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Maldito autobús

Summary:

Una enojada Shoko debe tomar el autobús para reunirse con sus amigos, aunque parece que no será un viaje del todo tranquilo.
Oh no, otra vez no volverán a robarle.

#YoQuieroAMiBandera2023
#RetoRayoEsDeFanfics
#EsDeFanfics

Work Text:

Le dio su última calada a su cigarrillo para luego tirarlo a la acera y pisarlo con su zapato, suspiró mirando hacia el frente con impaciencia.

—Malditos idiotas, nada les costaba reunirnos más cerca —murmuró entre dientes observando la hora en su móvil.

La prominente figura del autobús se alzó a unas cuadras de distancia, acomodó levemente su cabello cuando este frenó frente a ella y subió rápidamente, buscando con la mirada un asiento vacío en medio del bullicio, pagó el boleto y se sentó en uno de los asientos del medio, el transporte comenzó su andar nuevamente.

Tanteó su bolsillo y comenzó a textearles.

“Voy en camino, más les vale que me esperen en la parada del autobús”

Giró los ojos al ver que Gojo le había contestado con emojis de pulgar arriba y una carita sonriente. Ella suspiró y se acomodó en su asiento, esperando con impaciencia su parada. Miró por la ventanilla el paisaje de la pequeña ciudad, admirando cada pequeña cosa que se aparecía frente a ella.

Sentía su cuerpo exhausto, las últimas semanas había estado entrenando muy duro, además de todo lo que debía de estudiar para ser doctora y mejorar su técnica maldita. Cerró sus ojos momentáneamente, quería descansar, pero a sus estúpidos amigos se les ocurrió reunirse, ya que según ellos “estos días parecían años de que no sé veían", al principio se había negado, pero luego la sobornaron con que pagarían el almuerzo, y para Shoko, la comida gratis era mucho más deliciosa, por lo cual se retractó.

Abrió sus ojos cuando el bus volvió a parar, observó de reojo como un hombre encapuchado y extrañamente sospechoso, comenzó a subir en este, despertando su curiosidad al máximo. Fue entonces que su corazón comenzó a latir rápidamente cuando este hombre sacó una pistola y apuntó al conductor, exigiéndole su dinero y móvil.
Por momentos el shock se apoderó de ella, un sudor frío la cubrió, pero rápidamente ocultó su teléfono bajo su muslo.

«Oh, otra vez no me pasará» —pensó decidida mientras sacaba del bolsillo de su falda un teléfono viejo y desgastado.

Espero impaciente a qué el ladrón llegara a su lado para exigirle que entregara su móvil; sin embargo, se quedó helada cuando este se acercó a ella y pudo ver que era un joven, quizás unos pocos años mayor a ella.

—Tranquila bombón, eres demasiado linda como para robarte —le dijo mientras sonreía con galantería, le guiñaba un ojo y luego huía con rapidez.

Quedó completamente desconcertada ante lo ocurrido, pasaron demasiadas cosas en muy poco tiempo que ni siquiera lograba procesarlo. En el instante en que el ladrón salió del bus, el chófer no tardó en volver a su recorrido con enojo.

Unos pocos minutos pasaron hasta que pudo vislumbrar a sus dos amigos esperándola en la parada, el transporte paró y ella caminó aun pensando en todo lo ocurrido, agradeció al chófer y bajó los escalones, se acercó a sus amigos quienes la saludaban con la mano desde lejos.

—¿Por qué tienes cara de que viste un fantasma? —Cuestionó Geto con burla.

—Subió un ladrón al bus y apuntó a todos con una pistola para que le entregaran sus pertenencias.

Las sonrisas en las bocas del pelinegro y el albino se borraron instantáneamente.

—¿Tú estás bien? ¿Te hizo algo? —Preguntó Satoru mientras Suguru la analizaba con cuidado, mirando cuidadosamente cada extremidad en busca de alguna herida.

—Estoy bien —respondió apartándolos—, no me hizo nada, ni siquiera me robó nada.

Ambos la miraron extrañados.

—Fue muy raro —dijo tocando su barbilla—, dijo que era demasiado linda como para robarme —recordó.

El lugar se sumió en silencio unos segundos hasta que las carcajadas de sus dos compañeros lo rompió.

—Seguro te vio la cara de estudiante agotada y le diste pena —se burló Satoru entre risotadas.

Shoko apretó sus dientes con enojo y le golpeó la rodilla con una patada.

—¡Ya deja de reírte!

Las carcajadas de Geto aumentaron aún más al escuchar los chillidos de Gojo ante el golpe de la castaña, no podía contener la risa mientras veía al albino retorciéndose de dolor.

—Ya vamos a comer —dijo intentando parar las risas—, nuestra pobre Shoko debe estar agotada y hambrienta —tomó el hombro de ella.

—Geto tiene razón, ya vámonos niña llorona —dijo mirándolo con burla para después caminar junto al pelinegro.

—Maldita enana —murmuró Satoru, aún adolorido, siguiéndolos.