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BLACK BOOK (soukoku-shin soukoku)

Summary:

Todo comenzó con la inocencia y curiosidad de Atsushi.
Cuando un hombre de traje negro, ojos rojos y aspecto cansado se sienta junto a él en la banca del parque, comenzando a murmurar lo harto que está del mundo, lo triste que es, como esperaba cruzarse con un alma dulce y bondadosa antes de su muerte. Claramente, el inocente Nakajima intenta consolarlo diciéndole palabras alentadoras, hasta que logra estabilizarlo. El hombre, posiblemente conmovido; le regala un raro libro de color negro, con dos iniciales de color plateado en una de las esquinas.

Atsushi, se llevaría la peor sorpresa de su vida al saber que las palabras que profesó invocarían a dos temibles demonios, los cuales estaban dispuestos a cumplir sus deseos, a cambio de tener su alma para toda la eternidad. Y lo peor de todo, o tal vez la cereza del postre para aquellos seres: su amigo, quien a la vez era su compañero de piso, Chuuya Nakahara, se verá envueltola catástrofe de demonios, deseos y almas robadas.

 

"Podemos cumplir cualquier deseo, aunque, te aconsejo que pidas una muerte con glamour, o buenas ideas de cómo poder suicidarte."

Chapter 1: Capítulo 1. "El libro matildo"

Chapter Text

Capítulo 1. "El libro maldito"

"Qué hombre tan extraño" Pensó Atsushi, una vez llegando al departamento que compartía con Chuuya.

Solamente se había distraído un par de minutos mirando aquellas extrañas palabras y ese sujeto había desaparecido. Había recorrido el parque buscándolo, también algunos alrededores, preguntó a las personas que merodeaban, dándoles una clara descripción física, pero nada, no había podido encontrarlo.

Había sido un día realmente ajetreado. Estaba agotado, tanto física, como mentalmente. Al principio, no estaba muy seguro de quedarse con el libro. Aunque, luego de meditarlo bastante, si el regalo fue de buena voluntad, lo aceptaría. Le habían enseñado a no despreciar los regalos, menos si se trataban de libros. Podían ser una reliquia, un tesoro bien guardado, en sus páginas podrían encontrarse miles de letras, relatando mundos diferentes.

Dejó el libro sobre la mesa, encaminándose a prepararse un sándwich, ya que, su compañero solía regañarle cada vez que no ingería comida o se salteaba alguna de ellas.

Mientras cenaba, comenzó a pensar en las palabras de ese hombre:

"Puede concederte un deseo, con las palabras adecuadas"

Él, se consideraba a sí mismo como alguien creyente, a la vez curioso de la magia y el universo, pero, también era demasiado inocente. Si alguna vez, alguno de sus amigos comenzara a contarle que un ser mágico le concedió un deseo, le creería al instante, sin poner en duda ninguna palabra, y comenzaría a averiguar más del tema.
Era por eso que, muchas veces, su amigo Ranpo le contaba historias que no eran ciertas, simplemente lo hacía para que el joven se distrajera y accediera a comprarle algunos dulces de su antojo. Empero, Atsushi ya las creía solamente porque salían de su boca, aquello era lo único verídico que necesitaba para creerle a una persona, que las palabras salieran de sus bocas y con firmeza.

—Si ese hombre dijo que este libro puede concederme cualquier deseo...— murmuró, luego de unos minutos de haber comido, tomando el libro entre sus manos. — No tengo nada que perder...—. abrió la página marcada—¡Lo probaré! — por demás emocionado y con la curiosidad picando en cada fibra de su cuerpo, se motivó. Dejó una pequeña luz prendida, se sentó en la alfombra, y se preparó para comenzar con la lectura.—Lo haré antes de que Chuuya venga, me golpeará si me ve diciendo palabras raras al aire.

Infló su pecho y comenzó a leer.

No entendía nada y, realmente esperaba, con la fuerza de su ser, estar diciendo correctamente aquellas palabras.

