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El último Avatar

Summary:

Una vez que recupera un poco el equilibrio hace la tan terrible pregunta que se apoderó de su cabeza desde que despertó.
—La guerra… ¿Termino?—pregunta en casi murmuró.
—Si.
La respuesta lo reconforta bastante, sus hombros se relejan, un peso grande cae de ellos… Pero aún le queda otra terrible pregunta.
— ¿Cuándo terminó la guerra?
Sabe por la expresión del joven que no son buenas noticias para Aang y vacila con decirle la verdad, pero habla después de una larga y silenciosa respiración.
—Hace más de 500 años—responde con voz tranquila.

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El rayo de Azula no mató a Aang, sino que lo puso en Estado Avatar sin limite de tiempo.

Chapter 1: Despertar

Summary:

El rayo no asesina al Avatar
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Un estudiante de antropología hace un viaje de investigación

Notes:

Buenas a todos~
No saben lo emocionada que estoy de publicar este fic, tenía bastante tiempo con esta idea y agarro una forma distinta a la idea inicial. Pero me hace feliz al fin tener una excusa para poder publicarla y ponerme manos a la obra ৻( •̀ ᗜ •́ ৻)

 


ADVERTENCIAS INICIALES:

⚜Las etiquetas se muestran algo ambiguas, pero con cierto grado de contenido para mayor disfrute.
⚜Aunque se marcó la etiqueta como un M/M, dudo que tenga un grado alto de romance.
⚜Se marcó la etiqueta de "Muerte a personaje", debido a la eventualidad de la trama.

Sin más que agregar... ¡Espero que lo disfruten!
˗ˏˋ ♡ ˎˊ˗

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Azula no dudo, había sido tan rápida y precisa como lo recordaba Zuko

Pero al mismo tiempo fue irreal.

Casi como un sueño que el Avatar fuera derrotado tan fácil a causa de un rayo… y como siempre el mérito de la acción sería para su hermana.

En este momento estaría pensando que si hubiera sido más dedicado, más decisivo y con más ambición como Azula, habría capturado al Avatar desde su primer encuentro. Pero solo puede contener la respiración mientras por unos segundos que se sienten como siglos, la cueva se ilumina de azul y las gemas amplifican la luz.

Después del impacto, viene la caída… ¿verdad?

Más eso nunca llegó.

Si pudo ver con claridad como caí el cuerpo inerte del enemigo número 1 de la Nación del Fuego, pero solo fue por poco y fue lo suficiente como para que aquella campesina de la Tribu Agua aun no pudiera reaccionar.

La caída se congeló, el viento empezó a moverse, primero como una pequeña brisa y luego como un tornado incontrolable encerrando el cuerpo del Avatar, tan rápido como apareció aquel huracán; en cuestión de segundos se dispersó para dejar al maestro aire a la orilla del acantilado donde Azula lanzó el rayo… ella seguía ahí.

Sin moverse, inversa en su propio shock, o quizás… no podía escapar.

Nadie hizo ruido, incluso la respiración de cada uno de los presentes es tan tenue, y eso lo hace más aterrador. Porque sus oídos zumban por el propio latido del corazón, como el golpeteo de un tambor que pronto anuncia una guerra; al inicio tan bajo para convertirse en un vibrante rugido de batalla.

Y fue ahí cuando una nueva luz se unió a la casi oscuridad del lugar, un azul que sabía identificar con facilidad, a pesar que Zuko muy pocas veces lo pudo presenciar.

El Avatar abre los ojos con un resplandor frío.

Sin mucha vacilación, da media vuelta para encontrarse con Azula, Zuko no puede hacer nada, sus piernas no responde a sus peticiones y no puede ver lo que sucede a causa de estar debajo del acantilado.

Solo escucha el estruendo de los pasos del Avatar y las quejas de la princesa en una batalla que no ganará. La acústica de la cueva sintoniza bien el ruido, por lo que intenta darse una idea de lo que pasa allá arriba; hay fuego en movimiento, el viento se ha vuelto muy ruidoso y… rocas emergiendo del suelo. Sintió frío ante el sonido hueco de hueso y carne siendo cortados, hace tiempo que no escucha el llanto de hermana; había olvidado lo desgarrador que suena.

Los lamentos han parado y en unos cuentos parpadeos se encuentra enfrente de la escena. No sabe cuándo comenzó a caminar o a dirigirse arriba del acantilo; destrozos por la pelea, una Azula inmovilizada por rocas que emergen del suelo y… sangre, mucha sangre.

