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Jamil nunca ha tenido que usar gafas y agradece a los siete por esto. Pensar en cómo se le enredarían en el cabello o como se empañarían en la cocina tan solo le da dolor de cabeza. Si tanto pensaba mal acerca de los lentes… ¿Por qué pensaba tanto en los de azul?
Sus aros plateados combinaban con su cabello, Jamil podía jurar que ambos resplandecían bajo el sol durante las clases de educación física. Si, era eso; el resplandor lo cegaba, por eso no podía dejar de mirarlo.
Hasta le daba un poco de gracia que sus lentes de laboratorio estuvieran medicados. ¿Era simple comodidad? O ¿Azul en verdad esta ciego? Se preguntaba mientras miraba encantado a Azul. ¿Era malvado hacer que sus lentes se empañaran cada 5 minutos? Si, quizás un poco. Pero sus gruñidos de desesperación y las maldiciones entre susurros valían la pena.
Fue aún más divertido cuando el bastón de Crewel cayo con un estruendo en el pupitre del prefecto.
-Pareces un cachorro ansioso Ashengrotto, ya quítate esos lentes.
Y azul ignorando las reglas de seguridad del laboratorio se los quito. Ahora fue una ardua tarea para Jamil aparentar que él estaba concentrado en su caldero, ver a Azul sin lentes era bastante raro. Todo cobro sentido para el vice prefecto de Scarabia.
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“No solo los usa porque este ciego” pensó para sus adentros “Si no para ocultar sus mejillas, quizás un poco rellenas para su gusto, pero con un lindo rubor, se asemejan a las manzanas de Epel. Grandes, rojas y dulces”
Su mano resbalo y dejo caer el cucharón al suelo.
“Que clase de pensamientos son estos” Se reprimió mientras tanteaba en busca de la cuchara, al menos podría usar este momento para ver como Azul sufre.
Sin gafas al parecer no podía leer la etiqueta de los ingredientes, cerraba y volvía a abrir los ojos tratando de enfocar. Oh pobre alma desafortunada, ¿Quién se apiadará de ti?
-Ha de verdad que no ves sin gafas-se burló Jamil arrebatándole cada una de las jarras que tenía en los brazos.
- ¡Oye! -Azul exclamo indignado
- Estas son raíces de mandrágora- comento devolviéndosela-Estas son alas de mariposa mantequillas-Coloco otra jarra en sus brazos. -Y por último estas son espinas de rosa. -Las coloco con un ligero thud en la mesa.
Una vez terminado el acto de caridad Jamil volvió a su puesto, dejando a un Azul estupefacto y con una deuda.
Quizás el vice prefecto se paso de la raya, la palabra caridad no existe en el vocabulario de ese pulpo. Lo tenía en el límite, no lo dejaba en paz con el pretexto de saldar las cuentas. Ya estaba acostumbrado a que su voz sirviera de ruido de fondo, pero ya era suficiente. A estas horas de la tarde cuando los rayos del sol bañan los pasillos no queda, quizás sea un buen lugar para quitárselo de encima.
-Se que tu benevolencia no tiene límites per…
-Dame tus lentes.
- ¿Disculpa? -Pregunto Azul incrédulo.
Con un movimiento rápido le quito los lentes a Azul. Este horrorizado solo permaneció en silencio. ¿Con que solo esto toma para callarlo? Lo tendré en cuenta.
- ¿Qué tal me veo? -Pregunto Jamil, acomodando los lentes sobre el puente de su nariz con el dedo índice, imitando a cierta persona.
- ¡Ahora te estas burlando de mí!
-No has respondido a mi pregunta. - reclamo quizás más divertido de lo que pensó.
-Se te ven bien. - Murmuro Azul apartando la mirada.
Satisfecho volvió a colocarle los lentes, aprovechando para despeinar su pelo.
-Tranquilo, a ti se te ven mejor.
Se volteo para dirigirse a Scarabia, si sus mejillas ardían lo mas probable es que fuera por el sol.
