondió avergonzado.

— Aunque me parece raro que tu estés aquí — aludió perspicaz — ¿Estás evadiendo de nuevo al pelos de mierda?

— ¡Claro que no! No sé de que me hablas — dijo Izuku recomponiéndose del chillido que echó como respuesta — solo... solo... estaba pensando y...

— Eres una mierda para mentir, Deku — le manifestó el rubio cenizo — admite que has estado evitando al jodido pelos de mierda de una vez.

Izuku miró a los ojos viscerales de su recuperado amigo y, para su mala suerte, suspiró derrotado sabiendo que no podía mentirle a Katsuki.

— Deberías ponerte unas pelotas y hablarlo con él. Ha estado insoportablemente cansino contigo.

Izuku volvió los ojos y su mirada fue de completa sorpresa.

— ¿De qué hablas Kaachan?

— Que jodido problema de comprensión tienes nerd — escupió el rubio cenizo fastidiado de esta situación — pelos de mierda ha estado casi que suspirando y deprimido porque no te has puesto unas bolas y le has encarado sobre el problema que tienen.

— Yo... ¿En serio?

— ¿Me ves jodiendo con este tipo de cosas, Deku? — la mirada molesta del chico hizo que Izuku se diera cuenta de que debía tener cautela.

— Disculpa Kacchan, pero... — sus ojos viraron a otro lado y apretó sus labios — es algo personal.

Ambos no dijeron nada por aproximadamente unos minutos. Izuku sintiendo el peso de la recalcitrante y escrutadora mirada de su amigo, mientras que el chico explosivo se mantenía impertérrito en su puesto.

— Te gusta el pelos de mierda ¿No, Deku?

Izuku miró nuevamente sobresaltado a su amigo. Sin embargo, su voz se perdió, su boca se abrió y se cerró sin saber qué decir para finalmente sentir que toda la cara se le encendía por verse descubierto.

Katsuki le dedicó una mirada triunfante y una sonrisa entre pícara y burlona. Sus ojos de carmesí brillaron.

— Quien dijera que tú nerd me cambiarías por el pelos de mierda — se burló Katsuki.

— ¡Kaachan eso no es gracioso!

— Ah entonces no estaba equivocado, te gusta pelos de mierda.

Izuku no quiso mirarlo a los ojos, pero su rostro encendido denotaba que todo lo que Katsuki mencionaba era verdad.

— Bien, ya que sé que te gusta pelos de mierda, te haré el honor de hacer la única jodida cosa que más odio hacer en este mundo...

» Aconsejar.

— No seas tonto Kaachan.

— ¿Lo dice quien no quiere enfrentar al jodido imbécil que le hace tener sueños húmedos? — bromeó Katsuki, viendo como entonces Izuku se mantuvo como una tumba.

Las orejas se le pusieron como tomates y Katsuki miró fija y seriamente las expresiones del pecoso, quien se encogía en su lugar deseando que se lo tragara la tierra.

— ¿Qué mierda Deku? ¿En serio has tenido sueños húmedos con el pelos de mierda?

— ¡Eso no es asunto tuyo! — chilló avergonzado para después cubrirse el rostro

'Por favor tierra, trágame y mastícame' pensaba el chico pecoso ante aquel sentimiento lacerante de vergüenza.

— Uhg... eres un jodido pervertido...

— ¡No soy un pervertido! El solo aparece y... y...

— Así que admites haber soñado con el pelos de mierda — le señaló acusadoramente Katsuki usando de nuevo aquella mirada de triunfo.

'Mejor me calló la boca' pensó Izuku mientras se encogía en su lugar y no volvía a enfrentar la mirada de su mejor amigo. Ya no podía negar nada. Su estómago revoloteaba de los nervios y el deseo de que la tierra se lo tragara se acrecentó aún más.

— Demonios Nerd, quita esa horrible cara de tragedia — bufó molesto el chico — ¿Crees que andaré por ahí diciendo tus estúpidas intimidades?

— Pero... lo sabes, Kaachan — respondió avergonzado el chico de cabellos verdosos.

— ¿Y? ¿Qué demonios importa lo que yo piense sobre eso? ¡Deberías tener pelotas y darle la cara al jodido pelos de mierda!

— ¡No es fácil! — respondió Izuku — yo no... no deseo que...

— ¿Vas a empezar con tus mierdas de que no quieres perder la amistad y que no quieres que te odie?

— No te burles, Kaachan.

— Estas haciendo un drama en un vaso de agua, nerd de mierda — su fastidio se notaba en la forma en la que apretaba los dientes.

El sonido de la campana inundó todos los pasillos como un recordatorio atronador de que las clases ya debían comenzar. Izuku y Katsuki se sobresaltaron un poco para luego empezar a caminar rápidamente con destino al salón de clases.

