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¿Tan difícil? | La banda del palo santo

Summary:

¿TD? | ¿Tan difícil era para ellos entender que la situación era la anhelaban? A veces lo ponía mal la falta de viveza que tenían sus amigos para ciertas cosas.

Es un fic para entretener, no una tesis.
No se busca insinuar la sexualidad ni faltar el respeto a nadie, todo ficción.♥︎

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

  ¿TAN DIFÍCIL?

Lisandro Martínez, Nahuel Molina & Cristian Romero

————O————

Lautaro Martinez estaba al borde de un colapso, realmente sentía que su cabeza estaba por explotar. Joaquín y él habían ofrecido una fiesta para celebrar su compromiso. Todos sus compañeros de selección e incluso clubes habían sido invitados y, aunque la gran mayoría no había podido asistir por diversos inconvenientes, todos habían hecho excelentes regalos. Cuando la comida terminó se dio paso a una catarata de bebidas alcohólicas, desde tragos elaborados hasta simples botellas y latas de cerveza, lo que lo llevó a sentir un fuertísimo dolor de cabeza en este momento.

Aún en ese estado tenía clara visión de todo lo que pasaba a su alrededor. Desde ver cómo Leandro estaba sentado en el regazo de Scaloni mientras el técnico de la selección lo agarraba fuertemente de la cintura, pasando por Enzo y Emiliano que corrieron en dirección a su habitación con desesperación hasta ver como la tensión entre tres de sus más queridos amigos estaba por explotar si no hacían algo. Lautaro sabía lo suficiente sobre eso y conocía a la perfección a sus amigos para darse cuenta que sin ayuda no iban a avanzar.

La burbuja entre Cristian y Lisandro era algo a lo que todos se habían acostumbrado a ver desde que decidieron compartir su relación con su gente pero hace un rato que ese clima no era algo solo de ellos dos. Nahuel parecía ser incluido todo el tiempo y en todo lugar. Al principio parecía ser por el hecho de que él era como un hermano para la pareja pero la verdad es que con el paso del tiempo algunos ojos atentos como los de Lautaro lograron captar que algo más pasaba allí. Algo que era correspondido entre las tres partes pero que, aparentemente, no era algo charlado.

El dueño del dorsal número diez del Inter de Milán decidió que una ayuda nunca estaba de más, incluso contaría como devolver un favor ya que su relación con Joaquín nació gracias a una conversación con Lisandro hace un tiempo. Tomó un vaso de agua como si fuera un shot de tequila y soltó la cintura de su novio.

—¿Dónde vas? —Joaquín lo miró casi de manera suplicante al ver que se iba. Lautaro le sonrió y besó su frente antes de responder.

—Voy a ayudar a los chicos, ¿te acordás de lo que hablamos el otro día? —Y a pesar de lo inundada que estaba la cabeza de Joaquín por el alcohol pudo recuperar parte de aquella conversación y asintió. —Creo que hoy se les puede dar así que voy a darles un empujón.

Joaquín sonrió nuevamente y le pegó a palma abierta en la cola instándole a irse más rápido. —No tardes mucho que te extraño.

Lautaro negó y se acercó al trío que se encontraba en la isla de la cocina. Lisandro estaba sentado en una banqueta alta mientras Cristian, que estaba parado junto a él lo rodeaba con el brazo. En una banqueta a centímetros estaba Nahuel, con sus rodillas en dirección a la pareja y la mano libre del ex jugador de Belgrano en su muslo. El dueño de la casa negó, ¿tan difícil era para ellos entender que la situación era la anhelaban? A veces lo ponía mal la falta de viveza que tenían sus amigos para ciertas cosas. Estaba seguro de que no se habían dado cuenta de que Leandro y Scaloni tenían algún tipo de relación o que Lionel se había ido a Miami por Sergio.

—Hola bebus, perdón que los venga a joder pero necesito pedirles un favor, ¿será que me pueden dar una mano?

