Work Text:
Eric había salido del trabajo a las seis y media, todas las células de su cuerpo doliendo por el cansancio. Quería desesperadamente darse un largo baño, cenar algo caliente y dormir un año entero, cosa difícil considerando que tenía que trabajar a la mañana siguiente.
Sin embargo, y pese a su mejor juicio, había dejado que Speed y Calleigh lo arrastraran a un bar al otro lado de la ciudad. Trataba de limitar su consumo de alcohol esa noche, no necesitaba agregar resaca al cansancio que claramente arruinaría su día de mañana.
Su resolución no duró mucho, Speed hacía un trabajo excelente convenciéndolo de seguir bebiendo algo que vagamente recordaba como alguna clase de cerveza artesanal. Y para ser completamente sincero, agradecía el efecto adormecedor que, por lo general, le causaba el alcohol.
Su estado alcoholizado era suficiente justificativo para las decisiones que tomaría a lo largo de la noche. Empezando por acercarse a hablar con el lindo joven que lo observaba desde la barra y que parecía muy interesado él.
“¡Hey!” Dijo el desconocido contra su oído cuando Eric estuvo lo suficientemente cerca de él. Arrastraba un poco las palabras y un sutil aroma a whisky emanaba de entre sus labios.
Se preguntó, repentinamente, cuál sería el sabor de su boca. Pero apartó el pensamiento de su mente tan pronto como apareció. Era terriblemente inconveniente sentir atracción por alguien cuando se encontraba ebrio.
Eric no era un santo ni mucho menos, pero se negaba rotundamente a enredarse con alguien si el alcohol nublaba su juicio. Conocía de primera mano los resultados de situaciones parecidas y él definitivamente no quería acabar de ese modo.
“Hola, soy Eric.” Susurró, más cerca de la boca del chico que de sus oídos. Okay, la bebida ciertamente estaba haciendo un trabajo excelente como inhibidor de su ya cuestionable sentido común, pero joder, un poco más de autocontrol no estaría mal.
“Hola, Eric. Mi nombre es Ryan.” Su voz ahora poseía una cadencia cantarina, probablemente por el alcohol o por sus intentos poco disimulados de coqueteo, podía ver sus labios moverse tentadoramente mientras hablaba.
Diablos, real y malamente, quería besarlo.
‘Vamos, Eric, tú eres más que tus sentidos sobreexcitados por el alcohol y el calor de una nueva conquista.’
Su voz mental no estaba siendo de mucha ayuda, porque lo siguiente que supo es que su lengua está barriendo el interior de la boca del guapo desconocido, Ryan, si recordaba bien. Y el beso es caliente y húmedo y sus dientes chocan entre sí, mientras intentan comerse el uno al otro con sus bocas necesitadas, ardiendo de puro deseo.
Cuando sus labios se separan con un casi inaudible sonido húmedo, se siente ligeramente molesto consigo mismo, porque ya se había prometido no hacer ningún movimiento sobre el chico, no con el alcohol nadando en su sangre, pero no había podido hacer nada para ayudarse a sí mismo. Aun con eso, la molestia no se puede equiparar con el creciente deseo que crepita por todo su sistema.
Mira al chico frente a él.
Ryan se ve bien besado, con la respiración acelerada, las mejillas con un suave rubor, sus pupilas dilatadas y un aire de pura satisfacción rodeándolo.
Y se encuentra deseando, anhelando, besarlo de nuevo.
“Eso fue… caliente.” Ryan suena un poco sin aliento, su lengua se pasea suavemente por su labio inferior, humedeciéndolo con su saliva. Siente la imperiosa necesidad de sustituir la lengua de Ryan por la suya. Y, oh, definitivamente lo va a hacer.
“Lo fue, Ry.” Le sonríe, intentando imprimir en su voz el tono seductor y desenfadado que sabía funcionaba con todo el mundo, esperando que funcionara también con él. “Deberíamos repetirlo.”
Los ojos de Ryan se entrecierran, debe estarse preguntando si confiar o no en él. No lo culpa, apenas se conocen. Puede notar el momento en que toma una decisión, sus ojos adquieren un tono más oscuro, gracias a la dilatación de sus pupilas.
“Sí. ¿Por qué no?” Dice apenas.
