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Español
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Published:
2023-05-27
Words:
2,212
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1/1
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4
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98

Mejor Compañía

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El sonido de un tren distante estaba siendo ahogado por las risas de los pequeños, las copas chocando, los invitados ebrios y alegres riendo, en el año de 1844 bajo el reinado de la querida Reina Victoria.

—¡Te digo que es magnífico! Ese Charles Dickens, lleva al menos una década escribiendo, pero el año pasado publicó “El Cuento de Navidad”— el señor Lloyd, un hombre de aspecto rojizo bonachón, hablaba alegremente con un hombre de complexión alta y delgada.

—¿De qué trata?

—¡Oh, es sobre un viejo amargado llamado- ¡Scrooge, llegaste!— El hombre sonrió estrechando su mano con vigorosidad. —¿Me he perdido de algo caballeros?

—No, sólo le contaba a tu socio sobre una historia que leí.

—Oh Cratchit, lamento haberte dejado aquí para soportar aquel suplicio.— Los tres hombres soltaron una enorme carcajada; si alguien le hubiera dicho a cualquiera de los tres que iban a ser grandes amigos en cuestión de días, probablemente habrían reído con mucha mayor intensidad que ahora, seguramente a quien más gracia le daría sería a Jenkins que se acercaba a ellos mientras una copa en su mano era meneada, amenazando con derramarse sobre su vistoso atuendo.

—¡Ebenezer Scrooge!— Tom rodeó el cuello del hombre con sus largos brazos, el olor de licor que emanaba era fuerte, sin embargo, el hombre no parecía ebrio. —Dichosos los ojos, finalmente, después de tantos años, te veo en una fiesta de nochebuena, ¿Cuándo fue la última vez que viniste a una de éstas, eh? ¿Antes o después de la Revolución Francesa?— Scrooge rio, tenía razón, había pasado demasiado tiempo. —No tiente a su suerte, señor Jenkins, le recuerdo que aún me debe 5 libras.

—¡Oh no!— el hombre respondió juguetón —¿Qué será de mí? ¿Acaso me enviara a la prisión de deudores?

—No digas tonterías, Tom. Sabes bien que la prisión Fleet cerró hace ocho meses.

Una vez más rieron; el alguna vez amargado Ebenezer Scrooge estaba riendo en su primera nochebuena después de Dios sabe cuántos años de insistencia por parte de su sobrino que brillaba por su ausencia. —Señores, lamento interrumpir pero… ¿Alguno de ustedes ha visto a mi sobrino?

—Ahora que lo menciona, no lo he visto desde que llegué. Hela me recibió pero no sé más que eso.

—Estos muchachos de hoy en día— Interrumpió el señor Lloyd —Incluso siendo hombres de familia se la pasan brincando de un lado a otro como caballos, de hecho, tengo un sobrino, Andrew, se fue a Nottingham y no te imaginarás por qué; quería ir a ver la Catedral de San Bernabé en Navidad y se llevó a toda su familia con él.— Aquí iba de nuevo. —Como sabrán acaba de inaugurarse hace unos meses, después de tres años, ¿Pueden creerlo? En fin, mi sobrino es un aficionado de la arquitectura, conoce mucho acerca del tema y claro, tiene los medios así que puede darse el lujo de viajar a dónde y cuando el quiera, después de todo el salario de un doctor permite tales lujos.

—¿Hay algún punto al que quieras llegar, Lloyd?— el hombre se ruborizó e intentó corregirse lo antes posible.

—Sólo digo, deberías ser más estricto con tu sobrino Scrooge; un trabajo en la oficina postal es bueno, pero no puede darse el lujo de ir y venir cuando quiera, ¿Entiendes? El hombre tiene esposa e hijos, deberías cuidarlo, no dejar que se junte con personas… extrañas que lo quieran mal influenciar eso es todo. Pero no me hagas caso, sólo soy un viejo ebrio diciendo tonterías, ignórenme.

—Créame señor Lloyd, hacemos nuestro mejor esfuerzo.

Cratchit rio con el chiste de Tom al mismo tiempo que una voz resonó por el recibidor.

—¡Querida, estoy en casa!~

Harry entró casi corriendo a la estancia donde se encontraban sus invitados, sus hijos fueron los primeros en acercarse a él, su esposa evitando que lo derribaran con la fuerza de su amor, detrás de él (y a un paso más relajado) se encontraba un joven, no pasaba de los treinta años; su cabello marrón llegaba a su barbilla, su flequillo alborotado no pasó desapercibido, así como la mancha negra en su camisa, la cuál Scrooge pudo ver cuando el joven se sacudía el cabello, aplastado por un sombrero viejo pero en buenas condiciones.

—Amigos, conocidos.— Harry llamó la atención de sus invitados. —Éste es mi buen amigo, Henry Edevane, por favor conózcanse, coman, en un momento vuelvo con ustedes parece que mi adorada esposa me necesita en la cocina.— Y así como entró, Henry desapareció del salón.