—¿Qué pasó mi rey? —Cristian sacó la mano de la pierna de Nahuel y este lo miro prácticamente rogando para que vuelva a la posición anterior pero el otro cordobés no reparó en nada más que su amigo. En cambio Lisandro si lo notó y con una de sus piernas rozó la contraría casi enredándola.

Lautaro se sentía asfixiado por la cantidad de sentimientos reprimidos que había entre ellos, se giró para ver a Cristian pero este ya no lo miraba a él sino a lo que pasaba entre su pareja y amigo. —Necesito que vayan a la pieza a buscar unas cajas de birras que quedaron.

—¿Por qué no vas vos? —ni un segundo después Lisandro ya le había pegado un codazo a Cristian mientras se bajaba de la banqueta y le pedía a Lautaro que le indique la habitación donde estaban las bebidas.

—Es la pieza que está al lado del baño principal. Vamos los cuatro porque son varias cajas y a Romelu le gusta empinar el codo así que voy a tener que dejar todo a mano.

—Sí boludo y los pendejitos le siguen el ritmo, Carboni ya está para irse a dormir. —acotó Nahuel.

—Alejandro también, menos mal que vino Facundo que es el novio y lo controla. Si Bruno se entera lo caga a pedos. —Dijo Lisandro mientras caminaba adelante seguido de Nahuel.

Cristian se había quedado rezagado con Lautaro y este último aprovechó para aconsejar y presionar un poco a su amigo. —Cuti.

—¿Qué pasó? ¿Te arrepentiste de darle el anillo a Joaco?

—No, no tiene que ver conmigo. Es con vos.

—¿Qué hice? Te juro que yo no les dije que vayan a tu pieza.

—¿Eh? No tiene nada que ver con Enzo y Emiliano. Es algo de vos y los chicos. Escuchame bien, sé que amás a Licha y que él te ama a vos pero también aman a Nahuel. —Cristian se puso colorado y aunque hubiera querido fingir y decir que era por el alcohol claramente era producto de los nervios. —No sé si vos y Licha ya lo hablaron pero tienen que decirle porque…

—Estás en pedo boludo, ¿cómo le vamos a decir? Se va a ir a la mierda. Con Li lo charlamos, a los dos nos pasan cosas con Nahue, las mismas cosas que nos pasan entre nosotros pero no queremos perderlo porque es súper importante.

—Si no le dicen lo pueden llegar a perder por otra cosa. Yo lo veo de afuera y él se siente igual que ustedes. Conociéndolo se va a alejar para no sentir que interfiere en la relación y ahí sí la van a pasar mal. —Cristian se giró y vio cómo Lisandro y Nahuel ingresaron a la habitación abrazados por los hombros. Lautaro colocó su mano en el hombro de su amigo. —No tengo que sacar ninguna caja de la pieza, Cris. Andá, cerrá la puerta y hablen, cualquier cosa yo estoy acá. Pero tratá de que no salga mal porque después me quiero ir a manosear a mi futuro marido.

—Eso que acabás de decir es la única prueba de que estás en pedo. —Los dos se rieron. —Gracias Torito.

Cristian trotó hasta la habitación y vio cómo Nahuel estaba parado arriba de una silla buscando en la parte de arriba del ropero mientras que Lisandro estaba dentro del vestidor. Con mucho cuidado cerró la puerta y la trabó con llave para luego guardar el pequeño objeto en el bolsillo de su pantalón.

—Che —les habló Lisandro desde dentro del pequeño vestidor—, acá no hay nada.

—Acá arriba tampoco. ¿Será que se confundió de pieza? —sugirió Nahuel mientras bajaba de la silla con cuidado.

—Uh, es verdad, por ahí las cosas están en la pieza donde se encerraron los chicos. —concordó Martínez mientras salía del pequeño recinto.

Los dos observaron cómo Cristian estaba sentado en la cama haciendo rebotar su pierna con nerviosismo. Lisandro se acercó y acomodó junto a él para poder verlo a los ojos mientras lo abrazaba por la cintura en un intento por tranquilizarlo. Nahuel no se sentía del todo ajeno pero sí algo excluido en esa conversación silenciosa llevada a cabo a través de miradas y sonrisas cómodas.

