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Hilo Rojo

Summary:

El alma del héroe Link está condenada a reencarnar eternamente, pero solo despierta como héroe cuando es necesario.
Rauru no siempre fue un rey. Link no siempre fue un héroe.
Zelda y Link estaban unidos por una maldición. Pero Rauru y Link habían sido unidos por el hilo rojo del destino.

Notes:

Holi, es primera vez que publico por aquí, así que aun estoy entendiendo como funciona xD
Quiero dar un par de aclaraciones antes de que lean esto.

- Aja, yaoi, si no gustas no leas, hay muchos fics rondando por ahí que sí pueden ser de tu gusto, no gastes tu tiempo.
- No escribo hace mucho; llevo muchísimo tiempo sin terminar nada, así que no puedo asegurarles que esto haya quedado bien o que al menos sea coherente xD
- La historia y cronología del juego quedó tan incompleta y enredada… ¡Me dejó más dudas que respuestas! Así que si leen cosas que no les encajan mucho, sepan que es para que esta historia pueda existir xD (y sí, por si se lo llegan a preguntar, este fic existe para cubrir mi propia necesidad de leer algo de Link y Rauru juntitos como tortolitos)
- No hay nada muy explícito, según yo.
- Si, hay spoilers, si no te has pasado el juego porfis no leas, porque literal escribí el final :C
- Soy multishipper, y como agregaron a Rauru en el juego… ñee tenía que hacerlo, perdónenme xD No sé en qué momento me volví furra :C pero aquí estamos, no tengo vuelta ;_;
- Yyyy supongo que es todo. Ah, si soy mala para los títulos, así que…ñe fue lo que se me ocurrió.

Hago un pequeño descargo sobre el juego en general en las notas finales, porque no tengo con quien hablar de TOTK y/o BOTW, ni mis desvaríos varios …

 

Me puse a revisar algunos fics y decidí cortar este en dos capítulos ya que ahora lo sentí muy largo.

Chapter Text

Hilo Rojo


 

El alma del héroe está condenada a reencarnar eternamente, pero solo despierta como héroe cuando es necesario, a veces solo le toca ser el alma de una persona común.

Rauru no siempre fue un rey, alguna vez tuvo una vida normal.

Zelda y Link estaban unidos por una maldición. Pero Rauru y Link habían sido unidos por el hilo rojo del destino.

 


Recuerdo la última conversación que tuve con Sonnia, antes de que ésta muriera a manos de Ganondorf.

 

- ¿Rauru?


- ¿Si?


- ¿Has escuchado sobre el hilo rojo? 

 


Negué con la cabeza.
Sonnia me miró con una gran sonrisa, tomando mi mano derecha entre las suyas.

- Es una creencia que tenemos algunos hylianos - Mientras hablaba, jugueteaba con mis dedos, acariciando el dorso de mi mano con ternura - Se dice que, cuando dos almas están destinadas a estar juntas, un hilo rojo une sus meñiques, no importa si es en esta vida u otra, siempre se reencontrarán y estarán juntos. El hilo es indestructible, puede estirarse o doblarse, pero nunca cortarse.

Sonnia acercó mi mano a sus labios, con delicadeza besó mi meñique, riéndose suavemente.

 

- Serás feliz, lo prometo.

 


Cuando Zelda le habló de Link, fingió demencia, diciendo que jamás había escuchado ese nombre, cuando no era así. Pensó que sería solo un alcance de nombres, pero cuando conoció al espadachín, algo se rompió en el corazón de Rauru, nunca, en todos esos años, deseo tanto estar con vida. 

 

Eran la misma persona.
Los mismos ojos.
Los mismos gestos.
El mismo cabello.
La misma sonrisa. 

 

Todo en él era lo mismo. Inclusive la escasez de palabras. Link solía comunicarse a través de gestos, pocas veces hablaba.

Era su Link quien se encontraba frente a él.

 

No.

