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sometimes you don’t know the answer

Summary:

Roier no sabe qué hacer, y en su afán de ocultar sus sentimientos, algo más hermoso y real es liberado.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Spreen estaba frente suyo, vestido con traje formal de color negro, las mechas blancas de su cabello características caían sobre su cara mientras él lo miraba atentamente. En un mundo alterno, esta imagen era la que lo esperaba en el altar. 

 

“Hola.” Saludó metiéndose las manos en los bolsillos, parecía incómodo con el traje puesto, llevaba un nudo de corbata mal hecha, Roier reprimió el impulso de ayudarlo.

 

La habitación era pequeña, con un escritorio lleno de libros y accesorios, un par de muebles largos, un espejo y una ventana abierta en donde entraba la luz del sol. Era irónico como el día que se suponía ser el más feliz de su vida, podía tornarse en el más asfixiante, se dio cuenta que iba a llover en cualquier momento, las nubes negras viéndose a la distancia. Tal vez así era como se sentía Roier, no lo sabía en realidad, hace mucho tiempo no sabía qué quería o sentía

 

“Hola.” Las manos se le helaron cuando sintió la brisa del exterior entrar por la ventana.

 

No había visto a Spreen hace dos meses, incluso cuando había ido a dejarle la carta de invitación de su boda, seguía sin aparecer, y solo lo dejó en el buzón que tenía afuera de la misma. 

 

¿Qué haces aquí?

 

La bulla de todos los invitados dejaron de escucharse cuando Spreen dio un paso para acercarse hacia él, la brisa no paraba, seguía colándose en toda la habitación. 

 

Por favor, di algo.

 

Sintió que regresó a cuando conoció a Spreen por primera vez, era joven y aún tenía toda la energía del mundo para explorar hasta altas horas de la noche diferentes cuevas de la isla. Roier se había concentrado tanto en conseguir materiales para poder intercambiarlos o venderlos a alguien que nunca se percató del tiempo. Siendo las dos de la mañana, era poco probable que saliera ileso hasta llegar a su casa, así que decidió empacar y buscar un refugio cerca en el que pudiera prender una fogata y descansar.

 

No caminó mucho antes de chocar y caer encima de una cama de hojas, dobló por error su pierna, el dolor se hizo presente cuando intentó pararse y seguir. Solo se sentó y vio a un chico híbrido alto a metros de distancia frente suyo, lo primero que hizo fue saltar del susto antes de darse cuenta que lo estaba mirando seriamente para después ayudarlo.

 

Nunca intercambiaron palabras, pero incluso días después, algo siempre hacía que se toparan; en las cuevas, en el centro de la ciudad, en mitad de la nada del bosque, siempre estaban destinados a encontrarse.

 

“Te vas a casar.” La voz de Spreen lo atrajo de vuelta a la realidad, sintió su cuerpo más helado de lo normal, y la habitación parecía estar más oscura. Roier solo asintió. “Felicidades, es lo que siempre quisiste.”

 

Contigo.

 

La brisa entró fuerte, tumbando los accesorios que estaban encima del escritorio de madera, envolvía a toda la habitación en una sola cosa. Probablemente su pelo estaba desarreglado para este momento.

 

“Sí, creo que sí.” Musitó, mirando sus zapatos blancos, de pronto todo se sentía irreal. “Y tú decidiste venir.”

 

Spreen sonrió, y Roier regresó a cuando intentó hacerle una broma pero no salió como quería, delatándose entre risas frente al híbrido mientras este le sonreía de vuelta antes de alejarse.  Spreen pocas veces le ofrecía algo genuino, por lo que Roier atesoraba cada recuerdo dentro de una cajita en su corazón.

 

Roier se removió incómodo, de pronto sus pensamientos estaban haciendo más ruido de lo normal, trató de reprimirlos a como dé lugar.

 

“No podía perderme tu día más importante.” Alzó los hombros, avanzando un paso más y otro más, la brisa había comenzado a helar. 

 

¿Por qué hablas pero no dices nada en realidad?

 

“Spreen, si no tienes nada importante que decirme, es mejor que te vayas.” Susurró, su corazón más acelerado de lo normal, las piernas débiles y las ganas de llorar aumentando con cada paso que Spreen daba.

 

La brisa empeoró.

 

El híbrido se detuvo a solo tres pasos de distancia.

 

Roier miraba los zapatos negros, esperando que con lo que dijo, se girara y se fuera. Porque Spreen podía pelear sus problemas pero corría cuando tenía que hablarlos. Pasaron minutos y nadie se movía. 

 

“¿Y si… sí tengo algo importante?” Preguntó en un susurro. 

 

Cuando los sentimientos de Roier por Spreen se hicieron tan grandes que tenía miedo que pudiera explotar, el castaño decidió que era mejor alejarse, Spreen solo le ofrecía amistad ahí donde Roier quería algo más. 