Al llegar a la puerta, Izuku se detuvo un poco, sintiendo aquellas lenguas de fuego de los nervios aferrarse a su vientre. Su garganta se sentía un poco y no podía dejar de detener la vacilación que tenía para entrar al salón de clases.

— Oe, Nerd de mierda.

Izuku fue entonces cuando miró a los ojos carmesíes de Katsuki y vio en ellos cierto aire fraternal que hace mucho tiempo no veía.

— Piensa en lo que te dije, habla con pelos de mierda — respondió determinado el chico de cabellos cenizos — no es justo que lo hagas sufrir de ese modo tan injusto.

Izuku, sorprendido nuevamente por esas palabras, miró a Katsuki y luego le dedicó una sonrisa conciliadora.

— Gracias Kaachan — respondió Izuku.

— Espero que resuelvas algo, nerd. No pienso aguantar más a un pelos de mierda llorón.

Izuku soltó una risa ahogada y la tensión que anteriormente había en ellos desapareció.

— Sabes Kaachan, te ves mejor así... cuando cuidas a tus amigos — mencionó Izuku con una sonrisa genuina.

Katsuki, por extraño que pareciera, sintió un leve vuelco de su estómago y vio el brillo casi inocente con el que Izuku le había dedicado aquella sonrisa mucho antes de que entraran al salón.

'Nerd de mierda... ojalá hagas lo correcto' pensó el chico explosivo mientras caminaba directamente hacia su puesto, en donde dejó su bolso y se sentó como de costumbre.

— Eh, Katsuki, ¿Por qué tienes las mejillas rojas? — murmuró Denki que estaba detrás de él.

— Eso no es tu maldito problema, pikachu — respondió Katsuki azaroso.

Katsuki se mantuvo todo el día intranquilo y tratando de concentrarse en las clases, pero sin poder olvidar aquella sonrisa genuina y brillante que Deku le había dedicado. Estuvo de mal humor y bufando, sin darse cuenta realmente que unos ojos de rubí lo veían con cierto aire de cautela y con un ceño fruncido bañando el apacible rostro.

Por otro lado, Izuku se mantuvo como cualquier otro día de clases normal en UA. Entraba a clases; almorzaba con sus más cercanos amigos, Tenya, Shoto y Ochako; conversaba. Olvidándose por completo de aquel sentimiento de vergüenza que lo había azotado más temprano, pero sin olvidar por completo lo que le había aconsejado su amigo explosivo.

Izuku no estaba completamente seguro de cómo podía enfrentar realmente a Kirishima.  Pensar en su rostro y recordar aquellas lascivas palabras que su voz arrullaba en su oído, solamente le hacían sentir más incómodo y seguro de que no podía enfrentar realmente al chico.

Aunque en su interior deseaba aclarar todo, Izuku sabía que verlo conllevaría a que sus pensamientos galoparan directamente a esas vívidas sensaciones que su cuerpo no podía tirar al profundo abismo del olvido.

Aún podía sentir sus manos sobre su piel, sus besos en el pecho, sus mordidas en sus muslos, la forma en la que lo acercaba, tan dominante y gentil. Causando que su piel sintiera arderse por dentro y que su excitación se guiará hasta su ingle.

— Deja de pensar eso — se reprendió él entre dientes.

Sus pasos se adelantaron, más rápidos que de costumbre, hasta llegar a las habitaciones y subir a encerrarse en su pieza para atender aquel problema que se escondía entre sus pantalones.

'Soy lo peor' se lamentó el chico ahogándose en sus almohadas, ya habiendo satisfecho sus apetencias con la imagen de su amigo.

— No debería pensarlo de ese modo — se siguió lamentando y autoflagelándose el chico — es mi amigo y no debería verlo de esa forma.

Apretó su cabeza aún más a las almohadas y se acurrucó en su cama. Sabía que no debía pensar de esa forma a Kirishima. No porque no le pareciera guapo o no le gustará, esos eran simples manierismos, sino por la simple razón de que a Izuku lo atormentaba el hecho de perder a su amigo por sus hormonas libidinosas.

Se mantuvo cavilando entre miles de pensamientos autocompasivos durante un rato, solo hasta que el sonido de la puerta lo despertó de aquella catalepsia.

—¿Quién?

— Midoriya, soy yo.

El cuerpo de Izuku dió un respingo al reconocer su voz y su cuerpo se precipitó al levantarse.

'¿Qué hace aquí? Ay no, no deseo verlo' pensaba el pecoso sin saber ahora cómo quitarse al chico de encima.

— Ki-Kirishima-Kun... qué... ¿Qué te trae por aquí? — interrogó el chico siendo cauteloso.

— Yo... eh... — hubo un poco de vacilación — yo... eh... quería devolverte una carta de All Might que dejaste en mi habitación.

