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Itachi lo miró de reojo mientras bajaba las escaleras. No se veía particularmente conmovido, ni emocionado o al menos alegre. Digamos que a simple vista su actitud era de lo más normal, obviamente si hablamos de Sasuke. Era normal que cada mañana se sentara a desayunar con cara de nada. No faltaban los buenos días ya que Sasuke podría ser cualquier cosa menos un mal educado, bueno... si la situación no lo ameritaba. Y tal vez la palabra no era mal educado, sino que a veces Sasuke podía ser un poco, algo... bastante, ¿Cómo decirlo? Sasuke. Es que tenía una manera de ser tan particular que sólo podría definirse como Sasuke siendo Sasuke.
Tomó su lugar en la mesa donde lo esperaba una tasa de té verde que acompañaría con una tostada apenas pintada con mantequilla.
—¿Quieres un poco de azúcar? —preguntó Itachi buscando una reacción. —Nada más rico que echarle azúcar al pan con mantequilla. —sonrió dándole un mordisco a su tostada.
Sasuke hizo una mueca de desagrado. —No voy a seguirte el juego.
—Sí, sí. Ya lo sé. No te gustan las cosas dulces—se burló Itachi. —No sé cómo Naruto te soporta.
Un aura oscura comenzó a rodear a Sasuke mirando a su hermano con fuego en los ojos.
—¡Buenos dias, niños! Sasuke, mi chiquito—Mikoto llegó a interrumpir la incipiente escena violenta que involucraría a sus hijos. —¡Feliz cumpleaños! No puedo creer que ya estés cumpliendo dieciséis, has crecido tanto, mi niño.
Con un abrazo y un beso en la frente, Sasuke suspiró ofuscado retomando su desayuno.
—Recuerda decirle a Naruto que venga cuando salgan del colegio. Prepararé su pastel favorito.
Itachi rió con la boca llena y, por debajo de la mesa, recibió una merecida patada.
Naruto y Sasuke eran mejores amigos desde que empezaron el secundario, a pesar de ser muy diferentes en sus personalidades se habían vuelto inseparables. Y Naruto, que tenía una facilidad innata para caerle bien a las personas, había sido aceptado de la mejor manera en casa de Sasuke. Tanto que a veces Sasuke llegaba a ponerse de un humor terrible al ver como su familia se disputaba la atención del rubio de ojos azules que era SU mejor amigo, suyo. No era mejor amigo de Itachi para que este lo invitara a practicar artes marciales, no era mejor amigo de su padre para que éste lo invitara a ir de pesca, no era mejor amigo de su madre para que ésta le preparara un pastel de cumpleaños el día en que no era su cumpleaños, sino el de Sasuke ;y Sasuke odiaba los pasteles y los cumpleaños pero ese era su día, no el de Naruto.
Salió de su casa con el ceño fruncido y quejándose por lo bajo. Si le pedía a Naruto que viniera a su casa, su día terminaría convirtiéndose en el día de Naruto y eso era injusto. Lo que Sasuke quería era que nadie lo fastidiara y que su día fuera CON Naruto, sólo con él. No necesitaba tontos festejos, ridículos sombreros, ni estúpidas canciones, lo único que quería era compartir su día especial con su amigo especial; extra especial mejor dicho, teniendo en cuenta los sentimientos ocultos de Sasuke.
Caminó dos cuadras y se detuvo justo en la esquina. Miró hacia su derecha y arrugó la nariz, confundido. Su reloj marcaba las 7:45, la hora exacta en que cada día se encontraba en esa misma esquina con Naruto para ir juntos al colegio.
Inquieto, se mordió el labio inferior en un intento por retener una maldición. Naruto sabía muy bien cuanto detestaba Sasuke la impuntualidad, por eso cada mañana era el primero en llegar. Y eso que Naruto era terrible para despertarse por las mañanas, siempre aparecía con el cabello revuelto, el uniforme desprolijo u olvidando hasta la mochila alguna que otra vez. Pero no importaba porque lo que menos quería era ver a Sasuke molesto.
