Actions

Work Header

La Primera Rebelión

Summary:

Junio de 1823; Jalisco procede con su primer intento de separación de la recién creada República Mexicana. Un ejército militar es enviado desde la capital para reestablecer la paz.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—¡Y me convertiré en una nación independiente! Inclusive podría llegar a ser más poderoso que México... Pero tengo que conservar buenas relaciones con ella, solo que no puedo dejar que se entere aún.

—¿No puedes dejar que se entere de que?

Jalisco se petrificó casi por completo tras escuchar aquella voz acechando a sus espaldas.

Una reunión con su gobernador acababa de terminar. Después de despedirlo a él junto a otro grupo de interesados en la protesta, permaneció un rato repasando los detalles del plan. No iba a mentir, se sentía verdaderamente nervioso, pero hablar consigo mismo en momentos como ese le ayudaba bastante a reorganizar sus ideas y por ende, a tranquilizarse

Honestamente no tenía la más mínima pista de en que momento Ciudad de México había entrado a su casa, mucho menos de cuánto tiempo llevaba ahí escuchándole hablar solo; sin embargo, no tenía porque preguntarse la razón, eso era más que evidente.

Al darse la vuelta se topó con esos ojos de brillo fucsia que le miraban con firmeza. Hacer conciencia de su presencia física, le sobresaltó aún más que haber escuchado su voz por primera vez.

Sus manos habían comenzado a temblar, su corazón a acelerarse y el sudor frio que recorrió su frente sería difícil de ocultar; pero todo aquello… Todo aquello no concordaba en lo absoluto con la relajada y confiada sonrisa que Ciudad de México dibujaba en su rostro al mirarle.

Sin decir una palabra dio el primer paso hacia adelante, aproximándose con lentitud, pero con certeza al dueño de las tierras que pisaban.

—¿Q-que estás haciendo aquí? —se atrevió a preguntar el jalisciense retrocediendo ante esa aparente amenaza.

Aunque eso ya lo sabía, era incapaz de mentirse a sí mismo. Es por eso que una traducción más correcta al cuestionamiento que acababa de proferir sería: “¿Cómo te enteraste?”

—Solo hacía una visita a mi querido hermano —respondió el otro encogiéndose de hombros y sin abandonar su sagaz sonrisa en ningún momento—, ¿acaso no puedo hacer eso? Aunque claro, ¡que decepcionante noticia es la que me he llevado!

Los pasos del capitalino no se detuvieron hasta que Jalisco terminó por ser acorralado de espaldas contra la pared. Hasta entonces, Ciudad de México guardaba sus manos relajadamente hundidas en sus bolsillos, pero al ver como el jalisciense fue incapaz de sostenerle la mirada a causa de su creciente nerviosismo, se vio en la obligación de sujetarlo por el rostro con una de ellas para devolver esos ojos a su lugar.

—Hey, mírame aquí cuando te hablo —le ordenó inocentemente entre risas—. Creo que esto va a ser una discusión importante.

Esa clase de tacto y esa cercanía, él sabía perfectamente lo que provocaban en el contrario.

Jalisco terminó por verse obligado a sostenerle la mirada, temiendo terriblemente porque ese tipo fuera capaz de escuchar el palpitar tan acelerado de su corazón. No obstante, aunque no lo hiciera, no había manera en que consiguiera ocultarle algo, pues el rubor que ahora inundaba su rostro por completo no sería fácilmente ocultable.

Esas reacciones suyas sí que lo divertían. Notar ese miedo combinado con nerviosismo… Ni siquiera sabía que sentimiento ganaba en porcentaje en aquel corazón suyo, pero si tenía la certeza de que provocarlo era bastante satisfactorio.

Fue así que esbozando una sonrisa ahora un tanto más ladina, terminó por acariciar su mejilla sin apartar la mirada de aquellos ojos amielados.

Eso fue suficiente para él, simplemente no podía permitirle que llegase más lejos. Así que siendo incapaz de sostener aquel incomodo contacto visual por un segundo más, lo apartó bruscamente obligándolo a alejarse de sí.