—...veni ad me.— eran las últimas palabras de aquella página. Atsushi puso el libro en su regazo, cerró los ojos con impaciencia, esperando algo, tal vez alguna señal divina. No esperaba el genio de lámpara, pero sí algo, algo realmente grandioso.

Los minutos pasaban.

Nada...

No ocurría nada. Nada de nada.

—¿Habré leído algo mal?—. se preguntó consternado. Volvió a entrecerrar los ojos con fuerza, poniendo su mejor cara seria; y nada, nada pasaba.—Vaya... — Se levantó del suelo, dejando el libro abierto en la pequeña mesada de madera.— Supongo que nada va a pasar.—dijo haciendo un pequeño puchero de decepción.— Quizás ese hombre sólo estaba deliran—

No pudo terminar de hablar cuando sintió un fuerte temblor. La única luz que había comenzó a titilar, y el piso parecía estar vibrando.

¿Un terremoto? Era imposible, la zona en la que vivían nunca hubo terremotos, ni la más mínima señal de tornados, ni siquiera inundaciones.

El piso comenzó a vibrar aún más, haciendo que algunos adornos comenzaran a caerse, también consiguiendo que el pobre Atsushi perdiera el equilibrio y terminara cayendo sobre el sillón de la sala.

Miedo. Desolación. Comienzo de la locura.

Los ojos se le querían salir de órbita cuando vio que las hojas del libro comenzaban a moverse por si solas, de una manera increíblemente rápida.

Tembló por dentro.

Sintió voces lejanas, tan lejanas que creyó estarlas imaginando, pero parecían estar en la misma habitación que él. Ruidos realmente fuertes comenzaron a escucharse y a acompañar aquella escena que comenzaba a ser digna de una película de horror. Cada una de las puertas se cerró, dejando al joven encerrado.

Hubo un apagón, junto con un grito de pavor.

La paz ya no reinaba.

Él cerró los ojos, con tanta fuerza por el miedo y la confusión, no quería abrirlos, ni lo haría. ¿Qué rayos le estaba pasando a su hogar?

Se había puesto en una posición fetal, tapando sus oídos, porque el ruido era sumamente horripilante, tan fuerte como un quejido proveniente del mismo infierno. No podía tolerarlo y tampoco podía moverse, no porque no quisiera, sino, porque su cuerpo tampoco le respondía, no sabía si era el miedo... o una señal de alerta.

[...]

 

No sabía cuánto tiempo había pasado, quizás minutos, o tal vez horas. Lo que sí, permanecer tanto tiempo en la misma posición ocasionó que todo el cuerpo le doliera horrores.

Se quedó en silencio, quieto, completamente quieto, en guardia, alerta de la mínima cosa, un mínimo ruido.

El temblor había cesado, ya no se escuchaban voces, ni aquellos ruidos que hacían sangrar sus oídos. La habitación estaba a oscuras, pero todo parecía estar tranquilo. Se acomodó mejor, sentándose en el sofá. Un suspiro sonoro y realmente aliviado salió de su boca. No entendía qué había pasado, pero todo había terminado.

—Eso fue realmente raro.— echó la cabeza hacia atrás, cansado, con una rareza acompañando a su cuerpo.

—Oye, niño. Es de mala educación no atender a tus invitados.

Un momento...

Él estaba solo en su hogar, y Chuuya llegaba dentro de dos o tres horas.

Solamente vivían ellos dos allí...

Con su mano temblorosa, tanteó hasta dar con la luz que estaba a su lado, fallidos intentos, hasta encenderla.
Aquella luz blanca iluminó la sala. Y Atsushi no perdió el tiempo, recorrió con la mirada, todo parecía estar en su lugar. No había ninguna persona cerca de él.

—¿Lo lo habré imaginado?— se preguntó en voz alta, rascando su cabeza con preocupación.—¿Estaré alucinando yo también?