7:47
Dos minutos de espera eran más que suficientes. Sasuke retomó el rumbo sumamente disgustado y visiblemente furioso. Apretaba las tiras de la mochila y rechinaba los dientes mientras que en su mente creaba escenarios donde ese dobe de Naruto recibía su merecido por dejarlo esperando, haciéndolo perder su tiempo. Si llegaba tarde al colegio sería imperdonable.
—Será mejor que tenga una buena excusa.
Llegó a la escuela y se dirigió, sin hacer contacto visual con nadie, hacia su salón.
—Hola, Sasuke— el chico ignoró a la chica de pelo rosado que lo saludaba con una mirada ilusionada.
—Sasuke, llegas tarde— comentó con un tono burlón Kiba, uno de sus compañeros que estaba sentado en el fondo. Sasuke dirigió la mirada hacia ese sector totalmente furioso. Pero no era Kiba quien había despertado su ira sino el muchacho rubio que se balanceaba en su silla, totalmente despreocupado.
En su mente, Sasuke ya había vaciado en cesto de basura en la cabeza de Naruto y asestado un golpe en su estómago. Pero no se iba a dejar llevar por su deseo de venganza aunque Naruto había llegado a la escuela sin él y eso era una traición, ¡JUSTAMENTE EN SU DÍA!
Suspiró para calmarse y se acercó a Naruto. —Llegaste temprano. —parado junto a su mejor amigo, se cruzó de brazos tamborileando sus dedos.
—Oh, sí. Siento no haberte esperado. Es que mi mamá tenía que venir para este lado y quiso traerme en el auto.
—Podrías haberme pasado a buscar.
Naruto se encogió de hombros. —Sí, bueno. No se me ocurrió.
Sasuke no podía creer que Naruto estuviera actuando de esa manera con él. Ni siquiera lo había saludado por su cumpleaños, y sí... Naruto sabía que Sasuke odiaba que lo saludaran pero a él le gustaba hacerlo. Aunque recibiera apenas un gruñido de su parte, Naruto siempre lo saludaba, le daba un gran abrazo y un beso en la mejilla. Sasuke rodaba los ojos y rechistaba fingiendo que no le agradaba pero Naruto sabía que sí.
Ahora ni siquiera lo había esperado para caminar juntos hacia el colegio.
Sasuke tomó asiento junto a su amigo, sin poder quitarse la cara de molestia, pero de todos modos pensaba actuar como si nada. Si Naruto se había olvidado de su cumpleaños encontraría la forma para cobrárselas más tarde.
—Oye, dobe. Quiero un refresco. —cerrando su libro de texto se preparó para salir al receso.
—En la máquina expendedora hay. ¿Necesitas una moneda? —preguntó Naruto apesurándose para salir del aula.
La mandíbula de Sasuke cayó al piso. ¿Qué rayos le pasaba a ese idiota? ¿Desde cuándo ignoraba de esa manera sus necesidades?
—¿A DÓNDE VAS?
Naruto ni siquiera le respondió, simplemente se alejó en compañía de Kiba.
Era obvio que algo estaba mal con Naruto. Estaba actuando como un idiota, pero no como siempre sino como un verdadero idiota. Siempre hacían todo juntos, siempre estaba pendiente de lo que Sasuke quería, siempre su amistad era prioridad por sobre todas las cosas. Y ahora se había ido como si nada, sin siquiera darle una explicación.
Para Sasuke era como haber entrado en la dimensión desconocida, en el mundo del revés. Sino, ¿cómo podría explicar semejante desplante?
¿O acaso podría ser que él hubiera hecho algo mal? ¿Sería posible que Naruto estuviera molesto con él por alguna razón? No. Sasuke nunca hacía nada mal, eso pensaba. Naruto jamás se enojaría por ejemplo, por cargar su mochila todos los días; tampoco se molestaría por perderse una película que le gustaba porque Sasuke siempre elegía lo que verían en sus salidas al cine; mucho menos se sentiría disgustado por no poder ir al cumpleaños de Kiba porque Sasuke estaba enfermo y necesitaba su compañía.
