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Una gran multitud llenaba el gran estadio ubicado al centro de la ciudad de Tokio; estaban enardecidos porque verían al mejor boxeador de los últimos diez años: Bakugo Katsuki, más bien conocido como Dynamight luchar nuevamente.
El cenizo se había hecho famoso durante sus años de preparatoria, cuando entrenaba arduamente y participaba en exhibiciones organizadas por el entrenador apodado Best Jeanist, otro gran peleador influyente que ocupaba el top cinco de los más talentosos durante su época.
El tener contactos le permitió que los grandes organizadores de peleas pusieran sus ojos en él, aludiendo de que era una joven y gran promesa en el mundo del boxeo; sus suposiciones no fueron erradas ya que actualmente ocupaba el puesto número uno del ránking de peso mediano y se enfrentaría por el título mundial, aquel que siempre quiso obtener y quien lo poseía actualmente era nada más ni nada menos que su amigo de la infancia: Izuku Midoriya, quien a su vez era su clásico rival ya que ambos se enfrentaban con frecuencia por la obtención de algún título.
Aunque el rubio no lo desease admitir ni en su lecho de muerte, se sentía orgulloso que el peliverde sea quien le haga que tener que superar su mayor aspiración, ya que ambos eran rivales amistosos, siempre prometiéndose que se vencerían y arrebatarían el título mundial.
A unos metros del ring, en la tribuna reservada para familiares y amigos de los competidores; se encontraba la prometida del rubio cenizo: Ochaco Uraraka.
Al principio no le agradaba mucho el tipo de deporte que su novio practicaba ya que siempre tenía miedo de que le dieran un mal golpe y terminase con serios problemas de salud, incluso la muerte, en caso de que el golpe fuese en su rostro.
Aún así, luego de innumerables y profundas conversaciones que tuvo con su pareja acerca de su preocupación, él le prometió que no se dejaría vencer tan fácil, que después de todo, él era el número uno, pero sobre todo, después de cada pelea, el siempre volvería a ella y compartiría su victoria como si fuese de los dos.
Dicha promesa le trajo tranquilidad: igualmente eso no evitaba que un sentimiento de inquietud se alojara en su corazón, temor de que algo malo le pasase: ella se prometió disfrutar cada combate y si algo malo pasaba, no sentiría ningún tipo de remordimiento ni arrepentimiento de no haber disfrutado del cenizo, como dice el dicho, vive hoy como si fuese el último día.
De repente sintió cómo sus mejillas se teñían de un color rojizo al descubrir que su pareja la miraba fijamente, intensidad desbordando de esos ojos color carmesí; esa mirada que siempre le daba antes del sonido de la campana que daba comienzo a la pelea, diciéndole que esa victoria sería dedicada para ella, como todas las que había obtenido hasta ese momento.
La castaña le sonrió, transmitiéndole su ciega confianza en que obtendría ese ansiado título y sería el mejor de todos los tiempos, solo rogaba que no quedase muy lastimado; en ciertas ocasiones, le dolía el corazón ver lo magullado que se encontraba, con moretones y músculos adoloridos, sin embargo, ella era quien siempre se encargaba de darle los cuidados posteriores, el rubio siempre se lo compensaba y Ochaco no podía estar más feliz por todo el amor y agradecimiento que recibía de su parte.
Volviendo al presente, el enfrentamiento había comenzado y el combate ya se encontraba muy reñido entre ambos; lograban esquivar los golpes del contrario y los que acertaban eran solamente roces. La castaña le brindaba todo su aliento y el rubio podía distinguir su voz entre todo el tumulto del público
-Tsk, siempre alentando por mi, mejillas?- murmuró mientras esquivaba un golpe de Izuku, sintiendo como se inflaba su orgullo al saber que su novia y futura prometida, siempre estaba con el. -Pues esta maldita será para ti, cara redonda- agregó con una sonrisa torcida.
Luego de varios rounds, el cenizo logró vencer por primera vez a Midoriya, y así lograr el ansiado título que tanto había deseado.
En el momento de su premiación, un entrevistador se acercó a su lado para hacerle algunas preguntas con respecto a cómo se sentía respecto a la obtención del título luego de tanto de sudor y esfuerzo.
-Dígame, joven Bakugo, a quien quiere dedicarle este triunfo tan esencial y especial?- preguntó un hombre de mediana edad.
-Se que todos los boxeadores le agradecen a sus amigos y familiares, pero en mi caso,sólo una persona: a mi novia y futura prometida- anunció dirigiendo su mirada a la tribuna, cruzándose con los ojos avellana de la castaña, quien ya se encontraba muy sonrojada debido al inesperado "futura prometida" del rubio ya que nunca habían hablado de sentar cabeza como pareja.
Al ver hacia dónde se dirigía la mirada del cenizo, todas las cámaras apuntaron a Ochaco y su imagen se vió en pantalla grande del estadio.
-Señorita, ¿puede hacernos el honor de venir aquí al ring?- preguntó amablemente el presentador.
La prensa sabía acerca de la relación que tenía el cenizo, pero por mero pedido de él, ella mantuvo un perfil bajo, no quería exponerlas al mundo del boxeo; ya que sabía él el ambiente no era el mejor para una chica pura como ella. Por esa razón, le sorprendió cuando se puso de pie y se dirigía al escenario; después de todo era la primera vez que saldría en los medios.
En el momento que subió las escaleras para ingresar al ring, una amplia sonrisa triunfadora se plasmó en la cara del cenizo, nunca quitando sus ojos carmesí de los de ella y, en el momento en que ella se colocó a su lado, giró su cabeza para darle un beso en su mejilla, o eso quiso hacer ver ya que en realidad su idea era otra.
-Esta victoria es para ti, mejillas.- dijo en un susurro apenas audible para la joven, lo que causó que sus mejillas regordetas se tiñeran de un rojo intenso, pero todos pensarían que sería por la muestra de amor en ese tierno beso que le dio en público.
-Joven Bakugo, he visto que esta adorable señorita siempre alienta por usted en sus peleas. ¿Qué significa ella en su vida?- preguntó con mucha curiosidad debido a que poco se sabía de su vida privada, sobre todo de quien era la misteriosa chica que había conquistado el corazón del rubio cenizo.
-Ella es el maldito amor de mi vida y siempre me ha acompañado desde el primer día. Todas los victorias son para cara redonda- dijo con una risa socarrona.
Al terminar de decir estas palabras, dirigió su mirada carmesí hacia la más baja, quien tenía su mirada fija en el suelo, muerta de los nervios al estar frente a una gran multitud.
El joven,al notar la cierta incomodidad de su pareja, sostuvo su mano y la llevó a su rostro para plantarle un tierno beso en sus nudillos, sin despegar sus ojos de ella, transmitiéndole que todo estaba bien, que con él a su lado nada malo pasaría.
Ochaco se sentía la mujer más afortunada del universo al tener a semejante hombre a su lado, quien siempre la cuidaba y era su prioridad número uno, por ella sacrificaría lo que fuese para poder estar a su lado y sobre todo que estuviera cómoda, lo amaba con cada fibra de su ser y lo apoyaría hasta el último día que él decidiera subirse al ring.
Le transmitió todo esto con solo un cruce de miradas y una tierna y cálida sonrisa.
