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Flor del ande / Flor de trigo
Su hija se peina con desgana, ni se hace trenzas como le pide la mama. Solo se coge el pelo largo y se pone un vestido medio limpio. Parece imagen de una virgen de iglesia pobre, con esa cara de sufrida. De guagua le gustaba ir a l’era para ver como trillan las yeguas. Aplaudía cuando hacían correr a los caballos, se acuerda. Ahora puro tuerce los ojos, a las niñas que hacen mala cara los pretendientes ni les buscan. Por eso Fresia ahora está sola y lo mismo le va tocar a su guagua.
A su hija no le importa quedarse a vestir santos “mejor que desvestir borrachos” le dice. Para todo tiene respuesta, eso es de tanto ir a la escuela y leer. Fresia está orgullosa de su hija: las monjas le pagaron una escuela cara de lo aplicada que es y que es maestra. Pero ni por esas le buscan los hombres. Uno que le busó, era un argentino pobre pero guapo que ella ni le hizo caso.
Fresia es dura, pero se ha tenido que volver así perra por su gente, por su hija. Su guagua en cambio no le gusta mucho la gente, solo está contenta cuando lee. O cuando está con su amiga, una colla de ojos grandes que le dice que viene del Norte. “Bien, bien al norte” dice la Pancha , misteriosa, los ojos grandes y negros siempre tranquilos. Con ella su hija deja de parecer una estatua, alta, blanca, grave se ríe como las niñas hacen con sus amigas y ella nunca ha hecho. Le coge la mano apretando fuerte y le cuenta cosa al oído. La morenita le sonríe “tóquese algo” pide y su hija coge la guitarra que le dio el gil del papá y toca el el arroyito perfumado, el caballo blanco. Le mira los ojos “mira que la vida es triste, y tu cantar me alegra el corazón”. La morenita habla bajito y canta sanjuanitos y albazos tristes pero en un carnaval la vio bailando una guaracha, moviendo las caderas y levantando los brazos, la Manuela la miraba fijo, fijo.
Sabe que su hija le va a poner mala voluntad a cualquiera que le presente. Porque su amiga le fue a ver al andén, con una camisa bordada de rosas y le pone da un envuelto con humitas. Su hija se quita el copihue del pelo rosado como sus mejillas, se lo entrega a la morenita en agradecimiento y le besa cerca de la boca. Fresia no es gil y sabe que los nietos ni pa’esperarlos, no hay gavilán por perro que sea que le quite a su hija del encanto de esa palomita andina.