Puede sentir la mirada de sus amigos en su espalda. Sabe que ellos lo acribillaran con mil preguntas cuando lo vean en el trabajo mañana. No está seguro de cómo lo hace sentir eso. Ya está considerado darse de baja mañana por una (inexistente) enfermedad, cualquier cosa es mejor que soportar a esos dos haciéndole preguntas incómodas.
Siente una suave presión en su brazo. Ryan ha estado sujetando su mano desde que se alejaron de la barra y caminaron directamente hacia las puertas del bar. Esa cálida presión es lo que necesitaba para recordar sus nuevos planes para la noche. El calor se precipita por todo su cuerpo con solo pensarlo. Sonríe.
Salen al frío de la noche, el aire golpea su rostro y despeja momentáneamente su cabeza. Aunque no lo suficiente como para darle una segunda mirada a su idea de llevar a Ryan a casa para hacer… cosas, muy buenas cosas.
Toman un taxi, porque Eric está caliente, pero no es suicida. Podría haber mandado su resolución de no enredarse con nadie volando por una ventana aquella noche, pero eso no significaba que se mataría tras un volante simplemente porque quería joder los sesos del guapo joven que iba sentado junto a él ahora.
Ryan se duerme un poco en el camino. Y Eric se siente repentinamente dudoso de lo que está haciendo. Sabe que, si el chico no despierta, lo que sea que estuvieran planeando hacer quedará olvidado. Él no va a forzar a nadie a nada.
Llegan a su casa, y Eric deposita suavemente el cuerpo medio inerte de Ryan en su sillón favorito. Lo admira por unos breves instantes, catalogando todo lo que ha visto de él, todo lo que sabe de él (muy poco, en verdad).
Ryan tiene el cabello castaño oscuro, se pregunta cómo se vería si el sol brillara sobre él.
Sus ojos, notó antes, son de color avellana, con los tonos verdes resaltando sobre los tonos cafés. Y Eric está muy seguro de que podría mirar esos ojos por horas.
Borra eso, es un pensamiento extraño.
Su cara posee líneas suaves, lo que significa que debe ser bastante joven, no más de 25 años. Intenta no pensar mucho en ese particular, con sus 29 años recién cumplidos, estar con alguien tan joven lo hace sentirse un poco incómodo, pero no lo suficiente, no lo necesario.
El cuerpo de Ryan es más pequeño en comparación con el suyo, y eso presiona todos los botones correctos en Eric. Además, está claro que el chico se ejercita si el pecho y estómago definidos que sintió bajo su ropa tienen algo que decir al respecto.
Sus labios son suaves, finos y están ligeramente enrojecidos, producto de su sesión de besos en el bar. Recuerda de manera muy vívida como la lengua de Ryan succionaba la suya, eso se había sentido tan bien. ¿Se sentiría igual de placentero tener su boca envuelta alrededor de su-?
Se interrumpe abruptamente.
Okay, basta.
Eric se da cuenta, tardíamente, que hacer una exploración corporal de Ryan cuando el chico en cuestión está acostado en su sofá no es exactamente una buena idea. Todo el calor y deseo acumulados viajan peligrosamente hacia el sur, haciendo a cierta parte de su anatomía endurecerse.
Toma unas cuantas inhalaciones profundas intentando, sin mucho éxito, enfriarse. Todo lo que quiere es que Ryan despierte y poder tener la oportunidad de poner sus manos sobre su cuerpo. Muere con la necesidad de tocar, besar, lamer, chupar y, posiblemente, empujar o ser empujado sobre la superficie plana y horizontal más cercana.
Ahora planeaba huir al baño, a tomar una ducha helada o a ocuparse de sus asuntos, lo que sucediera primero. Mientras más trataba no pensar en nada sexual, su mente estaba más que a bordo con los pensamientos obscenos, demasiado ocupado evocando e imaginando escenarios en donde él y Ryan eran los protagonistas de una obra no apta para todo público, para ningún público en realidad.
Suspiró, no sacaría nada torturándose así. Le dio una última mirada a Ryan y escapó a su habitación.
Consiguió una manta y una almohada, volvió a la sala y acomodó a Ryan lo más suavemente que podo para evitar despertarlo, se veía realmente pacífico.
Lindo.
(Ignoraría que ese también era un pensamiento extraño.)
Despertó con la alarma de su teléfono sonando atronadoramente en la quietud de su habitación. Debían ser las seis de la mañana, y si había contado bien, había dormido aproximadamente cuatro horas.
