Chapter Text
Era medio día en casa de Peter. Estaba preparando su cafecito mañanero junto a su carnal el Miguel O'Hara, su mejor amigo con el que se había graduado del Conalep hace algunos ayeres.
—¿Por qué traes esa cara de amargadote? —Peter preguntó con curiosidad, pues Miguel siempre se aparece por su casa con cara de culo, pero ese día más...y eso que Peter y él llevaban años de conocerse.
—Tú siempre tienes cara de pendejo y no te digo nada —Respondió Miguel con el ceño fruncido para después suspirar— ¿No te conté que ya estoy firmando papeles de divorcio con mi vieja?
—¿A poco?, Es que mira cómo la tratas, luego le eres infiel.
A Peter se le hacía tan raro que Miguel estuviera triste por su vieja, si a cada rato le montaba los cuernos.
—¿Qué vas a hacer?
Miguel le dio una mirada fulminante a su amigo, pues el vato odiaba que le recordaran sus pendejadas.
—pues nada, ¿Que le voy a hacer?, ¿Rogarle? —levantó una ceja— ni que fuera tú cuando te andabas queriendo separar de tu ruca.
—pues sí, pero yo sí quiero a mi ruca —Peter respondió, recordando cuando le llevó mariachis y le cantó canciones de Chente a MJ cuando andaban queriendo divorciarse— si no quieres divorciarte pos amárrala con un chamaco, así le hice yo.
—baboso, yo ya tengo tres chamacos y para colmo ya no quiere ni que me acerque a la habitación —Miguel suspiró frustrado, pensando en qué iba a hacer...— por cierto, ¿Por qué tarda tanto el pinche café?, No te sirve la estufa o qué.
Peter decidió ignorar su ultimo comentario, la verdad es que como que si se le estaba acabando el gas. Pero ese no era el tema principal.
—Pero, ¿Entonces qué?, Cuenta bien el chisme, ¿Ya te dijo por qué se quiere divorciar?
Realmente si quería saber que pedo, es bien chismoso y le cuenta todo a MJ cuando ya se van a dormir
—Ándale, dime —No pensaba dejar de chingarlo hasta que le dijera, parecía hasta chamaquito de prepa— Dime, dale, dime, dime
—Es que si te digo te vas a burlar de mí, ya te conozco —Se cruzó de brazos, rehusándose a contarle la razón ya que era bastante humillante.
Y para sorpresa de nadie Peter siguió insistiendo hasta que Miguel decidió ceder.
—Bueno...pero te juro que si dices algo voy a hacer que te den un levantón...—amenazó, pero ambos sabían que no era cierto, Miguel ni siquiera conocía a ningún narco o sicario como para andar haciendo esas mamadas.
—¡Pero ya dime! —Peter insistió, de todas maneras, no creía en sus amenazas, Miguel es un pendejazo y no es capaz de hacerle nada.
—Es que mi vieja dice que ya no se me para...—Miguel admitió con vergüenza y enojo de que Peter siguiera insistente— primero quise fingir que era por nuestros problemas de pareja, pero ya me descubrieron que soy joto...—no aguantó y cubrió su rostro con vergüenza.
Peter quedó atónito, no sabía si reír o sorprenderse, esperaba todo de Miguel menos eso.
—Pero, pero, le eras infiel con mujeres, ¿Cómo lo descubrió?, Y ¿Por qué no me contaste?
—¿Qué le era infiel o que soy joto? —Miguel levantó una ceja olvidándose de la vergüenza por un momento— me encontró con una cariñosa que tenía "rifle"...
Peter no se aguantó la risa y soltó una carcajada.
—No mames, no creí que tuvieras esos gustos —dijo entre risas, casi limpiándose una lagrimita, pero por estar hablando con Miguel se le olvidó que estaba cuidando a su bebé— ¿Y Mayday?, ¡Mayday!
—Pendejo...¿Como chingados no vas a saber dónde dejaste a tu chamaca? —lo regañó y se levantó de la silla para ayudar a su amigo a encontrar a la pequeña Mayday.
—Es que siempre desaparece, es muy independiente —dijo mientras sacaba a su bebé de debajo de la mesa— mírala, ¿No es linda?, No sé por qué no quieres tener otro chamaco.
Miguel suspiró aliviado al ver que encontró a la niña.
—sí, sí, es bonita...ya es la quinta vez que me la presumes hoy, ¿Qué no tienes más personalidad? —se cruzó de brazos y tomó aire para responder su pregunta— una vez que crías a tres huercos de casi la misma edad al mismo tiempo te das cuenta que tener otro chamaco no es una opción...de seguro tú andas bien agusto porque le puedes dejar encargada tu chamaca a tu hijo el negrito bimbo.
—No le digas así a Miles.
Ha notado como Miguel tiene cierto desprecio por su hijo, no entiende por qué, si a Mayday no la trata así, ni habla mal de ella.