— Oh bueno eh... en ese caso, ¿La puedes pasar por debajo de la puerta? Por favor — respondió Izuku rápidamente.

No deseaba para nada verle a los ojos del chico y menos sabiendo que Izuku era un libro abierto en cuanto a sus expresiones. No podía arriesgar a perder a uno de sus más preciados amigos.

— Eh, suena complicado Midoriya — respondió el chico aún detrás de la puerta — ¿Por qué mejor no abres la puerta y me dejas pasar para entregártela?

Izuku vio que la puerta trataba de abrirse. Su cuerpo se tenso y el terror que lo carcomió en esos instantes lo hizo actuar por impulso, lanzándose y cerrando la puerta con pestillo.

— No, Kirishima, no puedes entrar — respondió Izuku sintiendo que el sudor frío le caía.

— Midoriya, solamente vengo a entregarte está carta — respondió un poco tosco el chico — déjame pasar por favor.

Izuku sentía que el corazón le palpitaba a grandes y vertiginosos tumbos, como un martillo eléctrico sobre el asfalto. Se alejó un poco de la puerta y vio cómo se movía, tratando de forzarla.

— Midoriya, por favor.

— Lo siento, Kirishima-kun.

— ¿Por qué demonios no quieres verme?

A Izuku se le abrieron los ojos al escuchar como el chico blasfemaba. Normalmente era bastante amigable y muy pocas veces se le había visto molesto o blasfemando.

— Es que... yo... — Izuku trató de buscar una salida, analizando rápidamente en su mente qué era lo mejor — yo... estoy con gripe.

— ¿Qué?

— Si — respondió no tan convencido — he tenido mucho malestar hoy y prefiero no contagiar a Kirishima-kun.

Por un momento hubo silencio. Un silencio que duró bastante tiempo. Izuku sintió que por fin había ganado y trató de relajarse.

— No voy a caer en nada de eso, Midoriya — respondió la voz de Kirishima — te he visto hoy en clases y estabas perfectamente.

— Me empecé a sentir mal después de clases — justificó falsamente el chico.

— Bien. No quería hacer esto, pero no me dejas otra opción.

Izuku escuchó unos pasos y luego otro silencio sepulcral al otro lado de la puerta. Luego su oído se pegó a la puerta. Escuchó como un quirk se activaba.

'Oh no'.

— Midoriya, tienes tres segundo para abrir la puerta o la tumbaré por mis medios — advirtió con voz decidida.

'Es imposible. Kirishima no hace ese tipo de cosas'

— No bromees con eso, Kirishima-kun.

No obstante, nadie le respondió. Izuku se preocupó y luego escuchó nuevamente pasos al otro lado de la puerta.

— Estás advertido, Midoriya.

— Kirishima, no puedes hacer esto.

— 3.

— Kirishima, no lo hagas.

— 2.

— Kirishima, te volviste loco.

— 1.

Y fue entonces cuando Izuku cedió y abrió la puerta, dejando ver a un Kirishima cruzado de brazos en frente del portal y con una naciente sonrisa triunfante en sus labios.

— Me engañaste — dijo el peli verde frunciendo los labios y tratando de volver a cerrar la puerta.

— Igual que tú tratando de hacerme caer que tenías gripe — contraatacó el de cabellos rojizos antes de interponer su mano en la puerta.

Estuvieron forcejeando un poco con la puerta. No obstante Izuku trastabilló en uno de esos empujes y vaciló, haciendo que Kirishima rápidamente entrará a la habitación y cerrará con pestillo.

— Ahora, hablaremos.

— No tenemos nada de qué hablar — respondió Izuku evitando su mirada.

— Entonces yo sí y espero que me respondas con la mayor sinceridad posible — el tono de voz de Kirishima sonaba determinado.

— Kirishima, por favor, solo...

— ¿Solo qué Midoriya? — interrogó de manera hosca — ¿Prefieres que no hable cuando llevas evitándome al menos dos semanas, incluso, sin saber si hice algo mal?

— No, Kirishima, no es eso.

— ¡¿Entonces qué demonios es?! — prorrumpió exacerbado — llevo dos semanas tratando de alcanzarte para hablar de esto y ahora me dices que no es eso.

— Es que tú no tienes la culpa — chilló el chico enfrentándose por primera vez a la mirada escarlata del chico.

— ¿Entonces de quién es? No hay a quien culpar de esto — respondió exasperado — solamente quiero saber qué ocurre y solucionar esto.

Izuku y Kirishima se miraron por un momento, este último respirando errática y pesadamente por aquella sensación que le causaba la impotencia y frustración de no saber que estaba ocurriendo.

— Es que yo... yo...

