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Lanzó un pequeño gruñido perezoso cuando el sonido de sus auriculares color bronce descendió algunos decibeles por debajo de la tolerancia regular, abrió sus ojos cansados en medio de la oscuridad que perpetuaba en su habitación y echó un vistazo al reloj analógico sobre la mesita de noche. Eran pasadas las tres de la mañana, el insomnio continuaba tan presente en su cuerpo como el agotamiento mismo, los residuos de luz fantasmal de su pantalla se desvanecieron hasta convertirse en nada más que una molestia leve, antes de palmear la cama en busca del móvil, apoyarse sobre uno de sus codos y mover uno de los cascos fuera de su oreja.
Tocó el protector táctil con el pulgar dos veces para hacer reaccionar su pantalla, el baño de iluminación la obligó a apretar los párpados con fuerza, acostumbrándose poco a poco. Finalmente leyó el autor del mensaje de texto entre sus muchas notificaciones de redes sociales, sin leerse el contenido en realidad.
WhatsApp de Millas.
Una sonrisa, por pequeña y mezquina que fue, surcó sus labios, presionando el cuadro para ser lanzada directamente al chat. Ignoró los dos audios pendientes que tenía de su vecina de arriba y los cuarenta y tres mensajes en un grupo del vecindario solo para responderle a su novio. No era inusual recibir señales de él a altas horas de la noche, no sabía en qué clase de cosas estaba metido pero sabía con certeza que sus salidas nocturnas no eran un simple pasatiempo. Podía adivinar por la participación del tío Aaron que al menos se trataba de alguna mierda "familiar" y atreverse a preguntar resultaba sencillamente inapropiado. La propia Rio no parecía guardar conocimiento alguno y por la naturaleza de sus más recientes experiencias, tampoco pretendía envolverse en ellos más de lo que Miles estaba dispuesto a dejar ver.
Era un muchacho sensible, llegaría el día en que le explicaría todo a su debido tiempo. Aún era pronto para involucrar a sus familias en su relación, sin importar por cuanto tiempo habían estado saliendo.
Leyó el corto mensaje y rodó los ojos con gracia.
Millas, 03:21 a.m.
Hey mami
Escribió algo breve, masticándose ansiosamente el belfo inferior al teclear rápido y borrar hasta conseguir una respuesta relajada pero no demasiado despreocupada.
Tú, 03:21 a.m.
Debería sorprenderme pero no lo hace
De inmediato le dejó un segundo mensaje, solo para estar segura de que la conversación sería juguetona y no una especie de reclamo.
Tú, 03:21 a.m.
Son horas decentes para mensajear a tu novia?
Se recostó plácidamente sobre su costado derecho, acurrucándose entre las almohadas sin apartar la mirada de la pantalla, contemplando atentamente el indicador de escribiendo... justo debajo del nombre.
Luego de un minuto entero, obtuvo solo otra corta sílaba de su parte.
Millas, 03:22 a.m.
Yup
Resopló resignada pero poco tiempo le dio para responder de nuevo cuando su móvil vibró ante la llegada de un tercer mensaje.
Millas, 03:22 a.m.
Son horas decentes para estar despierta?
Tú, 03:22 a.m.
Insomnio
Estaba escuchando música
Millas, 03:22 a.m.
| Tú
| Insomnio
Quieres ayuda con eso?
No pudo evitar arquear ambas cejas con positiva incredulidad. Abrió la barra de notificaciones y dio fin a la canción reproduciéndose de fondo en sus auriculares para sacárselos de la cabeza, dejándolos caer por la orilla de la cama hasta la alfombra. También sabía que la ropa sucia acumulada alrededor de la base debido a su holgazanería los salvaría de estropearse contra el piso, así que se acomodó en una posición nueva, completamente tranquila al respecto.
Nunca más se acostaría a chatear boca arriba, todavía conservaba una herida recién cerrada en el labio por eso. Se lamió inconscientemente.
Tú, 03:23 a.m.
Por qué?
Vas a venir a contarme un cuento para dormir?
Millas, 03:23 a.m.
Tenía otras cosas en mente pero puedo hacer eso también
La mueca permanente entre sus mejillas se ensanchó, rizándose en las comisuras, seguido por un rubor cálido subiendo desde sus pómulos hasta la punta de sus orejas perforadas. Reprimió una risita boba y se humedeció los labios otra vez con un cosquilleo agradable creciéndole en el pecho.
Miles tendía a ponerla al borde de los nervios, como una adolescente tonta y enamorada. No sabía con exactitud en qué momento sus coqueteos habían dejado de ser solo una simpatía común a una cosa real para los dos.
Tú, 03:24 a.m.
Ahora quiero el cuento
Cómo estuvo tu día?
Te llamé en la tarde y no contestaste
Millas, 03:24 a.m.
Largo
Esperó algo adicional pero, desde luego, aquello era más de lo que podía aspirar a recibir de su novio. Fue en vano, optó por dejarlo pasar y seguir hablando de manera casual, sepultando en su interior el destello de decepción que permeó la felicidad en su rostro.
Tú, 03:26 a.m.
Hoy vi a tu mamá en la tienda
Millas, 03:26 a.m.
Sí me contó, hola a ti también
Estuvo a punto de reír ante el recuerdo de la mujer frente al mostrador, siempre amable hablando tanto de su brillante hijo. Ella aceptó con gusto sus saludos para Miles y poco le importó si estaban en contacto todos los días por mensajes.
No quería sonar presumida pero Rio la adoraba–por razones que le eran absolutamente ajenas, para ser honesta–.
Millas, 03:27 a.m.
Qué estabas escuchando? Dime para escucharla contigo
Una vez más, se mordió el labio inferior solo para apaciguar el dolor agradable en sus mejillas, tropezando con las letras al teclear lo bastante rápido para mantenerse dentro de la conversación.
Tú, 03:27 a.m.
Family affair
Millas, 03:27 a.m.
Te gustó?? Genial
Tú, 03:28 a.m.
Tenías razón, es buena
Millas, 03:28 a.m.
Yo siempre tengo razón
y buen gusto también
Pase por esa calle que tenía un bote de basura encadenado a un árbol, te acuerdas?
Alguien se lo robó
Jade no pudo evitar estallar en carcajadas poco agraciadas. Un sonido nasal que inundó su recámara y habría despertado a su papá si el hombre no hubiera bebido cuatro cervezas durante la cena. En la soledad de su habitación, no tuvo intención de cubrirse la boca como hacía con regularidad, les dio rienda suelta a las risitas y le envió una nota de voz a su novio.