—Oyes, mi huerco anda muy pegado a tu hija, ¿Verdad? —Peter hizo este comentario porque era temprano y Miles estaba afuera con Gwen
—Si...la verdad vine a hablarte de eso— Miguel se cruzó de brazos tomando una postura más imponente, mostrando que esta vez iba a hablar en serio— mira Peter, a mí se me hace que tu chamaco anda queriendo pretender a mi hija.
—Son lindos ¿No?, Me recuerda a cuando MJ me iba a ver a mi casa cuando éramos chavos.
Peter pensaba que su hijo es heterosexual y quiere con Gwen, hasta espera que le salgan con un embarazo adolescente, así como típicos chamacos calenturientos.
—¡Claro que no!, Mi hija no va a andar con tu chamaco miado —Miguel frunció el ceño negándose rotundamente, no quería ser abuelo tan pronto, ni mucho menos quería que le rompieran el corazón a su hija.
—¡Oye!, Es mi chamaco miado.
—Ella va a ser monja o lesbiana, no se va a casar con cualquier cabrón...los hombres son todos iguales
Peter levantó una ceja, pinche Miguel, estaba bien raro de sus facultades mentales.
—Pues no puedes obligarla, si ella quiere algo con mi chamaco no vamos a decirles que no, ya no estamos en los años 30.
—No digas mamadas Peter, yo no quiero ver a tu huerco cerca de mi hija, no tiene permiso de tener novio, y mucho menos si el novio es tu hijo —Miguel siguió negándose— preferiría que mis hijos salieran todos homosexuales antes que eso, no quiero ser abuelo.
—Pero no puedo decirle que deje de ir a verla, la quiere mucho, son niños, si les decimos que no, se van a escapar —Peter explicó mientras le daba su papilla a Mayday, le gustaba cuidar a sus hijos y ser amo de casa, y de verdad le caía mal que Miguel dijera cosas feas de su familia.
—Pues será porque tu hijo es un mal ejemplo y no lo supiste criar —Miguel respondió escéptico— de seguro eres de esos señores que no le pegan a sus hijos y dejan que hagan de todo, que hueva.
—Mi hijo no es mala influencia, ¡Gwen siempre le ha enseñado a hacer travesuras!, Hasta le enseñó a pelear para defenderse.
Miguel suele hacer enojar a Peter con esos tipos de comentarios, pues se supone que son amigos, pero es muy grosero.
—¡Y a los niños no se les pega!, Pobrecitos tus chamacos.
—Tú que vas a saber de criar chamacos, si tu hijo de seguro va a crecer para ser un drogadicto, infiel y alcohólico —Miguel respondió molesto— bueno el punto aquí es que yo quiero que le pongas un alto a tu chamaco, porque ya no va a ser bienvenido en mi casa si sigue andando con esas intenciones.
Peter lo miró de arriba a abajo.
—No eres el indicado para decirme eso, ya, mejor vete a tu casa a cuidar a tus chamacos para que no se hagan drogadictos.
—No aguantas nada, ya me voy, ni siquiera me serviste café, culero —rodó los ojos y salió de casa de Peter.
Siempre que se juntaban terminaban así, pero siguen siendo amigos después de todo.
Caminó en dirección a su casa, que por cierto era la más nais del barrio, porque a Miguel le pagaban bien en la farmacia similares.
Pasó al lado de la tortillería porque se le antojó comprarle unos burritos a doña Lupita. Y justo cuando andaba haciendo fila, se encontró con que la doña andaba peleando con un pendejo que no le quería pagar.
Aquella persona que no le quería pagar era un muchacho que recién se había mudado al vecindario, sus papás lo habían corrido de su casa y tuvo que mudarse a un lugar que pudiera pagar con lo que le quedaba.
Resulta que este tipo estaba comprando las tortillas y ya a la hora de pagar se dio cuenta que le faltaban 5 pesos.
—Ándele, no sea mala, solo esta vez, es que no traigo más —el muchacho le rogó.
—no, si no soy pendeja hijo, si te lo acepto me vas a andar pidiendo fiado a cada rato —La doña le respondió casi arrancándole las tortillas de la mano.
El tipo estaba a nada de llorar, antes era niño mimado y ahora tiene que andar rogando por unas tortillas.
Miguel rodó los ojos, era imposible que ese tipo estuviera llorando por unas tortillas
—no se apure doña Lupita, yo le pongo lo que le falte —Miguel se metió para defender a ese pobre muerto de hambre
—¡Gracias, señor! —Agradeció el tipo, que por cierto llevaba una camiseta con unos dibujos de legos —se lo pago cuándo lo vea de nuevo —Y sin decir más el joven se fue con sus tortillas.
Miguel nomas se le quedó viendo y le pidió sus burritos de machaca a doña Lupita.
—Estos jóvenes de hoy en día...¿Como se les ocurre ir a la tortillería sin dinero? —se quejó como todo buen papá luchón generación de cemento