Cristian señaló a Nahuel con la mirada con intención de no tener que mediar palabras de acuerdo con su pareja para hacer lo que Lautaro había sugerido. Cuando Lisandro interpretó la mirada, volvió a sus ojos le sonrió como respuesta, se dieron un suave beso y se giraron para ver a su amigo que ya no los miraba.

—Nahue vení—le llamó la atención Lisandro—, sentate acá, queremos hablar con vos.

Nahuel se acercó despacio hasta donde se encontraban ellos y en el momento en el que tocó la cama para sentarse, los otros dos se levantaron y él no pudo evitar sentirse miserable. Su cabeza lo bombardeó con las peores palabras, seguramente sus amigos se habían percatado de cómo los miraba y querían pedirle que pare, porque claramente los ponía incomodos.

—Queremos hablar con vos porque notamos que está pasando algo importante. —Cristian apoyó la espalda contra la puerta y se cruzó de brazos mientras lo miraba fijamente de una manera que Nahuel no pudo interpretar.

—Yo…—Molina quiso replicar pero Lisandro no lo dejó.

—Nosotros lo hablamos un montón, queríamos estar seguros de sentir lo mismo para no tener algún inconveniente o mal entendido. Por eso es que habíamos decidido no decir nada. Hasta ahora.

—Hablé con Lautaro y él me sugirió tener esta conversación entre los tres.

Nahuel se pasó las manos por la cara y suspiró, se iba a quedar sin sus mejores amigos sólo porque se enamoró. Quería llorar y salir corriendo para no escuchar lo que iban a decirle. No necesitaba que le destruyeran el corazón, no era necesario pero en cierto punto se lo merecía por haberlos incomodado.

—En serio quiero que me perdonen.

—Nos gustás a los dos.

—Estamos enamorados de vos.

El silencio, después de que las tres oraciones sonaran al unísono, los envolvió. Nahuel los miró perplejo, creyó por un segundo que estaba dormido hasta que su dedo comenzó a dolerle producto de haber estado estirando la pielcita que sobresalía al costado de la uña.

—¿Qué? —preguntó totalmente confundido y negado a haber escuchado realmente lo que creyó escuchar.

—Que nos gustás, mucho a los dos. —Cristian retomó lo que dijo Lisandro en un principio.

—Estamos enamorados de vos. —y Lisandro hizo lo propio con la primer frase de impacto que dijo Cristian.

—No puede ser. —Nahuel estaba negado, no terminaba de comprender ni aceptar que eso realmente estaba pasando.

—Sí, puede ser Nahue. Es lo que nos pasa. —Lisandro se sentó junto a él. —Con Cris lo hablamos muchísimo, primero nos sentimos mal porque ambos creímos que nos estábamos traicionando.

—Pero después —Cristian se colocó en cuclillas frente a ellos y tomó una mano de Lisando y una de Nahuel—, entendimos que no era así, porque lo que sentimos entre nosotros sigue ahí, intacto solo que se le sumó con la misma intensidad lo que sentimos por vos. A veces nos pasa que estamos haciendo alguna cosa y sentimos que nos faltas vos, no que nos falta alguien sino vos en particular.

—Es increíble pero hay días, casi todos, en los que estamos cocinando y de repente decimos si estuviera Nahue acá le podríamos preguntar tal cosa o qué lindo sería estar los tres mirando la peli y demás situaciones. —explicó Lisandro.

—Ya no queremos que nos faltes, Nahue, te queremos con nosotros siempre pero no como un amigo porque es increíble la forma en la que la boca se nos humedece cuando pensamos en besarte.

—O en cómo las manos nos pican por tocarte y acariciarte.

—Y ni hablar de las veces que imaginamos más. Todo lo imaginamos con vos ahí, con nosotros…

—Juntos, los tres. —Lisandro suspiró y apretó su cintura y la mano de Cristian que aún seguía sosteniéndolos a ambos.