 

Nunca lo habló, incluso si debía hacerlo para poder seguir adelante dejando atrás a un amor que no le correspondía, Roier no lo soltaba porque las cosas con Spreen eran complicadas cuando se ponía a pensar en ponerle nombre a su relación, sin embargo, cuando no importaban las divagaciones de los pensamientos y deseos, entonces solo eran ellos dos, nadie más. Siempre juntos. 

 

Esa razón hizo que tantos sentimientos retenidos se liberara en una pelea que habían tenido debido a la mala comunicación que cargaban como mochila en sus espaldas. Roier le gritó todo lo que tenía guardado, llorando y con ganas de irse de ese lugar en donde estaban, le pidió elegir entre regresar a casa o seguir en la cueva que estaban minando y que casi causa la muerte de Spreen.

 

Escógeme, por favor.

 

Spreen nunca respondió.

 

Roier asumió su elección.

 

“Creo que la felicitación debió ser lo importante.” Roier perdió la noción del tiempo, pero nadie tocaba a su puerta para avisarle cuando debía salir. “Así que puedes irte.”

 

Spreen lo miró. Roier vio cómo iba a retroceder.

 

Arriesga algo, por favor.

 

Roier miró al espejo que estaba en la habitación, dándose cuenta que el traje de Spreen llevaba unos cuadros blanco con negro debajo de la manga, eso hizo que se sintiera muchísimo peor; el traje era exactamente lo que pensó que usaría si alguna vez Spreen se casaba. 

 

No se suponía que su día debía ser así.

 

“Yo-”

 

“¡Roier, en veinte minutos empieza la ceremonia!” Gritó Mariana desde afuera, sin entrar ni esperar una respuesta.

 

Roier miró a Spreen, aún con el pie atrás, no retrocedió ni un poco. A veces Roier odiaba lo terco que podía llegar a ser Spreen.

 

“No sé cómo empezar esto, pero yo-” revisó dentro de su traje, sacando una sola amapola roja y brillante, sin espinas. “No pretendo que cambies de opinión, ni siquiera que aceptes la flor. Pero necesito decirte algo antes de que me arrepienta toda la vida.” Avanzó un paso más.

 

A dos pasos y Roier era muy consciente de la presencia de Spreen dentro de su espacio.

 

“¿Qué?”

 

La amapola en la mano de Spreen pareció brillar más. De vuelta, sintió que este momento ya lo vivió, antes de su pelea, siempre veía a Spreen agarrar flores cuando viajaban a aventuras juntos, lo veía elegir entre muchas hasta quedarse con la amapola, se acercaba al castaño pero nunca pasaba nada más. 

 

“Te amo, Roier. Y creo que siempre lo haré, aún cuando nunca más nos veamos o incluso si me muero, mi último pensamiento siempre serás tú.” La brisa golpeaba más fuerte de lo normal, el viento helado colándose alrededor de ellos. Despeinando a Spreen suavemente. “Tengo tantas cosas malas en mi vida que tenerte, siendo algo bonito, me daba mucho miedo perderte. Y es irónico porque de todas formas terminé alejándote.” Suspiró cansado. “Pero quiero que sepas que estoy enamorado de ti desde la primera vez que te vi pelear, no sabía lo que sentía en ese entonces, estaba tan asustado que solo corrí de ti y de mis sentimientos, pero siempre terminabas colándote en mi mente aún cuando no pensaba nada en lo que pudiera relacionarse a ti. Así que, cuando te sientas solo o quieras golpear a alguien…” Roier rió suavemente. “…siempre estaré para ti. Incluso si solo llegamos a ser personas que compartieron recuerdos juntos.” 

 

La brillante flor en la mano de Spreen se puso enfrente de Roier.

 

Algo en la mente de Roier hizo click , pero entre tanto pensamiento, no pudo entender bien qué, de lo único que estaba seguro era que nuevamente se encontraba eligiendo algo de lo cual no sabía las opciones. 

 

“Lamento mucho haberte lastimado, si hubiera alguna manera de remediarlo, lo haría. Pero en este momento, yo no soy lo que más necesitas, y creo que sólo estoy empeorando tus pensamientos.” Rió bajito, tratando de aligerar la situación. Sin embargo, la flor aún seguía en medio de ambos, como un frío recordatorio de la situación. “Está bien si no lo aceptas, lo dije al inicio.” Spreen no alejó la flor y Roier abrió los ojos suavemente. “Solo seré egoísta por última vez antes de irme, ¿puedo darte un beso en la mejilla?”

 

La pregunta era tan inocente que le provocó ganas de llorar.

 

Roier asintió y empezó a sentir las lágrimas acumuladas caer, la frustración golpeándolo debido a que después de mucho tiempo, no sabía que estaba bien o mal en su vida.