—¡Te dije que esas cadenas no iban a impedir que nadie se lo robaran! Lo sabía, que pendejada, ¿y quién se roba un bote de basura? Solo no —siseó colocando el móvil cerca de su boca para evitar alzar más el volumen, una lágrima pequeña nació en el borde de su lagrimal, riendo más al pensar en su chico riéndose con ella en ese momento.
Aguardó pacientemente por una respuesta y casi saltó de la cama al ver el indicador en línea debajo el contacto convertirse en un grabando audio... mientras abrazaba uno de sus cojines. Sus mejillas se calentaron de anticipación, mordiéndose el interior de la boca de nuevo.
Le dio tiempo suficiente para suavizar la sonrisa en sus comisuras y descansar los hoyuelos, luego cayó el mensaje en su bandeja y vio cargar el audio en su pantalla antes de presionar precipitadamente el icono para reproducir la nota.
La voz pesada y varonil del muchacho envió un escalofrío penetrante por su espalda, su estómago se apretó alrededor de la merienda ligera que había tomado durante la comida y acercó el aparato a su lóbulo para oírle mejor.
Toda su piel se erizó en reconocimiento, percibiendo un tono burlón y cínico en cada pronunciación.
—Y ni siquiera se llevaron las cadenas, dejaron toda la basura en la banqueta, tenías que rodear la calle si querías... —Lo escuchó suspirar extenuante y reticente, como si algo le irritara y rechinara los dientes al hablar, agregando— llegar al otro lado. Nadie va a limpiar esa mierda, te lo digo de verdad.
Y el audio se cortó ahí.
Se apresuró a escribir una respuesta, relamiéndose los labios al formular varias veces una pregunta y variarla con diferentes palabras.
Tú, 03:31 a.m.
Estás cansado?
Millas, 03:32 a.m.
No, solo tengo sueño
No pudo evitar fruncir el ceño con evidente confusión, releyó el texto y comenzó a divagar acerca de que tan agotado podía estar su chico si no comprendía una simple duda.
Tú, 03:32 a.m.
A eso me refería
Deberías ir a dormir
Millas, 03:33 a.m.
Y dejar esta interesante conversación para mañana?
Nah
Entonces una mueca sarcástica floreció en sus labios pero no tecleó un mensaje de regreso, notando como el adolescente no había dejado de escribir al otro lado.
Millas, 03:34 a.m.
Quiero hablar contigo
Te extraño
Logró ver por el reflejo de su iluminada pantalla, en medio de la oscuridad, que sus mejillas se habían enrojecido ferozmente. El calor del bochorno le subió hasta las orejas y lanzó un agudo chillido, escondiendo la cara en la almohada más cercana. Su corazón bombeó con tanta fuerza en su pecho que temió ser escuchada por los vecinos del piso contiguo.
—Idiota —murmuró con una sonrisa en la cara.
Así que se armó de valor para corresponder tras un largo minuto de entera vergüenza.
Tú, 03:35 a.m.
Millas |
Te extraño |
Debiste empezar por ahí
También te extraño
Millas, 03:36 a.m.
Puedo llamarte? Tengo que escucharte
Solo si puedes, no quiero meterte en problemas
Todo su rostro debió encenderse debido al entusiasmo porque sus hoyuelos hormiguearon, así que dio una respuesta rápida y corta, Miles lo prefería así.
Tú, 03:36 a.m.
Sí
No tuvo que esperar mucho más, aunque su paciencia destacaba en ausencia. El brillo de su protector bajo un poco y volvió a iluminarse ante la entrada de una llamada por WhatsApp; la pequeña imagen de perfil tomada desde la terraza de su edificio–un trabajo maravilloso hecho en honor a su padre–y ese botón tintineante en color verde. Deslizó hacia arriba para aceptar y de inmediato se llevó el móvil al oído derecho, acomodándose sobre ese costado de su cuerpo en la cama, de ese modo podía ver hacia el exterior a través de su ventana, distraída con los vestigios de luces neón en los anaqueles de los locales bajo su edificio de departamentos.
Él habló primero— Hey. —Fue un saludo breve y directo, como siempre.
Jade se masticó el belfo inferior con otra mueca risueña en la boca y, por la entonación amable en la voz de su pareja, adivinó que por sus labios surcaba una bastante similar.
—¿No 'hola, mami'? ¿Qué pasó con la cortesía?
La risa gruesa y masculina sin adulterar al extremo opuesto de la línea casi la hizo estremecer. —Hola, mami.
Luchó por no partirse a carcajadas, aunque mucho no pudo hacer por evitar retorcerse entre sus sábanas.
—Te voy a colgar —él advirtió con cierta gracia.
—¡No! ¡Está bien, está bien! Lo siento, es que es... es muy lindo, lo juro.
Hubo un fugaz momento de silencio, tan efímero que apenas le dio tiempo para reflexionar en ello.
—Yo no lo definiría como lindo —Miles vaciló, enfatizando.
—Lindo es justo la palabra que estoy buscando.
—Yo estaba pensando en otra, ¿no quieres que te dé una mano? —Por un instante, cada sílaba fue siseada con una malicia casi mordaz e inocente, prácticamente podía verlo humedecerse los labios con una de esas sonrisas encantadoras que solían robarle el aliento.
Tanteó con él— A lo mejor podría necesitarla.
—¿Sí?
Se removió un poco, encogiéndose de hombros como si el chico realmente pudiera verla a través de la pantalla. No era así pero seguro él era capaz de interpretar su mutismo.
Intentó cambiar el rumbo de la conversación. —¿Quieres contarme cómo te fue hoy o comienzo a hablar de como un señor vino a la tienda y trató de llevarse unos cigarros gratis?
—Tu día suena mejor que el mío —suspiró. Ella escuchó como se movía a través de la bocina, haciendo un rechinido familiar.
—¿No estabas en tu cama?
—¿Que me quieres en la cama? —Ambos estallaron en risa casi en el mismo instante. Jade estaba conteniendo un sonido nervioso y Miles continuaba sonando relajado—. Solo tenías que pedirlo.
—¡No, eso no fue lo que quise decir!
Prácticamente podía verlo tumbarse boca arriba en su colchón individual de un salto.
—Estoy jugando contigo.
Sus pómulos calientes se inflaron en un puchero ligero. —Pues no es divertido.
—¿Según quién? —Con distintivo descaro en su voz.
Rodó los ojos, recostándose de espaldas a la cama en una posición que solo podía ser del mismo Miles, flexionando uno de sus brazos detrás de la cabeza en un apoyo extra para el cuello. No tenía que sostener el teléfono contra su oreja, solo dejarlo descansar sobre el cojín.