Bueno, tal vez Sasuke a veces era un poquito egoísta pero, a su favor, todas esas cosas nacían de Naruto. No era que Sasuke le impusiera nada, ni le exigiera... él expresaba lo que le gustaría y bueno, Naruto siempre quería complacerlo. No era su culpa, no era como si Sasuke lo manipulara para que el otro cumpliera todos sus caprichos. De acuerdo, tal vez un poco sí. Pero sólo un poco.
Por un momento Sasuke se sintió culpable, probablemente no había sido tan buen amigo y Naruto se había cansado de eso. Pero, ¿por qué precisamente hoy? Era su cumpleaños. ¿Y si se había dado cuenta de sus sentimientos? No, imposible.
Sasuke resopló disgustado y salió del salón en busca de su mejor amigo. Si Naruto pensaba que iba a ignorarlo de esa manera estaba muy equivocado.
Con la frente en alto y una mirada arrogante, caminó fingiendo tranquilidad hasta la cafetería pero el chico rubio no estaba allí. Se dirigió al patio, tampoco lo encontró.
—¿Dónde demonios se ha metido ese cabeza hueca? — la furia de Sasuke iba convirtiéndose de a poco en angustia. No era así como había planeado su día. A estas alturas, hubiera preferido compartir a Naruto con su familia antes que no tenerlo con él. Porque eso sentía, que ya no lo tenía, que lo había perdido por su egoísmo, por su forma de ser tan irritante, por su frialdad y su mal humor.
Si, Sasuke estaba en un bucle de auto rechazo y enojo consigo mismo. ¿Qué le costaba ser un poco más amable? Podría haber sido más agradecido con Naruto. Pero no, tenía que ser Sasuke siendo Sasuke.
El recreo había terminado y, con unas inesperadas ganas de llorar, Sasuke regresó al aula. Tragó su angustia para evitar hacer el ridículo frente a sus compañeros y se dirigió a su lugar. Naruto aún no regresaba.
No pasó mucho hasta que su mejor amigo cruzó la puerta casi al mismo tiempo que el profesor de matemáticas.
—¡ Todos sentados, en silencio y saquen una hoja !
¿ Exámen sorpresa? Su día no podía ir peor.
No hubo momento para aclarar las cosas con Naruto. El profesor Ibiki era demasiado estricto y cuando daba su clase no permitía que volara ni una mosca, mucho menos en un exámen.
Cuando terminó la eterna hora de matemáticas Sasuke decidió dejar atrás su orgullo. —Dobe, esta tarde-
—Esta tarde será un fastidio. La abuela Tsunade me obligará a ir con ella de compras. ¿Puedes creerlo ? —dijo Naruto resignado. —Debería conseguirse un novio así me deja en paz.
—Oh, es que yo pensé que...
—¡Naruto! — Ino se acercaba furiosa hacia ambos chicos. —¿Por qué sigues aquí? Recuerda que tienes que, que, que...
—¡Ah, si! —exclamó algo nervioso. —Tengo que. —y se alejó de Sasuke siendo arrastrado por su compañera.
Esto ya era el colmo. ¿Qué estaba sucediendo? Sin importar lo que fuera, Sasuke no tenia pensado quedarse para averiguarlo. Ya había sido suficiente para él.
No pasó mucho hasta que su madre vino a retirarlo, no tuvo mejor idea que acudir a la enfermería de la escuela con la vieja excusa de un dolor de estómago.
Aún quedaba una clase pero su paciencia tenía un límite. Era obvio que Naruto había olvidado su cumpleaños porque tenía cosas más importantes en mente. Definitivamente su amistad no estaba en primer lugar y tal vez se lo merecía. Tantos años de ser un bastardo al final acabaron con la paciencia de Naruto que, claramente, también tenía un límite. Pero dolía... ser rechazado e ignorado por la persona más importante de su vida, el día de su cumpleaños, dolía demasiado.
