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i don't wanna think of anything else now that i thought of you

Summary:

Quackity rodó los ojos cuando se dio cuenta de lo absurda que era la situación, podía aparentar ser idiota, pero él sabía muy bien leer el lenguaje corporal de la gente. Mariana aún se seguía frotándose el cuello y mirándole feo a Spreen.

“¿Tú crees que estoy dejando una mala imagen?” Preguntó en un susurro, esperando que sólo Roier le escuchara. Este se rió.

Era la risa más bonita que había escuchado.

“Si no te conoce, sí.” Se encogió los hombros. Un celular sonó dentro de su mochila, antes de sacarlo y leer el mensaje que le había llegado. “¡Me tengo que ir, adiós! Y no mates a Mariana, por favor.”

 

O: Mariana inconscientemente junta una pareja, escucha un chisme y descubre la verdad. Casi en ese orden.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

 

“A Spreen le gusta Quackity.” Soltó Mariana cuando todos habían llegado a la mesa con sus respectivas bandejas de comida, su dedo índice moviéndose con nerviosismo de arriba a abajo golpeando la mesa. “No digan nada.”

 

Estaban en receso, con todos los alumnos tratando de conseguir algo en la cafetería. Roier miró a su lado topándose con el pelinegro que llevaba su característico gorro. No pasó por alto la timidez con la que Quackity se había encogido y el sonrojo que se había expandido en su cara. De pronto, su plato de comida se veía desagradable.

 

El agujero en su estómago pareció crecer más.  

 

“Mariana, te meterás en problemas si eso no llega a ser cierto. Sabes cómo es el grupo de Spreen.” Le advirtió Maximus al momento que probaba otro bocado de comida.

 

Todos en el colegio parecían tenerle miedo a ese grupo, aunque realmente ellos no buscaran problemas, tenían la regla de enfrentarse a todos lo que estuvieran dispuestos a hablar o decir rumores de ellos.

 

Sobre todo Spreen, el híbrido odiaba tanto los rumores que había amenazado a un curso entero mayor a él a pelear sólo porque se enteró que hablaban de Missa diciendo que era un cobarde por tener guardaespaldas como amigos. Roier recordaba que ese día la gran mayoría habían sido castigados, aún cuando la pelea no había sido ni cerca del colegio. 

 

El castaño se acomodó en su asiento, ya llevaba mucho tiempo viendo su comida, pero absurdamente quería que cualquier pensamiento relacionado a él parara.

 

“¿Cómo sabes que le gusto?” Preguntó Quackity en voz baja, todo su cuerpo se veía relajado a pesar del pequeño temblor en las palabras al hablar. Roier pudo notar la ilusión en su mirada.

 

Mariana se acercó más a la mesa y pidió que se acercaran. 

 

“Verán, yo iba a la cafetería cuando me di cuenta que no tenía mi celular, entonces me asusté, pero me acordé que lo dejé cargando en el aula. Cuando estaba apunto de entrar al aula, escuché a Spreen junto con Missa hablando sobre el evento que van a hacer los estudiantes portugueses.” Suspiró y miró directamente a Quackity que se veía confundido. “No sé mucho pero hay una parte importante del evento en donde debes enviar una carta romántica o no a tu persona favorita, alguien más hará de cupido y se la entregará. Y Spreen dijo que ya tenía pensado a alguien y Missa le molestó diciendo, ¿a tu mexicano favorito? ” Imitó la voz del chico.

 

“¡Ay, Mariana! Aquí hay demasiados mexicanos, podrías ser hasta tú.” Murmuró Maximus con cara agotada. Sabían que el alto solía dejarse llevar por las ideas que creara su mente. “Además, se sabe que Spreen no asiste a esas cosas.”

 

Todos en la mesa le dieron la razón, Quackity probó un bocado de su comida.

 

“Ya pero dijo que buscaría la forma de que la carta sea entregada al inicio del programa porque sabe que estará ocupado con el evento.” Lo dijo con tono de obviedad. “¿Y quiénes son los encargados del evento? ¡Los delegados del curso!” El pelinegro casi se atragantó.

