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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-07-12
Words:
984
Chapters:
1/1
Comments:
1
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55
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1
Hits:
309

champagne problems

Summary:

Roier huye de su boda con Cellbit porque no parece estar preparado, o porque simplemente su corazón le pertenece a alguien más.

Work Text:

Roier está sentado en el sofá de la casa que comparte con Jaiden, siente como si la corbata le ahorcarse cada segundo que pasa y decide aflojarla mientras reflexiona sobre lo que ha hecho. Se siente confundido y un dolor intenso en la tripa no para de incomodarlo, está sudando por todo lo que ha corrido desde el altar hasta ahí.

Suspira y cierra los ojos, sosteniendo el tabique de su nariz entre sus dedos. Por qué, se pregunta, por qué corrió y huyó cuando estaba a minutos de casarse… no lo sabe, no entiende por qué razón sus piernas lo obligaron a irse cuando Maximus le preguntó… ¿qué le había preguntado? Roier ya no se acuerda y lo prefiere así.

—Perdóname, Cellbit, —susurra él en medio de todo el silencio que había. Sus ojos pican y, sin quererlo, una lágrima baja por su mejilla.

Se suponía que él amaba a Cellbit, entonces… ¿por qué? ¿Por qué sintió como si estuviese haciendo algo incorrecto cuando vio los anillos de bodas encima de la almohadilla que sostenía Richarlyson? ¿Por qué sintió una presión en su pecho ante la idea de estar oficialmente casado con Cellbit? ¿Por qué? ¿Por qué? Y, ¿por qué?

Piensa en Bobby, su hijo, y en como él hubiese querido que se casase con alguien que amaba… y Roier amaba a Cellbit, pero simplemente algo no encajaba. Llora más pero ni un solo hipido sale de sus labios.

Su pecho sube y baja lentamente, sus pensamientos pasan en cada memoria que tiene del brasileño y se siente triste. Triste porque lo más seguro es que Cellbit ahora lo odia, nadie se recupera de que te dejen plantado en el altar… aunque no puede seguir imaginando qué hubiese pasado si él estuviese en el lugar de su prometido porque unos toques en la puerta lo distraen.

—No ahora, Jaiden… —murmura lo suficientemente alto para que la chica lo escuche y trata de secar los rastros de llanto de sus mejillas.

—Soy Spreen, —el acento argentino es irreconocible y el corazón de Roier da un vuelco. —Salí —le dice él y Roier duda durante varios minutos, que para Spreen parecen ser eternos. —Dale, boludo, no tengo todo el día.

Se para del sofá y con pasos arrastrados abre la puerta, viendo a un Spreen sin gafas y una flor moribunda en su mano y eso hace que una pequeña sonrisa aparezca en la cara penumbrosa de Roier.

—Me enteré que te casas y-

—No, ya no —hay un tono casi desesperado en esas tres palabras, como si aclarárselo fuese una necesidad.

—Ah.

Un silencio se instala entre ellos y Roier por unos segundos puede notar que un apenas notable sonrojo aparece en el rostro pálido de Spreen.

—Bueno, toma —él le extiende la flor y Roier suelta una risita que sale casi como un lloriqueo, ese tulipán no tiene nada que envidiarle al ramo de rosas rojas de Cellbit. Pero para Roier parece haber crecido un cálido sentimiento cuando la toma, soltando un suspiro cuando sus dedos rozan contra la piel de Spreen.

—¿Por qué?

—¿Qué?

—¿Por qué no te casas? ¿A vos no te gustaba Cellbit?

Y Roier se pregunta lo mismo. ¿No se suponía que a él le gustaba Cellbit? ¿No se suponía que el día anterior no podía dormir de la emoción?

—Yo… no lo sé —y se derrumba, su llanto descontrolándose como cascada en una montaña. —Se supone que esto era lo que Bobby quería… yo no sé por qué, Dios…

—¿Era lo que vos querías? —Spreen no sabe cómo reaccionar a las lágrimas de Roier, simplemente pone su mano en el hombro de él, apretándolo suavemente.

—Yo lo amo…

—¿Pero de qué forma? —su pregunta va más allá del consuelo y el tratar de relajar a su amigo, su curiosa derramándose como copa de champagne.

Roier piensa en esas palabras y se queda callado, el toque de Spreen en él relajándolo. Él se cuestiona si el amor que le tiene a Cellbit es en verdad romántico y eso lo hace llorar más, hacerlo pasar por toda la humillación de rechazarlo en frente de todos… Roier no se lo perdona.

—No sé… —dice finalmente, sorbiendo su nariz para evitar que mocos caigan.

—Ah.

Roier no puede evitar reír ante la respuesta tan simple de Spreen y eso hace que el híbrido de oso sonría.

—¿A qué venías? —él trata de cambiar de tema, no queriendo sentir la culpa y el dolor en sus hombros más de lo que ya sentía.

—Eh… a felicitarte —Spreen miente y sus nervios salen y burbujean como gaseosa, pero por suerte Roier no lo nota. —… no te sientas mal.

Roier levanta una ceja y Spreen alza sus hombros, negando con la cabeza.

—No sé consolar. Solo, no te mates con eso de que no andas seguro con tus sentimientos, a mí también me pasa y… y eso está bien, no pasa nada. Somos libres al final del día sobre qué sentir o no y no debes obligarte a que te guste Cellbit solo porque sí.

Spreen no conocía a Cellbit, apenas y estaba en la isla Quesadilla y lo que sabía era gracias a lo que le contaban Ramón o Fit.

—Lo entenderá —lo dice con una seguridad y ni siquiera él sabe si el brasileño será tan comprensivo, pero quiere ponerle fe y tratar de calmar a Roier.

—Gracias —dice Roier y, de pronto, lo abraza con una intensa necesidad. Se sentía más seguro y feliz entre los brazos del argentino y eso lo hacía olvidar sus problemas.

Spreen se queda callado y corresponde al afecto con cuidado y no sabiendo cómo reaccionar, dando palmadas a la espalda de él.

Se separan y hay algo en medio de ellos que los hace sonreírse, despidiéndose con la mirada porque aunque saben que quieren estar más tiempo juntos tienen que organizar primero sus sentimientos y pensamientos…