Quizás si le hubiera dado su lugar, si tan sólo le hubiera demostrado lo valioso que era para él, pero no. Su egoísmo fue más fuerte. No supo ser el amigo que Naruto necesitaba.
Con la mente alborotada de tantos pensamientos, Sasuke subió las escaleras en silencio. Mikoto apenas pudo sacarle un par de balbuceos sobre su malestar y tuvo que resignarse a creer que un simple dolor de panza hizo que el señor perfección abandonara la escuela antes de terminar con sus clases. Sasuke siempre había sido muy aplicado con sus estudios, era algo tan característico de él al igual que su introspectiva forma de afrontar sus problemas. Jamás lo hablaba con nadie, jamás pedía ayuda...a menos que se tratara de Naruto. Es que el rubio lo conocía mejor que nadie y nunca podía ocultarle nada; si estaba triste, si estaba feliz, Naruto lo notaba al instante. A él no podía mentirle con un "no pasa nada". Por eso ni siquiera quiso avisarle que se retiraría del colegio, eso hubiera traído muchas preguntas haciendo que Sasuke no soportara la presión y terminara escupiendo toda su angustia y su enojo en la cara de Naruto y no estaba preparado para una respuesta por parte del otro. Quién sabe que le diría, no tenía ganas de averiguarlo. Estaba más que seguro de que lo que saldría de la boca de su mejor amigo sería algo como "me tienes harto con tus caprichos"
Se hundió de lleno en su cama, tirándose en ella boca abajo. La almohada silenció su frustración.
—Sasuke, hijo. —llamó Mikoto a la puerta. —¿Quieres algo de almorzar?
Sasuke inhaló profundo y se giró en la cama. Podría quedarse todo el día así, mirando el techo. De todos modos era un día más, no era como si fuera a recibir visitas inesperadas o una fiesta sorpresa. Para todos estaba clarísimo que a Sasuke no le interesaba en lo más mínimo festejar su cumpleaños. Aunque su madre le hiciera un pastel cada año y se viera obligado a soplar las velitas para contentarla.
Tal vez debería seguir su día lo más normal posible. Además lo único que hacia que su cumpleaños se sintiera diferente era la presencia de Naruto y no era muy probable que esta vez estuviera allí.
—Ahora bajo. —le respondió a su madre.
—De acuerdo, comeremos juntos—escucharlo la animó un poco. Siempre pensaba que le gustaría tener una relación de más confianza con Sasuke, tal como la tenía con Itachi. Pero ese muchachito jamás había sido muy sociable que digamos. Ahora, era más que evidente que Sasuke había tenido algún problema en el colegio y debió haber sido lo suficientemente importante como para que se comportara de esa manera. Sin embargo, no quería indagar demasiado. Sasuke podría llegar a actuar como un verdadero gato enfadado si se sentía acorralado con preguntas.
—Supongo que Naruto llegará en cualquier momento— afirmó Mikoto luego de comer el último bocado de su almuerzo.
—Supones mal.
La mujer se sorprendió ante la respuesta. —Pero mira la hora, tu padre y tu hermano ya están en camino. Seguramente Naruto también, hice su pastel favorito con doble relleno. —la sonrisa de Mikoto se borró al instante el ver como Sasuke se levantaba de la mesa con el ceño fruncido para regresar a su habitación.
—Naruto no va a venir hoy, y posiblemente mañana tampoco. —dijo dándole la espalda.
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—Jamás debí hacerte caso. —Naruto se llevó las manos a la cabeza con desesperación.
—Tú no sabes nada, al ignorarlo vas a conseguir que te preste atención.
—Te lo dije, Naruto. No le hagas caso a este idiota. —Ino se sentó al lado de su amigo para consolarlo.
—¿A quién le dices idiota? —reclamó Kiba. —Ya van a ver, ahora que Naruto lo ignoró todo el día Sasuke va a darse cuenta que está enamorado de él y lo tendrá a sus pies.