 

“¡Roier también es delegado de curso!” Dijo en voz alta en medio de la cafetería, sin embargo la bulla de las personas era más de lo que pasaba en la mesa.

 

“A ver, Roier, ¿Tú has hablado con Spreen?” El castaño lo miró. 

 

“Bueno me ha pedido prestado cosas o se me ha acercado, pero nunca dice mucho.” Respondió de manera suave.

 

“Quackity, ¿tú has hablado con Spreen?” Él asintió, tosiendo y tratando de tomar grandes cantidades de agua. Roier le preguntó en silencio si necesitaba ayuda, Quackity negó. “¿Conversaciones largas?” El de gorra volvió a asentir. “¿Ves, Maxo? Es obvio que le va a gustar alguien con quien ha hablado. Además dijo algo de que le gusta como habla inglés, ¡está claro que es el pendejo este!” Sonrió satisfactoriamente como si hubiese completado un acertijo después de mucho tiempo.

 

Oh.

 

Maximus miró con pena a Roier, el castaño negó sonriendo. Estaba bien, de todos modos sabía que no tenía oportunidad ni aunque tomara toda la valentía del mundo. Además era cuestión de tiempo que esto pasara. 

 

Quackity siempre había sido el centro de atención ahí donde Roier solo era una sombra.

 

El timbre sonó, todos quejándose para dirigirse a sus respectivas aulas.

 

“Oye, ¿estás bien?” Preguntó Maximus una vez que vio a sus otros dos amigos avanzar mucho más adelante. 

 

“Sí.”

 

“Sé que llevas enamorado…” Roier le interrumpió.

 

“Un año, lo sé. Ya se me pasará. Ahora lo importante es que Spreen pueda darle la carta a Quackity y tengan su final feliz.” Sonrió, el de piel morena negó de manera suave la cabeza. Tenía una mirada que Roier no pudo descifrar, y aunque no habló, algo en la mente del castaño retumbó.

 

Sintió como Maximus avanzaba, pero sus pies no se movían para seguirle el paso. La idea de ayudar a sus amigos siempre ha estado presente desde que los conoció, daría lo que fuera por ellos. Pero a veces…

 

“Te vas a lastimar.” Advirtió. “Aprende a priorizarte, Ro.” Escuchó a la lejanía. 

 

Sus pies lo llevaron directo al baño cuando se dio cuenta que el pasillo estaba vacío, llegaría tarde a su clase, pero era lo que menos importaba.

 

Se limpió la cara una vez que llegó al lavabo, mirando la llave, no se movió ni un poco hasta cuando sintió las lágrimas chocar contra el agua que había en el lavamanos.

 

Estoy bien. Estoy bien.

 

Roier podía fingir que nunca había estado enamorado de Spreen por el bien de su amistad con Quackity. Había dejado florecer estos sentimientos por un año con calidez y amor, y aunque nunca hablaron mucho, habían miradas que Roier atesoraba con cariño en su corazón y que lo hacían sentir querido.

 

Pero al final del día eran ilusiones, así que de nuevo Roier debía decidir entre ignorar sus sentimientos o los de los demás.

 

Y eso nunca terminaba bien para él.

 

 

***



“¿Escuchaste el rumor de lo que pasará el viernes?” Se escuchó a lo lejos, Spreen se encontraba acomodando unos libros en su casillero para poder irse del colegio.

 

“¡Sí! Espero que le acepte, harían muy bonita pareja.”

 

“¿De qué hablan, chicas?” Una tercera voz se unió a la conversación, alegre y entusiasmada. Era un chico que tenía un acento francés.

 

“De Spreen y Quackity.”

 

“¿QUÉ?” El híbrido cerró su casillero con fuerza mientras se les acercaba con un aura negra y pesada.  “Repite lo que dijiste, por favor.”