 

Cuando Cellbit llegó a su vida, era el perfecto ejemplo de que siempre llegaba alguien mejor, alguien que agradaba a todos, alguien que era seguro de estar porque la gente así lo veía, pero eso no significaba que los sentimientos podían cambiar. Por ello, cuando Cellbit intentó coquetearle, Roier ni siquiera había tenido esa sensación de cosquilleo nervioso que sintió y experimentó en su corazón alguna vez con Spreen. 

 

Se aseguró y prometió a sí mismo que en algún punto lo sentiría, pero entre más profunda la relación se hacía, más lejos Roier se sentía.

 

Cuando vio a Spreen acercarse para darle el beso en la mejilla, sintió el momento tan lento que casi podía escuchar los pensamientos de Spreen, se dio cuenta de la brisa que los envolvía, tratando de acercarlos. 

 

Pensó en su siguiente movimiento, pensó en todas las caras de felicidad cuando anunció que era novio de Cellbit pero él se seguía sintiendo solo, pensó en sus mejores amigos viéndolo directamente sonriéndole, llenos de alegría y él sonreía porque no sabía qué sentir que no fuera tristeza, pensó en la gente que lo felicitó por casarse con alguien que lo amaba y no le haría daño pero él seguía viéndose a sí mismo en una relación que no le generaba emoción pero que era lo seguro, pensó en cómo ahí donde Cellbit era inteligente y cariñoso, Spreen era estratega y celoso, pensó en cómo seguía enamorado del chico frente suyo.

 

“Lo siento mucho.” Susurró y no sabía si se lo estaba diciendo a Spreen, Cellbit o a sí mismo después de mucho tiempo.

 

Besó a Spreen, poniendo sus manos alrededor del cuello, viendo cómo el híbrido no reaccionaba el primer segundo antes de poner la mano libre sobre su cintura y corresponder el beso.

 

“Roier siempre ha querido complacer a las personas que están a su alrededor, él elige la felicidad de los demás por encima de la suya.” Escuchó por primera vez en la sala de su casa, cuando tenía once años. 

 

Sus papás estaban acostados, mirando una película cómica que hizo a Roier querer acompañarlos. Era sábado, lo que significaba que hoy podía dormir hasta tarde.

 

“Es un niño, ya se le pasará.” Su papá se recostó aún más en el mueble.

 

“Cuando lo veas llorar porque perdió algo importante en su vida solo porque los demás no estarían felices si lo elegía, no dirás que no te lo dije.” Su mamá le advirtió a su papá.

 

Roier se escondió detrás del gran mueble. 

 

De pronto, el pequeño tenía miedo porque mamá nunca se equivocaba.

 

Su papá no respondió pero Roier llevó las palabras de su madre por muchos años en su mente.

 

Cuando se separaron, la brisa de la habitación ya no estaba, el resto del cuarto parecía estar más ordenado y claro que antes. Y había una calidez tenue rodeándolos.

 

“Si te sentiste obligado o algo así, puedo asumir la culpa. Lo menos que quiero es que te hayas sentido presionado.” Habló en voz baja y nervioso, una vez que juntaron sus frentes. Roier solo suspiró, aún con tantas cosas en su mente pero sintiéndose en calma por primera vez después de tanto tiempo. “Es decir, yo-”

 

“Estás hablando mucho, osito.” Susurró, pudo sentir como Spreen cerraba los ojos y se reía suavemente. Dejó de reprimir sus pensamientos y los vio pasar, no haciendo nada contra ellos. Agarró la amapola. “Así que te gusto desde que me viste pelear, ¿eh?” bromeó.

 

Spreen se sonrojó, rodando los ojos.

 

“No te ilusiones, aún te gano en eso.” Spreen le agarró la mano libre, con delicadeza entrecruzando los dedos, Roier no se alejó. 

 

“¡Pero eso no quita que una vez te gané!” 

 

“Sí, lo sé.” Lo miró con suavidad. “Te amo, Roier.” Dijo sin previo aviso antes de besarlo.

 

Roier colocó sus manos por detrás del cuello de Spreen, con la amapola sellando su amor.

 

Cuando se separaron, Roier lo miró y pidió en silencio que tomara la flor. Cuando Spreen agarró la flor, Roier empezó a arreglar el nudo de la corbata del híbrido. 

 

“Me iba a dar algo si seguía viéndote con esa cosa mal hecha.” Habló una vez que terminó con ello, tomó la amapola nuevamente. Ambos se miraron, Roier sabía que tenían muchas cosas de qué hablar, y Spreen parecía estar consciente de ello.

 

Roier también sabía que las miradas de decepción vendrían, probablemente gente le deje de hablar, quizás Cellbit dejaría de ser tan comprensivo como lo ha estado siendo. 