—Y sabemos que quizás esto es demasiado y nos estamos tirando a una pileta donde no hay agua pero no nos queremos quedar con la duda sobre qué hubiera pasado.

La mirada de Nahuel recorrió los rostros expectantes de Lisandro y Cristian. Las sonrisas ansiosas y el brillo en sus ojos solo evidenciaba los nervios que estaban torturándolos. Soltó todo el aire que estaba reteniendo y les regaló la sonrisa más hermosa que haya tenido nunca. Enganchó a Lisandro por los hombros y lo arrastró con él para tirarse sobre Cristian y tener un abrazo de tres pero mucho más íntimo de los que habían compartido antes. Los tres estaban abrazados en el suelo, la cabeza de Nahuel en medio de la de los otros dos.

—Les juro —dijo mientras comenzaba a alejarse, pero no demasiado, de los rostros ajenos—, que creí que me iban a mandar a la mierda porque se habían dado cuenta de que me la paso babeando por los dos. Ustedes no tienen idea de lo enamorado que estoy de ustedes. Lo hablé con Rodrigo para que me dijera que me los tenía que sacar de la cabeza, que no iba a funcionar ni nada. ¿Pero saben qué me dijo? ¡Qué les diga!

—Le hubieses hecho caso, Nahue. —le dijo Cristian entre risas mientras lo abrazaba por la cintura y su mano se encontraba con la de Cristian que estaba haciendo lo mismo.

—Ni loco, para mí era imposible pensar que esto podría pasar. No me hubiera arriesgado a perderlos.

—Entonces, ahora que lo hablamos, ¿te gustaría tener una relación formal con nosotros dos? —le preguntó Lisandro con una sonrisa brillante y cálida.

—A nosotros dos nos encantaría y haría muy felices pero también entenderíamos si vos no quisieras o te sintieras incómodo.

Nahuel agarró a Lisandro por la nuca y lo acercó para darle un beso suave, cuando se separó replicó la acción con Cristian y luego intercaló entre los dos dándole picos y besos por ambos rostros. — Por si eso no sirvió de respuesta, fue un sí; un sí rotundo y formal.

Volvió a esconder la cabeza entre la de sus, ahora, compañeros sentimentales.  Sintió como la respiración de los tres se acompasaba, y entre aquellos brazos que lo envolvían, conoció una calidez distinta porque incluso el tacto era diferente a lo que le brindaron en pasado y lo disfrutó muchísimo.

—Chicos, si por mí fuera, me quedaría acá y así toda la vida —murmuró Cristian después de unos minutos—, pero creo que tendríamos que salir.

—Sí, además Lauta es capaz de venir a sacarnos. —agregó Lisandro.

—Bueno, vamos. Aunque no me gusta la idea de salir de encima de ustedes.

—Vas a tener mucho tiempo arriba de nosotros, Na. —Lisandro y Cristian soltaron al mismo tiempo.

Se pusieron de pie y se sacudieron el polvo inexistente que había en el suelo. Lisandro bajó a Cristian de la nuca hasta la altura más cómoda para un beso y atrajo a Nahuel hacia ellos para un beso de tres y luego de eso el poseedor de la llave abrió la puerta.

—¿Nos encerraste? —cuestionó Nahuel sorprendido.

—No quería que Nahue se escape. —levantó los hombros restándole importancia y solo obtuvo risas.

Cristian tomó la mano de Lisandro como de costumbre y este abrazó por la cintura a Nahuel mientras iban camino a la sala principal de la casa donde Lautaro, que tenía a Joaquín dormido sobre él, los esperaba y regalándoles una sonrisa cómplice les dijo mientras negaba. — ¿Era tan difícil?

Notes:

¡Holis! Espero que les haya gustado este fic que escribí a pedido para Eri. Quiero agradecerle por dejarme publicarlo y compartirlo con todos tanto en ao3 como en wattpad.

Sigo poniendome al día con los pedidos de cafecito pero pronto volveré a escribir para carnicero.

Lxs leo 🫶🏻🩷