—El tipo este trato de hacerme creer que estaba alucinando todo. Primero me pidió una caja de cigarros, normal, y siguió hablándome sobre un choque en su calle, ¡yo vi con mis propios ojos como se metió la caja en el pantalón y me pidió otra! Nadie había intentado robarme así antes, ¿hacerme pasar por loca a mí?
—Que locura —él rio—, debió saber que ya lo estabas, es...
—Cállate —gruñó.
Entonces lo escuchó reír tan fuerte a través de la llamada que le pareció sentir como se alejaba del auricular y ahogaba las risotadas contra la palma de su mano.
—¡Oye! —reprochó.
Sus risas no cesaron, solo se volvieron más sutiles. —¿Qué?
—Si vas a reírte, al menos ten la decencia de no escondérmelo.
—¿Quieres oírme reír? —Aunque el sarcasmo definió cada palabra, sin duda estaba sonriendo profundamente. Luego imitó una pobre risa marcada e irónica, seguida de una más genuina—. ¿Estás feliz ahora?
Asintió— Satisfecha.
—Eres increíble —bufó.
Ni siquiera lo pensó dos veces antes de contestar— Lo sé, me extrañas.
Por un instante, ninguno de los dos añadió nada a la conversación hasta que él se atrevió a chasquear la lengua por lo bajo.
—Sí lo hago —murmuró.
Sus mejillas volvieron a quemar de manera bochornosa. Si su habitación no estuviera en absolutas penumbras, alcanzaría un espejo del mueble a su lado y se miraría la cara para comprobar hasta donde se arrastraba el rubor.
Jade se arriesgó a preguntar, tropezó con algunas sílabas pero consiguió formularlo sin parecer una idiota— ¿No quieres salir conmigo mañana? —Y agregó atropelladamente— Podemos ir a ese lugar que nos gusta, donde las hamburguesas están buenas.
De nuevo, el mutismo la sujetó por la garganta y estrujó tan fuerte que le impidió respirar con normalidad. A cambio, Miles prolongó su tortura hasta que un resoplido bastante parecido a la decepción hecha expresión golpeó el micrófono.
Supo lo que iba a decir segundos antes de que él lo dijera.
—Mañana está difícil. Es que tengo algo.
—¿Algo?
—Con mi tío —se limitó a comentar. Un minuto entero más tarde, propuso una solución— ¿Qué tal si te llevo la otra semana?
Él no iba a llevarla la otra semana y era consciente. De todos modos, aceptó su cortesía con un hilo de voz. Confiaba en que–cuando menos–lo vería el próximo mes, cuando llegara al local para comprar cosas que su madre le pedía en una lista de súper y otras tantas que mucho no tenían que ver con el hogar. Hasta donde sabía, las cuerdas gruesas de nilón, la cinta plateada y cables eran para hacer una remodelación, otra vez.
El silencio fue incómodo esta vez, largo y tedioso; Jade quería llenarlo con algo, cualquier cosa, pero seguía digiriendo el rechazo con amargura.
—Perdóname —Miles habló bajo—, en serio te extraño.
—No pasa nada, estás ocupado. Entiendo eso.
—No tendrías que... —cortó y la llamó en un suspiro a medias— Jade.
—Estoy bien, Miles —lanzó una risita casi despreocupada—, puedo soportar una semana más.
O tres, para ser precisos.
Se dispuso a aligerar el ambiente. —No necesito qu...
—Yo no sé si pueda —la interrumpió.
Frunció el ceño confundida— ¿Qué cosa?
Se tomó su tiempo, lo oyó removerse sobre la cama, deslizando una exhalación suave por la boca que zumbó en sus tímpanos antes de estar listo para continuar.
—Yo no sé si pueda soportarlo una semana más —rio. Por mucho que le hubiese apetecido verlo enrojecerse del pudor, no pudo disfrutarlo a través de una simple llamada.
Lo meditó por interminables minutos, incluso le escuchó carraspear al otro lado de la extensión como si le pareciera incómodo el repentino sigilo. Quizá podía sacarle provecho a la culpa simultánea, no tenía nada de malo pedir una expiación justa y, si hablaban de disculpas, en realidad estaba siendo bastante razonable al respecto.
Así que reunió aire y susurró, medio en broma, medio en serio— Podrías recompensármelo. —Pellizcó el interior de sus mejillas con los dientes, acostándose sobre su costado izquierdo para enroscarse en un ovillo, admirando el resto de su habitación de reojo, incluyendo los afiches mal colgados cubriendo la pintura descarnándose por la humedad.
Él vaciló— ¿Cómo?
—No lo sé, puedes... mandarme una foto, haz una cara graciosa o algo —sugirió entre murmullos a través del móvil, retorciéndose los dedos de las manos y apretando los párpados de la pena.
—No voy a hacer eso —ladró aunque sonaba menos renuente de lo que esperaba.
Jade optó por insistir, riéndose como si la petición fue absurda pero haciéndola de todas formas.
—¿Por qué no? ¡No nos vemos hace casi dos semanas! No pasas por la tienda, no vienes a visitarme, no hemos salido, ni siqui...
—No me gustan las fotos —refunfuñó.
—Y a mí no me gusta no ver a mi novio, ¿qué tiene de malo? —Pretendía persistir hasta que su exasperante chico tuviera la dignidad de cumplir con su pequeño capricho pero supuso que abrirse a negociaciones era más efectivo. A Miles le iban las cosas sensatas, un favor por otro, no era el tipo de muchacho que solo accedía sin más—. Bueno, ¿y si tú me mandas una foto a mí y yo una a ti? Eso suena mejor, suena a una oferta.
Casi pudo verlo entrecerrar los ojos y asentir, lento y moderado. —Sí... eso suena a una oferta para mí.
—¿Entonces sí? —agudizó.
Si pensó por un instante que sería fácil, lo fue, hasta que él pareció reflexionarlo por un minuto más.
—No lo sé, es un buen trato pero...
Reprochó ansiosa— ¡Miles!
—¡De acuerdo! —Finalmente estalló en risotadas. Jade tuvo que alejarse de la bocina para cuidar sus oídos, de todas maneras gozó la ronca melodía que se desvaneció poco a poco, convirtiéndose en un quejumbroso sonido de gracia—. Sí, bueno. No voy a hacer una cara graciosa —advirtió.
—Okay, sin caras graciosas.
Tomó rápido el celular entre sus manos y lo desbloqueó para entrar al chat, deslizó la barra de notificaciones hacia abajo y presionó uno de los botones en la llamada para activar el altavoz, bajando el volumen solo lo suficiente. Ella estaba riendo dócilmente y podía asegurar que los ruiditos ahogados al otro lado de la línea eran de Miles reprendiéndose a sí mismo por haber cedido, acompañado de risitas.