Francamente, no se sentía en el mejor estado para ir a trabajar, y menos tan temprano. Pero él tenía gastos que cubrir. Era trabajar o vivir con su hermana mayor y su esposo, y definitivamente Eric no viviría con el hombre que había sido su jefe.
¡No, señor!
Un fuerte golpe lo sacó de sus cavilaciones. Sintió todo su cuerpo entrar en tensión. ¿Habían entrado a su casa? Trató de recordar todo lo que había aprendido sobre defensa personal.
Salió de su cama y de su habitación lo más silenciosamente que pudo. Moviéndose por su casa hasta la sala, lugar de donde creía haber oído el golpe.
Se quedó repentinamente paralizado.
En el suelo de su sala estaba un chico, muy guapo y casi desnudo, cabe agregar, tratando de zafarse con desesperación de la manta que limitaba sus movimientos.
Todo quedó en silencio cuando el sujeto se dio cuenta de que lo estaba mirando. Alzó su cabeza lo más suave que pudo y fijó sus ojos en él.
De pronto, los eventos de la noche anterior se reprodujeron en su cabeza como un video borroso y con pésimo sonido.
El chico guapo que lo miraba desde la barra.
El chico de profundos ojos verde avellana que había besado como si su vida dependiera de ello.
El chico que había traído a su casa.
Ryan.
Sintió como los latidos de su corazón se aceleraban mientras la sangre llegaba hasta su cara y la coloreaba de rojo. Sus manos temblando, al igual que sus rodillas, dios, necesitaba sentarse o apoyarse en algo pronto.
Había olvidado por completo que había dejado a un Ryan dormido en su sofá después de haber llegado a su casa en la madrugada.
Ryan debía estar recordando lo mismo, su mirada pasando de asustada a confusa, para asentarse en una expresión de renuente reconocimiento. No se veía muy contento, tal vez un poco incómodo.
Eric se debatía entre hablar o escapar de vuelta a su habitación, para poder enloquecer con calma en soledad. Por desgracia no podría hacer eso. No podía simplemente irse y dejar a Ryan solo. Y para ser sincero consigo mismo, quería hablar (sí, claro, hablar…) con él.
“Ahm…” Eric comenzó de forma incómoda y poco elocuente, la tensión palpable por toda la sala.
Ryan lo miró desde su sitio en el piso alfombrado, no parecía que fuera a moverse de allí en algún futuro cercano. Su cuerpo quieto por la tensión y el desconocimiento de lo que se supone diría Eric a continuación.
No estaba seguro de la proveniencia de toda aquella tensión, aunque podría tener que ver con el indiscutible hecho de que la presencia de Ryan en su casa no había sido precisamente planteada para tomar una taza de café por la mañana. Y ambos lo sabían.
“Bueno…” Eric empezó de nuevo, respirando suavemente. Ryan miró al piso y luego fijó su mirada en él. “Sé que no estabas deseando despertar en mi casa, o en mi sofá para el caso, y que probablemente te sientas incómodo como la mierda. Pero-”
Ryan interrumpió su monólogo con un sonidito estrangulado. Pasó de mirar a Eric a mirarse a sí mismo, como si acabara de notar que no traía la mitad de su ropa. Eric le había quitado la chaqueta, los pantalones y los zapatos para que pudiese dormir más cómodo. Se le cruzó por la cabeza que tal vez Ryan estuviera pensando que habían hecho algo anoche y por eso su repentino pánico.
“¡¿Por qué estoy desnudo?! No recuerdo la mitad de lo que pasó anoche. Dime, por favor.” Ryan soltó un grito de pura vergüenza, que se apagó rápidamente como un globo desinflado.
Eric se acercó a Ryan lentamente y se arrodilló frente a él, puso sus manos sobre sus hombros y los acarició suavemente, atento a cualquier signo de incomodidad por parte de Ryan por ser tocado, estaba intentando transmitirle un poco de calma al pobre chico. Ryan pareció agradecer el suave contacto sobre su piel cubierta por una fina capa de tela, ya que inmediatamente la tensión se drenó de su cuerpo.
Eric tomó una profunda respiración en respuesta, volvió a hablar.
“No hicimos nada, si es lo que te preocupa. Cuando llegamos anoche, tú seguías dormido y no tuve el corazón para despertarte, te veías confortable. Solo te quité los pantalones.”