 

Era idéntico, pero no era su Link, los recuerdos de sus vidas pasadas eran inexistentes, Rauru recordaba como si hubiese sido ayer cuando el rubio se encontraba entre sus brazos, pero Link no podía siquiera reconocerlo.

Al momento de despedirse en el templo del tiempo, sintió la tentación de tomar las manos del rubio y contarle todo, la relación que habían tenido en una de las vidas anteriores de Link, como se habían amado, y como Rauru no pudo olvidarlo, nunca. Ni siquiera Sonnia, con su dulzura infinita, había logrado ocupar ese vacío en su corazón.

Sonnia, pobre Sonnia, condenada a no ser amada de la misma forma que ella lo hacía, estando para él siempre, sin importar nada.

Haberle dado su brazo había sido necesario para que Link cumpliera su misión, pero a la vez Rauru lo hizo con un motivo oculto, darle su brazo significaba que Link tendría un pedazo de él todo el tiempo, que aunque Rauru dejara este mundo, podría sentirse atado a Link.

Había un truco en todo eso, el brazo se encontraba débilmente conectado al rey, este podía sentir algunas sensaciones, como el tacto de su mano sobre la piel del rubio, quien, incauto, continuaba su vida normalmente.

Rauru también era capaz de sentir como Link torturaba a esos pobres Kologs... Para que mentir, ese lado un tanto sádico del rubio le encantaba a la vez que horrorizaba un poco, pero había que decirlo, cada vez era más ocurrente a la hora de "ayudar" a las pequeñas criaturas.

También podía sentir algunas emociones del rubio, a veces miedo, ira, el fastidio cuando encontraba al maestro Kogg, la felicidad cuando Link probaba comida deliciosa, glotón como siempre había sido. Pero lo más sorprendente para el rey, era la excitación que Link sentía a veces.

Solo en Hyrule, como un joven saludable, a veces Link tenía necesidades mundanas. Satisfacerlas con la mano de Rauru se había convertido en una especie de fetiche, las largas uñas Zonnan envolvían su miembro con cuidado, con un tacto suave pero firme. Link tenía que admitirlo, jamás se había sentido tan bien masturbarse. El riesgo de dañarse con esas largas uñas le añadía algo a la ya placentera sensación. Como cuando estaba con Sidon, antes de que este se casara y le abandonara...

Cuando Link se satisfacía de esa forma, Rauru solo podía sentir un vacío en su estómago, recordando a su Link, la suave piel que recorría con sus manos, el rostro de excitación del rubio, los gemidos, el calor, la satisfacción. También sentía celos, pues Link siempre recordaba a Sidon cuando estallaba en placer.

 

Ese no es su Link, ese corazón no latía por él, lo sabe, Link está enamorado del ahora rey Zora, y puede sentir como el corazón del rubio está roto, partido en pedazos al momento de escuchar que Sidon tenía una prometida, pisoteado en el suelo al haber tenido que ser testigo de la unión de Yona y Sidon.

 

Rauru quiere estar con él, a su lado, abrazarlo, reconfortarlo, decirle que todo estará bien, que él siempre estaría a su lado, que lo ama, porque es su Link, aunque no sea el Link que él conocía, en su corazón seguía siendo su Link, después de todo, compartían la misma alma.

Y no podía más que llorar en su soledad, su Link ya no existe, y este Link no le pertenece, él no tiene un cuerpo, no hay forma de estar a su lado.

Deseaba haber disfrutado más su tiempo juntos, esas mañanas despertando con un despeinado rubio a su lado, que le sonreía con felicidad, que lo abrazaba con tanta fuerza, como no queriendo dejarlo ir nunca, que le besaba con pasión, que le decía que lo amaba, que estarían siempre juntos.

 

Pero la felicidad había sido efímera, meses a penas. Ese chico, que había llegado quien sabe como a las islas celestes, había muerto, tratando de proteger a quien algún día sería el rey de Hyrule.