—Yo digo que eres idiota y tú me lo confirmas. ¡Sasuke se fue! —la rubia rodó los ojos. —Hinata te ignora porque no le gustas, y ahí andas tú atrás de ella como perro faldero. Sasuke no es como tú.
—¡Sí que le gusto!
Naruto se puso de pie de prisa. —Tengo que solucionar esto, tengo que seguir con el plan original.
—El que debiste seguir desde el principio pero decidiste hacerle caso a este inepto antes que a mi.
Kiba se cruzó de brazos y le sacó la lengua a Ino, quien bufó ante la insufrible actitud de su amigo.
Desde un principio la idea era otra. Naruto iba a declarársele a Sasuke el día de su cumpleaños, luego de que Ino le asegurara que, según su experiencia,su mejor amigo estaba enamorado de él. Sin embargo, estaba aterrado por la posibilidad de ser rechazado y además, arruinarle el cumpleaños. Hasta ahora era probable que hubiera conseguido lo segundo. Por seguir los inexpertos consejos de Kiba había tenido que soportar la peor de las torturas, ignorar a Sasuke, no pasar cada minuto de su día escolar con él era lo peor que había hecho en su vida. Con lo que le había costado y para nada.
Sasuke se había ido sin siquiera despedirse. Era 100% probable que estuviera furioso.
—¿Qué piensas hacer?
—No lo sé—sollozó.—Dime tú, Ino. ¿Qué hago? ¿Crees que me perdone?
La rubia suspiró.—Eres su mejor amigo, si le das una explicación, si usas las palabras correctas y si no vuelves a escuchar a este cara de perro —miró de manera espeluznante a Kiba para volver a su mirada dulce y serena hacia Naruto—estoy segura que todo saldrá bien—afirmó con una voz tranquilizadora.
Naruto, recobrando la confianza, levantó la frente. —Entonces, sigamos con el plan.
—Con MI PLAN. —corrigió Ino.
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—Vamos, Sasuke. Sólo queremos cantarte el feliz cumpleaños. —Itachi intentaba convencer a su hermano para que se animara un poco, no sólo por él sino por su madre.
Ella sabía cuanto le costaba a Sasuke hacer amigos, o al menos llevarse bien con sus compañeros por lo que siempre estuvo agradecida de que Naruto haya llegado a la vida de su hijo. Desde que se conocieron se habían vuelto inseparables ya que el rubio tenía un efecto único y especial en él. Mikoto entendía que acontecimientos como el cumpleaños de Sasuke hubieran sido muy diferentes de no ser porque tenía a su mejor amigo a su lado. Por eso fue que toda la familia recibió a Naruto como uno más, siempre intentando que se sintiera cómodo y que Sasuke supiera que era bien recibido.
Ahora no sabía que había sucedido, pero podía notar en Sasuke que no tenía ánimos para nada y que Naruto no estuviera allí en su día especial era una alarma.
—No pienso hacer toda esa ridiculez, ya estamos grandes, Itachi. Si quieres comer pastel cortalo y ya.
Itachi se sentó en la mesita frente al sofá donde Sasuke se había tirado a leer, aunque sólo miraba la misma página sin pasar de las primeras tres palabras.
—¿Quieres hablar de algo?
—¡Ay, por Dios! — un gesto de asco se formó en su rostro. —¿Estás jugando al hermano mayor? No hagas eso, por favor. —volvió su mirada al libro pero Itachi le llamó la atención con un doloroso golpe en la frente.
—No eres más que un chiquillo egoísta que no es capaz de decir a qué viene ese berrinche. —se puso de pie mirando a Sasuke enfadado. —Mamá sólo quiere festejar la vida de su hijo. No te cuesta nada ser un poco más amable con ella.
Molesto por las palabras de su hermano lanzó el libro a un costado y se levantó. —No me gusta festejar mi cumpleaños, ¿y yo soy el egoísta?
Dándole vuelta la cara se alejó para ir a la cocina, donde su madre estaba terminando de decorar el pastel.
