Chapter Text
[Tn] se despertó tiritando. Hacía demasiado frío. Al mirar a su alrededor entendió el motivo: había vuelto a dejarse la ventana abierta por tercera vez en lo que iba de semana. ¿Dónde tenía la cabeza últimamente?
Con pereza, estiró el brazo para alcanzar su teléfono y mirar la hora. Las 3 a.m. Todavía faltaban 4h para ir a clase. Sabiendo que no volvería a conciliar el sueño en un buen rato, encendió la luz de la mesilla y cogió una pequeña libreta que había sobre ella.
Recientemente había estado teniendo unos sueños muy extraños, por lo que había empezado a escribir un diario con la esperanza de averiguar qué significaban. Los sueños siempre eran muy nítidos pero, tan pronto como despertaba, los detalles comenzaban a abandonar su mente. Tener el diario a mano le permitía apuntar algunas cosas antes de que el sueño se le olvidase por completo.
Abrió la libreta y, como todas las noches, releyó las entradas previas tratando de adivinar su significado.
» Día 1:
Campanas. Se escuchaban campanas y había plumas blancas por todas partes. Creo que había un hombre envuelto en una tela blanca pero no estoy segura.
» Día 2:
Hoy no han sonado las campanas pero he vuelto a ver al mismo hombre. No era una tela lo que le cubría, si no unas hermosas alas blancas que parecían resplandecer a la luz del sol. No recuerdo su cara.
» Día 3:
Hoy no recuerdo haber soñado con él. En cambio, una sombra me perseguía y yo trataba de huir. Lo más extraño es que ahora tengo un moratón en la muñeca, donde me estaba sujetando la sombra justo antes de que me despertase.
» Día 4:
Hoy no ha habido sueños extraños con ángeles y sombras.
Nada. Seguía sin encontrarle ningún sentido pero estaba segura de que tenía que tenerlo. Si no, ¿por qué iba a soñar siempre con lo mismo? Todos los sueños estaban relacionados aunque no supiese cómo y quería averiguarlo.
«Día 5: Naranja. La sombra tiene ojos naranjas. Ahora que lo pienso, juraría que el ángel también. ¿Estarán relacionados?» anotó.
Con un suspiro, la joven cerró el diario y volvió a dejarlo sobre la mesilla.
¿Y si se estaba volviendo loca?
—¡Psst! ¡Azuna! —chistó [Tn], procurando que el profesor no la viese.
—¡Psst! ¡Tierra llamando a Azuna! —volvió a llamar.
Finalmente, su compañera la escuchó y se giró hacia ella. Tenía las mejillas sonrosadas, como si la hubiesen pillado haciendo algo vergonzoso.
—Perdona, ¿decías? —preguntó distraída.
[Tn] suspiró, segura de que su amiga estaba pensando en Lindo. Últimamente pasaban mucho tiempo juntos.
—Te preguntaba si sabías qué significa soñar con ángeles y sombras. Siempre te han gustado las historias sobre ese tema —repitió pacientemente.
—¿Ángeles y sombras? ¿A que te refieres? —preguntó Azuna con el ceño fruncido.
—No lo sé. Llevo días soñando cosas raras. Al principio solo había un ángel y luego apareció una sobra que me perseguía y… no lo sé. Supongo que he visto demasiadas películas estos últimos días —Esbozó una sonrisa para restarle importancia. No quería que su amiga pensase que estaba loca.
Para su sorpresa, Azuna la miraba seria.
—¿Qué clase de sombra? ¿Era consistente? Es decir, ¿era una sombra sólida como si fuese un cuerpo o más bien era una especie de humo?
—S-solida creo —contestó confusa porque su amiga se tomase tan en serio sus sueños—. L-lo único que recuerdo bien son sus ojos naranjas. Parecía que brillaban —añadió pensativa.
Ante ese último detalle, su compañera abrió los ojos y exclamó:
—¡¿Qué?!