—¿Y si mejor voy para tu casa? —Le oyó intentar por última vez.
—No, ahora quiero una foto —sonrió— y si sales lindo, te pondré de fondo de pantalla.
—Yo siempre salgo lindo —resopló con ironía.
—Claro que sí, ándale —arrastró la última sílaba en su paladar, tecleando la misma palabra en la conversación un par de veces.
Tú, 03:57 a.m.
Andale
andaleeeeee
yaya
—Espérate, estoy viendo.
Canturreó necia— ¿Viendo qué, Miles?
Millas, 03:58 a.m.
① Foto
—No, eso no es justo —volvió a pegarse la pantalla a la oreja, la luz azul que bañaba su rostro se fundió por efecto, regresándola a la profunda oscuridad de la recámara. A pesar de sus propias quejas, sus mejillas estaban adoloridas por seguir sonriendo como una auténtica tonta—. ¡No puedo guardarla si solo puedo verla una vez!
—¿Y si la miras primero? —Podía sentir en su ser como Miles rodaba los ojos con efusivo descaro.
Hizo un puchero y él rio como si pudiera verla en ese momento. A regañadientes, tomó el aparato en sus manos, accedió a la conversación una segunda vez y abrió la imagen configurada.
Su visualizador se opacó significativamente pero podía ver a la perfección la cara de su novio tumbado boca arriba en la cama, la pobre iluminación que se colaba por su ventana de frente a la calle era suficiente para darle algo de color a sus facciones. Una de sus trenzas se encontraba descuidadamente colocada encima de su hombro mientras la otra se mantenía escondida detrás del otro, por el enfoque su mandíbula se veía más angular con la madurez de su último estirón. La fotografía era de la mitad del pecho hacia arriba y no posaba de ninguna forma, sin una sonrisa ni un símbolo con las manos como solía hacer cuando se tomaban fotos juntos, solo sus dos brazos extendidos a cada lado de la imagen y lo que parecía ser la sombra del bochorno en sus ojos.
Lanzó un gritito punzante, estridente y doloroso como la fanática desquiciada que era de su propio chico, repitió un sinfín de cumplidos y pronto tuvo el desplante de presionar una flechita de vuelta al chat, perdiendo la fotografía de manera permanente.
—¡No, Miles! ¡No es justo! —Tal vez se disculparía más tarde con él por reventarle los tímpanos con sus diatribas y chirridos, la emoción en su pecho murió ante la pena de haber arruinado la oportunidad de tener un elemento más para su colección.
Jade amaba llenar su memoria de recuerdos, tenía una carpeta para cada ocasión, incluyendo las que estaban fuera de contexto, las citas desastre, las imágenes borrosas, las bonitas y los screenshots.
—¿Estás usando el suéter que te regalé?
Apenas le había visto los hombros pero por el tono de verde esmeralda que alcanzó a vislumbrar, desde luego era la prenda que le había obsequiado en su cumpleaños. ¡Ni siquiera se la había visto puesta aún!
—Ah, sí. Me gusta.
—¡Déjame verlo!
—Primero mi foto.
—Dios mío, Miles, como si no te mandara lo que desayuno todos los días, debes tener el celular llenó con las fotos de mi cara en el metro y mis pies en la calle, no seas ridículo. —Se apresuró a abrir la cámara, sonrió y alzó ambos dedos contra su mentón en un signo de paz para tomar la imagen, la envió y le escribió de inmediato.
Tú, 04:02 a.m.
📷 Imagen
Listo
Ahora quiero ver el suéter, ya
—Decir por favor no te cuesta nada, solo digo —Miles bufó por lo bajo antes de tomarse su tiempo y mandar otra.
Esta vez no estaba configurada para ver una sola vez.
Usó una voz infantil y nasal bastante irritante, distraída en su escaneo— Por favor.
Y él carcajeó de nuevo.
Millas, 04:03 a.m.
📷 Imagen
No se preocupó por guardarla, la función era automática.
La toma era desde su barbilla hasta las costillas, podía ver la palma de su mano reposada sobre su vientre plano pero apenas podía apreciar bien la pieza principal. El color se deslucía en las penumbras, era sencilla y gruesa para el invierno, se abría a ambos lados de su torso por una bragueta negra, arrugándose entre las sábanas. Por supuesto que era su estilo.
Jade poseía un gusto impecable, lo escogió especialmente para él.
Se demoró un minuto más en contemplar el retrato. Por como se desplegaba de extremo a extremo logró observar la playera negra sin mangas que llevaba puesta debajo.
—¿Esa playera es nueva?
Amplió la foto con ambos dedos en la pantalla para ver el único de sus hombros desnudos visible a la lente. ¿Estaba más ancho?
Sabía que Miles estaba muy metido en ejercitar los músculos, era de sus pasatiempos más destacables. A veces no lo veía por tantos días que se perdía de las partes importantes, como cuando creció dos centímetros y se golpeó la frente contra la ventana intentando entrar a hurtadillas a su cuarto o cuando sus manos desarrollaron callos nuevos que se detuvo a masajear una vez que la llevó al techo de su edificio.
—Creí que solo querías ver el suéter. —Le oyó resoplar con sorna, casi provocador.
—Ah, sí. Hiciste un buen trabajo tomándole foto al suéter, cariño —rodó los ojos, negando con la cabeza y riendo bajito.
—¿Quieres que me tome otra?
Se mordió el labio inferior en un acto de reflejo, despabilándose de cualquier insinuación implícita que fuera a percibir para volver a ser la novia jovial y relajada de siempre.
—Si no es mucha molestia. Deberías alejar un poco la...
—Voy.
Millas, 04:08 a.m.
📷 Imagen
📷 Imagen
Este mensaje fue eliminado
📷 Imagen
Sus pómulos adquirieron un tono carmín más intenso y vibrante de lo que podía soportar, admiró las tres fotografías por encima antes de mirarlas una por una. Eligió la que llamó su atención primero–la última–con su pulgar, solo para confirmar que de todas, era la menos destinada a mostrar la prenda estelar.
Podía verlo, estaba dicho. Miles estiraba su brazo izquierdo flexionándolo detrás de su nuca pero por la forma en que la tela se tensó, desde luego que su masa muscular había ido aumentando. El enfoque era un poco más amplio, distanciado lo suficiente para ver desde su mandíbula enmarcada hasta el vientre. La camisa negra se pegaba perfectamente a su torso como una segunda piel, exceptuando por el ligero pliegue a la altura del ombligo que le permitía echarle un vistazo.
Y si conocía bien a su novio–que lo hacía–era completamente a propósito.
Hincó los dientes en su labio, haciendo un zoom rápido a la imagen antes de pasar a la siguiente.
