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Primera reunión

Summary:

Alibaba intentó no pensar en cómo había creído que ese sujeto era alguien honorable o, al menos, decente ¡Estaba loco, era molesto y no escuchaba a nadie!

Ren Kouen parecía disfrutar de llevarle al límite y, ambos sabían, él no se iba a rendir.

- Un pequeño vistazo de cómo Alibaba Saluja y Ren Kouen se conocieron.

Notes:

He estado cavando en el agujero del conejo por algunas semanas después de ver de nuevo Magi, y ya casi terminé todo el contenido EnAli que tengo la capacidad de leer, así que aquí está mi pequeña (y muy tardía) contribución.
Ellos han sido mi shipp favorita de Magi desde que leí el 2do arco de Balbadd, hace casi 7 años atrás, por lo que simplemente no pude detenerme cuando, una vez más, presencie cómo se conocieron en Magnostadt. Fue simplemente explosivo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿No quieres que te menosprecie, por el bien de un país que ya no te pertenece?

Aquellas habían sido las primeras palabras que Ren Kouen le había dedicado, en medio de cientos de soldados de Kou. 

El primer príncipe no era fácil de engañar, pero tampoco era innecesariamente cruel.

Lo era, tan sólo un poco, y por ello Alibaba Saluja no pudo aguantar la vergüenza al escucharle. Bajó su rostro, apesadumbrado y sonrojado a igual medida por la inconmensurable ira que sentía consigo mismo y su falta de poder.

Ren Kouen tenía razón y aún le dolía haber perdido su país cuando creyó que podría protegerlo. Cuando hizo todo lo posible por lograrlo, pero no fue suficiente.

El peor escenario no sucedió, pero Alibaba no tuvo tanto que ver con ello. La intervención de la Alianza de los Siete Mares y el rey de Sindria fueron el verdadero poder detrás de ese resultado.

Su medio hermano no escuchó a nadie cuando llevó su país al desastre, mucho menos a Alibaba porque, cómo Anhmad mencionó en palabras mucho menos amables, él era un príncipe bastardo nacido de una cortesana.

La geopolítica era incluso más complicada. Considerando que Balbadd ya se había vuelto una ficha más en el tablero de otra nación, la influencia que Alibaba podría tener allí era virtualmente inexistente. 

En palabras simples, el príncipe exiliado de un país colonizado no tenía ningún poder o derecho.

Error. Un ex-príncipe exiliado, cómo bien se lo remarcó Ren Kouen.

La realidad era que Balbadd ya no estaba al alcance de sus manos y si algunas de las condiciones de la república fueron respetadas, fue por intervención de los reyes de otras naciones.

El rubio deseó ponerse a llorar, pero no lo hizo. Lo dicho por Ren Kouen le había dolido casi tanto cómo cuando Garda le atravesó el brazo izquierdo.

Cuando aquel hombre acortó la distancia entre ellos y puso su enorme mano en su hombro, en un gesto de compañerismo, Alibaba sintió sus palabras de agradecimiento cómo un escupitajo a la cara.

Aladdin notó la derrota en su expresión, al igual que el Ren. No obstante, el hombre pelirrojo simplemente pasó de él.

Aun así, era una victoria en sí misma que el primer príncipe no le hubiese asesinado en ese momento.

Alibaba lo sabía, había jugado sus cartas en una movida peligrosa cuando reveló quién era a esa persona. Pensó que el hombre, si tenía algo de honor en su sangre, no cercenaría su cabeza de inmediato al exclamar que salvó la vida de su hermano menor (una mentira, no tenía idea que el tercer príncipe estaba en la avanzada, sólo le interesaba reducir las bajas causadas por Al Thamen). Sin embargo, lo poco que conocía del Imperio era lo que Hakuryuu y Sinbad le habían dicho: Era un país que hacía guerras a otros y Ren Kouen era el mayor comandante. Por lo tanto, posiblemente él no dudaría en matarle a la más mínima oportunidad.

Por otro lado, tan pronto Kouen escuchó la presentación del mocoso de Balbadd y vio su expresión cambiar ante su franqueza, pensó que el rubio debería estar contento con un simple intercambio verbal y no con tener su espada enterrada en el pecho.

El muchacho era osado y también algo tonto, al creer que él no estaría enterado de todos los sucesos acontecidos en aquel país antes de que se volviera parte de su jurisdicción.

El antiguo tercer príncipe de Balbadd, aquel chico a unos pasos de él, era quien había liderado la revuelta para oponerse a su tiránico hermano y rey. Fue quien combatió directamente al regente fallido cuando él estaba a punto de ceder el, previamente próspero, país al Imperio Kou.

Y en algo había tenido éxito, sino ese lugar ni siquiera tendría ciudadanos para este momento.

Aquel mocoso era la persona viva más peligrosa para la estabilidad de Kou en Balbadd.

Sin embargo, aunque el Imperio era extremadamente cauteloso con cualquier tipo de riesgo a su poderío, Ren Kouen simplemente sintió que ese joven no podría hacerle ni un rasguño. No tenía ningún poder de facto, pero más importante aún, su corazón titubeaba. Era un adulto joven que, aunque ya había vivido mucho, no sabía cómo moverse ante el enorme peso de las naciones con más capacidad.