El profesor se volvió hacia ellas con el ceño fruncido y se aclaró la garganta.
—Señorita Kuzuha, si no quiere prestar atención en mis clases al menos no grite en ellas. Vaya al despacho del director ahora mismo. Y usted señorita Langston irá a hacerle compañía la próxima vez que la escuche hablar. ¿Entendido?
Las dos jovenes intercambiaron una mirada cómplice y después asintieron al unísono.
—Si, señor.
Mientras Azuna abandonaba el aula, [Tn] comenzó a garabatear en su cuaderno, pensando en la extraña reacción de su amiga. Al fin y al cabo, eran solo sueños, ¿no?
Nada más tocar el timbre, [Tn] recogió sus cosas y salió de clase. No aguantaba ni un minuto más allí dentro.
Azuna seguía en el despacho del director y todavía faltaban diez minutos hasta la siguiente clase así que decidió subir a la azotea un rato. Las vistas desde allí le encantaban y le ayudaban a despejarse.
Unos pasos a su espalda la hicieron detenerse en el rellano del último piso. ¿Quién estaba allí? A parte de ella nadie solía ir a la azotea durante los intercambios entre clase y clase, por lo que era algo extraño. Sin embargo, al darse la vuelta no vio a nadie.
«Genial, [Tn]. Ahora además de soñar con sombras y tíos con alas, ahora te imaginas cosas» pensó, volviendo a mirar al frente. Y entonces fue cuando lo vio. A un par de metros de ella, había un chico con pelo morado que la miraba sonriente. ¿De donde había salido? Solo se había girado unos segundos y antes ahí no había nadie. Y lo más importante, ¿por qué le resultaba familiar?
Tan pronto como había aparecido, el chico volvió a desaparecer.
Confundida, [Tn] miró a su alrededor tratando de encontrarle, pero aquel chico no estaba por ninguna parte. Una risa procedente de las escaleras resonó en el pasillo. Sin apenas dudarlo, la chica subió las escaleras tan deprisa como pudo.
La risa se detuvo.
Desconcertada, [Tn] volvió a mirar en todas las direcciones cuando terminó de subir el primer tramo de las escaleras. El chico volvió a aparecer enfrente de ella y le guiñó un ojo, para luego volver a desaparecer y reaparecer unos metros más adelante. Definitivamente se estaba volviendo loca.
Así siguieron un buen rato, jugando al gato y al ratón, hasta que llegaron a la puerta de la azotea donde el chico volvió a desaparecer. Dispuesta a averiguar quien o qué era, [Tn] abrió la puerta y salió.
En la azotea no había nadie.
Un fuerte viento se levantó, cerrando la puerta de golpe y haciendo que la joven se sobresaltase. La risa que llevaba un rato escuchando y siguiendo, volvió a sonar, esta vez justo a su espalda.
El chico de pelo morado estaba allí con una extraña sonrisa.
—¿Quién eres? —le preguntó.
—¿Aún no lo sabes? —replico él en respuesta.
Al ver como la chica negaba con la cabeza, Shiki volvió a reír. Se lo estaba pasando en grande. Adoraba la expresión confusa y un tanto temerosa que tenía en esos instantes. La hacía ver tan indefensa...
Shiki se relamió los labios y se empezó a alejar de ella, acercándose al borde del edificio.
La joven, que no apartaba la mirada de el, se quedó boquiabierta al ver como el del pelo morado alzaba la vista al cielo. Sus ojos brillaban y, aunque no lo había notado antes, eran de un llamativo color naranja.
Perpleja, [Tn] vio cómo el chico le hacía un gesto con las manos para que guardase silencio mientras dos hermosas alas dobles comenzaban a brotar de su espalda, exactamente como en su sueño. La única diferencia era que estas alas eran negras.
Shiki volvió a sonreír y, tras guiñarle el ojo otra vez, desapareció de nuevo. Ya había decidido que esa curiosa humana le pertenecía.