Izuku no sabía realmente que decirle. Ya estaba acorralado, sin poder mentirle a quien más apreciaba en esos instantes. Su boca se cerró y sintió que la saliva le sabía a serrín. Su garganta se cerró y su vergüenza se ciñó como un peso de plomo sobre sus hombros, además de aquel intenso peso que la mirada de rubí le dedicaba desde su lugar.

— Yo... — volvió a balbucear — yo tengo la culpa.

— ¿Culpa de qué Midoriya? — interrogó Kirishima sin dejar su exasperación — Tú no me has hecho nada, solo me exaspera no poder entender porqué estás tan raro conmigo.

— Es que... no quiero hacerle daño a nuestra amistad — admitió Izuku.

— ¿Dañarla con qué, Midoriya? Eso no dice nada.

— Kirishima, por favor, solo quiero que te vayas — respondió el chico tratando de darle la espalda.

— Pues a mi no me importa eso, vamos a aclarar todo aquí y ahora — soltó Kirishima con voz dominadora, tomando la espalda del chico y haciendo que lo mirara nuevamente— no puedo quedarme de brazos cruzados mientras nos alejamos uno del otro y mucho más por una razón de la cual no tengo ni idea.

— Kirishima, por favor, basta — suplicó el chico, sintiendo que en cualquier momento explotaría.

— ¡No me pidas que me detenga! ¡No voy a perderte por...

— ¡He soñado contigo! — gritó Izuku, mirando a los ojos del chico y después arrepintiéndose al instante.

Sintió que un peso muerto caía en su estómago, luego un escalofrío atroz recorrerle los huesos hasta terminar secándole la saliva de su boca. Sus ojos miraron a los sorprendidos rubíes y sintió que en cualquier momento se desmayaría por los nervios y el bochorno que habían suscitado su confesión.

— ¿Soñar Midoriya? — murmuró aún sorprendido el chico de cabellos de escarlata.

Izuku no supo qué decirle. Su lengua se quedó muerta en esos instantes y lo único que su mente le recordaba en esos instantes eran las palabras que habían salido de su boca: He soñado contigo.

'Dios mío, qué he dicho. Qué he dicho.' se autoflagelaba el chico pecoso, perdiendo la mirada y sintiendo que el estómago se le revolvía de puros nervios. No sabía ahora como decir que todo fuera una mentira o solo una broma.

— Izuku

Fue entonces cuando el pecoso volvió la mirada y aquellos ojos de rubí lo miraban intensamente. Los ojos que tanto había evitado por esas dos semanas. Ojos que podían escarbar en lo más profundo de su alma y hacerle admitir de todas aquellas ensoñaciones que le hacían espesar la sangre, calentar los pensamientos y hacerlo perder en aquel torbellino neblinoso de la lascivia.

Sus mofletes se coloraron, apretó los labios y sus ojos brillosos miraron a otro lado. No obstante, Kirishima vio todo aquel cambio y se acercó sin importarle un poco si eso incomodaría al chico. Tomándole del mentón y haciendo que lo mirara directamente a los ojos.

— Kirishima, por favor — resolló el chico tratando de zafarse de aquel agarre.

— Izuku, por favor, dime ¿qué es lo que sueñas? — fue entonces cuando se detuvo.

Aquellos ojos no le miraban acusadores, sino brillantes, impacientes y curiosos. Esperando una respuesta sincera. Una respuesta que borboteaba desde las entrañas del pecoso y que chispeaban desde lo más profundo de sus anhelos.

— No, Kiri...

— No puedo dejar de pensarte — le susurró, acercándose aún más.

Ambos pares de ojos se encontraron. Uno brilloso y entrecerrado, mientras que el otro sorprendido y abierto de par en par. Mirándose fijamente en aquella infinidad llameante que escondían detrás del iris y que terminó de sellarse en un solo momento.

Izuku no supo en qué momento la cercanía ominosa de Kirishima le había azotado con el avasallante calor de su piel, ni tampoco cuando aquel susurro lacerante y aterciopelado se esfumó muy cerca de sus labios, mucho menos cuando una de aquellas manos le había tomado tan segura y tan suavemente de su cuello para terminar de acercarlo, fundiéndose en un beso calcinante.

Izuku sintió el estómago revolotear de nuevo, al igual que su corazón desbocarse bajo su pecho, embebiéndose del sabor ajeno y sintiendo aquellos labios suaves. Sus labios se movían a un compás lento, tácito, mientras cerraba los ojos y se aferraba rápidamente al cuerpo ajeno, alzándose de puntillas.

La firmeza con la que le tomaron sus caderas, lo hizo gemir entre el beso y la cercanía desapareció como los suspiros que ambos esfumaban entre beso y beso. Izuku sentía como una bullente llama se cernía sobre cada una de sus terminaciones, encendiendo rápidamente aquellos instintos primitivos.