Siente náuseas y contiene las ganas de vomitar al ver lo que provoco el sonido de hueso y carne cortada cerca de su hermana.

Su vista es bloqueada cuando ve al pequeño monje de flechas luminosas, contiene la respiración y el latido se vuelve más fuerte ante la inminente derrota, debería rogar por piedad; pero a estas alturas sabe que no puede.

Solo queda aceptar su castigo.

Pero el Avatar solo abre la boca, cuando habla solo puede escucharlo y nada más, el mundo quedo en silencio menos la voz del monje. Una voz tan suave y tranquila que lo hace olvidar por un momento que tiene las manos y la ropa salpicadas de sangre real.

Aquella petición no era el final… solo el comienzo.

 

▌⸨ ↕ ⸩▐

 

Suzaku Lee es un maestro fuego veinteañero, estudia en una de las sedes de Universidad Nueva República en el departamento de antropología. Obtuvo todos los créditos requeridos para su graduación, y ahora está elaborando su proyecto de tesis mientras trabaja en un local de tallarines de su vecindario. Vive a las afueras de la ciudad, en un gran y viejo lugar que era herencia de la familia de su padre, aunque sus parientes le habían dicho que podían conseguirle un mejor lugar y más céntrico o un departamento a un lado de la universidad; se negó a esa generosidad.

Él tenía que estar cerca de los bosques de la zona.

Era perfecto.

Después de años investigando, de trazar líneas cronológicas y memorizar los patrones de sus rutas… Lee podría verlo.

No espero más tiempo y volvió a darle otro pisotón a su deslizador para poner en marcha su camino. El patín reconoció sus órdenes y se activó, después tendría que checar el sensor que ha sido un poco lento en detectar la orden, pero no había tiempo que perder.

Era una hora de recorrido hasta el bosque donde cuadraba la ubicación y tal vez media hora para escabullirse sin activar las alarmas o los sensores contra intrusos. Los protocolos de alerta los ha burlado tantas veces con fina precisión con tal de llegar a este día, no solo para verlo en persona, sino que también es un pilar bastante importante para su tesis. Una vez que llega al punto débil de la gran barrera magnética, usa su pulsera para neutralizar el impacto y atravesarla sin sufrir ningún daño, así que es hora de la parte divertida.

Localizar.

El radar de Lee no es del todo preciso, pero debe usarlo para no ser descubierto, la búsqueda no es sencilla, y más para el objetivo que quiere encontrar. Debe ser lo más discreto posible y tener cuidado, contiene la emoción al ver a lo lejos a lémures voladores que planean de forma circular.

Pone peso en su talón derecho para acelerar, sale de los espesos y robustos árboles, el cielo ya está oscuro y es muy poco estrellada sin una luna que ilumine este santuario, por lo que es complicado ver el acantilado; frena en seco, para su alivio, logra detenerse en la orilla. Aun así, eso no es lo importante.

Lo importante es lo que ve abajo del acantilado a unos cuantos metros y la razón por la que una manada de lémures voladores planea en círculos. A causa de la noche no lo pudo notar, pero una vez en el claro del acantilado puede ver una cabellera alzándose hacia el cielo, donde los lémures lo rodean y juegan con él adornando de ramas, frutas y flores.

Lee se frota los ojos incrédulo de su encuentro, a tan pocos metros y en estado tan tranquilo; activa sus visores y amplía la visión con la esperanza que se vea bien y no se sobrecargue por la energía espiritual que emana. Y lo es, la imagen es tan nítida que parece imposible.

Una figura de apariencia humana tan oscura como la noche, cabello tan largo que se ondea con calma hasta las altas copas de los árboles; y lo más característico de su aspecto, flechas y ojos que emanan un esplendor azul.

El Avatar.

Intenta celebrar su victoria sin tanto ruido, no puede perder la compostura en este momento tan histórico; es de las pocas personas en estar tan cerca del “Avatar Oscuro” y tener una imagen de él tan nítida. Ni la tecnología más avanzada puede moldear su forma por la carga espiritual… pero sus visores caseros lo han conseguido.

Mientras Lee sueña con una vida llena de éxito por sus descubrimientos y la realización de su trabajo mientras toma fotos al montón del ente más antiguo que conoce la población general, no escucha como las rocas se desprenden hasta que siente la vibración del suelo partirse debajo de sus pies.

Fue una situación en la que tuvo que actuar rápido, no podía morir sin que mundo conociera sus hallazgos, se aleja del derrumbe a paso veloz, el ruido de las rocas al deslizar y caer al suelo lo privan de su oído, por lo que tiene que depender por completo de su vista y dejar de grabar con los visores. Corre, pero su pie se posa en una roca suelta y casi lo hace caer en el abismo.

