Chapter Text
Está en un dilema; debe tomar una decisión pronto antes de que todo se vuelva más incómodo de lo que ya estaba siendo.
Confundido, quebrandose la cabeza en mil y un soluciones para salvar su relación que, si bien al principio era perfecta, ahora comenzaba a romperse frente a sus ojos.
"Es lo mejor para ambos." Se anima, mirando el chat de su chica (con la que no ha hablado desde hace un par de semanas) intentando tomar fuerzas para llamarla.
"Vamos, todas las relaciones tienen sus problemas y malos ratos. ¡Todo se puede solucionar con comunicación y confianza!" pero...
¿Qué tan válido es que él sea el primero en darse por vencido?
El semestre ha sido una montaña rusa de emociones donde se ha sentido tan distante e incómodo como si la vida se empeñara en sacarlo pronto del radar de Himeno apuntando a una dolorosa ruptura.
Sus pláticas se volvieron un teléfono descompuesto por mensajes que no siempre leían y llamadas perdidas que terminaban en un: "te llamo cuando llegue a mi dormitorio."
Comenzaba a ser agotador.
"¿Qué tan valido es romper el corazón del amor de tu vida solo por cobardía?"
Aki sabe que Himeno se merece mucho más de lo que él podía ofrecerle; para empezar Aki no es capaz de ver su vida fuera de Japón, al contrario de Himeno quien, una vez salió la convocatoria el semestre pasado para el intercambio a Europa, no titubeó ni un momento para apuntar su nombre postulándose y ganando dicha beca meses después.
Prometieron mantener una relación a distancia: con llamadas y mensajes veinticuatro siete; al principio estaba bien, Aki podía con eso, hasta que las llamadas comenzaron a postergarse, consumiéndose en sus agendas académicas junto a sus vidas sociales y el cambio de horarios que no les permitieron acordar una hora para charlar siquiera.
Todo era un desastre y Aki no podía seguir siendo un hipócrita recitando un "Todo está bien." Cada que sus amigos le preguntaban por su relación
Y es que, ¡Maldita sea!
Se supone que está en sus mejores años ¡Los gloriosos veintes están en sus narices y Aki siente que no los está disfrutando como debería!
"¡Maldita mierda! ¡Yo debería estar celebrando con mis amigos el fin de semestre! Planeando a dónde ir en navidad con Himeno en vez de pensar en terminar solo porque soy un maldito cobarde."
Una brisa invernal azota su rostro helándolo hasta los huesos a pesar de llevar la enorme chamarra negra a juego con el par de guantes que le regaló a Himeno el invierno pasado.
El arrepentimiento comienza a hacerse de presencia, dudando en su decisión de nueva cuenta.
Aki suspira, está siendo egoísta; no debería pensar en terminar ahora sin intentarlo de nueva cuenta. Tal vez si se fijan un horario y se comprometen a cumplirlo su relación prosperara, ¿Verdad?
Frustrado, sintiendo como poco a poco caía en la locura, guarda su rostro entre sus manos con la esperanza de calmarse un poco hasta que un fuerte quejido llama su atención:
— ¡Dios mío, estoy agotado! — Grita un chico pelirrojo dejándose caer con los brazos abiertos sobre el respaldo de la jardinera. — Juro por Dios que voy a matar al idiota de Beam cuando lo vea, ¡Estas alas son insufribles!
Aki mira perplejo al chico quien pelea con las enormes alas en su espalda, dejando una cesta de mimbre en medio de ellos.
El chico suelta un sonoro estornudo y es justo cuando se cubre con el antebrazo que nota que Aki lo mira confundido.
— ¡Oh, lo siento tanto! No me percaté que alguien estaba aquí, — grita el desconocido agitando sus brazos al frente. — ¡Discúlpame por favor! Estoy siendo un desastre y estás malditas alas han comenzado a sacarme de quicio, ¡Pesan como veinte kilos! Y mi cabello se ha llenado de diamantina por la aureola. Es un martirio.
Aki le sonríe comprensivo encontrando un poco tierno la forma en la que se queja.
— ¿Puedo ayudarte en algo? — Pregunta Aki interesado.
— Oh, no te preocupes. Solo estoy tomando un breve descanso. No está siendo mi día. — Responde el desconocido relajando su espalda, cerrando sus ojos un momento.
Aki asiente hasta que el zumbido de su celular le regresa a su dilema.
— Sí, tampoco está siendo mi día...
El pelirrojo lo mira curioso; examina discretamente al pelinegro quien respira hondo antes de escribir algo en la pantalla, puede notar como sus manos comienzan a temblar y no está muy seguro si es por el frío o está nervioso.
— Y... ¿Yo puedo ayudarte en algo? — Pregunta el chico con voz suave.
Aki mira asombrado al hombre quien lo observa con una sonrisa amistosa.
"Realmente parece un ángel..."
— Es solo que, debo hacer algo, pero creo que estoy siendo un poco egoísta. Estoy comenzando a arrepentirme. — Aki contesta cabizbajo.
— Sabes, no sé qué sea lo que te preocupe, pero pienso que deberías hacer lo que tu corazón crea que es lo correcto. A veces la intuición es buena tomando consejos para ayudarnos a crecer y tomar nuevas oportunidades. — Aki mira asombrado al hombre quien rápidamente agrega. — O bueno eso es lo que pienso. Estudio en el área de artes, suelo ser bastante sentimental en ocasiones.
El muchacho sonríe nervioso mientras que Aki suelta una leve carcajada por lo bajo.
— Es un buen consejo, gracias.
— No hay de qué, espero que las cosas se solucionen pronto, ¿am...?
— Aki Hayakawa estudiante de derecho. — Estira su mano frente a él, presentándose.
— Ángel.
Sus manos se cierran en un apretón de manos y Ángel puede jurar que una extraña chispa le recorrió toda su espalda hasta la punta de sus pies.
— Bueno, creo que debería irme. — Ángel se levanta de su asiento, estirando sus brazos sobre su cabeza. — Aún tengo que entregar estás invitaciones, tengo un largo camino por recorrer aún. — Sonríe tomando su cesta, mirando a Aki quien asiente. — Sabes, creo que deberías acompañarnos.
— ¿Yo?
— ¡Claro! Creo que te puede ayudar un poco como distracción. — Pronto, Ángel le estira un sobre. — Es una mini galería de arte y show; mis compañeros están exponiendo sus trabajos y, al final del evento, mi grupo y yo haremos una parodia de la pastorela tradicional. Por favor, si decides acompañarnos, no olvides tu invitación, son cupos limitados.
Aki agradece la invitación con la promesa de asistir al evento y es entonces cuando Ángel se despide yéndose por el mismo camino del que llegó.
"A veces la intuición es buena tomando consejos para ayudarnos a crecer y tomar nuevas oportunidades..." Piensa ahora más optimista.
Sonríe más relajado, vuelve a tomar aire y aprieta el icono de llamada en el chat de Himeno.
Pasan dos pitidos hasta que la chica contesta y Aki recita un "tenemos que hablar" levantándose de la banca, caminando del lado contrario al que Ángel llegó.