— Kirishima — murmuró el pecoso con voz pastosa.

— No sabes cuánto he esperado esto — murmuró entre dientes el chico, mientras volvía a besar y morder los labios del chico.

Izuku no tuvo tiempo de pensar algo racional, ni mucho menos detener todo aquel torrente de excitación que se le subía de los pies a la cabeza y le hacía olvidarse de todas las preocupaciones que lo habían azotado aquel día.

Los labios de Kirishima sabían dulce, casi como a fruta. Izuku se engolosinaba en ellos, mientras sentía como aquellas manos grandes le recorrían el cuerpo con bastante ansia. Aquellos dedos se deslizaron por la hendidura de su camisa y recorrieron su espalda baja con frenesí, haciéndolo gemir en el proceso.

Sus instintos lo llamaron y se abalanzó sobre los brazos de Kirishima, sosteniéndose del cuello sin romper el beso y dejando que las férreas manos del chico le tomarán de los muslos y lo alzara entre sus fuertes brazos. Sus esbeltas manos tomaron las mejillas de piel cetrina y aumentaron el frenesí del beso.

Los pasos parsimoniosos y lentos no dejaron que ninguno desatendiera el hambre lascivo en la que sus labios se estaban enfrentando. Lamiéndose, mordiéndose, jadeándose entre los labios, sintiendo el calor sofocante de la excitación abrasarles los nervios como un burbujeante magma.

Kirishima recostó suavemente a Izuku sobre la cama, sin dejar de besarse, dejando que las piernas del pequeño chico pecoso se envolvieran entre sus caderas como serpientes, frotando sus miembros excitados en el proceso. Aguantando los gemidos guturales y agudos que lanzaban ante aquella inclemente oleada de espasmos, los jóvenes se engolosinaron de sus labios hasta que el sudor empezó a pelar las frentes y el calor de sus cuerpos a ser insoportable.

Kirishima se detuvo y se quitó desesperadamente la camiseta que llevaba puesta, dejando a la vista los músculos flexionados y esculturales de su torso. Izuku sin poder detenerse a sus más impíos deseos reprimidos, se alzó con Kirishima a cuestas para besar la cetrina piel del pecho y del cuello cuando el chico de cabellos escarlata lanzó la camiseta a una parte perdida de esa habitación.

El chico del quirk de dureza dejó que Izuku, con sus regordetes y rosados labios le besara a su antojo, sintiendo la excitación quemarle las entrañas como una casa en llamas. Sus ojos no perdieron de vista como los labios de Izuku le recorrían cada pedazo de piel expuesta, sintiendo palpitar su excitación debajo del chándal que llevaba puesto.

Izuku también se quitó su camiseta y volvió a engolosinarse de la piel cetrina entre sus labios, sintiendo aquel sabor que solo la piel de lo frenético y lo deseado da a los que han estado esperando. Sus manos esbeltas se movían traviesas, hasta apretar en su diestra la dureza engrosada de su compañero.

Izuku se detuvo y miró sorprendido a Kirishima, quien sonrió gatuna y picarescamente al ver como las mejillas arreboladas del chico acentuaban las pecas de su cuerpo antes de lanzarse de nuevo sobre él y tirarlo encima de la cama.

—hng... Kirishima...ah — gemía Izuku al sentir como Kirishima le lamía y le mordía el cuello, sintiendo la electricidad de aquel placer inesperado marearle la razón.

Kirishima no se detuvo en su tarea, ahora él lamiendo, besando y mordiendo cada pedazo de piel expuesta que había dejado Izuku. Hasta que se posó sobre los rosados botones que Izuku tenía por pezones, a los cuales beso y mordió a su antojo, cerrando su agarre en el chico mientras éste se retorcía ante los espasmos que aquellos besos y mordidas le causaban a su cuerpo.

— Ah... Ki-ri ¡AH! — sintió otro espasmos recorrerle cuando sintió un pellizco en el otro pezón.

—Dí Eijirou — susurró con voz gutural.

— Eiji... — trató de decir, pero aquella vorágine de sensaciones lo estaba volviendo loco.

— Dilo Izuku...

— Eijirou — gimió el chico.

Kirishima sonrió satisfecho antes de levantarse sobre sus rodillas en la cama y quitarle de un jalón la poca ropa que Izuku llevaba encima, para después lanzarse de nuevo a su piel, besándola y acariciándola con sus manos.

Sus dedos perfilaron la suave piel, apretaron los carnosos muslos y amasaron con inescrupuloso deseo las redondeadas nalgas, mientras los besos de Kirishima bajaban tortuosamente sobre un Izuku convaleciente ante los espasmos que le causaba su amante sobre las sábanas.