Acto seguido se dio la media vuelta, ignorando por completo la increíble fuerza con la que había empujado a su hermano. Sin dejar esperar un solo segundo, sujetó inmediatamente el crucifijo que colgaba sobre su pecho, y tras haberse persignado, comenzó a rezar ansioso entre murmullos al mismo tiempo que se maldecía internamente a sí mismo.

Por un segundo la sonrisa del capitalino se borró por completo. Por supuesto que ser agredido de esa manera no era divertido en lo absoluto, mucho menos si esto le hacía hacer conciencia de la fuerza que ese tipo había adquirido después de no haberle vigilado adecuadamente.

No obstante, tampoco intentaba hacer una escena violenta en ese lugar, así que se guardaría su molestia de momento.

—Jalisco, escucha, no quiero problemas contigo, ¿si? —comenzó a explicar sosegadamente mientras se ocupaba de alisar sus ropas importándole poco si interrumpía los rezos del contrario—. Y tampoco quiero que le des problemas a México. Sin embargo, si me lo preguntas a mi, es algo muy bajo de tu parte intentar revelarte contra ella en un momento en el que se encuentra con semejante debilidad.

Tras escucharlo decir aquello, el jalisciense se giró nuevamente a verle con lentitud. La furia en su mirada era más que evidente.

—No te hagas el empático con ella, sabes que ni siquiera te importa —le respondió con severidad.

—¿Disculpa?

—No estoy aprovechándome de su debilidad, simplemente encontré el momento adecuado para hacerlo. Su desestabilidad me hizo darme cuenta de lo que quería para mi futuro y tú no tendrías porque involucrarte.

—¿No tengo porque involucrarme...? Wow, eso es nuevo para mí.

Se podría decir que su estupor por semejante acusación sonaba verdaderamente autentico, esto si no fuera por aquella sonrisa que volvió a esbozarse en su rostro, demostrando cierto atisbo de burla que obligó a Jalisco a permanecer callado.

—Hermano, involucrarme con ustedes es prácticamente mi trabajo. Mantenerlos a la raya, evitar que hagan estupideces como malditos “intentos de separación”.

—¡¿Y en qué carajo te afecta a ti?! ¡¿Que mierda tiene que ver contigo?! —replicó el otro irascible—. No es como si de algún modo te importáramos de todas maneras, ¿entonces por qué actúas de esta forma?

—¿Que no me importan? Jalisco, pero si ustedes son mi mundo, mis hermanos. Lo único que deseo es tenerlos cerca de mi, siendo felices y...

—Cállate, me repugnas.

—Jaja, ¿perdón?

La discusión comenzaba a acalorarse más aceleradamente de lo que esperaba y la verdad no le estaba gustando para nada. Esperaba que fuera más fácil someterlo y amenazarle, pero era cierto que esa fortaleza que había adquirido no solo sería evidenciable en el jalisciense de manera física. Por supuesto que él tipo tendría más valor y confianza en sí mismo, y eso le molestaba.

—Es imposible que seas más hipócrita —continuó hablando—. Sabes que no te importamos ni un poco, lo único que te interesa es mantener tu autoridad sobre nosotros, cualquier cosa que te haga sentir que tienes un mínimo de poder, aunque eso signifique ir en contra nuestra. Así que por favor deja de soltar toda esa mierda.

De verdad había confiado en las palabras que pronuncio. Recitándolas con firmeza, elocuencia y seguridad. Sabía de lo que hablaba y sabía bien lo que quería expresar.

Sin embargo, tenía que entender que él tipo con el que discutía era la persona más impredecible que hubiera tenido la mala suerte de conocer en toda su vida, es por eso que cuando lo escuchó estallar en carcajadas, no pudo hacer más que petrificarse por el terror.

—¡Jajajaja! —exclamaba casi sin poder detenerse, y fue así hasta llegar a un punto en el que verdaderamente parecía dolerle el estómago—. Oh dios… —suspiró intentando secar las lágrimas de su rostro—. Dices todas esas cosas horribles sobre mí y aún así no puedes evitar sentirte en extremo nervioso cuando estoy contigo, ¿eh?

