Work Text:
Kelly Bennett tiene familia, amigos ya su amado compañero. Tiene un hogar al cual volver, lo recuerda cada vez que sale a patrullar.
Es feliz cada vez que regresa a casa, cuando cenan en manada o tiene una noche privada con Robbie. Esas noches en pareja suelen comer en el sillón luego de una ducha caliente, la televisión con el volumen bajo, pasando una película vieja y aburrida como le gustan al pelinegro (“de culto”, como él dice), pero a la que ninguno de los dos presta atencion por estar hablando de su dia.
El único tema que Kelly no toca es sobre la comida (aunque a veces está algo quemada, o muy salada, o pegajosa), sabe que su novio se esfuerza por buscar recetas, elegir los mejores ingredientes y que se siente orgulloso de proveer comida para su compañero que llega agotado del trabajo, ignorado su propio cansancio. No quiere quitarle eso, cree que con el tiempo Robbie encontrará el balance correcto, paciencia es la clave, se lo recuerda a su estómago casi cada noche.
Le resulta curioso la poca importancia que le dió antes al chico, él sólo había vuelto a lo que consideraba su hogar, desesperado para recuperar lo que habían dejado atrás, a quienes había dejado atrás, pero se había encontrado con un panorama que aunque no era imposible no era el que esperaba. Para él, Robbie era un extraño que se la pasaba detrás de Ox; claro, su aroma le llamó la atención, quizás olía mejor que otros, pero no significaba que le agradara la idea de un extraño en su territorio.
Con el tiempo lo conoció, su persona y su historia; respetó su determinación y valor de quedarse a luchar cuando Richard Collins volvió y cuando los cazadores atacaron. De a poco, entre pequeños detalles y gestos se fue ganando su confianza, se convirtió en compañero de manada, pero esa percepción no duró mucho.
Fue diferente, los sentimientos crecieron de manera constante en su interior y aquel chico que se ponía nervioso cada vez que le dirigía la mirada, al que se esforzaba por ignorar, fue ganando su atención y aprecio. Un delgado lazo se formaba, motes de colores que no lograba definir surgían sin que pudiera distinguirlos, algo muy nuevo como para darle nombre.
En algún punto su vida comenzó a orbitar alrededor de Robbie, no de forma incómoda o dolorosa, en su lugar, al igual que con Ox, Kelly se dió cuenta de que había conocido a otra persona especial en su vida que quiere a su lado. Fue entonces que el verde comenzó a distinguirse de la bruma, cada vez más brillante, ganando impulso con cada acercamiento entre ellos.
Eso provocó muchos momentos entre ambos, pueden llamarlo sentimentalista, pero los guarda en su interior. Es una mierda a veces, por ejemplo, cuando discuten por quién se puso en mayor peligro y quién debe disculparse, pero generalmente la sola presencia del mayor llega a ser casi medicinal.
Molestarlo y verlo hacer caras graciosas tras esos lentes (que lo hacen ver ridículo, pero algo adorable también), escuchar su risa y hacerlo sonreír, caminar a su lado por el bosque y que le preste atención, pequeños detalles que hacían (y aún hacen) que le guste Robbie, le gusta mucho, le gusta lo que le hace sentir y las emociones que tiene. Solo pensar en él hacía a su corazón acelerarse y su boca salivar, con los colmillos asomando, ansiosos por marcarlo, el lazo firme de ambos lados, se llamaban entre sí.
No lo dice siempre en voz alta, no siente que deba hacerlo. Es extraño, ama lo que siente por Robbie, pero siente que decirlo en voz alta como harían los humanos no es necesario, es un lobo, le gusta seguir su instinto, prefiere demostrarle que lo ama con acciones diarias que hacerlo con palabras.
Al ser asexual pensó que eso podria ser un problema, pero al igual que su relación, fue un proceso. Robbie sabe y comprende que no siempre es necesario tener sexo para demostrase que se aman y Kelly se lo reafirma cada vez que que lo marca con su olor en cada toque, cuando pasa por el taller y almuerzan juntos, al caminar juntos por el bosque hablando de todo y de nada, en cada luna llena que juegan a perseguirse y se dan mordidas jugetonas, cada vez que vuelven a marcarse sus mordidas de reclamo y cada noche que vuelve a casa con su compañero, donde un cena caliente (tal vez quemada o salada o pegajosa) y un hombre hermoso que lo ama lo esperan. Incluso cuando se enojan con el otro por ponerse en riesgo, saben que a veces es necesario y no hay opción, pero han perdido tanto, que ninguno sabe lo que haría si perdiera al otro, cree que de alguna forma eso también es prueba de cuánto se aman.
Le gusta la pequeña rutina que han formado (dejando de lado los peligros inminentes a los que se enfrentan), pero algo que ha descubierto recientemente, es que ama el regazo de Robbie. Fue un accidente, una tarde cuando estaba agotado en el bosque luego de entrenar y a falta de un lugar más cómodo donde descansar, y sin tener ganas de cambiar al lobo, el mayor debajo de un árbol le ofreció su regazo para que se recostara.