—¿Mejor? —él preguntó con esa voz neutra que usaba cuando estaba probando con ella.
—Sí, sí, mejor... —respondió despacio, deslizando el índice sobre la pantalla.
Las otras dos fotografías eran más asertivas, en una tiraba del suéter para verlo casi cerrado y en la otra metía uno de sus puños en el bolsillo. Simple, sin perspectivas de naturaleza maliciosa.
No pudo evitar demorarse más de la media en evaluar su favorecedora playera.
—Te queda bien, ¿has hecho mucho ejercicio últimamente? —divagó. De pronto quiso meterse una patada a sí misma en el trasero, sus labios habían hablado sin el consentimiento de su cerebro y ahora se sentía como una idiota babeando sobre el abdomen de su chico.
—Siempre, mira esto.
Le costó darle algo de sentido a sus palabras pero cuando sus neuronas cooperaron con su poca capacidad deductiva, era muy tarde para fingir demencia o incredulidad. Su teléfono zumbó y aún dentro del chat, recibió un mensaje más.
Millas, 04:11 a.m.
📷 Imagen
Le pareció ver escribiendo... justo debajo de su contacto pero este desapareció antes de poder registrarlo.
—Ah.
Estaba muy ocupada luchando contra el reflejo involuntario de hacerle un piropo obsceno al muchacho como muy seguramente él esperaba ahora que lo oía reír como si la vida no tuviera otro motivo que hacerle gracia.
Esas eran risotadas, limpias y burlonas.
—¡Miles! —pegó un chillido, sofocando un jadeo en la palma de su mano.
Agradeció no haber encendido el foco de su habitación, prefería ocultar su vergüenza en la oscuridad que orear su increíble rubor a la verdad del mundo en ese momento.
Sonó demasiado confiado al respecto— Cierra la boca que se te meten las moscas —resopló.
Se guardó un buen insulto ante eso, tenía mejores cosas que hacer que enfadarse porque su chico trataba de apenarla deliberadamente.
Como ver los definidos y exquisitos abdominales que su novio había estado perfeccionando durante los últimos meses. Se había levantado la playera por arriba de las costillas. Sus pupilas deslumbradas por la visión se deslizaron por el maravilloso sendero fibroso, bajando por su vientre, tambaleándose alrededor de su ombligo y descendiendo temblorosamente por el espeso aunque moderado camino de vellos enroscándose hasta el borde de su ropa interior, a la altura de sus pantalones militares. Sus oblicuos se hallaban firmemente moldeados por las líneas en 'v'.
Cada músculo estaba esculpido con especial cuidado, era en verdad una falta de respeto no adorar el físico de su novio.
Con suerte podía recordar la última vez que lo había visto sin camisa, escondía algunas cicatrices misteriosas por toda la espalda, un lateral del brazo izquierdo y parte del pecho. No eran la clase de pareja que necesitaba vivir del contacto perpetuo, ni siquiera regular, se daba en momento especiales como un aniversario o... algún evento importante.
Resolvió que no le hacía daño a nadie ver un poco más.
—¿Será este el día en que por fin te deje sin palabras? —Miles, por supuesto, continuó riéndose a sus expensas, podía escuchar en su voz como retenía las risitas contagiosas.
—No, sigue soñando, esto no es... —vaciló— justo. No sé cuáles son tus intenciones pero...
Rio fuerte— ¿Intenciones? Mami, tú no conoces mis intenciones.
—¡Yo te conozco, Miles Gonzalo Morales! Eres un... —aunque intentó defenderse, él fue más veloz–y ciertamente efectivo–al silenciarla.
—Mi única intención ahorita es ayudarte con tu insomnio.
Luchó arduamente por no dejarse llevar. Su voz ronca y aterciopelada lamió sus tímpanos hasta hacerla estremecer y un escalofrío recorrió la extensión de su espalda, envuelta alrededor de su dedo como un anillo.
—No tienes vergüenza —atinó a decir, incluso si no fue nada más que un siseo que inspiraba lástima. Las mejillas le cosquillearon, su pecho se infló de conmoción y sus muslos se cerraron, víctima de una inercia instintiva—. Y no, yo...
El teléfono vibró entre sus dedos, quiso lanzarlo lejos pero el móvil permanecía unido a sus dígitos como pegamento industrial, apretando los bordes.
Tras un minuto entero y solo cuando el joven dedujo por sí mismo que Jade se había reusado a leer el mensaje, Miles acusó a través del altavoz— Mírala.
Fue un ronroneo tan grave y pesado que su cuerpo dolió su repentina ausencia, sintiéndose rígida y acalorada.
Entonces advirtió de forma bajita y patética— Miles.
—Mírala primero y te desmayas después.
Iba a patearlo. Más tarde, cuando pudiera inhalar y exhalar con normalidad, cuando no se sintiera a sí misma arder de anticipación y, solo si seguía jugando ese juego perverso a su costa, iba a patearlo hasta que sus pies atravesaran la suela de sus zapatos.
Apartó la mirada de la pared y observó la pantalla.
Millas, 04:26 a.m.
① Foto
Resistió el reflejo de su pulgar por abrirlo en un segundo, era genuinamente aficionada a las fotografías, en especial cuando se trataban de Miles, le gustaba tener su almacenamiento repleto y odiaba cuando configuraban una imagen por chat.
En ese instante, agradeció tener la oportunidad para reunir el valor antes de atreverse a ver lo que el moreno le había enviado.
Y, francamente, se lo pensó primero. Echó un vistazo fugaz a la puerta de su recámara y luego hacia la ventana, asegurándose de que nadie pudiera entrar por ninguno de los dos para señalarla de precoz, no lo era.
Ya era casi una adulta, podía comportarse como una.
—¿Sigues ahí? —él suspiró con humor, tan tranquilo y seductor.
—Cállate, estoy procesando.
—Pues procesa más rápido, estoy caliente.
Frunció los labios en una fina línea tensa mientras se estremecía débilmente, lanzando un jadeo entrecortado, lista para lo que fuera.
Se hizo pequeña entre los hombros y presionó el mensaje, su pantalla no demoró en volver a opacarse tanto como la escasa iluminación en la fotografía se lo permitiera; podía vislumbrar el reflejo de las luces neón colándose a través de la ventana rociando toda la porción de piel visible.
En esencia, era una imagen similar al resto. La misma posición, la misma pose, el mismo encuadre.
La única excepción fue que la mano que antes sostenía arriba la bastilla de su playera, ahora tiraba de sus pantalones cargo hacia abajo. La camisa se encontraba doblada y arrugada encima de sus costillas, una toma más amplia de su vientre definido.
Miles enganchaba el pulgar al borde de sus boxers y...
