Chapter Text
Una Soledad de unos 22 años se encontraba en medio de la oscuridad de la habitación del hotel acurrucada con el teléfono en la mano.
—Pero siempre pensé que cortaste conmigo.
—¿Siempre?
—Siempre... desde que nos peleamos.
—No quiero cortar con vos, Sole.
—Pero dijiste que no podías seguir con esto.
—Lo sé —dijo.
—Y lo quisiste decir —continuó.
—Lo hice.
—¿Pero nosotros no cortamos?
Él gruñó, pero podía decir que no era para ella. Generalmente, cuando Jeremías gruñía, era a sí mismo. —No puedo hacer esto más —dijo—. Pero espero que esto pueda cambiar porque... creo que no puedo vivir sin vos tampoco.
—Claro que podes. —Soledad no bromeaba.
Jere se echó a reír de todos modos. (Bien, no se rió, Jeremías raramente reía. Pero tenía una especie de jadeo con la boca abierta que podría contar como una carcajada.) —¿De verdad crees que puedo vivir sin vos? Porque no he tenido suerte con eso hasta ahora.
—No es cierto —dijo Soledad. Bien podría decirlo
—Lo hiciste por diecinueve años antes de conocernos.
—Eso no cuenta —dijo él, como si estuvieran jugando.
—No sabía lo que me perdía antes de conocerte.
—Frustración —dijo ella—. Irritación. Estúpidas fiestas de la industria.
—No sólo eso.
—Salidas tarde —continuó—. Cenas perdidas. Esa voz que uso cuando estoy tratando de impresionar a la gente... —Jere odiaba esa voz.
—Sole.
—... Luciano.
Jeremías hizo otro ruido enfurruñado. Éste no era nada parecido a una risa.
—¿Por qué tratas de alejarme?
—Porque —ella presionó—. Por lo que dijiste antes de salir. Acerca de la forma en que no estaba funcionando y que no éramos felices, y cómo pensabas que no podías seguir así.
Seguí pensando en lo que dijiste, no pude dejar de pensar en eso, y no se me ocurre ninguna forma para contradecirte. Tenías razón, Jere. No voy a cambiar. Estoy atrapada en un mundo que vos odias, y yo sólo te sujeto acá. Tal vez deberías salir mientras puedas.
—¿Crees que deberíamos cortar? —dijo él—. ¿Queres eso?
—Eso son dos preguntas distintas.
—¿Crees que yo sería mejor sin vos?
—Probablemente —Decilo, se dijo a sí misma. Sólo decilo—. Quiero decir...sí. Mira todo lo que dijiste después de esa fiesta. Mira la evidencia.
—Han pasado muchas cosas desde que dije eso.
—Viste un arco iris doble —dijo ella—. Y ahora crees en los extraterrestres.
—No. Vos llamaste tres veces para decirme que me amas.
Sole atrapó su aliento y lo sostuvo.
Sonaba como si estuviera sosteniendo el teléfono aún más cerca de la boca ahora—: ¿Me amas, Sole?
—Más que nada —dijo. Porque ante todo decía la verdad—. Más que todo.
Jere resopló, tal vez con alivio.
—Pero —ella siguió empujando—. Vos dijiste que no era suficiente.
—Puede que no sea.
—Entonces...
—Entonces no sé —dijo Jere—. Pero no quiero terminar. No puedo en este momento. ¿Estás cortando conmigo?
—No.
—Volvamos a empezar —dijo en voz baja.
—¿Cuánto tiempo atrás?
—Justo al principio de esta conversación.