El recién llegado fue rápidamente abordado por el resto de los presentes, entre ellos Bob y Tom, quienes dejaron atrás a los señores Scrooge y Lloyd para darle la bienvenida.

—Demasiado tarde.

—¿Disculpe?

—El muchacho, es… ¿Cómo decirlo? Un hombre excéntrico, de aquellos que los griegos solían usar para entretenerse ¿Me entiende?

Ebenezer no estaba seguro de entenderlo completamente pero tenía una idea, sin embargo, el hombre a su lado jamás había sido de su agrado por lo cuál prefería discrepar con él y retirarse antes que pedir una explicación.

—Entiendo perfectamente.— Mintió, —pero no veo cómo eso afecta nuestra noche, así que si me disculpa, mi copa comienza a calentarse.

—Recuerda lo que te dije Scrooge.— El hombre le dijo mientras se alejaba. —Malas influencias.

Scrooge rodó los ojos mientras salía por la puerta por la que hace unos momentos el señor Edevane había entrado.

Si había algo que Ebenezer Scrooge detestara más que nada era la gente falsa; podrían decir lo que quisieran sobre él, que solía ser un avaro, frío, retorcido, codicioso e insensible hombre y todo eso, lamentablemente, era verdad. Pero nunca en ningún punto de su vida había sido falso o mentiroso, por eso decían que era un cínico.

El señor Lloyd era total y completamente -en palabras italianas- infuriante.

Y se atrevía a hablar de malas influencias.

Scrooge suspiró cansado; era verdad que en el último año se había vuelto más abierto, había hecho fiestas incluso, pero aún así tanta interacción resultaba siendo agobiante después de exposición prolongada a otras personas, Harry solía bromear con él diciéndole que la edad lo castigaba por no haber festejado con él antes y tal vez era verdad, pero era en momentos como ese que disfrutaba de salir para despejarse.

Fuera de la casa podía escuchar la fiesta que continuaba en su interior; las ventanas empañadas por aquella mezcla del frío del exterior con la calurosa presencia de los cuerpos en el interior de la casa dejaba al cristal resbaladizo. El sonido de la fiesta que contrastaba con el silencio de la calle le era nostálgico; si bien era un sonido al que se había acostumbrado con años de estar sólo en las fiestas, era también un recordatorio de cuánto había cambiado, cómo había crecido, qué había aprendido.

Lo enorgullecía.

‘Gashan’

—Oh, cielos.— El sonido de cristal rompiéndose seguido de una joven voz sacó a Ebenezer de sus pensamientos y volteó para encontrarse con el joven Edevane que torpemente había dejado caer una copa en el recibidor congelado de la casa.

—¿Edevane, cierto?— Scrooge llamó su atención —¿Qué te trae por aquí?

El joven se reincorporó nervioso, apenado por su descuido respondió mientras intentaba recoger los pedazos de la copa fragmentada que yacía sobre el hielo. —Henry está bien señor Scrooge, yo sólo quería invitarle una copa ¿Sabe? Usted salió de repente y pensé que tal vez querría… compañía- ¡Auch!— El hombre miró al chico, se había cortado con un trozo grande de cristal, en su palma derecha había una cortada amplia desde el dorso hasta donde comenzaba su dedo meñique.

—Deja eso ahí, muchacho.— Ebenezer sacó un pañuelo de su saco y lo colocó alrededor de la mano de Henry. —Regresemos adentro, luego limpiaremos esto.

Ambos entraron a la casa, pasaron desapercibidos hasta que llegaron a la cocina, donde Harry los encontró.

—Tío, Henry ¿Qué hacen aquí? La fiesta está por acá.— Harry bromeó y al bajar la mirada se encontró con las manos ensangrentadas de ambos hombres. —Eso… no se ve bien ¿Qué sucedió? ¿Necesitan algo? Puedo ir por Hela, ella sabe más de éstas cosas yo-

—Harry, por Dios.— Scrooge interrumpió a su sobrino. —Cálmate y regresa a la fiesta, soy perfectamente capaz de sanar una herida, no hay necesidad de molestar a tu esposa.

—Okey, sí.— Harry cerró los ojos mientras agitaba sus manos con nerviosismo e inhaló profundamente. —Perdón, no me gusta la sangre…

—Lo sé.

Hubo un incómodo silencio hasta que Harry habló nuevamente.

—Entonces, me voy.

Una vez en solos, Scrooge tomó una botella de ron del estante superior y la abrió.

—Cuando mi difunta hermana y yo éramos pequeños— Scrooge habló. —Solíamos buscar botellas de alcohol casi vacías de los hombres dormidos en la calle.— El mayor tomó la mano del joven y le quitó el pañuelo. —Cuando mi hermana se cortaba, yo usaba el licor para desinfectar la herida así que ya tengo experiencia en esto y tengo que advertirte; va a doler.— Acto seguido, Scrooge tomó un trapo limpio el cuál colocó en la boquilla de la botella, una vez húmedo, colocó el paño sobre la herida.