Para ser precisa, no fue completamente reveladora. Todo estaba... cubierto, de manera relativa.
Quizá solo un poco... muy poco por debajo del límite. Es decir...
Podía verlo. Al menos el comienzo.
Permaneció congelada un par de extensos segundos, eternos segundos, no había digerido la foto cuando sus mejillas empezaron a hervir. Todo su rostro quemaba, el corazón se le salía por la garganta y, antes de chillar como una desquiciada contra la almohada, sus dedos se movieron más rápido de lo que su pensamiento podía analizar, se deslizó hasta la llamada y cortó la línea a dos instantes de lanzar el celular boca abajo en el colchón.
Hundió la nariz en el cojín, enterrándole las uñas y mordiéndose la lengua para mantener su exaltación apenas lo bastante disimulada porque si despertaba a su papá, sería un enorme problema.
En su peculiar golpe de conmoción, ignoró las dos llamadas entrantes y se tomó un minuto o dos para recuperar la calma.
Su teléfono no dejó de vibrar, víctima del bombardeo de notificaciones llegando una detrás de otra, todos mensajes de su novio. Por fin alcanzó el aparato, se masticó ansiosamente el interior de la boca y pasó por alto toda la saliva extra que había producido para volver al chat.
Solo tuvo que ojear los últimos siete.
Millas, 04:32 a.m.
mierda
jade contéstame
Amor
lo siento, la cague
Millas, 04:33 a.m.
Jade
por favor por favorpor fabor
nena
Tú, 04:33 a.m.
NO
nono no no
Millas, 04:34 a.m.
oerdón
perdón
puedo llamarte?
Tú, 04:34 a.m.
ohno
Deja que me recupere
Creo que tuve como cuatro infartos
MILES ESTÁ BIEN
lo digo en serio
Millas, 04:34 a.m.
Voy a llamarte
En cuanto leyó el texto, su pantalla automáticamente parpadeó ante la función de llamada entrante, sacándola de la conversación. El aparato zumbó en sus dedos y tuvo que inhalar despacio si quería estar preparada para escucharle de nuevo.
Miles ni siquiera le dio tiempo para justificar el reciente arrebato.
—No debí hacer eso, lo siento en serio. Yo...
—¡Miles! —exclamó al auricular para callarlo con ese timbre agudo que usaba cuando estaba nerviosa y, por el hormigueo inundando todo su ser, lo estaba—. Está bien, oye...
Él rectificó firme— No. Estuvo mal, Jade. No debí enviarte una dickpic, ¿okay?
—Espérate —escupió una risotada cargada de absurdo bochorno, sus hoyuelos estaban adoloridos—. ¡Eso no es una dickpic, Miles! Tú solo... solo es un poco íntima, no te... Es decir, al menos pudiste, no lo sé... —exhaló hondo y bajó la voz— Por favor, no me hagas esto.
Ambos guardaron silencio, fue breve y cómplice.
—¿Hacer qué? —Su voz todavía era ronca y marcada, fuerte, los tímpanos le cosquillearon de felicidad.
—O sea... técnicamente no se ve nada y... ¡en realidad no puedo decirte que tuve mucho tiempo para... para mirar!
De pronto, creyó que su novio había decidido activamente ser una especie de monje mudo, de esos que hacían pactos. O solo quería hacerla sufrir alimentando el morbo y la tensión que palpitaba por toda su anatomía conforme los segundos se convertían en tortuosos minutos de impaciencia.
—A lo mejor escribirlo sería más fácil —él sugirió.
No podía saberlo a ciencia cierta pero prácticamente podía jurarlo con la mano en el corazón, Miles Morales estaba jugando con la escasa o nula tolerancia que le reservaba al pudor, luciendo esa sonrisita tirando de una sola de sus comisuras y ese barrido intimidante de pies a cabeza que desvanecía la fuerza de sus rodillas. Estaba siendo un absoluto imbécil.
O solo un calenturiento, siempre fue el imbécil más calenturiento de los dos.
—¿Para que nunca me dejes olvidarlo? N-ha, no vuelvo a caer.
Entonces el muchacho volvió a pensárselo antes de formular nada, debió haberlo frenado cuando podía y no continuar dándole cuerda a algo de lo que podía arrepentirse más tarde.
Miles era...
—Ya sabes. Pudiste como... eh, bueno, tú sabes, tal vez más...
—¿Quieres que lo baje más?
Se quedó sin palabras por un momento, todos los colores surcaron su rostro y sus dientes atraparon el labio inferior, luchando por atreverse a responder. La voz se le rompió como un frágil hilo de dientes, escondiéndose entre las sábanas con el móvil pegado a la oreja.
Susurró— Es que...
—¿Todo? —Esta vez sintió cada sílaba burbujeando en sus entrañas, se estremeció de adentro hacia afuera hasta que no conservó atisbo de negativa en su pecho.
Y jadeó asfixiada por su propio calor— Sí.
—Debiste empezar por ahí, bebé —rio en su lóbulo, cálido y confiado, una caricia aterciopelada que envolvió su cuerpo. Tuvo que apretar los párpados para no rodar los ojos ahí mismo y una oleada de extraño placer colmó su estómago, atenta a cada una de sus palabras, ahora más penetrante y espeso—. Dame un minuto.
Asintió como si él realmente pudiera verla— Un minuto, sí. Está bien. —Se mordió la boca, inquieta.
De nuevo, su celular recibió la notificación y su corazón dio una vuelta entera dentro de su pecho.
—Listo, todo para ti.
—De acuerdo, solo no lo... digas así, por favor —soltó una risita ahogada. Pronto se despegó el móvil para entrar a WhatsApp, sintiendo como algo dentro de sí bombeada de manera salvaje—. Me pones... solo no lo digas.
Murmuró— ¿Caliente?
Lo era.
—Cállate, por Dios.
Miles estalló en carcajadas pesadas al otro extremo de la línea, exactamente el tiempo que le costó apretar la bandeja de su conversación.
Millas, 04:41 a.m.
① Foto
Tú, 04:42 a.m.
un día vas a matarme
lo juro
—Muérete otro día —respondió a su mensaje desde el altavoz, riéndose con fuerza, sonaba muy tranquilo para ser verdad.
—Eso es lo que toda novia quiere oír. Eres un romántico, Miles Morales —logró decir antes de abrir la nueva imagen, enmudeciendo al instante.
Él no respondió ni emitió sonido alguno, quizá esperando pacientemente porque las siguientes palabras salieran de sus labios–o cuando menos hiciera un ruido angustioso, lo que fuera a pasar primero–.
—Lo sé, nena.