 

La chica lo miró con súplica, tenía los ojos bien abiertos y todo su cuerpo temblaba. Spreen sintió pena, pero de nuevo, nunca le han agradado los rumores y mucho menos que se trataran sobre él.

 

“E-es q-que tú te de-declararás a Qua-quackity.” Se escuchaba menos asustada de lo que se veía en realidad, la chica movía demasiado las manos tratando de explicar lo que había pasando, pero Spreen sólo pudo fijarse en el cabello castaño llenarse del sudor que se formaba en su frente. Sus amigos no trataron de ayudarla.

 

Spreen rodó los ojos.

 

“¿Quién dijo eso?” Masculló cada palabra, observando a las tres personas delante suyo alzando ambas manos en son de paz.

 

“Mariana.” Respondió la chica rubia más alta cuando vio que su amiga se había quedado en shock. Ella se acomodó el gorro de cuatro colores que tenía sobre la cabeza. 

 

Asintió y se retiró del lugar agradeciendo. 

 

Buscó entre la multitud, sabía que las clases habían acabado hace veinte minutos, pero la cantidad de estudiantes seguía siendo igual o más de lo que había visto esta mañana.

 

Se dirigió al único lugar que sabía que estaría Mariana: salón de artes.

 

No es como si supiera eso porque Mariana formaba parte del grupo de esa persona y Spreen de casualidad sabía su horario. No, claro que no. 

 

“Aquí estás, imbécil.” Sin previo aviso agarró la camisa de Mariana apoyándolo a la pared. Todos los que se encontraban pintando se alteraron.

 

“¡Ayuda!” Chilló Mariana, cerrando los ojos. Era demasiado miedoso hasta para enfrentar con la mirada al híbrido. “No quiero morir joven.”

 

Roier fue el primero en intervenir. Empujando a Spreen lejos de Mariana.

 

“¿Qué te pasa, pendejo?” Gritó con la voz firme pero las manos heladas por el miedo. 

 

Spreen debió haberlo pensado mejor cuando venía a enfrentar a Mariana porque no había forma que pudiera decir todo lo que tenía pensado si el castaño con bandana azul estaba al frente suyo, mirándolo atentamente. Empezó a sentir sus nervios inundar su cuerpo, así que volteó a ver a otra persona. Quackity alzaba una ceja y entrecerraba los ojos, había algo en su cara que no pudo descifrar. Sintió como Roier empezó a preguntarle a Mariana en susurro si estaba bien.

 

“Dile a tu amiguito que deje de andar hablando de mí. No estoy para pelotudeces.” Mencionó en voz alta, retumbando en toda la sala. 

 

Roier se le acercó una vez que terminó de ayudar a su amigo.

 

“¡Mariana no ha dicho nada de ti!” Reclamó frente a él, de pronto todos sus sentidos se alertaron siendo muy consciente del castaño, que estaba cerca de su espacio y que llevaba una expresión de enojo.

 

“Sí lo hizo. Habló que me iba a declarar a Quackity...” Hizo una pausa cuando vio que la cara de Roier cambió tenuemente, el castaño dejó de verlo para mirar el piso. “…el viernes.”

 

Spreen siempre trataba de no dejarse llevar por sus emociones, pero había dos formas en las que él no podía ni controlarse ni ignorarlas.

 

La primera era cualquier rumor que no fuera cierto se expandiera tanto que tuviera a gente hablando de él a sus espaldas. No soportaba la cantidad de gente murmurando sobre él sin dignarse a preguntar si era cierto o no. Vivían de suposiciones tratando de alimentar las ideas de su mente.

 

Y la segunda era Roier. No sabía en qué momento pasó de verlo como el chico que se frustra cuando algo no sale bien a pensar que ellos podían ser algo más incluso cuando no intercambiaban más de tres o cuatro palabras, lo cual era un poco culpa de Spreen porque se ponía muy nervioso cuando se le acercaba y hacía lo que mejor sabe hacer: huir.

 

Y era gracioso el contraste de como se sentía enojado por el rumor pero nervioso por la presencia de Roier. Ni siquiera intentó moverse porque sabía lo débiles que estaban sus piernas.