 

Maldecía el día en que habían decidido bajar a la superficie, los Zonnan alguna vez habían vivido ahí, pero desde que Rauru tenía memoria, su hogar habían sido las islas celestes, por lo que se contaba sobre la superficie sonaba como una mera leyenda para él y su hermana Mineru. Bajaron buscando una solución a la inminente extinción de los Zonnan, cosa que había sucedido, eventualmente Mineru y él fueron los últimos.

La superficie era sin dudas, más peligrosa que las islas celestes, la innata habilidad con la espada que Link tenía, cuanto había entrenado con los golems guardias, no habían servido para salvarle.

 

Murió de la forma en que vivió. Valientemente, protegiendo a sus seres queridos.

 

Un centaleón, a quien creyeron muerto, con su último aliento, había atravesado el abdomen de Link con su espada. Habían bajado la guardia, pensando muerto al monstruo, no hubo tiempo para reaccionar.

Aunque Rauru corrió en auxilio del rubio, aunque Mineru intentó detener el sangrado, no hubo nada que hacer. Link los dejó, en brazos de Rauru, quien no podía detener las lágrimas que caían de sus ojos, llorando desesperado llamando a su amado.

Con una última caricia en la mejilla del futuro rey, una sonrisa en los labios, Link, su Link, había dejado este mundo.

Se había sumergido en una profunda depresión, trató de superarla concentrándose en otras cosas, viajando por la superficie en compañía de su hermana, conociendo a la gente que poblaban esas tierras.

Fue cuando Sonnia llegó a su vida, Sonnia era toda luz y dulzura, con su cariño y cuidados logró salir de su depresión, aunque el vacío en su corazón jamás se llenó, ni siquiera Sonnia pudo hacerlo. Dolía pensar en no poder amar a esa maravillosa mujer de la misma forma que ella lo hacía, pero Sonnia lo aceptaba, no quería llenar el espacio de Link, ella solo quería estar a su lado, amarlo, aunque este solo pudiera quererla y no amarla.

Que ironía, ahora podía comprender cómo Sonnia se sintió todo ese tiempo, amando con todo su ser, sin ser amada con la misma intensidad, condenada a no poder llenar el corazón del Zonnan.

 

En el caso de Rauru era peor, ni siquiera tenía una gota de cariño.

 

Con el tiempo, el vínculo que aún tenía con su brazo se iba debilitando cada vez más, las sensaciones eran más tenues, aún podía sentir el tacto de sus dedos sobre la piel del rubio, pero ya era incapaz de sentir las emociones de este, a menos que fueran demasiado intensas.

El vacío en su estómago crecía día con día, sabiéndose cada vez más lejano, aunque su espíritu al fin había sido liberado, Rauru continuaba esperando, en ese limbo extraño, donde lo único que podía ver con claridad era su vida, sus arrepentimientos, sus momentos felices y tristes. Percibir el mundo exterior le era difícil.

 

Sabía que sólo descansaría verdaderamente una vez Ganondorf fuera derrotado.

 

No sabía si estaba preparado, aquel sería realmente el momento de la despedida.

 

Inevitablemente este llegó, cuando junto con Sonnia ayudaron a devolver a Zelda a su forma original, en aquel momento cuando pudo tocar a Link -aunque realmente fuera su propia mano, aunque la mano de Sonnia estuviera de por medio- lo sintió, Link lo miró y supo, que de alguna forma había recordado, en ese pequeño instante el brillo en los ojos del rubio le dijo todo. Sintió su corazón encogerse, esta era en verdad la última vez que vería a Link…

 

En ese preciso momento, ese pequeño instante, se encontró lleno de dicha y a la vez una tristeza inigualable.

Tomó la mano de Sonnia, mirando con tristeza a Link, que le devolvió la mirada, mordiéndose los labios, en un obvio intento de no llorar.

 

- Te amo... - dijo sin palabras, solo moviendo sus labios, sabiendo que Link podría entenderlo.

Desapareció junto a Sonnia, dejando atrás al ser más preciado que tuvo en su vida.