Las manos le sudaban así que su pulgar humedeció un poco la pantalla. Cuando quiso limpiarla con el dorso de la mano, por error salió de la foto y por la dichosa configuración, no fue más que otro valioso elemento perdido.
Desde luego, ya había visto suficiente.
Esta vez pudo ver su anguloso rostro inclinado para salir dentro del encuadre, ambas trenzas en los hombros y la camiseta por encima de sus maravillosos pectorales. Tal vez se sintió un poco afectada, fue mejor que desmayarse de cualquier forma. El pulgar enganchando sus pantalones junto a su ropa interior tan abajo que...
Siseó sin aliento— Creo que necesito... respirar.
Lo había visto un par de cientos de veces, eran pareja desde hacía más de un año pero nunca estaba bastante lista para volver a mirar.
No le provocaba ninguna clase de disgusto en particular. Miles era... estaba muy bien, como jodidamente bien; es decir, bien como... bien. Definido, ardiente y dotado eran tres términos que lo describían a la perfección, ¡y no lo decía solo porque era su novio y estaba absolutamente enamorada de él! Tenía buenos genes, era malditamente guapo.
—¿Estás bien? —él preguntó, su entonación mezcló un deje de gracia con preocupación juguetona.
Era grande y... generoso, tan bien proporcionado que... En realidad no quería pensar en eso o se iba a poner rara y eran las cuatro de la madrugada, así que...
—Debe ser incómodo irte a dormir así —fue lo único que logró enunciar y se tiró un mechón de cabello, resignada a sonar como una tonta cada vez que su chico pretendía ponerse físico con ella.
Sin embargo, Miles fue amable, encantador y bastante intenso para explicarle con esa voz ronca que le parecía tan atractiva que se olvidó por un momento de su vergüenza.
—Nah, no tiene que serlo. Va a bajar. —Habría jurado que pudo sentirlo encogerse de hombros a través de la llamada.
Dudó— ¿Y eso... no duele? ¿Nada?
—¿Quién te dijo eso? ¿Fue el imbécil de la vez pasada? —bufó de manera absurda—. Solo los idiotas dicen que duele y tienes suerte porque tengo ganas de madreármelo.
—No. Lo escuché... en otro lado. —Agitó una de sus manos en el aire como si le restara toda la importancia a la mención—. ¿Entonces no quieres una mano con eso o así?
Su novio demoró algunos tediosos segundos, luego de un suspiro entrecortado y de pensárselo como solo Miles sabía pensar las cosas, su voz volvió a hacer mella en su buen juicio, en verdad que había abandonado el sueño y en ese instante, lo único que la mantenía emocionada al borde de un ataque de nervios, era escucharle.
—¿Tú quieres darme una mano?
Se estremeció, masticándose el interior de las mejillas hasta desgarrarse, se relamió los labios en un intento por tomar valor y murmuró, apretando los muslos por instinto.
—Solo si tú quieres, ¿cómo quieres que te ayude? —Contuvo la respiración.
Una vez más, Miles resopló pesado y tenso contra el auricular, chasqueando la lengua por lo bajo y jadeando entre dientes, ansioso— Ahora que lo mencionas me vendría bien una de tus manos aquí.
Un escalofrío atravesó su columna desde las caderas hasta la nuca, haciéndose cada vez más pequeña y retorciéndose por debajo de las sábanas, incapaz de aliviar por sí misma el creciente calor dentro de su vientre ahora que la fantasía había manchado sus pensamientos.
—Ouh —ella emitió por accidente, más como un quejido que una respuesta.
—Pero puedo...
Una fugaz solución iluminó sus ojos ante la realización, interrumpiéndolo de manera atropellada y torpe, demasiado entusiasmada.
—Tengo una idea —lo mandó a callar. No era la primera ni sería la última vez que recurrían a ciertos métodos. Todas las parejas lo hacían alguna vez y si Miles confiaba en ella, ella podía hacerlo de vuelta. Se sacó todos los cojines de encima y estiró una de sus piernas fuera de la cama para correr la cortina con el pie, permitiendo que las luces brillantes de la calle pintaran tenuemente los muros de su cuarto. Añadió rápido, esperando no impacientarlo— Solo dame un minuto, va a ser bueno.
—¿Qué va a ser bueno?
—Lo tengo, solo...
Entonces él advirtió divertido— Jade.
Se deshizo de los pijamas, dejándose solo el corpiño y los shorts puestos para apoyar uno de sus codos de costado sobre el colchón, se acomodó y se dirigió al chat para apretar el pequeño icono de una cámara junto a la bandeja de mensajes, la configuró y se aseguró de tomarla desde su barbilla hasta la cadera.
Capturó un par de tomas, aunque le costó dar con una que le gustara. Finalmente se quedó con la única fotografía decente donde se encontraba medio recostada, uno de sus tirantes caía por el hombro y los dibujos en su ropa interior apenas se reconocían por la oscuridad y la distancia entre ella y la lente.
Para ser honesta, se preguntó qué tan favorecedores se veían sus pechos en esa posición.
—Así está bien —se reprochó a sí misma, negando con la cabeza.
Él lanzó una risotada, confundido— ¿Qué está bien, mami?
—Espérate —buscó un emoji, tal vez demoró más en elegir uno que tomándose la foto. Optó por escribir solo un mensaje breve y enviarlo—. Listo.
Tú, 04:49 a.m.
① Foto
—¿Debería preocuparme porque mi novia cachonda me mandó un mensaje sospechoso a las cuatro de la mañana? —bromeó al otro extremo de la línea, aunque se le oyó curioso y rígido. Soltó otra risa pequeña, diciendo algo entre dientes tan bajo que no llegó a traducirse por el altavoz, quizá solo hablaba consigo mismo. Un segundo entero trascurrió antes de obtener alguna respuesta coherente. Fue corto y sencillo—. Puta madre.
No era exactamente la respuesta que esperaba conseguir pero la sensación que oprimió su bajo vientre fue placentera de todos modos, peligrosamente placentera.
—¿Fue mucho?
Él repitió, enfatizando— Puta madre.
—Fue mucho —supuso entonces, hundiéndose tras una vergüenza más abrumadora—. Sí, fue mucho, fue demasiado y...
—¿Puedo usarla? —la interrumpió.
De repente calló, procesando la pregunta y la forma estrangulada en la que llegó a sus tímpanos, algo se retorció en su interior y resopló, parpadeando hacia el techo con el corazón en la garganta y el burbujeo ardiendo en su estómago.
Divagó suave— ¿Cómo usarla?
—Sí —resolvió y casi como un golpe seco, agregó con moderada excitación— Para masturbarme, ¿puedo usarla?