 

“Bueno, pero eso harás ¿no?” Murmuró con resentimiento en la voz. Después de mucho tiempo le miró a los ojos. “Y deberías tener cuidado, no estás dejándole una buena imagen.” 

 

Quackity rodó los ojos cuando se dio cuenta de lo absurda que era la situación, podía aparentar ser idiota, pero él sabía muy bien leer el lenguaje corporal de la gente. Mariana aún se seguía frotándose el cuello y mirándole feo a Spreen. 

 

“¿Tú crees que estoy dejando una mala imagen?” Preguntó en un susurro, esperando que sólo Roier le escuchara. Este se rió.

 

Era la risa más bonita que había escuchado.

 

“Si no te conoce, sí.” Se encogió los hombros. Un celular sonó dentro de su mochila, antes de sacarlo y leer el mensaje que le había llegado. “¡Me tengo que ir, adiós! Y no mates a Mariana, por favor.”

 

Sí, como sea.

 

Cuando Roier se retiró del salón agarrando su cuadro de pintura, pidió a Maximus que lo ayudara lavando sus pinceles y algo sobre que le devolvería el favor apenas pudiera. Maximus asintió. 

 

Minutos más tarde, sólo eran Quackity, Mariana y él dentro del salón. 

 

Quackity se paró después de pensar por un largo rato con la sala llena de silencio, se dirigió donde Mariana, dándole un golpe duro en el hombro.

 

“Eres un pendejo.” Spreen se sorprendió del tono agresivo que usó. Era la primera vez que lo veía así de enojado. Mariana lo miró confundido. “Este idiota de aquí.” Señaló al híbrido. “No piensa escribir sus sentimientos y plasmarlos en una carta para mí…” Quackity sonrió suavemente. “…son para Roier.”

 

“¿Qué?” Mariana saltó de su puesto, de pronto desconcertado por la noticia. A los pocos minutos se estaba frotando el cuello otra vez. Spreen no cambió su cara seria en ningún momento, quizá si no expresaba nada no insistirían en el tema. “¡Pero dijiste que te gustaba como hablaba inglés!” 

 

Eso provocó un sonrojo en el híbrido.

 

¿Cómo este imbécil escuchó todo y aún así interpretó todo mal?

 

Mariana abrió la boca con sorpresa.

 

“¡OH! ¡Te gusta Roier, man! ¡Te gusta!” Empezó a bailar alrededor del híbrido mientras este trataba de callarlo. 

 

Tiempo después, Mariana estaba en el piso por el golpe que le dio Spreen. 

 

“Eres un grosero.” Volvió a decir el alto, masajeándose la espalda a la par que trataba de pararse. Quackity estaba riéndose en su puesto.

 

“Una sola palabra y te mato.” Aunque la amenaza sonaba aterradora, Mariana sabía que no le podía hacer nada más que golpes solitarios para controlarlo.

 

Ser amigo de Roier tenía ahora una ventaja más.

 

“Fuera de pedos, trátalo bien, man. Lo queremos un chingo. Es nuestro hermanito menor y juro que le haces algo, y te parto tu madre.” Quackity asintió ante sus palabras de manera seria y amenazadora. 

 

Spreen sonrió ligeramente, habían cosas que no le salían bien en su vida, como la vez que decidió montar en bicicleta a los diez años y se lastimó así que decidió no intentarlo más o cuando sus papás estaban teniendo problemas económicos y decidió emprender, pero salió perdiendo. Sí, había cosas que estaban destinadas a fallar en su vida, pero esto, lo que sea que pase con Roier, iba a hacer que valiera la pena incluso si era efímero.

 

Porque Spreen nunca querría ser un mal recuerdo para Roier.



***



Soltó un suspiro cuando llegó directo a su cama. Su mamá había comenzado a inundarlo de preguntas acerca de sus exámenes y la universidad. Dos temas que ponían aún más peso mental a Roier.