Por eso, no sólo le dejó vivir, también le agradeció, aunque sabía que estaba mintiendo.

Pasó de él, esa era la verdad. Incluso le olvidó. 

Tan pronto el pequeño Magi hizo que sus genios se materializaran y prometió revelar lo que pasó en Alma Toran, la sed de conocimiento abarcó por completo la mente y corazón de Kouen.

Él era una persona decidida. No dudaba, titubeaba o se acobardaba incluso cuando el objetivo pareciese imposible.

Eso era algo que sus hermanos sabían bien y confirmaron al ver que no le importaba llevar su cuerpo al límite una y otra vez para destruir cuantos djinn oscuros le fuera posible, pero Aladdin y Alibaba parecían realmente impresionados y aterrados ante su demostración de voluntad.

También tenía problemas para controlar su fastidio de vez en cuando, cómo se lo hizo saber a medio mundo mientras gritaba y explotaba a aquellos entes para que se apartaran de su camino y le dejaran conocer la verdad.

—¡Que molesto!

Y entonces, allí le recordó. 

El muchacho de Balbadd, que resultó siendo amigo de Kougyoku para sorpresa de todos, también tenía un djinn de fuego.

Por ende, sus armaduras mágicas deberían ser compatibles para realizar ataques en conjunto. De esa manera, se desharía de todas esas molestias. Si, era perfecto.

—¡Tú! ¡Mocoso de Balbadd! ¡Ven aquí!

Tal vez estaba un poco alterado, pero al ver su tonta cara de sorpresa ante algo tan obvio decidió que, si Alibaba Saluja no veía, él iría a por él.

Por suerte (para el rubio), el chico decidió cooperar cuando le tomó de uno de los mechones de cabello y le llevó hasta las entrañas de la tierra para que ambos recargaran su magoi, aunque seguía gritando a causa del desconcierto.

—¡¿Qué estás esperando?!

—¡Deme un momento, Kouen-san!

Le desesperaba ¿Por qué razón debería escucharle? ¡Si terminaba con esos monstruos podría tener acceso a la verdad que tanto había anhelado! Era el momento de la historia por el cual había aguardado desde que encontró los primeros manuscritos en lengua tran, décadas atrás.

—No.

Y así de simple, le envió de cabeza a la lava para que la armadura djinn del chico, Amon, se recargara.

Alibaba intentó no pensar en cómo había creído que ese sujeto era alguien honorable o, al menos, decente ¡Estaba loco, era molesto y no escuchaba a nadie!

Tal vez si Alibaba hubiese oído la traducción explicación de Hakuei sobre el comportamiento de Kouen, se habría sentido más dispuesto a ayudarlo.

Cómo bien lo dijo Aladdin, Ren Kouen sólo había dicho “ven aquí” cómo si él tuviese que saltar a su lado ante su llamado cómo un perro a una campana de comida. Era un descarado absoluto.

—Usa tu magia extrema. Ahora. Haré lo mismo.

Ah, así que esa era la razón. Tal vez si el mayor lo hubiese pedido más amablemente, Alibaba incluso estaría honrado y, ciertamente, no habría chasqueado la lengua ante las extrañas capacidades comunicativas del primer príncipe de Kou.

Cuando ambos salieron del volcán y el Ren liberó su hechizo de dragones de fuego, Alibaba de nuevo se sintió impresionado con su poder. Ese sujeto era demasiado fuerte, no parecía humano. Era casi cómo Sinbad.

Sin embargo, Ren Kouen también era muy diferente al rey de Sindria. No era amable, pero tampoco menospreciaba sus habilidades. Le retaba con la mirada, tenía un objetivo claro y prácticamente le ordenaba con los ojos que le ayudara a cumplirlo.

Alibaba no iba a dejarse en ridículo frente a él.

Blandió su espada hacia abajo, al punto que sus vasos sanguíneos se le marcaron en el rostro por la presión que ejercía. No obstante, el masivo sable de la magia extrema de Amon no lograba perforar la protección del rukh corrupto y concentrado de cientos de miles de vidas.

—¡Maldición! ¡¿Ni siquiera la magia extrema funciona?!

—¡Le daré más de mi fuego!

Alibaba ni siquiera pudo girar a verlo, aunque su sorpresa por la declaración de Kouen fue mayúscula. Tan sólo sintió sus brazos arder y vio el fuego blanco cubrir por completo la gigantesca arma de llamas de la representación viva e inmensa de Amon encima del médium, la cual él controlaba con su propio sable.

Apretó los dientes y levantó el metal, antes de bajar su espada una vez más, con toda la fuerza que su cuerpo fue capaz de reunir. El fuego inundó el cielo, y una larga e intrincada grieta comenzó a expandirse en el borg de esa maldita cosa.

Sentía que todo el cuerpo se le quemaba, que sus brazos se desprenderían de su torso y que su cabeza explotaría. No pudo controlar su grito de guerra ante el esfuerzo descomunal que estaba haciendo.