Las manos grandes recorrieron la piel del abdomen y apretaron con sus dedos los pezones rosados, mientras el rostro de Kirishima se encontraba con la desatendida excitación de Izuku. Los ojos de esmeralda, aguados y difuminados por las lágrimas que escocían de la excitación, miraron a los ojos de rubí, oscuros, anhelosos y animalescos.

—Eijirou, por favor, espe...

Aquella mano se cernió con firmeza en el miembro del chico, haciendo que soltara un jadeo sorprendido y haciendo que no terminara la frase.

— Mírate aquí abajo... — susurró con aquella voz pastosa y gutural — eres tan lindo con o sin ropa. Incluso, aquí abajo eres lindo.

— Eijirou, por favor — Izuku se cubrió el rostro de pura vergüenza — no lo hagas.

Los ojos del chico lo miraban y de entre sus labios surgió una sonrisa juguetona.

— ¿Qué no haga exactamente qué, Izuku? — pronunció lentamente el chico, acercando su rostro al miembro.

— No Eiji...

Kirishima sopló su cálido aliento sobre la sensible piel expuesta y vio como Izuku temblaba entre las sábanas. Jadeando. Solo de él. Kirishima ronroneó, observando las miles de expresiones y consecuencias que sus toques causaban.

— Eres muy sensible por aquí — dijo él, acercando sus labios al miembro del más chico — y me gusta ver como te retuerces entre mi brazos.

Kirishima, sin detenerse, acercó su rostro e Izuku sintió una ola de calor atravesarle como un rayo cuando los labios ajenos se posaron sobre la piel sensible de su miembro. Lentos, tortuosos, casi inimaginables, los besos del chico de cabello escarlata lo hicieron temblar y jadear de placer. Sus manos se deslizaron hasta el cabello del chico, tomándolos con frenesí y premura.

Kirishima, ahora con el cabello revoloteado, deslizó sus labios húmedos y lengua por todo el contorno de aquel falo caliente, tomando los muslos del chico y abriendo sus piernas para tener más libertad. Sus ojos, oscuros del animalesco y primitivo impulso de sus instintos, se embebieron de la imagen apoteósica de Izuku, sonrojado hasta los tuétanos, con la boca entreabierta soltando aquellos jadeos inevitables y los ojos mirándole con anhelo.

Fue entonces cuando su hambre pudo más. Sus labios perfilaron nuevamente aquel falo de piel lechosa, para, de un solo bocado, introducirlo en su boca.

— ¡Ahn! — gimió agudamente Izuku.

Kirishima sintió entre sus manos como los muslos de Izuku temblaron ante aquella oleada de sensaciones, al igual que sus dedos se aferraron a su mata de cabello y perdía el aliento.

— Eiji... — susurró sin aliento — por favor...

Kirishima no supo si tomar eso como una súplica para seguir o detenerse. No obstante, su boca empezó a bombear y a moverse lentamente, dejando que Izuku temblara y soltara aquellos gemidos incontrolables que trataba de acallar mordiéndose los labios.

El pecoso sentía que aquella sensación arrolladora en la que estaba envuelto lo estaba haciendo delirar. Sus nervios habían desaparecido, pero sentía que con cada bombeo de la boca húmeda y la lengua experta le derretían, sus músculos se sentían de gelatina y la apremiante sensación que le recorría la ardiente piel lo hacía soltar aquellos vulgares sonidos de su boca.

— Nhgn... Eiji, por favor — trataba de articular el chico, pero sus ojos estaban nublados ante los espasmos de aquellas corrientes eléctricas.

Kirishima se fascinaba por aquella imagen visceral del chico de cabellos verdosos. Gimiendo, sudoroso y sonrojado, soltando jadeos entre los labios mordidos y los ojos desorbitados ante las oleadas de satisfacción que causaban en él.

Su bombeo se detuvo y apreció aquella erótica imagen. Viendo la hermosa desnudez que se desvanecía debajo de sus dedos. Sus labios bajaron lentamente de entre los muslos, hasta posarse frente al único lugar que no podía esperar por entrar.

Su lengua fue cruel y sagaz, deslizándose por las piernas abiertas de aquella lechosa y suave piel, introduciéndose dentro del interior del chico. Aquel chillido atravesó la habitación, haciendo que Izuku se sobresaltara y tuviera que cerrar su boca con ambas manos por haber emitido tal sonido.

No obstante los movimientos lascivos de su lengua no se detuvieron y mucho menos cuando las caderas del más chico se empezaron a mover de manera ansiosa, errática y anhelante por querer mayor contacto de la lengua húmeda. Kirishima se alzó sobre Izuku, abriendo aún más sus piernas y alzando sus caderas mucho más arriba, dejando su rostro a horcajadas del trasero del pecoso, devorandolo a su antojo.