Jalisco frunció el ceño tras escuchar esas palabras. Por un momento no comprendió en lo absoluto hacia donde querían dirigirse, pero intentar deducirlo por un momento le hizo percibir un escalofrió recorriendo toda su espalda.

—¿Crees que no me he dado cuenta? —continuó el otro volviendo a dar un paso hacia él, tan solo para averiguar si podía lograr hacerlo retroceder de nuevo. Y así fue—. De la manera en que me miras, Jalisco, de cómo torpemente intentas ocultar de mí que los latidos de tu corazón se aceleran apenas me acerco un centímetro a ti~ Siendo así, me preguntó quien es verdaderamente el hipócrita en esta casa.

—¿Q-que...? ¡¿Que intentas insinuar con esa mierda?!

—Hey, galán, compréndeme... No quiero decirlo en voz alta, quizás ese Dios que tanto quieres me escuché y se enfade contigo.

Ese comentario le provocó un nudo en la garganta terrible. Era como si hubiera dado justo en el clavo de aquello que podría destrozarlo en menos de un segundo y casi habría sido así, pues aun con la inmensa necesidad de llorar que el miedo le ocasionó, consiguió mantenerse firme. Hasta cierto punto.

—C-cállate...

—¿Me equivoco? —insistió el otro conservando esa burlona sonrisa.

—¿Por qué haces esto...?

Su voz finalmente se había quebrado por completo. Era difícil soportarlo, algo como eso simplemente no podía hacerlo.

Satisfecho, Ciudad de México vio recorrer un par de lágrimas su amargo camino a lo largo del rostro de mirada destrozada de su hermano, y finalmente concluyó su acercamiento a él ocupándose de limpiar ese primer rastro de llanto.

—¡Ya te lo dije! Quiero lo mejor para ti, para todos ustedes —explicó volviendo a acariciar su rostro, esta vez con ambas manos—. No sabes lo que estás haciendo, Jalisco. Lo único que quiero evitar es que cometas un grave error. Todo estará bien si permanecemos todos juntos.

—Sabes que no estaba en mis planes iniciales separarme de ustedes. Lo único que quería era autonomía y lo que tú hiciste como respuesta fue ignorar por completo mis peticiones.

—Puede que lo haya hecho, pero quizás fue únicamente porque tenía miedo. Esa autonomía… Oh dios, si permitía algo como eso, ¿qué es lo que pasaría después? ¿Qué tan lejos podrían llegar si comenzaba a ser tan permisivo con ustedes? No podía dejar que algo como eso sucediera.

Sabía que no tenía caso continuar discutiendo con alguien como él, pero le dolía tanto, le dolía tanto ser incapaz de contradecirlo, de objetarlo u oponerse a él. ¿Por qué su autoridad tenía que ser tan frustrante? ¿Por qué México lo había decidido así? ¿Por qué él? ¿Por qué tenía que ser él?

—En fin, espero que con este breve diálogo, hayamos podido hacer las paces. ¿Fue así?

—¿De verdad crees que esto es suficiente como para que abandone por completo mi plan de separarme de ustedes? —replicó el otro casi indignado tan solo frente a la idea de ser testigo de lo contentó que el capitalino lucía.

—Oh, ¿no lo fue? Porque… ¡Oh, mierda! Por poco y lo olvido, y era casi la razón por la que vine aquí en primer lugar, soy taaaan distraído. Ah, Jalisco, Jalisco… ¡ayúdame! ¿Cómo se llamaba…?

Ese tono sarcástico y burlesco en su voz llegaba a ser hasta cierto punto aterrador en un contexto como ese, y aunque creía que realmente no quería saber la respuesta a esa pregunta, igualmente habló.

—¿D-de que estas hablando ahora?

—Sí, sí, ¿cómo se llamaba ese puerto tuyo? —continuó el muchacho risueño—. Lo tengo en la punta de la lengua… Un puerto maravilloso, permíteme decirte. México siempre repite una y otra vez lo orgullosa que esta de ti por él.

—¿El puerto… de Manzanillo?