Cada una de sus extremidades vibró, una respuesta erizada en su piel, un sí rotundo que no tuvo el valor de pronunciar con sus labios, no con la fuerza con la que su cuerpo lo gritaba. En cambio, su aliento se quebró de manera frágil en su garganta, tratando de no exclamar algún chillido agudo y estúpido que arruinara el momento.
—Puedes —jadeó despacio y tan pronto como su boca tartamudeó, se apresuró a poner una condición— si me dejas escucharte.
Miles pareció reservarse una respuesta inmediata y, en cambio, rio suavemente contra su tímpano, ronco y árido, casi estrangulado.
—Eso es de pervertidos —se burló.
Te quejaste, indignada y divertida— ¡No soy una pervertida!
—Lo que tú digas, pervertida.
Sus intenciones por mantener una breve conversación natural murieron un minuto entero más tarde, cuando entre el coro de risas bobas, lo escuchó suspirar lento, tan bajo y difuso que tuvo que cerrar la boca para prestar atención. Su estómago dio un vuelco en su abdomen, reducida a oírle producir un par de balbuceos antes de recibir un gruñido escabroso a través de la llamada, repitiendo la misma maldición que usaba cuando estaba muy caliente para pensar en otra.
—Carajo...
Era una señal, una buena, una señal de que sus neuronas estaban concentradas en algo más y no poseía la creatividad suficiente para inventarse una grosería distinta.
No pudo evitar retorcerse en la cama, poniéndose cómoda sobre uno de sus costados para hundir el teléfono celular entre la almohada y su oreja, parpadeando y masticándose ansiosamente el labio. Se estremeció cada vez que su respiración atravesaba sus nervios para acariciar su médula, colándose dentro de su ser, tocando sus pensamientos con el sonido de su agravada lujuria.
Entonces él siseó— ¿Puedes...?
—¿Qué? —se precipitó.
Pero el muchacho no dio más cuerda a la oración, quizá porque no era una para empezar. Tal vez solo estaba distraído, inmerso en su placer.
Miles gimió hosco y cálido, haciéndola brincar e inhalar ruidosamente cuando otro espasmo sobresaltó su calma.
¿Era muy tarde para enviarle una más? De repente la ropa se sentía estorbosa y asfixiante en su cuerpo.
Podía jurar que necesitaba darle más si eso de alguna forma alimentaba la fuerza de sus graves rugidos.
¿Cuándo había sido la última vez que tuviera intimidad? ¿Un mes? ¿Dos?
Extrañaba el peso del moreno encima suyo, la sensación reconfortante de sus brazos alrededor de su cintura, la humedad agradable de sus labios depositando besos en su cuello, sus pulgares apretándole las mejillas cuando la besaba con fuerza y la forma en la que presionaba sus pelvis cuando se sentía particularmente osado.
Lo echaba de menos tan fundido en su piel que la ponía mal.
Sus palmas transpiradas temblaron al dirigirse de nuevo a la cámara de WhatsApp, esta vez el encuadre fue más estrecho y torpe, se bajó el escote unos centímetros, exponiendo la fina línea entre sus pechos a la lente para tomar una fotografía rápida, configurarla y enviarla sin pensar mucho en ello.
Tú, 05:04 a.m.
① Foto
Tardó un poco más en darse cuenta, Miles en realidad sonaba tan ensimismado en el instante que apreciar el tintineo de su móvil ante la llegada de una notificación habría sido un milagro en sí mismo.
Jadeó— Jade, no... ahorita no, estoy en...
—Mírala, te prometo que es bueno —suplicó con la lengua enredada en su paladar, pellizcándose el interior de las mejillas con los dientes.
—¿Mejor que esto? —él resopló casi juguetón, dejando de complacerse por un segundo. Frente al silencio, sonó más interesado y menos casual— Okay, te creo, debe ser mejor.
—Es mejor —prometió de nuevo.
Y él reafirmó, risueño pero agitado— Seguro es mejor.
Permaneció atenta a cualquier intercambio drástico, el sonido rasposo de su respiración acelerada de pronto pareció verse cortada por el mutismo; lo que fuera que estuviera pasando por su cabeza, era más sofocante para él que su silencio para ella.
Se mordió el belfo inferior y se aventuró a murmurar con interés, frunciendo los muslos mientras jalaba de sus tirantes— ¿Lo fue?
Aguardó pero no obtuvo nada nuevo de regreso más allá que el sonido tenso de las sábanas, la cama y un par de suspiros profundos y gruñidos pesados que le resultaron ciertamente preocupantes.
Trató otra vez— ¿Miles?
—Voy para allá —resolvió junto al auricular, luchando contra algo que después reconoció como sus botas. Se oía agitado y desesperado. Jade miró por encima de su mesita de noche, solo para comprobar que la hora en su aparato no hubiera estado mal todo el tiempo—. Dejas la ventana abierta.
Su pecho se infló de vergonzosa conmoción, sentándose a medias en la orilla del colchón y cruzando las piernas, sosteniendo el móvil en su oreja, sonriente.
—¿Ahorita?
—Sí, ahorita —resopló con gracia. Luego agregó, como si la duda se arraigara entre palabras—, ¿sí puedo? No tenemos que hacer nada, solo...
Rodó los ojos y lo interrumpió, soltando una risita disimulada— Tráete condones, Miles.
—Hecho —respondió demasiado rápido y por fin pudo escucharle hablar sin el ajetreo del fondo, más paciente, tranquilo y moderado, el mismo chico del que había estado enamorada desde que le pidió una primera cita hacia casi ya dos años—. Te amo, estaré ahí en... —meditó— como quince minutos.
Sus comisuras se rizaron hasta adormecerle los hoyuelos, ronroneando a través de la extensión y echando un vistazo de vuelta a su puerta para asegurarse de que el pasador estuviera en su lugar. Un golpe de adrenalina y entusiasmo recorrió su columna, asintiendo a la nada.
—No vayas a hacer mucho ruido. —Tenía un nudo en la garganta que difícilmente podía bajar por más que pasara saliva. Su corazón bombeaba conforme sus emociones zumbaban en un intenso afán por ser expulsados de su centro. El calor en su bajo vientre aún ardía, contenida—. Y también te amo, apúrate.
—La ventana... —Miles mencionó por segunda vez, probablemente porque sabía que era olvidadiza y seguro tendría que tocar el cristal para abrirse paso.
—¡Ya lo sé, Miles! —rio fuerte, justo antes de despedirse y lanzarle un beso sonoro antes de colgar.
Su celular vibró tan pronto como la pantalla se oscureció, un mensaje de texto que brilló en el protector. Jade sonrió.
Millas, 05:16 a.m.
Deja la ventana abierta
Te amo