Izuku no supo cuánto tiempo estuvo mareado, ni mucho menos cuánto tiempo sus caderas se mantuvieron alzadas sobre el rostro de Kirishima. Pues los ojos se le nublaban ante todo el torrente de placer que su piel sufría bajo aquellos embates de la lengua húmeda sobre su entrada, poniéndolos en blanco.

— Nngh — tembló — Eiji... Eiji...

Kirishima podía ver los ojos de esmeralda soltar el llanto del placer, mientras el rostro angelical bañado por el sonrojo y la lascividad de sus vulgaridades le daba más ansias de comerlo. Se le llenó el vientre de pura sangre y los ojos se le oscurecieron hasta sus más puros instintos.

Se arrancó de sopetón el chándal y se posicionó sobre las caderas alzadas del pecoso.

— Lo lamento Izuku, no puedo esperar — susurró con aquella voz gutural.

Izuku miró por un momento el miembro endurecido de Kirishima antes de tragar duro y rezar una silenciosa súplica. Kirishima estaba entrando en su interior.

El embate hizo que las entrañas de él ardieran, haciéndole chillar entre el difuminado límite del placer y del dolor. Aquella sensación tan ardiente de su interior lo hizo temblar, jadear y mirar aquellos oscuros ojos que le tomaban tan firmemente de sus caderas.

Kirishima no se movía ni un ápice, aunque su cuerpo le reclamaba por la sensación tan deliciosa que hacían las paredes internas del chico sobre su miembro, apretando toda su envergadura. Pues esperaba que Izuku se adaptara a su tamaño, tomándole firmemente de las caderas y evitará moverse para no caer en sus oscuros distintos y que ambos pudieran disfrutar del otro.

Estuvieron quietos por un momento, ambos sintiendo la desesperación de que el otro se moviera y destruyera aquel martirio que la ansia les comía a ambos. No obstante, Izuku no pudo evitar mover levemente sus caderas, lo cual fue una buena señal para el chico de cabellos escarlata y empezó a mover lentamente sus caderas.

Aquellas lentas embestidas fueron convirtiéndose poco a poco en embates seguros y profundos, los cuales llenaron la habitación de un sofocante calor que les quemaba la piel  y los gemidos y gruñidos simplemente fueron aumentando por cada embestida.

Izuku estaba desbordado de satisfacción, los espasmos casi abrumadores le hicieron desaparecer la poca racionalidad que guardaba en el cerebro y su voz cada vez se volvía más aguda ante las estocadas que Kirishima le hacía a su interior. Su vientre vibraba y le cosquilleaba, embebiéndolo en ese torbellino de confusión, placer y delirio en la que inundaba su mente.

Sus cuerpos se disfrutaron el uno al otro. Izuku soltaba gemidos entre dientes y aferraba sus dedos a las sabanas, mientras Kirishima veía a su amante retorcerse ante la vehemencia de aquel éxtasis que causaban sus embistes. Pasó su lengua por los labios y cambió de posición.

Dejó caer las caderas del pecoso y se posicionó entre estas, apretando las rodillas del pecoso entre sus brazos y deslizándose nuevamente en el interior del chico. Izuku no pudo resistir a soltar un gemido de inconformidad cuando Kirishima salió de él, lo cual hizo soltar una risa gutural que hizo mover el estómago del pecoso.

— Tan Impaciente — susurró ensartándose en él.

Izuku no supo cuanto tiempo Kirishima estuvo dentro de él. Pero las sensaciones que arrollaban su cuerpo de manera estrepitosa y caliente le estaban afectando hasta casi sofocarlo, sin poder articular nada más que el nombre de Eijirou y los agonizantes despojos de aquel placer incólume.

Su cuerpo estaba bañado en sudor, sus piernas se sentían dormidas, pero el gozo inundaba cada uno de sus poros. Sus manos se levantaron y las alzó hasta Kirishima. Éste, al ver las intenciones del pecoso, se detuvo.

Abrió las piernas del pecoso y posó su peso sobre él, dejando que las esbeltas manos le rodearon la espalda y después embestiera con fuerza nuevamente a su pecoso. Izuku soltó un gemido cerca de los labios de Kirishima y sus dedos se aferraron a la espalda. Kirishima besó y mordió con hambre la piel lechosa del pecoso, dejando marcas visibles y engolosinándose con delirio de cada peca del chico.

Las manos de Izuku se atrevieron a bajar por toda la extensión de la formada espalda de Kirishima, hasta posarse en sus nalgas y obligarlo a entrar más adentro de él. Soltó una exclamación cuando toco ese punto alucinante que lo mareo de nuevo.

— Eiji... por favor — suplicó en sus labios.

— Sí, mi pequeño — respondió con aquella voz pastosa.