Ryan suspiró de manera imperceptible, posiblemente porque tenía la confirmación expresa de que no habían hecho nada sin estar en sus cinco sentidos. Eso debió haberlo aliviado.
“Ya veo… Yo, uhm, me iré a mi casa, si no te molesta.”
Sí, el alivio de Ryan no duró lo suficiente si quería huir de allí. Eric se descubrió deseando que no se fuera, había algo en él que lo hacía necesitado de su compañía. Tal vez fueran sus ojos, que lo hacían lucir joven. O puede que fuera la energía que emanaba, demostraba vulnerabilidad y fuerza a la vez.
A Eric le parecía muy, muy atractivo.
No estaba dispuesto a dejarlo ir, aún. Bueno, tampoco quería obligarlo. Le invitaría a algo dentro o fuera de su casa, y esperaba que Ryan no se lo tomara a mal. En verdad esperaba que él aceptara.
“Me molesta.” No era eso lo que planeaba decir, está bien, no era así como quería decirlo. Ryan volvió a tensarse, se veía mucho más incómodo que cuando despertó y lo vio allí frente a él. Sus ojos brillando con algo entre la confusión y la ira.
Se corrigió rápidamente.
“Lo siento, no quería que sonara así. Me refiero a que me gustaría que te quedarás a desayunar, si no tienes nada que hacer hoy. O podríamos salir un día, si gustas.”
Observó cómo Ryan procesaba lo que decía, sus palabras tomando sentido en su cabeza. Sus manos sujetaban la manta que aún cubría su cuerpo y la subían sutilmente hasta cubrir su pecho. Miró a Eric, miró la alfombra negra que cubría el suelo, y luego volvió a mirar a Eric.
Eric aguantó la respiración mientras Ryan tomaba su decisión, odiando como lo hacía sentir la incertidumbre, como si sus huesos fueran a saltar de su piel.
“Mnn, creo que me gustaría desayunar contigo, sí.” Ryan le sonrió. Y esa sonrisa hizo que su corazón se saltara un latido. Si le preguntaran después, Eric negaría que esa sola muestra de felicidad lo había hecho sentirse especial.
Eric le sonrió de vuelta.
Una hora más tarde, mientras Ryan tomaba un baño, Eric llamaba a su trabajo para pedir permiso y ponía de cabeza su cocina para hacer un desayuno decente.
Cuando Ryan salió del baño estaba vistiendo la ropa que Eric le había prestado, el vapor de la ducha aún lo rodeaba y su cabello seguía húmedo. Eric ya había acabado de hacer el desayuno: huevos revueltos junto con tostadas, café y jugo de fruta. Además, agregó a su mesa de desayuno tarros de mermelada, mantequilla de maní y margarina.
Se sentaron a desayunar en un silencio agradable. Ryan se sirvió una taza de café y un par de tostadas recubiertas con mermelada. Mientras desayunaban, Eric decidió que quería saber más del chico sentado frente a él. Aún le parecía surrealista que sus planes de no estar con nadie la noche anterior acabaran con él llevando a un desconocido a su casa, y mucho menos esperaba estar desayunando con ese mismo desconocido.
Bueno, ya no tan desconocido.
Ryan, cuyo apellido era Wolfe, tenía 24 años y se había graduado hace un par de años. Era dueño de una cafetería en el centro de Miami, la había inaugurado recientemente, pero le estaba yendo muy bien. Era hijo único, y no estaba muy en contacto con su familia. Uno de sus tíos vivía en Miami, solía vivir con él cuando era adolescente.
No salía mucho a bares, incluso en sus días de descanso. Pero ayer sus amigos habían decidido que ya estaban cansados de que Ryan se negara a salir con ellos, así que lo secuestraron, básicamente, y lo llevaron al bar en el que se encontraron.
Ryan no era bueno con el alcohol, y cuando sus fantásticos amigos le dieron whisky, se negó a beberlo, pero su negativa no duró mucho. El alcohol quemaba su garganta y lo hacía sentir caliente por dentro. Estuvo bebiendo de manera ininterrumpida hasta que divisó a Eric al otro lado de la barra.
Y cuando Eric se acercó, Ryan estaba demasiado alcoholizado para detenerse a sí mismo de coquetearle, cosa que jamás había hecho. Él no tenía aventuras de una noche. Pero, de todos modos, lo siguió a la salida, muy consciente de que no iba a hablar con él, precisamente. Era solo que no previó el quedarse dormido en el camino hacia la casa de Eric.