 

Trató de evadir el tema con preguntas sobre la comida, el día e inclusive del trabajo, porque si algo había en lo que Roier era bueno, era en hablar mucho. 

 

Eso sirvió para que su mamá no insistiera más y solo lo dejara irse cuando dijo una vaga excusa de que necesitaba dormir.

 

Sintió como su celular empezó a vibrar con fuerza.




Delegados del curso: 01, 02 y 03.

 

Coordinadora: Necesitamos de su ayuda esta semana para organizar “Festa Junina”. 

Si no saben lo que es, 

pídanle el documento a Pac y Mike que 

son los encargados del evento. 

 

Coordinadora: Y contáctense con ellos una vez que 

sepan bien, ellos les dirán si necesitan ayuda

o no.

 

Coordinadora: Otra cosa, estamos buscando 

una persona para que entregue las cartas ese día. 

Si alguien desea ofrecerse, 

escriba por favor.

 

Buenas tardes. A mí me gustaría entregar las cartas.

 

andÁ (quack<3): NO.

 

andÁ (quack<3): NO ROIER. ESPERA.

 

Coordinadora: Es chat grupal, Señor Quackity, cualquier cosa háblenlo por interno.

 

Baghera (delegada 03): Maestra, yo quisiera ver la forma de implemen…




andÁ (quack<3)

 

mariana me dijo q él quería ser el

q entrehre las cartas

entregue*

 

por??

 

es q al pendejo le falta una nota en 

filosofía, y esta actvidad le ayudará

a recuperarse

actividad*

 

me haces asustar.

está bien dile q

le escriba a la profe

gracias nalgón:]



Dejó el celular a un lado no queriendo leer más mensajes, ni siquiera sabía por qué se sentía tan triste. Miró al techo que estaba frente a él. De pronto, sus sentimientos se sintieron tan grandes que su habitación lo asfixiaba. 

 

Roier sabía que ocultar sus sentimientos le pasaría factura, pero nunca pensó que estaría más cerca de lo que esperaba.

 

Se enrolló en sí mismo en posición fetal cuando sintió la primera lágrima caer.

 

Mañana podría seguir fingiendo que todo estaba bien, por el momento, lloró hasta quedarse dormido.




***



“Deja esa guitarra, Missa. Y ayúdame a ordenar esto.” Rubius agarró dos prendas que estaban encima de su cama y que no le pertenecían.

 

Habían llegado los tres a su departamento compartido después de unas largas horas de clases, al no ser de la ciudad y vivir muy lejos de esta isla, habían coordinado para ser compañeros de habitación.

 

“¡Spreen está ahí!” Gritó irritado con el ceño fruncido.

 

“Está haciéndole la carta al amor de su vida.” Rubius empezó a hacer sonido de besitos mientras seguía arreglando.

 

“¡Cállate, Rubius!” Frustrado, botó la primera carta que había escrito, nuevamente se sintió inútil al no poder escribir ni expresarse bien.

 

Era importante para Spreen entregar esta carta antes del viernes, de esa manera tendría tiempo para mentalizarse de lo que estaba por hacer, pero sentía que cada cosa que escribía no cumplía su expectativa. Odiaba tanto ser perfeccionista.

 

Se echó para atrás en la silla viendo el techo de la habitación. Si fuera lo suficientemente valiente como lo era al momento de enfrentarse a pelear, entonces todo sería más fácil y diferente.

 

“Tranquilo, Spreen. No tiene por qué ser una carta cursi.” Y ese era el problema, la carta no era cursi porque era demasiado formal. “Sobre todo no pienses esto como que debes verte rudo o genial para que te corresponda los sentimientos. Estoy seguro que si está enamorado de ti, lo que más le importará es que hayas sido honesto.” Missa agarró una silla que estaba a lado, sentándose. 

 

“Lo sé, Missa.” Habló viendo la hoja en blanco entre sus manos. “Pero quiero que sea especial porque él lo es.”

 

Rubius sonrió y se sentó en su cama.