Todos los años, aunque el pastel era a gusto y pedido de Naruto, Sasuke dejaba que le cantasen, pedía sus deseos, soplaba las velitas y abría sus regalos. Parecía hacerlo de mala gana, pero en el fondo se sentía muy feliz de tener personas que lo apreciaran, de tener una familia que lo quería tal como era y de tener a Naruto siempre a la par. Pero esta vez era diferente.
—Mamá, yo...
Unos gritos provenientes desde el frente de la casa interrumpieron sus palabras. Confundido, Sasuke intentaba entender qué decían.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó Mikoto. —¿ Eso es aquí?
Varias voces gritaban el nombre de Sasuke como si sus vidas dependieran de eso.
—Hay tres idiotas en el patio delantero llamando a Sasuke—confirmó Itachi al ver a su hermano y su madre acercarse curiosos.
—Es el idiota de Naruto— dijo Fugaku bajando las escaleras.
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Las manos le temblaban mientras intentaba leer las palabras escritas por Ino en el papel que tenía entre manos. Estaba tan nervioso que las letras se le mezclaban y todo lo que su amiga le había dicho se le había olvidado.
Se sintió incapaz de leer la declaración, tendría que confiar en el poder de sus propias palabras.
Vio salir a Sasuke, visiblemente molesto, con su familia detrás expectantes por lo que iba a suceder.
Ino estaba parada detrás de Naruto con un ramo de flores lilas y Kiba, a su lado, levantaba un cartel que decía "Lo siento".
Sasuke intentaba encontrarle un sentido a todo lo que estaba sucediendo desde la mañana pero no podía ser posible.
—Sa-s-Sasuke... se que fui un tonto esta mañana pero el tonto en realidad era, era... Kiba. —movía sus manos sin sentido en un intento de dar explicaciones y de juntar valor pero parecía no estar funcionando. —Lo que quiero decir es que te estaba ignorando pero no quería, y al final todo salió mal y entonces Ino me regaño y yo, y yo...
—¿Qué rayos es todo esto, dobe?
—¡Lo siento!
Los negros ojos de Sasuke se abrieron sorprendidos.
Naruto pasó saliva con algo de dificultad. —Siento haberte ignorado, pero había un motivo.
—¿Cuál podría ser el motivo para que te comportaras como un maldito idiota? —se cruzó de brazos mirándolo fijamente.
—Es que... Sasuke... —adelantándose un poco hasta la entrada, Naruto respiró profundo y se envalentonó.— Mi cielo favorito siempre será tu café.
Ino y Kiba se golpearon la frente con fuerza. Lo idiota ya era común en él.
—Digo, no... no te quiero conmigo porque es amar sin medida.
Itachi estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para aguantar la risa.
—¿Acaso estás borracho? —preguntó confundido Fugaku.
—¿Qué? No, no, no... Yo... Sasuke. TE QUIERO.
De repente todo quedó en silencio. La situación era demasiado confusa. Ino se acercó a Sasuke y le entregó el ramo de flores guiñándole un ojo.
—Necesitaba decírtelo de una vez, necesitaba juntar el valor para pararme frente a ti y expresar de una vez por todas lo que tengo en mi corazón.
Sasuke no podía decir una palabra, sus mejillas se sentían arder y lo único que quería era que la tierra se lo tragase. Dando media vuelta, dejó caer el ramo de flores y se metió a la casa. Todos quedaron desconcertados.
—La cagaste.
—¡Cierra la boca, Kiba! —Ino le dio un golpe en la nuca que lo dejó adolorido.
—La cagué.
Mikoto corrió tras su hijo y Fugaku miro al trío de idiotas de arriba abajo y siguió a su esposa.
—Hey, cabeza hueca. —Itachi se sentó en el escalón de entrada. —Ven aquí.
Naruto obedeció dejando a sus amigos irse.
—Cuéntame lo que está pasando y te diré lo que hiciste mal. Con suerte podremos arreglarlo.
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Tirado boca arriba en su cama, Sasuke no podía creer la vergüenza que Naruto le había hecho pasar, pero tampoco podía creer lo que había escuchado.