Ahora entendía la razón del porqué se encontraba confundido y en pánico cuando despertó en su sofá. Ryan no acostumbraba beber, y definitivamente no acostumbraba seguir a personas que no conocía a sus casas para acabar teniendo sexo.
“Bueno, no salió como esperábamos, sin embargo, me alegro de poder hablar contigo de este modo.” Eric le dijo, mientras bebía un poco del jugo de fruta, francamente no sabía por qué lo había comprado, aunque admitiría que el jugo sabía bastante bien.
“Ya, también me parece agradable poder hablar contigo. Eres algo así como mi tipo ideal, y también eres muy simpático. En otras circunstancias, probablemente no me habría acercado. Pero estando tan borracho como lo estaba, no me detuve a pensar en que así no es como yo suelo actuar. Me alegra que te acercaras.”
Y luego Ryan sonrió, tan brillante, tan hermoso y tan malditamente tentador que Eric no pudo detenerse de jalar su camisa y besarlo hasta que sintió que se acababa el oxígeno en sus pulmones. Lamió su labio superior y dio un ligero mordisco, Ryan gimió suavemente y luego Eric lo soltó.
La mirada en los bonitos ojos de Ryan era definitivamente de deseo. Eric tragó, repentinamente demasiado consciente de que ahora ninguno de los dos estaba borracho o mínimamente adormilado. Ya no tenían ninguna excusa que sustentara sus acciones precipitadas e impulsivas.
Y luego estaban moviéndose, Eric estuvo sobre Ryan en menos de lo que duraba un respiro. Sus bocas juntas nuevamente en un beso abrasador, todos sus besos se sentían como fuego corriendo por sus venas. Sus manos tocando todo lo que podían alcanzar, acariciando y pellizcando.
No está seguro de cómo llegaron a su habitación, Ryan empujando a Eric sobre la cama y sentándose sobre su regazo, inclinándose sobre él y reclamando su boca de nuevo, el beso igual de potente que los anteriores. Sus labios se movieron hacia su mandíbula, mordió un poco y luego cubrió esa zona con besos húmedos.
Eric no era capaz de pensar con claridad, la boca de Ryan haciéndole sentir como si estuviera en el noveno cielo. Los jadeos salían de sus labios y sus manos sujetaban el cabello de Ryan en un agarre férreo.
“Mnn, sí, muy bueno… ¡Dios, Ryan!” Un grito ahogado escapó de los labios de Eric en el momento exacto en el que Ryan levantó su camisa y lamió sin cuidado uno de sus pezones, tan duros que simulaban ser pequeños guijarros cafés.
Sus respiraciones eran cortas y rápidas, el calor llenaba la habitación con muchísima rapidez, Eric invirtió sus lugares, posicionándose sobre Ryan y yendo directamente a besar su cuello, dejando marcas que serían difíciles de cubrir, no es que les importara eso en este momento.
La ropa iba desapareciendo conforme sus bocas y manos ansiaban más contacto. Cuando sus cuerpos se tocaron sin la presencia de la tela entre ellos, los gemidos salían de sus labios cuál si fueran gritos.
Luego todo se redujo a calor, deseo y pasión, llenando y cubriendo cada espacio de la habitación; los jadeos, gritos y gemidos, creando una sinfonía candente imposible de ignorar. Los nombres escapaban de sus bocas como una cadena de letanías que sonaban casi religiosas.
Cuando todo terminó y sus respiraciones volvieron a un ritmo natural, Eric podía sentir como su cuerpo caía lentamente en la inconsciencia. Pero él no quería dormirse aún. Sentía que debía hablar con Ryan, no estaba muy seguro de por qué le importaba tanto, no era algo habitual en él preocuparse por alguien con quien se acababa de acostar.
Tampoco era muy habitual dejar que sus acostones se quedaran en su cama cuando todo terminaba, pero no quería que Ryan se alejara, su cabeza encajada en la curva entre su hombro y su cuello, sus brazos y piernas enredados en el cuerpo de Eric, sin muestra de que fuera a moverse de allí.
Ryan ya estaba dormido, notó Eric. Por lo que su conversación tendría que esperar. Con suerte, Ryan estaría de acuerdo en continuar conociéndose.
Por ahora, solo dormiría junto a él. Sintiéndose demasiado cómodo como para que le preocupara nada más.
Por ahora, Eric se sentía extrañamente feliz.