 

“Creo que deberías salir de aquí y escribir en un lugar cómodo. Solo te estás abrumando más porque somos tus amigos y no hemos visto esta faceta de ti.” Missa asintió, levantándose para ir a ordenar la ropa de la cama del híbrido café. “Solo para que sepas, estamos muy felices de que hayas encontrado a alguien.”

 

Eso aligeró mucho las cosas, con tanto pensamiento no se había dado cuenta que su barrera personal había empezado a crear más distancia estos últimos días, alejando a las personas que quería. Spreen siendo alguien que no creció con amor ni lo recibió no sabía cómo manejar situaciones como estas. 

 

“Gracias. Son los mejores hermanos de otra madre que pude tener.” Spreen agarró sus cosas.

 

Rubius se rió. “Ya, ya vete, tontito. La semana se pasa volando.”

 

Missa parecía acomodar unos parlantes para poner música mientras asentía a lo que había dicho Rubius.

 

“Suerte, Spreen.” Gritaron a la vez, el híbrido salió del apartamento al momento en que sonaba la música.

 

Gracias.



***



Cuando llegó el día viernes, todo el colegio se encontraba en el patio buscando estanterías para comer, después de las primeras cuatro horas de clase era normal que la mayoría de estudiantes estuvieran hambrientos.

 

Roier vio como ciertas personas buscaban irse detrás de la tarima para evitar la sorpresa de la presentación.

 

“Hola, hola, probando, probando.” La voz de un portugués se hizo presente en la tarima, estaba alado de cuatro chicos más que Roier no conocía sus nombres. Todos prestaron atención. “¡Bien! Quería agradecer a todos por asistir, me alegra mucho que el colegio QSMP haya aceptado organizar nuestra tradición, es como traer un pedacito de nuestro hogar acá. En Brasil, Festa Junina es una conmemoración para los santos y la temporada de cosecha. Cómo podrán ver la decoración del patio está lo más cercano a cómo se viviría esto en Brasil. La misa se relizará al acabar el evento” Sonrió y miró las hojas entre sus manos. “Sin más preámbulos, tendremos la quadrilha que es un baile que ocurre después de un simulacro de una boda falsa, sin embargo, omitiremos esa parte y se hará el baile grupal tradicional. Y los niños de tercer grado nos van a deleitar con eso.”

 

El sonido de los aplausos y los gritos fueron lo que predominó dentro dentro del patio. Vio como subían muchos niños con trajes típicos y se ubicaban en parejas, la música sonó y el baile empezó.

 

Roier sintió como le tocaban el hombro, volteó dándose cuenta que era Mariana.

 

“Ten.” Le entregó un sobre. “Estoy repartiendo las cartas, no sabía que se las daban durante toda la fiesta." Lloriqueó. "Y son demasiadas, por qué tuve que suspender esa lección.” Mariana salió corriendo de donde estaba parado, ni dejándole hablar.

 

De repente, cinco niños pequeños estaban corriendo detrás de un niño con overol, pasando rápidamente de él. Debido al movimiento, no se dio cuenta en qué momento aflojó el agarre de la carta. 

 

Para cuando se dio cuenta, la carta cayó frente a uno de los niños que había parado de correr. 

 

Todos los niños se miraron, vieron a Roier y sonrieron. Roier se sintió confundido, pero escuchó un agudo ahora y los niños corrieron por su vida. 

 

Roier trató de seguirlo, a la vez que sentía como alguien corría junto a él.

 

“Malditos mocosos.” Susurró Spreen pero fue lo bastante claro para que Roier lo escuche. Este se rió, tratando de no perder a los niños de vista entre tanta gente.

 

La música seguía sonando de fondo junto al baile. A lo lejos, pudo ver a Mariana con muchas cartas en mano, hablando con una niña con lentes.

 

“¡Niños regrésenme eso!” Habló cuando no estaba muy lejos de ser escuchado. 

 

Pasaron por varios estantes que ofrecían dulces y comidas típicas, incluso había uno en donde estaban vestidos con el traje típico mientras explicaban la tradición.