"Te quiero"
Esas fueron las palabras de Naruto, había oído bien. Entonces, ¿Por qué lo había tratado de esa manera en el colegio? ¿Y cómo rayos se le ocurrió que sería buena idea exponerlo así frente a su familia y sus compañeros? Eso significaba que en realidad no estaba molesto con él, que no se había cansado se su mal humor, que no quería dejar de ser su amigo.
Amigo.
Amigos.
"Te quiero"
¿Se habría dado cuenta?
Dos golpecitos cortos en su puerta lo sacaron de sus pensamientos.
—Déjenme en paz, por favor.
La puerta se abrió lentamente. —Sasuke, soy yo.
Con algo de desconfianza , Naruto entró a la habitación de su mejor amigo, cargando un pastel en su mano derecha. Sasuke se apresuró a sentarse en la cama y abrazó su almohada para ocultar sus nervios.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a—dejó el pastel sobre la cama y pensó sus palabras por un momento. —Vine a pedirte disculpas.
—¿Por hacer el papel de imbécil?
—Sí.
La respuesta sorprendió a Sasuke.
—Siento haberte ignorado, sé que seguí un mal consejo de Kiba pero en realidad soy el único culpable.
Naruto bajó la mirada pero rápidamente volvió a clavar esos ojos de azul brillante en Sasuke.
—Eres mi mejor amigo y debí tener la confianza para decírtelo de frente, sin intermediarios, sin hacer el ridículo frente a todos.
—No serias tú si no haces el ridículo.
Naruto sonrió ante eso.
—Sasuke, me gustas.
El silencio se apoderó del lugar por un instante. Si embargo aún quedaban cosas por decir.
—Eres mi mejor amigo, y espero que lo seas por siempre. Pero me gustas, hace un tiempo y quiero estar contigo. Y no se si esto te molestará y querrás mandarme al demonio pero necesitaba decírtelo.
Sasuke tragó con dificultad, y pensó cuales serían las palabras correctas para decir. No quería que Naruto se diera cuenta que sus mejillas ardían y que estaba sumamente nervioso.
—¿Me pasas el pastel?
—¿Vas a darmelo en la cara?
—¿Tú qué crees?
Naruto no dijo nada, sólo obedeció. Sobre el pastel había una pequeña vela dorada.
—Supongo que no tienes nada para encenderla.
—No, lo siento. Iré por algo.
—¡No! —lo retuvo tomándolo del brazo. —Está bien, no hace falta. Siéntate.
Naruto se sentó en la cama, bastante nervioso sin entender que iba a hacer Sasuke. Quizás lo estaba preparando para el rechazo, una respuesta negativa era algo que cabía entre las posibilidades.
—Cierra los ojos.
—¿Estás seguro que no me darás un pastelazo?
—¡Que no! — dijo con seriedad cuando Naruto hizo lo indicado. —Pide un deseo.
—Ok—susurró.
De todas las veces que se lo había imaginado esta era la mejor porque esta vez era real. De verdad estaba sucediendo. Había deseado por mucho tiempo vivir este momento, lo había soñado, lo había manifestado, lo había esperado. Y ahora estaba ahí, sintiendo la calidez de los labios de Sasuke pegados a los suyos, con un pastel en medio de ambos y sin saber que hacer.
Abrió los ojos sintiéndose flotar entre nubes.
—Eso significa...
—Significa que tu regalo de cumpleaños me ha gustado mucho.
—¿Las flores?
Sasuke rodó los ojos pensando que se había enamorado de un idiota.
—No, dobe. Me regalaste la declaración de amor más cursi, ridícula y vergonzosa del mundo.—sonrió de lado, sintiendo su corazón latir más fuerte que nunca. —Era justo lo que quería.
Naruto sonrió con todos sus dientes, tan feliz que podría ponerse a bailar.
—¿Me quieres?
—Te quiero—Sasuke sonrió y volvió a dejar un corto beso en los labios de Naruto.
—Feliz cumpleaños, teme.
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