La suavidad contra su cabeza, el olor del otro potente en su nariz y el aire acariciando levemente sus mejillas, el sonido de su manada jugueteando alrededor. Cerró los ojos solo para disfrutar más el momento, descansar su cabeza contra el regazo del chico que le gusta, luego de terminar el entrenamiento, fue refrescante.
Es diferente, es familiar, es casa. Kelly cree recordar antes disfrutar del regazo de su padre, lo hacía sentir importante, especial, porque no era Joe el centro de todo.Tal vez solo eran celos enmascarados, de los que tenían una familia. Incluso cuando sabe del cariño que tiene por su familia (su padre incluido) había una extraña pared que lo aprisionaba, como si faltara algo a su lado. Fue raro no saber qué quieres algo hasta que lo pierdes y luego, muchos años después lo obtienes de forma inesperada.
Mejoró cuando Robbie pasó una mano por su cabello, el sonido animal que salió por su garganta fue inevitable y no se avergonzó de hacerlo notar. Escuchar su risa fue suficiente para hacerlo abrir los ojos y verle de reojo, Kelly quedó prendado de la imagen recibió: Robbie lo observaba con una sonrisa ligera, sus ojos verdes levemente entrecerrados, los rayos del sol no cubierto por sombra del árbol hacían al cabello negro brillar. Tan embobado estaba que apenas pudo entender lo siguiente que el mayor dijo.
—Es curioso, mi madre solía hacer esto por mí, es raro estar de este lado—admite algo abochornado de repente.
Sonríe animado, sin moverse de ese lugar. El regazo de Robbie acababa de destronar a la cama de Robbie en su top de lugares más cómodos para dormir.
—Hace mucho no hago esto, es raro, me agrada, es como se siente estar en casa—comenta, aunque no cree que se haya explicado tan bien.
Green Creek, su manada y su compañero siempre es casa, siempre es el hogar al que quiere regresar, es lo que lo anima a correr por su territorio, un recuerdo de que pertenece al lugar, de que ya no es un viajero sin rumbo, ninguno de los dos.
Ese mismo sentimiento, pero de forma más cálida, es lo que está sintiendo en este momento. Es algo que le ha gustado y quiere volver a sentir otra vez, pronto, no cree cansarse de eso.
Lo siente en su lazo, Robbie es casa, familia, amigo, compañero, amor . Su lobo se regodea orgulloso y alegre por eso.
—Casa—escucha susurrar a Robbie, quien mantiene una expresión pensativa viendo a otro lado, antes de volver a sonreír levemente como si recordara algo—supongo que te entiendo, cada vez que estaba en el regazo de mi madre, sentía que estaba en el mejor lugar del mundo, un hogar, un lugar donde pertenecer…extraño esa sensación—medita con una sonrisa nostálgica.
Algo hace clic dentro de su cerebro, provocando que se siente de repente. Todo da un ligero mareo, se voltea un poco, sujetando la cabeza de Robbie, quien chilla cómicamente cuando es arrastrado contra su regazo, intercambiando las posiciones entre ambos. Su pareja le da una mirada incrédula, Kelly en cambio sólo sonríe de forma divertida viéndolo con la cabeza sobre su regazo.
—Listo, ahora estás en mi regazo y también estás en casa—dice de forma triunfante, esperando que el sienta una décima parte de lo que Kelly siente al estar a su lado.
Es consciente de que Robbie lo ama como es y de que aprecia cada momento juntos, pero a veces no puede evitar sucumbir ante sus propias inseguridades. No está seguro si esto es igual de especial para el otro, pero su lobo, ansioso por hacer que su compañero se sienta bien, quiere hacer lo mejor posible por él. Cuidar el amor y no darlo por sentado también es importante
Porque Robbie es importante en su vida, y Kelly quiere seguir siendo importante en la suya.
Ve al chico lucir confundido, antes que suelte una leve risa burbujeante, que siempre le hace sonreir al escucharle, como en ese momento.
—Supongo que sí, se siente en casa—comenta este con un leve encogimiento de hombros y ojos honestos, que lo hacen sonreír animado.
Puede que “casa” sea diferente para ambos, puede que para Robbie “casa” sea la emoción del recuerdo de su madre y el descubrimiento de la manada Bennett-Matherson como nuevo hogar, en cambio para Kelly “casa” era lo que sintió con Robbie. Quisiera comentarle esto, saber el verdadero trasfondo de su propia palabra, pero no lo hace, porque simplemente disfruta de ver a Robbie cerrar sus ojos y disfrutar de su mano, que de manera suave acaricia su cabello y sus orejas.
Kelly ama el regazo de Robbie, pero también ama que esté sobre su regazo.
Porque eso significa casa para ambos.
Un lugar al cual volver.
FIN