 

Vio a la niña con la que habló Mariana, regañando al niño que parecía tener un bigote con marcador alrededor de su boca. Ella agarró la carta de la mano de él.

 

Cuando se dio cuenta que la carta estaba en manos de la pequeña, caminó hasta ella, pero fue más rápida corriendo detrás de él para dirigirse a donde Spreen. Roier ni siquiera había notado que el híbrido seguía ahí.

 

“Dice el repartidor de allá…” comenzó la niña.

 

“¡QUE NO SOY UN REPARTIDOR!” Gritó Mariana frustrado. “Pinche chamaca.” Fue lo último que escuchó cuando se dio cuenta que Mariana se dirigía a entregar otra carta.

 

“…que dejes de ser un cobarde y se lo des tú mismo.” El híbrido se sonrojó.

 

Roier abrió los ojos, comprendiendo todo.

 

Oh.  

 

Con razón Spreen le seguía apurado, Mariana se equivocó al darle la carta, con él siendo el repartidor y lo despistado que era con sus cosas, era de esperarse algo así pasara.

 

El híbrido frente suyo seguía estático, sin procesar nada. Como si nada, Mariana llegó sin ninguna carta a donde ellos, tenía la mano detrás de la cabeza, rascando la parte posterior de su cuello, riendo de forma nerviosa.

 

“Y qué le pasó a este.” Se burló y eso hizo que el ambiente tenso creado fuera disminuyendo de a poco. 

 

Roier rió fuerte antes de acercarse un poco a Spreen para que lo pudiera escuchar entre la música.

 

“Creo que está en el salón de artes.” Le susurró con una sonrisa. Se sentía como una despedida de la que sólo él estaba enterado.

 

Supongo que esto será todo.

 

Spreen miró la carta entre sus manos, llevándola al pecho.

 

“¿Disculpa?” La voz sonaba muy clara a pesar de toda la bulla, se sentía como si solo estuvieran ellos dos.

 

“Quackity. Él está en el salón de artes, es donde dijo que estaría porque debe organizar el último juego.” Lo miró confundido cuando vio la cara relajada del híbrido cambiar a una de preocupación.

 

“¿Por qué quisiera saber dónde está él?”

 

“¡Por la carta! Creo que Mariana se confundió dándomela.” Roier podía jurar que escuchó un hey de fondo, pero realmente no estaba prestando atención a nada de su alrededor.

 

Spreen bufó, miró a otro lado cuando la cara de Roier mostraba confusión genuina. 

 

“No.” Tomó un respiro, observándolo a los ojos. Roier sintió que sólo eran él y el híbrido, en ese patio lleno de gente, con la música de fondo saturada. El contraste era gracioso si lo pensaba más a fondo. “Es para ti.”





Hola Roier,

 

Yo, huh, soy muy malo con las palabras, incluso si esto es algo escrito. Aún así trataré de ser lo más directo posible.

 

Durante muchos meses he tratado de hablarte pero estúpidamente me he quedado congelado frente a ti, sin decir o hacer lo que llevo planeado con anterioridad. 

 

¿Recuerdas la vez que te pedí prestado un lápiz? En realidad quería decirte lo bonito que te veías con tu bandana azul que habías decidido usar por primera vez. ¿O la vez que estaba frente a ti y salí corriendo cuando me ibas a hablar? No era lo que iba a hacer, te iba a dar mis apuntes de la clase que habías faltado porque te enfermaste y pedías de favor que alguien te ayudara. ¿La vez que estabas llorando y solo me quedé quieto sin decir nada antes de que te fueras al baño? Quería tanto invitarte a algún lado para que pudieras olvidar lo que sea que te estuviera atormentando.

 

No soy el mejor expresándome pero provocas en mí emociones que nunca me había permitido sentir y es jodidamente bonito pero tan aterrador. Porque podrías pedirme que renuncie a mis sueños por ti y lo haría. Sin dudar ni un segundo.

 

Así de jodido.