Sus caderas se ensartaron con fuerza mientras Izuku se hundía en las sabanas debido a ese exquisito cosquilleo que surgía de su vientre hasta emborronarle la cabeza. Izuku no dejó de gemir y Kirishima se extasiaba por el sonido de su voz. Se besaron nuevamente, haciendo un juego con sus lenguas y bebiendo cada uno de los gemidos y jadeos que el otro emitía.

— Eiji, Eiji. Eiji — susurraba inconsciente Izuku.

— Demonios, sí — Kirishima se ensartaba aún más — di mi nombre.

— Eiji... No puedo, siento que...

Kirishima no lo dejó terminar, volviendo a ensartarse con vehemencia sobre la entrada de Izuku y este dejando que su cuerpo se dejará llevar por las sensaciones tan belicosas que arrasaban su cuerpo.

El calor se acumuló, así como la fuerza con la que Kirishima entraba en él y el cosquilleo abrasador que empezaba a nacer de su vientre. Izuku no quiso detenerse y su mano bajó directamente hasta su olvidada erección bombeandola al compás de las embestidas del chico de ojos escarlata.

— Estoy cerca, Eiji — gimió Izuku erráticamente.

— Hazlo para mí, Izuku.

Izuku dejó que aquel cosquilleo lo bañara como un caliente chorro. Sus músculos se contrajeron y con un gemido gutural Izuku llegó al éxtasis, bañando todo su abdomen de su líquido seminal.

Kirishima, sin poder resistirse ante esa imagen erótica y desternillante, además de la imponente estrechez con la que Izuku apretaba su miembro en su interior, empezó a embestir erráticamente al chico. Sin poder resistirse, mordió con fuerza el cuello del chico mientras profundizaba sus embates y hacía a un Izuku, aún convaleciente del orgasmo, volver a ser una marejada de gemidos.

Con un último embate y un gruñido animal, Kirishima llegó al orgasmo en el interior de su amante. Izuku gimió al sentir aquel calor avasallante recorrerle las entrañas y el peso caliente de Kirishima caer sobre él.

Estuvieron en silencio por un largo rato, recuperando el aliento después de aquella vertiginosa y caliente sesión de sexo. Izuku deslizó sus manos hasta el cabello de Kirishima e, inconscientemente, empezó a acariciar los mechones rebeldes de color escarlata.

El chico vio suspirar de satisfacción al de cabellos escarlta, haciendo que soltara una sonrisa genuina.

— Ojalá este sueño no se acabe nunca — respondió Kirishima sin abrir los ojos y disfrutando del contacto del chico.

— Es algo mejor que un sueño, Eiji.

Kirishima alzó el rostro para mirar con los ojos brillantes y una sonrisa al chico de cabellos verdosos y de pecas de bronce.

—Pues espero que no se acabe nunca — mencionó el chico — porque ya sabes cuanto me gustas, Midoriya.

— No me cabe duda — rio en tono pícaro Izuku, sonrojándose.

— Pues — Kirishima se arrastró, besando cada pedazo de piel expuesta — haré lo posible para que lo creas todo el tiempo.

— Eiji... — suspiró el chico nuevamente antes de que lo callaran con un beso.

— Espero estés listo Izuku — susurró pastosamente antes de volver a lanzarse al ataque.

Izuku no se resistió en absoluto ante los toques firmes, los besos húmedos y mucho menos a la creciente excitación que volvía a arder dentro de su vientre y que lo hizo olvidarse de todos los problemas que tenía con Kirishima.

Mientras tanto en el pasillo, un sonrojado grupo de chicos se miraba alternadamente al escuchar los gemidos que resonaban a lo largo del lugar y que eran a penas ahogados por la puerta de la habitación que reposaba con el apellido Midoriya.

— Deberíamos... — trató de decir Denki.

— Ni se te ocurra — comentó Todoroki entre avergonzado y determinado — Eh... deberíamos hacer oídos sordos.

— ¿Oídos sordos a eso? — apuntó Mineta.

Un chillido satisfecho sonó al otro lado de la puerta y el carmesí baño al grupo de chicos en el rostro.

— ¡Vamonos! No tenemos nada que hacer aquí — apuntó Katsuki, quien no maldijo por primera vez y se sentía con la cara ardiendo en esos instantes.

El grupo de chicos se retiró rápidamente a sus habitaciones mientras el revoltijo de gemidos aún se escuchaba entre el pasillo. Quien dijera que todo aquel amasijo de gritos fueron causados por un sueño.

Notes:

¡Hola!
Aquí Mark con un nuevo ONE - SHOT. Espero que a través de esta nueva entrega puedan conocer mis otros trabajos de BNHA.

Este SMUT no salió como esperaba, pero fue lo mejor que pude hacer y si cambiaba algo, seguro menos me terminaría gustando.

Espero hayas tenido una feliz lectura y disfrutes al máximo mis otras obras.

¡MARK, OUT!