Por suerte, sus manos han logrado sostenerse de las raíces fuertes y firmes de uno de los árboles cercanos, intenta protegerse con la cabeza gacha en lo que termina de derrumbarse el acantilado. En cuestión de minutos, las ultimas piedras dejan de rodar y los pies que antes cuelgan de Lee, están a pocos centímetros del nuevo suelo.

El acantilado desapareció por completo y ahora se transformó en una subida poco firme, el estudiante se sacude la tierra de la ropa y examina que su equipo se encuentra intacto, tanto los visores como el deslizador que tiene en la espalda. Suspira al ver que todo parece bien, por lo que queda la siguiente preocupación.

¿El “Espíritu del Tornado”… hizo eso?

Examina las probabilidades, ya que el “Último Avatar” tiene fama de tener poco contacto con los humanos, a no ser que sea una situación de peligro, pero según los rumores es bastante agresivo; por lo que la primera opción sea que derrumbo el suelo donde Lee estuvo por invadir propiedad privada. Bueno, privada no lo es, solo es un terreno bastante amplio que se usa como estancia para el “Creador de Desastres” cuando pasa por la zona debido a la temporada. Lee tiene la teoría que se mueve debido a la vieja naturaleza nómada de su pasado como maestro.

Sería lógico pensar que fue a causa del “Guardián de los Espíritus” que ocurrió esto, solo hay un problema, el Avatar, estaba dándole la espalda; duda que lo pudiera percibir en aquella distancia, aunque sea lo más parecido a una divinidad coexistiendo en el mundo terrenal. Sus múltiples pensamientos son silenciados por una pregunta que acapara toda su mente.

« ¿Sigue ahí? »

Con temor se gira y posa su vista al cielo, no ve señal de lémures o del cabello, los lémures debieron escapar por el derrumbe o el “Puente entre los mundos” fue a resguardarlos, pero al bajar la mirada su respiración se contuvo y sudo en frío al ver una figura humanoide en el suelo… sin signos de moverse.

¡Al carajo la corona! Tenía que confirmar sus terribles sospechas o que realmente está teniendo alucinaciones. En dos simples movimientos está sobre el deslizador y se mueve cuesta abajo con gran facilidad, su rostro acumula preocupación cuando ve los largos mechones de cabellos esparcidos en el suelo, la escena es trágica y su vida llena de fama se derrumba por el delito de matar a una reliquia viviente.

Aunque, técnicamente él no lo mato, solo estuvo presente, pero aún podrían arrestarlo por estar en un zona restringida en custodia por-… Se detiene, puede ver en los hombros un ligero movimiento de exhalación, tiene miedo, pero se acerca un poco más, solo para descubrir varias cosas.

  • La piel dejo de ser oscura y emanar energía. Tomo una forma más carnosa y de una tonalidad como la cera dorada.
  • Las flechas dejaron de brillar.
  • Tiene una cicatriz en la espalda que se expande como las raíces de las plantas.

La fascinación por estos datos no lo opaca de su principal propósito de este momento, ayudarlo, pero ¿Cómo se ayuda a un ente de siglos? Improvisa, y con cautela se inclina más cerca de él. Su garganta se hace un nudo y titubea al hablar.

― ¿Señor Avatar…?―no hay respuesta― ¿Espíritu del Tornado…?

Tampoco hubo señal, Lee se impacienta, trago en grueso de los nervios, podría usar cualquiera de los nombres por los que era llamado; cualquier nombre que conoce por los libros de historia general.

Pero recordó aquel libro destrozado de la biblioteca que leyó los primeros semestres de la carrera, y también el pdf que halló por un link que crasheo (pero logró descargar) para utilizar como fuente bibliográfica en un ensayo. Su boca no titubeo, el nombre se pronunció tan fácil como respirar.

 ― ¿Aang?

El cuerpo se movió con bastante pesadez, aun cuando los brazos tiemblan en un intento de levantarse no flaquean en el proceso hasta poder sostenerse por los codos. La cabeza se alza y revela un rostro joven entre los mechones largos de cabello oscuro, los ojos se abren y Lee se sorprende al ver unos ojos plateados y no unos azules.

Contiene la respiración ante este suceso histórico y más por como el “Avatar Oscuro”, cuyo nombre parece ser Aang, arruga la mirada para enfocar a la persona que está enfrente de él. Abre la boca y Lee cada vez está más sorprendido por el nivel de información que tiene.

― ¿Zuko?

Notes:

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