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Curiosidad

Summary:

Crowley pasó años preguntándose cómo sería.
Hasta que un día lo hizo.

 

Un mini-fic de Crowley decidiendo sobre el primer beso.

Notes:

NO, VALE, NO. NO ES EL CAPITULO 6 DE LA SEGUNDA TEMPORADA.
ESTA ES MI FORMA DE LIDIAR CON EL CAPITULO 6.
ESTA ES MI TERAPIA.

Work Text:

Pasó años preguntándose cómo sería.

Siglos, centenas de ellos. Eones perdidos en el pensamiento de descubrir algo nuevo, queriendo saber si la tierra alguna vez sería testigo de cómo por fin un demonio se atrevía a descubrir el sabor de los labios de un ángel.

Crowley, sin embargo, jamás se atrevió. Bastaba con solo ver las mejillas alzadas y brillantes de su ángel para desearlo, pero de todos los pecados y des virtudes que cometió a lo largo de su existencia, ese parecía el único que no era capaz de hacer, como si de alguna forma se negase a que algo pudiera pasarle a Aziraphale pero ¿acaso algo iba a pasar? Era un beso. Uno solo. Labios tocándose no debía de ser un mayor problema cuando los humanos vivían haciéndolo incluso con gente que no apreciaban. Y él, en cambio, apreciaba a Aziraphale más de lo que debería ser permitido.

Así que lo pensó demasiado, con el Bentley poniendo siempre alguna canción sobre besos que todo el tiempo Crowley se encargó de cambiar hasta que fue imposible luchar. Lo pensó tanto que estuvo dentro de la librería antes de que él se diera cuenta, con Aziraphale contándole emocionado sobre una nueva edición de un libro que había conseguido. ¿Le importaba al demonio? Ni un poco, pero a Aziraphale le hacía feliz.

Crowley se sentó en el reposabrazos del sofá y miró el libro por sobre los hombros del ángel, mientras éste continuó contando cómo la edición era tan especial que nadie más podía tenerla alguna vez, cosas de libros suponía, Crowley solo sabía que tenía una sonrisa adorable cuando le contaba sobre sus cosas. Tenía ese tono especial.

—Ángel.

El llamado hizo que Aziraphale callara, giró el rostro hacia él mientras cerraba el libro, y desde esa posición sus pestañas claras no hicieron más que enmarcar una mirada encantadora.

—¿Qué pasa?

Crowley no contestó, simplemente se inclinó, olvidando el valor que debía tomar, o las millones de preguntas que se hizo con anterioridad, y simplemente lo besó. Fue suave, tierno, y pudo sentir como un suspiro de Aziraphale moría contra su boca al responder.

Tanto tiempo que se preguntó cómo sería, si pasaría algo especial, si sería como las películas de los humanos con esa cantidad de efectos, y la verdad es que para ser la primera vez (por fin) en el que tocaba los labios de Aziraphale, fue… natural.

Se sintió como el tiempo a su lado, tranquilo y natural, como la brisa fresca entre sus plumas. Sus labios supieron a chocolate caliente, a los biscuits que supo que comió solo porque las migajas seguían en la bandeja cuando llegó, supo a tantas cosas y cada una de ellas eran por su propia cuenta Aziraphale.

Las pestañas de Aziraphale revolotearon cuando se separaron, Crowley suspiró, alientos unidos en ese escaso espacio entre ellos mientras la punta de sus narices se rozaban y compartían una mirada silenciosa. Pasaron minutos. O segundos. O quizás fueron horas. Jamás se sabía cuándo estaban juntos.

—¿Y eso por qué fue? —preguntó Aziraphale en un susurro.

Crowley volvió a besarlo, deslizando los labios sobre los contrarios en una dulce caricia para comprobar que todo era real.

—Curiosidad.

Y esta vez, fue Aziraphale quien alzó la cara hacia él, el beso fue más tímido de lo que creyó, pero sus labios temblaban por una risa que contenía y eso solo lo hizo mejor.

—Me agrada esa curiosidad…

Pasó años preguntándose cómo sería.

¿Y al final, era así de fácil?

Que tonto había sido, debió intentarlo antes.