—¡El puerto de Manzanillo! —repitió el chico chasqueando los dedos energéticamente como si de verdad hubiera estado trabajando en obtener la respuesta—. ¡Ese mismo! Bueno, ya no te pertenece más.

—¿Q-que dices…?

Sus palabras lo petrificaron una vez más, pero en esta ocasión era un miedo frustrante, un miedo que rogaba por la posibilidad de que aquello tuviera la oportunidad de tornarse en una mala broma de su parte.

—Sí, es un detalle que había olvidado comentarte, hermano.

Y dicho eso, se dispuso a abrir la puerta del lugar e inclinándose un poco sobre sus rodillas esbozó una sonrisa dirigida hacia el exterior.

—Ven, ven aquí, bonita, es hora de que conozcas a tu hermano mayor. Jalisco —pronunció para después girarse a ver con el rabillo del ojo al mencionado, que para entonces atendía impaciente cada uno de sus movimientos.

Acto seguido, una niña de pocos años menor a ellos en apariencia, se adentró a la casa con timidez. Ciudad de México no perdió tiempo para sujetarla por los hombros y mostrarla frente al jalisciense con sumo orgullo casi como si se tratara de un premio.

—¡Mírala! —exclamó sumamente entusiasmado—. Se llama Colima, aunque eso seguramente ya lo sabes. ¡Una más a la familia!

Ni siquiera había espacio para que se pronunciara al respecto. Él sabía exactamente de qué región se trataba y ahora comprendía lo que significaba volverse en contra de ese tipo.

Pero aunque quiso decir algo, simplemente no lo consiguió. Se encontraba aterrado, absorto, con la simple idea de la manera tan burda y cruel en que Ciudad de México se estaba ocupando de burlarse de él.

Finalmente lo único que pudo hacer, fue ver como este se acercaba nuevamente a él, dejando de lado a la chica, para entonces sujetarlo bruscamente por el cuello de su camisa y acercarlo hacia si, para susurrar a su oído.

—E intenta uno de tus jueguitos de mierda una vez más, y te juro que soy capaz de traer a muchos más de donde vino ella, hasta el punto en que puedo hacerte desaparecer si es que quiero, y sabes que no miento. Pero recuerda, solo si no comienzas a comportarte, ¿entendiste?

Pero ni siquiera le ofreció la oportunidad de darle una respuesta. Después de soltarlo se dirigió a la salida pasando de largo a la recién llegada sin decir una sola palabra más. Cerró la puerta a sus espaldas con un estruendo que hizo sobresaltar a la menor.

Estando solos, Colima no supo hacer otra cosa más que alzar la vista mirando a Jalisco en silencio, y al ver esos ojos tan inocentes e imperturbables, tan infantiles e ingenuos, recayó en él una cólera increíble.

¿De verdad ese tipo le había quitado autoridad sobre su puerto para eso? ¿Tenía idea acaso de la manera en que una nueva administración era capaz de perjudicarlo? ¿Solo para quitarle poder? ¿Solo para conservar su autoridad? ¿Para eliminarlo como amenaza?

Se llevó ambas manos a la cabeza y tiró de sus cabellos frustrado, ni siquiera era capaz de seguir viéndola. Era perfectamente consciente de que ella no era en lo absoluto la culpable de aquel descarado robo de territorio, pero tampoco era la víctima, sino un resultado y verla solo lo orillaba a sentirse como la víctima que él realmente era frente a todo aquello.

Hacer conciencia de su debilidad, de su incapacidad de hacer algo por sí mismo.

Culpar a Ciudad de México ya ni siquiera tenía caso, no daría el más mínimo resultado fuera de recordarle su desgracia. Por supuesto que era más fácil fingir que ella simplemente no existía.

 

 

Notes:

Últimamente he estado trabajado en los diseños y dinámicas de mis OCs de Statetalia y como se acercaba el cumpleaños de mi querido Estado (que casualmente concuerda con el Pride Month), se me ocurrió escribir este One Shot.

Espero lo hayan disfrutado porque me lo aventé en la madrugada.