—Ah, ah, ah— hubo un sonido de negación.— Mira a tu izquierda, niño.— era una voz con un claro deje de burla, tenebrosa. El joven, al borde de la locura, tragó en seco y miró a la dirección indicada, mordiendo fuertemente su mejilla interna.—Detente, detente. Justo aquí. ¡Hola!

Abrió los ojos y su boca. Quedó helado.

Dos hombres estaban parados a su izquierda, uno con una sonrisa radiante y el otro con cara de asesinar a alguien.

Sus ojos pasaban de uno a otro, escaneándolos repetidas veces, sin dejar de observar sus rostros. Estaba atónito. No podía creer lo que veía. ¿Cómo habían entrado estos tipos? ¡Vivía en un quinto piso! No pudieron simplemente entrar, ¿de dónde habían salido?

 

Sin olvidar lo más importante: ¡Había dos locos en su casa!

—¡¿Qué?! ¿¡Q-Quiénes son ustedes!?— preguntó, mas bien, gritó eufórico.—¿C-Cómo entraron? Y-Yo... ¡Llamaré a la p-policía!— siguió con sus gritos, haciendo que su voz se agudizara cada vez más.

—Asegúrate de callar a esa cosa, o voy a matarlo de una vez.— una voz ronca interrumpió sus gritos histéricos.

Su corazón comenzó a bombear rápidamente. Se levantó de un brinco del sofá. ¡No dejaría ni que se le acerquen!

Corrió hasta la puerta, chocando varios muebles y objetos en el camino. Tenía que alejarse, huir de esos locos. Exasperado comenzó a mover la manija, pero ésta no abría.

Bien, medidas desesperadas requerían soluciones desesperadas, derribaría la puerta, luego de eso, llamaría a la policía e intentaría permanecer con vida hasta que la ayuda llegara. Respiró hondo, estaba preparándose para derribarla, cuando una mano fuerte se posó en su hombro, deteniéndolo, y haciendo que un escalofrío lo recorriera desde su columna, hasta la punta de sus pies.

De un momento a otro, la luz de la sala se encendió por completo, dejando tres personas al total descubierto.

—Te harás daño si derribas la puerta, ¿no crees?—. preguntó burlesco. En comparación, su voz ahora era realmente calmada.— ¿Por qué no nos ofreces una taza de té en su lugar?

¿Qué?..

Se separó de aquella mano que lo envolvía, alejándose, todavía más timorato.

Cabía aclarar, Atsushi no estaba pensando en nada, su mente no hilvanaba las ideas con claridad. Todo estaba pasando demasiado rápido, no entendía nada, y sus fuertes emociones le estaban jugando en contra.

Mordió su mejilla interna, enfocándose. Ahora que podía verlos mejor con la luz clara, se detuvo a analizar a los dos intrusos. Uno era alto, bastante alto; con el cabello ligeramente ondulado, de color chocolate, desordenado. Tenía un saco y un traje de vestir, notaba vendas en su cuello, y algunas que sobresalían de sus brazos.

El otro, quien estaba cerca del interruptor de la luz; llevaba un abrigo largo de color negro, que le llegaba hasta las rodillas. Su color de cabello también era negro, con puntas blancas, era demasiado pálido, como la misma nieve; y el punto clave: aunque estuviera cubriendo la mitad de su cara con su mano, sus ojos grisáceos tenían una mirada asesina dirigida hacia él.

Nakajima tragó en seco, quemando su propia garganta.

El más alto carraspeó y luego soltó su voz: —Si ya terminaste de analizar hasta nuestra ropa interior, déjame presentarnos.—sonrió con malicia.—Nos invocaste, estamos aquí para llevar a cabo nuestra parte del trato. Podemos cumplir cualquier deseo, aunque, te aconsejo que pidas una muerte con glamour, o buenas ideas de cómo poder suicidarte.

Atsushi definitivamente quedó petrificado del shock.