—¿Qué te sucede? No seas patético. Muéstrales más poder.

Ren Kouen le estaba sonriendo, con provocación.

La enorme luz por el fuego le daba un aire casi demoníaco, con aquellos labios curvados en un reto mudo a sus habilidades y sus palabras que, de manera directa, le incitaban. El maldito se veía bien, demasiado bien para su gusto, justo a su lado, en esa imagen apocalíptica.

—¡Cállate! ¡No tienes que decírmelo!

Alibaba también pareció olvidar que aquel sujeto se trataba del primer príncipe de Kou, comandante de las tropas del occidente y actual gobernante de la anexada Balbadd.

Ahora sólo era el irritante Ren Kouen, la persona que más le había llevado al límite, en toda su vida, durante esa hora.

Se negaba a ser menospreciado por él, aunque eso le hiciera empujarse hasta llegar al nivel que ese demente manejaba, al punto de no temer romperse en pedazos el cuerpo para librar al mundo de esa condenada cosa.

—¡Te mostraré lo que puedo hacer!

Y así, Alibaba Saluja bajó su sable por tercera vez, bajo la sonrisa sardónica y la mirada bastante interesada de Ren Kouen.

El chico tenía potencial. Y ambos congeniaban muy bien en batalla. La reacción del magi y de sus amados hermanos, que sólo se concentraron en apartar a los djinns corruptos de ellos y observaban de cerca su interacción, lo confirmaba.

Parecía como si Ren Kouen y Alibaba Saluja hubiesen luchado juntos toda la vida.

Sin embargo, hace una hora, únicamente eran dos desconocidos. Ahora, eran los primeros desconocidos de la historia en combinar sus magias extremas y, para mayor sorpresa, lo hacían de manera perfecta.

Una explosión resonó en todo Magnostadt cuando la grieta que cubría al médium por completo por fin se abrió, inundándolo de humo.

Y después, esa maldita cosa mutó en un muñeco colosal de forma humanoide y miles de brazos, lanzándose directamente contra ellos.

Todo salió tan mal, pero aun así, el muchacho seguía allí. A su lado. Le vio con pura admiración y agradecimiento, desde el suelo, cuando restauró su brazo con Phenex en un gesto que únicamente obedecía a ayudar a un compañero de armas. Y, aún mejor, también le siguió cuando le llamó para continuar con la batalla.

Incluso se atrevió a formar parte del primer cuadro de magia extrema que hizo con Koumei y Kouha. En vez de quedarse al lado de Sinbad esperando por sus órdenes, el muchacho actuó y se posicionó justo frente a Kouen.

No obstante, con el final de la batalla, el magi de Alma Toran y sus dos amigos quedaron en medio del Imperio Kou y la Alianza de los Siete Mares, una vez más.

Y la actitud del muchacho de Balbadd, que durante la lucha se había mostrado decidido y fiero, pero también servil y compañerista, de nuevo se volvió tensa hacia él y relajada hacia el rey de Sindria.

Aunque debía admitir que eso empeoró cuando amenazó con llevarse a Aladdin, no sólo porque hablaba enserio cuando, en su momento, gritó que no descansaría hasta obtener todo el conocimiento del reino de Salomón; sino porque también notaba que Sinbad quería tener a ese magi, en específico, bajo su cuidado.

“Él no es el tipo de hombre que se preocupe únicamente por territorios”.

—Me llevaré a este magi.

—¡No pueden llevárselo! — exclamó, no quien él creyó lo haría, sino el rubio que había estado combatiendo a su lado todo el rato.

Seguido a esto, Alibaba empezó a luchar con Kouha para quitar a Aladdin de su agarre.

Ese muchacho ciertamente era osado.

Que molesto. En vez de intentar arrebatarle su fuente de saber, debería ofrecerse a acompañarles ¿No? Después de todo, de esa manera tal vez podría volver a su nación. No lo comprendía y le irritaba.

No era el único, Alibaba también estaba exasperado porque pensaba que Ren Kouen estaba siendo demasiado inflexible ¡Aladdin no tenía nada que ver con la contienda geopolítica que mantenía con Sindria!

Afortunadamente para todas las personas presentes, gracias en parte a su rápida y no tan convencional idea, no hubo más choques de armas. Sinbad, aun así, para Kouen lucía tan calculador cómo siempre detrás de su sonrisa falsa.

Ren Kouen le dedicó una última mirada al grupo que acompañaba al magi de Alma Toran antes de irse. La chica fanalis, un mago de Heliohapt, el nuevo magi de Reim y… el que parecía un jodido unicornio por su peinado.

Una vez todo terminó y volaron de regreso, Koumei ni siquiera necesitó que su hermano y rey le mencionara que había tomado una determinación. Por los cielos, si hasta Hakuei también lo intuía.

Era definitivo. No sólo se llevaría el conocimiento del cuarto magi, también guiaría al mocoso de Balbadd a servir a su lado.

Notes:

Haré una pequeña serie de one-shots sobre ellos dos. Cada uno más romántico o sexualmente atraído que el anterior, sólo por mi propia indulgencia. Nos veremos pronto.

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