—¡Agh!— Henry soltó un quejido de dolor el cuál Scrooge silenció colocando su mano sobre su boca.

Ambos hombres quedaron perplejos, el movimiento había sido tan abrupto, un reflejo y aún así, la cercanía entre ellos era considerablemente inapropiada. Scrooge alejó su mano rápidamente y recobró la compostura. —Lo- lo lamento, fue el hábito, mi hermana-

—No se preocupe señor, fue mi culpa. Yo tiré la copa y-

—Detente por favor, sólo intentabas animar a un desconocido… Eso fue muy noble de tu parte.—El joven se ruborizó e intentó esconder su cara.

Scrooge no entendía porqué Lloyd se refirió a él como extraño, era encantador y-

Oh.

—Y dime, Henry.— Scrooge aclaró su garganta. —¿Por qué exactamente saliste a verme?

—Yo… A decir verdad me sentía ofuscado, y quería salir un poco a respirar pero lo vi ahí y pensé ‘se ve sólo’ y pues pensé ¿Por qué no darle una copa y hablar?

—Sueles hacer eso con todos o…

—No lo sé, sólo… parecía que lo necesitaba.

Tenía razón, era feliz pero aún necesitaba a alguien a su lado, además de Prudence.

—Así que, trabajas con mi sobrino. ¿Redactas cartas?

—A veces, señor ¿Cómo lo supo?

—Tienes tinta en las mangas.

El joven miró sus mangas, era verdad.

—Es usted muy observador, señor Scrooge.

—¿Ya me conocías?

—Algo así, mi tía pidió un préstamo a usted y al señor Marley una vez. Pidió un segundo préstamo hace un año, no lo pudo pagar y de la nada usted decidió perdonar su deuda.

El hombre suspiró, incluso él había sido afectado por su antigua codicia.

—Y Harry también habla mucho sobre usted. Puedo preguntar… ¿Qué ocasionó su cambio de personalidad?

—Una pesadilla, una horrible pesadilla.

—Tal vez pueda hablarme de ella un día.— Ambos intercambiaron miradas; ojos azules grisáceos que exploraban el azul brillante del joven. No se sentía así desde-

—¡Ebenezer!— El señor Lloyd entró de golpe, Henry se separó abruptamente del mayor (ninguno se había percatado de en qué momento se habían vuelto a acercar), era total y completamente consiente de su reputación, no podía afectar la del señor Scrooge también. —¿Este muchacho te está molestando, Scrooge?

—Para nada Lloyd, sólo estoy tratando su herida ¿Necesitas algo?— Ebenezer respondió molesto, cualquiera lo estaría.

—Sólo vine a buscar ron.

—Lamentablemente se terminó Lloyd y, si me lo permites, “mi casa es tu casa” es sólo una expresión, no puedes simplemente llegar y tomar alcohol a donde vayas.— El señor Lloyd se ruborizó y Scrooge añadió. —Sólo es un consejo.

—En ese caso permíteme reiterar mi consejo: elige mejor compañía.— Scrooge frunció el seño, evitando dignificar aquel “consejo” con una respuesta. —No queremos que tu negocio o tu familia se vean afectados por rumores, ¿O sí?

—Regresa al comedor, Lloyd. El alcohol está hablando por ti y te meterás en problemas.

Sin más el hombre se fue, ambos soltaron un suspiro.

—Bah, pamplinas.

—Lo lamento señor Scrooge, yo-

—¿Has matado a alguien?

—No, señor.

—Entonces no te lamentes por nada.

Ambos hombres intercambiaron miradas, había una tensión indescriptible, una vibración que Ebenezer quería entender.

—Tal vez… Tal vez pueda contarte mi pesadilla en otra ocasión.

—Por supuesto señor, discúlpeme-

—Porque ya es bastante tarde y tengo que dormir pero me gustaría continuar esta conversación, Henry.

Probablemente él sentía esa conexión también.

Henry sonrió, era sin duda alguna un muchacho muy apuesto. —Por supuesto, señor.

—Por favor, llámame Ebenezer.— Scrooge se dirigió a la puerta de la cocina y antes de salir se volteó para mirarlo una vez más. —Sabes, conozco un salón de té magnífico que seguro te va a encantar, no recuerdo la dirección pero te la daré mañana, la cena de Nochebuena es de Harry pero Navidad es mía, Harry te dará la dirección de mi casa.

—Serán muchas direcciones que recordar, Ebenezer.— Henry bromeó.

—Espero verte ahí, Henry.

 


 

—Tía, ya llegué.

La mujer recibió a su sobrino con un abrazo.

—Ya veo.— La mujer le quitó el sombrero de copa y lo sacudió. —Mira cuanta nieve, ¿Es por eso que estás todo rojo o acaso conociste a alguien?— su tía bromeó pícara, Henry suspiró.

—Creo que sí.