 

Roier puso su cabeza en el pecho de Spreen, relajándose. No sabía lo que pasaría, pero esta era su decisión, lo que quería, lo que le daba paz y felicidad, y estaría dispuesto a luchar por ello. Casi pudo escuchar su último pensamiento decir: te equivocaste, mamá.

 

Cuando el sonido de la puerta siendo tocada se hizo presente, Roier se tensó. 

 

“Estamos juntos en esto, ¿está bien?” Spreen entrelazó sus manos nuevamente, Roier asintió y no dejó la flor en ningún momento.

 

La puerta de la habitación se veía más colorida de lo que recordaba.

 

Cuando salieron, vio a todos mirándolos fijamente felices y riendo, se sintió parte de una broma de la que no estaba enterado.

 

“¡Hasta que por fin, no podía creer cuánto tiempo más iban a durar sin confesarse, por Dios!” Exclamó Quackity con los brazos cruzados.

 

Cellbit estaba detrás del pelinegro, llevaba su traje negro pero no había rastro de tristeza, le estaba sonriendo genuinamente. Quiso acercarse para explicarle toda la situación, pero el brasileño solo movió las manos en negación.

 

“Yo me encargué de contarle, Roier.” Le avisó Mariana. “Bueno, no todo, pero la mayoría sí. Creo. Igual él ya sospechaba muchas cosas.” Sonrió inocentemente.

 

“No por nada soy el más inteligente de esta isla.” Le guiñó el ojo, quejándose cuando Quackity le dio un codazo.

 

Roier tenía tanto miedo de lo que pensaran los demás que se le olvidó que tenía a las mejores personas en su vida.

 

“Mereces ser feliz, guapito.” Volvió a hablar, alzando un pulgar hacia arriba, riéndose. Forever a su lado se empezó a burlar de la situación. “Você faz algo com ele, eu vou te mato*.” Le advirtió a Spreen.

 

Spreen alzó la ceja, no entendiendo lo que le dijo pero aún así asintiendo antes de pasar una mano por la cintura de Roier.

 

“Eu vou te ajudar a encontrar um milionário*.” Le dijo el rubio, tratando de no reírse. Forever siendo mejor amigo de Cellbit era su obligación de burlarse por cada situación. Aún así, Roier sabía que el lazo de hermandad que tenían era irrompible y envidiable.

 

Roier rió. Con ello, toda la tensión acumulada se esfumó.

 

“Te debo una explicación de todas formas, gatinho. ¿Al acabar la ceremonia puedo hablar contigo?” Preguntó viéndolo, aún podía sentir la sensación de nervios que habían no hace mucho acabado. Cellbit lo miró relajado y asintió.

 

Roier sintió que respiraba otra vez.

 

“¿Y la boda?” Jaiden apareció parada en medio del pasillo que conducía a la iglesia.

 

Todos saltaron del susto.

 

“No podíamos desperdiciar el evento, así que Foolish y Vegetta se están casando.” Etoiles gritó junto con Pac y Mike al momento de pasar por el pasillo para dirigirse a la boda.

 

“¡Y deberíamos estar animando!” Apareció Luzu alzando la voz cuando llegó a donde estaban.

 

Todos salieron para ir a ver a los novios, hablando entre ellos. Roier podía jurar que escuchó un realmente pensé que me haría viejo hasta que esos dos decidieran casarse junto a un zape seco de Philza que hizo que Forever se disculpara.

 

Volteó a ver cuando se dio cuenta que sólo estaban Spreen y Mariana.

 

“Sólo para que sepan, si este plan no salía como esperaba, ustedes me iban a pagar un chingo de terapia.” Les señaló con el dedo índice. “Me alegro que estén juntos, y Spreen, cabrón, te costó demasiado tiempo darte cuenta, eh. Casi lo pierdes. Estás pendejo, man.”

 

Roier asintió, riéndose. 

 

Spreen rodó los ojos pero tenía una expresión triste, el híbrido era consciente de que las cosas hubiesen sido diferentes si se hubiera quedado callado como siempre.

 

Jaló a Roier para abrazarlo y enterrar su rostro en medio del castaño. Mariana se alejó de ellos para integrarse a la ceremonia.

 

“Ahora que te tengo, no pienso dejarte ir.” Murmuró, aún con las manos sobre la cintura de Roier y la flor brillando en medio de los dos, Spreen volvió a besarlo.

 

Síp, Roier estaba bien con eso.

Notes:

*Você faz algo com ele, eu vou te mato = Tú le haces algo y te mato.
*Eu vou te ajudar a encontrar um milionário = Te voy a ayudar a encontrar a un millonario.

esta es la primera historia que me atrevo a publicar, así que espero que les haya gustado! <3 :p