 

Si he sido cobarde, no me tendrás de frente.

 

Pero… en caso de que la situación haya salido como espero.

 

Estoy frente a ti, esperando una respuesta:

 

Me gustas.

 

Mucho.

 

Me gustas muchísimo, Roier.



El castaño ni notó el momento que la música paró pero Spreen estaba frente de él, muy quieto, respirando suavemente con miedo de que se escuchara tan alto que todos pudieran notar lo que estaba pasando en este lado del patio. 

 

Roier sintió los ojos llenarse de lágrimas. Golpeó de forma suave el pecho de Spreen.

 

“Eres un imbécil.” Se limpió las lágrimas con las mangas de su buzo, sintiendo las manos de Spreen rodeando sus mejillas. “Nadie va a renunciar a sus sueños, ni nada de eso, ¿va?.” Spreen suspiró, asintiendo y riendo por la afirmación aún con su corazón latiendo a mil. “Yo en serio pensé que tú estabas enamorado de Quackity.”

 

El híbrido negó suavemente. 

 

“Nunca fue él. Siempre fuiste tú.” Su cuerpo se sentía calmado después de mucho tiempo. “¿Puedo besarte?” Spreen pidió permiso cuando la distancia entre ellos se iba acortando. El castaño asintió. 

 

Cuando Spreen lo besó, Roier podía jurar que en su mente se reprodujo en automático su playlist más romántica. Una mano de Spreen pasó a la cintura de Roier, profundizando el beso, el castaño aún mantenía sus dos manos en el pecho del híbrido, escalando de a poco hacia el cuello del contrario.

 

Un bullicio provocó que se separaran, asustados. Los niños estaban a su alrededor, gritando emocionados y saltando de un lado a otro. Mariana estaba limpiándose las lágrimas imaginarias con un puñado de cartas.

 

Roier rodó los ojos por lo ocurrido que era su amigo.

 

“¡No, no, no! Lo siento, es que se me entró un mi niño está creciendo.” El castaño rió fuertemente. Quackity apareció a su lado, alzando las cejas.

 

“Es que son tan pendejos, pero tu Ro, ¿cómo ibas a creer que me gustaba este muchacho? ¡No creas que no noté tu mirada de tristeza cada que me acercaba al grupo de Spreen a pedirles algo!” Roier se sonrojó y se encogió en su lugar. Spreen lo miró serio, provocando que Quackity se ocultara detrás de Mariana. “Sin ofender, tu novio me da miedo.” 

 

Roier rió. “Lo siento, Quackity.” Le ofreció la mano.

 

Quackity lo jaló para abrazarlo. 

 

“Además, sabes bien que a mí me gustan los que me darían todo pero por mi apego evitativo no son mis novios.” Respondió con confianza. 

 

“Bien, debemos meterte en terapia.” Confirmó Mariana cuando todas las personas que pasaban de ellos, los miraban sorprendidos.

 

Alguien en el escenario gritó algo sobre que el siguiente juego era el pau de sebo*  y de pronto, todas las personas seguían al chico. Mariana jaló a Quackity para que lo ayudara a repartir cartas.

 

Había algo mágico en ser solo Spreen y Roier en medio del patio. Roier volteó a verlo.

 

“Solo para que quede claro, también me gustas.” Le susurró cuando decidió abrazarlo por los hombros. “Un chingo.”

 

Spreen sonrió. Correspondiéndole el abrazo.

 

El híbrido sabía que muchas cosas estaban destinadas a fallar en su vida, pero estaba orgulloso de que esta no fuera una de ellas. 

Notes:

pau de sebo: palo encebado.

solo como aclaración, toda la info fue sacada de internet y la cursiva en todo el discurso es porque está hablando en portugués pero como no sé el idioma, intenté resolverlo de esa manera pipipi

yyyyy perdón si hubo algún error ortográfico pero tenía esta idea en mente de mis dos cubitos desde que vi el evento bonito q organizaron en el qsmp <3

espero les haya gustado:3 gracias por leer!!

 

- M